Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

lunes, 2 de noviembre de 2026

domingo, 1 de noviembre de 2026

APUNTES DESDE LA TRINCHERA - MOTUS IN FINE VELOCIOR

 

Soldado austrohúngaro, en una trinchera.

MOTUS IN FINE VELOCIOR

 

 

Por FRAY LLANEZA

 

 

“Participa a Mis Ministros que, en vista de que siguen el ejemplo del rey de Francia en la dilación de la ejecución de Mi Petición, también lo han de seguir en la aflicción. Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María”.

(Nuestro Señor a la Hna. Lucía. Relato de la vidente a Mons. da Silva, 29 de agosto de 1931)

 

“Ellos no han querido escuchar mi demanda. Como el rey de Francia, se arrepentirán, ellos lo harán, pero será tarde”.

(Nuestro Señor a la Hna. Lucía. En Notas personales, mayo 1936)

 

“Para todo sacerdote que quiera permanecer católico, es un deber estricto separarse de esta iglesia conciliar mientras ella no regrese a la tradición del magisterio de la iglesia y de la fe católica”.

(Monseñor Marcel Lefebvre)

 

“Estote fortes in bello, et pugnate cun antique serpente: et accipietis regnum aeternum”.

 Sed valientes en la lucha, pelead con la vieja serpiente, y recibiréis el reino eterno.

(Ant. del Magnificat en el Común de Apóstoles fuera de tiempo pascual)

 

 

“El movimiento se hace más rápido hacia el final”

Esta fórmula latina de carácter proverbial suele utilizarse metafóricamente para indicar que, cuando algo se aproxima a su término o caída, los acontecimientos se precipitan.

Esto es lo que vemos que ocurre hoy, cada día, en un movimiento más y más acelerado.

Es lo que vieron los que, a bordo del Titanic, comprendían que el barco se hundía inexorablemente rápido.

Tratemos de ver esta tragedia sin los ojos estremecidos de pánico de quienes se despiertan a la realidad cuando el fin se acerca, y ante el abismo se dejan dominar por el vértigo.

No nos tapemos los ojos, pero sobre todo, no tapemos los ojos de nuestro espíritu, para verlo todo sobrenaturalmente.

De aquí en adelante, nada puede sorprendernos.

Nada.

Todo está invertido. Ninguna locura es imposible que ocurra, pues el mundo está siendo manipulado por enfermos desquiciados.

La Iglesia ocupada por los invertidos, estructurada en la Sinodalidad, avanza en su tenaz persecución de la Tradición católica, ante la impasible mirada de los conservadores y los pseudo tradicionalistas.

Muchos no abren los ojos. No quieren ver.

Otros ven, pero no les importa.

A otros les importa, pero callan y no reaccionan.

Otros, aún, nos creen exagerados o pesimistas.

Lo ha expresado bien el cardenal Pie: “Quiero decirlo bien alto, hermanos míos: hoy más que nunca, la principal fuerza de los malvados es la debilidad de los buenos, y el nervio del reinado de Satanás entre nosotros es el debilitamiento del cristianismo en los cristianos”.

Es para morir de tristeza, si no fuera que nos oprime la náusea.

No hemos sido ilustrados de los detalles patéticos, inverosímiles para quienes vivieron unas décadas en el pasado. Pero hemos sido advertidos de la caída, de la apostasía, del gran desastre.

La Revolución del mundo, vehículo de la Sinagoga de Satanás, triunfó en la Iglesia con el Concilio Vaticano II. Ni los mismos papas conciliares lo pudieron negar. Ellos abrieron la caja de Pandora. Ahora es tarde para lágrimas.

Una música incurablemente triste, europeamente nostálgica, envuelve a los sobrevivientes que son testigos del salvajismo que se aposenta dentro de la Iglesia y se apodera, en el viejo continente, de monumentos y calles.

Perdida la fe, todo son ruinas, trofeos de la barbarie ilustrada, que se enorgullece de su “dignidad infinita”, vaticanamente asegurada.

Quemar, romper, robar, profanar, corromper, matar, mentir, falsificar, son acciones meritorias en el tiempo veloz de la caída. ¿Será que los bárbaros lo huelen y ahítos de esa libertad se extasían entre risas para perderse?

Cada día una nueva locura, una nueva grotesca y demencial innovación en las iglesias, por parte de los curas que ya no saben lo que es ser cura. El cura debe llamarse hoy “locura”.

“Sin el experimento moderno –escribió Gómez Dávila- no se sabría aun que la libertad puede corromper más que el tirano”.

Esta es la “magnífica humanidad” celebrada por los purpurados pacifistas que confiscan la verdad por miedo, y promueven la falsa hermandad democrática.

La palabra paz no se cae nunca de la boca de los insensatos que idolatran al hombre y rechazan al verdadero Dios, Jesucristo.

Se multiplican las asambleas que anuncian un futuro promisorio: feo, triste, imbécil, como la nueva y moderna misa Novus Ordo y las nuevas catedrales.

El mal ya no puede ser malo sin ser a la vez ridículo, obsceno, presuntuoso, como que es una forma de profesar los derechos del hombre emancipado, es decir, emasculado.

Todas las formas de la corrupción moral despliegan publicitariamente sus torpezas. Nada es sagrado.

La Iglesia conciliar y sinodal es un pozo séptico de perversidades.

Pero todo tiene un final. Y este final parece estar muy cercano.

La secta modernista va a pagar muy caro su traición a Jesucristo y su trabajo de “autodemolición” de la Iglesia.

Le queda poco tiempo.

La Bondad de Dios se manifiesta también en su Justicia.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados” (Mt. 5,6).

Justicia para que Dios sea adorado como se debe: en espíritu y en verdad.

Y el hombre no ocupe su lugar, ese lugar que, incitado por el diablo, neciamente ha usurpado.

