Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

sábado, 19 de septiembre de 2026

IMPERDIBLE ENTREVISTA A MONS. VIGANO: SEGUNDA PARTE

 


Mons. Viganò afirma que León XIV ha intensificado la agenda de Francisco, no la ha frenado

 

En esta entrevista exclusiva, Mons. Viganò sostiene que cambiar la manera en que los católicos rinden culto termina cambiando aquello en lo que creen, haciendo de la reforma litúrgica un elemento central de la crisis posconciliar.

Gaetano Masciullo

 

(LifeSiteNews) — En la Parte 1 de esta entrevista, el arzobispo Carlo Maria Viganò afirmó que las reformas asociadas con el Concilio Vaticano II debilitaron el papel de la Iglesia como katéchon, la fuerza que frena la propagación del espíritu del Anticristo en la historia. Abordó la naturaleza de la autoridad papal, la distinción entre el papado como institución divina y los papas individuales al criticar los desarrollos posconciliares, el auge de la sinodalidad y las mujeres en el liderazgo del Vaticano.

Esta segunda parte de la entrevista se centra en la crítica de Viganò a la Iglesia posconciliar, con especial atención a la reforma litúrgica y a Traditionis Custodes como instrumentos de una transformación teológica más amplia. También aborda el pontificado de León XIV, particularmente las acusaciones de redes de protección entre las élites eclesiásticas y la influencia de fuerzas ideológicas y globales sobre la jerarquía contemporánea.

 

LifeSiteNews: A lo largo de toda esta crisis, usted siempre ha identificado la reforma litúrgica no como una consecuencia, sino como una causa. ¿Por qué la cuestión de la Misa, a su juicio, es anterior y más decisiva que la cuestión doctrinal? ¿Y qué significado tiene en este contexto la implacabilidad de Traditionis Custodes, mantenida intacta por León XIV?

Arzobispo Carlo Maria Viganò: Porque la Iglesia siempre ha sabido lo que los modernistas deliberadamente olvidaron: ut legem credendi lex statuat supplicandi («que la ley de la oración establezca la ley de la creencia»). Es la ley de la oración la que establece la ley de la fe, y no al revés. El pueblo cristiano no aprende el dogma de los manuales: lo respira en el altar. Un hombre que durante años se ha arrodillado ante el Santísimo Sacramento, que ha visto al sacerdote vuelto hacia Dios y no hacia la asamblea, que ha presenciado la Consagración en el sagrado silencio del Canon Romano, cree en la Presencia Real y en el Sacrificio, aunque no supiera formular los dogmas correspondientes; y ningún teólogo logrará quitarle esa fe. Cambie la manera en que una persona reza, y cambiará aquello en lo que cree, sin que ella lo advierta y sin que nadie tenga jamás que formular una sola proposición herética.

Por eso digo que la reforma litúrgica no fue una consecuencia de la crisis: fue su instrumento. Fue la manera más rápida y segura de obtener aquello que una definición jamás habría conseguido. Obsérvese: es la aplicación perfecta de aquel principio bergogliano según el cual «el tiempo es superior al espacio». No se define nada, se inicia un proceso, y luego solo hacen falta un par de generaciones para que el resto se acomode en su lugar. Cualquiera que quiera confirmar este método debería leer el Breve examen crítico del Novus Ordo Missae, de los cardenales Ottaviani y Bacci, quienes ya en 1969 advertían que el nuevo rito «se aparta de manera impresionante, en su conjunto y en sus detalles, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada en la Sesión XXII del Concilio de Trento». No eran dos sediciosos: uno era el antiguo secretario del Santo Oficio[1] y el otro era un cardenal de la Curia. Fueron ignorados, y hoy las estadísticas sobre la creencia en la Presencia Real confirman cuánta razón tenían. Cranmer comprendió cuatro siglos antes que cambiar la Misa basta para cambiar la religión de un pueblo, y no necesitó negar ningún dogma para erradicar el Santo Sacrificio de Inglaterra.

UN CAMINO DE APOSTASIA

 


Por ENIOR JIMENEZ

 

Acabo de terminar de leer la última Nota aprobada por León XIV titulada «Un camino de esperanza», publicada ayer, 16 de septiembre:

• Admite que fue "el judío Jules Isaac" quién desencadenó la eventual redacción de un "texto conciliar" que cambiaría drásticamente la relación entre "la Iglesia y el pueblo judío". Este documento vendría a ser conocido como Nostra Aetate (1965), producido en la última etapa del Concilio Vaticano II. [párr. 4]. Ahora bien, punto histórico aparte: fue Jules Isaac quién pidió a Pío XII revisar la oración del Viernes Santo llamando por la conversión de los "pérfidos judíos" y a Juan XXIII "rectificar" la enseñanza cristiana histórica sobre Israel. Juan XXIII, impresionado por ese encuentro y amigo de Jules, impulsó el tema en el Concilio Vaticano II que él mismo convocó; Nostra Aetate fue el producto de esa "rectificación" (más revocación) de la doctrina milenaria de la Iglesia.

