«Para comprender a Putin hay que leer a
Dostoievski. [...]. Putin ha salido de Dostoievski, angustiado por la falta de
religiosidad, por el permisivismo y por la decadencia moral» (Henry
Kissinger).
Prólogo
¿Putin lucha realmente contra el «Nuevo Orden Mundial»?
Comúnmente,
Putin es presentado:
1.º) como
un autócrata que combate el progresismo permisivista y relativista, así como la
globalización (con todos los límites que comporta la naturaleza humana);
habiendo resistido Rusia, para bien o para mal, desde 1990 hasta hoy a la
agresión del laicismo y de la secularización americanista.
Atención a no convertirlo en un ídolo. El
peligro de esta posición sería hacer de él una especie de «divinidad» o un ídolo,
ya que los ídolos tarde o temprano caen a tierra, pues no están ni en el cielo
(como los Santos), ni en la tierra (como los mortales comunes), sino
suspendidos a media altura (como los aeróstatos, es decir, los «globos
inflados»).
Ahora
bien, las medias tintas nunca dan resultado, especialmente en situaciones
históricas como la actual, que, siendo objetivamente apocalíptica, solo puede
ser afrontada con el heroísmo de las virtudes sobrenaturales.
¿Putin es un doble jugador?
Sin
embargo, 2.º) también hay quienes lo presentan (incluso de manera absolutamente
cierta) como un doble jugador, que solo aparentemente se opone al mundo
atlántico, pero que en realidad está en connivencia con él.
Diferencia
entre certeza absoluta, certeza moral o probabilidad
Sin
embargo, 3.º) nadie puede tener una certeza absoluta frente al libre albedrío
humano, que es mutable, frágil e inclinado al mal.
Debemos
contentarnos con una certeza moral o con una probabilidad, según el actuar
moral ordinario del hombre frente al bien o al mal.
En la medida en que la fragilidad humana lo permita, parecería
que...
Por ello,
4.º) pienso que podría decirse que Putin normalmente parece estar comportándose
correctamente y representa —hasta prueba en contrario, que presupone pruebas y no
meras conjeturas no fundadas en hechos reales y concretamente graves— un
obstáculo para las fuerzas de la disolución subversiva de la moral natural y de
la sana razón.
Hechos, no palabras
Los
recientes acontecimientos bélicos en Crimea y en Ucrania (enero/septiembre de
2014–2026) nos permiten tocar con la mano aquello que hasta ayer podía parecer,
a los ojos de muchos, solamente una probabilidad.
El Nuevo
Orden Mundial quiere destruir a la Rusia resurgida de la ruina soviética
durante la era de Putin, porque es probable que esté desempeñando el papel del
Katéjon, es decir, de un «obstáculo que retiene» (san Pablo) a las fuerzas de
la Subversión mundialista y globalizadora (Israel, los Estados Unidos y la
Arabia Saudita wahabita).
Putin se
ha convertido ya para los medios de comunicación en el nuevo Hitler, el nuevo
Saddam, el nuevo Gadafi o el nuevo Assad que debe ser eliminado.
Se
comienza con la manipulación del pensamiento (a Putin ya se le presenta como
enloquecido) mediante la prensa, la televisión y la radio, para terminar con
una condena capital pública y ejemplar (como sucedió con Saddam y Gadafi), una
especie de «Núremberg 1946 permanente» que no pasa ni debe pasar, exactamente
igual que la Shoah.