LA LUCHA ES PRINCIPALMENTE UNA LUCHA DE DOCTRINAS – CARDENAL PIE

 


Vuestra resistencia, hermanos míos, consistirá, por tanto, en mantener vuestro entendimiento firme contra la seducción de todos los principios falsos y engañosos; y, para ello, formaréis siempre vuestra conciencia en la escuela de vuestra fe, en la escuela de la Iglesia. […]

Cuando pregunto a los sabios de nuestro tiempo cuál es la mayor plaga de la sociedad actual, oigo responder por todas partes que es el deterioro de los caracteres, el debilitamiento de las almas. Sobre este tema hay frases hechas, que están al alcance de todos.

Pero esta respuesta suscita, por sí misma, una pregunta ulterior […]: ¿De dónde procede, entonces, este síntoma tan grave del debilitamiento de los caracteres? ¡Ah! ¿No será cierto que es la consecuencia natural e inevitable del debilitamiento de las doctrinas, del debilitamiento de las creencias y, para decirlo con la palabra exacta, del debilitamiento de la fe?

El valor, después de todo, solo tiene razón de ser en la medida en que está al servicio de una convicción. La voluntad es una potencia ciega cuando no está iluminada por el entendimiento. No se camina con paso firme cuando se avanza en las tinieblas, o siquiera en la penumbra. Ahora bien, si la generación actual tiene toda la incertidumbre y la indecisión del hombre que avanza a tientas, ¿no será, oh Señor, porque vuestra palabra ya no es la antorcha que guía nuestros pasos, ni la luz que ilumina nuestros senderos (Ps. 118, 105)? Nuestros padres buscaban en todo su orientación en la enseñanza del Evangelio y de la Iglesia: nuestros padres caminaban a plena luz del día. Sabían lo que querían, lo que rechazaban, lo que amaban, lo que odiaban y, por eso, eran enérgicos en la acción. […]

Por eso, hermanos míos, que otros se entreguen a vanas lamentaciones y a estériles quejas; yo tomaré los acentos del profeta para decir: La tierra está desolada con una gran desolación porque pronto ya no habrá ningún bautizado que se acuerde, como debe, de su bautismo, que tenga conciencia de las grandezas y de las energías de su bautismo. «Jamás había encontrado a un cristiano tan orgulloso», exclamó el sultán después de haber escuchado a san Luis. ¡Gran Dios! ¿No estamos a punto de dejar de encontrar en ninguna parte de la tierra a esa raza de cristianos orgullosos? […]

Devolved, pues, hermanos míos, devolved a vuestra alma toda la vida, toda la expansión, todo el florecimiento de su bautismo; volved a ser lo que fueron vuestros padres: verdaderos cristianos, cristianos orgullosos. […] Pero, para ello, bebed en las fuentes puras, en las fuentes vivas de la fe cristiana. No os detengáis en esas doctrinas intermedias que cierto tercer partido, nacido de un capricho de ayer, inventa cada día en materia religiosa. ¿Acaso este cristianismo empobrecido, debilitado, el único que encuentra gracia ante ciertos sabios del pórtico moderno, volverá a formar alguna vez los caracteres vigorosos, los temperamentos sólidamente constituidos de los tiempos antiguos? No; con las doctrinas disminuidas, con las verdades reducidas, solo se obtendrán cristianos a medias. […]

Quiero decirlo bien alto, hermanos míos: hoy más que nunca, la principal fuerza de los malvados es la debilidad de los buenos, y el nervio del reinado de Satanás entre nosotros es el debilitamiento del cristianismo en los cristianos.

[Panegírico de san Emiliano, 8 de noviembre de 1859. — ŒE, t. 3, pp. 518-519; 521-522; 525.]



LOS ANTICRISTOS EN LA IGLESIA DE CRISTO

 


NOTA DEL BLOG: “Los anticristos en la Iglesia de Cristo” fue el título que le dio Emanuele Brunatto a un libro que escribió y publicó en 1933, para defender al Padre Pío de Pietrelcina de la feroz persecución desatada contra él desde una parte del clero italiano. Era el tercer libro que hizo con ese fin, y fue decisivo para exonerar al capuchino de las falsas acusaciones con que pretendían derribarlo. El primero, publicado como este bajo seudónimo, fue colocado, tres días después de aparecer, en el Index. El segundo, de 1929, lo distribuyó entre personal selecto del clero. Las calumnias contra P. Pío alcanzaron a llegar al Santo Oficio, que prohibió al santo capuchino celebrar misa públicamente y recibir a los fieles o incluso intercambiar cartas con ellos. Ocurría esto en 1926.

Fue Brunatto, su primer hijo espiritual y su primer biógrafo, quien inició la defensa del fraile estigmatizado. Pero debió luchar contra viento y marea, descubriendo la oposición o la gran indiferencia entre el clero. Fue gracias a la decisiva ayuda de Don Orione, del Card. Merry del Val, del Card. Gasparri, del Card. Sily y de Mons. Bevilacqua, que finalmente la verdad salió a la luz y se pudo desbaratar una siniestra trama de complicidades entre una verdadera mafia de corruptos en el clero italiano. No sería la única persecución sufrida por el Padre Pío. Y ese hecho nos hace entender mejor que cuando hay podredumbre en la Iglesia, es sólo a la manera de Cristo, como una Víctima ofrecida al Padre en una vida santa, como se contrarresta y se vence. O al menos desde una heroica paciencia y determinación en el sufrimiento, pero sin renegar de la verdad. Como al P. Pío, también al P. Dolindo Ruotolo, al P. Castellani y a Mons. Lefebvre (como mucho antes a otros santos como S. Alfonso) la peor persecución les llegó desde dentro mismo de la Iglesia. Y estamos hablando de una Iglesia que aun no estaba dominada por sus enemigos mortales y la herejía modernista. ¿Qué tenemos que decir hoy?

