Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

jueves, 22 de octubre de 2026

MIXTURA DE JUDÍOS Y DE CRISTIANOS – PADRE JULIO MEINVIELLE

 


¿Qué hay de verdad en estas pretensiones judaicas? ¿Lograrán esta dominación universal? ¿En qué medida? He aquí un problema difícil, cuya solución exigiría detenido examen. Es mejor omitir su tratado.

Lo que sí se puede decir es que hoy todas las fuerzas del mal que se han ido engendrando, consciente o inconscientemente, desde el Renacimiento hasta aquí, paganismo del Renacimiento, protestantismo, racionalismo, capitalismo, liberalismo, laicismo, socialismo, comunismo, todas ellas trabajadas por el virus del odio a Cristo y a su Iglesia, se están movilizando en un frente único…. frente compacto, arrollador… y estas fuerzas están satánicamente comandadas por la Franc-masonería y sobre todo por el Judaísmo. Los judíos, desde el Gólgota hasta aquí, no han abandonado su tarea de crucificar a Cristo. Ahora como entonces, ellos han tramado en el secreto su plan diabólico que los gentiles han de ejecutar… Y están ejecutando. La lucha se establece, entonces, terrible, decisiva, entre el Judaísmo y el Catolicismo. Muchos dicen entre Moscú y Roma. Pero Moscú no ha sido más que un simple cuartel del Judaísmo Universal. La estatua que allí se ha querido levantar a Judas es todo un símbolo.

La lucha se entabla furiosa entre Ismael e Isaac, entre Esaú y Jacob, entre Caín y Abel. Caín está por asestar el golpe mortal sobre su hermano Abel. El judío, que fue siervo de la Iglesia, está logrando la revancha absoluta sobre su antiguo amo.

¿La logrará? ¿Vencerá Goliat a David?

Dios lo sabe. Pero unos son los planes de los hombres y otros son los planes de Dios. Y Dios sabe dirigir y encaminar los aciertos y desaciertos de los hombres para realizar sus fines secretísimos.

No hay duda que la mixtura de judíos y de cristianos, que se viene operando desde el Renacimiento, es perniciosa, porque la cizaña no se debe sembrar con el trigo, y esta mixtura nos tiene ahora abocados a una colisión catastrófica, cuyo desenlace es difícil presagiar.

Pero si Dios la permitió, algo bueno se ha de poder sacar de esta mixtura.

¿Y qué bien puede sacar de ella el Señor?

En primer lugar, hacer expiar a las naciones cristianas sus impiedades de siglos, para que vuelvan contritas al Señor. Dios no llamó a los beneficios de la fe a los pueblos bárbaros para que éstos se entregaran a las idolatrías y abominaciones de los tiempos modernos. Los pueblos cristianos, con Francia, la hija primogénita de la Iglesia a la cabeza, debían ser los heraldos de la Fe y del Amor cristiano entre los pueblos de Oriente y Occidente, para que en toda la tierra fuese conocido e invocado el nombre del Señor. En cambio, han sido los heraldos del pecado.

Hay que expiar, entonces, estas culpas. Y así como el pueblo judío, que renegó de Cristo, fue entregado al cautiverio oprobioso de los otros pueblos, así ahora los gentiles conoceremos el oprobio de la esclavitud judaica.

No olvidemos que Cristo profetizó a los judíos: Vendrán días de venganza… habrá gran apretura e ira sobre la tierra para este pueblo… y caerán al filo de espada, y serán llevados en cautiverio a todas las naciones, y Jerusalén será hollada de los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones (Lc. 31, 20-24).

Y esta palabra de Cristo se cumplió y se cumple. El año 70 Jerusalén fue cercada por los ejércitos de Tito, el Templo fue incendiado y un millón 100.000 judíos fueron masacrados y otros 97.000 llevados prisioneros (Josefo, De Bello Judaico), y, desde entonces el judío anda errante, hecho oprobio y baldón de todos los pueblos, siendo un testigo inicuo de Cristo, Rey de los Siglos.

Si los judíos fueron castigados, ¿los pueblos descristianizados quedarán sin castigo?

Pero castigo éste que ha comenzado ya… porque ayer fue Rusia y mañana el mundo… castigo que sería para todos, para judíos y cristianos; para ambos, porque ambos llevan siglos de espantosas impiedades.

Castigo espantoso y saludable, en el que la Justicia purificará y la Misericordia forjará apóstoles de santidad.

Creo que sin vocación de profeta es fácil prever que la humanidad ha de caer bañada en una ola general de sangre purificadora… sangre de los cismáticos rusos para expiar sus doce siglos de apostasía de Cristo, que está allí donde está Pedro; sangre de los herejes protestantes para lavar las felonías de cuatro siglos de maquinaciones anticristianas: sangre de los pueblos católicos que como viles rameras se han prostituido vergonzosamente, y ¡qué espléndido instrumento el judío en la mano de Dios para ser el verdugo de estos pueblos que trocaron la grandeza de la Cruz por la grandeza de Babel!… ¡Ah, pero también puede Dios suscitar un nuevo Atila (si no lo suscitó ya) que a judíos y a descristianizados los oprima como a la uva en el lagar!...

