Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

jueves, 8 de octubre de 2026

HACIA EL IDEAL MASÓNICO – MONSEÑOR LEFEBVRE

 

 


Conferencia pronunciada por Mons. Marcel Lefebvre el 21 de noviembre de 1986 en el Priorato de la Fraternidad San Pío X, Buenos Aires, sobre la situación de la Iglesia tras la reunión ecuménica de Asís.

 

Estoy contento de tener esta oportunidad de hablarles nuevamente, desgraciadamente, en este tiempo, muchas cosas han sucedido y nada ha mejorado.

Trataré de explicar la situación actual para saber qué hacer como verdaderos hijos de la Iglesia Católica.

Les hablaré, rápidamente, de lo que parece ser el complot urdido contra la Iglesia, en contra de Nuestro Señor Jesucristo, de Dios Padre y, luego, cómo fue posible que esos autores -de los cuales el principal es el mismo Satanás- hayan logrado introducirse en la Iglesia y servirse de sus hombres para concretar sus planes.

Nos encontramos, sin duda, en una situación trágica, por lo tanto debemos tomar resoluciones firmes; somos los herederos de Dios que vivimos en esta época, en esta situación de la Iglesia en la que el mismo Papa está comprometido en el camino de la Revolución, por eso hemos de obrar en consecuencia, para defender a todo precio la Fe católica y la Santa Iglesia.

Ustedes conocen el libro de Sardá y Salvany: "El liberalismo es pecado", este libro fue escrito ya hace casi un siglo y aprobado por San Pío X, aprobado por la Santa Sede. EL LIBERALISMO ES PECADO. ¿Y qué es ese pecado de liberalismo? Es la Revolución del hombre en contra de Dios; el deseo de independencia: el hombre quiso liberarse de Dios, o la libertad del hombre que quiso alejarse de Dios.

¿De qué hizo la libertad el hombre? ¿Para qué la hizo? Hizo la libertad de pecar, de ser libre para poder pecar, para obrar según su conciencia: libertad de conciencia, libertad de prensa, libertad de pensamiento...

Antes de producirse esto el hombre dependía de Dios y sentía esa dependencia de la Autoridad Suprema, la Verdad perfecta, la Ley misma [...] ahora festejan la independencia, los países festejan su independencia, no sería nada si se tratara de una independencia de orden político o de un hecho simplemente histórico, lo hacen festejando la de Dios.

EN MEMORIA DE UN MODERNISTA: JOSEPH RATZINGER – BENEDICTO XVI

 


¿Quién fue realmente Benedicto XVI?

 

“El sistema teológico de Joseph Ratzinger, aunque expresado en un lenguaje aparentemente respetuoso de la Tradición, es inaceptable para quienes pretenden permanecer fieles a la doctrina inmutable de la Iglesia, tal como es conservada y definida por el Magisterio auténtico e infalible, y debe ser rechazado como contrario a la fe católica.

Las conclusiones expuestas aquí no son una tesis entre otras, sino una constatación teológica obligatoria: el sistema ratzingeriano pertenece al modernismo; la fe católica pertenece a la Revelación inmutable. No hay continuidad ni mediación posible entre estas dos visiones: aceptar una significa rechazar la otra.

Ratzinger fue el más peligroso de los modernistas, porque dio al veneno del neomodernismo posconciliar el perfume de la Tradición. Y mientras esto no sea reconocido, la Iglesia permanecerá prisionera de la ambigüedad”.

 

 

Bulletin des Amis de saint Francois de Sales

N° 238 Janvier-février 2026, Suisse.

 

El 31 de diciembre de 2022, Joseph Ratzinger entregaba su alma a Dios para recibir el juicio sin apelación del divino Redentor.

Como muchos, yo también había terminado por idolatrar a Benedicto XVI, llegando a considerarlo como una especie de nuevo santo Tomás de Aquino de nuestro tiempo, frente al desastroso pontificado del papa Francisco. Sin embargo, posteriormente me pregunté si la crisis en la Iglesia había comenzado realmente en 2013 y, dejando de lado toda toma de posición ideológica y estudiando la sana doctrina, el Magisterio perenne y la verdadera teología católica, la conclusión a la que llegué (¡si se es sincero e intelectualmente honesto, es la única conclusión a la que se puede llegar!) es que Joseph Ratzinger no puede de ningún modo ser considerado como el más grande teólogo de la historia o de nuestra época contemporánea, ni ser identificado con el katechon bíblico (del griego “Tò, Katèxov”, “el que retiene”), como sostienen algunos, en referencia a la figura que, según 2 Ts. II, 6, retrasaría el advenimiento del Anticristo y el fin de los tiempos. Por el contrario, representó un paliativo: no el médico que cura, sino aquel que oculta la enfermedad con bálsamos preciosos.