• La Nota admite que Nostra Aetate es "la primera expresión magisterial que reconoce claramente las raíces judías del cristianismo". [párr. 5].

• La Nota afirma que Pablo VI (1963-1978) "subrayó con firmeza que las religiones no cristianas ya no debían percibirse como adversarias, sino como compañeras de camino". [párr. 18].

• La Nota afirma que fue Juan Pablo II (1978-2005) que afirmó que los judíos son "nuestros hermanos predilectos" y "hermanos mayores". [párr. 20].

• La Nota afirma que Benedicto XVI (2005-2013) creía que el dialogo entre el judaísmo y el cristianismo "debe comenzar por la gratitud de los cristianos hacia los judíos" ya que ellos son nuestros "padres en la fe". [párr. 12].

• La Nota afirma que Francisco (2013-2025) enseñó que "la religiosidad de los judíos actuales es relevante para los cristianos", y que el "diálogo judeocristiano" es un "fundamento teológico". [párrs. 13 y 28].

• La Nota afirma que León XIV (2025- ) reconoce Nostra Aetate como un "luminoso documento" que nos "enseña a tratar a los seguidores de otras religiones no como extraños, sino compañeros de viajes" y que "debido a las raíces judías del cristianismo, todos los cristianos tienen una relación particular con el judaísmo". [parrs. 33 y 34].

En fin: La Nota no condena la crucifixión de nuestro Señor Jesucristo a manos de los judíos.

La Nota no condena la incredulidad del pueblo judío y su rechazo obstinado hasta el día de hoy de Jesucristo.

La Nota no condena las enseñanzas blasfemas del judaísmo sobre nuestro Señor Jesucristo, la Virgen María y los cristianos.

¿Qué sí condena la Nota?

Dos cosas de manera clara y extendida: el "antisemitismo" y el "proselitismo" cristiano. Según León XIV, "la defensa intransigente de la propia posición y el proselitismo ... no tienen sentido en un mundo que se asemeja cada vez más a una aldea global interconectada y en continuo fermento".

En lugar de evangelizar y buscar la conversión de los incrédulos, el llamado es a "la fraternidad entre creyentes de diferentes tradiciones religiosas", lo cual "no es un simple ideal, sino una exigencia moral, espiritual y social". [párrs. 54 y 58]

 En pocas palabras: dejen de predicar a Cristo Crucificado, que eso es ofensivo para los judíos. Y bueno, ¿quién ya nos lo había dicho que les es ofensivo? Un verdadero Apóstol, San Pablo: — "Mas nosotros predicamos a un Cristo Crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles; mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios" (1 Corintios 1:23–24).

La Iglesia no le debe absolutamente ninguna disculpa a la sinagoga por el supuesto pecado de «antisemitismo»; es la sinagoga la que le debe a Dios un verdadero arrepentimiento por haber crucificado a su Hijo y por escupir, hasta el día de hoy, sobre su santa cruz.

Que Dios convierta los corazones de los judíos pérfidos. Amén.

https://x.com/EniorJimenez/status/2100590739809804296?s=20

 

LA VERDADERA FRATERNIDAD NO ES LA QUE PREDICA LA IGLESIA CONCILIAR

 


“Lo mismo ocurre con la noción de la fraternidad, cuyo fundamento ponen en el amor de los intereses comunes o por encima de todas las filosofías y de todas las religiones, en la simple noción de humanidad, englobando así en el mismo amor, y en una igual tolerancia, a todos los hombres con todas sus miserias, lo mismo intelectuales y morales que físicas y temporales. Pero la doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las doctrinas erróneas, por sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica para el error, o el vicio en que vemos sumidos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejora intelectual y moral, no menos que por su bienestar material.

 

“Al separar la fraternidad de la caridad cristiana así entendida, la democracia, lejos de ser su progreso, constituiría un retroceso desastroso para la civilización.

“Porque si se quiere llegar, y Nos lo deseamos con toda nuestra alma, a la mayor suma de bienestar posible para la sociedad y para cada uno de sus miembros por la fraternidad, o, como también se dice, por la solidaridad universal, es precisa la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las voluntades en la moral, la unión de los corazones en el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo. Pero esta unión no es realizable sino por la caridad católica, la cual, por consiguiente, es la única que puede conducir a los pueblos por el camino del progreso hacia el ideal de la civilización.

 

“Verdad es que Jesucristo nos ha amado con un amor inmenso, infinito, y que vino a la tierra a sufrir y a morir para que, reunidos en torno suyo, en la justicia y el amor, animados de los mismos sentimientos, todos los hombres vivieran en la paz y en la felicidad. Pero, a la realización de esta dicha temporal y eterna, Él puso, con una autoridad soberana, la condición de que se forme parte de su rebaño, que se acepte su doctrina, que se practique la virtud y que se deje enseñar y guiar por Pedro y sus sucesores.


