Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

miércoles, 20 de mayo de 2026

EL DEBER DE RESISTIR

 



¿Desarrollo o contradicciones?


Al católico convenientemente informado, y con mayor razón al sacerdote y al religioso, hoy se le impone la siguiente elección: o resistir a la nueva corriente eclesial y entonces ser acusado de rebelión contra la autoridad, o bien, adaptándose a esta orientación, negar ipso facto la infalibilidad de la Iglesia, que hasta el Vaticano II, en lugar de “guardar, transmitir y explicar fielmente el depósito de la Fe” (Primer Concilio Vaticano), habría durante tantos siglos ignorado, errado y jurado “sin saber lo que debía creer” (San Vicente de Lérins: Commonitorium).

La adaptación a la nueva orientación eclesial es, sin duda alguna, más cómoda para la naturaleza humana, que detesta el esfuerzo y la lucha; pero es el camino más directo hacia la apostasía y está igualmente en oposición al más elemental sentido común. Admitiendo que las contradicciones actuales con lo que siempre fue creído, enseñado y, por tanto, puesto en práctica en la Iglesia, provengan de esta misma Iglesia, ¿por qué se debería prestar fe hoy a una institución que se equivocó ayer y que podría entonces equivocarse también hoy?

Estos mismos innovadores que imponen sus innovaciones en nombre de la Iglesia parecen resentirse del peso decisivo de esta objeción y por eso afirman que las novedades actuales “se inscriben en la única Tradición de la Iglesia” (cardenal Ratzinger), como si fueran desarrollos de la única e inmutable verdad. Pero no basta afirmar que una novedad se inscribe en la Tradición de la Iglesia; es necesario que realmente se inscriba en ella, y esto es evidentemente imposible cuando estas novedades chocan abiertamente con la Tradición. A menos que se quiera renunciar a la lógica, con su principio de no contradicción, y a las declaraciones solemnes del Primer Concilio dogmático Vaticano sobre la inmutabilidad sustancial de la Tradición (Dz. 1800), incurriendo en la excomunión del canon correspondiente (Dz. 1818). En realidad, la única e inmutable Verdad no puede desarrollarse y, por tanto, progresar, como jamás progresó durante dos mil años, por medio de contradicciones. Las contradicciones doctrinales en la Iglesia siempre fueron denominadas errores o herejías; no pueden ser propagadas como si fueran progreso y desarrollos doctrinales, salvo en el triunfo actual de la herejía modernista, cuya esencia reside precisamente en considerar que “en la tradición, todo es relativo y sujeto a cambios” (San Pío X, Alocución consistorial, A.A.S. 1.40, 1907, p. 268).

Por tanto, a las almas rectas, a las cuales la “perversión modernista de la inteligencia” (Marcel de Corte) aún no les ha quitado el “miedo a la contradicción” (R. Amerio), se les impone el deber de resistir a la nueva orientación eclesial porque ella está, en todos los ámbitos, en contradicción con el pasado de la Iglesia.


El arma de los innovadores


Para evitar o al menos contener esta resistencia, los autores y partidarios de este vuelco modernista en la Iglesia recurrieron a numerosos medios, pero sobre todo al arma de la obediencia.

Pero entonces surgen tres preguntas:

1.     ¿Obediencia a qué?

2.    ¿Qué obediencia?

3.    ¿Obediencia a quién?


¿Obediencia a qué?


Desde el Concilio, la Iglesia ya no dio una orden que tenga las características propias de una orden, de modo que se sepa con exactitud: cuál es el objeto de esta orden y si el legislador tiene voluntad de obligar.

La propia reforma litúrgica, que fue durante largo tiempo el punto neurálgico del conflicto, no tuvo una real y correcta promulgación jurídica, si es cierto que la promulgación de una nueva ley debe hacerse “de tal modo que revele la voluntad del legislador de establecer la ley, y que coloque a la comunidad en condiciones de conocerla” (Roberti Palazzini, Diccionario de Teología Moral, voz: promulgación de la Ley). Ahora bien, el propio cardenal Bugnini, factótum de la reforma, tratando de la “obligación del [nuevo] misal”, nos demuestra que jamás se consideró oportuno responder a las insistentes peticiones de los Obispos para una declaración oficial. Cuando, a instancia de Mons. Sustar, Secretario del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas, la Congregación para el Culto elaboró una respuesta y la sometió al Secretario de Estado, éste respondió el 15 de octubre de 1973 (prot. n.º 243874): “Dada la delicadeza del asunto, objeto de polémica, parece oportuno que Vuestra Excelencia responda a quien le escribió de manera enteramente personal, por una carta no oficial y sin número de protocolo”: “Se quería esclarecer el problema sin ofender a nadie”, escribe Mons. Bugnini.