Alabarlo únicamente porque llevaba la mozzetta, la piel de armiño, el camail, el fanón, vestiduras “gloriosas”, etc. (como algunos lo hacen hoy con respecto al papa León) demuestra una profunda ingenuidad. ¡Una revolución también puede hacerse con tiara y capa pluvial! Quizá allí reside su mayor responsabilidad con respecto a los demás. Frente a un mal profundo y sistémico, no basta con cubrirlo de bellas palabras o de un lenguaje refinado: hay que erradicarlo.

Su teología presenta posiciones y orientaciones problemáticas, neomodernistas (ya reconocidas por su profesor M. Schmaus, quien al principio había rechazado su tesis de habilitación). Entre los excelentes críticos se encuentran Mons. Antonio Livi, Mons. Francesco Spadafora, Mons. Bernard Tissier de Mallerais (“La extraña teología de Benedicto XVI. ¿Hermenéutica de continuidad o ruptura?”, Ed. du Sel, 2013); Carlo Di Pietro (Joseph Aloisius Ratzinger. L'altra teologia del “papa emerito”, Edizioni Radio Spada, 2015), Enrico Maria Radaelli (“En el corazón de Ratzinger. En el corazón del mundo”, Éditions Pro Manuscrit, Aurea Domus, 2017); Don Andrea Mancinella (“Golpe de Estado en la Iglesia”, Radio Spada, 2023); Aldo Maria Valli (en “Don Daniele Di Sorco”, ed.); (“Palabras claras sobre la Iglesia”, Radio Spada, 2023); Danilo Quinto (“El trigo y la cizaña”, Controvento, 2025); don Curzio Nitoglia (“Contra ciancias”). (1)

En su “Introducción al cristianismo” (1968) —que se impone a todos los estudiantes de teología de primer año— Ratzinger ya había enunciado las premisas de una fe incierta, marcada por la duda, describiendo al creyente como suspendido «por encima del océano de la nada», condenado a vivir en la tensión entre la duda y la fe, en una «prisión lúgubre» (Introducción al cristianismo, p. 37).

Pero san Pablo enseña: «Lo que puede conocerse de Dios es manifiesto para ellos [...] por lo tanto, son inexcusables» (Rm. I, 19-22). La Escritura es clara, y la Iglesia enseña infaliblemente que la existencia de Dios puede ser conocida con certeza por la razón, y que negarla conlleva el anatema.

ITALIA: EL DECRETO DE LEY SOBRE EL ANTISEMITISMO DE 2026

 


 por DON CURZIO NITOGLIA

 

Introducción

 

El debate sobre el “Decreto de Ley 1004” («Disposizioni per il contrasto all’antisemitismo e per l’adozione della definizione operativa di antisemitismo» DDL 1004) sobre el antisemitismo, después de que la votación en el Senado lo aprobara en marzo de 2026, vuelve al centro de la atención política y civil, en estos días de mediados de octubre del ’26, en la Cámara de Diputados.

A la espera del voto de la Asamblea, previsto indicativamente para el 15 de octubre, me permito hacer las siguientes observaciones:

 

El DDL y la condena del odio antijudío.

 

Naturalmente, el odio nunca puede ser admitido, pero es necesario especificar que en teología se distingue entre 1.º) el «odio de malevolencia»: desear el mal espiritual de alguien y su condenación; nunca es lícito bajo pena de pecado mortal y 2.º) el «odio de enemistad»: combatir a los enemigos de Dios y de su Iglesia con medios lícitos; filosóficamente, teológicamente y también físicamente, pero solamente por legítima defensa: “Vim vi repellere licet / es lícito rechazar la fuerza con la fuerza” (“Digesto” del emperador Justiniano, 553 d. C., que también ha sido retomado por el “Código Penal Italiano”, art. 52, que fue modificado por última vez el 18 de mayo de 2019). También santo Tomás de Aquino habla de ello en la “Suma Teológica” (II-II, q. 34, a. 1-6). Por consiguiente, puede existir un odio de enemistad contra los enemigos de la Iglesia, de Jesucristo, de Dios, sin caer en las redes de la Justicia penal.