[…] si Jesús fue bueno para los extraviados y pecadores, no respetó sus convicciones equivocadas, por sinceras que parecieran; los ha amado a todos para instruirlos, convertirlos y salvarlos. Si ha llamado a Él, para aliviarlos, a los que gimen y sufren, no ha sido para predicarles el sueño de una igualdad quimérica. Si ha levantado a los humildes, no ha sido para inspirarles el sentimiento de una dignidad independiente y rebelde a la obediencia. Si su corazón desbordado de mansedumbre para las almas de buena voluntad, igualmente supo armarse de una santa indignación contra los profanadores de la casa de Dios, contra los miserables que escandalizaban a los pequeñuelos, contra las autoridades que abrumaban al pueblo con la carga de pesados impuestos, sin hacer nada para ayudarles. Fue tan enérgico como dulce; regañó, amenazó, castigó sabiendo y enseñándonos que, con frecuencia, el temor es el principio de la sabiduría, y que conviene, a veces, cortar un miembro para salvar el cuerpo.


“[Jesús] no anunció para la sociedad futura el reinado de una felicidad ideal, sin mezcla de sufrimiento, antes al contrario, con la palabra y con el ejemplo trazó el camino de la dicha posible sobre la tierra y de la felicidad perfecta en el cielo: el camino real de la cruz. Enseñanzas son estas que no deben aplicarse tan sólo a la vida individual, con miras a la salvación eterna, sino que son enseñanzas eminentemente sociales y que nos ofrecen en Nuestro Señor Jesucristo algo más que un humanitarismo sin autoridad y sin consistencia”.

 

Papa San Pío X, Notre charge apostolique, 25 de Agosto de 1910.

 

LA SANTA SEDE LEGITIMA EL PANENTEÍSMO: UNA HEREJÍA CONTRA EL CREADOR

 


Por GAETANO MASCIULLO

Un nuevo documento del Vaticano elogia el panenteísmo, una herejía que desdibuja la distinción esencial entre Creador y creación. Este cambio teológico aparentemente sutil en realidad golpea los mismos fundamentos de la Creación, el Pecado Original, la Redención y la necesidad de la Cruz de Cristo.

 

Panenteísmo: Cuando Dios y la Creación ya no son distintos

El 21 de agosto, la Comisión Teológica Internacional publicó un documento titulado «Cuidando nuestra Casa Común: Una respuesta responsable y fraterna al Dios Trinitario».

Este documento establece el contexto en el cual se han producido textos teológicos al menos en los últimos meses. Dentro de él, sin embargo, se presentan numerosos aspectos extremadamente problemáticos. El aspecto más problemático es ciertamente la apertura para la aceptación del panteísmo en su variante suave, a saber, el panenteísmo.

El panenteísmo preserva la premisa panteísta —la divinidad del cosmos— y un lenguaje que crea la ilusión de preservar la distinción entre Creador y criatura.

Antes de detenernos en este problema específico, sin embargo, enumeremos brevemente los otros puntos problemáticos del documento.

Un documento muy peligroso

Ante todo, el documento propone la estructuración teológica de la categoría de «pecado contra la creación y contra el Creador», definiéndolo como desobediencia al mandato divino de cuidar la tierra.

En realidad, la moral católica clásica ya considera la crueldad gratuita hacia el mundo no humano (plantas, animales) un pecado grave que puede tomar diversas formas y puede implicar diferentes clases de pecado: por ejemplo, si un incendiario prende fuego a un bosque, comete una serie de pecados mortales contra la templanza y contra la justicia: impiedad hacia Dios Creador (cf. S.Th. II-II, q. 64-66), daño a cualquier propiedad privada perteneciente a otros, escándalo mediante el desprecio de la ley. Y quizá más.

Por lo tanto, la propuesta de un nuevo pecado debe ser entendida de manera diferente, dentro de ese gran proyecto iniciado por Bergoglio de politizar y secularizar la moral católica, desplazando el centro de gravedad del pecado personal y de la salvación eterna hacia cuestiones sociopolíticas cada vez mayores.

En efecto, la discusión de la Comisión sobre este pecado «nuevo» está acompañada por constantes referencias a datos científicos sobre el clima, la contaminación por microplásticos y —por encima de todo— los objetivos ecológicos de la ONU.

En segundo lugar, en el párrafo 107, leemos: «El ser humano ofrece la creación a Dios en Cristo y, a cambio, implora la bendición de Dios en Cristo para todas las cosas. Cristo es así el eje de la maduración del mundo». En la nota 184 al final de este texto, el documento revela la clave con la cual estas palabras deben ser interpretadas. Dice: «En esta perspectiva, la contribución del P. Teilhard de Chardin debe ser acogida».

A saber, la contribución de uno de los heresiarcas neomodernistas más consecuentes del último siglo. La idea de Teilhard de la maduración y recapitulación del mundo en Cristo es precisamente una de las tesis más heréticas del teólogo jesuita.