Todos tienen que ser purificados… ¿y después? Después surgirán hombres de santidad, judíos y cristianos, varones llenos del cristianismo auténtico, de aquella fe y de aquella caridad cristiana de que estaban llenos los apóstoles y los mártires… No será posible el cristianismo falso y mentiroso de un siglo hipócrita; sólo después de la purificación se podrá efectuar la reconciliación de judíos y cristianos, de Esaú y de Jacob.

 

“El Judío en el misterio de la historia”, capítulo III.

 

¿ESTÁ EL SÍNODO REDEFINIENDO LA INFALIBILIDAD PAPAL?

 


Por GAETANO MASCIULLO

 

Una propuesta de revisión del canon 749 plantea una cuestión fundamental: ¿quién determina la verdad de la doctrina católica? Gaetano Masciullo examina la concepción de la infalibilidad del Sínodo, la ampliación de la autoridad de los laicos y lo que estos cambios podrían significar para el magisterio de la Iglesia y la Sagrada Tradición.

Hoy en día, en el Vaticano es posible identificar una pluralidad de centros de poder que operan dentro de una compleja dialéctica entre la convergencia estratégica y las tensiones internas. Bergoglio actuó como lo hicieron varios soberanos y emperadores del pasado, es decir, concentró el poder en sus propias manos durante su vida, llegando incluso a ir más allá de lo que el derecho divino concede a un Papa, al tiempo que preparaba una fragmentación deliberada de ese mismo poder que estallaría en el momento de su muerte, precisamente para impedir que un único sucesor lo monopolizara y cambiara su orientación.

¿Tetrarquía en el Vaticano?

Esta es la técnica empleada por grandes emperadores del pasado, como Gengis Kan o —quizá un ejemplo más apropiado en nuestro caso— Diocleciano, el emperador romano que preparó la Tetrarquía, es decir, un sistema con cuatro emperadores, con el fin de preservar el proyecto político e impedir que el destino de todo el Imperio dependiera de la voluntad de un único sucesor.

Paradójicamente, el Papa se ha convertido, entre estos cuatro nuevos grandes centros de poder, en el menos «influyente» de todos, aunque sobre el papel siga siendo la cúspide de la Iglesia desde todos los puntos de vista; y ciertamente lo sigue siendo, porque la Iglesia es de institución divina, algo que nadie puede modificar según su propia voluntad arbitraria.

Además del Papa, entre estos centros de poder encontramos la Secretaría de Estado, que conserva el control sobre los expedientes internacionales más delicados (como los acuerdos secretos con China y el diálogo multilateral) y ejerce un control generalizado sobre la maquinaria burocrática a través de oficinas como la del Sustituto (cargo que anteriormente ocupaba el controvertido Edgar Peña Parra), pero, sobre todo, mediante su influencia en los nombramientos episcopales, en sinergia con la Secretaría del Dicasterio para los Obispos.

El tercer tetrarca es la Curia Romana en su conjunto. Antaño al servicio del Papa, durante los últimos doce años se ha convertido en un aparato burocrático y doctrinal revolucionario que dicta al Papa la agenda que debe seguir.

La propuesta del nuevo canon afirma que la totalidad de los bautizados, al haber recibido la unción del Espíritu Santo, «no puede errar en materia de fe».

El propio León XIV dijo al comienzo de su pontificado: «Los papas pasan, la Curia permanece»: un anuncio que parecía revelador y programático. La Curia bergogliana actúa ahora procurando preservar la aceleración iniciada por su padre fundador y encuentra sus centros neurálgicos en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, una auténtica caja de resonancia de la agenda ecologista y una interfaz privilegiada con los Movimientos Populares y la ONU; en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, dirigido hasta ahora por el cardenal Fernández; y en el Dicasterio para el Culto Divino, que pretende llevar adelante una agenda precisa de reforma litúrgica (también llamada demolición).

LAS DIVERSAS ETAPAS DE LA REVOLUCIÓN FILOSÓFICO-RELIGIOSA POSCONCILIAR

 


Por DON CURZIO NITOGLIA

 

La Revolución cultural/teológica del posconcilio

1.º) con Juan Pablo II —de 1978 a 2005— se caracterizó, sobre todo, por el intento de regresar al judeocristianismo, que ya había sido condenado por el Concilio de Jerusalén bajo san Pedro en el año 49;

2.º) con Benedicto XVI —de 2005 a 2013— se distinguió especialmente por el intento de presentar la ruptura dogmática neomodernista real en continuidad ideal con la Tradición divino-apostólica;

3.º) con Francisco —de 2013 a 2025— se caracterizó, ante todo, por la revelación brutal, pero al menos en parte sincera, del alcance teológico y litúrgico revolucionario del Concilio Vaticano II y del posconcilio; y, finalmente,

4.º) con León XIV —2025/2026…— se ha distinguido particularmente por una agresividad sustancialmente modernista, enmascarada bajo apariencias clericales de marca, afectadamente conservadoras y ceremoniosamente apacibles en las formas, pero duras en cuanto a su sustancia despiadada: «Ferociter in re et suaviter in modo» [«Con ferocidad en el fondo y suavidad en las formas»].