Con lo que venimos a ver que la cobarde actitud de aceptación sin más, de la obediencia cobarde y ciega sin buscar restablecer la verdad y la justicia, no es propia de cristianos. Sobre todo de parte de aquellos que pudiendo defender a los victimados, no lo hacen, en una borreguil postura de creer que los superiores no pueden equivocarse y que los malvados se encuentran sólo en la vereda de enfrente, en la izquierda y los progresistas.

Pero el fariseísmo está siempre latente dentro de la Iglesia.

Ofrecemos abajo un par de fragmentos del libro de Brunatto “Padre Pio, mon   père spirituel”, Parole et Silence, 2024.

 

La tragedia de Manfredonia

 

San Giovanni Rotondo formaba parte de la diócesis de Manfredonia, que desde hacía veinticinco años estaba gobernada por un obispo simoníaco. Toda esta región de Apulia, antaño tan religiosa, había sido corrompida por la corrupción de este prelado. El Padre Pío llevaba una gran pena en el corazón, pero evitaba hablar de ello. Sin embargo, un día hizo al respecto una alusión significativa. El doctor Festa, que debía operarlo de un quiste en la mejilla, le decía mientras exploraba los contornos de la afección:

—He aquí la zona infectada.

—«Las Apulias», le respondió el capuchino con una pálida sonrisa.

Suspendido a divinis y alejado de San Giovanni Rotondo, Dilano* [seudónimo de un canónigo calumniador del P. Pío] se instaló en el palacio episcopal de Manfredonia y se convirtió en el hombre de confianza del arzobispo. Siete canónigos, de los diez que componían el capítulo de la catedral, denunciaron este hecho (entre muchos otros) en un llamamiento dirigido al Santo Padre, fechado el 29 de noviembre. Era el tercer recurso del capítulo ante la Santa Sede: todos los firmantes fueron suspendidos a divinis y enviados a Nápoles para realizar un retiro espiritual. La carta de castigo fue entregada personalmente por Dilano a cada canónigo. Uno de ellos, de ochenta años de edad, cayó enfermo de pena y murió a su regreso a Manfredonia.

Dilano*, por el contrario, obtuvo nuevamente la facultad de celebrar la misa y, a pesar de la prohibición de Roma de administrar los santos sacramentos, fue nombrado por el arzobispo párroco de la iglesia de San Miguel de Manfredonia, de donde previamente había alejado a los padres franciscanos que hasta entonces la atendían. Por su parte, Duca* [seudónimo de un canónigo arcipreste persecutor del P. Pío], seguro de su impunidad gracias a sus generosidades para con el obispo, volvía a cobrar bríos.

Estaba claro que el absceso no podía ser reventado sin una documentación irrefutable sobre las actuaciones del obispo. El Publicano constituyó un expediente alucinante sobre estos veinticinco años de episcopado empleados en destruir los baluartes de la oración y de la fe, oprimir a los santos sacerdotes y favorecer a los indignos, sembrar por todas partes la corrupción y el odio...

LOS NORTEAMERICANOS DESCUBREN AL PADRE CASTELLANI (YA ERA HORA)

 Descubriendo los deliciosos, incisivos y espiritualmente profundos escritos de Leonardo Castellani


Autor prolífico de unos cincuenta libros y mil artículos, Leonardo Castellani (1899–1981) es ampliamente venerado como uno de los más grandes escritores argentinos modernos en múltiples géneros.

De una manera sumamente llamativa, Castellani se presenta casi como el tipo negativo exacto de su compatriota Bergoglio: era espiritual, intelectual y escatológico, mientras que su opuesto papal era político, propagandístico y mundano; era ingenioso, poético y apologéticamente anticuado, mientras que el otro era astuto, directo y sin ningún conflicto con la modernidad. Después de las experiencias de 2013 a 2025, leer a un jesuita argentino de un tipo muy diferente resulta delicioso; incluso podría decirse que medicinal.

Sin embargo, hasta ahora, el público angloparlante apenas ha tenido acceso a su extraordinario conjunto de obras, una laguna que esta nueva antología, Cristo y los fariseos y otras obras breves, viene a remediar decisivamente, con una sustancial introducción del traductor, Sebastián Randle.

Discípulo del cardenal Billot, pugilista en defensa de la ortodoxia en una época de desorden progresista y fiel jesuita de la vieja escuela que cayó en desgracia ante sus superiores y sufrió años de marginación, Castellani, al mismo tiempo, no temía abrir brechas en las piadosas convenciones y se quejaba de las tendencias malsanas de la Iglesia años antes de que el desastre del Vaticano II sacara a la luz muchas debilidades latentes.

En muchos aspectos, puede ser clasificado (ciertamente hoy en día) como tradicionalista, como lo muestran estas observaciones características, extraídas de su ensayo de 1954 «La destrucción de la tradición»:

“Es bastante desagradable encontrarse hablando como un profeta de desgracias, sabiendo todo el tiempo que, si uno desempeñara en cambio el papel de un adivino que anuncia buenas nuevas, siempre se ganaría el pan; y, en cualquier caso, yo preferiría siempre, Dios mediante, ser un profeta incompetente de calamidades. Pero la destrucción de la tradición en el mundo occidental es algo que salta a la vista, y negarla equivale a cerrar los ojos mientras se cruza una calle. En cualquier caso, abrir los ojos podría ser la cura, siguiendo los versos del poeta:

Antes que cualquier otro,

el primero de todos los remedios

es identificar la enfermedad.