EL ENEMIGO DE ADENTRO

 



por FRAY LLANEZA


Oráculo de Yahvé a mi Señor: “Siéntate a mi diestra, hasta que Yo haga de tus enemigos el escabel de tus pies.”

Salmo 109,1

 

Una imagen simbólica nos ofrece la “obra artística” que se exhibió recientemente ante el papa León en el Vaticano. El agua del mundo que casi sumerge del todo la Iglesia. Continuando con su catequesis líquida, León, al igual que su predecesor, a sabiendas o no, nos está diciendo lo que realmente ocurre con esa iglesia conciliar y sinodal a través de los gestos. Pero aunque los vemos claramente, no ocurre lo mismo con la mayoría silenciosa, particularmente los conservadores que ya decidieron, por omisión e incumplimiento de sus deberes, colocarse del otro lado de la Tradición, aunque se llamen “contrarrevolucionarios”, en ciertos casos.

La hora es demasiado grave.

“Hemos de rogar para que Dios padre ponga a sus enemigos como peana de sus pies; y que apresure eso, el mundo actual sufre mucho”.

(Padre Castellani)

¿Y la Iglesia copada por sus enemigos? Esos enemigos de Dios en Roma, no dejan de hablar de “paz” y “unidad en el mundo”, ¡como si Cristo no hubiese dicho que no vino a traer la paz sino la espada”! (Mt. 10,34)

A lo que comenta Mons. Straubinger: “La verdad es como una espada. No puede transigir con las conveniencias del mundo. Por eso los verdaderos discípulos de Jesucristo serán siempre perseguidos. El Señor no envía sus elegidos para las glorias del mundo sino para las persecuciones, tal como Él mismo ha sido enviado por su Padre”.

Hemos de rogar para que Dios desaloje de sus enemigos la sede de Pedro, porque el enemigo, el peor enemigo, está adentro.

 

SIX SEVEN

 



Por IGNACIO KILMOT

 

Uno de los gestos de esa nueva imbecilidad mundial de moda, que han dado en llamar “farmear aura”, o sea una “coreografía prescripta que supuestamente elevan su presencia” entre los jóvenes, en verdad una demencial muestra de que el diablo somete a las masas y las incita a ridiculizarse hasta más no poder, uno de esos gestos, decimos, es el de levantar y bajar la mano a la vez que se dice “six seven”. Nos informa la prensa que se trata de “mover de manera alternada las palmas hacia arriba y hacia abajo simulando sopesar o dudar entre dos opciones- ya vuelto viral en internet entre las generaciones más jóvenes y que hace el papa León XIV para identificarse con ellos”.

Ese gesto, que León hace para ser “popular” y “conectar” con los jóvenes (¿qué jóvenes, los católicos o los tarados?), podrá parecer la expresión de una duda en el postureo vanidoso de los ejecutantes “farmeadores”. Pero no nos parece que haya dudas en León.

Más allá de si el “seis siete” es algo surgido de casualidad o encierra algún oscuro significado cabalístico judaico –que no sería raro, pues el 67 va por ese lado-, lo cierto es que para nosotros, en nuestra lectura simbólica, nos confirma lo que ya sabemos. A saber: Francisco fue el papa número 6 de los papas conciliares, León es el número 7. Así, León viene a ser, y admitir, que es el papa 6 y el 7, es decir, es otro Francisco, un continuador, profundizador y acelerador de todos los desastres realizados por Jorge Mario Bergoglio.  

Si “farmear aura” viene a ser, como explica la IA, “hacer cosas que aumentan tu aura, es decir, que hacen que parezcas más impresionante, seguro, respetable o carismático ante los demás”, pues los papas conciliares, con sus giras mundiales, sus asambleas, entrevistas, JMJ, etc., etc., vienen “farmeando aura” hace mucho tiempo, de modo de hacer respetable y carismática la Iglesia conciliar. Sólo que detrás de ese “show” mediático hay una agenda anticristiana, que conduce al reinado del Anticristo.

 

ROTARY Y MASONERÍA

 


por DON CURZIO NITOGLIA

 

I

PRÓLOGO

El Rotary nació el 23 de febrero de 1905 en Chicago (Illinois, EE. UU.). Los fundadores eran cuatro: Gustave Loehr (1864-1918), ingeniero minero, Silvester Schiele (1870-1945), comerciante de carbón, Hiram Shorey (1862-1944), sastre, y Paul Percival Harrys (1868-1947), abogado (2) y masón (3). El nombre Rotary fue propuesto por Harrys porque los cuatro fundadores se reunían «por rotación» en sus despachos y talleres profesionales.

Durante la Convention de Duluth en 1912, los rotarios decidieron asumir como su símbolo una «rueda azul» con «veinticuatro dientes» y «seis radios» (4). Ella simboliza la rueda de los carros de los pioneros de la aventura americana, iniciada en el Seiscientos, con los «Padres Peregrinos», que desde Inglaterra y Holanda se dirigieron a Norteamérica para vivir más liberalmente su protestantismo puritano y calvinista. Los «dientes» representan un engranaje mecánico, que significa la revolución industrial y una concepción del mundo o «filosofía» marcadamente tecnológica y tecnocrática, con una referencia a la interactividad e interdependencia entre los miembros del Rotary, similares a las ruedecillas de un gran engranaje (5).