PROXIMA APARICION: "A TRAVÉS DE LA BIBLIA"

 



 Para información sobre el libro escribir a:

fatimayrusia@gmail.com


“JUDEO/CRISTIANOS” Y “JUDAIZANTES”

 



por DON CURZIO NITOGLIA

 

Introducción: un problema de máxima actualidad

 

El tema de este artículo podría parecer cronológicamente superado. Sin embargo, tanto 1.º desde el punto de vista teológico (después del Concilio Vaticano II, con la Declaración Nostra aetate del 28 de octubre de 1965; luego con la teología claramente judaizante de Juan Pablo II desde 1978 hasta 2005; retomada y continuada por Benedicto XVI desde 2005 hasta 2013); como 2.º desde el punto de vista hegemónico cultural/político/económico (con la Religio holocáustica, el único dogma que no puede ser puesto en discusión ni siquiera en la posmodernidad); como 3.º desde el punto de vista bélico (con el nacimiento del Estado de Israel en 1948 hasta el genocidio de los gazatíes y cisjordanos desde 2024 hasta 2026…), el problema del Judeo/Cristianismo y de los Judaizantes ha vuelto al primer plano con una enorme fuerza y actualidad.

Por ello, para ser comprendido en toda su importancia y gravedad —que nos está conduciendo hacia un conflicto universal—, debe ser afrontado primero desde un punto de vista teológico para poder luego ser resuelto políticamente, socialmente, económicamente y militarmente.

En efecto, mientras se siga considerando que Israel es el “Mesías militante” de los Goyim, que (según el Talmud) son una especie de “animales parlantes” al servicio de Israel, no habrá paz sobre esta tierra.

 

LOS JUDEO/CRISTIANOS:

 

Cristianos de religión, pero de etnia hebrea.

El término Judeo/Cristianismo se aplica —en sentido estricto— a los “Cristianos nacidos judíos, los cuales sostenían que la Ley ceremonial del Antiguo Testamento no había sido abolida y entraron así en conflicto no sólo con san Pablo, sino con el Cristianismo mismo”.

 

Complot contra la Iglesia de Cristo

 

Ellos, desde el nacimiento mismo de la Iglesia de Cristo, que perfeccionaba la Antigua Alianza, comenzaron a sembrar errores doctrinales y cizaña práctica entre las filas de los Cristianos, presumiendo ser una “raza superior” ante la cual debían inclinarse incluso Cristo y el Evangelio.

No satisfechos con haberlo crucificado, al constatar el nacimiento de una numerosa comunidad de Cristianos, intentaron matar al Cristianismo, ya no de manera cruenta, como hicieron el Viernes Santo en el Gólgota, sino de modo incruento, mediante el complot secreto y la infiltración subterránea, para transformar el Evangelio de Cristo desde dentro y devolverlo al viejo fariseísmo talmúdico y cabalístico.

Esta infiltración en el seno de la Iglesia de Cristo (como lamentó san Pío X, hasta el punto de llamar al Modernismo “secta secreta”) nunca ha cesado, así como tampoco el complot contra la Roma de los Papas, que —en la Nueva Alianza— ha tomado el lugar de la Jerusalén deicida, la cual había renegado no sólo de Cristo, sino también del Antiguo Testamento, que está enteramente referido al Nuevo y Eterno.

 

LINEA MEDIA, VERDAD A MEDIAS

 


Por IGNACIO KILMOT

 

Por línea media nos referimos a ciertos publicitados conservadores en la Iglesia que, lejos de reclamar ni siquiera la permisión de la misa tradicional, son bi-ritualistas sin complejos y aceptan sin aversión las demoledoras reformas salidas del revolucionario Concilio Vaticano II. Suelen clamar contra lo que llaman “abusos”, y sólo contra éstos, sin ser capaces de identificar la causa de estos “abusos” en la estructura y la ideología montada por los modernistas para hacerlos posibles. Y a pesar de todo esto, a pesar de su aceptación de la revolución litúrgica y doctrinal neo-modernistas, se suelen presentar mediáticamente como contrarrevolucionarios y antiliberales. Así nomás. Luego, consecuencia lógica de su adscripción a la estructura oficial bajo el poder de los liberales, ellos se muestran furibundos anti-lefebvristas. Señal impecable de que están cooptados por el amor a la legalidad por encima del amor a la fe y la verdad.