No existe un progreso rectilíneo y uniforme en el sentido que le daba el marqués de Condorcet: el mito y dogma del Progreso Indefinido. Pero existe cierto tipo de progreso o, para expresarlo con mayor precisión, algo más parecido a dos líneas paralelas y, sin embargo, invisibles de progreso. «Decidnos, ¿cuándo sucederán estas cosas?», preguntaron los discípulos a Jesús (Mt 24, 3). Encontramos la respuesta al final del Apocalipsis: «El tiempo está cerca. El que es injusto, siga siendo injusto; y el que está manchado, siga manchándose; y el que es justo, siga practicando la justicia; y el que es santo, siga santificándose. Y he aquí que vengo pronto» (22, 10-12); es decir, existe cierto progreso en la humanidad, pero este debe entenderse correctamente. El progreso del que hablo tiene lugar en el interior de los hombres, en ese «interior» del que tanto hemos hablado; y, por consiguiente, el bien y el mal impregnan cada vez más el «interior» de los hombres y, por eso mismo, se vuelven más conscientes y, por tanto, más refinados y concentrados. En este sentido, Kierkegaard es más «interior» (o «sabio en cuanto a la interioridad») que san Agustín; y, por otra parte, Sartre, por ejemplo, es más pervertido que los peores autores paganos: comparado con Sartre, Petronio parece tan inocente como un recién nacido. La humanidad marcha hacia el dramático desenlace de la historia, un drama que incluye a un protagonista y a una multitud de enemigos hostiles.

La tradición es ese mundo ideal de valores humanos que heredamos al nacer, sin merecerlo... y ante el cual nos mostramos bastante ingratos. Pero no todo lo que heredamos pertenece a la tradición. Un hijo hereda de su padre una casa y, digamos, la tuberculosis; la casa es tradición, la tuberculosis no lo es. Puede que la tuberculosis se transmita en la familia, pero ese tipo de tradición debe interrumpirse lo antes posible. Sin embargo, hoy en día, en el plano moral, se están destruyendo los hogares y se está cultivando la tuberculosis. [...]

¿Qué es la tradición? Repitámoslo: la tradición es ese mundo ideal de valores humanos que heredamos al nacer, sin merecerlo, y ante el cual, por lo visto, también nos mostramos bastante ingratos. Para mí, cuando nací, la tradición estaba representada por una familia sólidamente establecida, unos abuelos italianos con la mente llena de leyendas europeas —mi abuela solía hablarme del Concilio de Trento de una manera enteramente legendaria—, llena de costumbres tenaces e incluso de una o dos obsesiones saludables (con la persistencia que es distintivo de una tradición inmutable)...

No podemos crear la civilización en la que nacemos, pero sí podemos destruirla, comenzando por nosotros mismos. Lo creáis o no, a los hombres les resultaría más fácil crear todo el universo físico que producir el universo moral e intelectual que constituye el vacilante patrimonio de la humanidad. Quizá sea difícil de creer, pero así es.”

Por encima de todo, el padre Castellani fue un lector de las Escrituras extraordinariamente atento y uno de sus mejores comentaristas modernos, capaz de obtener revelaciones asombrosas de textos conocidos, especialmente del Apocalipsis. Todas estas características se manifiestan plenamente en este pequeño volumen, esclarecedor y entretenido, una introducción ideal a la amplitud del genio de Castellani.

Aquí hay un vídeo en el que hablo más sobre el libro y leo dos pasajes del mismo (distintos del citado anteriormente):

«En mi vida como lector, he saboreado muchos momentos de asombro, pero ninguno tan inmenso y duradero como el que me proporcionó el argentino Leonardo Castellani. Polemista apasionado, crítico implacable de la modernidad y de toda su inmundicia ideológica, Castellani es, por encima de todo, un campeón de la ortodoxia, que, como ya sabemos, es la única forma de heterodoxia que nuestra época repudia. Castellani se revela como un consumado apologista y un formidable polemista, dotado de un estilo vibrante y de un humor sardónico, en la tradición de Cervantes, que le permite derribar los gruesos muros de las mentiras como si estuvieran hechos de azúcar tallada. En todas sus obras, Castellani manifiesta profundidad intelectual y una admirable capacidad para suscitar en la mente una respuesta de gozosa aceptación (o de mordaz rechazo, si la mente está infestada de tonterías políticamente correctas). Lo cierto es que nuestro autor era lo que los franceses llaman un maître à penser: alguien que no solo estimula nuestro intelecto, sino que también lo nutre, lo fortalece, le proporciona una sólida estructura y, al mismo tiempo, lo impulsa por caminos nunca antes recorridos. No es de extrañar que un escritor tan peligroso haya sido igualmente vilipendiado por los impíos, los esnobs y los santurrones, tanto en vida como después de su muerte». -Juan Manuel de Prada

«Castellani fue el hombre enviado por la Divina Providencia a mi patria y a todos aquellos que pueden acceder a su legado, para arrojar luz sobre la finalidad de la vida cristiana: la Parusía. Los libros de Castellani están llenos de buen humor, y esto los hace muy humanos, libres de una jerga teológica etérea. Sabe reírse de lo ridículo. Su obra no sigue una progresión determinada; uno puede sumergirse en ella desde cualquier ángulo, de manera muy semejante a un asado al estilo de la Pampa». -Daniel Francisco Giaquinta

«Castellani es, sin duda, una figura rica, multifacética y transcultural». -Javier Navascués

Disponible en la editorial, Os Justi Press, en edición de bolsillo, tapa dura o libro electrónico (en este enlace también se puede «ver el interior» para consultar una muestra), o en cualquier tienda de Amazon.

 

https://rorate-caeli.blogspot.com/2026/10/discovering-delightful-trenchant.html?m=1

TIKKUN OLAM: CABALA E PROGRESSISMO PÓS VATICANO II

 


martes, 27 de octubre de 2026

LEÓN XIV OMITE LA MENCIÓN DE CRISTO EN ASÍS, DICE QUE ‘LA PAZ’ DEBE SER LA ‘ESTRELLA GUÍA’ DEL HOMBRE

 


LEÓN XIV, EL NEGACIONISTA

 

Qui autem negaverit me coram hominibus, negabo et ego eum coram Patre meo, qui est in caelis. (Mt 10, 33)

 

…mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial.