Sin embargo, también existe una simbología más oculta, secreta o esotérica de dicho emblema. La «Rueda» es «un símbolo antiquísimo, presente en todas las culturas. Asumirla como alegoría del progreso es al mismo tiempo correcto y reductivo. La rueda participa de la perfección sugerida por el círculo […]. Se refiere, además, al movimiento y al devenir […], tensión hacia elevados estándares (profesionales, éticos, personales) […] insertados en la […] realidad de una concreción operativa […]. Pero la rueda es también la “rota mundi”, símbolo del mundo […] que contiene el Universo dentro de su circunferencia» (6). La vocación rotaria implica universalidad y mundialismo planetario. El Rotary aspira a «abrazar dentro de su circunferencia la universalidad de las naciones, de las razas, de las culturas» (7). El número «24» es el doble de 12 (como los meses del año, las constelaciones del Zodíaco), que de por sí significa plenitud y totalidad, voluntariamente duplicada y acentuada por los rotarios, quienes querrían extenderse más allá del mundo entero. Los «veinticuatro dientes» significan el engranaje que querría realizar el entrelazamiento de todas las naciones de la Tierra. Por ello Claudio Widmann define el Rotary como «movimiento supranacional, supracultural y suprarracial» (8). El «color azul» representa la tensión cósmica, como el agua del mar, la bóveda del cielo (y de la Logia masónica), y significa la voluntad de reunificar todas las naciones en un Nuevo Orden Mundial más amplio (véase la bandera de la ONU) mediante un sentimiento de amistad filantrópica. Los «seis radios» de la rueda azul son el símbolo de una emanación, la cual se propaga desde el centro de la rueda dentada hacia todos los demás entes, los cuales no son creados ex nihilo por Dios, sino que emanan de lo Indeterminado o del Arquitecto del Universo. El color azul está rodeado por el «amarillo oro», para significar la excelencia, que es el cuarto concepto de la filosofía rotaria (tecnocracia, mundialismo, filantropía y excelencia), es decir, el rotario es un iniciado, no uno cualquiera, forma parte de una élite tradicional y no de la gente común, que tiende hacia una perfección cada vez mayor, al infinito.





II

LA HISTORIA

La vitalidad de los diversos clubes rotarios esparcidos por el mundo (27.000, con 1.200.000 socios repartidos en 150 Naciones) tiene su origen en el espíritu «americanista», al haber nacido en Chicago hace ciento quince años. Su primer origen lo sitúa en el género de asociaciones fundadas sobre la capacidad de responder al desafío de un ambiente de rápido «crecimiento industrial y capitalista salvaje» (9). Chicago a comienzos del siglo XX contaba ya con 2 millones de habitantes. En ella estaban muy vivos los «valores humanistas de la democracia y de la solidaridad social» (10). Precisamente en aquellos años América comenzaba a convertirse en una superpotencia a nivel mundial.

MALVINAS: LA ÚLTIMA CARGA HISPANOCATÓLICA CONTRA EL ORDEN MUNDIAL - GABRIEL CAMILLI

 

APOSTILLAS DEL PANORAMA MUNDIAL

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

EL CISMA CAPITAL - IMPERDIBLE ENTREVISTA A MONS. VIGANÒ

 


CON GAETANO MASCIULLO PARA LifeSiteNews

Sobre el Concilio, el Katechon y el Cisma de la Cabeza -
Primera Parte

Carlo Maria Viganò

 

Gaetano Masciullo: Excelencia, en su nuevo libro usted sostiene que hoy el primer enemigo del Papado es el propio Papa. ¿Cómo se explica esta paradoja?

La paradoja es solamente aparente, y se resuelve en cuanto se distingue aquello que la teología católica siempre ha distinguido: el Papado como institución divina, querida por Nuestro Señor cuando dijo a Pedro Tu es Petrus, y la persona que en un determinado momento de la historia ocupa su Cátedra. El Papado es indefectible, porque es de Cristo; la persona del Papa es un hombre, con su libre arbitrio, que puede corresponder a la gracia de estado o rechazarla. Por otra parte, la Iglesia reza por el Sumo Pontífice pidiendo a la Majestad divina que conserve en la santa Religión al Domnum Apostolicum, precisamente porque sabe que su perseverancia en la Fe no está garantizada automáticamente por el oficio. Si no fuera así, es decir, si el Papa estuviera exento de la posibilidad de faltar a su mandato, rezar por él no tendría sentido.

