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miércoles, 26 de agosto de 2026

MONSEÑOR SCHNEIDER: EL BIEN A MEDIAS

 


Por IGNACIO KILMOT

 

Monseñor Athanasius Schneider parece haberse convertido en el principal publicista de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Es por eso que el sitio oficial de noticias de ésta lo promociona por encima de todo y en este caso con un artículo titulado: «La FSSPX presta a la Iglesia un servicio de gran valor histórico», del 17 agosto de 2026 (https://fsspx.news/es/news/monsenor-schneider-la-fsspx-presta-la-iglesia-un-servicio-gran-valor-historico-60603).

Dice en el citado texto muchas cosas interesantes y por supuesto, justas, que no desdicen de la verdad.

Pero, como en otras ocasiones, el obispo conciliar no puede dejar de mostrar su inconsistencia cuando se trata de analizar la crisis profunda que se vive dentro de la Iglesia, e identificar al enemigo. Renueva su actitud conciliadora, de vieja data, que preferiría una Fraternidad reconciliada con Roma, o una Roma reconciliada con la Fraternidad, pero sin ver por qué es que existe esta situación insoluble.  Lo vamos a ejemplificar con la analogía que da el obispo kasajastano en su artículo. Citamos:

 

“La crisis actual entre la Santa Sede y la FSSPX también puede ilustrarse con la siguiente parábola: Se declara un incendio en una gran casa. El jefe de bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción, a pesar de que estos han demostrado ser menos eficaces que los antiguos y probados. Un grupo de bomberos desobedece esta orden, continúa utilizando los métodos tradicionales e incluso recluta a nuevos bomberos —todo ello a pesar de la prohibición del jefe de bomberos— y, en efecto, el fuego se controla en muchos lugares. Sin embargo, estos bomberos son tachados de desobedientes y cismáticos, y son castigados por ello.

Para continuar con la parábola: el jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos bomberos que reconocen los nuevos métodos y obedecen las nuevas normas del cuartel. Pero dada la magnitud del incendio, la lucha desesperada por contenerlo y la insuficiencia de los métodos oficiales, otros voluntarios intervienen desinteresadamente —a pesar de la prohibición del jefe de bomberos— aportando habilidad, conocimiento y buenas intenciones, y al final ayudando a salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba por proteger.

Con el tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente, marginados y expulsados ​​como rebeldes, y les da la bienvenida de nuevo a sus filas. Al final, una vez superada aquella gran conmoción, lo que antes se había condenado como desobediencia y rebelión se reveló como un acto de entrega desinteresada”.

 

Mons. Schneider entrega, como el lector atento e informado podrá ver, una versión naif y hasta infantil de la crisis en la Iglesia. Y esa versión es la que difunde la Fraternidad al destacar a Mons. Schneider.

Cabe agregar que la solidaridad de Schneider no está bajo ningún riesgo: no ha estado presente de las consagraciones episcopales de la Fraternidad ni jamás ha querido unirse a la misma. Y sus críticas a Roma son siempre suaves, como en sordina.

Pero veamos al detalle lo que dice Mons. Schneider:

 

“El jefe de bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción”.

Por el “jefe de bomberos” designa al papa, claro está. Está hablando de León XIV. Pero, ¿el papa actual reconoce que hay un incendio? ¿Reconoce una crisis profunda en la Iglesia? No. Por el contrario, apunta siempre a la crisis ambiental, migratoria o lo que fuere, pero nunca habla de lo que sucede dentro de la Iglesia. Nunca deplora ni critica la apostasía interna, la impiedad, los sacrilegios, las herejías, etc. Lejos de eso, todo lo promueve y acepta, en vistas de la formación de la “Iglesia sinodal”. No autoriza, por lo tanto, “nuevos métodos de extinción de un incendio” porque no reconoce que haya ningún incendio. ¡Es al revés, ayuda a los pirómanos a propagarlo!

 

“…el jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos bomberos que reconocen los nuevos métodos y obedecen las nuevas normas del cuartel”.

Lo mismo. León no admite bomberos sino incendiarios, destructores, reformadores e innovadores.

 

“…, y al final ayudando a salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba por proteger”.

¿León –y los papas anteriores- se esforzaban por proteger la casa, o más bien querían destruir la casa para sobre sus ruinas erigir una casa nueva, irreconocible? Es lo que se ha visto luego del Vaticano II. La imagen más clara está en las nuevas iglesias de arquitectura profana, moderna y horrenda de los templos nuevos en Guadalupe, Lourdes, Fátima y San Giovanni Rotondo, donde se reza la nueva misa y no la verdadera misa católica. Y se ha visto en la demolición de iglesias y catedrales para reconstruir sobre sus ruinas iglesias feas como el pecado.

 

“Con el tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente, marginados y expulsados ​​como rebeldes, y les da la bienvenida de nuevo a sus filas”

Siguen las “ingenuidades” del obispo conciliar Schneider. Las cosas volverán a la normalidad en la Iglesia “con el tiempo”. Así que sólo debemos esperar. El tiempo se ocupa de arreglar las cosas, con nuevas circunstancias históricas. Nada de mártires, de combatientes fieles, de perseguidos, de intervención divina, de castigo a los impíos e invertidos que mantienen el voraz incendio.

 

Vemos también que siempre la única preocupación es que la Fraternidad sea reconocida, es el tema recurrente. Y por eso es publicado ese artículo.

Finalmente, cabe además señalar esta gran contradicción del artículo: Mons. Schneider afirma que hay un “dilema entre preservar la integridad inequívoca de la fe católica y ser reconocidos canónicamente por el Papa”. Y que para preservar la integridad de la fe, la Fraternidad ha preferido no tener el reconocimiento canónico de Roma. Pero entonces, Mons. Schneider, que sí goza del reconocimiento canónico de Roma, ¿está confesando indirectamente que él no ha preservado la integridad inequívoca de la fe?

 

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