Por DON
CURZIO NITOGLIA
La Revolución cultural/teológica del posconcilio
1.º) con
Juan Pablo II —de 1978 a 2005— se caracterizó, sobre todo, por el intento de
regresar al judeocristianismo, que ya había sido condenado por el Concilio de
Jerusalén bajo san Pedro en el año 49;
2.º) con
Benedicto XVI —de 2005 a 2013— se distinguió especialmente por el intento de
presentar la ruptura dogmática neomodernista real en continuidad ideal con la
Tradición divino-apostólica;
3.º) con
Francisco —de 2013 a 2025— se caracterizó, ante todo, por la revelación brutal,
pero al menos en parte sincera, del alcance teológico y litúrgico
revolucionario del Concilio Vaticano II y del posconcilio; y, finalmente,
4.º) con
León XIV —2025/2026…— se ha distinguido particularmente por una agresividad
sustancialmente modernista, enmascarada bajo apariencias clericales de marca,
afectadamente conservadoras y ceremoniosamente apacibles en las formas, pero
duras en cuanto a su sustancia despiadada: «Ferociter in re et suaviter in
modo» [«Con ferocidad en el fondo y suavidad en las formas»].
La «segunda guerra civil europea» (1939-1945) como
ariete para derribar la cultura metafísica de la Antigüedad clásica y de la
Patrística y la Escolástica.
Lamentablemente:
1.º) la
maniobra iniciada en 1943, con el desembarco «aliado» en Sicilia, que por
desgracia no se detuvo en la «línea de playa»…;
2.º) la
fundación de Pro Deo en Roma (1944-1946);
3.º) la
promulgación del Concilio Vaticano II (8 de diciembre de 1965);
4.º) el
«lanzamiento», en Roma, de la «misa beat» de Morlion (1966); y, después,
5.º) la
«promulgación» del «Novus Ordo Missae» (1969), han destruido parcialmente la
mentalidad metafísico-jurídica de la Antigüedad grecorromana, perfeccionada por
la Cristiandad, y la especificidad dogmática del catolicismo romano, para asestarles
finalmente el golpe de gracia a partir de la judaización del ambiente eclesial
romano, sobre todo:
6.º) con
Juan Pablo II (Maguncia, 17 de noviembre de 1980: «La Antigua Alianza nunca ha sido revocada»; Gran Templo o Sinagoga
de Roma, 13 de abril de 1986, más el «Te Deum» en la iglesia del Gesù de Roma,
el 31 de diciembre de 1986: «Los judíos,
hermanos mayores de los cristianos […] / en la Fe de Abrahán»; la jornada
panecuménica de Asís, el 27 de octubre de 1986, repetida cada «decenio de la
era conciliar», que por desgracia ha durado más de veinte años); llevadas
teológicamente al cenit, de manera discretamente oculta, académica y
encubierta, por
7.º)
Benedicto XVI (bajo la apariencia de una «hermenéutica de la continuidad»,
siempre afirmada pero nunca demostrada, como decía monseñor Brunero Gherardini)
y por
8.º) el papa
Francisco, que finalmente se quitó la máscara de la aparente «continuidad» bien
educada para mostrar toda la fealdad, descamisada y maleducada, de la «ruptura»
con la Tradición divino-apostólica; y, finalmente, continuadas sustancialmente
por
9.º) León
XIV; quien, aunque vista de «clergyman de marca» y se mueva pomposa y
ceremoniosamente como Benedicto, en realidad actúa esencialmente como Francisco
(«latet in herba anguis», Publio Virgilio Marón, Bucólicas, III, 93).