La «segunda guerra civil europea» (1939-1945) como ariete para derribar la cultura metafísica de la Antigüedad clásica y de la Patrística y la Escolástica.

Lamentablemente:

1.º) la maniobra iniciada en 1943, con el desembarco «aliado» en Sicilia, que por desgracia no se detuvo en la «línea de playa»…;

2.º) la fundación de Pro Deo en Roma (1944-1946);

3.º) la promulgación del Concilio Vaticano II (8 de diciembre de 1965);

4.º) el «lanzamiento», en Roma, de la «misa beat» de Morlion (1966); y, después,

5.º) la «promulgación» del «Novus Ordo Missae» (1969), han destruido parcialmente la mentalidad metafísico-jurídica de la Antigüedad grecorromana, perfeccionada por la Cristiandad, y la especificidad dogmática del catolicismo romano, para asestarles finalmente el golpe de gracia a partir de la judaización del ambiente eclesial romano, sobre todo:

6.º) con Juan Pablo II (Maguncia, 17 de noviembre de 1980: «La Antigua Alianza nunca ha sido revocada»; Gran Templo o Sinagoga de Roma, 13 de abril de 1986, más el «Te Deum» en la iglesia del Gesù de Roma, el 31 de diciembre de 1986: «Los judíos, hermanos mayores de los cristianos […] / en la Fe de Abrahán»; la jornada panecuménica de Asís, el 27 de octubre de 1986, repetida cada «decenio de la era conciliar», que por desgracia ha durado más de veinte años); llevadas teológicamente al cenit, de manera discretamente oculta, académica y encubierta, por

7.º) Benedicto XVI (bajo la apariencia de una «hermenéutica de la continuidad», siempre afirmada pero nunca demostrada, como decía monseñor Brunero Gherardini) y por

8.º) el papa Francisco, que finalmente se quitó la máscara de la aparente «continuidad» bien educada para mostrar toda la fealdad, descamisada y maleducada, de la «ruptura» con la Tradición divino-apostólica; y, finalmente, continuadas sustancialmente por

9.º) León XIV; quien, aunque vista de «clergyman de marca» y se mueva pomposa y ceremoniosamente como Benedicto, en realidad actúa esencialmente como Francisco («latet in herba anguis», Publio Virgilio Marón, Bucólicas, III, 93).

Conclusión:

La esencia de EE. UU. es la antirromanidad. El catolicismo ha sido y sigue siendo percibido hoy en EE. UU. como una «religiosidad» o ideología partidista extranjera (romana o europea), esencialmente antiestadounidense (y así es, o mejor dicho, así era hasta 1958, «sed portae inferi non praevalebunt»). Esta teoría nace del puritanismo anglosajón (de matriz judeotalmúdica) y llega hasta las recientes polémicas antieuropeas y antipapistas de Donald Trump (abril de 2026), instigado por su yerno, el lubavitch Jared Kushner, que por desgracia han encontrado eco también en el ambiente católico litúrgicamente conservador. Si Prevost es modernista (y por desgracia lo es), Trump no es Carlomagno (y por desgracia no lo es); más bien sería un «nuevo Ciro» (esta vez prosionista, al servicio del dúo «Kushner/Netanyahu»), que no solo —el 6 de diciembre de 2017— convirtió Jerusalén en capital del Estado de Israel, anulando su internacionalidad, sino que apoya la «explanada» de Gaza y la «explanada» de la… Explanada del Templo o de la Mezquita de Omar, en el monte Moria, por parte del Ejército «más moral del mundo» (el «Tsahal»), con la ayuda del servicio secreto «más inmaculado del mundo» (el Mossad y el Shin Bet), para la reconstrucción del Tercer Templo, ya intentada en el año 362 por el emperador Juliano el Apóstata.

La identidad cultural de EE. UU. se ha construido, en parte, también sobre la demonización del catolicismo romano, que para los americanistas sería una religiosidad extranjera e intolerante, o enemiga de la libertad absoluta (también y sobre todo de hacer el mal), sobre la cual descansan los fundamentos estadounidenses. Por eso, el puritanismo excluye por principio la doble pertenencia de un ciudadano estadounidense a EE. UU. y a la Iglesia romana; exactamente como la Iglesia romana excluye la doble pertenencia a la masonería y a la Iglesia católica (CIC de 1917, canon 2335).

Actualidad del «caso Morlion»

El estudio del «caso Morlion» resulta muy útil en esta época en la que EE. UU. y su «padrino/amo» (Israel) han abierto varios frentes de guerra (Líbano, Irak, Siria, Libia, Rusia, Palestina, Yemen e Irán) que podrían incendiar el mundo (dada la presencia de EE. UU., Rusia y quizá también China) y precipitarlo en el torbellino de un tercer conflicto nuclear mundial, que convertiría todo el planeta en una extensión desértica en sus tres cuartas partes. Después de este conflicto ya no se podría escribir un libro titulado, como el de monseñor Henri Delassus: «El porqué de la Tercera Guerra Mundial»; en efecto, ya casi no quedaría nadie capaz de volver a escribir.

La política americanista de la «mano tendida»: ¿Salir del «guetto»?

