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“Fundación Gladius” y Club del libro cívico.
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según el padre Emmanuel (1826-1903)
por
Dominicus
Este estudio se inspira en las enseñanzas del padre
Emmanuel, abad de Notre-Dame de la Sainte-Espérance y párroco de
Mesnil-Saint-Loup [1] (desde
Navidad de 1849 hasta marzo de 1903). Le
Sel de la terre.
Una cristiandad, una parroquia cristiana, se apoya
en las familias cristianas. Y, en la obra de restauración del
cristianismo, la restauración de las familias cristianas es una prioridad. El
padre Emmanuel, el santo párroco de Mesnil-Saint-Loup, no podía, por tanto,
desinteresarse de un aspecto tan importante.
Porque la familia es la célula básica de la sociedad. La misión de las familias
es, por tanto, grande; el futuro está en manos de los padres, pues, salvo
gracias extraordinarias, de la educación recibida en la familia dependen los
comportamientos futuros. Es en la familia donde las inteligencias se abren a la
verdad; es en la familia donde las almas se forjan y aprenden a practicar la
virtud; es allí donde se aprende a rezar y a practicar el sacrificio; es allí
donde despiertan las vocaciones religiosas y sacerdotales y donde se forman los
futuros padres cristianos; es allí donde se preparan los santos y los jefes que
la sociedad cristiana tanto necesita.
Además, la familia cristiana es hoy objeto de un
combate capital. La Revolución le hace una guerra a muerte y fabrica sin cesar
nuevas leyes para dislocarla un poco más. En la guerra que se libra contra la
Iglesia, la familia está, por tanto, en primera línea y se puede decir sin
exageración que la gran desgracia de nuestra sociedad (además de la
crisis en la Iglesia, pero no sin relación con ella) es la disolución
de las familias.
Por desgracia, frente a este estado de cosas, los
católicos están a menudo en la ignorancia de lo que es realmente la familia
cristiana y demasiadas familias siguen el espíritu del mundo, tanto en sus
costumbres como en la educación de los hijos. Se dejan contaminar por el
naturalismo ambiente y por la falsa idea de la libertad surgida de Jean-Jacques
Rousseau. Este pseudofilósofo pretendía que el hombre era naturalmente bueno y
que era la sociedad la que lo corrompía. La consecuencia de esta doctrina es
que hay que reformar la sociedad en lugar de reformarse uno mismo. La
virtud consiste entonces en reclamar revoluciones y reformas y ya no en vencer
los propios vicios y corregir los propios defectos.
Ahora bien, Nuestro Señor nos dio un ejemplo
totalmente inverso. Quiso pasar treinta de los treinta y tres años de su vida
en la tierra viviendo en familia, honrando y santificando la institución
familiar, practicando las virtudes ocultas que son su patrimonio. No hizo una
revolución para restaurar la familia.
Retengamos la lección. La obra de la familia no se realiza a golpe de
revoluciones, sino mediante una lenta y profunda maduración, sobre todo oculta,
que exige de los padres mucha virtud y humildad. Es el misterio del Verbum
silens, del Verbo de Dios silencioso. El Verbo de Dios, el Creador
todopoderoso, quiso durante treinta años permanecer en una especie de inacción
exterior y ocultar la luz que había venido a traer al mundo, reservándola a la
Virgen María y a san José. Y esto, para enseñarnos a amar la vida oculta, a
buscar la vida interior, a rezar antes de actuar; en resumen, para inculcarnos
la primacía de la contemplación sobre la acción y mostrarnos que la primera
reforma que hay que realizar es la reforma interior, la reforma de las
costumbres y de las almas.
Este es el gran principio que gobierna la vida
familiar. En este ámbito más que en cualquier otro, lo que cuenta es ser almas
de verdad y de humildad, huir de la vanidad y del deseo de aparentar, cultivar
las virtudes de Belén y de Nazaret.
El plan de Dios sobre la familia
Para comprender lo que Dios espera de las familias
cristianas y conocer los peligros a los que se enfrentan, hay que conocer el
plan de Dios sobre la familia y su historia.
Porque la familia tiene una historia que es
completamente paralela a la del hombre individual.
El hombre fue creado por Dios; cayó en el pecado; fue salvado por Jesucristo y, mediante el sacramento del bautismo, se hizo cristiano.
Por IGNACIO
KILMOT
Monseñor Athanasius
Schneider parece haberse convertido en el principal publicista de la
Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Es por eso que el sitio oficial de noticias de
ésta lo promociona por encima de todo y en este caso con un artículo titulado: «La FSSPX presta a la Iglesia un servicio de
gran valor histórico», del 17 agosto de 2026 (https://fsspx.news/es/news/monsenor-schneider-la-fsspx-presta-la-iglesia-un-servicio-gran-valor-historico-60603).
Dice en
el citado texto muchas cosas interesantes y por supuesto, justas, que no
desdicen de la verdad.