Además, “odiar”, en sentido teológico y bíblico, significa dejar algo o a alguien, separarse de algo o de alguien. El Evangelio enseña: «Quien no odia a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos no es digno de Mí» (Mt., X, 37; Lc., XIV, 26).

El judaísmo talmúdico o postbíblico (después de la Encarnación, Pasión y Muerte de Cristo), en cuanto enemigo de Cristo, que no lo acogió como Mesías; más aún, lo rechazó y lo condenó con el Sanedrín (cfr. “Catecismo de la Doctrina Cristiana” de san Pío X, del 14 de junio de 1905, número 126), y luego hizo ejecutar la sentencia por los romanos, ejerciendo presiones —hoy se diría “hacer Lobby”— sobre Pilato (cfr. F. Spadafora, Pilato, Rovigo, Istituto Padano di Arti Grafiche, 1973), en este sentido puede ser combatido, pero con las armas de la lógica, de la filosofía y de la teología.

 

EL DDL 1004 SE BASA EN TRES PILARES PRINCIPALES:

 

El primer pilar se refiere a la “definición” de antisemitismo, en el DDL 1004: antisemitismo es “una cierta percepción de los judíos, que puede ser expresada como odio hacia ellos”. La definición de antisemitismo que da el DDL 1004 está tomada de la “definición operativa de antisemitismo” formulada por la IHRA (International Holocaust Remebrance Alliance) el 26 de mayo de 2016.

Ahora bien, la palabra shoah no significa holocausto, como comúnmente se dice, sino que significa «catástrofe». En efecto, el holocausto es la destrucción total de la víctima y el Holocausto por excelencia es el de Jesús, que murió en la cruz por la salvación de los hombres que habían ofendido a Dios. La persecución de los judíos en Europa entre 1935 y 1945 no fue un “holocausto”, sino una “catástrofe”; es decir, en hebreo: “shoah”. Querer presentarla como “Holocausto” equivale a querer suplantar el Sacrificio redentor de Cristo con la “Neo Holocaustica Religio” (“NHR”).

Además, esta definición de antisemitismo, retomada por el DDL 1004, consiste en “una cierta percepción de los judíos, que puede ser expresada como odio hacia ellos”. Ante todo, esta terminología de la definición de antisemitismo no es correcta:

Primero, porque también los árabes son semitas.

LA VICTORIA DEL ROSARIO

 


El 7 de octubre de 1571, mientras la flota de la Liga Santa enfrentaba en Lepanto a un enemigo que parecía invencible, San Pío V y el pueblo cristiano rezaban el Rosario. Triunfó entonces lo que había triunfado con Gedeón: “ne glorietur contra me Israel, et dicat: Meis viribus liberatus sum.” El Señor quitó a su caudillo veintinueve mil hombres y le dejó trescientos, para que nadie atribuyera a sus propias fuerzas una victoria que era Suya.

Hoy los gobernantes de Europa, olvidados de la identidad de sus pueblos forjada por el Catolicismo Romano, entregan inermes sus Países a una nueva invasión. Y la jerarquía presuntamente católica, que debería convocar a los fieles, fomenta la sustitución étnica, bendice a quienes la promueven y llama «diálogo» a su vil y abyecta deserción.

Pero los primeros enemigos de los pueblos europeos no son aquellos que violan nuestras fronteras: son quienes, siervos de los potentados financieros que pretenden gobernar las naciones, se sirven de ellos para desmantelar la Religión y el orden social, e imponer así su tiranía tecnocrática. A las gentes que llegan, la Iglesia Católica debe la caridad y el anuncio de Cristo; a sus instrumentalizadores, la valiente denuncia y la resistencia.

Una Europa apóstata de la Fe y pervertida en la Moral no tiene ya galeras, porque no tiene ya Rosarios. Pero la Virgen es la misma, y Dios no ha cambiado su juicio sobre los números: le bastan trescientos hombres, con tal de que estén de rodillas. “Cunctas hæreses sola interemisti in universo mundo.”

Volvamos a los pies del altar. Volvamos al Rosario cotidiano.

 

MONS. CARLO MARIA VIGANO

  

IBEROAMERICA BAJO EL YUGO SIONISTA. ¿POR QUE NOS DOMINAN?

 


“Mientras estos países sigan siendo católicos, no podremos dominarlos”.