Algunos católicos teoconservadores, para salir del «guetto» en el que la modernidad los ha recluido, están aceptando —sin advertirlo, poco a poco y en la práctica—, si no las ideas, al menos la forma de actuar o el «estado de ánimo» de los judaizantes/americanistas («vacunismo covidista forzoso», simpatía por el esoterismo tradicional [al estilo de Elémire Zolla], antiputinismo, sionismo incluso después de Gaza 2024-2026, trumpismo antiiraní: nótese bien, no antimusulmán…, sino sobre todo antiárabe y antiiraní).

Transbordo teológico inadvertido

Asistimos, en resumen, a un transbordo teológico inadvertido hacia el americanismo, especialmente después del «tornado Trump», considerado por los «conservadores extremos» o «teoconservadores» como el «nuevo san Benito (después de la “operación Benedicto XVI”)», restaurador de la neocristiandad, que va «del Atlántico a Israel» y ya no «del Atlántico a los Urales», como decía Juan Pablo II. Si por «Atlántico» se partiera de España y Portugal, no habría nada que objetar; en cambio, si se partiera del este de EE. UU., entonces surgiría algún problema de «doble pertenencia» para nosotros, los mediterráneos…

Los neoconservadores y «Caperucita Roja»

La intención de encontrar una salida a las circunstancias de los tristísimos tiempos actuales refleja la actitud del ingenuo (no necesariamente malvado), que acepta una insidiosa «mano tendida» sin darse cuenta de que esa mano acabará llevándolo a cruzar el Rubicón hacia el error y la injusticia (cf. cardenal Alfredo Ottaviani, Doveri dello Stato verso la Chiesa, Roma, 1952), como le ocurrió a la pobre «Caperucita Roja», devorada por el lobo feroz.

La «mano tendida» a la Romanidad: ayer desde la URSS, hoy desde EE. UU.

Ayer (años cincuenta-setenta), la «mano tendida» al catolicismo era la del comunismo de «rostro humano» (Gramsci, Togliatti y Berlinguer), y muchos católicos se convirtieron en apóstatas al pasarse al comunismo materialista y ateo, afirmando: «¿Cómo se puede rechazar una “mano tendida” de una entidad que parecía tan temible, pero que se ha mostrado tan caritativa, proponiendo incluso el compromiso histórico?».

El americanismo como vanguardia de la conjura anticristiana

Hoy, en cambio, es la mano tendida del neomodernismo ascético-político; es decir, de la democracia llamada «cristiana», pero en realidad modernista, y del americanismo. En definitiva, la mano tendida actual es la de León XIV/Trump (el papa y el «rey», estadounidenses: el «gran papa y el gran monarca», que antaño eran franceses, pero ahora son estadounidenses…), quienes parecen haber abandonado el odio hacia la Tradición (que, en cambio, era palpable en tiempos de Pablo VI/Clinton y Obama) y estar dispuestos a concederle al menos una tolerancia práctica (típicamente estadounidense) o un compromiso: ayer «histórico» (años setenta), hoy «metahistórico» o «metafísico», puesto que está proyectado hacia un «Nuevo Orden Mundial» fundado en el transhumanismo y la inteligencia artificial, en el que el hombre finalmente se hará como Dios mediante sus propias fuerzas y las de las máquinas o los microchips de los diversos Peter Thiel, Noah Harari y Elon Musk.

Del «comunismo de rostro humano» al «americanismo de rostro humanoide»

Por desgracia, el mismo estribillo que estaba en boca de los católicos progresistas de ayer se encuentra hoy en boca de los «conservadoristas»: «¡Por fin un poder político-religioso de “rostro humano”: Trump/León XIV! ¿Cómo se puede rechazar su “mano tendida” a la Tradición/conservadora y su “compromiso metahistórico” con el conservadurismo/neotradicional?».

El error de los conservadores «ingenuos», que estrechan una mano tendida benévolamente —solo al principio— y que después los estrangulará, consiste precisamente en no poner en práctica (aunque las conozcan en teoría) las armas de la verdad que los Romanos Pontífices, durante este último siglo hasta Pío XII, han impartido a los católicos mediante alocuciones y enseñanzas de toda clase para combatir la modernidad y las fuerzas ocultas de la subversión (el judaísmo talmúdico y la masonería). Los teoconservadores no quieren tomar conciencia de ello, como si se tratara de cuentos inventados por los «conspiracionistas» (que serían el «mal absoluto» para el conservadurismo moderadamente cristianista).

La «nueva élite judía» que domina el mundo

Finalmente podemos estudiar el fenómeno de la «nueva élite tecnocrático-tradicional judeoestadounidense», que, mediante una supertecnología altamente avanzada, se ha apoderado del mundo a través de las industrias armamentística, farmacéutica y financiera, perfeccionando a la «vieja élite» bancaria de los Rothschild (1750-2000), la cual sigue vigilando entre bastidores, aunque discretamente, a los «jóvenes tecnócratas», sin pretender aludir en absoluto a los «cuellos blancos» de la «mafia»…

 

 

LA IGLESIA SINODAL NO ES LA IGLESIA CATOLICA

 


Soportamos una época en la que los así llamados obispos católicos:

Prohíben la Misa en latín.

Prohíben a los fieles asistir a la Misa en latín.

