Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

jueves, 16 de julio de 2026

LA PASIÓN ARGENTINA Y EL FÚTBOL

 


Por MARCELO GONZÁLEZ

 

Sin ánimo de polemizar con personas de sólida formación intelectual y buena doctrina, que califican la pasión futbolística como una mera idolatría, me atrevo a hacer unas pocas reflexiones matizando -apenas la Argentina se ha lanzado a las calles a festejar su paso a la final del campeonato mundial-. Deberá defenderlo ante la selección de España en pocos días y si bien será un partido “final”, quizás no disfrute tanto si lo gana como lo ha hecho al vencer al seleccionado de Inglaterra (nótese, no Gran Bretaña).

Admitiendo lo indiscutible, a saber, que el negocio del fútbol está entre los más lucrativos de la historia contemporánea y en crecimiento, y además que nuestras naciones pavorosamente descristianizadas han caído en una pasión casi desenfrenada por este deporte, su popularidad es asombrosa y genuina en todo el mundo. Y por lo tanto, si bien una forma de idolatría como tantas, más o menos matizada, según las personas y las circunstancias y otras características que queremos señalar. Sin ese poderoso atractivo jamás se hubiera podido montar tan fabuloso negocio. Y el negocio alimenta la pasión, cierto, pero la pasión produce el negocio y le da la posibilidad de ampliarlo en múltiples direcciones.

Sin embargo… en los deportes internacionales, incluyendo los masónicos juegos olímpicos modernos, pueden observarse signos de una condición natural, humana, el amor por lo propio, por la tierra, por la bandera. En los campeonatos internacionales, de momento y seguramente por mucho tiempo, lo que se defiende es la representación de una bandera nacional. Las nacionalidades modernas, pos-revolucionarios sin duda pero a pesar de ello son el resto más genuino que nos queda de un tiempo en que las personas tenían un arraigo y ideal que admirar y defender, por lo que dar la vida a lo largo de años de trabajo o en una sola batalla. Las banderas pesan. Sobre todo cuando los jugadores son nacidos bajo esa misma bandera que defienden y no importados por medio de trucos legales, cosa que viene ocurriendo ya mucho en Europa.

Decía el padre Castellani que el fútbol es un deporte jerárquico, sus cuadros tienen un capitán, los partidos un juez (cuya autoridad también tiende a ponerse en cuestión hoy bajo razones técnicas) pero juez sigue siendo casi inapelable. Es su forma pura son escuadras que se someten a un general (el director técnico) y a un capitán que anima y ordena el juego en el campo, normalmente más eficaz cuando él mismo es ejemplo de orden y disciplina. A veces juegan sucio y se finge: nada más natural para quienes son hijos del pecado original como todos nosotros. Pero eso no nos impide se leales a una causa, son pecado que se borran cuando al final del encuentro se manifiesta la caballerosidad.

En un ensayito a modo de diálogo sobre la educación el padre fantasea un diálogo en el que un joven discute con su tío, hombre a la antigua, que ve en este deporte y en otros una pérdida de tiempo y un embrutecimiento. Dice el tío en diálogo con su sobrino:

—Lo que yo censuro no es el juego en sí, es el entusiasmo exagerado de las turbas. Revela poquísimo ideal, poquísima elevación de miras, un materialismo craso, el culto animal de la fuerza...

—El pueblo tiene que admirar alguna cosa, tío. Ay del pueblo sin entusiasmo. “We live of admiration, hope and love”, dijo un poeta. (Para que vea si sé solamente jugar fútbol). “Il faut que les pauvres gens aient aussi son ideal”, dijo otro. ¡Que vayan las masas a ver partidos atléticos para respirar aire puro y olvidar que son desdichadas, tío!

—¿Y no pueden entusiasmarse por cosas un poco más elevadas que la fuerza bruta?

DE 1988 A 2026: UNA FRATERNIDAD SAN PIO X VACILANTE

 


Por MARTIN DETOURS

 

“Desde ahora tenemos que habérnoslas con asesinos de la fe católica, sin el menor pudor.”

