Por MARTIN DETOURS
“Desde ahora
tenemos que habérnoslas con asesinos de la fe católica, sin el menor pudor.”
Mons. Lefebvre,
(Carta a los Dominicos de Avrillé, 7 de enero
de 1991)
“La
Iglesia conciliar no es solamente una enfermedad ni una teoría, sino que es una
asociación de jerarcas católicos que, inspirados por pensadores liberales y
modernistas, quieren, con fines mundialistas, realizar un nuevo tipo de
Iglesia, con numerosos sacerdotes y fieles católicos que están más o menos
ganados por este ideal. No es una pura asociación de
víctimas. Formalmente considerada, la Iglesia conciliar es una secta que ocupa
la Iglesia católica. Tiene sus promotores y actores organizados, como los tuvo
el modernismo condenado por san Pío X”
Mons. Tissier de Mallerais
La
comparación surge de inmediato, y no puede ser más chocante.
En
1988, luego de las inválidas sanciones contra Mons. Lefebvre, Mons. De Castro
Mayer y los obispos consagrados, los Superiores de la FSSPX publicaron una carta,
donde, entre otras cosas, se dicen unas palabras categóricas que denotan su
actitud renuente a todo pacto con los que estaban destruyendo desde adentro la
Iglesia, y calificaban a quienes veían claramente como los enemigos de la
Iglesia católica:
Carta abierta
de los Superiores de la Hermandad San Pío X al Cardenal Gantin, Prefecto de la
Congregación de los Obispos. Ecône, 6 de julio de 1988:
“Nosotros jamás quisimos pertenecer a
ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por
el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización
de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam
partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia
excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería
más que la prueba irrefutable. No
pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del
espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años;
excluidos de la comunión impía con los infieles.
Creemos en un
solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y
seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica,
Apostólica y Romana. El ser asociados
públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores
de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción
de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto,
tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están
en comunión con una iglesia falsificada,
evolutiva, pentecostal y sincretista.” [1]
El
texto es tajante, de una claridad absoluta. Fuerte, sin dudas, para los espíritus
apocados, pero no injusto.
Ahora,
uno de los nuevos obispos de la Fraternidad, Mons. Michel de Sivry, dijo en su
primer sermón:
“Así pues, evidentemente,
esta sanción nos hiere profundamente porque somos católicos, porque estamos
unidos al Santo Padre, porque estamos unidos a los obispos, porque estamos
unidos a los sacerdotes. Estas sanciones hieren nuestro corazón de hijos. Pero
las llevamos. Las llevamos como una cruz por la Santa Iglesia Católica”.
Si los
que comandan la Iglesia son claramente enemigos de la misma, entonces es lógico
que quien se les opone sea agredido, en este caso mediante “excomuniones”. “Estamos
unidos” dice, pero, en verdad, están separados y ya lo estaban en la doctrina,
en la misa, en la Tradición. ¿Cómo es que estaban unidos?
Y ahora,
además, ya muy lejos de ese vigoroso lenguaje, la Fraternidad presenta un recurso
contra el decreto del 2 de julio, diciendo:
“La Fraternidad
Sacerdotal San Pío X anuncia que, en respuesta al decreto emitido el 2 de julio
de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, presentó el 11 de julio un
recurso preliminar ante el mismo Dicasterio, de conformidad con los cánones
1734 y siguientes del Código de Derecho Canónico.
Esta solicitud, que
constituye el paso preliminar obligatorio antes de la posible interposición de
un recurso jerárquico, tiene por efecto suspender la ejecución del decreto, de
conformidad con el canon 1353 del Código de Derecho Canónico.
Mediante este recurso, la
Fraternidad pretende ejercer el derecho que la Iglesia reconoce a toda persona
que se considere perjudicada por un acto administrativo de solicitar su
corrección, en un espíritu de respeto a la autoridad eclesiástica y de fiel
adhesión a la justicia, a la verdad y al bien de la Iglesia.
La Fraternidad Sacerdotal
San Pío X encomienda esta solicitud a las autoridades competentes y recomienda
esta iniciativa a las oraciones de todos los fieles.”
(Comunicado del 13 de
julio)
¿Qué
pretende la FSSPX con esto? ¿Mostrar a Roma que no tiene un espíritu belicoso,
como años atrás, y que por lo tanto estaría dispuesta a retomar negociaciones y
diálogos de sordos? Llama la atención que el 2 de julio, el cardenal
ultramodernista y judaizante Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de
la Unidad de los Cristianos, afirmó en una entrevista en podcast para la
revista alemana Communio que las recientes consagraciones episcopales llevadas
a cabo por la FSSPX sin mandato pontificio no impiden permanentemente una
futura reconciliación con la Santa Sede. No es cualquiera el que dice esto. Es
el principal vocero de la sinagoga –al menos públicamente- en Roma.