Prohíben a los fieles rezar la oración a San Miguel.

Prohíben a obispos y sacerdotes que defienden el magisterio perenne.

Prohíben a comunidades religiosas que defienden la Misa perenne y la doctrina.

Prohíben a profesores laicos que defienden el magisterio perenne.

Quieren imponer a los fieles que no llamen Corredentora a la Santísima Virgen.

Y se espera que obedezcamos y no digamos nada, o de lo contrario también seríamos prohibidos.

Cuando exponer la herejía se trata como cometer herejía, estás gobernado por herejes.

La nueva iglesia sinodal no es la Iglesia Católica.

 

https://x.com/ProtecttheFaith/status/2112128211224027442?s=20

O QUE ESTÁ POR TRÁS DAS REVOLTAS NA EUROPA? FRANÇA, ITÁLIA E ESPANHA

 

LA HISTORIA SECRETA DE LOS BANCOS CENTRALES (Y QUIÉN LOS CONTROLA)

 

PROHIBIR LA ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL: UNA ORDEN QUE FIRMARÍA EL DEMONIO

 


por MIGUEL ESCRIVÁ

18 octubre, 2026

 

Monseñor Mark Beckman, obispo de Knoxville (Tennessee), ha publicado en su periódico diocesano una columna titulada «San Miguel Arcángel, ruega por nosotros». Bajo ese título, con la serenidad de quien firma un trámite, comunica que ha pedido a sus sacerdotes que retiren las oraciones que los fieles rezan juntos antes de la Misa y nada más terminarla. La primera en caer es precisamente la oración a San Miguel. El título invoca al arcángel y el texto lo expulsa del templo.

Un panegírico con orden de destierro

La columna rebosa elogios. León XIII compuso la oración, san Juan Pablo II pidió rezarla, Francisco la recomendó, forma parte del tesoro de oración de la Iglesia y el mundo de hoy necesita, dice el propio obispo, la protección del arcángel. Con todo eso reconocido por escrito, la conclusión resulta incomprensible: fuera de la iglesia. Se admite la urgencia del combate y se ordena enfundar la espada. Ningún general cuerdo daría semejante instrucción a sus tropas en mitad de la batalla.

El obispo reconoce que sus fieles aman esas oraciones y que les dolerá perderlas. Lo sabe y lo hace igualmente. Ese cariño del pueblo, que cualquier pastor custodiaría como un tesoro, aparece en su texto como una resistencia que conviene vencer con paciencia y catequesis.

Ninguna ley lo exige

El pretexto litúrgico se desmorona en cuanto se examina. La Misa termina con la despedida. Lo que los fieles rezan después del «podéis ir en paz» queda fuera de la celebración, igual que las últimas oraciones de personales o la vela encendida ante una imagen. Ninguna rúbrica lo prohíbe. Sacrosanctum Concilium, el documento que monseñor Beckman cita con devoción, recomienda vivamente en su número 13 los ejercicios piadosos del pueblo cristiano, y el canon 214 protege el derecho de los fieles a su propia vida espiritual. Para suprimir una oración que ninguna norma veta hace falta algo más que celo litúrgico. Hace falta voluntad de suprimirla.

Y la «participación activa», esa fórmula conciliar invocada para todo, se usa aquí para acallar a una asamblea que reza en voz alta y al unísono. Pocas veces se ha retorcido tanto una expresión.

A quién beneficia

La pregunta clásica del jurista, cui prodest, tiene en este caso una respuesta escalofriante. La oración a San Miguel pide expresamente que Satanás y los espíritus malignos sean arrojados al infierno. Retirarla del templo no beneficia a los fieles, que pierden una devoción amada; tampoco a la liturgia, que permanece intacta; tampoco a los sacerdotes, condenados a explicar lo inexplicable. Solo hay un beneficiario posible, y es precisamente aquel contra quien se rezaba. Es difícil imaginar una orden diocesana que el enemigo firmara con más gusto.

Pablo VI habló en 1972 del humo de Satanás que se había infiltrado por alguna grieta en el templo de Dios. Medio siglo después, ese humo ya no necesita grietas: le basta una circular que manda callar a quienes pedían defensa contra él. En 2018, en plena crisis de abusos, decenas de obispos norteamericanos, entre ellos el entonces obispo de Knoxville, Richard Stika, pidieron recuperar esta oración tras la Misa porque intuyeron que la podredumbre tenía también un origen preternatural. Su sucesor la retira. El mal no ha desaparecido de la Iglesia; solo se ha suprimido la oración que lo nombraba.

Un Papa llamado León

Bajo el pontificado de León XIV, un obispo entierra la oración de León XIII con todos los honores y una sonrisa. León XIII la compuso, según la tradición, tras una visión que le mostró el asedio del demonio sobre la Iglesia. Hoy ese asedio parece encontrar aliados inesperados dentro de la propia ciudadela.

Los católicos de Knoxville, y todos los católicos preocupados por la Misa, saben lo que tienen que hacer. Arrodillarse cuando el sacerdote se retire a la sacristía y rezar, en voz alta y sin pedir permiso:

 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

 

https://infovaticana.com/2026/10/18/prohibir-la-oracion-a-san-miguel-arcangel-una-orden-que-firmaria-el-demonio/

 

EL ECLIPSE DE OCCIDENTE

 


Tradición, memoria y el suicidio espiritual de una civilización.