Sobran ejemplos de su conducta incoherente. Para ellos siempre se trata de ver los errores en determinados personajes subalternos, pero jamás en las más altas instancias de la Iglesia. Por, ejemplo, uno de estos sacerdotes (“Que no te la cuenten”) verá claramente la estafa de una falsa vidente que montó un negocio mediático con las supuestas revelaciones que recibiría de Dios y la Virgen (“Luz de María”). Y clama contra la mujer que afirma, sin sonrojarse, que la Virgen le dijo que debíamos estar todos unidos y ser fieles más allá de una Iglesia o denominaciones religiosas determinadas. Aberrante, por supuesto. Pero, ¿no es este el mensaje que, indirectamente y no tanto, se nos viene dando desde que se instaló el ecumenismo y el diálogo interreligioso del Concilio? ¿No es la de esa mujer una posición coherente con la adoptada por los papas conciliares a través de los encuentros interreligiosos de Asís, o el último que hubo en Roma con León XIV? Claro está, es más fácil criticar a esa mujer desdichada que a las altas autoridades eclesiásticas, sobre todo si fueron “canonizados” como Juan Pablo II… “Parresía”, le llaman.

Otro ejemplo, sobre el que vamos a extendernos, de esta verdad a medias, lo tenemos en una entrevista realizada por el P. Javier Olivera Ravasi  (https://www.youtube.com/watch?v=rqnkR6_iolw)   a un joven argentino que es monje y sacerdote benedictino de la abadía de Le Barroux, Francia. Esta abadía es presentada erróneamente en los medios conservadores como enteramente tradicional, pero, como sabemos, es parte del movimiento de los “ralliés” que pactaron con Roma seguir siendo tolerados en ciertas prácticas tradicionales a cambio de no criticar el Vaticano II ni los errores doctrinales de las autoridades modernistas. Una prueba de eso la tenemos cuando el joven religioso menciona la crisis que atravesó en su momento el monasterio, diciendo: “los cambios, empezaron cuando el prior de esta fundación empezó a introducir cambios a partir de las interpretaciones de… siguiendo el Concilio Vaticano Segundo, o una falsa interpretación, como cada uno lo quiera entender”. El Concilio es intocable: el problema es la interpretación desviada de algunos…Pero, como sabemos, esto está completamente desmentido por todos los que seriamente se han dedicado a estudiar los documentos del Concilio.

EL DOBLE RASERO ECLESIADÉISTA: SILENCIO SOBRE LOS ESCÁNDALOS DE ROMA, VITUPERIOS CONTRA LAS CONSAGRACIONES DE ECÔNE

 


por XAVIER CELTILLOS

 

Existe, en el orden de la polémica eclesial contemporánea, pocos espectáculos más edificantes que el de un contradictor sorprendido en flagrante delito de mala fe. Tal es precisamente el caso de esas comunidades Ecclesia Dei que, desde el anuncio de las próximas consagraciones episcopales (1) de la Fraternidad San Pío X, rivalizan en celo para condenar lo que denominan con énfasis un «acto cismático». ¡Curiosa premura por parte de instituciones que, frente a los escándalos doctrinales más graves emanados de Roma misma, observan el más perfecto de los silencios! Esta geometría variable en la indignación merece detenerse en ella, pues ilumina crudamente la verdadera naturaleza de lo que conviene llamar el eclesiadéismo contemporáneo.

El silencio cómplice frente a las desviaciones romanas

Recordemos primero los hechos. La Fraternidad San Pío X se pronunció sobre Amoris laetitia el 2 de mayo de 2016 para denunciar, con notable lucidez, los errores contenidos en esta exhortación postsinodal que trastocaba la doctrina tradicional sobre el matrimonio y la familia. ¿Dónde estaban entonces las voces de la Fraternidad San Pedro, del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote, del Instituto del Buen Pastor y de todas esas comunidades que hoy se envuelven en los harapos de la ortodoxia? ¿Dónde estaban sus protestas frente a lo que constituía, sin embargo, una revolución pastoral de una amplitud inaudita?