Conclusión:
La esencia
de EE. UU. es la antirromanidad. El catolicismo ha sido y sigue siendo
percibido hoy en EE. UU. como una «religiosidad» o ideología partidista
extranjera (romana o europea), esencialmente antiestadounidense (y así es, o
mejor dicho, así era hasta 1958, «sed portae inferi non praevalebunt»). Esta
teoría nace del puritanismo anglosajón (de matriz judeotalmúdica) y llega hasta
las recientes polémicas antieuropeas y antipapistas de Donald Trump (abril de
2026), instigado por su yerno, el lubavitch Jared Kushner, que por desgracia
han encontrado eco también en el ambiente católico litúrgicamente conservador.
Si Prevost es modernista (y por desgracia lo es), Trump no es Carlomagno (y por
desgracia no lo es); más bien sería un «nuevo Ciro» (esta vez prosionista, al
servicio del dúo «Kushner/Netanyahu»), que no solo —el 6 de diciembre de 2017—
convirtió Jerusalén en capital del Estado de Israel, anulando su
internacionalidad, sino que apoya la «explanada» de Gaza y la «explanada» de
la… Explanada del Templo o de la Mezquita de Omar, en el monte Moria, por parte
del Ejército «más moral del mundo» (el «Tsahal»), con la ayuda del servicio
secreto «más inmaculado del mundo» (el Mossad y el Shin Bet), para la
reconstrucción del Tercer Templo, ya intentada en el año 362 por el emperador
Juliano el Apóstata.
La identidad
cultural de EE. UU. se ha construido, en parte, también sobre la demonización
del catolicismo romano, que para los americanistas sería una religiosidad
extranjera e intolerante, o enemiga de la libertad absoluta (también y sobre
todo de hacer el mal), sobre la cual descansan los fundamentos estadounidenses.
Por eso, el puritanismo excluye por principio la doble pertenencia de un
ciudadano estadounidense a EE. UU. y a la Iglesia romana; exactamente como la
Iglesia romana excluye la doble pertenencia a la masonería y a la Iglesia
católica (CIC de 1917, canon 2335).
Actualidad del «caso Morlion»
El estudio
del «caso Morlion» resulta muy útil en esta época en la que EE. UU. y su
«padrino/amo» (Israel) han abierto varios frentes de guerra (Líbano, Irak,
Siria, Libia, Rusia, Palestina, Yemen e Irán) que podrían incendiar el mundo
(dada la presencia de EE. UU., Rusia y quizá también China) y precipitarlo en
el torbellino de un tercer conflicto nuclear mundial, que convertiría todo el
planeta en una extensión desértica en sus tres cuartas partes. Después de este
conflicto ya no se podría escribir un libro titulado, como el de monseñor Henri
Delassus: «El porqué de la Tercera Guerra Mundial»; en efecto, ya casi no
quedaría nadie capaz de volver a escribir.
La política americanista de la «mano tendida»:
¿Salir del «guetto»?
Algunos
católicos teoconservadores, para salir del «guetto» en el que la modernidad los
ha recluido, están aceptando —sin advertirlo, poco a poco y en la práctica—, si
no las ideas, al menos la forma de actuar o el «estado de ánimo» de los
judaizantes/americanistas («vacunismo covidista forzoso», simpatía por el
esoterismo tradicional [al estilo de Elémire Zolla], antiputinismo, sionismo
incluso después de Gaza 2024-2026, trumpismo antiiraní: nótese bien, no
antimusulmán…, sino sobre todo antiárabe y antiiraní).
Transbordo teológico inadvertido
Asistimos,
en resumen, a un transbordo teológico inadvertido hacia el americanismo,
especialmente después del «tornado Trump», considerado por los «conservadores
extremos» o «teoconservadores» como el «nuevo san Benito (después de la
“operación Benedicto XVI”)», restaurador de la neocristiandad, que va «del
Atlántico a Israel» y ya no «del Atlántico a los Urales», como decía Juan Pablo
II. Si por «Atlántico» se partiera de España y Portugal, no habría nada que
objetar; en cambio, si se partiera del este de EE. UU., entonces surgiría algún
problema de «doble pertenencia» para nosotros, los mediterráneos…
Los neoconservadores y «Caperucita Roja»
La intención
de encontrar una salida a las circunstancias de los tristísimos tiempos
actuales refleja la actitud del ingenuo (no necesariamente malvado), que acepta
una insidiosa «mano tendida» sin darse cuenta de que esa mano acabará
llevándolo a cruzar el Rubicón hacia el error y la injusticia (cf. cardenal
Alfredo Ottaviani, Doveri dello Stato verso la Chiesa, Roma, 1952), como le
ocurrió a la pobre «Caperucita Roja», devorada por el lobo feroz.