Mons. Lefebvre,

(Carta a los Dominicos de Avrillé, 7 de enero de 1991)


“La Iglesia conciliar no es solamente una enfermedad ni una teoría, sino que es una asociación de jerarcas católicos que, inspirados por pensadores liberales y modernistas, quieren, con fines mundialistas, realizar un nuevo tipo de Iglesia, con numerosos sacerdotes y fieles católicos que están más o menos ganados por este ideal. No es una pura asociación de víctimas. Formalmente considerada, la Iglesia conciliar es una secta que ocupa la Iglesia católica. Tiene sus promotores y actores organizados, como los tuvo el modernismo condenado por san Pío X”

Mons. Tissier de Mallerais

 

La comparación surge de inmediato, y no puede ser más chocante.

En 1988, luego de las inválidas sanciones contra Mons. Lefebvre, Mons. De Castro Mayer y los obispos consagrados, los Superiores de la FSSPX publicaron una carta, donde, entre otras cosas, se dicen unas palabras categóricas que denotan su actitud renuente a todo pacto con los que estaban destruyendo desde adentro la Iglesia, y calificaban a quienes veían claramente como los enemigos de la Iglesia católica:

 

Carta abierta de los Superiores de la Hermandad San Pío X al Cardenal Gantin, Prefecto de la Congregación de los Obispos. Ecône, 6 de julio de 1988:

“Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.” [1]

 

El texto es tajante, de una claridad absoluta. Fuerte, sin dudas, para los espíritus apocados, pero no injusto.

Ahora, uno de los nuevos obispos de la Fraternidad, Mons. Michel de Sivry, dijo en su primer sermón:

“Así pues, evidentemente, esta sanción nos hiere profundamente porque somos católicos, porque estamos unidos al Santo Padre, porque estamos unidos a los obispos, porque estamos unidos a los sacerdotes. Estas sanciones hieren nuestro corazón de hijos. Pero las llevamos. Las llevamos como una cruz por la Santa Iglesia Católica”.

Si los que comandan la Iglesia son claramente enemigos de la misma, entonces es lógico que quien se les opone sea agredido, en este caso mediante “excomuniones”. “Estamos unidos” dice, pero, en verdad, están separados y ya lo estaban en la doctrina, en la misa, en la Tradición. ¿Cómo es que estaban unidos?

Y ahora, además, ya muy lejos de ese vigoroso lenguaje, la Fraternidad presenta un recurso contra el decreto del 2 de julio, diciendo:

“La Fraternidad Sacerdotal San Pío X anuncia que, en respuesta al decreto emitido el 2 de julio de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, presentó el 11 de julio un recurso preliminar ante el mismo Dicasterio, de conformidad con los cánones 1734 y siguientes del Código de Derecho Canónico.

Esta solicitud, que constituye el paso preliminar obligatorio antes de la posible interposición de un recurso jerárquico, tiene por efecto suspender la ejecución del decreto, de conformidad con el canon 1353 del Código de Derecho Canónico.

Mediante este recurso, la Fraternidad pretende ejercer el derecho que la Iglesia reconoce a toda persona que se considere perjudicada por un acto administrativo de solicitar su corrección, en un espíritu de respeto a la autoridad eclesiástica y de fiel adhesión a la justicia, a la verdad y al bien de la Iglesia.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X encomienda esta solicitud a las autoridades competentes y recomienda esta iniciativa a las oraciones de todos los fieles.”

(Comunicado del 13 de julio)

¿Qué pretende la FSSPX con esto? ¿Mostrar a Roma que no tiene un espíritu belicoso, como años atrás, y que por lo tanto estaría dispuesta a retomar negociaciones y diálogos de sordos? Llama la atención que el 2 de julio, el cardenal ultramodernista y judaizante Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, afirmó en una entrevista en podcast para la revista alemana Communio que las recientes consagraciones episcopales llevadas a cabo por la FSSPX sin mandato pontificio no impiden permanentemente una futura reconciliación con la Santa Sede. No es cualquiera el que dice esto. Es el principal vocero de la sinagoga –al menos públicamente- en Roma.

UNA FRATERNIDAD AMBIGUA

 


Por IGNACIO KILMOT

 

A estas alturas sólo los necios, los mal informados o los que no quieren saber, pueden insistir en que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es cismática y que las excomuniones infligidas por “Tucho” Fernández son válidas. Ese es un tema fuera de discusión. Quien quiera saber la verdad tiene los medios de hacerlo, y un verdadero tradicionalista sabe de qué lado colocarse en la contienda.