El silencio fue total. Peor aún: fue cómplice. Porque estas comunidades “eclesiadéistas” deben, a cambio, reconocer la nueva misa como un rito legítimo y abstenerse de denunciar los errores del Vaticano II. He ahí el precio de su reconocimiento canónico: la aceptación tácita de todas las desviaciones, con tal de que se les conceda el uso de la liturgia tradicional. Tal silencio constituye, en sí mismo, una complicidad culpable.

Esta actitud no es nueva. Para obtener el reconocimiento canónico de la Iglesia conciliar, las comunidades Ecclesia Dei aceptaron callar sobre los errores y escándalos doctrinales de la jerarquía eclesiástica, e incluso justificarlos. El ejemplo del monasterio de Le Barroux es, a este respecto, particularmente elocuente. Dom Gérard, superior del monasterio de Le Barroux, había declarado que el reconocimiento de su monasterio por Roma no iba acompañado de “ninguna contrapartida doctrinal o litúrgica”, y que “ningún silencio sería impuesto a su predicación antimodernista”. Los hechos demostrarían luego la vanidad de tales garantías: algunos años más tarde, el monasterio de Le Barroux se convertía en defensor del concilio Vaticano II y de la libertad religiosa.

La indignación selectiva de los reconciliados

Pero he aquí que la Fraternidad San Pío X anuncia su intención de proceder a nuevas consagraciones episcopales y, de repente, ¡milagro! Las lenguas se desatan, las plumas tiemblan, la indignación estalla. El número de abril de 2026 del Courrier de Rome propone un estudio doctrinal de primer orden sobre la naturaleza del episcopado, en respuesta a las críticas formuladas por el movimiento Ecclesia Dei, especialmente la Fraternidad San Pedro. Porque hay que reconocer que estas comunidades, tan prontas al silencio frente a los extravíos doctrinales de la jerarquía moderna, recuperan súbitamente una voz atronadora cuando se trata de condenar los actos de resistencia tradicional.

SATANÁS CREE EN ROMA

 


por PEDRO GÓMEZ CARRIZO

 

La nota del cardenal Fernández contra la FSSPX abre una pregunta más grave que la del cisma selectivo: si Satanás tentó a Cristo y pidió cribar a Pedro, ¿por qué habría de mantenerse lejos de los dicasterios, los seminarios y los despachos donde se custodia, o se desfigura, la fe?

Ayer el cardenal Fernández volvió a dar su nota. En ella recordaba «formalmente» que las ordenaciones episcopales de la FSSPX constituyen un acto cismático, y que el cisma comporta la excomunión.

Lo primero que llama la atención es ver palabras tan gruesas salidas de una pluma tan fina. ¡Cisma! Esa palabra vetusta, con el sonido metálico de las advertencias romanas, en boca de un cardenal tan juvenil; ese grave concepto, que conserva el peso antiguo de las cosas últimas y sagradas, en la mente de un cardenal liviano, amante de la modernidad, y de todas sus cosas.

Hay que tomarse en serio la nota breve. La sucesión apostólica no es una herencia privada, ciertamente, y consagrar obispos sin mandato pontificio hiere la unidad visible de la Iglesia. Pero cabe preguntarse por qué Roma pronuncia la palabra «cisma» con tanta solemnidad cuando mira hacia Écône y se la queda dentro cuando asiste a toda esa colorida y colorista panoplia de rupturas doctrinales, litúrgicas, morales y sacramentales que desde hace décadas han entrado por la puerta grande de la Iglesia oficial.

De esa vistosa procesión de cromatismo convertido en programa acabamos de tener una estampa difícil de superar con la reciente visita de Sarah Mullally. La arzobispa de Canterbury ha sido recibida en el Vaticano con las formas propias de una dignidad eclesiástica e introducida en una oración común bajo techumbre apostólica. Ninguna nota breve ha tenido a bien recordar que León XIII declaró en Apostolicae curae la nulidad de las ordenaciones anglicanas, y que a esa nulidad se añade ahora, en una especie de desafío teatral, el hecho de que se trate de una mujer. Con la mayor naturalidad, a una figura que la doctrina católica no puede considerar obispo bajo ningún concepto, Roma la trata en público como si lo fuera, y la amable coreografía de la escena transmite urbi et orbi tanta aprobación como desaprobación la seca nota breve de Fernández.

