Por
P. SANTIAGO NAVARRO, C.M.F.
Del
libro TEOLOGIA DE FÁTIMA, Editorial Coculsa, Madrid, 1961.
El estudio de la devoción al Corazón de
María sigue analógicamente los por que el de la devoción al Corazón de Jesús.
Por eso, no pensamos detenernos mucho en el desarrollo de estas
consideraciones. En su estudio sobre el Corazón de María, afirma Campana que,
como la del Corazón de Jesús, la reparación tiene en la devoción al Corazón de María
un puesto privilegiado. Tampoco aquí orientaba San Juan Eudes la devoción en el
sentido reparador, dado luego por Santa Margarita. Sus ojos se volvían con
frecuencia a los dolores del Corazón de María, pero pensaba que la
consideración y el recuerdo de estos dolores, causados por nuestros pecados,
deben inducirnos, más que a la reparación, al arrepentimiento y a una renovación
de nuestra vida. A pesar de todo, afirma Campana, “es innegable que la idea de
la reparación al Corazón de María se va abriendo camino, y es ya ampliamente
practicada. Se ofrecen para ello la comunión y la misa de los primeros sábados
de mes. No está lejano el tiempo, no hace falta ser profeta para saberlo, en el
que esta reparación será una parte esencial de esta devoción”.
Los títulos de la Virgen a esta forma
especial de su culto son, análogamente, los mismos que vimos en el Corazón de Jesús:
un título de Justicia y un título de amor.
Un título de Justicia, porque los
pecados de los hombres son también un atentado contra los derechos que la
Virgen tiene sobre ellos. Un título de amor, porque la obra de María en la
redención del mundo es, como la de Jesucristo, obra de amor.
Nadie puede poner en duda los derechos
de María sobre los hombres, como Madre, Corredentora y Dispensadora de todas
las gracias. En la misma medida en que el pecado fue causa de los dolores
redentores de Cristo, lo fue de los sufrimientos de la Corredentora. Y el
pecado, que hoy vuelve a crucificar a Cristo, puede ser paralelamente
considerado un atentado contra la Corredentora. La intensidad de los
sufrimientos padecidos por María en la hora de la redención no pueden dejarla
hoy indiferente a la suerte de los redimidos. Y el oficio principal que su
misión corredentora le da en el cuerpo místico la hace más sensible a todos los
males de sus miembros.
Como Madre, es también sensible a las
ofensas inferidas a su Hijo Jesucristo, y al mal que a sí mismos se causan los
pecadores. Pecando, violan éstos los derechos que la Virgen tiene sobre ellos,
en razón de su Maternidad espiritual; la rebeldía contra Dios es también, en
cierta medida, insolencia y rebeldía contra la Virgen, y la herida causada en
el Corazón divino por la ingratitud de los hombres hiere, del mismo modo, el
Corazón de la Virgen.
Todo esto es consecuencia de la unión íntima
que Dios estableció entre el Redentor y la Corredentora; nuevo Adán y nueva
Eva, que el árbol de la cruz unió en el dolor y en el amor, en el uno como
fuente, en la otra, como canal de gracia".
Los dolores de la Virgen no estaban
yuxtapuestos a los de Jesús. Son idénticos en la causa; están ordenados al
mismo fin; el Corazón de María es el resonador, y su dolor es el eco de los
dolores del Corazón de Cristo.
No deja de sorprender la unanimidad con
los Pontífices últimos, que se han sucedido en el gobierno de la Iglesia, han
llamado la atención de los fieles sobre este aspecto de la vida de la Virgen,
del que deriva este carácter reparador de su devoción. San Pio X lo deduce de
lo que la Virgen trabaja en el cielo por sus hijos. Comenta el santo Pontífice
la conocida visión del Apocalipsis (12, 1 ss), en la que se muestra una mujer
vestida del sol... y que estaba encinta, y dice: “Clamaba al dar a luz, y era
que sufría en el parto. Vio pues Juan a la Santísima Madre de Dios gozando de
la bienaventuranza eterna, y, sin embargo, sufriendo por un parto misterioso.
¿Cuál? El nuestro... El sufrimiento del parto significa el deseo y el amor con
que la Virgen desde el cielo vigila y trabaja con ruegos asiduos para que sea
completado el número de los predestinados".
En 1904 enriquecía ya con indulgencias
la práctica de la comunión reparadora en los primeros sábados de mes; y el 3 de
junio de 1912 concedía indulgencia plenaria a cuantos, previa confesión y
comunión, practicaran el ejercicio de la reparación mariana.
Benedicto XV, el 9 de noviembre de
1920, concedía indulgencia plenaria in articulo mortis a todos los que
practicaran este ejercicio durante ocho primeros sábados de mes seguidos.
En su Encíclica Ingravescentibus malis, Pío XI, respondiendo a injurias lanzadas en
un escrito contra la santísima Virgen, exhorta a que, “unidos a los Obispos y
pueblo que veneran a la Virgen María como Reina del pueblo de Polonia,
cumpliendo un deber de piedad, ofrezcamos a la misma augusta Reina nuestra la
debida reparación”. No se trata, ciertamente, de una forma especial de
devoción, pero contiene todos los elementos que en ella son necesarios para que
pueda darse la verdadera reparación.
Pío XII habló muchas veces de este
tema, y hemos de citar más adelante algunas de las enseñanzas dadas por este
gran Maestro, ofrecido por Jesucristo a su Iglesia en estos tiempos difíciles.
Si examinamos tanto la tradición como algunos documentos del Magisterio de la Iglesia, encontramos que se habla en ellos con relativa frecuencia de dolores y sufrimientos de la Virgen; de ofensas inferidas a la Virgen, Todo lo cual, como hemos dicho al hablar de la devoción al Corazón de Jesús, pide una reparación. En este lugar hicimos notar cómo Jesucristo y los bienaventurados tienen una esperanza que será saciada sólo cuando haya llegado al cielo el último de los predestinados; en tanto llega esa hora, hay en el cielo un afecto de compasión, y una especie de inquietud, por la que se puede decir, en cierto sentido, que los santos sufren con todos los miembros del cuerpo místico que padecen en la tierra, aunque notábamos que las palabras no tienen un significado totalmente idéntico en ambos casos. La Virgen es miembro privilegiado del cuerpo místico, y, en razón de tal, participa más intensamente que todos los miembros, exceptuado Cristo, Cabeza del cuerpo, de los sentimientos de compasión y solicitud por los miembros que aún se encuentran peregrinando por este valle de lágrimas.



.jpg)









