Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

martes, 27 de octubre de 2026

LEÓN XIV OMITE LA MENCIÓN DE CRISTO EN ASÍS, DICE QUE ‘LA PAZ’ DEBE SER LA ‘ESTRELLA GUÍA’ DEL HOMBRE

 


LEÓN XIV, EL NEGACIONISTA

 

Qui autem negaverit me coram hominibus, negabo et ego eum coram Patre meo, qui est in caelis. (Mt 10, 33)

 

…mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial.

 

https://x.com/CarloMVigano/status/2115145570411217281?a=S4b76S2VPgeD8UTg12s&s=20

 

El que se supone es el Vicario de Cristo NO MENCIONA a Cristo, ni a su Santísima Madre, en su mensaje a los “hermanos y hermanas” de las falsas religiones que buscan la “paz”.

 

 

VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO INTERNACIONAL 
"PAZ DESARMADA Y DESARMANTE"

Asís, 27 de octubre de 2026

 

Queridos hermanos y hermanas:

Se encuentran en Asís cuarenta años después de la Jornada de Oración por la Paz del 27 de octubre de 1986. Ese evento fue una iniciativa de san Juan Pablo II que destacó, en tal circunstancia, el vínculo intrínseco que une una auténtica actitud religiosa con la viva sensibilidad por la paz.

Dirijo mi saludo más cordial a los Patriarcas y a los Líderes religiosos, muchos de los cuales, a lo largo de los años, participaron activamente en las diversas jornadas de oración y de diálogo que se sucedieron. Saludo con afecto a Mons. Felice Accrocca, Pastor de la Iglesia en Asís, a las familias franciscanas y a cuantos están allí reunidos. Hubiera querido estar con ustedes, junto a la tumba de san Francisco, en este importante aniversario, para ver sus rostros y dar juntos un hermoso testimonio: ¡vivir como hermanos y hermanas ya es posible!

Agradezco al Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y a la Comunidad de Sant’Egidio por haber continuado con esfuerzo esta senda trazada por mis Predecesores. Me consuela el largo y fiel camino realizado durante estos años, que ha sido muy fructífero. El Papa Francisco, respecto a esa inolvidable Jornada de octubre de 1986, dijo: «No debía y no podía permanecer un acontecimiento aislado. Vosotros habéis continuado ese camino y habéis acrecentado el impulso». [1]

Juan Pablo II, después de aquel primer encuentro histórico, invitó a “seguir viviendo el espíritu de Asís”. [2] Era, entonces, el tiempo de la “guerra fría”, un escenario muy diferente del actual. Después de 1989, no pocos sostuvieron que la globalización habría asegurado al mundo una paz estable. Lamentablemente, como escribí en Magnifica humanitas, «se confió casi ciegamente a los mercados la capacidad de producir bienestar, democracia y estabilidad, mientras que, en realidad, la globalización no ha generado automáticamente unidad y paz, sino que ha suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas» ( n. 201).

En este contexto, tiene lugar «una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional» (ibíd., 190). Traicionando así la memoria del siglo XX y la inútil matanza de millones de vidas humanas, una vez más —como se lee en el Catecismo de la Iglesia Católica— «la acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones» (N. 2315). Precisamente en estos tiempos de cultura del poder, es necesario fomentar el espíritu de Asís, que es el rechazo a la legitimación religiosa de la guerra, un espíritu de mediación y diálogo, una experiencia contemplativa y una acción creativa por un futuro de paz. Sí, porque la paz debe volver a ser el ideal común de los pueblos, la estrella que guía todas nuestras decisiones, el criterio que desenmascara la injusticia, el horizonte común de todas las personas.

¡Debemos reconstruir la paz en todas partes, no preparar más guerras! ¡La guerra nunca puede librarse en nombre de Dios! Para nosotros, los creyentes, «luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma» (Magnifica humanitas, 223). No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!

Por eso, el camino iniciado en Asís en la búsqueda común de la paz es, ante todo, el camino de la oración. La oración puede parecer débil frente a los poderes del mundo, pero es la fuerza humilde de los creyentes. Nos dirigimos a Dios, dador de paz: que llegue al corazón de quienes desean la guerra y el terrorismo. Y no lo olvidemos: ¡nunca se reza en vano!

La oración es una escuela de diálogo con Dios, con las personas y con todas las criaturas. Pensemos en san Francisco, de quien hemos celebrado el octavo centenario de su muerte. El mundo necesita diálogo. El camino de Asís compromete a los líderes religiosos a fomentar un clima de diálogo entre los fieles y en la sociedad, para que el lenguaje de la arrogancia sea sustituido por el de la paz, la negociación y la comprensión. Esto podrá «alejar gradualmente a la humanidad de la espiral de la violencia» (ibíd., 221).

Hermanos y hermanas, ¡que nuestras oraciones obtengan de Dios la paz tan deseada para todos los países del mundo! Que Él haga de nosotros instrumentos desarmados de su paz. «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

_________________________________

[1] Francisco, Discurso a los participantes en el Encuentro Internacional por la Paz, 30 septiembre 2013.