NOTAS SOBRE LA GUERRA DEL IMPERIALISMO SIONISTA CONTRA RUSIA EN UCRANIA E IRÁN EN MEDIO ORIENTE Y OTROS ESCENARIOS DE LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL

 




Por LUIS ALVAREZ PRIMO

18 de mayo de 2026

 

Queridos amigos lectores de estas notas:  lo mío esta semana es un tanto magro pues mañana emprendo viaje a la Isla de KRK, Croacia, donde participaré de un encuentro con E. Michael Jones y 40 amigos de los 4 continentes.

¡Hasta la vuelta!

 

En lo que va del siglo XXI, podríamos decir que la Diplomacia es la Cenicienta de las Relaciones Internacionales. A pesar de su modesta situación, Cenicienta brillaba por sus virtudes y belleza; por lo cual su sola presencia resultaba insoportable a sus hermanastras, quienes la destrataban y despreciaban con tanto desdén y crueldad como su madrastra. En las Relaciones Internacionales contemporáneas, dominadas por el decadente hegemón imperialista sionista, también la diplomacia es destratada, despreciada, postergada y aún violada por la barbarie judeo-sionista que controla la política exterior de los EE.UU, y que Benjamín Netanyahu , el criminal genocida Primer Ministro de Israel, “tutorea” desde hace más de treinta años, generando la inestabilidad política, el caos, la limpieza étnica y el dolor y el horror de las guerras sionistas en Medio Oriente.

La diplomacia es el arte y la ciencia de lograr acuerdos con el fin de evitar que los conflictos escalen hasta el choque trágico e infame de la guerra. Por cierto, esta disciplina exige una esmerada “paideia” para conocer al hombre, la historia y la cultura; y el hábito superior y decantado de la prudencia política en orden a alcanzar el bien común humano, virtud propia de la inteligencia embebida de la firme voluntad que busca el bien, que, por cierto, nada tiene que ver con el maquiavelismo político o hábito de la falsa prudencia, la hipocresía y el cálculo.

En las guerras de las cuales nos venimos ocupando hemos podido observar el desempeño de grandes diplomáticos como Serguei Lavrov, el canciller de la Federación de Rusia, Wang Yi, Ministro de Relaciones de China, y Abbas Araghchi, Ministro de Relaciones Exteriores de Irán. El contraste no podría ser mayor cuando observamos con estupor la mediocridad de los funcionarios diplomáticos de los EE.UU. o la Unión Europea: Anthony Blinken, Victoria Nuland, Marco Rubio, Steve Witkoff, Jarred Kuschner, Analena Baerbock o Kaya Kallas.

    Naturalmente todos esos funcionarios políticos expresan, en unos casos la alta calidad política y cultural de sus jefes en un entorno meritocrático, por ejemplo, Vladimir Putin; o bien, en otros, la mediocridad rampante, con los casos paradigmáticos de Joe Biden, Donald Trump, Ursula von der Leyen y el brutal criminal Benjamín Netanyahu.

Bien se podría decir, entonces, dime qué diplomáticos tienes y te diré qué clase de país es el tuyo.

Así, las guerras en curso continúan porque la diplomacia es constreñida, manejada, manipulada y amañada por la mala política.

En el suroeste de Asia, la guerra ilegítima no provocada e impuesta a Irán, traidora y violentamente, por la entente de EE.UU. e Israel, se halla en un “impasse” cuya salida diplomática depende de la voluntad de presidente Trump frente al lobby de Israel, que lo controla.

LA OTRA CAMPANA N°07 - AL BORDE DE LA “TRAGEDIA” - LA PROFUNDA ENFERMEDAD DE LA ARGENTINA

 

APOSTILLAS DEL PANORAMA MUNDIAL - LA AGONIA DE LA BONA FIDE

 

martes, 12 de mayo de 2026

FÁTIMA, AQUÍ Y AHORA

 


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LA VIRGEN DE FÁTIMA Y EL DEMONIO

 



Por P. ALEJANDRO DÍAZ 

25/07/17

 

Las operaciones satánicas están dirigidas al intento de destruir toda la obra de Dios. Particularmente al ser humano. Ahora bien, como todo lo que hace el ser humano no queda en la pura individualidad, porque somos seres “sociales”, tenemos que las acciones individuales tienen efectos sociales y políticos.