 

https://x.com/CarloMVigano/status/2115145570411217281?a=S4b76S2VPgeD8UTg12s&s=20

 

El que se supone es el Vicario de Cristo NO MENCIONA a Cristo, ni a su Santísima Madre, en su mensaje a los “hermanos y hermanas” de las falsas religiones que buscan la “paz”.

 

 

VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO INTERNACIONAL 
"PAZ DESARMADA Y DESARMANTE"

Asís, 27 de octubre de 2026

 

Queridos hermanos y hermanas:

Se encuentran en Asís cuarenta años después de la Jornada de Oración por la Paz del 27 de octubre de 1986. Ese evento fue una iniciativa de san Juan Pablo II que destacó, en tal circunstancia, el vínculo intrínseco que une una auténtica actitud religiosa con la viva sensibilidad por la paz.

Dirijo mi saludo más cordial a los Patriarcas y a los Líderes religiosos, muchos de los cuales, a lo largo de los años, participaron activamente en las diversas jornadas de oración y de diálogo que se sucedieron. Saludo con afecto a Mons. Felice Accrocca, Pastor de la Iglesia en Asís, a las familias franciscanas y a cuantos están allí reunidos. Hubiera querido estar con ustedes, junto a la tumba de san Francisco, en este importante aniversario, para ver sus rostros y dar juntos un hermoso testimonio: ¡vivir como hermanos y hermanas ya es posible!

Agradezco al Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y a la Comunidad de Sant’Egidio por haber continuado con esfuerzo esta senda trazada por mis Predecesores. Me consuela el largo y fiel camino realizado durante estos años, que ha sido muy fructífero. El Papa Francisco, respecto a esa inolvidable Jornada de octubre de 1986, dijo: «No debía y no podía permanecer un acontecimiento aislado. Vosotros habéis continuado ese camino y habéis acrecentado el impulso». [1]

Juan Pablo II, después de aquel primer encuentro histórico, invitó a “seguir viviendo el espíritu de Asís”. [2] Era, entonces, el tiempo de la “guerra fría”, un escenario muy diferente del actual. Después de 1989, no pocos sostuvieron que la globalización habría asegurado al mundo una paz estable. Lamentablemente, como escribí en Magnifica humanitas, «se confió casi ciegamente a los mercados la capacidad de producir bienestar, democracia y estabilidad, mientras que, en realidad, la globalización no ha generado automáticamente unidad y paz, sino que ha suscitado reacciones fundamentalistas, identitarias y nacionalistas» ( n. 201).

En este contexto, tiene lugar «una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional» (ibíd., 190). Traicionando así la memoria del siglo XX y la inútil matanza de millones de vidas humanas, una vez más —como se lee en el Catecismo de la Iglesia Católica— «la acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones» (N. 2315). Precisamente en estos tiempos de cultura del poder, es necesario fomentar el espíritu de Asís, que es el rechazo a la legitimación religiosa de la guerra, un espíritu de mediación y diálogo, una experiencia contemplativa y una acción creativa por un futuro de paz. Sí, porque la paz debe volver a ser el ideal común de los pueblos, la estrella que guía todas nuestras decisiones, el criterio que desenmascara la injusticia, el horizonte común de todas las personas.

¡Debemos reconstruir la paz en todas partes, no preparar más guerras! ¡La guerra nunca puede librarse en nombre de Dios! Para nosotros, los creyentes, «luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la religión misma» (Magnifica humanitas, 223). No existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!

Por eso, el camino iniciado en Asís en la búsqueda común de la paz es, ante todo, el camino de la oración. La oración puede parecer débil frente a los poderes del mundo, pero es la fuerza humilde de los creyentes. Nos dirigimos a Dios, dador de paz: que llegue al corazón de quienes desean la guerra y el terrorismo. Y no lo olvidemos: ¡nunca se reza en vano!

La oración es una escuela de diálogo con Dios, con las personas y con todas las criaturas. Pensemos en san Francisco, de quien hemos celebrado el octavo centenario de su muerte. El mundo necesita diálogo. El camino de Asís compromete a los líderes religiosos a fomentar un clima de diálogo entre los fieles y en la sociedad, para que el lenguaje de la arrogancia sea sustituido por el de la paz, la negociación y la comprensión. Esto podrá «alejar gradualmente a la humanidad de la espiral de la violencia» (ibíd., 221).

Hermanos y hermanas, ¡que nuestras oraciones obtengan de Dios la paz tan deseada para todos los países del mundo! Que Él haga de nosotros instrumentos desarmados de su paz. «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

_________________________________

[1] Francisco, Discurso a los participantes en el Encuentro Internacional por la Paz, 30 septiembre 2013.

[2] Cf. S. Juan Pablo II, Discurso a un grupo de representantes de las religiones no cristianas, 29 octubre 1986.


NOTA DE AGENDA FÁTIMA:

Gracias a las iniciativas por la paz de los traidores de la nueva Iglesia, la Tercera Guerra Mundial está cada vez más próxima.

No queremos el "espíritu de Asís" sino el "espíritu de Fátima".

La Iglesia Sinodal está en guerra a muerte contra la Iglesia Católica. Hay que resistirle firmes en la Tradición. No hay mayor honor que ser “excomulgados” por esa falsa Iglesia.

¡Viva Cristo Rey!

RABINO EN EL ENCUENTRO DE ASÍS DEL VATICANO: NINGUNA RELIGIÓN «PUEDE TENER EL MONOPOLIO DE LA VERDAD O DEL ACCESO A DIOS»

 


El rabino David Rosen afirmó que ninguna religión «puede tener el monopolio de la verdad o del acceso a Dios» durante una entrevista con Vatican News.