 

 Presidente Theodore Roosevelt, tras su viaje a Argentina en 1913.


TODO EL MUNDO QUIERE SER SANTO, PERO NADIE QUIERE SER PECADOR

 



Por FRANCISCO SEGARRA

 

Existe una blasfemia silenciosa, un pecado gravísimo que jamás se confiesa a los sacerdotes pero que gobierna las vidas de tres cuartas partes de los cristianos de nuestro tiempo: «Quiero la santidad, Señor, pero líbrame de ser el pecador al que has venido a salvar». He aquí la gran impostura de nuestra época, la secreta tragedia de las almas respetables. Codiciamos la corona de los santos, pero nos horroriza la llaga que la justificó. Nos estremece la aureola dorada en las vidrieras de las catedrales, pero ocultamos con un celo satánico las cicatrices de nuestra propia miseria, olvidando que Dios no esculpe sus obras maestras sobre el mármol limpio, sino sobre el barro más inmundo.

¡Qué empeño tan tonto el de adorar a San Pedro fingiendo que jamás existió el patio de la traición, ni el frío de aquella noche, ni el canto del gallo que resonó como una condena! Veneramos a Santa María Magdalena a condición de desinfectar su pasado, y leemos a San Pablo pasando de puntillas sobre los cadáveres de los cristianos que arrastró hacia la muerte cuando respiraba amenazas. Pretendemos comprender la santidad amputándole el pecado del que fue rescatada. La paradoja es de un cinismo colosal: adoramos el remedio pero nos ofende profundamente que se nos asocie con la enfermedad. Es el refinamiento supremo de la soberbia: nos entusiasma el santo ya pulido y empaquetado para el devocionario, ese héroe de escayola que ya no molesta a nadie, pero procuramos borrar al miserable real del que Dios tuvo que partir. Al obrar así, convertimos al Redentor en un personaje decorativo y lejano, un mero inspector de aduanas espirituales encargado de certificar nuestra intachabilidad, y no el Médico de almas que se ensucia las manos en nuestra lepra, en ese pasado que nos gustaría borrar del guión de nuestras vidas. ¡Mostradlo, hipócritas, es bueno y dará paz a vuestros hijos, amigos, hermanos, o al tendero de la esquina, que sepan cómo sois de verdad! Porque aquello que fuisteis lo sois siempre. Y siempre sois salvados, si bajáis la cabeza y os humilláis.

La frase de Cristo sigue siendo un cuerpo extraño, un bloque de granito intolerable para nuestro orgullo burgués: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». Todos los hombres de bien de nuestras parroquias quieren ser llamados, pero ninguno acepta pertenecer al bando de los enfermos. Nos agrada la idea de que Dios nos felicite por nuestras virtudes de guardarropía; nos ofende profundamente la sospecha de que deba perdonarnos. Insisto: preferimos mil veces la mentira de parecer justos a la humillación de ser salvados. Hay que tener el alma muy retorcida para presentarse ante el Crucificado y exigirle una medalla al mérito en lugar de mendigar su piedad, pero esa es la comedia cotidiana de los templos.

APOSTILLAS DEL PANORAMA MUNDIAL

 

sábado, 3 de octubre de 2026

NOTICIAS DE NUESTRA SEÑORA DEL KREMLIN

 


Entrevista con Fabrice Sorlin por Pierre-Alain Depauw — 29 de septiembre de 2026.

Fabrice e Isabelle Sorlin, y sus diez hijos, están instalados en Rusia desde hace once años ya. En marzo de 2024, todos recibieron la nacionalidad rusa gracias a un decreto presidencial especial firmado por Vladimir Putin. El 1 de junio de 2026, toda la familia Sorlin fue recibida en el Kremlin, en la prestigiosa sala Catalina del Palacio, para que Isabelle Sorlin –nacida Laroche– recibiera la distinción «Madre Heroína» de manos del presidente Vladimir Putin. En esta ocasión, Fabrice Sorlin pudo dirigirse al Presidente durante más de cinco minutos y le ofreció una estatua de Nuestra Señora de Fátima, Virgen peregrina llevada desde el santuario portugués a lo largo de más de 8.000 km por un grupo de fieles.


1/ Señor Sorlin, con ocasión del Día Internacional del Niño, el 1 de junio, su esposa recibió de manos del presidente Putin la orden de «Madre Heroína». ¿Podría hablarnos de esta distinción recibida por su esposa, a qué corresponde exactamente y cuáles son los criterios necesarios para recibirla?