Pero,
como en otras ocasiones, el obispo conciliar no puede dejar de mostrar su
inconsistencia cuando se trata de analizar la crisis profunda que se vive
dentro de la Iglesia, e identificar al enemigo. Renueva su actitud
conciliadora, de vieja data, que preferiría una Fraternidad reconciliada con
Roma, o una Roma reconciliada con la Fraternidad, pero sin ver por qué es que existe esta situación
insoluble. Lo vamos a ejemplificar con
la analogía que da el obispo kasajastano en su artículo. Citamos:
“La
crisis actual entre la Santa Sede y la FSSPX también puede ilustrarse con la
siguiente parábola: Se declara un incendio en una gran casa. El jefe de
bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción, a pesar
de que estos han demostrado ser menos eficaces que los antiguos y probados. Un
grupo de bomberos desobedece esta orden, continúa utilizando los métodos
tradicionales e incluso recluta a nuevos bomberos —todo ello a pesar de la
prohibición del jefe de bomberos— y, en efecto, el fuego se controla en muchos
lugares. Sin embargo, estos bomberos son tachados de desobedientes y
cismáticos, y son castigados por ello.
Para
continuar con la parábola: el jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos
bomberos que reconocen los nuevos métodos y obedecen las nuevas normas del
cuartel. Pero dada la magnitud del incendio, la lucha desesperada por
contenerlo y la insuficiencia de los métodos oficiales, otros voluntarios
intervienen desinteresadamente —a pesar de la prohibición del jefe de bomberos—
aportando habilidad, conocimiento y buenas intenciones, y al final ayudando a
salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba por proteger.
Con el
tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de
bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de
extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se
convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de
aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente,
marginados y expulsados como rebeldes, y les da la
bienvenida de nuevo a sus filas. Al final, una vez superada aquella gran
conmoción, lo que antes se había condenado como desobediencia y rebelión se reveló como un
acto de entrega desinteresada”.
Mons.
Schneider entrega, como el lector atento e informado podrá ver, una versión
naif y hasta infantil de la crisis en la Iglesia. Y esa versión es la que
difunde la Fraternidad al destacar a Mons. Schneider.
Cabe
agregar que la solidaridad de Schneider no está bajo ningún riesgo: no ha
estado presente de las consagraciones episcopales de la Fraternidad ni jamás ha
querido unirse a la misma. Y sus críticas a Roma son siempre suaves, como en
sordina.
Pero veamos
al detalle lo que dice Mons. Schneider:
“El
jefe de bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción”.
Por el “jefe de bomberos”
designa al papa, claro está. Está hablando de León XIV. Pero, ¿el papa actual
reconoce que hay un incendio? ¿Reconoce una crisis profunda en la Iglesia? No.
Por el contrario, apunta siempre a la crisis ambiental, migratoria o lo que
fuere, pero nunca habla de lo que sucede dentro de la Iglesia. Nunca deplora ni
critica la apostasía interna, la impiedad, los sacrilegios, las herejías, etc.
Lejos de eso, todo lo promueve y acepta, en vistas de la formación de la “Iglesia
sinodal”. No autoriza, por lo tanto, “nuevos métodos de extinción de un
incendio” porque no reconoce que haya ningún incendio. ¡Es al revés, ayuda a
los pirómanos a propagarlo!
“…el
jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos bomberos que reconocen los nuevos
métodos y obedecen las nuevas normas del cuartel”.
Lo mismo. León no admite
bomberos sino incendiarios, destructores, reformadores e innovadores.
“…,
y al final ayudando a salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba
por proteger”.
¿León –y los papas
anteriores- se esforzaban por proteger la casa, o más bien querían destruir la
casa para sobre sus ruinas erigir una casa nueva, irreconocible? Es lo que se
ha visto luego del Vaticano II. La imagen más clara está en las nuevas iglesias
de arquitectura profana, moderna y horrenda de los templos nuevos en Guadalupe,
Lourdes, Fátima y San Giovanni Rotondo, donde se reza la nueva misa y no la
verdadera misa católica. Y se ha visto en la demolición de iglesias y
catedrales para reconstruir sobre sus ruinas iglesias feas como el pecado.
“Con
el tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de
bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de
extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se
convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de
aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente,
marginados y expulsados como rebeldes, y les da la bienvenida de
nuevo a sus filas”
Siguen las “ingenuidades”
del obispo conciliar Schneider. Las cosas volverán a la normalidad en la
Iglesia “con el tiempo”. Así que sólo debemos esperar. El tiempo se ocupa de
arreglar las cosas, con nuevas circunstancias históricas. Nada de mártires, de combatientes
fieles, de perseguidos, de intervención divina, de castigo a los impíos e
invertidos que mantienen el voraz incendio.
Vemos también
que siempre la única preocupación es que la Fraternidad sea reconocida, es el
tema recurrente. Y por eso es publicado ese artículo.
Finalmente,
cabe además señalar esta gran contradicción del artículo: Mons. Schneider
afirma que hay un “dilema entre
preservar la integridad inequívoca de la fe católica y ser reconocidos
canónicamente por el Papa”. Y que para preservar la integridad de la fe, la
Fraternidad ha preferido no tener el reconocimiento canónico de Roma. Pero
entonces, Mons. Schneider, que sí goza del reconocimiento canónico de Roma,
¿está confesando indirectamente que él no ha preservado la integridad inequívoca
de la fe?