Je suis Charlie”, era la consigna que hace unos años se impuso desde lo políticamente correcto en Francia y en el mundo, cuando el atentado a la revista blasfematoria “Charlie Hebdo”. En sentido contrario, pero mucho más honestos, y en sentido virtuoso, podríamos decir todos nosotros los que rechazamos el conciliarismo sinodal de la Iglesia oficial: “Yo estoy excomulgado”. Lo cual no quiere sino decir que no queremos profesar la nueva religión humanista y apóstata surgida del Concilio Vaticano II.

Pero, dejando de lado eso, hay un tema del que prácticamente no se ha hablado desde que se empezó a tratar públicamente el asunto de las consagraciones episcopales de la FSSPX. Desde fuera de la FSSPX, porque no conocen la situación interna de la misma, y por lo tanto la idealizan. Desde dentro de la Fraternidad, porque es un tema incómodo, y muchos no lo perciben. Pero es un tema de suma importancia.

La imagen que reproducimos arriba muestra un breve escrito de puño y letra de Mons. Lefebvre. En octubre de 1988, ya se habían realizado las polémicas consagraciones episcopales. Mons. Lefebvre dice allí lo que piensa sin subterfugios. Eso mismo es lo que la Fraternidad enseñaba hasta hace unos años atrás. No es una mera opinión del Arzobispo, se funda en profundos estudios realizados por los teólogos de la Fraternidad.

Así dice el texto, traducido:


“S. E. Monseñor Marcel Lefebvre + Écône, 28 de diciembre de 1988

Muy querido Sr. E. O. Wilson:

Muchas gracias por su carta. Estoy de acuerdo con su deseo de reordenar condicionalmente a estos sacerdotes y he hecho esta reordenación muchas veces.

Todos los sacramentos provenientes de los obispos o sacerdotes modernistas son ahora dudosos; los cambios aumentan y sus intenciones ya no son católicas.

Estamos en el tiempo de la gran apostasía.”


Destaquemos este párrafo: “Todos los sacramentos provenientes de los obispos o sacerdotes modernistas son ahora dudosos; los cambios aumentan y sus intenciones ya no son católicas”.

 

El inicio del cambio

 

“¿DEPONER AL PAPA?”

 


Por PIETRO PALINURI

 

Introducción

 

Algunos autores, frente al «caso Bergoglio», sobre todo a partir de la Exhortación apostólica Amoris laetitia (19 de marzo de 2016), han reunido firmas y lanzado peticiones para deponer al papa Francisco y nombrar a otro Papa.

Estos autores se han planteado el problema de si es posible deponer a un Papa que haya caído objetivamente en la herejía material. La mayoría ha respondido negativamente, apelando al axioma Prima Sedes a nemine judicetur («La Primera Sede no puede ser juzgada por nadie»). Solo unos pocos autores han propuesto, con cierta insistencia, la opción de deponer al papa Bergoglio para nombrar a otro en su lugar, pero con escaso éxito y seguimiento.

Las Edizioni Radio Spada han publicado el libro Deporre il Papa? («¿Deponer al Papa?»), de don Curzio Nitoglia, sobre este acuciante problema[1].

Este libro puede ayudar al lector a formarse una idea de lo que los mejores teólogos católicos dicen acerca de la hipótesis de un Papa hereje y, eventualmente, susceptible de ser depuesto. En efecto, estas páginas reúnen lo que los teólogos, los Padres de la Iglesia y los Doctores escolásticos (hasta el padre Reginald Garrigou-Lagrange) han escrito sobre la eventual e hipotética herejía material de un Papa y sobre su posible deposición por parte del Episcopado o del Colegio Cardenalicio.

El libro puede resultar útil para que el lector estudie —con relativa facilidad y sin tener que realizar investigaciones complicadas y difíciles— la doctrina expuesta por los teólogos, pero sin ninguna pretensión ni voluntad de «definir» ni de «obligar a creer».

 

La Primera Sede no puede ser juzgada por nadie

 

El Papa no puede ser juzgado por ninguna autoridad humana o eclesiástica (Emperador, Episcopado, Colegio Cardenalicio) mediante un juicio de valor canónico o jurídico, como si fuera súbdito de ella, pues el único superior del Papa es Jesucristo, de quien el Papa es Vicario inmediato y próximo; por consiguiente, el Romano Pontífice no tiene a ningún hombre (laico o incluso eclesiástico) por encima de sí, fuera de Jesús, quien, siendo verdadero hombre, es también verdadero Dios.

