Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

lunes, 10 de agosto de 2026

JESÚS Y LA MALDICIÓN DEL JUDAÍSMO

 


Por DON CURZIO NITOGLIA

 

El Señor Jesús maldijo algunas ciudades de Galilea (Mt., XI, 20-24; Lc., X, 10-16) por su incredulidad; como luego, en Judea, poco antes de ser muerto, maldijo también Jerusalén en cuanto infiel y dispuesta al Deicidio (Mt., XXIV, 15; Lc., XIX, 43).

Ciertamente Jesús no deseó el sumo mal espiritual, es decir, la condenación eterna, de los judíos incrédulos de Galilea y de Judea; en efecto, habría sido gravemente ilícito y pecaminoso; sin embargo, Él pidió para ellos cierto mal material, pero siempre para su conversión; como también pidió incluso un castigo o cierto – temporal e inicial – mal espiritual del Judaísmo infiel, con tal de que no fuese definitivo y absoluto, sino más bien para que le sirviera de lección moral y lo impulsara a un bien espiritual mayor y a la verdadera conversión (S. TOMÁS DE AQUINO, S. Th., II-II, q. 76).

En el Evangelio (Mt., XI, 20-24), el Salvador, habiendo constatado el estado objetivo o material de perversión moral del Judaísmo farisaico de Su tiempo y de las ciudades de Galilea en las que había ejercido la mayor parte de Su apostolado, las había desaprobado a ambas, objetiva y materialmente, exclamando: “¡Ay de vosotros …!”. Esta es la maldición objetiva o material.

Además, Jesús no se detuvo aquí, sino que lanzó también una maldición formal o subjetiva, es decir, invocó o deseó explícitamente el mal al Judaísmo infiel (1) (F. ROBERTI – P. PALAZZINI, Dizionario di Teologia Morale, Roma, Studium, 1955, p. 627, voz “Imprecazione”), que había violado la Ley del Señor; para que – ante todo – el orden divino y natural fueran reparados (pena vindicativa) y – en segundo lugar – para que los judíos incrédulos, formalmente malditos, se corrigieran (pena medicinal).

El Doctor Angélico en la Suma Teológica explica que es lícito maldecir formalmente a alguien (II-II, q. 76, a. 1); en efecto, el profeta Eliseo (II Re., II, 24) maldijo a los niños que se burlaban de él en cuanto profeta y ellos fueron despedazados por un oso.

Además, Jesús “maledixit ficulneae” (Mt., XXI, 19), puesto que “la higuera era figura del Judaísmo incrédulo”, por tanto ellos (la higuera y el Judaísmo) han sido maldecidos por Jesús no solo objetivamente (con la constatación de su infructuosidad y fe desviada), sino también formalmente, mediante un anatema, que el Señor dirigió a la planta y – figurativamente – al pueblo deicida, para que se secaran por ser infructuosos – en el primer caso – de higos y – en el segundo caso – de fe recta acompañada de buenas obras; finalmente, Dios mismo, después del pecado de Adán, maldijo la tierra, para que no diera más frutos sin haber sido antes duramente trabajada por el hombre, diciendo: “Maldito sea el suelo por tu causa” (Gen., III, 17), es decir, a causa del pecado del primer hombre (S. Th., II-II, q. 76, a. 2).

Finalmente, en el 4.º y último artículo de la misma cuestión, Santo Tomás nos explica que es lícito maldecir también formalmente (es decir, desear el mal como pena debida a la culpa) a alguien para que, in primis, sea reparado el orden moral violado (por ejemplo, el juez que pronuncia sobre un homicida la sentencia: “Te condeno a la pena de cadena perpetua”); in secundis, se disuada a los malvados de reiterar las culpas (a la vista de la cadena perpetua impuesta al homicida, los demás probablemente se abstendrán de cometer el mal); in tertiis, se indemnice a la persona ofendida o a su familia (los hijos del asesinado deben poder ver al asesino de su padre condenado a prisión y no premiado) y, solo finalmente, se pueda medicar y corregir al delincuente (el asesino, en prisión, podría entrar en sí y arrepentirse del mal cometido; como hizo, por ejemplo, Alessandro Serenelli, el asesino de Santa María Goretti).

El Padre Antonio Royo Marín, comentando la Suma Teológica (II-II, q.108, aa.1-4), ha escrito: «El instinto de vengar un mal, como movimiento de repulsa hacia él, es bueno; por ello la justa venganza, que quiere – ante todo – reparar el orden violado por el delincuente al hacer el mal y – secundariamente – enmendar al culpable, es cosa buena y justa; por tanto, el elemento primario de la pena es vindicativo (restablecer el orden y castigar el mal), mientras que el secundario es medicinal (ayudar al culpable a redimirse). En cambio, hoy la pena es vista solo como medicinal y se ignora su lado aflictivo, correctivo, reparador o “vindicativo”» (2).

 

El Judaísmo talmúdico es rechazado por Dios.

 

Ante todo, hay que especificar que aquí se está hablando del Judaísmo como religión postbíblica y de sus fieles en cuanto fieles, los judíos que siguen la Cábala y el Talmud (3), no de la etnia judía.