La distinción, «Mat’ Guéroïna», que quiere decir «Madre Heroína», forma parte de las tres más altas distinciones que existen en Rusia. En efecto, el sistema de las distinciones está jerarquizado por decreto presidencial y este título se sitúa en la cima de la pirámide junto a «Héroe de la Federación de Rusia», que es la más alta distinción por servicio prestado a la nación, y «Héroe del trabajo», que es la más alta distinción civil en el orden económico. A diferencia de otras medallas, esta es entregada directamente por el Presidente durante una ceremonia oficial en el Kremlin.

Este detalle capital demuestra por sí solo la importancia de un premio semejante a los ojos del Estado ruso, que considera con razón que la madre desempeña un papel fundamental en la vida de un país, al darle hijos que serán la generación del mañana. Y precisamente hay que cumplir un número considerable de criterios, porque no se trata solamente de dar hijos, sino de personas convenientemente educadas, debiendo la madre recompensada y su familia constituir una entidad socialmente responsable, asegurando un nivel adecuado de cuidados en lo relativo a la salud, la educación, así como al desarrollo físico, espiritual y moral de los hijos. Además, el título solo puede ser atribuido a las madres de diez hijos o más.

2/ ¿A qué ventajas o ayudas tienen derecho en su nuevo estatus? ¿Se puede decir que esta medalla corresponde a la de «la infancia y las familias» en Francia?

En Rusia, el título honorífico de Madre Heroína no se limita a un reconocimiento simbólico muy fuerte. También va acompañado de ventajas financieras sustanciales: cuando fue restablecido en 2022, se anunció que las madres condecoradas recibirían una prima considerable, a la que se añade un suplemento de pensión mensual de por vida, así como otros beneficios significativos. Es un reconocimiento moral, ciertamente, pero que se duplica con ayudas considerables que demuestran que el Estado comprende las necesidades de las familias y se esfuerza por ayudarlas.

Pero esta medalla representa mucho más que un honor o que ventajas materiales. Está aureolada por el prestigio de un estatus particular. Este estatus es reconocido por todas las administraciones de Rusia y por los demás ciudadanos mismos, y muchas cosas han cambiado en nuestra vida en Rusia desde esta ceremonia. Ha habido verdaderamente un antes y un después.

Francia dispone igualmente de distinciones para las familias numerosas. Conozco, por otra parte, una familia que vive en Francia, que también ha educado a diez hijos, y que recibió así una medalla otorgada por el alcalde de su ciudad. Pero esta distinción, por conmovedora que sea en su intención, no va acompañada de ninguna ventaja material. Y las dos ceremonias, a decir verdad, no tienen gran cosa en común: por un lado una entrega de medalla municipal, por otro el raro y emocionante privilegio de ser recibido en el Kremlin y de recibir la más alta distinción honorífica del Estado de manos del presidente de la Federación de Rusia. La diferencia no es solamente protocolaria — refleja dos visiones bien distintas de lo que representa la familia en el corazón de una nación.




3/ Imagino que de todos modos existen muchas familias numerosas en Rusia. ¿Por qué se eligió a su familia, estando la distinción reservada habitualmente a las ciudadanas rusas?

En efecto, existen muchas familias numerosas en Rusia. A menudo familias creyentes de las diferentes religiones que componen Rusia —musulmanas o protestantes—, pero también muchas familias de sacerdotes ortodoxos. El hecho mismo de haber sido elegido para recibir una distinción semejante ya es, por tanto, completamente excepcional en sí mismo. Pero el hecho de que esta distinción haya sido concedida a una familia originaria de Francia y convertida en rusa es algo único. Jamás en la historia una familia de origen extranjero ha recibido una distinción semejante.

SANTA TERESA DE LISIEUX Y RUSIA

 


Investigaciones sobre la internacionalización de una devoción (décadas de 1910-1930)

 

por LAURA PETTINAROLI (Institut catholique de Paris)

 

Archives de sciences sociales des religions, 182, abril-junio 2018, p. 259-284



Una difusión precoz en el Imperio ruso (década de 1910)

 

Si bien los movimientos católicos de oración por Rusia surgieron en Francia desde la primera mitad del siglo XIX, vinculados a la difícil situación de los fieles polacos, estos cobraron mayor amplitud en la década de 1850 con miras a la reunión de los cristianos disidentes mediante el reconocimiento del rito oriental.  Sin embargo, fue en el período de entreguerras —cuando la revolución bolchevique y una fuerte emigración situaron a Rusia en el primer plano de la atención occidental— cuando los movimientos de oración por este país crecieron y se mundializaron de manera inédita. Por ello, más allá de las gestiones diplomáticas de la Santa Sede ante los soviets y de la atención intelectual prestada al comunismo, conviene interrogarse sobre la traducción de este interés católico por el mundo ruso en las prácticas religiosas.