Hay analogías que no pretenden simplificar la
realidad, sino hacerla más visible. La lectura conjunta de La “granja de los
animales”, de George Orwell, con documentos como la Pascendi Dominici
Gregis, de Pío X, y la Humani Generis, de Pío XII, así como de la
experiencia histórica del Concilio Vaticano II y del período postconciliar,
ofrece precisamente esto: no una explicación exhaustiva, sino una clave
interpretativa capaz de iluminar procesos.
El punto de convergencia no reside en los
contenidos —teológicos por una parte, literarios por otra—, sino en la dinámica
descrita: la transformación progresiva de principios que permanecen formalmente
intactos, mientras su significado es gradualmente modificado.
I. La crisis según san Pío X: la disolución desde
dentro
En la Pascendi Dominici Gregis, san Pío X
identifica en el modernismo no un error puntual, sino un sistema. Su gravedad
reside precisamente en el hecho de que no se presenta como ruptura, sino
como desarrollo[1]. El modernista no rechaza la fe; la reinterpreta. No destruye el dogma;
redefine su naturaleza.
El célebre análisis del Papa describe un proceso en
cadena: el primado de la experiencia subjetiva conduce al relativismo; este, a
su vez, exige la evolución de los dogmas; y tal evolución termina por disolver
el carácter objetivo de la Revelación.
Este cuadro encuentra una sorprendente resonancia
en la lógica narrativa de Orwell. En La granja de los animales, no
existe un único momento de traición. Hay más bien una secuencia de pequeñas
inflexiones, cada una aparentemente justificable, que acumulativamente alteran
la naturaleza de la revolución.
La fuerza de la analogía reside precisamente aquí:
lo que cambia no es solamente el contenido de las normas, sino el propio
criterio de su interpretación.
II. La continuidad de la advertencia: de Pío X a
Pío XII
Si la Pascendi Dominici Gregis tiene el tono
de una denuncia frontal, la Humani Generis asume una tonalidad más
analítica. Pío XII ya no afronta un movimiento claramente identificable como
“modernista”, sino tendencias difundidas que operan dentro de la teología.
Advierte contra el abandono de la precisión
conceptual de la tradición filosófico-teológica, contra el historicismo que
relativiza la verdad y contra una concepción evolutiva del dogma que sobrepasa
los límites del desarrollo homogéneo.
Si san Pío X describe el origen del mal, Pío XII
analiza su persistencia bajo formas más sutiles.
Aquí la correspondencia con Orwell se vuelve aún
más sugestiva. En la fase intermedia de la granja, los mandamientos no
son abolidos —son retocados. No hay escándalo inmediato, porque el cambio
es mínimo. Sin embargo, es precisamente esta gradualidad la que hace
posible la transformación total.
La advertencia implícita es clara: el error más eficaz no es el que se impone con violencia, sino el que se insinúa con discreción.
Por MAURIZIO BLONDET
23 de agosto de 2026
Israel autoriza el culto judío en la Mezquita de Al-Aqsa en
una violación sin precedentes del statu quo
Por
primera vez, se permite a los fieles judíos llevar libros de oración al recinto
sagrado musulmán. El Waqf islámico denuncia «un desmantelamiento sistemático»
del acuerdo histórico
Las
autoridades israelíes han permitido formalmente, por primera vez, la oración
judía dentro de la Mezquita de Al-Aqsa, en la Jerusalén Oriental ocupada, en
una violación sin precedentes del statu quo que desde hace décadas regula el
lugar sagrado musulmán. Lo informa MEE.
Según una
fuente palestina del Waqf islámico de Jerusalén, el domingo la policía israelí
permitió a los colonos que irrumpieron en el lugar llevar consigo los siddurim,
es decir, los libros de oración judíos, y recitar oraciones en grupo. Aunque
estas prácticas ya se habían producido en el pasado, en su mayoría se llevaron
a cabo sin aprobación oficial. La decisión de autorizarlas oficialmente marca
un cambio significativo.
La
violación del statu quo: una «práctica organizada»
La
fuente, que pidió permanecer en el anonimato, afirmó que esta medida representa
la última violación del statu quo del lugar. «Hay una distinción importante
entre venir a visitar el lugar y venir a rezar allí», dijo la fuente. «Cuando
vengo a tu casa como huésped, eres tú quien me impone tus reglas. Pero hoy
llegan con sus propias reglas. Cuando la policía lo permite oficialmente,
significa, de un modo u otro, que les estás permitiendo establecer sus propias
reglas en ese espacio. Esta es una violación oficial del statu quo».
El statu
quo es un acuerdo de décadas de antigüedad, reconocido internacionalmente, que
regula el acceso y la administración de la Mezquita de Al-Aqsa. Según este
acuerdo, todo el complejo de 144 dunams (14,4 hectáreas) es reconocido como un
lugar sagrado exclusivamente islámico. La responsabilidad del acceso, la
organización de las oraciones, el mantenimiento y las excavaciones corresponde
al Waqf islámico de Jerusalén, la institución religiosa que administra la
mezquita.