La historia es el lugar en el cual se desarrolla la rebelión del demonio contra el Reino de Cristo. Por lo tanto, toda manifestación social o política debemos analizarla teniendo en cuenta este principio.

La aparición de la Virgen Santísima en Fátima, teniendo en cuenta lo antedicho, se inscribe dentro de las intervenciones divinas en la historia humana, intervenciones que se dirigen hacia un fin sobrenatural, en primer término, pero con incidencias en lo social y político, como efecto buscado y querido.

La Virgen nos invita a la conversión personal, al rezo del Rosario, a la devoción a su Corazón Inmaculado… pero advierte que si esas “obras” no se realizan, acontecerán guerras, habrá persecuciones, y hace especial mención a un país: Rusia.

Una prueba más de la incidencia social y política de las intervenciones divinas y de las acciones religiosas individuales. Con respecto a la historia humana tres aniversarios tienen lugar este año 2017:

1º) la Revolución Protestante, con la publicación en el año 1517 de las 95 Tesis en la Puerta de la Catedral de Wittenberg, Alemania, por Martín Lutero; con sus ideas y sus acciones, esta Revolución busca negar –por primera vez en mil quinientos años de Cristianismo– la necesidad de la Iglesia Católica para la Salvación.

2º) La fundación de la Gran Logia de Londres, en el año 1717, (la masonería tuvo fuerte intervención en la independencia de Estados Unidos y, luego, a instancias del embajador “americano” en Francia, Benjamín Franklin, en la Revolución Francesa); con sus ideas y sus acciones, esta Revolución busca negar ya no sólo la Iglesia sino también la Divinidad de Cristo, apenas refiriendo la existencia de una “deidad” impersonal o “gran Arquitecto universal”.

3º) y, por último, la Revolución Soviética del año 1917, que, con sus ideas y sus acciones, buscó negar directamente a Dios y borrar su nombre de la faz de la tierra.

Pío XII, en su discurso a los hombres de la Acción Católica el 12 de octubre de 1952, resumió así:

«Cristo sí, la Iglesia no (la Revolución Protestante contra la Iglesia); después: Dios sí, Cristo no (la Revolución Masónica); finalmente, el grito impío: Dios ha muerto; mejor dicho: Dios jamás ha existido (la Atea Revolución Comunista). Y aquí –concluye Pío XII– tenemos el intento de construir la estructura del mundo sobre fundamentos que no vacilamos en señalar como los principales responsables del peligro que amenaza a la humanidad».

Sin embargo, este año hay un cuarto aniversario: 2017 es también el primer centenario de las apariciones de Fátima.

 

El secreto de Fátima: Rusia dispersará sus errores en todo el mundo

 

El término “errores” es preciso: el error es la negación de la verdad. La verdad entonces existe y sólo hay una verdad: aquella que hemos recibido de los Apóstoles. Los errores de Rusia son los de una ideología que se opone al Orden Natural y cristiano.

Este complejo de errores tiene un nombre: Marxismo. Y tuvo en la Rusia soviética (no así en la actual) su centro universal de difusión.

El anticomunismo del siglo XX ha luchado contra el Marxismo con las armas de la política y de la guerra. Y por eso ha fracasado: un mal espiritual debe ser enfrentado con armas espirituales.

DÉCIMO ANIVERSARIO DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES

 




Por MONS. RICHARD WILLIAMSON

 

1 de junio de 1998

Queridos amigos y benefactores:

El último día de este mes será el décimo aniversario de las famosas consagraciones episcopales realizadas por el arzobispo Marcel Lefebvre y el obispo Antonio de Castro Mayer en Ecône, Suiza, el 30 de junio de 1988. ¿Cómo se ve aquel acontecimiento heroico diez años después? ¡Más heroico que nunca! Recordemos su lugar en la historia.

Había una vez, en la llamada Edad Oscura, la Iglesia Católica reinaba suprema como la indiscutida señora de la civilización, y toda la Cristiandad era católica. Luego, al final de la Edad Media, el mundo moderno comenzó verdaderamente con la ruptura de la Cristiandad por Martín Lutero. Media Europa se volvió protestante, pero la otra mitad recompuso su ser católico en la llamada Contrarreforma, y la Iglesia cruzó los océanos para formar muchos nuevos pueblos católicos que reemplazaran a aquellos que habían caído.