En efecto, si la hipótesis de una eventual falta de fe separaría a un Papa caído en el error contra la fe del cuerpo de la Iglesia, y la falta de la gracia santificante lo separaría del alma de la misma, la jurisdicción, en cambio, no se vería afectada, pues esta se refiere al gobierno de la Iglesia, que es una sociedad visible y no puede ser privada de la autoridad que la gobierna por la falta de gracia o de fe, ya que estas son hábitos sobrenaturales, espirituales e invisibles, mientras que el gobierno o la jurisdicción de una sociedad visible deben ser visibles.

Por tanto, el Papa hipotéticamente hereje no sería miembro vivo de la Iglesia por falta de gracia, ni formaría parte del cuerpo de la Iglesia por un hipotético error contra la fe, pero seguiría siendo, sin embargo, su cabeza visible en cuanto al gobierno o a la jurisdicción (cf. Domingo Bañez, In IIam-IIae, q. 1, a. 10, Venecia, 1587, col. 196; Ch.-R. Billuart, Cursus theologiae, III pars, Venecia, 1787, p. 66; II-II pars, Brescia, 1838, pp. 33-34, 123 y 125; R. Garrigou-Lagrange, De Christo Salvatore, Turín, Marietti, 1946, p. 232).

 

La autoridad de un Papa en ejercicio es esencial para la Iglesia

 

La autoridad es la esencia de toda sociedad temporal y espiritual y, por tanto, también de la Iglesia, que es una sociedad perfecta de orden espiritual. Por ello, el Papa en ejercicio (y no un Papa virtual) no es accidental, sino esencial y necesario para la subsistencia de la Iglesia. Sin un Papa que gobierne efectivamente, el Cuerpo Místico sería semejante a un cuerpo sin forma o sin alma, es decir, muerto.

Siendo la autoridad el principio de unidad y de ser de la sociedad, esta dejaría de ser una y dejaría de existir sin autoridad. Por tanto, el Papa no es accidental, sino esencial para la subsistencia de la Iglesia (cf. Santo Tomás de Aquino, Contra Gentiles, IV, c. 76). Sin un Papa que gobierne efectivamente, no subsistiría el Cuerpo Místico. El papado virtual y la Iglesia virtual no son compatibles con la institución divina de la Iglesia fundada por Cristo sobre la persona física y realmente actual de Pedro (y, del mismo modo, sobre sus sucesores: los Papas, hasta el fin del mundo).

LAS CONSECUENCIAS: GUÍA PARA UN CATÓLICO PARA COMPRENDER LAS SANCIONES DE ROMA CONTRA LA FSSPX

 


La red de Fernández contra la FSSPX, el descuido de Roma en la aplicación del derecho canónico, la vieja campaña del miedo sobre las confesiones y los matrimonios, y el juramento de fidelidad oculto dentro de la "plena comunión".

 

Por CHRIS JACKSON

3 de julio de 2026

 

Roma finalmente dijo en voz alta lo que hasta ahora callaba

 

Los documentos llegaron con el habitual aparato romano: membrete del dicasterio, número de protocolo, firmas, lenguaje solemne, advertencias, notas explicativas, expresiones pastorales y ese inconfundible aroma a pánico cuidadosamente administrado.

El mensaje es lo bastante sencillo como para que cualquier padre de familia sentado en un banco de una capilla de la FSSPX lo entienda.

Roma ha declarado excomulgados a los obispos. Quiere que los sacerdotes de la FSSPX sean tratados como cismáticos y que los fieles laicos teman las consecuencias de una adhesión formal. Quiere volver a sembrar dudas sobre la validez de las confesiones y de los matrimonios, y que las familias miren al sacerdote que bautizó a sus hijos, enterró a sus padres, catequizó a sus hijos varones, escuchó sus confesiones y ofreció la Misa de los Siglos, para preguntarse de repente si todo ello estaba contaminado.

Ése es el objetivo.

El decreto castiga a seis obispos. La nota explicativa intenta asustar a todos los demás.

Los hombres que firmaron estos documentos saben perfectamente cómo funciona el miedo. Saben que los católicos corrientes no pasan las noches leyendo el Libro VI del Código de Derecho Canónico. Saben que los padres de familia oyen expresiones como «confesión inválida» o «matrimonio inválido» y entran en pánico. Saben que los jóvenes sacerdotes oyen «ministro cismático» y se preguntan si alguna diócesis los recibirá si abandonan la Fraternidad. Saben que la prensa difundirá la versión más simple: «El Vaticano excomulga a la FSSPX».