Sin
embargo, desde la ocupación de Jerusalén Oriental en 1967, Israel ha ido
erosionando progresivamente el statu quo, y la autorización formal de la
oración judía representa el último paso en este sentido. Durante años, las
fuerzas israelíes han hecho la vista gorda ante los israelíes que rezaban en
Al-Aqsa durante las incursiones diarias en el lugar.
«La
oración judía en la Mezquita de Al-Aqsa se está convirtiendo en una práctica
organizada, en lugar de un simple acto individual aislado», afirmó la fuente.
Restricciones
más amplias y aceleración de la campaña
La fuente
afirmó que la última medida forma parte de una campaña más amplia de
restricciones al acceso y a la administración palestina de Al-Aqsa, que se ha
acelerado desde octubre de 2023. «El ritmo de los acontecimientos en la
Mezquita de Al-Aqsa desde el 7 de octubre es asombroso. Las cosas están
cambiando a una velocidad increíble, casi diariamente. Básicamente hemos
perdido el control».
Según
Haaretz, la campaña destinada a permitir a los fieles judíos llevar hojas de
oración al interior de la Mezquita de Al-Aqsa comenzó en enero. La policía
también ha autorizado oraciones, danzas y cantos en el patio de la mezquita. El
diario añadió que la policía declaró que sus políticas de aplicación de la ley
en Al-Aqsa son «conformes con las directivas del liderazgo político».
El papel
de Ben Gvir y las reacciones palestinas
El mes
pasado, ministros y parlamentarios encabezaron una incursión masiva en Al-Aqsa
por parte de israelíes ultranacionalistas, con más de 3.500 participantes.
Entre ellos se encontraba Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional de
Israel, quien supervisa a la policía. Ben Gvir, un colono, reclama desde hace
tiempo lo que denomina la imposición de la «soberanía israelí» sobre la
Mezquita de Al-Aqsa. Durante la incursión de julio, declaró: «Miren lo que está
sucediendo aquí: judíos rezando, sintiéndose como si fueran los dueños de este
lugar».
Mustafa
Abu Sway, miembro del Consejo Islámico del Waqf de Jerusalén, afirmó que las
violaciones forman parte de un plan gubernamental y no de actos aislados. «Esta
profanación, incluida la introducción de libros de oración dentro de la
mezquita, forma parte del desmantelamiento sistemático de lo que queda del
histórico statu quo en la bendita Mezquita de Al-Aqsa, con Itamar Ben Gvir
determinando lo que sucede sobre el terreno, con la aprobación del primer
ministro Benjamin Netanyahu», declaró Abu Sway a MEE.
Añadió
que, paralelamente a la creciente presencia judía en el lugar, el gobierno
continúa imponiendo fuertes restricciones al acceso de los palestinos y a la
actividad del Waqf, que administra el complejo. «A los fieles musulmanes se les
impide la entrada de una manera que a primera vista parece arbitraria, pero que
en realidad refleja una política sistemática», añadió.
https://www.maurizioblondet.it/verso-il-terzo-tempio/
176 años después, el conductor que la
Argentina necesita volver a descubrir (Cuarta y última parte).
Por GABRIEL
CAMILLI
El 17 de
agosto de 1850, a las tres de la tarde, moría en Boulogne-sur-Mer José de San
Martín. Tenía setenta y dos años. Había pasado buena parte de los últimos
veintiséis lejos de la tierra cuya independencia había contribuido
decisivamente a conquistar. Murió lejos de la Cordillera que había atravesado,
lejos de Mendoza, lejos de Buenos Aires, lejos de aquellos granaderos que había
formado y conducido. Pero acaso la paradoja más profunda sea otra: ciento
setenta y seis años después, todavía estamos intentando que San Martín regrese
plenamente a La Argentina.
Ése ha sido
el propósito de esta serie. No solo recordar al héroe de bronce, ni repetir
mecánicamente las fechas escolares, ni volver una vez más sobre el Cruce de los
Andes como si se tratara de una extraordinaria pero lejana hazaña militar.
Hemos querido buscar al hombre, al soldado, al estratega, al político, al
cristiano y al conductor. Y, sobre todo, al argentino capaz de hablarnos
todavía en medio de nuestras incertidumbres. Porque San Martín no pertenece
únicamente al siglo XIX, pertenece también al porvenir de la Argentina.
Para
comprender a José de San Martín era necesario comenzar antes de 1812. (Así lo
hicimos en “San Martín y la tradición militar Española”). El gran capitán no
apareció misteriosamente en Buenos Aires a los treinta y cuatro años. Cuando
regresó al Río de la Plata era ya un teniente coronel experimentado, con más de
dos décadas de servicio militar. Había conocido África, Portugal y los campos
de batalla de la guerra contra la Francia revolucionaria y napoleónica. Había
combatido en Bailén. Había visto ejércitos avanzar y retroceder, gobiernos
caer, pueblos levantarse, imperios tambalearse y antiguas legitimidades entrar
en crisis. Había aprendido algo muy importante: había aprendido a mandar.