Pero, por supuesto, el Diablo no iba a dejar en paz a las antiguas o nuevas naciones católicas. A partir de la yuxtaposición de la verdad católica y el error protestante desarrolló un nuevo y virulento error: el liberalismo (¿Qué es la verdad? ¿Quién lo sabe? ¿Qué importa?), con el cual infectó la política tanto en las naciones católicas como protestantes, generando una serie de Revoluciones desde finales del siglo XVIII que destruyeron altares católicos y derribaron tronos católicos. La Santa Madre Iglesia vaciló, pero nuevamente reunió su fe y su energía, e hizo incluso del liberal siglo XIX uno de los más grandes siglos misioneros de todos los tiempos.

Para entonces el Diablo estaba decidido a penetrar en la propia Iglesia, pero naturalmente sólo podía hacerlo mediante el engaño. Así inventó otro error, tan antiguo como las colinas pero que parecía nuevo, una reedición del protestantismo y del liberalismo, mediante el cual se mantendrían todas las apariencias católicas, pero la sustancia sería cambiada o “actualizada” para alinearse más con el mundo moderno; de ahí el nombre del error: modernismo. Este atrapó a varios sacerdotes que deseaban continuar pareciendo católicos mientras se volvían mundanos, ¡una combinación atractiva para el hombre pecador!

UNA RESPUESTA AL PROFESOR CLAUDIO MAYEREGGER

 


Por ANTONIO CAPONNETTO

 

    

El Nacionalismo Católico y la realidad histórica

 

El pasado 17 de abril del corriente año, en el marco del Curso Anual: Resistencia Católica a la Revolución Anticristiana, impartido por el benemérito y querido Centro Pieper,el profesor Claudio Mayeregger dictó una conferencia titulada: “¿Qué es la Revolución?” (Versión disponible en https://www.youtube.com/live/8XdkskFy4ik?si=sUw2izGMDp6Q1iBa). Se trata de una enjundiosa y meritoria exposición, tanto por el extenso tiempo dedicado al análisis como por la hondura de los contenidos abordados y la versación desplegada en distintos ámbitos del saber. Quienes nos hemos beneficiado en ocasiones anteriores de otras lecciones suyas, sabemos cuán provechosas suelen ser y estamos prontos a manifestar nuestra gratitud.

     Sin embargo, hay algo, sobre todo en los momentos finales del discurso mentado, ante lo cual nos vemos obligados a disentir, con dolor cuanto con energía. En general se trata de su visión del proceso independentista hispanoamericano; en particular se trata de su opinión injustísimamente despectiva y tergiversadora respecto del Nacionalismo Católico Argentino. Sobre ambos tópicos repite –como si jamás hubiesen sido respondidos- los argumentos de los que se viene valiendo el Carlismo para agredir sin mesura ni genuino conocimiento a esta escuela nuestra identificada con el nombre de Nacionalismo Católico. Escuela que ha dado (sin mengua de los humanos defectos de toda obra terrena) desde pensadores insignes hasta mártires, desde varones de alta vara académica hasta modelos de vida testimonial; desde humanistas de nota y relieve hasta celosos defensores de nuestra identidad hispano-criolla.

Del párrafo precedente subrayamos la expresión: “como si jamás hubiesen sido respondidos”, porque hiere a la inteligencia por un lado, pero desmerece el rigor científico por otro, constatar que en un tema naturalmente polémico no se respeta el status quaestionis, encarándoselo incluso con calculada displicencia. Es como si abordáramos la controversia De Auxiliis desconociendo las recientes discusiones planteadas en espacios como Catholic Answers o Catholic Philosophy, o las posiciones de Stephen Brock ; o como si quisiéramos discutir sobre Pearl Harbor ignorando los estudios más recientes de Steve Twomey o Eri Hotta. Cuando un tema es de naturaleza controversial, se tome la postura que se tomase, el rigor intelectual exige no desconocer ninguna de las posiciones actuales en litigio, sopesándolas según recto saber y entender.