Ésa es la estrategia: declarar una pena limitada mediante un acto jurídico, rodearla de una retórica mucho más amplia, dejar que los titulares de la prensa amplíen el alcance de la explosión y hacer que cada familia de la FSSPX se sienta, de repente, como si fuera radiactiva.

Sin embargo, los propios documentos contienen la debilidad del ataque.

EL PADRE JAVIER OLIVERA RAVASI PUESTO EN EVIDENCIA

 




En estos tres videos se deja enteramente expuesto al famoso sacerdote que suele presentarse como contrarrevolucionario y antiliberal, pero que resulta ser todo lo contrario, un perfecto católico liberal. Las consagraciones episcopales de la FSSPX han descubierto sus falacias y sus muchas contradicciones, con las que ataca la obra de Mons. Lefebvre.

Felicitamos al Sr. José Plascencia y al Dr. César Félix Sánchez, a quienes “no se la cuentan”.

Debemos corregir al Dr Sánchez que dice que Mons. Williamson “se había ido” de la Fraternidad, cuando en realidad lo echaron, e injustamente por oponerse a la política acuerdista suicida de Mons. Fellay. Si lo que quiso decir es que “no estaba más” debió decirlo así, pues decir “se había ido” puede significar que él mismo por su cuenta había salido, cuando no fue así.

Por lo demás hay buenas correcciones al bloguero tradi-liberal Wanderer.

 

LA VIEJA LEYENDA (DIFUNDIDA POR UN «MIEMBRO DE LA P2») DE LA PROFECÍA DEL PADRE PÍO CONTRA MONS. LEFEBVRE ES RESCATADA OPORTUNAMENTE PARA LA OCASIÓN.

 


El mundo conservador-moderado —ni turbo-modernista ni fiel a la Tradición, y por ello arrastrado por el conflicto— está en el más completo desconcierto después de las consagraciones episcopales del 1 de julio. Y cuando se está falto de argumentos se llega a rescatar leyendas que una simple búsqueda en línea derribaría en pocos instantes. Cabe esperar que esta enésima operación bumerán se deba a la mediocridad, la falta de preparación y la prisa, pero más allá de cierto límite incluso estas dejan de ser inculpables.

Vayamos por orden. Entre los episodios más citados en la literatura religiosa contemporánea figura el presunto coloquio entre el Padre Pío y Mons. Marcel Lefebvre, durante el cual el fraile capuchino habría predicho al arzobispo francés la «rebelión» y las consecuencias de su actuación.¹ El episodio es frecuentemente referido en obras divulgativas y devocionales, pero, sometido a un examen histórico, presenta —por emplear un eufemismo— graves problemas de fiabilidad.

El encuentro entre el Padre Pío y Lefebvre tuvo lugar realmente en San Giovanni Rotondo durante el período pascual de 1967, cuando el arzobispo francés ya era reconocido como uno de los protagonistas de la resistencia a las innovaciones del Vaticano II: es célebre la fotografía del beso de la mano. Lo que falta, en cambio, es cualquier testimonio contemporáneo y válido que documente el diálogo profético.

La narración aparece, de hecho, solo muchos años después, cuando el contraste entre Mons. Lefebvre y la Santa Sede ya se había hecho público y el Padre Pío había muerto. Una de las primeras difusiones conocidas se remonta a 1983, cuando el escritor Pier Carpi publicó en La Domenica del Corriere un relato atribuido al profesor Bruno Rabajotti, presentado como testigo directo del encuentro.²

La figura de Pier Carpi merece algunas precisiones. No se trataba de un historiador de la Iglesia ni de un biógrafo académico del Padre Pío, sino de un escritor conocido sobre todo por sus obras dedicadas al esoterismo, al ocultismo, a la teosofía, a las sociedades secretas y a las supuestas profecías. Su nombre aparece en las listas de los miembros de la logia P2 (aunque él afirmó que estaba en la lista sin formar parte de la logia).³ Estos elementos no demuestran, por sí mismos, que el episodio sea inventado, pero explican por qué la historiografía utiliza sus testimonios con particular prudencia, especialmente cuando no están respaldados por comprobaciones independientes.