Y mandar, en
la tradición militar en la que se había formado, no significaba simplemente dar
órdenes. El Marqués de Santa Cruz de Marcenado comenzaba sus Reflexiones
Militares hablando de las virtudes morales, políticas y militares que debía
poseer un general. Antes que la maniobra estaba el hombre; antes que la batalla,
el carácter. Calderón de la Barca había definido al ejército como aquella
singular comunidad donde el mérito debía imponerse al nacimiento y donde “la
más principal hazaña es obedecer”. Cervantes, soldado antes que novelista,
había enseñado que el fin último de las armas era alcanzar la paz. Ese universo
espiritual, cultural y militar ayuda a comprender a San Martín, porque detrás
del estratega encontramos siempre una determinada concepción del hombre.
San Martín
luchó por la independencia de América, pero sería históricamente pobre
interpretar aquella lucha con las categorías ideológicas que aparecerían
después. No necesitó odiar a España para amar a América. No necesitó renegar de
la tradición en la que se había formado para comprender que había llegado la
hora política de la independencia. Y quizá ningún episodio lo demuestre mejor
que Punchauca.
En 1821,
frente al virrey José de la Serna, el vencedor de Chacabuco y Maipú tenía un
ejército capaz de continuar combatiendo. Sin embargo, intentó alcanzar una solución
política. Propuso la independencia del Perú, un gobierno provisional y una
monarquía constitucional vinculada a la propia tradición dinástica hispánica.
Más aún: imaginó la reconciliación entre los ejércitos que hasta entonces
habían combatido. Aquella propuesta revela mucho más que una preferencia
institucional. Revela una concepción de la política. San Martín comprendía que
la victoria militar no bastaba: había que construir un orden, evitar la
anarquía, reconciliar y fundar.
ENSEÑANZA
EXTRAORDINARIA
Aquí aparece
una enseñanza extraordinariamente actual. Los verdaderos conductores no
confunden la destrucción del adversario con la construcción de la Nación. Saben
que después de la guerra debe existir una paz posible, que después de la
revolución debe existir un orden y que ninguna comunidad política puede vivir
indefinidamente alimentándose de sus divisiones.
Hay dos palabras que resumen buena parte de la conducción sanmartiniana: lucidez y coraje. Lucidez para comprender la realidad tal como es y no como quisiéramos que fuera; coraje para actuar en consecuencia. San Martín poseyó ambas. Comprendió que la independencia no podía asegurarse defendiendo indefinidamente la frontera norte. Sin dejar de mirar el Alto Perú, las circunstancias posteriores a la Batalla de Rancagua en 1814 lo impulsaron a mirar hacia Chile. Mientras otros pensaban en campañas, él concibió un sistema: cruzar los Andes, liberar Chile, dominar el Pacífico y alcanzar Lima.
Por
P. SANTIAGO NAVARRO, C.M.F.
Del
libro TEOLOGIA DE FÁTIMA, Editorial Coculsa, Madrid, 1961.
El estudio de la devoción al Corazón de
María sigue analógicamente los por que el de la devoción al Corazón de Jesús.
Por eso, no pensamos detenernos mucho en el desarrollo de estas
consideraciones. En su estudio sobre el Corazón de María, afirma Campana que,
como la del Corazón de Jesús, la reparación tiene en la devoción al Corazón de María
un puesto privilegiado. Tampoco aquí orientaba San Juan Eudes la devoción en el
sentido reparador, dado luego por Santa Margarita. Sus ojos se volvían con
frecuencia a los dolores del Corazón de María, pero pensaba que la
consideración y el recuerdo de estos dolores, causados por nuestros pecados,
deben inducirnos, más que a la reparación, al arrepentimiento y a una renovación
de nuestra vida. A pesar de todo, afirma Campana, “es innegable que la idea de
la reparación al Corazón de María se va abriendo camino, y es ya ampliamente
practicada. Se ofrecen para ello la comunión y la misa de los primeros sábados
de mes. No está lejano el tiempo, no hace falta ser profeta para saberlo, en el
que esta reparación será una parte esencial de esta devoción”.
Los títulos de la Virgen a esta forma
especial de su culto son, análogamente, los mismos que vimos en el Corazón de Jesús:
un título de Justicia y un título de amor.
Un título de Justicia, porque los
pecados de los hombres son también un atentado contra los derechos que la
Virgen tiene sobre ellos. Un título de amor, porque la obra de María en la
redención del mundo es, como la de Jesucristo, obra de amor.
Nadie puede poner en duda los derechos
de María sobre los hombres, como Madre, Corredentora y Dispensadora de todas
las gracias. En la misma medida en que el pecado fue causa de los dolores
redentores de Cristo, lo fue de los sufrimientos de la Corredentora. Y el
pecado, que hoy vuelve a crucificar a Cristo, puede ser paralelamente
considerado un atentado contra la Corredentora. La intensidad de los
sufrimientos padecidos por María en la hora de la redención no pueden dejarla
hoy indiferente a la suerte de los redimidos. Y el oficio principal que su
misión corredentora le da en el cuerpo místico la hace más sensible a todos los
males de sus miembros.