[2] Cf. S. Juan Pablo II, Discurso a un grupo de representantes de las religiones no cristianas, 29 octubre 1986.


NOTA DE AGENDA FÁTIMA:

Gracias a las iniciativas por la paz de los traidores de la nueva Iglesia, la Tercera Guerra Mundial está cada vez más próxima.

No queremos el "espíritu de Asís" sino el "espíritu de Fátima".

La Iglesia Sinodal está en guerra a muerte contra la Iglesia Católica. Hay que resistirle firmes en la Tradición. No hay mayor honor que ser “excomulgados” por esa falsa Iglesia.

¡Viva Cristo Rey!

RABINO EN EL ENCUENTRO DE ASÍS DEL VATICANO: NINGUNA RELIGIÓN «PUEDE TENER EL MONOPOLIO DE LA VERDAD O DEL ACCESO A DIOS»

 


El rabino David Rosen afirmó que ninguna religión «puede tener el monopolio de la verdad o del acceso a Dios» durante una entrevista con Vatican News.

 

Martes, 27 de octubre de 2026

(LifeSiteNews) — En una entrevista con Vatican News, un rabino judío que habló en un encuentro ecuménico internacional celebrado en Asís ha afirmado, de manera escandalosa, que se puede encontrar a Dios fuera de la Iglesia católica.

El rabino David Rosen, antiguo gran rabino de Irlanda y asesor especial de la Abrahamic Family House, en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, formuló sus declaraciones con motivo del 40.º aniversario de la jornada interreligiosa «Jornada Mundial de Oración por la Paz», convocada por el papa Juan Pablo II en 1986.

La Iglesia católica enseña que no hay salvación fuera de la Iglesia y que el catolicismo es la única religión verdadera revelada por Dios.

Las declaraciones de Rosen fueron un eco de Nostra Aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Nostra Aetate ha sido criticada por su ambigüedad en relación con conceptos importantes. Carece de una definición clara del «antisemitismo». Inició una trayectoria de indiferentismo religioso que fue condenada por todos los papas desde Pío IX hasta Pío XII.

Rosen declaró a Vatican News que Nostra Aetate, promulgada por el papa Pablo VI en 1965, «afirmó por primera vez, formalmente para la Iglesia católica, que Dios, lo divino, la religión y la verdad [pueden] encontrarse fuera de los confines de la Iglesia católica».

Ninguna religión tiene el «monopolio de la verdad o del acceso a Dios»

«Ese, creo, es precisamente el espíritu de Asís», afirmó Rosen, «afirmar que compartimos esos valores y que cada uno de nosotros representa caminos diferentes hacia lo trascendente, así como reconocer que nadie puede tener el monopolio de la verdad o del acceso a Dios».

Subrayó la necesidad de la «humildad teológica» para «trabajar juntos», no por la salvación ni para honrar a Dios, sino «por la paz en el mundo».

También elogió «la gloria de la diversidad», añadiendo: «No queremos un campo compuesto únicamente por un tipo de flores», y sugirió que la diversidad religiosa «contribuye a la belleza y da testimonio de la gloria de Dios».

Como informó LifeSiteNews el mes pasado, uno de los principales redactores de Nostra Aetate fue Gregory Baum, un converso del judaísmo que posteriormente admitió haber ocultado su vida homosexual mientras ejercía como sacerdote católico y «experto teológico» del Concilio Vaticano II. Baum abandonó más tarde el sacerdocio católico.

 

sábado, 24 de octubre de 2026

A LOS FIELES, A LOS CLÉRIGOS Y A LOS SACERDOTES DE LA XV PEREGRINATIO AD PETRI SEDEM

 


MONS. CARLO MARIA VIGANÒ

 

Me dirijo a vosotros como «excomulgado», puesto que así me consideráis. Considero que la condición que me ha sido atribuida puede arrojar luz sobre aquella en la que vosotros mismos os encontráis de hecho hoy.

Vosotros no habéis sido excomulgados, y hacéis todo lo posible por no serlo, como quien quiere escapar a un castigo. Y, sin embargo, sois tratados como excomulgados. Hay que decir, no sin ironía, que después de haberos negado la Basílica Vaticana para el Pontifical, ahora se os prohíbe incluso la entrada para la profesión de Fe y para la devoción a la Sede del Beatísimo Pedro. Y mientras se os ha impedido el acceso a la Basílica Vaticana mediante barreras y en Santa María la Mayor se os ha concedido solamente una Misa rezada en lugar del solemne pontifical, hace pocos meses se acogía a grupos LGBTQ+, con sus banderas arcoíris y sus eslóganes blasfemos, y a una abortista homoherética disfrazada de arzobispa.