 

Por RICARDO ZORNOSA SALAZAR

 

I.              El mundo de ayer y el marco compartido

La primera generación de la posguerra fue, probablemente, la que asistió a la transformación más drástica y vertiginosa de la sociedad occidental. En apenas unas décadas cambiaron profundamente las estructuras políticas, las costumbres, la vida religiosa, la familia, la escala de valores y, en última instancia, la propia concepción del hombre.

Quienes nacieron lejos de los horrores de la guerra no lo hicieron, desde luego, en un paraíso. Había violencia, crímenes, conflictos, envidias y todos los males que han acompañado siempre a la condición humana. Sin embargo, aquellas sociedades conservaban algo que hoy parece haberse perdido en buena medida: un marco moral compartido, esencialmente cristiano, que contribuía a poner límites al mal, a contenerlo y a orientar la vida social conforme a unos principios reconocidos por la mayoría.

 

II.        Hispanoamérica: fe, comunidad y tradición rurales

En Hispanoamérica pervivían sociedades rurales profundamente católicas que parecían detenidas en el tiempo. Articuladas en torno a la familia, la parroquia y la comunidad, y cohesionadas por una fe, unas costumbres y unas tradiciones compartidas. La palabra empeñada — considerada sagrada— conservaba un valor cuya importancia hoy resulta difícil transmitir a las nuevas generaciones. Muchos pueblos vivían con una confianza elemental en sus vecinos y en sus instituciones; la familia constituía el centro de la vida social y la religión ofrecía un horizonte de sentido que se extendía desde el nacimiento hasta la muerte. 

En aquel contexto, los índices de criminalidad, drogadicción y suicidio eran, en términos generales, considerablemente inferiores a los actuales, al igual que la demanda de atención por problemas de salud mental. Aquellas sociedades, sin embargo, tampoco estaban exentas de las miserias humanas. La diferencia fundamental radicaba en otra parte: el mal aún no había sido rebautizado como progreso, ni la transgresión convertida sistemáticamente en un derecho. Subsistía una conciencia moral, más o menos extendida, de que era preciso cumplir los Mandamientos para alcanzar la salvación eterna. Se reconocía, en definitiva, que ciertas conductas eran intrínsecamente malas porque atentaban contra Dios, contra la propia naturaleza humana o contra los fundamentos de la familia y la comunidad.

 

III. La irrupción del "progreso" y el cambio de mentalidad

Después llegó el progreso. La televisión y los medios masivos penetraron hasta el último rincón de aquellas sociedades. La cultura popular comenzó a uniformarse bajo modelos provenientes de otras latitudes, mientras el consumo se convertía progresivamente en una nueva forma de aspiración social. Hollywood no solo exportó películas: exportó estilos de vida, modelos familiares, formas de felicidad y una nueva antropología. Lo que durante siglos había sido considerado virtud comenzó a parecer atraso; lo que había sido considerado pecado comenzó a presentarse como liberación.

Al mismo tiempo, las leyes fueron modificando profundamente el orden social: el divorcio y otras transformaciones jurídicas expresaron y, a su vez, aceleraron el cambio de mentalidad. Las nuevas ideologías y corrientes religiosas encontraron un espacio cada vez mayor, mientras el catolicismo, que había constituido durante siglos el principal fundamento de las naciones hispánicas, de sus leyes y costumbres, comenzó a ser presentado como una reliquia del pasado y, en algunos ambientes, incluso como uno de los obstáculos para alcanzar el progreso material.

miércoles, 21 de octubre de 2026

CONTRA LA BARBARIE ORQUESTADA

 


Las escenas de guerrilla urbana que en estos días han devastado París, Lyon, Marsella, Limoges y —en Italia— Milán, Turín, Bolonia y otras ciudades no pueden reducirse a simples disturbios de plaza: son manifestaciones de violencia y de barbarie que transforman las calles en campos de batalla. Saqueos, incendios de edificios públicos y de tiendas, ataques a las fuerzas del orden, cientos de heridos, miles de arrestos: lo que se presenta como protesta contra el encarecimiento de la vida es en realidad uno de los instrumentos principales de la planificación científica con la que la élite tecnocrática globalista pretende introducir y alimentar focos de guerra civil en la población.

El malestar económico es real, pero se exacerba deliberadamente y luego se desvía. Grupos organizados —black bloc, núcleos de la ultraizquierda, bandas de jóvenes en su mayoría extracomunitarios que actúan “sin órdenes” según el modelo francés— transforman manifestaciones teóricamente pacíficas en caos controlado y fomentado. El objetivo es claro: crear el pretexto para legitimar nuevas formas de represión, de control social y de compresión de las libertades residuales. En todo esto no hay nada de espontáneo.