 

Martes, 27 de octubre de 2026

(LifeSiteNews) — En una entrevista con Vatican News, un rabino judío que habló en un encuentro ecuménico internacional celebrado en Asís ha afirmado, de manera escandalosa, que se puede encontrar a Dios fuera de la Iglesia católica.

El rabino David Rosen, antiguo gran rabino de Irlanda y asesor especial de la Abrahamic Family House, en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, formuló sus declaraciones con motivo del 40.º aniversario de la jornada interreligiosa «Jornada Mundial de Oración por la Paz», convocada por el papa Juan Pablo II en 1986.

La Iglesia católica enseña que no hay salvación fuera de la Iglesia y que el catolicismo es la única religión verdadera revelada por Dios.

Las declaraciones de Rosen fueron un eco de Nostra Aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Nostra Aetate ha sido criticada por su ambigüedad en relación con conceptos importantes. Carece de una definición clara del «antisemitismo». Inició una trayectoria de indiferentismo religioso que fue condenada por todos los papas desde Pío IX hasta Pío XII.

Rosen declaró a Vatican News que Nostra Aetate, promulgada por el papa Pablo VI en 1965, «afirmó por primera vez, formalmente para la Iglesia católica, que Dios, lo divino, la religión y la verdad [pueden] encontrarse fuera de los confines de la Iglesia católica».

Ninguna religión tiene el «monopolio de la verdad o del acceso a Dios»

«Ese, creo, es precisamente el espíritu de Asís», afirmó Rosen, «afirmar que compartimos esos valores y que cada uno de nosotros representa caminos diferentes hacia lo trascendente, así como reconocer que nadie puede tener el monopolio de la verdad o del acceso a Dios».

Subrayó la necesidad de la «humildad teológica» para «trabajar juntos», no por la salvación ni para honrar a Dios, sino «por la paz en el mundo».

También elogió «la gloria de la diversidad», añadiendo: «No queremos un campo compuesto únicamente por un tipo de flores», y sugirió que la diversidad religiosa «contribuye a la belleza y da testimonio de la gloria de Dios».

Como informó LifeSiteNews el mes pasado, uno de los principales redactores de Nostra Aetate fue Gregory Baum, un converso del judaísmo que posteriormente admitió haber ocultado su vida homosexual mientras ejercía como sacerdote católico y «experto teológico» del Concilio Vaticano II. Baum abandonó más tarde el sacerdocio católico.

 

sábado, 24 de octubre de 2026

A LOS FIELES, A LOS CLÉRIGOS Y A LOS SACERDOTES DE LA XV PEREGRINATIO AD PETRI SEDEM

 


MONS. CARLO MARIA VIGANÒ

 

Me dirijo a vosotros como «excomulgado», puesto que así me consideráis. Considero que la condición que me ha sido atribuida puede arrojar luz sobre aquella en la que vosotros mismos os encontráis de hecho hoy.

Vosotros no habéis sido excomulgados, y hacéis todo lo posible por no serlo, como quien quiere escapar a un castigo. Y, sin embargo, sois tratados como excomulgados. Hay que decir, no sin ironía, que después de haberos negado la Basílica Vaticana para el Pontifical, ahora se os prohíbe incluso la entrada para la profesión de Fe y para la devoción a la Sede del Beatísimo Pedro. Y mientras se os ha impedido el acceso a la Basílica Vaticana mediante barreras y en Santa María la Mayor se os ha concedido solamente una Misa rezada en lugar del solemne pontifical, hace pocos meses se acogía a grupos LGBTQ+, con sus banderas arcoíris y sus eslóganes blasfemos, y a una abortista homoherética disfrazada de arzobispa.

Como comunidad ex Ecclesia Dei, como sacerdotes y obispos ratzingerianos cultivadores del Summorum Pontificum, la Misa de siempre os es concedida como una excepción que hay que justificar. Se os excluye cada vez más de las parroquias; se os impone la autorización del Obispo para celebrar aquello que nuestros padres celebraban sin permiso. Vuestros Institutos están sometidos a visitas e inspecciones, vuestros seminaristas son mirados con sospecha y vuestro rito es tolerado mientras no moleste.

¿Qué es esto, sino una excomunión sin proceso, o peor aún, la voluntad, por parte de las Autoridades romanas, de doblegar vuestra conciencia? Una exclusión que no se atreve a decir su propio nombre. Para evitar la sentencia, la sufrís de hecho. Para no parecer «fuera de la Iglesia», vivís en sus márgenes, con contorsiones e incoherencias que ya están a la vista de todos. Os atrevéis a decir que no existe ningún estado de necesidad, censuráis duramente a la Fraternidad San Pío X, me consideráis un paria… De ello se sigue que vuestro silencio no os preserva del castigo: solamente os priva del derecho a llamarlo injusto.

Hay que reconocer, por amor a la verdad, que León y la élite modernista-sinodalista que ocupa el Vaticano actúan con coherencia. León cree firmemente en el Concilio Vaticano II y es un entusiasta promotor de su versión sinodal: no puede sostener coherentemente el Rito de siempre, que es su desmentido viviente. Summorum Pontificum siempre ha sido una quimera: el desmembramiento del único venerable Rito en dos formas antitéticas, un permiso que depende de quien lo concede y que se retira cuando ya no sirve. Por tanto, no se os puede reprochar la confianza, sino la pretensión de querer fundamentar aquello que os corresponde por derecho divino en la coexistencia de dos ritos irreconciliables y en un indulto con el que apenas se os declara tolerados.