Como comunidad ex Ecclesia Dei, como sacerdotes y obispos ratzingerianos cultivadores del Summorum Pontificum, la Misa de siempre os es concedida como una excepción que hay que justificar. Se os excluye cada vez más de las parroquias; se os impone la autorización del Obispo para celebrar aquello que nuestros padres celebraban sin permiso. Vuestros Institutos están sometidos a visitas e inspecciones, vuestros seminaristas son mirados con sospecha y vuestro rito es tolerado mientras no moleste.

¿Qué es esto, sino una excomunión sin proceso, o peor aún, la voluntad, por parte de las Autoridades romanas, de doblegar vuestra conciencia? Una exclusión que no se atreve a decir su propio nombre. Para evitar la sentencia, la sufrís de hecho. Para no parecer «fuera de la Iglesia», vivís en sus márgenes, con contorsiones e incoherencias que ya están a la vista de todos. Os atrevéis a decir que no existe ningún estado de necesidad, censuráis duramente a la Fraternidad San Pío X, me consideráis un paria… De ello se sigue que vuestro silencio no os preserva del castigo: solamente os priva del derecho a llamarlo injusto.

Hay que reconocer, por amor a la verdad, que León y la élite modernista-sinodalista que ocupa el Vaticano actúan con coherencia. León cree firmemente en el Concilio Vaticano II y es un entusiasta promotor de su versión sinodal: no puede sostener coherentemente el Rito de siempre, que es su desmentido viviente. Summorum Pontificum siempre ha sido una quimera: el desmembramiento del único venerable Rito en dos formas antitéticas, un permiso que depende de quien lo concede y que se retira cuando ya no sirve. Por tanto, no se os puede reprochar la confianza, sino la pretensión de querer fundamentar aquello que os corresponde por derecho divino en la coexistencia de dos ritos irreconciliables y en un indulto con el que apenas se os declara tolerados.

Tampoco os sirve de nada apelar a la libertad religiosa o de culto, o a la inclusividad sinodal, para aseguraros un taburete en el Panteón: quien pide, en igualdad de condiciones con todos, el derecho a practicar su propio culto ya ha admitido que la Misa Apostólica es una experiencia religiosa entre otras, y que la Verdad es una opinión entre las opiniones. Estas falsas libertades no protegen la Tradición: son el instrumento mediante el cual la Verdad —la única Religión— es expulsada no solo de la vida pública, sino incluso del Recinto Sagrado.

No basta con rechazar el Concilio en aquello que contradice el Magisterio, como soléis repetir. El Vaticano II ha sido un acontecimiento revolucionario y es una revolución permanente: hay que repudiarlo como tal, no enmendarlo con una lista de correcciones, porque nadie remedia mediante una exégesis benévola aquello que nació como una ruptura deliberada.

Al Cardenal Burke y a Mons. Schneider me permito decirles que su autoridad ya es enteramente una fachada: son la caricatura de sí mismos, con sus mitras preciosas y sus capas magnas, la defensa del Concilio y las concelebraciones.

Roma no calla solamente; no se limita a «toleraros», confinándoos en reservas indias cada vez más estrechas: quiere reeducaros y os lo dice, pretendiendo de vosotros —que gozáis de un seguimiento significativo en el ambiente conservador— que os convirtáis en «oposición de Su Majestad», actuando como gatekeeper —como se dice hoy— y conteniendo así la hemorragia de católicos cada vez más desorientados por vuestra aquiescencia ante los despropósitos vaticanos más escandalosos. Y ya es evidente que una oposición controlada, lejos de obtener éxito alguno para la causa del catolicismo romano, se convierte, por el contrario, en cómplice de la destrucción de la Iglesia.

He aquí, pues, la declaración pacificadora del Card. Burke: «Ciertamente, la situación actual no constituye un estado de necesidad». Pero si hoy no existe un estado de necesidad, ¿después de qué nuevo escándalo y de qué herejía inaudita encontraréis el valor para rebelaros? ¿Cuántos sapos más estáis dispuestos a hacer tragar a quienes os consideran un referente moral y doctrinal? Después de Amoris Lætitia, la Pachamama, la Declaración de Abu Dabi, Traditionis Custodes, Fiducia Supplicans, Mater populi fidelis… ¿y después de que se os haya impedido profesar vuestra Fe sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles?

Como he escrito en Scisma capitale: «Mientras una parte de los católicos (los llamados conservadores) se obstine en no querer reconocer el bipolarismo del “papado conciliar y sinodal”, se encontrará en la terrible situación de prestar un asentimiento deliberado al error; en la tremenda posición de quienes, con esa complacencia cortesana en una obediencia servil, crean las premisas de la “desertio”, del abandono de Dios, del retiro de la Gracia. Es precisamente ese reconocimiento del error lo que lo institucionaliza, lo que lo hace irreversible, lo que desarma toda resistencia y lo que, en última instancia, criminaliza a quien heroicamente resiste».

Con vuestro cortés consentimiento y guardando silencio para no perder aquello que de hecho se os ha concedido, os prestáis a la operación del engaño (2 Tes 2,11).