Luego, es necesario precisar los términos teológicos y bíblicos de reprobación y maldición; a) reprobar significa rechazar, considerar inútil, desaprobar, romper una amistad. Ahora bien, la Sinagoga talmúdica, que el Apóstol San Juan llama dos veces “Sinagoga de Satanás” (Apoc., II, 9; III, 9), después de la muerte de Cristo, ha sido desaprobada, rechazada por Dios, que ha constatado su infidelidad a la Antigua Alianza establecida por Él con Abraham/Moisés y la ha repudiado para establecer una Nueva Alianza con el “pequeño resto” o “reliquia” (Rom., XI, 5-7) de Israel que permaneció fiel a Cristo y a Moisés, y con todas las Gentes dispuestas a acoger el Evangelio (las cuales en su mayor parte han correspondido al don de Dios, mientras que solo una de sus “reliquias” lo ha rechazado, para adorarse narcisísticamente a sí misma mediante los ídolos que se había construido a modo de espejo). Dios ha desautorizado a quien ha renegado de Su Hijo unigénito y consustancial, “Dios verdadero de Dios verdadero”. Por eso, la sana teología ha interpretado la Escritura y ha enseñado que el Judaísmo postbíblico es reprobado o desaprobado por Dios, es decir, mientras permanece en el rechazo obstinado de Cristo, no está unido espiritualmente a Dios, no le es querido, no está en gracia de Dios.

MONS. VIGANÒ: LA IGLESIA SINODAL TIENE LA ORDEN DE NORMALIZAR LA SODOMÍA. Y RECUERDA A DON MILANI…

 


Después de haber atacado frontalmente las palabras del jesuita partidario de la agenda homosexual y transgénero James Martin, que quiere la ordenación de homosexuales como sacerdotes, el arzobispo Carlo Maria Viganò ha vuelto a tronar sobre la cuestión de la Iglesia LGBT.

El prelado lombardo comentó en X una iniciativa de una peregrinación franciscana LGBT, con un Tau adornado con los colores del arcoíris, que se celebra en estos días en Umbría.

«Los adeptos de la Iglesia sinodal —siguiendo el modelo de lo que ocurre en la esfera civil en todos los Estados sometidos a la élite globalista— tienen la orden de normalizar la sodomía», escribe monseñor. «Para ello no se contentan con legitimar o despenalizar los comportamientos de los individuos, sino que incluso pretenden “canonizarlos”».

«Por eso autorizan misas sacrílegas y peregrinaciones. No solo quieren que el sacerdocio sea accesible a sodomitas y transexuales, sino que también se preparan para canonizar a algún homosexual pedófilo».

«En este contexto se comprende cómo la controvertida figura de don Milani (elogiada tanto por Bergoglio como por Prevost) es “perfecta” —por así decirlo— como símbolo de la reivindicación del modernismo y de la sodomía», acusa Viganò.

«Se apoyarán en las leyes antidiscriminatorias para obtener no solo el acceso de las mujeres al sacerdocio, sino también la imposición de sacerdotes trans y homosexuales. Es difícil imaginar una disolución más desastrosa, llevada a cabo con mayor eficacia».

Monseñor Viganò ha arremetido en repetidas ocasiones contra el escándalo de las reiteradas audiencias concedidas por los últimos papas a Martin y a su «homoherejía». Todavía hace dos años el prelado lombardo acusaba que «el objetivo de Bergoglio es normalizar la sodomía y la perversión y destruir el sacerdocio».

Como informó Renovatio 21, anteayer el arzobispo había declarado que «en definitiva, aquí estamos ante un Cicero pro domo sua: un lobby de pervertidos enquistado en el cuerpo eclesial está conduciendo inexorablemente a la jerarquía neomodernista a alinearse abiertamente en favor de la sodomía, en beneficio propio. El modus operandi es siempre el mismo: quienes legitiman ciertos pecados (en la esfera religiosa) y ciertos delitos (en la esfera civil) lo hacen únicamente porque esos son los pecados y los delitos que ellos mismos practican impunemente».

Llama la atención la referencia a don Milani, quien, en efecto, fue elogiado de inmediato por el papa León apenas subió al solio pontificio. El 11 de octubre, hablando a los peregrinos de las diócesis toscanas, Prevost citó de manera muy elogiosa al controvertido sacerdote-maestro de Barbiana:

«Don Lorenzo Milani, profeta de la Iglesia toscana, a quien el papa Francisco definió como “testigo e intérprete de la transformación social y económica”, tenía como lema I care, es decir, “me importa”, me interesa, me preocupa».

ARZOBISPO VIGANÒ: LA INVASIÓN DE MIGRANTES A ESPAÑA FORMA PARTE DE UN «PLAN DIABÓLICO DE SUSTITUCIÓN ÉTNICA»

 


La invasión planificada del Occidente apóstata no es un fenómeno espontáneo, sino un plan diabólico de sustitución étnica, una destrucción deliberada del orden social y una provocación al desorden y a la guerra civil. Los pueblos sin fe, sin raíces y sin identidad son sumergidos en masas de extranjeros que no comparten ni la fe, ni la cultura, ni la ley natural, con el fin de destruir toda cohesión e impedir cualquier forma de resistencia.