La «mano tendida» a la Romanidad: ayer desde la
URSS, hoy desde EE. UU.
Ayer (años
cincuenta-setenta), la «mano tendida» al catolicismo era la del comunismo de
«rostro humano» (Gramsci, Togliatti y Berlinguer), y muchos católicos se
convirtieron en apóstatas al pasarse al comunismo materialista y ateo,
afirmando: «¿Cómo se puede rechazar una “mano tendida” de una entidad que
parecía tan temible, pero que se ha mostrado tan caritativa, proponiendo
incluso el compromiso histórico?».
El americanismo como vanguardia de la conjura
anticristiana
Hoy, en
cambio, es la mano tendida del neomodernismo ascético-político; es decir, de la
democracia llamada «cristiana», pero en realidad modernista, y del
americanismo. En definitiva, la mano tendida actual es la de León XIV/Trump (el
papa y el «rey», estadounidenses: el «gran papa y el gran monarca», que antaño
eran franceses, pero ahora son estadounidenses…), quienes parecen haber
abandonado el odio hacia la Tradición (que, en cambio, era palpable en tiempos
de Pablo VI/Clinton y Obama) y estar dispuestos a concederle al menos una
tolerancia práctica (típicamente estadounidense) o un compromiso: ayer
«histórico» (años setenta), hoy «metahistórico» o «metafísico», puesto que está
proyectado hacia un «Nuevo Orden Mundial» fundado en el transhumanismo y la
inteligencia artificial, en el que el hombre finalmente se hará como Dios
mediante sus propias fuerzas y las de las máquinas o los microchips de los
diversos Peter Thiel, Noah Harari y Elon Musk.
Del «comunismo de rostro humano» al «americanismo
de rostro humanoide»
Por
desgracia, el mismo estribillo que estaba en boca de los católicos progresistas
de ayer se encuentra hoy en boca de los «conservadoristas»: «¡Por fin un poder
político-religioso de “rostro humano”: Trump/León XIV! ¿Cómo se puede rechazar
su “mano tendida” a la Tradición/conservadora y su “compromiso metahistórico”
con el conservadurismo/neotradicional?».
El error de
los conservadores «ingenuos», que estrechan una mano tendida benévolamente
—solo al principio— y que después los estrangulará, consiste precisamente en no
poner en práctica (aunque las conozcan en teoría) las armas de la verdad que
los Romanos Pontífices, durante este último siglo hasta Pío XII, han impartido
a los católicos mediante alocuciones y enseñanzas de toda clase para combatir
la modernidad y las fuerzas ocultas de la subversión (el judaísmo talmúdico y
la masonería). Los teoconservadores no quieren tomar conciencia de ello, como
si se tratara de cuentos inventados por los «conspiracionistas» (que serían el
«mal absoluto» para el conservadurismo moderadamente cristianista).
La «nueva élite judía» que domina el mundo
Finalmente
podemos estudiar el fenómeno de la «nueva élite tecnocrático-tradicional
judeoestadounidense», que, mediante una supertecnología altamente avanzada, se
ha apoderado del mundo a través de las industrias armamentística, farmacéutica
y financiera, perfeccionando a la «vieja élite» bancaria de los Rothschild
(1750-2000), la cual sigue vigilando entre bastidores, aunque discretamente, a
los «jóvenes tecnócratas», sin pretender aludir en absoluto a los «cuellos
blancos» de la «mafia»…