LEÓN XIV,
EL NEGACIONISTA
Qui autem negaverit me coram hominibus, negabo et ego
eum coram Patre meo, qui est in caelis. (Mt 10, 33)
…mas a
quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi
Padre celestial.
https://x.com/CarloMVigano/status/2115145570411217281?a=S4b76S2VPgeD8UTg12s&s=20
El que se
supone es el Vicario de Cristo NO MENCIONA a Cristo, ni a su Santísima Madre,
en su mensaje a los “hermanos y hermanas” de las falsas religiones que buscan
la “paz”.
VIDEOMENSAJE
DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO INTERNACIONAL
"PAZ DESARMADA Y DESARMANTE"
Asís, 27
de octubre de 2026
Queridos
hermanos y hermanas:
Se
encuentran en Asís cuarenta años después de la Jornada de Oración por la Paz
del 27 de octubre de 1986. Ese evento fue una
iniciativa de san Juan Pablo II que destacó, en tal circunstancia, el
vínculo intrínseco que une una auténtica actitud religiosa con la viva
sensibilidad por la paz.
Dirijo mi
saludo más cordial a los Patriarcas y a los Líderes religiosos, muchos de los
cuales, a lo largo de los años, participaron activamente en las diversas
jornadas de oración y de diálogo que se sucedieron. Saludo con afecto a Mons.
Felice Accrocca, Pastor de la Iglesia en Asís, a las familias franciscanas y a
cuantos están allí reunidos. Hubiera querido estar con ustedes, junto a la
tumba de san Francisco, en este importante aniversario, para ver sus rostros y
dar juntos un hermoso testimonio: ¡vivir como hermanos y hermanas ya es
posible!
Agradezco
al Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y a la Comunidad de Sant’Egidio
por haber continuado con esfuerzo esta senda trazada por mis Predecesores. Me
consuela el largo y fiel camino realizado durante estos años, que ha sido muy
fructífero. El Papa
Francisco, respecto a esa inolvidable Jornada de octubre de 1986, dijo: «No
debía y no podía permanecer un acontecimiento aislado. Vosotros habéis
continuado ese camino y habéis acrecentado el impulso». [1]
Juan Pablo II,
después de aquel primer encuentro histórico, invitó a “seguir viviendo el
espíritu de Asís”. [2] Era, entonces, el tiempo de la “guerra
fría”, un escenario muy diferente del actual. Después de 1989, no pocos
sostuvieron que la globalización habría asegurado al mundo una paz estable.
Lamentablemente, como escribí en Magnifica
humanitas, «se confió casi ciegamente a los mercados la capacidad de
producir bienestar, democracia y estabilidad, mientras que, en realidad, la
globalización no ha generado automáticamente unidad y paz, sino que ha
suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas» ( n.
201).
En este
contexto, tiene lugar «una preocupante rehabilitación de la guerra como
instrumento de política internacional» (ibíd.,
190). Traicionando así la memoria del siglo XX y la inútil matanza de millones
de vidas humanas, una vez más —como se lee en el Catecismo de la Iglesia
Católica— «la acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de
apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los
medios, para asegurar la paz entre las naciones» (N. 2315). Precisamente en
estos tiempos de cultura del poder, es necesario fomentar el espíritu de Asís,
que es el rechazo a la legitimación religiosa de la guerra, un espíritu de
mediación y diálogo, una experiencia contemplativa y una acción creativa por un
futuro de paz. Sí, porque la paz debe volver a ser el ideal común de los
pueblos, la estrella que guía todas nuestras decisiones, el criterio que
desenmascara la injusticia, el horizonte común de todas las personas.
¡Debemos
reconstruir la paz en todas partes, no preparar más guerras! ¡La guerra nunca
puede librarse en nombre de Dios! Para nosotros, los creyentes, «luchar en
nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma» (Magnifica
humanitas, 223). No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!
Por eso,
el camino iniciado en Asís en la búsqueda común de la paz es, ante todo, el
camino de la oración. La oración puede parecer débil frente a los poderes del
mundo, pero es la fuerza humilde de los creyentes. Nos dirigimos a Dios, dador
de paz: que llegue al corazón de quienes desean la guerra y el terrorismo. Y no
lo olvidemos: ¡nunca se reza en vano!
La
oración es una escuela de diálogo con Dios, con las personas y con todas las
criaturas. Pensemos en san Francisco, de quien hemos celebrado el octavo
centenario de su muerte. El mundo necesita diálogo. El camino de Asís
compromete a los líderes religiosos a fomentar un clima de diálogo entre los
fieles y en la sociedad, para que el lenguaje de la arrogancia sea sustituido
por el de la paz, la negociación y la comprensión. Esto podrá «alejar
gradualmente a la humanidad de la espiral de la violencia» (ibíd.,
221).
Hermanos
y hermanas, ¡que nuestras oraciones obtengan de Dios la paz tan deseada para
todos los países del mundo! Que Él haga de nosotros instrumentos desarmados de
su paz. «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de
Dios» (Mt 5,9).
_________________________________
[1] Francisco, Discurso
a los participantes en el Encuentro Internacional por la Paz, 30
septiembre 2013.
[2] Cf. S. Juan Pablo II, Discurso a un grupo
de representantes de las religiones no cristianas, 29 octubre 1986.
NOTA DE AGENDA FÁTIMA:
Gracias a
las iniciativas por la paz de los traidores de la nueva Iglesia, la Tercera Guerra
Mundial está cada vez más próxima.
No queremos el "espíritu de Asís" sino el "espíritu de Fátima".
La
Iglesia Sinodal está en guerra a muerte contra la Iglesia Católica. Hay que
resistirle firmes en la Tradición. No hay mayor honor que ser “excomulgados”
por esa falsa Iglesia.
¡Viva
Cristo Rey!



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