Así se cumple la maldición que Dios ya había pronunciado contra Su pueblo desobediente.

«El extranjero que habita en medio de ti se elevará sobre ti cada vez más alto, mientras que tú descenderás cada vez más abajo. Él te prestará a ti, pero tú no le prestarás a él; él será cabeza, y tú serás cola.» (Dt 28, 43–44)

La jerarquía sinodal, apóstata y traidora, no solo permanece en silencio, sino que es parte activa de este plan diabólico. Con sus palabras de acogida incondicional, con sus documentos que niegan la primacía de la fe y de la civilización cristiana, con su silencio cómplice frente a la eliminación del cristianismo de las familias y de la sociedad, coopera en la destrucción de lo que queda de la cristiandad.

Eso no es caridad cristiana: es complicidad.

Eso no es misericordia: es traición.

Quien tenga oídos para oír, que oiga.

Y todo aquel que quiera salvar su alma y su patria, que vuelva a Dios y a Su ley, antes de que sea demasiado tarde.

https://www.lifesitenews.com/opinion/archbishop-vigano-spain-migrant-invasion-part-of-diabolical-plan-of-ethnic-replacement/?utm_source=featured-news

 

DELEGANDO EL PENSAMIENTO

 


Por JUAN MANUEL DE PRADA

 

En diversas ocasiones hemos señalado que estamos cerrando los ojos ante una evidente involución de la especie humana. Dicha involución resulta fácilmente distinguible, por ejemplo, en la depauperación constante de la llamada ‘música pop’, cada vez más volcada en complacer gustos homínidos; o en el encumbramiento de una literatura de pura fórmula, cada vez más mazorral y estereotipada, más carente de estilo y de sustancia, con su lenguaje párvulo y sus trepidaciones memas. Y resulta también distinguible en la degradación moral que nos rodea, que no es mera aceptación del ‘libertinaje’ (como se quejaba antaño la gente impresionable), sino incapacidad para discernir la naturaleza de nuestras acciones, amputación o parálisis de la conciencia, convertida en un nuevo Bartleby que «preferiría no hacerlo», que hiberna o se tapa los oídos para vivir más tranquilamente. Pero lo mismo en el deterioro cognitivo que nos demanda música o literatura más degradadas que en el retraimiento de la conciencia hay una aminoración de nuestra humanidad, hay una ‘delegación’ de algo que siempre habíamos considerado intransferiblemente humano y de lo que, de repente, estamos empezando a renunciar, a veces con pesarosa melancolía (en las sensibilidades todavía no estragadas plenamente), a veces con fatuo orgullo.

Como a nadie se le escapa, hemos ‘delegado’ esas facultades en la tecnología, que ha dejado de ser una ‘prolongación’ de nuestro cuerpo (una palanca, una rueda, un electrodoméstico) para convertirse en un ‘órgano’ más que realiza nuestras funciones vitales básicas; sólo que no es un órgano natural como el corazón o los pulmones, sino un órgano artificial que actúa usurpando dichas funciones, parasitándolas al estilo de la tenia, que nos hace creer que comemos sin engordar, mientras ella hace la ‘digestión’. Aquellas visiones transhumanistas que imaginaron un futuro de hombres convertidos en cyborgs se han hecho realidad sin necesidad de implantes invasores ni extrañas hibridaciones entre la carne y la máquina. El teléfono móvil es el ‘órgano’ que suplanta nuestras funciones vitales sin necesidad de costosas cirugías ni mutaciones genéticas abracadabrantes, con tan sólo ofrecernos su dulce pantalla táctil, palpitante de avisos que reclaman nuestra atención, como un remedo chusco de aquel aleph borgiano, que contenía simultáneamente todo el universo. Pero, ¡ay!, ese teléfono móvil que ya se ha convertido en nuestro ‘órgano’ más preciado, en realidad se comporta como un cáncer invasor que devora nuestra vida.

Lo hace en un sentido literal, arrebatándonos cada día una porción de tiempo sin provocarnos angustia ni exasperación, sino una adormecedora impresión de bienestar. En esta risueña inconsciencia con que entregamos nuestra posesión más preciosa –siquiera mientras dura nuestra existencia terrenal– ya se percibe que estamos dejando de ser humanos: pues la conciencia del paso del tiempo –tempus fugit– ha sido, en cualquier época pasada, un acicate constante para emplear nuestra vida en los más nobles empeños y un censor implacable de nuestra abulia. Misteriosamente, el teléfono móvil, ese órgano que nos devora, ha conseguido reducir drásticamente nuestra vida (robando varias horas a cada uno de nuestros días) sin que tengamos conciencia de esta pérdida, a través de un embeleco genial. Ha disfrazado nuestra abulia de activismo desnortado, haciéndonos creer que atiende nuestras curiosidades (cuando no hace sino imbuirnos curiosidades memas), que soluciona nuestras necesidades (cuando sólo nos crea necesidades superfluas), que agiliza y abrevia los más engorrosos trámites (cuando sólo los multiplica y enreda). Así, ‘llena’ de borra el vacío que genera en nuestra vida.