Os bendigo y rezo por todos vosotros.

In Christo Rege,

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

Viterbo, 24 de octubre de MMXXVI S. Raphaëlis Archangeli

 

https://www.exsurgedomine.org/blog/ai-fedeli-ai-chierici-e-ai-sacerdoti-della-xv-peregrinatio-ad-petri-sedem

 

MAS INFORMACION:

LA SORPRENDENTE VERDAD QUE SANTA TERESITA ENSEÑÓ SOBRE EL PURGATORIO

 


La mayoría de nosotros crecemos creyendo que aspirar al Purgatorio es la máxima señal de humildad. En voz baja, nos decimos a nosotros mismos: «Si tan solo consigo entrar por los pelos en la última fila del Purgatorio, me sentiré más que agradecido».

Sin embargo, santa Teresita de Lisieux dio un vuelco completo a esta manera de pensar.

Cuando una hermana del convento mencionó en cierta ocasión que esperaba pasar mucho tiempo en el Purgatorio, Teresita no elogió su modestia. Por el contrario, la corrigió amablemente, insistiendo en que esperar el Purgatorio no honra en absoluto a Dios. De hecho, afirmó audazmente que eso entristece el Corazón paternal de Dios.

Esto puede parecer sorprendente, pero la Pequeña Flor comprendió el amor del Padre de una manera que pocos se atrevieron siquiera a imaginar.

El Purgatorio es real y constituye un don extraordinario de la misericordia divina. Pero Teresita comprendió que es un remedio de emergencia, no el sueño primordial de Dios para ti. Un padre amoroso no se complace en mantener a su hijo esperando fuera, en una antecámara. Solo permite esa purificación con gran pesar, deseando, por el contrario, atraer a su pequeño directamente a su abrazo, sin demora.

Teresita descubrió un secreto contrario a lo que cabría esperar: innumerables almas entran en el Purgatorio no porque sus pecados fueran demasiado graves, sino porque su confianza era demasiado pequeña. Midieron a Dios con los fríos cálculos de la justicia humana, en lugar de hacerlo según el océano ilimitado de su Amor Misericordioso. Esperaban encontrar a un juez severo y, por eso, no supieron reconocer los brazos abiertos de un Padre.

Santa Teresita enseñó que el fuego del Amor divino en la tierra es infinitamente más agradable a Dios que el fuego de la purificación después de la muerte. Cuando le presentas tus debilidades cotidianas, tus pequeños sacrificios y tus fracasos sinceros, envueltos en una confianza total, su gracia te purifica en el mismo momento. Él limpia tu corazón cada día mediante la ternura, consumiendo tus defectos con el calor de su presencia.

La santidad no consiste en presentar un expediente espiritual impecable al final de tu vida. Consiste en arrojarte tan completamente en los brazos de Jesús que su misericordia consuma todas tus imperfecciones antes incluso de que exhales tu último aliento.

 

https://op54rosary.ning.com/forum/topics/the-surprising-truth-st-therese-taught-about-purgatory

 

jueves, 22 de octubre de 2026

MIXTURA DE JUDÍOS Y DE CRISTIANOS – PADRE JULIO MEINVIELLE

 


¿Qué hay de verdad en estas pretensiones judaicas? ¿Lograrán esta dominación universal? ¿En qué medida? He aquí un problema difícil, cuya solución exigiría detenido examen. Es mejor omitir su tratado.

Lo que sí se puede decir es que hoy todas las fuerzas del mal que se han ido engendrando, consciente o inconscientemente, desde el Renacimiento hasta aquí, paganismo del Renacimiento, protestantismo, racionalismo, capitalismo, liberalismo, laicismo, socialismo, comunismo, todas ellas trabajadas por el virus del odio a Cristo y a su Iglesia, se están movilizando en un frente único…. frente compacto, arrollador… y estas fuerzas están satánicamente comandadas por la Franc-masonería y sobre todo por el Judaísmo. Los judíos, desde el Gólgota hasta aquí, no han abandonado su tarea de crucificar a Cristo. Ahora como entonces, ellos han tramado en el secreto su plan diabólico que los gentiles han de ejecutar… Y están ejecutando. La lucha se establece, entonces, terrible, decisiva, entre el Judaísmo y el Catolicismo. Muchos dicen entre Moscú y Roma. Pero Moscú no ha sido más que un simple cuartel del Judaísmo Universal. La estatua que allí se ha querido levantar a Judas es todo un símbolo.

La lucha se entabla furiosa entre Ismael e Isaac, entre Esaú y Jacob, entre Caín y Abel. Caín está por asestar el golpe mortal sobre su hermano Abel. El judío, que fue siervo de la Iglesia, está logrando la revancha absoluta sobre su antiguo amo.

¿La logrará? ¿Vencerá Goliat a David?

Dios lo sabe. Pero unos son los planes de los hombres y otros son los planes de Dios. Y Dios sabe dirigir y encaminar los aciertos y desaciertos de los hombres para realizar sus fines secretísimos.