 


El estudio aquí propuesto pone el acento en uno de los aspectos de esta oración por Rusia: la que se articula en torno a Teresa de Lisieux, a quien incluso se "confió" este país en 1929. Este proceso no carece de paradoja: mientras que los referentes devocionales solicitados en el siglo XIX insistían en ciertos santos del primer milenio comunes al cristianismo ortodoxo y al católico (Cirilo y Metodio), el recurso a una normanda nacida en 1873 y fallecida en 1897, cuyos soportes de piedad estaban marcados por un estilo particularmente latino, resulta sorprendente. De este modo, cabe preguntarse cómo circula una devoción en el seno del cuerpo eclesial a través de las fronteras lingüísticas, estatales e incluso confesionales.

 

SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS EN RUSIA

 


El 13 de marzo de 1999, durante el recorrido de las reliquias de Santa Teresita por Moscú, miembros de la Guardia del Kremlin transportaron solemnemente el relicario por la zona de Lubianka, delante del antiguo edificio del KGB, antes de su llegada a la iglesia de Saint-Louis-des-Français.


Santa Teresa del Niño Jesús se tomó en serio su misión de ser protectora de los pueblos de Rusia, labor que le encomendó en 1929 el papa Pío XI. Fue el mismo año en que Nuestra Señora de Fátima transmitió a la Hermana Lucía el solemne pedido de Dios para que se consagre Rusia a su Inmaculado Corazón.

Parece que la santísima Virgen, entonces, ha querido asociar a su obra de la conversión de Rusia, a la santa mas grande de los tiempos modernos y patrona de las misiones.

Así fue como en 1999 las reliquias de Santa Teresa del Niño Jesús pudieron hacer una gira por Rusia, lo cual constituyó un acontecimiento extraordinario. Formó parte de la gran peregrinación internacional de sus reliquias iniciada en 1994. ¿Quién lo hubiera pensado, poco tiempo antes, cuando gobernaba aquel inmenso país el comunismo soviético?

Los hechos se encuentran documentados en el libro Comment Thérèse visita la Russie et le Kazakhstan: journal de voyage des reliques de sainte Thérèse de Lisieux, du 24 février au 5 juillet 1999, de Hna. Tamara Teuma, por las ediciones del Carmelo.

Allí se explica que las reliquias llegaron a Rusia el 24 de febrero de 1999, permaneciendo hasta aproximadamente el 30 de junio. Después continuaron hacia Kazajistán, donde quedaron durante unas semanas. El recorrido ruso alcanzó aproximadamente 30.000 km. llegando hasta Siberia y el Extremo Oriente ruso.





Una fuente contemporánea de agosto de 1999 describe el recorrido como un auténtico «tour de Russie». Señala específicamente lugares muy alejados como Magadán y Sajalín, además de Astracán y la región del Volga.

Lo particularmente interesante es que no se limitó a las grandes ciudades. Las reliquias fueron llevadas a parroquias; pequeñas comunidades católicas; hospitales; prisiones; orfanatos; personas enfermas y aisladas.

Uno de los hechos más notables, en el hasta hace poco bastión del comunismo ateo, fue que el 13 de marzo de 1999 el relicario fue llevado por cadetes de la Guardia del Kremlin en Moscú, delante de un antiguo edificio del KGB.

La fotografía aparece en el artículo académico de Claude Prudhomme, «Thérèse, patronne des missions, au service de l’indigénisation», publicado en Histoire et missions chrétiennes, n.º 15, 2010.

NON EXPEDIT - MONS. CARLO MARIA VIGANÒ

 


Conservadurismo cortés ante la apostasía sinodal

Por MONS. CARLO MARIA VIGANÒ

 

Estimado Dr. Valli:

He leído el comentario de Mons. Viganò[[1]] sobre las palabras del Santo Padre en París que usted ha publicado.