Pero la tecnología devora nuestra vida de formas más sibilinas y alevosas. La neurología ha estudiado sobradamente los deterioros cognitivos que el uso compulsivo de la tecnología nos está infligiendo, haciendo añicos nuestra capacidad de concentración y aminorando nuestras sinapsis neuronales. Todos estos efectos se van a multiplicar exponencialmente con el uso de la inteligencia artificial, que impondrá una delegación del pensamiento, exonerándonos de juicios críticos y discernimientos morales, atrofiando –en fin– nuestras facultades mentales, porque «la función hace el órgano»; y un órgano que se deja de emplear o se emplea subalternamente se vuelve fofo y alfeñique, mientras el ‘órgano’ artificial que lo suple se hipertrofia. Aunque no lo queramos aceptar, la tecnología se dispone a crear (ya está creando) una especie involucionada y homínida, distinta de la especie humana. Y tendremos que elegir a qué especie deseamos pertenecer.

https://noticiasholisticas.com.ar/delegando-el-pensamiento-por-juan-manuel-de-prada/

 

CÓMO MANTENER CATÓLICAS A LAS FAMILIAS EN LA SOCIEDAD MODERNA

 


Por MONS. RICHARD WILLIAMSON

Winona, 1 de enero de 1999

 

Queridos amigos y bienhechores:

Como enero es el mes de la Sagrada Familia y hoy la familia se encuentra gravemente amenazada, he aquí algunas reflexiones del sacerdote de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, P. James Doran, que resumen varios años de experiencia pastoral con los problemas de la familia en las parroquias «tradicionales» de los Estados Unidos de América en la actualidad:

¿Cuál es el problema fundamental de la familia en la sociedad actual?

Los padres carecen de una visión: la visión de la Paternidad de Dios y, por tanto, la visión de su propia paternidad. No ven la grandeza ni las obligaciones de su vocación, que consiste en manifestar la Paternidad de Dios en su propio hogar, de modo que su propia paternidad se descompone en una serie de detalles inconexos. Quedan reducidos a «proveedores», «esposos», «papás», etc. Necesitan recuperar una visión unificada de su vocación y de su consagración en el sacramento del matrimonio.

¿Por qué el mundo actual dificulta tanto las cosas para la familia?

El mundo actual está contra Cristo, contra la naturaleza y a favor del nuevo orden mundial. En primer lugar, al rechazar a Cristo por su materialismo, rechaza lo sobrenatural y, junto con todo el orden de la gracia, rechaza la superestructura salvífica del sacramento del matrimonio. En segundo lugar, al rechazar la naturaleza, tal como siempre fue entendida en el pasado —porque el hombre tecnológico cree saberlo todo mejor—, desmantela en nombre de la modernidad la estructura natural del matrimonio y aparta al hombre y a la mujer de la verdad para transformar su complementariedad natural en una tensión antinatural. En tercer lugar, para construir el nuevo orden mundial, procura dar a la familia una nueva estructura que, en teoría, respeta todas las diferentes necesidades, pero que, en la práctica, separa a todos de todos en una descomposición y un caos planificados.

¿Es todo esto principalmente un problema de la naturaleza o de la gracia?

Es un problema de ambas, porque la naturaleza caída no puede ser redimida sin la gracia, pero sin la naturaleza la gracia no tiene nada que sanar, transformar y elevar. El hombre es uno solo. La gracia y la naturaleza deben unirse. La gracia es en sí misma infinitamente superior a la naturaleza, pero no existe ningún estado de gracia sin alguna pobre naturaleza que la reciba. Una vez más, la visión debe ser integral.

En términos generales, ¿qué porcentaje de culpa atribuye al hombre y cuál a la mujer por los problemas actuales de la familia?

Un 90 % al hombre y un 10 % a la mujer. Dios creó al hombre como cabeza de la creación, como su guía. La mujer fue creada como ayuda y compañera del hombre. Cuando Eva cayó y comenzó a dirigir, Adán se perdió; pero solo cuando Adán cayó, la humanidad quedó perdida. Su negativa a dirigir, su sometimiento a ella, hirió a toda la creación. Nada se corregirá hasta que el hombre vuelva a dirigir; por eso Cristo, el nuevo Adán, va delante de nosotros y nos guía llevando la cruz, que es la reparación por haber fallado en dirigir. Cuando los hombres se niegan a dirigir, las mujeres se apartan de su papel. Entonces aumenta también su parte de responsabilidad en esta desgracia.

¿Cómo se produjo la destrucción de la familia? ¿Quiénes fueron sus destructores?