No hay duda que la mixtura de judíos y de cristianos, que se viene operando desde el Renacimiento, es perniciosa, porque la cizaña no se debe sembrar con el trigo, y esta mixtura nos tiene ahora abocados a una colisión catastrófica, cuyo desenlace es difícil presagiar.

Pero si Dios la permitió, algo bueno se ha de poder sacar de esta mixtura.

¿Y qué bien puede sacar de ella el Señor?

En primer lugar, hacer expiar a las naciones cristianas sus impiedades de siglos, para que vuelvan contritas al Señor. Dios no llamó a los beneficios de la fe a los pueblos bárbaros para que éstos se entregaran a las idolatrías y abominaciones de los tiempos modernos. Los pueblos cristianos, con Francia, la hija primogénita de la Iglesia a la cabeza, debían ser los heraldos de la Fe y del Amor cristiano entre los pueblos de Oriente y Occidente, para que en toda la tierra fuese conocido e invocado el nombre del Señor. En cambio, han sido los heraldos del pecado.

Hay que expiar, entonces, estas culpas. Y así como el pueblo judío, que renegó de Cristo, fue entregado al cautiverio oprobioso de los otros pueblos, así ahora los gentiles conoceremos el oprobio de la esclavitud judaica.

No olvidemos que Cristo profetizó a los judíos: Vendrán días de venganza… habrá gran apretura e ira sobre la tierra para este pueblo… y caerán al filo de espada, y serán llevados en cautiverio a todas las naciones, y Jerusalén será hollada de los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones (Lc. 31, 20-24).

Y esta palabra de Cristo se cumplió y se cumple. El año 70 Jerusalén fue cercada por los ejércitos de Tito, el Templo fue incendiado y un millón 100.000 judíos fueron masacrados y otros 97.000 llevados prisioneros (Josefo, De Bello Judaico), y, desde entonces el judío anda errante, hecho oprobio y baldón de todos los pueblos, siendo un testigo inicuo de Cristo, Rey de los Siglos.

Si los judíos fueron castigados, ¿los pueblos descristianizados quedarán sin castigo?

Pero castigo éste que ha comenzado ya… porque ayer fue Rusia y mañana el mundo… castigo que sería para todos, para judíos y cristianos; para ambos, porque ambos llevan siglos de espantosas impiedades.

Castigo espantoso y saludable, en el que la Justicia purificará y la Misericordia forjará apóstoles de santidad.

Creo que sin vocación de profeta es fácil prever que la humanidad ha de caer bañada en una ola general de sangre purificadora… sangre de los cismáticos rusos para expiar sus doce siglos de apostasía de Cristo, que está allí donde está Pedro; sangre de los herejes protestantes para lavar las felonías de cuatro siglos de maquinaciones anticristianas: sangre de los pueblos católicos que como viles rameras se han prostituido vergonzosamente, y ¡qué espléndido instrumento el judío en la mano de Dios para ser el verdugo de estos pueblos que trocaron la grandeza de la Cruz por la grandeza de Babel!… ¡Ah, pero también puede Dios suscitar un nuevo Atila (si no lo suscitó ya) que a judíos y a descristianizados los oprima como a la uva en el lagar!...

Todos tienen que ser purificados… ¿y después? Después surgirán hombres de santidad, judíos y cristianos, varones llenos del cristianismo auténtico, de aquella fe y de aquella caridad cristiana de que estaban llenos los apóstoles y los mártires… No será posible el cristianismo falso y mentiroso de un siglo hipócrita; sólo después de la purificación se podrá efectuar la reconciliación de judíos y cristianos, de Esaú y de Jacob.

 

“El Judío en el misterio de la historia”, capítulo III.

 

¿ESTÁ EL SÍNODO REDEFINIENDO LA INFALIBILIDAD PAPAL?

 


Por GAETANO MASCIULLO

 

Una propuesta de revisión del canon 749 plantea una cuestión fundamental: ¿quién determina la verdad de la doctrina católica? Gaetano Masciullo examina la concepción de la infalibilidad del Sínodo, la ampliación de la autoridad de los laicos y lo que estos cambios podrían significar para el magisterio de la Iglesia y la Sagrada Tradición.

Hoy en día, en el Vaticano es posible identificar una pluralidad de centros de poder que operan dentro de una compleja dialéctica entre la convergencia estratégica y las tensiones internas. Bergoglio actuó como lo hicieron varios soberanos y emperadores del pasado, es decir, concentró el poder en sus propias manos durante su vida, llegando incluso a ir más allá de lo que el derecho divino concede a un Papa, al tiempo que preparaba una fragmentación deliberada de ese mismo poder que estallaría en el momento de su muerte, precisamente para impedir que un único sucesor lo monopolizara y cambiara su orientación.

¿Tetrarquía en el Vaticano?