Cuando un Pontífice utiliza la autoridad que le ha sido conferida ad ædificationem para demoler aquello que esa autoridad está llamada a custodiar —la doctrina, la liturgia, la disciplina, la misma constitución monárquica y jerárquica de la Iglesia— se pone en contradicción con su propio munus. Ya no es el servidor del Papado: es su primer adversario, porque ningún enemigo externo podría herir a la Iglesia tanto como aquel que la hiere desde dentro revestido con la vestidura de Pedro.

He llamado a este fenómeno cisma capital en el sentido propio de la palabra: un cisma que parte del caput, de la cabeza. El cisma clásico es la separación de una porción del cuerpo de la cabeza; aquí asistimos a lo contrario: es la cabeza la que se separa del cuerpo místico y de la Tradición que la precede, que se rebela contra aquello que sus predecesores han enseñado y que él tendría la obligación de transmitir intacto. San Pablo lo dice con palabras que no admiten réplica: sed licet nos aut angelus de cœlo evangelizet vobis præterquam quod evangelizavimus vobis, anathema sit (Gál 1,8-9). Ni siquiera un ángel, ni siquiera un Apóstol, ni siquiera el Sucesor del Apóstol Pedro puede anunciar otro evangelio. El Papa es el custodio del Depositum, no su dueño; y quien de custodio se hace dueño, traiciona la razón misma por la cual Nuestro Señor Jesucristo instituyó el Papado en forma vicaria.

 

Gaetano Masciullo: Usted compara la situación actual con la remoción del katéchon de la que habla San Pablo (2 Tes 2, 6-8). ¿Qué papel desempeña la figura de León XIV en esta dramática remoción del “freno” a la iniquidad?

Los Padres y los grandes comentaristas han visto en el katéchon, en «aquel que retiene», tanto el Imperio romano cristiano como, con él, la autoridad de la Iglesia, y de modo eminente la autoridad del Papado, que durante siglos ha opuesto un dique al mysterium iniquitatis. Ese freno comenzó a ser aflojado desde el momento en que la jerarquía, con el Concilio Vaticano II, renunció a ejercer su autoridad en el sentido querido por Cristo, para buscar la conciliación con el mundo, con el pensamiento moderno, con la Revolución. Desde entonces, quien debería haber retenido comenzó a secundar.

León XIV se inserta en este proceso no como un innovador, sino como aquel que lo consolida y lo hace presentable. Bergoglio desarticuló el Papado con violencia; Prevost da a esa desarticulación una forma institucional, «ordenada», casi tranquilizadora. Su tarea —y creo que es perfectamente consciente de ello— es hacer irreversible la sinodalidad, es decir, aquella «revolución permanente» que lleva el Concilio a sus consecuencias extremas, y hacer que la Iglesia Católica deje definitivamente de ser un obstáculo al proyecto masónico y globalista. Cuando el Papa ya no es freno sino acelerador, la remoción del katéchon no es un acontecimiento futuro: es lo que sucede ante nuestros ojos. Y el Señor nos ha advertido: tunc revelabitur ille iniquus. No lo digo con complacencia apocalíptica, sino con el dolor de un Obispo que ve a la Esposa de Cristo entregada a sus enemigos por quien debería defenderla.

 

Gaetano Masciullo: Frente a las sanciones canónicas, usted invoca el estado de necesidad, como, por lo demás, lo ha hecho la Fraternidad San Pío X para sus nuevas consagraciones episcopales. ¿Cómo responde a tantos conservadores que lo acusan de desobediencia formal al Papa?

Respondo que la obediencia es una virtud, no un ídolo. Tiene por objeto un mandato legítimo dado por una autoridad legítima para el fin para el cual existe esa autoridad. Cuando el mandato es contrario a la Fe, a la ley divina o al bien de las almas, no solamente no obliga, sino que obliga a no obedecer: obœdire oportet Deo magis quam hominibus (Hech 5,29). Esto no es una invención de los tradicionalistas: es San Pedro, es Santo Tomás, es el Magisterio de siempre, es la conducta de los Santos que han resistido a los Pontífices cuando estos se han equivocado, desde San Pablo que resistió a Pedro in faciem, hasta San Atanasio y Santa Catalina de Siena.

CARTA A UN PÁRROCO POR MONS. CARLO MARIA VIGANÒ

 


SOBRE LA OBEDIENCIA AL PAPA

 

La resistencia filial a los mandatos ilícitos no es rebelión, sino el acto supremo de fidelidad a la Iglesia y a Nuestro Señor mismo.

 

Por MONS. CARLO MARIA VIGANÒ

 

A Su Excelencia Reverendísima monseñor Carlo Maria Viganò, arzobispo.

Soy un sacerdote de 70 años de la diócesis de... He escuchado su sentido y sufrido llamamiento al Papa. No tengo dificultad en imaginar sus sufrimientos, que en parte comparto —si «licet magna componere parvis»—. Comparto sus preocupaciones por esta Iglesia posconciliar en la cual, sin embargo, florecen continuos ejemplos de santidad.