Como Madre, es también sensible a las
ofensas inferidas a su Hijo Jesucristo, y al mal que a sí mismos se causan los
pecadores. Pecando, violan éstos los derechos que la Virgen tiene sobre ellos,
en razón de su Maternidad espiritual; la rebeldía contra Dios es también, en
cierta medida, insolencia y rebeldía contra la Virgen, y la herida causada en
el Corazón divino por la ingratitud de los hombres hiere, del mismo modo, el
Corazón de la Virgen.
Todo esto es consecuencia de la unión íntima
que Dios estableció entre el Redentor y la Corredentora; nuevo Adán y nueva
Eva, que el árbol de la cruz unió en el dolor y en el amor, en el uno como
fuente, en la otra, como canal de gracia".
Los dolores de la Virgen no estaban
yuxtapuestos a los de Jesús. Son idénticos en la causa; están ordenados al
mismo fin; el Corazón de María es el resonador, y su dolor es el eco de los
dolores del Corazón de Cristo.
No deja de sorprender la unanimidad con
los Pontífices últimos, que se han sucedido en el gobierno de la Iglesia, han
llamado la atención de los fieles sobre este aspecto de la vida de la Virgen,
del que deriva este carácter reparador de su devoción. San Pio X lo deduce de
lo que la Virgen trabaja en el cielo por sus hijos. Comenta el santo Pontífice
la conocida visión del Apocalipsis (12, 1 ss), en la que se muestra una mujer
vestida del sol... y que estaba encinta, y dice: “Clamaba al dar a luz, y era
que sufría en el parto. Vio pues Juan a la Santísima Madre de Dios gozando de
la bienaventuranza eterna, y, sin embargo, sufriendo por un parto misterioso.
¿Cuál? El nuestro... El sufrimiento del parto significa el deseo y el amor con
que la Virgen desde el cielo vigila y trabaja con ruegos asiduos para que sea
completado el número de los predestinados".
En 1904 enriquecía ya con indulgencias
la práctica de la comunión reparadora en los primeros sábados de mes; y el 3 de
junio de 1912 concedía indulgencia plenaria a cuantos, previa confesión y
comunión, practicaran el ejercicio de la reparación mariana.
Benedicto XV, el 9 de noviembre de
1920, concedía indulgencia plenaria in articulo mortis a todos los que
practicaran este ejercicio durante ocho primeros sábados de mes seguidos.
En su Encíclica Ingravescentibus malis, Pío XI, respondiendo a injurias lanzadas en
un escrito contra la santísima Virgen, exhorta a que, “unidos a los Obispos y
pueblo que veneran a la Virgen María como Reina del pueblo de Polonia,
cumpliendo un deber de piedad, ofrezcamos a la misma augusta Reina nuestra la
debida reparación”. No se trata, ciertamente, de una forma especial de
devoción, pero contiene todos los elementos que en ella son necesarios para que
pueda darse la verdadera reparación.
Pío XII habló muchas veces de este
tema, y hemos de citar más adelante algunas de las enseñanzas dadas por este
gran Maestro, ofrecido por Jesucristo a su Iglesia en estos tiempos difíciles.
Si examinamos tanto la tradición como algunos documentos del Magisterio de la Iglesia, encontramos que se habla en ellos con relativa frecuencia de dolores y sufrimientos de la Virgen; de ofensas inferidas a la Virgen, Todo lo cual, como hemos dicho al hablar de la devoción al Corazón de Jesús, pide una reparación. En este lugar hicimos notar cómo Jesucristo y los bienaventurados tienen una esperanza que será saciada sólo cuando haya llegado al cielo el último de los predestinados; en tanto llega esa hora, hay en el cielo un afecto de compasión, y una especie de inquietud, por la que se puede decir, en cierto sentido, que los santos sufren con todos los miembros del cuerpo místico que padecen en la tierra, aunque notábamos que las palabras no tienen un significado totalmente idéntico en ambos casos. La Virgen es miembro privilegiado del cuerpo místico, y, en razón de tal, participa más intensamente que todos los miembros, exceptuado Cristo, Cabeza del cuerpo, de los sentimientos de compasión y solicitud por los miembros que aún se encuentran peregrinando por este valle de lágrimas.
Para responder a esta
pregunta, leamos «El Vademécum de los
jóvenes salesianos» de Don Luigi Barberis, sacerdote salesiano (1847-1927)
Cómo actúa la misa
La misa no actúa solo, como es el caso de las otras oraciones, ex opere
operantis, es decir, según la devoción y la pureza de quienes las recitan;
sino, como dicen los teólogos, ex opere operato, es decir, por sí misma. En
efecto, aunque el instrumento que ofrece sea indigno, la ofrenda es la del
cuerpo y la sangre de Jesús, siempre digna de ser escuchada por Dios, aunque
sea ofrecida por un miserable. Puesto que es Jesús mismo quien se ofrece aquí,
comprenderás cómo esta ofrenda es infinitamente más agradable a Dios que
cualquier otra obra de piedad, por excelente y sublime que sea. Una misa vale
ciertamente innumerables rosarios y otras oraciones, porque por el sacrificio
de la misa nos apropiamos realmente de los méritos de la pasión y de la muerte
de Jesucristo. Estos méritos así recibidos nos pertenecen realmente, y podemos
ofrecer al Señor como verdaderamente nuestros los méritos del mismo Jesucristo.