Esta es la técnica empleada por grandes emperadores del pasado, como Gengis Kan o —quizá un ejemplo más apropiado en nuestro caso— Diocleciano, el emperador romano que preparó la Tetrarquía, es decir, un sistema con cuatro emperadores, con el fin de preservar el proyecto político e impedir que el destino de todo el Imperio dependiera de la voluntad de un único sucesor.

Paradójicamente, el Papa se ha convertido, entre estos cuatro nuevos grandes centros de poder, en el menos «influyente» de todos, aunque sobre el papel siga siendo la cúspide de la Iglesia desde todos los puntos de vista; y ciertamente lo sigue siendo, porque la Iglesia es de institución divina, algo que nadie puede modificar según su propia voluntad arbitraria.

Además del Papa, entre estos centros de poder encontramos la Secretaría de Estado, que conserva el control sobre los expedientes internacionales más delicados (como los acuerdos secretos con China y el diálogo multilateral) y ejerce un control generalizado sobre la maquinaria burocrática a través de oficinas como la del Sustituto (cargo que anteriormente ocupaba el controvertido Edgar Peña Parra), pero, sobre todo, mediante su influencia en los nombramientos episcopales, en sinergia con la Secretaría del Dicasterio para los Obispos.

El tercer tetrarca es la Curia Romana en su conjunto. Antaño al servicio del Papa, durante los últimos doce años se ha convertido en un aparato burocrático y doctrinal revolucionario que dicta al Papa la agenda que debe seguir.

La propuesta del nuevo canon afirma que la totalidad de los bautizados, al haber recibido la unción del Espíritu Santo, «no puede errar en materia de fe».

El propio León XIV dijo al comienzo de su pontificado: «Los papas pasan, la Curia permanece»: un anuncio que parecía revelador y programático. La Curia bergogliana actúa ahora procurando preservar la aceleración iniciada por su padre fundador y encuentra sus centros neurálgicos en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, una auténtica caja de resonancia de la agenda ecologista y una interfaz privilegiada con los Movimientos Populares y la ONU; en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, dirigido hasta ahora por el cardenal Fernández; y en el Dicasterio para el Culto Divino, que pretende llevar adelante una agenda precisa de reforma litúrgica (también llamada demolición).

LAS DIVERSAS ETAPAS DE LA REVOLUCIÓN FILOSÓFICO-RELIGIOSA POSCONCILIAR

 


Por DON CURZIO NITOGLIA

 

La Revolución cultural/teológica del posconcilio

1.º) con Juan Pablo II —de 1978 a 2005— se caracterizó, sobre todo, por el intento de regresar al judeocristianismo, que ya había sido condenado por el Concilio de Jerusalén bajo san Pedro en el año 49;

2.º) con Benedicto XVI —de 2005 a 2013— se distinguió especialmente por el intento de presentar la ruptura dogmática neomodernista real en continuidad ideal con la Tradición divino-apostólica;

3.º) con Francisco —de 2013 a 2025— se caracterizó, ante todo, por la revelación brutal, pero al menos en parte sincera, del alcance teológico y litúrgico revolucionario del Concilio Vaticano II y del posconcilio; y, finalmente,

4.º) con León XIV —2025/2026…— se ha distinguido particularmente por una agresividad sustancialmente modernista, enmascarada bajo apariencias clericales de marca, afectadamente conservadoras y ceremoniosamente apacibles en las formas, pero duras en cuanto a su sustancia despiadada: «Ferociter in re et suaviter in modo» [«Con ferocidad en el fondo y suavidad en las formas»].

La «segunda guerra civil europea» (1939-1945) como ariete para derribar la cultura metafísica de la Antigüedad clásica y de la Patrística y la Escolástica.

Lamentablemente:

1.º) la maniobra iniciada en 1943, con el desembarco «aliado» en Sicilia, que por desgracia no se detuvo en la «línea de playa»…;

2.º) la fundación de Pro Deo en Roma (1944-1946);

3.º) la promulgación del Concilio Vaticano II (8 de diciembre de 1965);

4.º) el «lanzamiento», en Roma, de la «misa beat» de Morlion (1966); y, después,

5.º) la «promulgación» del «Novus Ordo Missae» (1969), han destruido parcialmente la mentalidad metafísico-jurídica de la Antigüedad grecorromana, perfeccionada por la Cristiandad, y la especificidad dogmática del catolicismo romano, para asestarles finalmente el golpe de gracia a partir de la judaización del ambiente eclesial romano, sobre todo:

6.º) con Juan Pablo II (Maguncia, 17 de noviembre de 1980: «La Antigua Alianza nunca ha sido revocada»; Gran Templo o Sinagoga de Roma, 13 de abril de 1986, más el «Te Deum» en la iglesia del Gesù de Roma, el 31 de diciembre de 1986: «Los judíos, hermanos mayores de los cristianos […] / en la Fe de Abrahán»; la jornada panecuménica de Asís, el 27 de octubre de 1986, repetida cada «decenio de la era conciliar», que por desgracia ha durado más de veinte años); llevadas teológicamente al cenit, de manera discretamente oculta, académica y encubierta, por