Aún más problemática es la figura del supuesto testigo Bruno Rabajotti. Fuera de la tradición que transmite este episodio, no existen documentos independientes que confirmen su papel de testigo privilegiado del encuentro.⁴ Un elemento adicional de cautela surge del propio contenido del extenso testimonio atribuido a Rabajotti, publicado por primera vez en forma completa en 1987.⁵ En ese texto él atribuye al Padre Pío afirmaciones doctrinalmente anómalas —entre ellas la idea de que la glosolalia era una facultad natural accesible a cualquiera, y no un carisma sobrenatural— completamente extrañas al pensamiento del fraile tal como está documentado por fuentes fiables. No consta que entre los hijos espirituales reconocidos del Padre Pío haya alguien que haya confirmado la existencia de este supuesto «predilecto».

INFORMANTE REVELA LA MAYOR OPERACIÓN DE VIGILANCIA MASIVA DE LA HISTORIA Y EL INMINENTE ESTADO DE...

 

LA OTRA CAMPANA N°09 - LA DEUDA EXTERNA: 50 AÑOS DE MENTIRAS

 



ESE OTRO SECRETO DE FÁTIMA

 




por LARAMIE HIRSCH

8 de junio de 2026

 

Para la mente humana, las acciones de Dios en la historia suelen parecer absurdas. Cuando las naciones tiemblan, los imperios se alzan y caen, y la religión de la civilización pende de un hilo, esperamos que actúen reyes, generales, eruditos o grandes príncipes eclesiásticos. Particularmente en una época como la nuestra, una era que ha presenciado dos guerras mundiales, terrorismo internacional, tensiones nucleares, migraciones masivas y el surgimiento de tecnologías capaces de transformar la sociedad de la noche a la mañana.

Esperamos que gigantes muevan las gigantescas piezas de ajedrez sobre el tablero. Esperamos que la historia sea dirigida por quienes poseen riqueza, influencia, ejércitos y autoridad. Cuando esas figuras nos fallan —o desaparecen por completo—, quedamos desconcertados y nos preguntamos qué sucederá después.

Pero ¿qué ha hecho el Señor para preparar a nuestro pueblo para toda esta locura? En el caso de Fátima y La Salette, envió a la Madre de Cristo a hablar con niños. Entonces... ¿por qué esta decisión? ¿Por qué elegir este medio para transmitirnos información tan crucial?

La confusión de la gente hoy

El mundo es, evidentemente, un desastre geopolítico. Tenemos a nuestra disposición herramientas modernas maravillosas, pero también existen abusos maliciosos correspondientes. Lo mismo ocurre en la Iglesia Católica. Esta Institución Divina puede alcanzar todos los rincones del planeta, pero nunca habíamos visto a la Iglesia con los problemas que ahora estamos obligados a soportar.

Particularmente en la jerarquía católica, vemos que ya no inspira. El liderazgo ya no nos brinda la confianza que antes nos daba. Los obispos y prelados solían ser guías firmes en medio de las tormentas de la historia. La Iglesia era antes una guía inamovible que nos ayudaba a mantener nuestra orientación sin importar lo que ocurriera en el mundo. Era una estructura antigua que se alzaba como un faro de piedra frente a las peores tempestades.

sábado, 4 de julio de 2026

APUNTES DESDE LA RESISTENTE TRINCHERA

 


Por FRAY LLANEZA

 

Modernistas y Sedevacantistas: coincidentia oppositorum

 


“¿Para qué han de tener pena,

para qué han de renegar?

Mañana llega la muerte,

todo se ha de terminar”.

 

 

Ya muy cansados, pensamos en la copla popular, ante el aluvión mediático de artículos, opiniones y comentarios suscitados por las consagraciones episcopales de la FSSPX y la posterior y anunciada “excomunión” lanzada por los modernistas romanos. Demasiadas zonceras. ¿Para qué llevarles el apunte?

Por eso no nos metemos a refutar lo que una y mil veces fue refutado, contestado y rebatido. Unos y otros son impermeables a los razonamientos, estudios, análisis o doctrina que uno pueda aportarle. Nos viene a la mente aquel famoso apotegma borgeano, que definía así a los peronistas: “Los peronistas no son ni buenos ni malos: son incorregibles”. Puede decirse lo mismo sobre todo de los sedevacantistas. Y si hubo grandes y notables excepciones de algunos que salieron de esa trampa, es porque realmente no tenían ese espíritu.