La ofrenda es lo mejor que
se puede hacer durante la misa; y por tanto, cuanto más frecuentemente y más
sinceramente ofrezcas algo al Señor, más bien haces. Por consiguiente, cuando
no estás presente en la misa, haces bien en ofrecer las numerosas misas que se
celebran en el mundo. Pues cuanto más ofrezcas al Padre eterno la sangre de su
divino Hijo, más se alegra Dios, más se pagan las deudas de nuestros pecados,
más mérito se obtiene para el paraíso, más eficazmente se alivian las almas del
purgatorio. Cuantas veces dices: «ofrezco, ofrezco», esto vale tanto como
decir: pago, pago.
Pago para disminuir mis deudas,
para comprar bienes celestiales, para liberar a las almas del purgatorio; pago
para obtener gracias para aquellos por quienes ofrezco. Incluso la oración
fuera de la misa tiene mucho valor ante Dios, pero en la misa, o uniéndose a la
intención de las misas que se celebran, se ofrece un sacrificio real, se ofrece
al mismo Jesucristo. Jesús se ofrece por nosotros a su Padre celestial; el
valor es infinitamente mayor. Aunque seas un gran pecador, puedes estar seguro
del perdón si ofreces la pasión de Jesús a su Padre eterno.
No hay ninguna comparación posible con la misa
¿Quieres saber, mediante una comparación, cuál es el valor de la misa? Vale más
que todo el oro y todas las perlas de la tierra. Si alguien fuera dueño del
mundo entero y ofreciera todo esto a Dios todopoderoso, su don seguiría siendo
infinitamente inferior al valor de una sola misa. Si este pudiera disponer
igualmente de todo el paraíso y de sus felices habitantes, y ofreciera todo
esto a Dios, tampoco esta ofrenda podría compararse con el don que se hace a
Dios por la santa Misa. Porque en la santa Misa se ofrece al Padre eterno un
don tan excelente que vale tanto como el mismo Dios infinito y todopoderoso,
con todas sus perfecciones, su majestad y su gloria.
No se puede ir más lejos
en la explicación del valor de la santa Misa, porque no se puede encontrar ni
pensar en nada más grande que supere la divinidad o el infinito. Si das un
trozo de pan o un vaso de agua por amor a Dios, Jesús nos ha dicho que esto ya
tiene un gran valor. Si un príncipe ofrece sus riquezas, un emperador su
imperio por amor de Dios, es un heroísmo digno de ser alabado durante todos los
siglos. Pero cuando el sacerdote (y el pueblo que asiste a la santa Misa)
ofrecen al Padre eterno al mismo Hijo de Dios, es una ofrenda de valor
inestimable.
Grandes males se derivan del hecho de no comprender bien la santa Misa
Si lo que se ha dicho anteriormente sobre la gran eficacia del Sacrificio
eucarístico es verdad, y es muy verdad, hay que decir que si continúas con tus
pecados y no sientes de una vez por todas la fuerza para corregirte, es porque
no asistes bien a este sacrificio.
Si los pecadores no se
convierten y perseveran en su impenitencia hasta el final, ¿no será, quizá, por
tu culpa? Porque si hubieras ofrecido por ellos la sangre de Jesucristo con una
oración ferviente, sin duda se habrían convertido. Si el purgatorio todavía no
está vacío de sus habitantes, ¿no será, quizá, porque entre todas las misas que
se celebran, los fieles no asisten a ellas o no asisten bien?
Y si todavía no has alcanzado la perfección a la que estás llamado, ¿no será a
causa de tu negligencia en ofrecer con el sacerdote al Padre eterno el sacrificio
expiatorio que quita los pecados del mundo y que da la vida eterna? Si te
hubieras encontrado presente en el Calvario, y con el amor que ahora tienes por
Jesús, hubieras tomado en tus manos la sangre que corría por el suelo, si la
hubieras ofrecido a Dios sosteniéndola en alto, con una confianza
inquebrantable y un corazón contrito, ¿no es verdad que con esta sangre tan
preciosa ofrecida a Dios habrías tenido confianza de obtener todas las gracias
para ti y para aquellos por quienes la hubieras ofrecido?
Esto es lo que obtendrías
ahora [pues en la misa se está en el Calvario], haciendo esta ofrenda con una gran
fe y un amor ardiente. ¿Qué pecados son tan horribles que no puedan ser lavados
por esta sangre tan preciosa? ¿Qué deudas son tan enormes que no puedan ser
pagadas por este tesoro infinito? La sangre de Jesús es capaz de purificar, de
perdonar y de pagar más que todo lo que el mundo puede ensuciar, acusar,
endeudar. Pon una confianza ilimitada en la sangre de Jesús y ofrécela con
mucha diligencia a Dios durante la santa Misa, y no temas que no obtendrás
todo.