7.º) Benedicto XVI (bajo la apariencia de una «hermenéutica de la continuidad», siempre afirmada pero nunca demostrada, como decía monseñor Brunero Gherardini) y por

8.º) el papa Francisco, que finalmente se quitó la máscara de la aparente «continuidad» bien educada para mostrar toda la fealdad, descamisada y maleducada, de la «ruptura» con la Tradición divino-apostólica; y, finalmente, continuadas sustancialmente por

9.º) León XIV; quien, aunque vista de «clergyman de marca» y se mueva pomposa y ceremoniosamente como Benedicto, en realidad actúa esencialmente como Francisco («latet in herba anguis», Publio Virgilio Marón, Bucólicas, III, 93).

LA IGLESIA SINODAL NO ES LA IGLESIA CATOLICA

 


Soportamos una época en la que los así llamados obispos católicos:

Prohíben la Misa en latín.

Prohíben a los fieles asistir a la Misa en latín.

Prohíben a los fieles rezar la oración a San Miguel.

Prohíben a obispos y sacerdotes que defienden el magisterio perenne.

Prohíben a comunidades religiosas que defienden la Misa perenne y la doctrina.

Prohíben a profesores laicos que defienden el magisterio perenne.

Quieren imponer a los fieles que no llamen Corredentora a la Santísima Virgen.

Y se espera que obedezcamos y no digamos nada, o de lo contrario también seríamos prohibidos.

Cuando exponer la herejía se trata como cometer herejía, estás gobernado por herejes.

La nueva iglesia sinodal no es la Iglesia Católica.

 

https://x.com/ProtecttheFaith/status/2112128211224027442?s=20

O QUE ESTÁ POR TRÁS DAS REVOLTAS NA EUROPA? FRANÇA, ITÁLIA E ESPANHA

 

LA HISTORIA SECRETA DE LOS BANCOS CENTRALES (Y QUIÉN LOS CONTROLA)

 

PROHIBIR LA ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL: UNA ORDEN QUE FIRMARÍA EL DEMONIO

 


por MIGUEL ESCRIVÁ

18 octubre, 2026

 

Monseñor Mark Beckman, obispo de Knoxville (Tennessee), ha publicado en su periódico diocesano una columna titulada «San Miguel Arcángel, ruega por nosotros». Bajo ese título, con la serenidad de quien firma un trámite, comunica que ha pedido a sus sacerdotes que retiren las oraciones que los fieles rezan juntos antes de la Misa y nada más terminarla. La primera en caer es precisamente la oración a San Miguel. El título invoca al arcángel y el texto lo expulsa del templo.

Un panegírico con orden de destierro

La columna rebosa elogios. León XIII compuso la oración, san Juan Pablo II pidió rezarla, Francisco la recomendó, forma parte del tesoro de oración de la Iglesia y el mundo de hoy necesita, dice el propio obispo, la protección del arcángel. Con todo eso reconocido por escrito, la conclusión resulta incomprensible: fuera de la iglesia. Se admite la urgencia del combate y se ordena enfundar la espada. Ningún general cuerdo daría semejante instrucción a sus tropas en mitad de la batalla.

El obispo reconoce que sus fieles aman esas oraciones y que les dolerá perderlas. Lo sabe y lo hace igualmente. Ese cariño del pueblo, que cualquier pastor custodiaría como un tesoro, aparece en su texto como una resistencia que conviene vencer con paciencia y catequesis.

Ninguna ley lo exige

El pretexto litúrgico se desmorona en cuanto se examina. La Misa termina con la despedida. Lo que los fieles rezan después del «podéis ir en paz» queda fuera de la celebración, igual que las últimas oraciones de personales o la vela encendida ante una imagen. Ninguna rúbrica lo prohíbe. Sacrosanctum Concilium, el documento que monseñor Beckman cita con devoción, recomienda vivamente en su número 13 los ejercicios piadosos del pueblo cristiano, y el canon 214 protege el derecho de los fieles a su propia vida espiritual. Para suprimir una oración que ninguna norma veta hace falta algo más que celo litúrgico. Hace falta voluntad de suprimirla.

Y la «participación activa», esa fórmula conciliar invocada para todo, se usa aquí para acallar a una asamblea que reza en voz alta y al unísono. Pocas veces se ha retorcido tanto una expresión.

A quién beneficia

La pregunta clásica del jurista, cui prodest, tiene en este caso una respuesta escalofriante. La oración a San Miguel pide expresamente que Satanás y los espíritus malignos sean arrojados al infierno. Retirarla del templo no beneficia a los fieles, que pierden una devoción amada; tampoco a la liturgia, que permanece intacta; tampoco a los sacerdotes, condenados a explicar lo inexplicable. Solo hay un beneficiario posible, y es precisamente aquel contra quien se rezaba. Es difícil imaginar una orden diocesana que el enemigo firmara con más gusto.