Tampoco os sirve de nada apelar a la libertad religiosa o de culto, o a la inclusividad sinodal, para aseguraros un taburete en el Panteón: quien pide, en igualdad de condiciones con todos, el derecho a practicar su propio culto ya ha admitido que la Misa Apostólica es una experiencia religiosa entre otras, y que la Verdad es una opinión entre las opiniones. Estas falsas libertades no protegen la Tradición: son el instrumento mediante el cual la Verdad —la única Religión— es expulsada no solo de la vida pública, sino incluso del Recinto Sagrado.

No basta con rechazar el Concilio en aquello que contradice el Magisterio, como soléis repetir. El Vaticano II ha sido un acontecimiento revolucionario y es una revolución permanente: hay que repudiarlo como tal, no enmendarlo con una lista de correcciones, porque nadie remedia mediante una exégesis benévola aquello que nació como una ruptura deliberada.

Al Cardenal Burke y a Mons. Schneider me permito decirles que su autoridad ya es enteramente una fachada: son la caricatura de sí mismos, con sus mitras preciosas y sus capas magnas, la defensa del Concilio y las concelebraciones.

Roma no calla solamente; no se limita a «toleraros», confinándoos en reservas indias cada vez más estrechas: quiere reeducaros y os lo dice, pretendiendo de vosotros —que gozáis de un seguimiento significativo en el ambiente conservador— que os convirtáis en «oposición de Su Majestad», actuando como gatekeeper —como se dice hoy— y conteniendo así la hemorragia de católicos cada vez más desorientados por vuestra aquiescencia ante los despropósitos vaticanos más escandalosos. Y ya es evidente que una oposición controlada, lejos de obtener éxito alguno para la causa del catolicismo romano, se convierte, por el contrario, en cómplice de la destrucción de la Iglesia.

He aquí, pues, la declaración pacificadora del Card. Burke: «Ciertamente, la situación actual no constituye un estado de necesidad». Pero si hoy no existe un estado de necesidad, ¿después de qué nuevo escándalo y de qué herejía inaudita encontraréis el valor para rebelaros? ¿Cuántos sapos más estáis dispuestos a hacer tragar a quienes os consideran un referente moral y doctrinal? Después de Amoris Lætitia, la Pachamama, la Declaración de Abu Dabi, Traditionis Custodes, Fiducia Supplicans, Mater populi fidelis… ¿y después de que se os haya impedido profesar vuestra Fe sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles?

Como he escrito en Scisma capitale: «Mientras una parte de los católicos (los llamados conservadores) se obstine en no querer reconocer el bipolarismo del “papado conciliar y sinodal”, se encontrará en la terrible situación de prestar un asentimiento deliberado al error; en la tremenda posición de quienes, con esa complacencia cortesana en una obediencia servil, crean las premisas de la “desertio”, del abandono de Dios, del retiro de la Gracia. Es precisamente ese reconocimiento del error lo que lo institucionaliza, lo que lo hace irreversible, lo que desarma toda resistencia y lo que, en última instancia, criminaliza a quien heroicamente resiste».

Con vuestro cortés consentimiento y guardando silencio para no perder aquello que de hecho se os ha concedido, os prestáis a la operación del engaño (2 Tes 2,11).

Os bendigo y rezo por todos vosotros.

In Christo Rege,

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

Viterbo, 24 de octubre de MMXXVI S. Raphaëlis Archangeli

 

https://www.exsurgedomine.org/blog/ai-fedeli-ai-chierici-e-ai-sacerdoti-della-xv-peregrinatio-ad-petri-sedem

 

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LA SORPRENDENTE VERDAD QUE SANTA TERESITA ENSEÑÓ SOBRE EL PURGATORIO

 


La mayoría de nosotros crecemos creyendo que aspirar al Purgatorio es la máxima señal de humildad. En voz baja, nos decimos a nosotros mismos: «Si tan solo consigo entrar por los pelos en la última fila del Purgatorio, me sentiré más que agradecido».

Sin embargo, santa Teresita de Lisieux dio un vuelco completo a esta manera de pensar.

Cuando una hermana del convento mencionó en cierta ocasión que esperaba pasar mucho tiempo en el Purgatorio, Teresita no elogió su modestia. Por el contrario, la corrigió amablemente, insistiendo en que esperar el Purgatorio no honra en absoluto a Dios. De hecho, afirmó audazmente que eso entristece el Corazón paternal de Dios.

Esto puede parecer sorprendente, pero la Pequeña Flor comprendió el amor del Padre de una manera que pocos se atrevieron siquiera a imaginar.

El Purgatorio es real y constituye un don extraordinario de la misericordia divina. Pero Teresita comprendió que es un remedio de emergencia, no el sueño primordial de Dios para ti. Un padre amoroso no se complace en mantener a su hijo esperando fuera, en una antecámara. Solo permite esa purificación con gran pesar, deseando, por el contrario, atraer a su pequeño directamente a su abrazo, sin demora.

Teresita descubrió un secreto contrario a lo que cabría esperar: innumerables almas entran en el Purgatorio no porque sus pecados fueran demasiado graves, sino porque su confianza era demasiado pequeña. Midieron a Dios con los fríos cálculos de la justicia humana, en lugar de hacerlo según el océano ilimitado de su Amor Misericordioso. Esperaban encontrar a un juez severo y, por eso, no supieron reconocer los brazos abiertos de un Padre.

Santa Teresita enseñó que el fuego del Amor divino en la tierra es infinitamente más agradable a Dios que el fuego de la purificación después de la muerte. Cuando le presentas tus debilidades cotidianas, tus pequeños sacrificios y tus fracasos sinceros, envueltos en una confianza total, su gracia te purifica en el mismo momento. Él limpia tu corazón cada día mediante la ternura, consumiendo tus defectos con el calor de su presencia.

La santidad no consiste en presentar un expediente espiritual impecable al final de tu vida. Consiste en arrojarte tan completamente en los brazos de Jesús que su misericordia consuma todas tus imperfecciones antes incluso de que exhales tu último aliento.