Incumpliendo esta norma necesaria, Mayeregger desacredita al Nacionalismo Católico por “la necesidad de rescatar como próceres cristianos a los próceres de la Revolución en Argentina. Y en la medida en que eso implica una operación de distorsión de la historia es algo completamente insano y ajeno a la verdad. Negar que hombres como Belgrano o José de San Martín tienen una ideología liberal profundamente arraigada en su mente, es negar una evidencia...”.

Curioso criterio éste y extrañísimo desconocimiento de los vaivenes de la historiografía nacional. El Nacionalismo Católico –principalmente a través de una de sus capitales aportaciones que fue el Revisionismo Histórico- tuvo el honor y el mérito de probar, contra viento y marea y a pesar de abrumadores pesares, que nuestro pasado había sido falsificado intencionalmente, con “errores a designio” y por una banda de orates cuanto de mentirosos seriales, encabezados entre otros por la tríada maldita de Mitre, Sarmiento y Vicente Fidel López. Fueron ellos y sus secuaces los que durante larguísimo tiempo hilvanaron un relato ficto e ideológico “completamente insano y ajeno a la verdad”. Fueron ellos, liberales y masones, los que escamotearon “las evidencias” que probaban exactamente lo contrario de la imagen que querían transmitirle a la posteridad de hombres como Belgrano o San Martín. Un verdadero desquiciado mental cual lo fue Sarmiento (lo demostró entre otros el afamado psiquiatra Nerio Rojas), unos inescrupulosos como Mitre y López que se jactaron de haber fabricado nuestro pretérito con la crueldad de “un despotismo turco”, más una recua de personajes secundarios, como Agrelo, Albarellos o Félix Frías, que se gloriaron de proponer la falsificación histórica como política de Estado, quedan libres de culpa y cargo. Inventaron, entre otras cosas, que Belgrano y San Martín eran liberales y masones; y lo impusieron como dogma a multitud de generaciones.

POR VIRTUD DIVINA

 


Por MONS. CARLO MARIA VIGANÒ


Homilía en la Aparición de San Miguel Arcángel, día de la Súplica a la Reina del Santísimo Rosario de Pompeya

Non est, inquit, vobis opus hanc,
quam ædificavi, dedicare ecclesiam:
ipse enim, qui condidi, etiam dedicavi.
Vos tantùm intrate, et, me adstante patrono,
precibus locum frequentate»

«No os corresponde a vosotros consagrar
esta iglesia que Yo he edificado;
Yo mismo, que la he fundado, también la he consagrado.
Vosotros debéis solamente entrar y, bajo mi protección,
frecuentar en oración este lugar».

 

Aparición de San Miguel Arcángel en el Monte Gargano

En este día compartimos la alegría de los queridísimos Giuseppe y Cristina, Claudio y Tina, quienes celebran respectivamente el vigésimo séptimo y el segundo aniversario de Matrimonio. Damos gracias al Señor y a la Santísima Virgen por las gracias que les han sido concedidas, por el camino recorrido y por la ayuda prodigada por la Divina Providencia durante estos años. Ofrecemos por ellos esta Santa Misa invocando sobre ellos abundantes bendiciones, por intercesión de la Virgen de Pompeya y de San Miguel Arcángel.

Hoy, 8 de mayo, la Santa Iglesia celebra tres apariciones del glorioso Arcángel San Miguel ocurridas entre los años 490 y 493 en el Monte Gargano, en la Apulia.

La primera aparición, conocida como el «episodio del toro», se sitúa en el año 490, bajo el Pontificado de Félix III y el Imperio de Zenón, en la ciudad de Siponto (la actual Manfredonia). Un rico señor de Siponto llamado Gargano, habiendo perdido un toro que estaba pastando, reunió un gran número de siervos y organizó búsquedas en los lugares escarpados del monte, encontrándolo en la cima, detenido frente a la entrada de una gruta inaccesible. Preso de ira, Gargano tomó el arco y disparó una flecha envenenada contra el animal rebelde. Pero el dardo invirtió inexplicablemente su trayectoria y golpeó al propio Gargano, hiriéndolo gravemente.

Asombrado por el prodigio, Gargano acudió al Obispo de Siponto, San Lorenzo Maiorano, para pedir consejo. El Prelado, discerniendo una intervención sobrenatural, ordenó un triduo de ayuno y de oración pública para que fuera revelado el significado de lo sucedido. Al finalizar el tercer día (tradicionalmente el 8 de mayo), el Arcángel Miguel apareció al Obispo y pronunció estas palabras:

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...