En suma, según los paladines de la tradición, el Papa habría debido ir a decir en la capital francesa que no existe la libertad de conciencia, que el Estado no debería «abrirse a todo culto», sino solamente a la verdadera religión, que la declaración de los derechos del hombre de 1948 es papel mojado, que libertad, igualdad, fraternidad son palabras masónicas y que no pueden encontrar su inspiración última en el Evangelio.

No le ha bastado al mundo tradicionalista ver en el corazón revolucionario de París a 800.000 personas participar devotamente en la Santa Misa, en el estadio Saint Denis a 80.000 jóvenes cantar en latín la Salve Regina, a multitud de sacerdotes confesar en la calle (como no se veía desde hacía tiempo), en el Palacio del Elíseo escuchar del Santo Padre la defensa del derecho a la vida como fundamento de todo otro derecho humano y la condena de la maternidad subrogada, todo ello en la cara de un desdichado Presidente que ha querido introducir el derecho al aborto en la Constitución.

Yo ciertamente no poseo la cultura de Mons. Viganò, pero creo que una cosa es defender la tradición, y otra atrincherarse en posiciones preconcebidas, pretender tomas de posición autorreferenciales que nos sitúan fuera de la realidad y contra el sentido común, negar el justo esfuerzo —debido por la Iglesia de todo tiempo— de encontrar puntos de convergencia entre la fe y la historia de un pueblo, lo cual no significa renegar del Evangelio de Cristo ni comprometerse con el espíritu del tiempo.

El Santo Padre debe anunciar a Cristo al hombre moderno, respetando su sensibilidad y su capacidad de comprensión, sin ponerse necesariamente a la defensiva mediante palabras de condena lapidaria que tendrían como único efecto el de no ser comprendidas y dispersar el rebaño.

Invito de todo corazón a quienes verdaderamente aman a la Iglesia a trabajar por su unidad, evitando todo aquello que pueda desgarrar la túnica inconsútil del Señor; y recemos unidos por los frutos duraderos de este extraordinario viaje apostólico a Francia, en el que hemos podido tocar con la mano la gracia de Dios que convierte el corazón del hombre, a pesar de nuestras insuficiencias.

Es una responsabilidad nuestra precisa ante Dios: y lo es —con mayor razón— para quien cree que la tradición es una fuente perenne de la vida de la Iglesia en una dinámica siempre nueva.

Con estima,

Pietro Piciocchi

 

Reconocieron la injusticia y le dieron ciudadanía.

2 Ts 2, 11-12

 

Estimado Abogado Piciocchi:

He leído atentamente la carta que Usted ha dirigido al Dr. Aldo Maria Valli y que me ha transmitido, a propósito de mi comentario al discurso de León XIV en el Elíseo. Sé que Aldo Maria ya ha publicado en su blog una respuesta ejemplar[[2]]; por mi parte, no quiero eximirme de afrontar Su carta: sin secundar la caricatura, sin dejarnos arrastrar al terreno emocional de las multitudes y sin ceder el principio a cambio de un aplauso por alguna frase compartible.

Su carta se abre con una paráfrasis: según los «paladines de la tradición», el Papa «habría debido ir a decir» en París que no existe la libertad de conciencia, que el Estado no debe abrirse a todo culto, que la Declaración de 1948 es papel mojado, que libertad, igualdad y fraternidad son palabras masónicas y no pueden encontrar inspiración en el Evangelio. Le respondo que nadie ha pedido a León que se dirigiera al Elíseo para recitar en voz alta el Syllabus ante Macron. Se ha pedido —y es cosa distinta— que un Romano Pontífice no contradiga, en la capital de la Revolución, la enseñanza constante de sus Predecesores sobre lo que aquella Revolución fue y sobre lo que aquel lema significa. No es el mismo acto. El primero es una escenificación que Usted nos atribuye para hacernos ridículos; el segundo es lo mínimo debido a quien se sienta en la Cátedra de Pedro.

La fórmula es sencilla: nosotros no pretendemos del Papa un anatema diplomáticamente inoportuno; pretendemos que él no ratifique ni elogie aquello que los Papas han llamado peste. Una vez restablecido esto, su carta pierde su eje.

El segundo argumento es el de la multitud: ochocientas mil personas en la Place de la Concorde, ochenta mil jóvenes en Saint-Denis que cantan la Salve Regina, sacerdotes que confiesan por la calle. Es el argumento más eficaz en el plano emotivo-sentimental, y el más débil en el plano de la Fe.