Condeno la complicidad de los gobernantes. Ellos han contribuido a generar las condiciones de empobrecimiento y de alienación, y ahora se sirven del desorden para fortalecer el aparato represivo, mientras pronuncian condenas de fachada. Condeno asimismo la traición de la jerarquía de la iglesia conciliar-sinodal, totalmente esclavizada a la élite tecnocrática globalista. En lugar de llamar a las almas al orden, a la justicia y a la Verdad perenne, ella calla, o peor aún, consiente, prefiriendo el diálogo con los poderes del mundo a la fidelidad al Evangelio y al Magisterio de siempre. Cuando la autoridad —civil y eclesiástica— deja de retener el error y se convierte en su vehículo, se consuma esa fractura que San Pablo describe como mysterium iniquitatis (2 Ts 2, 7-8).

La división es obra del divisor, Satanás. Quien alimenta deliberadamente el caos para luego imponer su propio orden no actúa por el bien de las almas, sino por la consolidación de un poder que ha repudiado a Cristo Rey. Mientras esta planificación no sea desenmascarada, todo pretexto de “renovación” o de “justicia social” seguirá al servicio de la iniquidad.

Reunámonos alrededor de la Verdad inmutable y de la Tradición apostólica. No ratifiquemos el error, no consintamos a la mentira. “Estad firmes y mantened las tradiciones que habéis aprendido” (2 Ts 2, 15).

 

MONS. CARLO-MARIA VIGANO

EL MAL MENOR EN POLITICA. HISTORIA Y APLICACIONES ACTUALES

 


Versão em portugués:

https://institutojacksondefigueiredo.org/politica-tradicional/o-mal-menor


martes, 20 de octubre de 2026

PRINCIPIO DEL MOTOR DE LA REVOLUCIÓN: LA TRAMPA FATAL DEL SUFRAGIO UNIVERSAL

 


Por FAOUDEL

10 de diciembre de 2021

 

Numerosos católicos y/o monárquicos esperan restaurar la ciudad tradicional —o al menos frenar la Revolución— por medio del sufragio universal. Para ello bastaría una campaña electoral o una labor de presión bien llevada. En efecto, es difícil resistir a la tentación de atrapar al adversario en su propia trampa, utilizando el arma que pone a nuestra disposición, a saber, el sufragio universal. Y, sin embargo, esto supondría equivocarse trágicamente acerca de la naturaleza del arma del enemigo, pues esta corrompe a todos los que la utilizan. El siguiente documento intenta poner de manifiesto el principio del motor de la Revolución. [La Redacción]

 

Tabla de contenidos

Introducción

Las dos ciudades

El motor de la Revolución

La espantosa trampa del sufragio universal

¿Cómo detener el motor revolucionario?

 

Introducción


A lo largo de este estudio, intentaremos modelizar el funcionamiento del proceso revolucionario.

Un modelo es una descripción, una representación de la realidad destinada a hacerla inteligible para nosotros. Si un modelo nunca pretende identificarse con la verdad —con un conocimiento perfecto de un fenómeno, de un proceso o de una cosa—, en cambio, permite adquirir un mayor conocimiento de la verdad sobre el objeto del estudio.

Ahora bien, el fenómeno revolucionario, por su magnitud y por el carácter inexorable de su propagación, parece confirmar la creencia de sus promotores según la cual existiría un sentido de la historia, un progreso de la humanidad. Por el contrario, al pensador tradicionalista le resulta casi ininteligible, hasta tal punto que algunos se sienten tentados a explicar su expansión por la sola intervención sobrenatural de fuerzas demoníacas. Se plantea, pues, la cuestión: ¿estaría toda ciudad tradicional condenada a desaparecer definitivamente?

Por otra parte, la Revolución francesa, que contempla el derrocamiento de una monarquía más que milenaria, nacida de la alianza del Trono y el Altar, del pacto de Tolbiac entre Clodoveo y Dios, constituye un acontecimiento tan considerable que los defensores de la Francia tradicional llegan a llamarse a sí mismos «contrarrevolucionarios». Se definen, por tanto, en relación con su enemigo, como si hubieran perdido su identidad.

Estos, porque olvidan los principios tradicionales, se sienten tentados a combatir a la Revolución en su propio terreno y con las herramientas que esta pone a su disposición, como el sufragio universal. Sin embargo, ¿es el voto, practicado en estas condiciones, un arma tan neutral como creen o pretenden? ¿No produce ningún efecto sobre quien la utiliza?

Para responder a estas preguntas, y puesto que se trata de una guerra entre un mundo tradicional y un mundo revolucionario, comenzaremos consultando a un ilustre guerrero, el general chino Sun Tzu (siglo VI a. C.). En su obra El arte de la guerra, este declara:

Quien conoce al otro y se conoce a sí mismo, en cien combates no será derrotado; quien no conoce al otro, pero se conoce a sí mismo, será vencedor una vez de cada dos; quien no conoce al otro ni se conoce a sí mismo será siempre derrotado1.

Debemos, por tanto, comenzar intentando identificar correctamente las dos fuerzas en presencia.

 

Las dos ciudades

 

Una distinción tradicional

 

Hay que reconocer en el bereber san Agustín (354-430) a uno de los principales artífices del Occidente cristiano, y su obra maestra, La ciudad de Dios, sigue siendo una referencia en las ciencias políticas. En esta obra, el obispo de Hipona distingue dos ciudades:

Dos amores fundaron dos ciudades; el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios hizo la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo hizo la ciudad de Dios2.