Permítame decirle, con filial respeto y franqueza, que el punto débil de su posición, que le ha costado una gravísima sanción que usted considera ilegítima, es el rechazo del último Concilio —un Concilio que tiene como protagonistas a Papas santos y al episcopado más numeroso de la historia de los concilios— y la confusión entre Concilio y posconcilio. Usted, me parece, de las desviaciones posconciliares deduce su rechazo o su no aceptación del Concilio mismo en cuanto tal, es decir, en cuanto acontecimiento eclesial guiado y certificado por el Espíritu Santo en su esencia doctrinal. En nombre de la Tradición, no solamente critica, sino que rechaza la autoridad magisterial del Concilio y la del Papa «en carne y hueso».

No hace falta que yo le recuerde que la continuidad de la Tradición, por voluntad del Señor, se apoya en esta instancia visible, en esta roca que es la fe de Pedro (a pesar de los límites humanos de Pedro) y de sus sucesores (a pesar de sus límites humanos, a menudo evidentes), y no en un Papa fantasmagórico e ideal, quizá remitiéndose a los Papas del pasado. ¿Quién juzga en última instancia sobre la fidelidad a la Tradición? ¿En nombre de la Tradición se puede rechazar de hecho en materia doctrinal al garante de la Tradición? ¿Y quién representa esta garantía última y suprema si no el Papa y el concilio con el Papa?

Con la oración de que continúe la buena batalla por la fidelidad y la santidad de la Iglesia, pero que desista de una posición inspirada por un falso ángel de luz, que solo la humildad puede derrotar, le dirijo mi saludo filial con un sincero augurio,

Suyo en Cristo, sacerdote ...

+

 

Reverendo don...,

he leído con atención y con sincero respeto su carta, captando en ella el tono sentido de quien ha gastado la vida al servicio del altar y lleva en el corazón la solicitud por el destino de la Iglesia. Comprendo su llamado a la comunión y la preocupación por una fractura que lacera el Cuerpo Místico, pero precisamente en virtud de nuestros años de ministerio y de la gravedad de la hora presente, deseo responderle con la misma franqueza y con la luz de la verdad objetiva.

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS A LA COMPAÑÍA DE SATÁN

 


Thomas Reese sj, alma negra de los jesuitas en Estados Unidos, titula su “confesión”: «Por qué odio la antigua Misa en latín». Y llama a esa Misa «un zombie»: creía que estaba muerta, y en cambio regresa. En el fondo, Reese no inventa nada nuevo. El hereje agustiniano Lutero vomitaba blasfemias análogas: la Misa papal es «la más grande y horrenda abominación», «la más alta idolatría sobre la tierra»; «todos los burdeles, los homicidios y los adulterios han cometido menos abominación que la Misa papista». Y precisaba su programa: «Cuando la Misa sea suprimida, habré derrocado al Papa por completo». Calvino la llamaba «ordenanza diabólica», «la más eficaz máquina de Satán». Cranmer quería que el pueblo odiara la Misa que antes había amado. Reese no odia las rúbricas litúrgicas: detesta el concepto de Santo Sacrificio. Odia el Canon que no habla al mundo, sino a Dios. Odia la voz de la Santa Iglesia que desmiente sesenta años de herejías y abusos. Por eso “esa Misa” debe desaparecer, ser quitada a los jóvenes, prohibida en las festividades: no porque esté muerta, sino porque está viva. El zombie no es la Misa de siempre: ¡el zombie es el jesuita Reese! El zombie es el sacerdote renegado que, después de jurar en manos del Obispo celebrar esa Misa “ad majorem Dei gloriam”, remueve en la cloaca del protestantismo buscando dar vida al cadáver inanimado del Novus Ordo montiniano.

MONS. VIGANO

¿CAIFÁS ERA SUMO SACERDOTE?

 


Por DON CURZIO NITOGLIA

 

En el Evangelio según San Juan (XI, 45-53) leemos que Jesús resucitó a Lázaro, que llevaba cuatro días muerto, y entonces «muchos judíos creyeron» (v. 45). Sin embargo, otros fueron y lo denunciaron a los fariseos y sumos sacerdotes (vv. 46-47). Entonces «los sumos sacerdotes y los fariseos reunieron el Sanedrín» (v. 47) para decretar legalmente la sentencia de muerte de Jesús, que ellos ya habían establecido en sus corazones.

Santo Tomás de Aquino, en su In evangelium Joannis expositio (lección VII, parte II, n. 1567), explica: «a propósito de aquella reunión del Sanedrín emerge la maldad de los sumos sacerdotes que querían hacer perecer a Jesús […] sobre todo por la condición de sus personas, pues no eran simples fieles o personas comunes, sino sumos sacerdotes y fariseos. Ahora bien, los sumos sacerdotes eran los jefes de las cosas sagradas, pero ellos las ignoraron y las odiaron en la persona de Jesús».