 

https://op54rosary.ning.com/forum/topics/the-surprising-truth-st-therese-taught-about-purgatory

 

jueves, 22 de octubre de 2026

MIXTURA DE JUDÍOS Y DE CRISTIANOS – PADRE JULIO MEINVIELLE

 


¿Qué hay de verdad en estas pretensiones judaicas? ¿Lograrán esta dominación universal? ¿En qué medida? He aquí un problema difícil, cuya solución exigiría detenido examen. Es mejor omitir su tratado.

Lo que sí se puede decir es que hoy todas las fuerzas del mal que se han ido engendrando, consciente o inconscientemente, desde el Renacimiento hasta aquí, paganismo del Renacimiento, protestantismo, racionalismo, capitalismo, liberalismo, laicismo, socialismo, comunismo, todas ellas trabajadas por el virus del odio a Cristo y a su Iglesia, se están movilizando en un frente único…. frente compacto, arrollador… y estas fuerzas están satánicamente comandadas por la Franc-masonería y sobre todo por el Judaísmo. Los judíos, desde el Gólgota hasta aquí, no han abandonado su tarea de crucificar a Cristo. Ahora como entonces, ellos han tramado en el secreto su plan diabólico que los gentiles han de ejecutar… Y están ejecutando. La lucha se establece, entonces, terrible, decisiva, entre el Judaísmo y el Catolicismo. Muchos dicen entre Moscú y Roma. Pero Moscú no ha sido más que un simple cuartel del Judaísmo Universal. La estatua que allí se ha querido levantar a Judas es todo un símbolo.

La lucha se entabla furiosa entre Ismael e Isaac, entre Esaú y Jacob, entre Caín y Abel. Caín está por asestar el golpe mortal sobre su hermano Abel. El judío, que fue siervo de la Iglesia, está logrando la revancha absoluta sobre su antiguo amo.

¿La logrará? ¿Vencerá Goliat a David?

Dios lo sabe. Pero unos son los planes de los hombres y otros son los planes de Dios. Y Dios sabe dirigir y encaminar los aciertos y desaciertos de los hombres para realizar sus fines secretísimos.

No hay duda que la mixtura de judíos y de cristianos, que se viene operando desde el Renacimiento, es perniciosa, porque la cizaña no se debe sembrar con el trigo, y esta mixtura nos tiene ahora abocados a una colisión catastrófica, cuyo desenlace es difícil presagiar.

Pero si Dios la permitió, algo bueno se ha de poder sacar de esta mixtura.

¿Y qué bien puede sacar de ella el Señor?

En primer lugar, hacer expiar a las naciones cristianas sus impiedades de siglos, para que vuelvan contritas al Señor. Dios no llamó a los beneficios de la fe a los pueblos bárbaros para que éstos se entregaran a las idolatrías y abominaciones de los tiempos modernos. Los pueblos cristianos, con Francia, la hija primogénita de la Iglesia a la cabeza, debían ser los heraldos de la Fe y del Amor cristiano entre los pueblos de Oriente y Occidente, para que en toda la tierra fuese conocido e invocado el nombre del Señor. En cambio, han sido los heraldos del pecado.

Hay que expiar, entonces, estas culpas. Y así como el pueblo judío, que renegó de Cristo, fue entregado al cautiverio oprobioso de los otros pueblos, así ahora los gentiles conoceremos el oprobio de la esclavitud judaica.

No olvidemos que Cristo profetizó a los judíos: Vendrán días de venganza… habrá gran apretura e ira sobre la tierra para este pueblo… y caerán al filo de espada, y serán llevados en cautiverio a todas las naciones, y Jerusalén será hollada de los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones (Lc. 31, 20-24).

Y esta palabra de Cristo se cumplió y se cumple. El año 70 Jerusalén fue cercada por los ejércitos de Tito, el Templo fue incendiado y un millón 100.000 judíos fueron masacrados y otros 97.000 llevados prisioneros (Josefo, De Bello Judaico), y, desde entonces el judío anda errante, hecho oprobio y baldón de todos los pueblos, siendo un testigo inicuo de Cristo, Rey de los Siglos.

Si los judíos fueron castigados, ¿los pueblos descristianizados quedarán sin castigo?

Pero castigo éste que ha comenzado ya… porque ayer fue Rusia y mañana el mundo… castigo que sería para todos, para judíos y cristianos; para ambos, porque ambos llevan siglos de espantosas impiedades.

Castigo espantoso y saludable, en el que la Justicia purificará y la Misericordia forjará apóstoles de santidad.

Creo que sin vocación de profeta es fácil prever que la humanidad ha de caer bañada en una ola general de sangre purificadora… sangre de los cismáticos rusos para expiar sus doce siglos de apostasía de Cristo, que está allí donde está Pedro; sangre de los herejes protestantes para lavar las felonías de cuatro siglos de maquinaciones anticristianas: sangre de los pueblos católicos que como viles rameras se han prostituido vergonzosamente, y ¡qué espléndido instrumento el judío en la mano de Dios para ser el verdugo de estos pueblos que trocaron la grandeza de la Cruz por la grandeza de Babel!… ¡Ah, pero también puede Dios suscitar un nuevo Atila (si no lo suscitó ya) que a judíos y a descristianizados los oprima como a la uva en el lagar!...

Todos tienen que ser purificados… ¿y después? Después surgirán hombres de santidad, judíos y cristianos, varones llenos del cristianismo auténtico, de aquella fe y de aquella caridad cristiana de que estaban llenos los apóstoles y los mártires… No será posible el cristianismo falso y mentiroso de un siglo hipócrita; sólo después de la purificación se podrá efectuar la reconciliación de judíos y cristianos, de Esaú y de Jacob.

 

“El Judío en el misterio de la historia”, capítulo III.

 

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...