En primer lugar, los protestantes, que quitaron a la Iglesia y colocaron al individuo aislado frente a Dios. Esto socavó tanto a la familia como a la sociedad. El Cielo de Dios es la «comunión de los santos»; la parroquia católica es una comunidad de creyentes; pero el hombre aislado pierde el sentido del bien común. La comunidad viva comienza a morir. La sociedad y la familia se convierten en simples agrupaciones de individuos. Este proceso fue completado en el siglo pasado por el industrialismo. Los gobiernos corrompidos ya no procuraron hacer de la sociedad una comunidad viva en la que todos trabajaran principalmente por el bien común. En lugar de ello, los hombres pasaron a ser simples engranajes al servicio del beneficio en la máquina industrial, que está muerta y mata. Las ganancias pasaron a ocupar el primer lugar. Las familias quedaron relegadas al segundo. El trabajo dejó de ser un servicio al prójimo y pasó a ser un «empleo». Hoy las familias son, en realidad, una carga para los empleadores, una simple mercancía que debe tenerse en cuenta en el salario del «proveedor». De ahí provienen los contratos, las negociaciones, los seguros, las prestaciones laborales, las huelgas, las licencias de maternidad, etc. El industrialismo fue la muerte de la familia.

¿MORIR POR LA PATRIA O POR UNA GUERRA AJENA?

 


Por GABRIEL CAMILLI

 

Hay preguntas que una sociedad no debería dejar de hacerse. Una de ellas es particularmente incómoda: ¿qué lleva a un argentino a abandonar su país para combatir y, eventualmente, morir bajo una bandera extranjera?

Hasta hace pocos años semejante interrogante habría parecido puramente académico. Hoy ha dejado de serlo.

La Justicia Federal argentina investiga actualmente una presunta organización dedicada a reclutar ciudadanos para enviarlos a combatir en Ucrania. Según la hipótesis judicial, los captadores ofrecían salarios de hasta tres mil dólares mensuales, pasajes pagos y condiciones laborales que luego no se corresponderían con la realidad.

La investigación sostiene además que los contratos eran firmados en idioma ucraniano y que las víctimas desconocían plenamente las obligaciones que asumían.

El expediente, tramitado en el Juzgado Federal Nº 2 de Lomas de Zamora con intervención de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), constituye un hecho de enorme gravedad institucional.

Como si ello no bastara, en los últimos días comenzaron a difundirse testimonios de argentinos que efectivamente combaten en Ucrania denunciando incumplimientos contractuales, falta de pago y enormes dificultades para abandonar el frente una vez incorporados a las unidades militares.

Naturalmente, corresponderá a la Justicia establecer responsabilidades y determinar la veracidad de cada una de estas denuncias. Pero existe una cuestión mucho más profunda que trasciende el expediente judicial.

¿Cómo es posible que una guerra librada a doce mil kilómetros de nuestro territorio encuentre combatientes argentinos?

La respuesta no puede reducirse únicamente a la existencia de reclutadores.

Durante los últimos años las redes sociales se transformaron en una poderosa herramienta de captación. A través de videos, canales de Telegram, cuentas de TikTok y distintas plataformas digitales comenzaron a circular imágenes del combate, relatos heroicos, promesas económicas y convocatorias dirigidas especialmente a ex militares y ex policías.

LOS ARGENTINOS NO SOMOS SIONISTAS NI SOMOS RACISTAS

 


Por LUIZ ALVAREZ PRIMO

 

La judeo-masonería inglesa pasó factura a la selección argentina por el bendecido banderazo malvinero de nuestros jóvenes futbolistas después del brillante triunfo frente a Inglaterra, que 3.000 millones de personas vieron en el mundo. Las consultas en Google sobre la historia de Malvinas aumentaron 2500 por ciento.

Personalmente no tengo dudas de la superioridad del equipo argentino, extorsionado para aceptar una derrota antes de jugar contra la selección española. La campaña anti argentina que se desató luego acusando a los argentinos de “sionistas” y “racistas” carecía de sustento “in re”. Los argentinos no somos sionistas ni somos racistas. El gobierno títere vendepatria del desequilibrado cipayo Javier Milei, impuesto a los argentinos por el imperialismo judeo masónico anglo estadounidense, en cambio sí lo es. Este es un asunto político que el pueblo argentino más tarde o más temprano resolverá. Por las buenas o por las malas.

viernes, 24 de julio de 2026

LA ARGENTINA BAJO ATAQUE: LAS NUEVAS AMENAZAS AL PODER NACIONAL

 


Por GABRIEL CAMILLI

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

 

Cuando el fútbol, la soberanía y la guerra cognitiva ingresan en un mismo campo de batalla

 

Ha terminado el Mundial y, paradójicamente, lo menos importante para comprender lo ocurrido es el resultado futbolístico. La derrota argentina frente a España puede analizarse desde la táctica, el rendimiento de los jugadores o las decisiones arbitrales. Todo ello pertenece al deporte y corresponde a quienes conocen sus secretos. Pero alrededor de la Selección se produjo otro enfrentamiento, menos visible y acaso más significativo: una disputa por la imagen internacional de la Argentina, por sus símbolos, por su identidad y por la legitimidad de sus reclamos nacionales.