¡Atención! La maldad de los sacerdotes de la Antigua Alianza no se debía a su vida privada, sino a su incredulidad en el Mesías prometido por la Revelación divina y a su voluntad perversa e incluso deicida de matarlo, y, aun así, ellos son siempre llamados «sumos sacerdotes» por los cuatro Evangelios.

HISTORIA FALSIFICADA CON PATRICIO LONS: SAN MARTÍN Y LA BANCA BARING - POR ANTONIO CAPONNETTO

 


SAN MARTÍN, LA BANCA BARING Y OTROS ASUNTOS

Primera Parte

Introito

El pasado 17 de agosto, desde su programa habitual “Historia con Patricio Lons”, su autor dedicó el de tal fecha a abordar el tema: “San Martín, su amistad con la Banca Baring”; utilizando como subtítulo: “La extraña relación de San Martín con la banca británica”. Apuntamos el link desde el cual las personas interesadas pueden verlo íntegro[1].

Lons termina su exposición –por momentos desvertebrada y caótica pidiendo que la gente que esté en desacuerdo con él no lo cubra de “insultos”. “Déjenme argumentos y los analizamos, yo no tengo ningún problema” [...]. Y agrega: Me dijeron por qué no acepté un debate hace poco con un historiador, pero también vi que este hombre solo me ha insultado. Bueno, si me insultan no voy a debatir”.

Creo saber a quién alude, y siempre es ponderable que se prefiera la vía de la argumentación a la del dicterio. Va de suyo que en estas ocasiones será mejor el coloquio inteligente que la verba infundada. Ahora bien; es difícil, primero, creer que quien lo llamó a la confrontación sólo se haya limitado a insultarlo. Es hombre de una vasta obra con la que puede refutar sobradamente el petardismo verbal del charlista Lons. Pero más difícil es, asimismo, creer en la sinceridad de la petición de principios que este reclama, y mucho más respetarla.

Difícil de creer que esté dispuesto a la disputatio, cuando yo mismo he tenido la experiencia de señalarle algunos de sus innúmeros errores, confusiones, ignorancias y falsías, sin que del conjunto de mis observaciones haya desautorizado o descalificado alguna. Me explayo al respecto en la nota al pie[2]. Y difícil de respetar su premisa, agregamos, porque el hombre que exige la impolutez discursiva cuando se le dirija la palabra, es el mismo que no trepida en insultar a San Martín con los peores denuestos, ofensas y rústicos golpes bajos. Habría pues dos varas para condicionar la reyerta: él puede insultar a los próceres a mansalva, pero nadie puede devolverle la diatriba, aunque al hacerlo se guarde la ley de la justicia que amerita el legítimo uso del género epidíctico, según enseña Aristóteles en La Retórica.

Por eso estas líneas no constituyen una respuesta a Lons sino una guía esquemática para quienes son sus víctimas; esto es aquellos a quienes  llegan sus antojadizas interpretaciones de los personajes y los hechos de nuestra historia. Lo repito: me tienen sin cuidado las incesantes majaderías de Lons, que utiliza además, explícitamente, como sustento económico. Se han convertido en su oficio y ganapán. Dios lo ayude. En cambio, mucho me preocupan y desvelan los daños que su mitolatría hace a tantas almas desprevenidas y crédulas, y que no están obligadas a tener el profesionalismo del historiador.

Tras el necesario introito aclaratorio, vayamos sin rodeos a los puntos concretos que el mismo Lons ha enunciado[3]:

 

1)     Dice Lons: “San Martín conoció a Alexander Baring en Londres a fines de 1811, antes de zarpar hacia el Río de la Plata; la presentación fue gestionada por James Duff, Conde de Fife, quien financió el viaje del Libertador, lo que sugiere que el primer contacto no fue casual sino canalizado por la élite financiera británica”. La reunión inaugural ocurrió en las oficinas de Baring Brothers, en Bishopgate Street 8, lo que coloca a San Martín físicamente dentro del epicentro del capitalismo londinense antes incluso de pisar suelo americano”.

Aclaremos:

I. -La amistad de San Martín con James Duff, Conde de Fife, no se fraguó en los “epicentros capitalistas” ni frecuentando la “élite financiera británica”, sino en los campos de batalla, peleando a la par por la soberanía de España, durante la Guerra de la Independencia contra la invasión de las tropas bonapartistas. Fue en un horizonte épico, no bursátil donde estos hombres aunaron su camaradería. Duff demostró su valor principalmente en la Batalla de Talavera, en 1809, y en 1810, en el asalto al fuerte de Matagorda, durante la defensa de Cádiz. En ambas ocasiones fue herido de gravedad; y por su conducta heroica –más meritoria aún si se piensa que se enroló en pro de España como “voluntario por dolor”- fue ascendido al rango de Mariscal de Campo, declarado “Grande de España” y condecorado con la memorable Cruz Laureada de San Fernando[4]. El hombre presentado por Lons como un oscuro bolsista y agente bancario, derramó su sangre por la Hispanidad, junto a José de San Martín, quien en tales circunstancias no se quedó atrás en materia de arrojo.

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