Pablo VI habló en 1972 del humo de Satanás que se había infiltrado por alguna grieta en el templo de Dios. Medio siglo después, ese humo ya no necesita grietas: le basta una circular que manda callar a quienes pedían defensa contra él. En 2018, en plena crisis de abusos, decenas de obispos norteamericanos, entre ellos el entonces obispo de Knoxville, Richard Stika, pidieron recuperar esta oración tras la Misa porque intuyeron que la podredumbre tenía también un origen preternatural. Su sucesor la retira. El mal no ha desaparecido de la Iglesia; solo se ha suprimido la oración que lo nombraba.

Un Papa llamado León

Bajo el pontificado de León XIV, un obispo entierra la oración de León XIII con todos los honores y una sonrisa. León XIII la compuso, según la tradición, tras una visión que le mostró el asedio del demonio sobre la Iglesia. Hoy ese asedio parece encontrar aliados inesperados dentro de la propia ciudadela.

Los católicos de Knoxville, y todos los católicos preocupados por la Misa, saben lo que tienen que hacer. Arrodillarse cuando el sacerdote se retire a la sacristía y rezar, en voz alta y sin pedir permiso:

 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

 

https://infovaticana.com/2026/10/18/prohibir-la-oracion-a-san-miguel-arcangel-una-orden-que-firmaria-el-demonio/

 

EL ECLIPSE DE OCCIDENTE

 


Tradición, memoria y el suicidio espiritual de una civilización.

 

Por RICARDO ZORNOSA SALAZAR

 

I.              El mundo de ayer y el marco compartido

La primera generación de la posguerra fue, probablemente, la que asistió a la transformación más drástica y vertiginosa de la sociedad occidental. En apenas unas décadas cambiaron profundamente las estructuras políticas, las costumbres, la vida religiosa, la familia, la escala de valores y, en última instancia, la propia concepción del hombre.

Quienes nacieron lejos de los horrores de la guerra no lo hicieron, desde luego, en un paraíso. Había violencia, crímenes, conflictos, envidias y todos los males que han acompañado siempre a la condición humana. Sin embargo, aquellas sociedades conservaban algo que hoy parece haberse perdido en buena medida: un marco moral compartido, esencialmente cristiano, que contribuía a poner límites al mal, a contenerlo y a orientar la vida social conforme a unos principios reconocidos por la mayoría.

 

II.        Hispanoamérica: fe, comunidad y tradición rurales

En Hispanoamérica pervivían sociedades rurales profundamente católicas que parecían detenidas en el tiempo. Articuladas en torno a la familia, la parroquia y la comunidad, y cohesionadas por una fe, unas costumbres y unas tradiciones compartidas. La palabra empeñada — considerada sagrada— conservaba un valor cuya importancia hoy resulta difícil transmitir a las nuevas generaciones. Muchos pueblos vivían con una confianza elemental en sus vecinos y en sus instituciones; la familia constituía el centro de la vida social y la religión ofrecía un horizonte de sentido que se extendía desde el nacimiento hasta la muerte. 

En aquel contexto, los índices de criminalidad, drogadicción y suicidio eran, en términos generales, considerablemente inferiores a los actuales, al igual que la demanda de atención por problemas de salud mental. Aquellas sociedades, sin embargo, tampoco estaban exentas de las miserias humanas. La diferencia fundamental radicaba en otra parte: el mal aún no había sido rebautizado como progreso, ni la transgresión convertida sistemáticamente en un derecho. Subsistía una conciencia moral, más o menos extendida, de que era preciso cumplir los Mandamientos para alcanzar la salvación eterna. Se reconocía, en definitiva, que ciertas conductas eran intrínsecamente malas porque atentaban contra Dios, contra la propia naturaleza humana o contra los fundamentos de la familia y la comunidad.

 

III. La irrupción del "progreso" y el cambio de mentalidad

Después llegó el progreso. La televisión y los medios masivos penetraron hasta el último rincón de aquellas sociedades. La cultura popular comenzó a uniformarse bajo modelos provenientes de otras latitudes, mientras el consumo se convertía progresivamente en una nueva forma de aspiración social. Hollywood no solo exportó películas: exportó estilos de vida, modelos familiares, formas de felicidad y una nueva antropología. Lo que durante siglos había sido considerado virtud comenzó a parecer atraso; lo que había sido considerado pecado comenzó a presentarse como liberación.

Al mismo tiempo, las leyes fueron modificando profundamente el orden social: el divorcio y otras transformaciones jurídicas expresaron y, a su vez, aceleraron el cambio de mentalidad. Las nuevas ideologías y corrientes religiosas encontraron un espacio cada vez mayor, mientras el catolicismo, que había constituido durante siglos el principal fundamento de las naciones hispánicas, de sus leyes y costumbres, comenzó a ser presentado como una reliquia del pasado y, en algunos ambientes, incluso como uno de los obstáculos para alcanzar el progreso material.

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