Pero nos interesa aquí, pues, señalar cómo la papolatría se manifiesta en dos vertientes que parecen contradecirse, pero son las dos caras de la misma medalla. Nos referimos a la papolatría modernista (o conservadora o católico liberal) y la papolatría sedevacantista. Las dos coinciden perfectamente, y en este caso lo hacen fustigando duramente a la FSSPX y con ella, en realidad, a todos los que siguen a Mons. Lefebvre.

Ambas posturas exigen una obediencia ciega, absoluta, sin discernimiento, imbécil.

Para los modernistas no hay estado de necesidad porque el papa no puede equivocarse hasta ese punto.

Para los sedevacantistas no hay estado de necesidad porque el papa no puede equivocarse nunca.

“No existen papas malos” le escuchamos decir a un “obispo” sedevacantista. Hay que obedecer siempre.

No importa que en las Sagradas Escrituras se diga que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Estos dirán que obedecer al papa siempre es obedecer a Dios. Para estos el papa es una especie de monigote sin libre albedrío, una marioneta cuyos hilos maneja directamente Dios. Por lo tanto, jamás errará.

No importa que el Concilio Vaticano I haya dejado claramente delimitada la infalibilidad. Estos insisten en que todo es infalible.

Y se arrogan la autoridad que no tienen, para disponer que no hay papa, o que el papa puede contradecir la Tradición y aun así hay que obedecerle. Es la hipertrofia infantil de la función papal.

Por lo tanto, unos y otros, en apariencia enemigos, aquí se dan la mano como Caifás y Herodes, para condenar a la FSSPX por “cismática”.

Nueva muestra de que detrás de todos está el diablo insuflando su rebeldía, su orgullo y la confusión en torno a los que verdaderamente resisten a todos esos errores. Es por eso mismo que a medida que pasa el tiempo la figura de Mons. Marcel Lefebvre se agiganta. Fue un predestinado para mantenernos en medio de estos dos fuegos farisaicos.  

 

 

¿Excomunión, en serio?

 

 


Frente a tantas opiniones infundadas e irresponsables, de parte de católicos liberales, modernistas y sedevacantistas, pongamos una voz sensata que aclare más aún esta cuestión. Lo dice alguien que en esto va siguiendo la enseñanza del mejor teólogo del mundo, el Padre Álvaro Calderón:

EXCOMUNIONES DE LA FSSPX: SON EL CARDENAL FERNÁNDEZ Y LEÓN XIV QUIENES DEBEN RESPONDER ANTE LA FE QUE DESTRUYEN

 


por XAVIER CELTILLOS


El decreto publicado este 2 de julio de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, bajo la firma del cardenal Víctor Manuel Fernández y avalado por León XIV, pretende declarar la excomunión latae sententiae de Mons. de Galarreta, de los cuatro nuevos obispos, de Mons. Fellay como co-consagrante, y amenaza con las mismas penas a los clérigos y fieles vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

Este texto se reviste con los ropajes del derecho y de la solicitud maternal. Hay que tener el valor de decirlo: se trata de un acto sin fundamento canónico, y quienes lo han firmado son los menos cualificados para hablar en nombre de la fe y de la moral.

 

I – Un decreto que se derrumba bajo el peso de su propio derecho

 

El decreto invoca los cánones 1387 y 1364 § 1 del Código de 2021. Ahora bien, esos mismos cánones no pueden aplicarse mecánicamente ignorando los cánones que los regulan.

El canon 1323 exime de toda pena a quien actúa bajo el imperio de una necesidad grave, o en la convicción —aunque sea errónea, pero no culpable— de encontrarse en un estado de necesidad. El canon 1324 § 1, 8.º reduce o suspende la pena para quien haya estimado, por un error que no sea puramente subjetivo, encontrarse en alguno de los casos previstos por el canon 1323. El decreto no examina en ningún momento estas cláusulas. Constata un acto material y deduce mecánicamente una pena, como si la parte del Código que regula la imputabilidad no existiera. Ahora bien, una pena latae sententiae solo se incurre si el delito es plenamente imputable; allí donde existe un estado de necesidad, real o razonablemente considerado como tal, la censura no obliga en conciencia, diga lo que diga el decreto.