Durante las últimas semanas se multiplicaron en las redes sociales expresiones de hostilidad contra nuestro país. La crítica deportiva se transformó progresivamente en una impugnación moral de los argentinos. A las acusaciones de favoritismo arbitral y juego violento se sumaron imputaciones de racismo, soberbia, corrupción, nazismo, rechazo de la identidad latinoamericana y hasta comparaciones geopolíticas completamente ajenas al fútbol.

Un relevamiento difundido por La Nación, basado en unas 40.000 publicaciones realizadas en X entre el 11 de junio y el 20 de julio, identificó varias narrativas negativas convergentes. Sólo una de ellas era estrictamente futbolística. Las restantes atacaban aspectos históricos, culturales y políticos de la Argentina. Los especialistas consultados detectaron, además, conversaciones que habrían sido generadas o amplificadas artificialmente, aunque todavía no existe una atribución pública concluyente que permita determinar quiénes las promovieron.

Esta distinción es fundamental. Una cosa es comprobar la existencia de comportamientos anómalos, redes coordinadas, cuentas automatizadas o amplificación algorítmica. Otra muy distinta es identificar con certeza a sus organizadores, financistas o beneficiarios. La primera afirmación encuentra indicios relevantes; la segunda exige una investigación forense que todavía no ha sido presentada públicamente.

Sin embargo, la ausencia de una atribución definitiva no vuelve irrelevante el fenómeno. Por el contrario, permite comprender una característica central de la conflictividad contemporánea: las campañas de influencia ya no necesitan presentarse como operaciones centralizadas, uniformadas y fácilmente reconocibles. Pueden surgir de la convergencia entre actores políticos, intereses económicos, medios de comunicación, activistas, usuarios particulares, redes automatizadas y algoritmos capaces de premiar los contenidos más agresivos.

No siempre existe un único director de orquesta. A veces basta con introducir una narrativa eficaz para que miles de voluntades distintas la reproduzcan por razones diferentes.

 

Cuando Malvinas entró en la cancha

 

El punto de inflexión se produjo durante el partido entre la Argentina e Inglaterra.

Hasta entonces, la Selección era el equipo campeón que buscaba defender su título. Pero la aparición de una bandera con la inscripción “Las Malvinas son argentinas” modificó el significado del acontecimiento. El mensaje recorrió instantáneamente el mundo y coincidió con una controversia diplomática por la presencia del buque militar británico HMS Medway en el Atlántico Sur. El Gobierno argentino presentó una protesta ante el Reino Unido y la cuestión Malvinas volvió a ocupar espacio en medios internacionales.

¿Podemos pensar que, desde ese momento, el partido dejó de ser exclusivamente un partido?

Durante unos pocos segundos, una bandera modesta llevó el reclamo soberano argentino ante una audiencia de centenares de millones de personas. Ninguna campaña publicitaria de la Cancillería, ningún seminario académico y ninguna declaración diplomática habría alcanzado semejante difusión.

La Selección se convirtió, voluntaria o involuntariamente, en un vector de identidad nacional.

Eso explica la intensidad de las reacciones posteriores. No era solamente Messi. No eran únicamente once jugadores ni una controversia arbitral. Lo que se había proyectado era una nación, una memoria histórica y una cuestión territorial todavía pendiente.

VENCIDOS SÍ, DERROTADOS NO

 


Por P. FLAVIO MATEOS

 

Nuestro pobre quijotismo

 

Muy bien resumió don Antonio Caponnetto, con su habitual maestría, aquello que nos embargó a los argentinos, más allá de la intrascendente cuestión futbolística, al final de esta Copa Mundial de Fútbol. Un campeonato que, no siendo otra cosa que una pantalla y un negocio de la agenda globalista y del decadente Imperialismo anglosajón, tuvo su acción emotiva (ahora se diría épica) que desafió la aplastante corrección política que en todo se nos quiere imponer.

Ese hecho escandaloso tuvo por protagonistas a los argentinos, en el partido contra Inglaterra.

Ese hecho fuera de libreto despertó del sopor de un degradante show que había excluido a una Rusia soberana de las lides hipervigiladas en las entrañas de un imperio yanqui desesperado.

La sensación que se impuso entre nosotros tiene que ver con la evidencia de la imposición de una nueva “derrota” nacional, que será en verdad tal si la aceptamos sin más y no verificamos el rumbo, por no decir, si no vence la fe católica en nuestra patria argentina. Porque es claro que, sin la verdadera fe, el patriotismo termina por morir, como puede verificarse lastimosamente en una Europa que ya ha cobardemente apostatado.

Entre nosotros, esa fe, en la cuestión histórico-política, se llama “Malvinas”.

Y en eso no podemos claudicar.

“La pesadumbre es por este artificial y ominoso 14 de junio que nos han impuesto entre bambalinas –decía Caponnetto-. El dolor es por ver a la Argentina condenada a morir sola y enferma; como la Dulcinea de Castellani”.

La asociación entre el 19 de julio y el 14 de junio del 82, no es forzada, sino más bien manifiestamente simbólica, para quien la quiera aprovechar.

Nos han robado las Malvinas, del mismo modo que nos han robado una contienda deportiva. Esta vez bajo ominosas y paralizantes amenazas.