La santa comunión en la
Misa
Si en la santa misa, además de ofrecer con el sacerdote la santa hostia, te
unes también a él mediante la santa comunión, te unes al sacrificio, pero
también participas con él en el sacramento. Tendrás, por tanto, mucho más
mérito y muchas más gracias, pagarás muchas más deudas, y Dios será aún más
convenientemente adorado y agradecido por ti. De modo que la Santa Iglesia, en
el Concilio de Trento, exhorta vivamente a los fieles a asistir todos los días
a la Misa, y expresa también el ardiente deseo de que cada uno comulgue
sacramentalmente, y no solamente espiritualmente, cada vez que asiste a la
santa Misa.
Extracto de “Il Cedro”, abril de 2025.
Durante
décadas se ha inculcado en las escuelas, universidades y ámbitos académicos la
falsa idea de que el proceso de independencia fue logrado gracias al apoyo de
la Corona Británica. Se ha llegado al extremo de sugerir o afirmar directamente
que el general J. de San Martín fue funcional a los intereses de los
británicos. Hemos demostrado que ocurrió justamente todo lo contrario. Nada
debemos los americanos, menos los argentinos, a esta nación, enemiga histórica,
que sigue usurpando una parte de nuestro territorio y saqueando sus recursos
naturales con impunidad. La violación de la soberanía, el robo y el desprecio
de las libertades han sido y son las constantes de la política británica en el mundo.
En la medida en que esta mentalidad colonial no se destierre es difícil que
recuperemos la confianza en nosotros mismos como nación y que desarrollemos los
anticuerpos necesarios para defender a la Patria de esta plutocracia de
mercaderes y saqueadores enemiga de las libertades de los pueblos.
A través
de estas líneas hemos analizado la documentación que suma un nuevo aporte a la
historia del Libertador que supo batirse contra los británicos y sus aliados
portugueses, contra los absolutistas y sus aliados ingleses y, ya exiliado,
apoyó el gobierno de J. M. de Rosas y su gesta contra las potencias
extranjeras. Sirvan estas líneas como un justo homenaje al Padre de la Patria y
como una herramienta más para llevar a la Argentina al destino de gloria que se
merece.
Sebastián Miranda, en la conclusión de su
libro “José de San Martín contra el
Imperio británico. El mito del agente inglés. Gran Bretaña contra la libertad
de Hispanoamerica”, Ed. Gladius – Elevan.
Cuando se
recuerda a José de San Martín solemos imaginar al conductor del Ejército de los
Andes, al vencedor de Chacabuco y Maipú o al Protector del Perú. Sin embargo,
pocas veces nos detenemos a pensar qué hombre era antes de convertirse en el
Libertador y, sobre todo, cuáles fueron las ideas que moldearon su carácter
durante los veintidós años que sirvió como oficial del ejército español.
Esa
pregunta no es menor. Ningún gran conductor aparece de improviso. Antes de
conducir hombres, San Martín fue un joven oficial que se educó en una de las
instituciones militares más prestigiosas de Europa. Entre 1789 y 1811 sirvió en
el ejército español, combatió en África, en Portugal y en la Guerra de la
Independencia española contra Napoleón. Aquellos años no fueron solamente una
escuela de armas; fueron también una escuela de pensamiento y de carácter.
La
historiografía ha destacado la influencia de la experiencia napoleónica. Sin
embargo, suele olvidar que el joven San Martín se formó dentro de una tradición
intelectual mucho más antigua: la del ejército español heredero de los Tercios
y del Siglo de Oro. Allí convivían la lectura de tratados militares con las
obras de Cervantes, Calderón de la Barca y los grandes autores de la literatura
española. Estrategia y cultura no eran mundos separados; ambas contribuían a
formar el carácter del oficial.
Uno de
los libros fundamentales de ese ambiente fue las “Reflexiones
Militares” del Marqués de Santa Cruz de Marcenado. Publicada en el
siglo XVIII, esta obra constituye uno de los grandes tratados de estrategia
anteriores a Clausewitz. Lo llamativo es que Marcenado no comienza hablando de
batallas. Su primer libro está dedicado a las "virtudes morales,
políticas y militares de un generalísimo". El mensaje es claro: antes
que táctico, un conductor debe ser un hombre virtuoso. La guerra no puede
separarse de la política ni la política de la moral. El ejército existe para
servir al bien del Estado y no a la gloria personal del caudillo. Esa
concepción integral de la guerra anticipa muchas ideas que un siglo después
desarrollaría Clausewitz.
Resulta difícil no advertir la semejanza con la conducta del propio San Martín. Nunca buscó batallas por prestigio personal. Preparó responsablemente un regimiento modelo, como el regimiento de granaderos a caballo, planificó y ejecutó una de las campañas más difíciles de la historia militar como fue el cruce de los Andes y finalmente logró dotar a una flota de poderío y de unidad de mando para poder dominar el Pacífico y llegar al Perú.