La Fraternidad sostiene desde siempre que la crisis doctrinal de la Iglesia —la misma que ha producido Fiducia supplicans, las bendiciones de parejas en situación irregular y el eclipse práctico de Cristo Rey— constituye el estado de necesidad que justifica la transmisión del episcopado para la supervivencia del sacerdocio y de los sacramentos. Se puede discutir esta apreciación. Lo que no se puede hacer es declararla inexistente mediante un simple decreto y, a continuación, deducir de ello una pena automática como si los cánones 1323-1324 no existieran. Un decreto que mutila el Código suprimiendo sus propias cláusulas de exención no es un acto de justicia: es un acto de autoridad que se contradice a sí mismo.

 

II – La palabra «cisma» no sustituye la demostración del cisma

 

El cisma, en el sentido del canon 751, consiste en el rechazo de la sumisión al Romano Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia. La Fraternidad nunca ha negado que León XIV sea el Papa. Reza por él en el canon de cada Misa. No se ha establecido un jefe paralelo, no ha erigido una jerarquía concurrente ni reivindica jurisdicción territorial alguna frente a los obispos diocesanos. Consagrar obispos para conferir las órdenes sagradas y administrar la confirmación, sin otorgarles jurisdicción ordinaria, no significa fundar una contra-Iglesia: significa proveer a una necesidad.

El decreto elude esta dificultad mediante un juego de manos: cita la carta Ecclesia Dei de 1988, afirmando que la desobediencia a un mandato pontificio «entraña un rechazo práctico de la primacía romana». Pero precisamente ese es el punto en discusión, y una cosa no se demuestra simplemente repitiéndola. Desobedecer una orden concreta, aunque sea pontificia, demostrando que un bien superior y la conservación de la fe lo exigen, pertenece al ámbito de la resistencia —que toda la tradición teológica admite en su principio— y no al rechazo de la primacía como institución. Confundir la desobediencia disciplinaria con la negación de un dogma constituye un error de razonamiento que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe no debería cometer.

 

III. Los verdaderos atentados contra la fe y la moral están del lado del acusador

 

He aquí la inversión que se impone. El cardenal Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, es el autor de Fiducia supplicans (2023), texto que introdujo la bendición de parejas en una situación objetivamente contraria a la ley divina, incluidas las parejas del mismo sexo. Conferencias episcopales enteras lo han rechazado por ser contrario a la doctrina católica. El mismo cardenal es autor, en su juventud, de una obra sobre el beso cuyo contenido provocó escándalo, así como de desarrollos sobre la mística y el goce que nunca han recibido un desmentido serio.

Es este hombre quien pretende juzgar la fe y las costumbres de obispos católicos cuyo único delito consiste en mantener íntegramente el catecismo, la Misa de siempre y la moral conyugal recibida. Hay aquí una inversión grotesca: quien ha desdibujado la frontera entre la bendición y la aprobación del pecado excomulga a quienes la mantienen.

En cuanto a León XIV, al poner su autoridad sobre este acto, asume la responsabilidad de un gesto que no restablece ni la unidad ni la claridad doctrinal, sino que golpea a la parte de la Iglesia más apegada a la fe transmitida. El § 3 de la nota explicativa llega incluso a declarar inválidas las confesiones recibidas y los matrimonios asistidos por los sacerdotes de la Fraternidad. Esto es falso y es grave. La Iglesia suple la jurisdicción en caso de necesidad y de error común (canon 144); sembrar dudas sobre la validez de los sacramentos recibidos por decenas de miles de fieles de buena fe constituye un atentado pastoral de una crueldad que ninguna fórmula sobre la «Madre atenta» puede reparar.

 

IV – Lo que deben saber los fieles

 

A los padres y madres de familia preocupados hay que decirles serenamente la verdad: una excomunión en la que no se incurre ante Dios no obliga en conciencia. La amenaza lanzada contra los laicos «que adhieran formalmente» a la Fraternidad retoma una nota de 1996 que ya fue impugnada en su momento y tropieza con las mismas objeciones de fondo. Continúen asistiendo a la Misa, recibiendo los sacramentos y educando a sus hijos en la integridad de la fe. No son ustedes quienes deben justificarse.

Son el cardenal Fernández y la autoridad que lo ampara quienes algún día deberán responder —ante la Iglesia y ante Dios— por haber golpeado, en nombre de la fe, a la propia fe.

https://www.medias-presse.info/excommunications-de-la-fsspx-cest-le-cardinal-fernandez-et-leon-xiv-qui-doivent-repondre-devant-la-foi-quils-detruisent-par-xavier-celtillos/246156/


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