No es lo único que nos están robando.

¿Nos damos cuenta del contexto en que todo esto está ocurriendo?

Se agrega, como si fuera poco, el hecho de que, ignorándolo todo, muchos despistados fuera de nuestra patria se han sumado a la vergonzosa campaña de “argentinofobia” que se ha impuesto a través de las redes sociales, y que aún persiste.

De nuestro lado es entre otros el Cnel. My. Camilli quien ha dedicado un muy certero análisis sobre esa campaña –porque lo es- que se halla imbricada en una guerra declarada contra una Argentina que está ocupada por sus enemigos –como la Iglesia Romana-, hecho que salió a relucir más que nunca a raíz de una osada, valiente, quijotesca insubordinación patriótica, muy políticamente incorrecta.

miércoles, 22 de julio de 2026

LA ARGENTINA NO PUEDE SER LA TRAVIATA

 

La Argentina no puede ser La Traviata

Por Antonio Caponnetto

 


Ha terminado el Mundial de Fútbol, y lo único que no importa es, paradójicamente, el fútbol. Por eso nos atrevemos a hilvanar dos palabras, puesto que del célebre deporte y de sus miles de entresijos nada sabemos, ni nos importa aprender.

La Selección Argentina venía bien –desde el punto de vista de la maldita corrección política- hasta que le ganó a Egipto, cuyo director técnico, Hossam Hassan, portaba orgulloso la bandera de Palestina Libre. Un imbécil, seguramente rentado por alguna mano oficiosa, entremetido en la tribuna “nuestra”, tuvo la desdichada ocurrencia de, tras la derrota, restregarle en la cara una bandera israelí. El pluriforme y siniestro aparato sionista no podía pedir mejor desenlace que esa Selección, devenida involuntariamente en estandarte del Mileismo-Trumpismo y demás barreduras judaicas, ganara el campeonato. Era lo más funcional a sus intereses que podían capitalizar.

Pero sucedió que la máxima y jubilosa incorrección política quiso hacerse presente y patente en el triunfo argentino sobre el equipo inglés. Varios <pecados> imperdonables se sucedieron entonces: a)gritarle al orbe entero –y en este caso orbe en sentido estricto- que las Malvinas son argentinas; b)hacerlo contra la expresa prohibición de los poderes mundiales y contra la desesperación apátrida del golem de Milei, cuyo desprecio por la soberanía nacional en las Islas es público y notorio;c)contagiarle al país entero un indomable espíritu malvinizador, absolutamente generalizado y crasamente popular; d)poner en evidencia que el portensoso aparato de seguridad yanky pudo ser violado por el ingenio argento, que hizo llegar la modestísima bandera a los jugadores, sorteando todos los radares y censores del cerrojo norteamericano. El golem quedaba ridiculizado y despreciado por el mismísimo demos, que tanto dicen venerar.

La situación se les fue completamente de las manos a la “Coalición Epstein”, como la llama ingeniosamente Luis Álvarez Primo. La furia malvinera era imparable. Los cipayos habían quedado en ridículo con sus asepsias hipócritas. No era sólo un partido de fútbol. Se quería prohibir de prepo la verdad histórica, política, geográfica y bélica. Aquello,además, era un partido. Pero no lo prevalente. Y eso que se volvió prevalente no podía alzarse con la victoria, bajo ningún punto de vista. Yalta y Potsdam siguen ignominiosamente vigentes.

Lo demás no es historia sabida, porque nunca se sabrá, pero es realidad más que probable y posible. A la Argentina le pasó como a La Traviata, que inmortalizara Verdi. Entre sombras apareció amenazante y disuasivo el padre de Alfredo, Giorgio Germont, y le exigió a la arrinconada Violetta el famoso <sacrificio>: que fingiera no amar a su hijo, que no incontaminara a su impoluta familia con sus malos antecedentes, y que se fuera muy lejos, a morir sola y tuberculosa. Era renunciar al amor a la Copa o continuar la rebeldía argenta y malvinera desatada. El uno a cero fue contra la segunda opción.

Creemos que no hace falta explicitar la analogía operística. El domingo 19 de julio, millones de personas vieron que la Selección Argentina no jugaba ni mal ni bien, ni regular ni pésimo. Sencillamente no jugaba, salvo algunas pocas y eventuales excepciones. El <sacrificio> había sido ofrecido. Ningún experto en fútbol podrá explicar jamás, cómo es posible que un equipo se acueste siendo un titán y amanezca siendo una piltrafa. Cómo es posible que una escuadra entrenada para competir haya optado por convertirse en un espectro.

Hemos felicitado a los amigos españoles por el resultado. Hemos reprobado las inconductas de algunos de nuestros jugadores. Nos alegra que la Madre Patria se haya quedado con el premio. Nos importa un belín lo futbolístico. Lo que nos tiene indignados y doloridos es que el gobierno y sus socios judeomasónicos hayan castigado ese remozamiento malvinero, que se propagó no sólo en todo el territorio patrio sino en cada lugar en que se admiraba a la Selección Argentina. La pesadumbre es por este artificial y ominoso 14 de junio que nos han impuesto entre bambalinas. El dolor es por ver a la Argentina condenada a morir sola y enferma; como la Dulcinea de Castellani.