LEÓN SOMETE EL PAPADO A LA RELIGIÓN DEL GLOBALISMO

 


Por ARCIVESCOVO CARLO MARIA VIGANÒ

 

En París, en el Elíseo, León XIV ha elogiado la Ilustración como «conquista», ha dicho que los «derechos del hombre» —«en particular la libertad religiosa»— son «inherentes a la naturaleza de la persona», y ha presentado Liberté, Égalité, Fraternité no como lema de la Revolución, sino como «exigencias éticas universales» que encuentran en el Evangelio «una fuente inagotable de inspiración». Luego ha elevado la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 a «piedra miliar» del progreso moral. Es exactamente lo contrario del Magisterio hasta Pío XII.

Gregorio XVI, en Mirari Vos, llama «delirio» la pretensión de garantizar a cada uno la libertad de conciencia.

Pío IX, en Quanta Cura y en el Syllabus, condena el error según el cual cada uno sea libre de abrazar la religión que juzga verdadera; que ya no convenga tener la Religión Católica como única religión del Estado; que sea laudable abrir a todo culto el ejercicio público; que esa libertad civil no corrompa las costumbres; y que el Pontífice Romano pueda y deba reconciliarse con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna.

León XIII, en Libertas e Immortale Dei, corta el nudo: no existe un derecho natural al error; la verdadera libertad es la de hacer el bien; el Estado reconoce la verdadera Religión, no la pone al mismo rango de las falsas.

Pío XI, en Quas Primas y Mortalium Animos, recuerda que la paz y la dignidad no nacen de la rebelión de la Declaración de los Derechos del Hombre, sino del Reino social de Cristo.

Pío X, en Notre charge apostolique, desenmascara la tríada revolucionaria por lo que es: igualdad sin jerarquía, libertad sin Verdad, fraternidad sin Dios Padre —falsificación de la fraternidad cristiana, no su cumplimiento.

León XIV realiza la operación inversa. Pone en una misma línea a Clodoveo y a las Luces, como si el bautismo de Francia y la guillotina de clérigos y aristócratas pertenecieran al mismo «genio». Llama conquista a aquello que los Pontífices Romanos llamaban peste. Transforma en derecho aquello que el Magisterio perenne llamaba delirio. Hace del Evangelio la fuente de un lema masónico acuñado para destronar a Nuestro Señor Jesucristo. Y, citando a Juan Pablo II, pone una declaración de las Naciones Unidas —documento sin Cristo, sin Iglesia, sin ley natural cumplida en la Revelación— en el lugar de la Tradición como criterio del «progreso moral». León somete el Papado a la religión del globalismo: dignidad sin Mandamientos, libertad de conciencia contra la Voluntad de Dios, falsas religiones como variedades a tutelar, multilateralismo como horizonte, laicidad «justa» como marco.

Prevost firma con la sangre de los Mártires de la Revolución la carta del hombre sin Dios. Como en el cisma capital, quien se sienta en la Cátedra de Pedro no retiene el error: lo bendice y lo convierte en dogma indiscutible.

https://x.com/CarloMVigano/status/2103846439860285851?s=20

 

EL PAPA EN FRANCIA: ¿LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD?

 


Por MARCELO GONZALEZ

El papa León ha realizado una visita exitosa a Francia. La simpatía que cientos de miles de franceses han demostrado por el pontífice es sorprendente en un país que no hace mucho llevó a un extremo satánico la posibilidad de abortar: seres humanos casi nacidos (infanticidio legal) y además ha introducido la horrorosa práctica de la eutanasia.

Francia ha sido la hija primogénita de la Iglesia, una nación central en el desarrollo de la Cristiandad, magnífica en sus santos, en sus obras de arte, en sus templos… Tuvo reyes santos pero también otros que no dudaron en someter a la Iglesia y a la persona misma de los papas a un trato miserable y blasfemo. Quizás por ello, a pesar de las advertencias celestiales a sus monarcas (1), Dios permitió que la Revolución prosperara y la destruyera. La Iglesia y la monarquía sufrieron persecuciones feroces en las cuales miles y miles de mártires alcanzaron el cielo, pero dejaron atrás una ruina espiritual profunda. El catolicismo francés pudo renacer tras esta plaga anticristiana, sin embargo nunca ha triunfado definitivamente ni ha recuperado su antigua gloria. Por el contrario, en este momento está en el fondo más oscuro de su historia.

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