Por IGNACIO
KILMOT
Monseñor Athanasius
Schneider parece haberse convertido en el principal publicista de la
Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Es por eso que el sitio oficial de noticias de
ésta lo promociona por encima de todo y en este caso con un artículo titulado: «La FSSPX presta a la Iglesia un servicio de
gran valor histórico», del 17 agosto de 2026 (https://fsspx.news/es/news/monsenor-schneider-la-fsspx-presta-la-iglesia-un-servicio-gran-valor-historico-60603).
Dice en
el citado texto muchas cosas interesantes y por supuesto, justas, que no
desdicen de la verdad.
Pero,
como en otras ocasiones, el obispo conciliar no puede dejar de mostrar su
inconsistencia cuando se trata de analizar la crisis profunda que se vive
dentro de la Iglesia, e identificar al enemigo. Renueva su actitud
conciliadora, de vieja data, que preferiría una Fraternidad reconciliada con
Roma, o una Roma reconciliada con la Fraternidad, pero sin ver por qué es que existe esta situación
insoluble. Lo vamos a ejemplificar con
la analogía que da el obispo kasajastano en su artículo. Citamos:
“La
crisis actual entre la Santa Sede y la FSSPX también puede ilustrarse con la
siguiente parábola: Se declara un incendio en una gran casa. El jefe de
bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción, a pesar
de que estos han demostrado ser menos eficaces que los antiguos y probados. Un
grupo de bomberos desobedece esta orden, continúa utilizando los métodos
tradicionales e incluso recluta a nuevos bomberos —todo ello a pesar de la
prohibición del jefe de bomberos— y, en efecto, el fuego se controla en muchos
lugares. Sin embargo, estos bomberos son tachados de desobedientes y
cismáticos, y son castigados por ello.
Para
continuar con la parábola: el jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos
bomberos que reconocen los nuevos métodos y obedecen las nuevas normas del
cuartel. Pero dada la magnitud del incendio, la lucha desesperada por
contenerlo y la insuficiencia de los métodos oficiales, otros voluntarios
intervienen desinteresadamente —a pesar de la prohibición del jefe de bomberos—
aportando habilidad, conocimiento y buenas intenciones, y al final ayudando a
salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba por proteger.
Con el
tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de
bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de
extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se
convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de
aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente,
marginados y expulsados como rebeldes, y les da la
bienvenida de nuevo a sus filas. Al final, una vez superada aquella gran
conmoción, lo que antes se había condenado como desobediencia y rebelión se reveló como un
acto de entrega desinteresada”.
Mons.
Schneider entrega, como el lector atento e informado podrá ver, una versión
naif y hasta infantil de la crisis en la Iglesia. Y esa versión es la que
difunde la Fraternidad al destacar a Mons. Schneider.
Cabe
agregar que la solidaridad de Schneider no está bajo ningún riesgo: no ha
estado presente de las consagraciones episcopales de la Fraternidad ni jamás ha
querido unirse a la misma. Y sus críticas a Roma son siempre suaves, como en
sordina.
Pero veamos
al detalle lo que dice Mons. Schneider:
“El
jefe de bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción”.
Por el “jefe de bomberos”
designa al papa, claro está. Está hablando de León XIV. Pero, ¿el papa actual
reconoce que hay un incendio? ¿Reconoce una crisis profunda en la Iglesia? No.
Por el contrario, apunta siempre a la crisis ambiental, migratoria o lo que
fuere, pero nunca habla de lo que sucede dentro de la Iglesia. Nunca deplora ni
critica la apostasía interna, la impiedad, los sacrilegios, las herejías, etc.
Lejos de eso, todo lo promueve y acepta, en vistas de la formación de la “Iglesia
sinodal”. No autoriza, por lo tanto, “nuevos métodos de extinción de un
incendio” porque no reconoce que haya ningún incendio. ¡Es al revés, ayuda a
los pirómanos a propagarlo!
“…el
jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos bomberos que reconocen los nuevos
métodos y obedecen las nuevas normas del cuartel”.
Lo mismo. León no admite
bomberos sino incendiarios, destructores, reformadores e innovadores.
“…,
y al final ayudando a salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba
por proteger”.
¿León –y los papas
anteriores- se esforzaban por proteger la casa, o más bien querían destruir la
casa para sobre sus ruinas erigir una casa nueva, irreconocible? Es lo que se
ha visto luego del Vaticano II. La imagen más clara está en las nuevas iglesias
de arquitectura profana, moderna y horrenda de los templos nuevos en Guadalupe,
Lourdes, Fátima y San Giovanni Rotondo, donde se reza la nueva misa y no la
verdadera misa católica. Y se ha visto en la demolición de iglesias y
catedrales para reconstruir sobre sus ruinas iglesias feas como el pecado.
“Con
el tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de
bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de
extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se
convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de
aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente,
marginados y expulsados como rebeldes, y les da la bienvenida de
nuevo a sus filas”
Siguen las “ingenuidades”
del obispo conciliar Schneider. Las cosas volverán a la normalidad en la
Iglesia “con el tiempo”. Así que sólo debemos esperar. El tiempo se ocupa de
arreglar las cosas, con nuevas circunstancias históricas. Nada de mártires, de combatientes
fieles, de perseguidos, de intervención divina, de castigo a los impíos e
invertidos que mantienen el voraz incendio.
Vemos también
que siempre la única preocupación es que la Fraternidad sea reconocida, es el
tema recurrente. Y por eso es publicado ese artículo.
Finalmente,
cabe además señalar esta gran contradicción del artículo: Mons. Schneider
afirma que hay un “dilema entre
preservar la integridad inequívoca de la fe católica y ser reconocidos
canónicamente por el Papa”. Y que para preservar la integridad de la fe, la
Fraternidad ha preferido no tener el reconocimiento canónico de Roma. Pero
entonces, Mons. Schneider, que sí goza del reconocimiento canónico de Roma,
¿está confesando indirectamente que él no ha preservado la integridad inequívoca
de la fe?