Es una lástima que entre los legítimos festejantes hispánicos de este resultado, no haya habido uno solo que fuera capaz de recordar, superando lo futbolístico, que lo mismo podría haberles pasado a ellos si alguien blandía el imborrable axioma en una humilde bandera, de que el Peñón de Gibraltar es español. Prefirieron encomiar al negrito Lamine Yamal antes que imitar a Blas de Lezo. “¡Ay España, con el lanzón hundido en el costado!”. ¡Ay Argentina, Violetta tuberculosa, despechada y yerma!

Nadie le pide a los jugadores que sean Pelayo, el Cid, Rosas o Güemes. Son lo que son. Y punto. Demasiado son incluso, en ciertos casos. Pero alguien debería decir, y en sentido literal, que el rey está desnudo y maloliente, que los mercaderes se impusieron a los atletas y que, con Var o sin Var, las Malvinas son nuestras, y volveremos un día a reconquistarlas.

Se derraman justas las lágrimas, si ruedan por la patria. Con la pelota, con el trofeo, con los millones de dólares, hagan lo que quieran. Por eso hemos escrito estos versos, no a un futbolista sino a un símbolo. No a un as del juego sino a una heráldica del luto nacional que reclama imperiosamente ser vengado.

 

MESSI

"Sunt lacrimae rerum"

Eneida I,462

 

Si llora, Capitán, lloran las cosas

a las que usted trató como un artista,

toda esa orfebrería futbolista:

el corner, las gambetas animosas,

  

las remontadas bravas, argentosas.

Después la reverencia mundialista

de millones de manos y su vista

que la clava en jugadas tormentosas.

  

Si llora, Capitán, sepa que a Fierro

 le rodaron sollozos en la jeta

plañido macho, pulso, adrenalinas.

 

El gringo conoció muerte y entierro,

el corazón turgente del atleta.

¡Y las Malvinas, sí, son argentinas!

 

 

martes, 21 de julio de 2026

DE LAS CONSAGRACIONES DE LA FSSPX Y DEMÁS ACTUALIDADES DE LA TRADICIÓN CATÓLICA - ENTREVISTA EXCLUSIVA CON MONSEÑOR JEAN-MICHEL FAURE, SAJM

 


20 de julio de 2026

Tuvimos hoy (20/07/26) el honor de realizar una breve entrevista escrita con Monseñor Jean-Michel Faure, SAJM, aprovechando su reciente visita a Brasil y al Seminario Dom Marcel Lefebvre, situado junto al Monasterio de la Santa Cruz, para preguntarle sobre algunas cuestiones actuales que conciernen directamente a la Tradición Católica.

A continuación:

 

1. Sobre la oportunidad de vuestra más reciente visita a Brasil

Ya he estado, en diversas ocasiones, en Nova Friburgo con Monseñor Tomás y los hermanos, y me alegro de esta nueva visita.

2. Sobre las nuevas consagraciones de la FSSPX y su actualidad para la Tradición Católica

La actualidad son las consagraciones en la FSSPX, que prueban, una vez más, el rechazo de la Tradición Católica por parte del Vaticano. Pretenden imponer falsas excomuniones, como en tiempos de Monseñor Lefebvre, y se niegan, equivocadamente, a reconocer el estado y la situación calamitosa de la Iglesia, así como el correspondiente estado de necesidad en la Iglesia para conservar íntegros la doctrina de la fe y la validez de los sacramentos, dos elementos absolutamente necesarios para alcanzar la salvación.

Esta situación obliga a los obispos a justificar claramente ese estado de necesidad; es decir, a denunciar ante los fieles todos los escándalos del falso ecumenismo, de la liturgia, de las misas modernas y de las declaraciones escandalosas que destruyen la fe en las almas por parte de muchos miembros de la Jerarquía. Santa Juana de Arco decía aquello que la Iglesia hoy puede repetir: «Obispo, por tu causa muero».

Lo que hoy sostiene a la Iglesia, decía Monseñor Lefebvre, son los obispos que abren seminarios y enseñan la verdadera doctrina de la fe católica a los futuros sacerdotes.

Varios santos y místicos nos advirtieron que, en esta época de apostasía general, nada, absolutamente nada, permanecerá en pie.

En el desierto conciliar existirán pocos oasis familiares donde la fe será conservada; y, cuando todo parezca perdido, entonces vendrá la hora de Dios y, en el futuro, una magnífica resurrección para todos los pueblos y para la Iglesia Católica.

Por eso, recen todos los días los actos de Fe, de Esperanza y de Caridad, incluso contra las sugestiones del demonio, que procura desanimarnos.

Sursum Corda («¡Arriba los corazones!»).

«Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará».

S.E.R. Monseñor Jean-Michel Faure, SAJM.

20 de julio – San Jerónimo Emiliano, confesor.

 

https://tradtalk.substack.com/p/das-sagracoes-da-fsspx-e-demais-atualidades

 

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...