El medievalista Lemarignier (1908-1980) comenta:

La ciudad de Dios es la ciudad de los justos que buscan el Reino de Dios antes de formar parte, en el cielo, del número de los elegidos. A esta ciudad de Dios, civitas Dei, san Agustín opone la ciudad terrena, civitas terrena, que agrupa a quienes no buscan el Reino de Dios. A unos y a otros les dio el nombre místico de «ciudad»3.

Con el advenimiento de la modernidad, el amor de sí mismo toma su revancha; la Ilustración lo dota de un corpus doctrinal y político que produce un tipo de sociedad inédito en la historia de la humanidad: Dios está ausente de sus instituciones y relegado a la esfera privada.

Para hacer eco de la antigua distinción agustiniana y dar cuenta de la aparición de esta novedad, sociólogos, historiadores y filósofos han introducido los conceptos de heteronomía y autonomía.

VOTAR: DEL MAL MENOR AL VOTO ÚTIL

 


Por JAVIER GARISOAIN

 

El argumento del «mal menor» se invoca regularmente durante los períodos electorales para obligar en conciencia a los católicos y a los monárquicos a votar por tal o cual candidato. Ahora bien, es precisamente este argumento el que constituye el mecanismo que permite la instauración de los peores regímenes. [En efecto: la mayoría de los votantes no vota porque sea partidario de una causa o un candidato, sino que vota en contra de uno de los dos candidatos, vota, pues por el que considera el menos malo. Nota del blog] La filósofa Hannah Arendt —que dedicó su vida a investigar las causas de los totalitarismos— explica la razón: «Políticamente, la debilidad del argumento del mal menor siempre ha sido que quienes eligen el mal menor olvidan muy rápidamente que han elegido el mal 1».

En su artículo El mal menor y el voto útil, Javier Garisoain —secretario general de la Comunión Tradicionalista Carlista— vuelve sobre la distinción que debe establecerse entre la «doctrina moral tradicional del mal menor» y la «táctica política del mal menor». En efecto, es esta táctica la que, al tratar de legitimar el voto útil sin preocuparse por el régimen, conduce a las catástrofes.

Agradecemos a su autor que haya tenido a bien autorizar a la UCLF a publicar la traducción de su análisis. [La Redacción]

Índice

Introducción

La doctrina moral del mal menor

La táctica política del mal menor

¿Cómo nace la táctica de votar por el mal menor?

¿Cómo ha evolucionado la táctica del mal menor?

La ineficacia de la táctica de votar por el mal menor Conclusión

 

Introducción

 

En este breve estudio nos proponemos distinguir la doctrina moral del mal menor, que es lícita, y la táctica política del mal menor, que es más discutible. A continuación, examinaremos las circunstancias históricas que vieron nacer esta táctica y la manera en que ha evolucionado en el mundo católico. Finalmente, terminaremos con algunas reflexiones sobre la moralidad y la eficacia de lo que se denomina el «voto útil».

LECCIÓN DE DEMOCRACIA, POR ARISTÓFANES Y GEORGES FRÊCHE

 


 

El sistema democrático presenta una incapacidad estructural para realizar el bien común, la felicidad y el honor de un pueblo. No se lo puede presentar como un «buen régimen», ni siquiera cabe pensar en utilizarlo para llegar al gobierno, pues, de hecho, obliga al candidato a una verdadera prostitución en su búsqueda de papeletas electorales. Esta degradación inevitable lleva mecánicamente al poder a hombres mediocres y sin escrúpulos, lo que genera un desprecio recíproco entre el pueblo y los políticos.

 

Por FAOUDEL

19 de marzo de 2022

 

Si en el pensamiento tradicional el objeto de todo buen gobierno es hacer virtuosos a los hombres para realizar el bien común, no ocurre lo mismo con la democracia. Desde la Antigüedad hasta nuestros días, con un soberano desprecio por el pueblo, esta siempre ha promovido estructuralmente el vicio y la mediocridad. Así pues, la hilarante crítica de la democracia ateniense realizada por Aristófanes resuena curiosamente con el pensamiento político del socialista Georges Frêche. En su lección de democracia, este, con su franqueza, expresa en voz alta lo que todo candidato a las elecciones piensa en voz baja: «¡Los imbéciles son mayoría! Y yo siempre he sido elegido por una mayoría de imbéciles; y esto continúa, porque sé cómo engatusarlos».

 

Índice

Retrato de la democracia ateniense por Aristófanes

Lección de democracia por el socialista Georges Frêche

Algunas observaciones

Conclusión

 

Retrato de la democracia ateniense por Aristófanes

 

El siguiente texto está extraído de la comedia titulada Los caballeros 1 del dramaturgo griego Aristófanes (424 a. C.).

Para combatir al demagogo Cleón, el partido de los Caballeros se desespera al no encontrar un candidato a la altura. Un oráculo revela que un vendedor de tripas será capaz de seducir al pueblo —aquí encarnado por el personaje llamado Demos—. Nicias y Demóstenes parten en busca del campeón —o, mejor dicho, ¿de la marioneta?— que consagrará la victoria del partido de los Caballeros en las elecciones. Finalmente, lo encuentran:

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...