Disponible en tiendas Amazon
En Argentina en: Librería Santiago Apóstol, Librería Don Quijote
“Fundación Gladius” y Club del libro cívico.
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En Argentina en: Librería Santiago Apóstol, Librería Don Quijote
“Fundación Gladius” y Club del libro cívico.
Pablo Marini, casado, 8 hijos, es
licenciado en Filosofía (UNSTA) y licenciado en Educación religiosa (UFASTA).
Durante más de 30 años se desempeñó como docente universitario dictando las
materias de formación (Teología, Filosofía y Ética) en distintas universidades
católicas. Autor de más de 10 libros, artículos y conferencias de esas
disciplinas, también ha realizado investigaciones de política internacional. Ha
ocupado cargos de gestión educativa de Nivel secundario en distintas
instituciones educativas. Siendo también editor, estuvo a cargo de proyectos de
libros de textos para colegios católicos. Actualmente sigue ejerciendo la
docencia.
¿Por qué un libro sobre los
fundamentos de la fe católica?
Este libro es el resultado de
haber enseñado durante 30 años las materias de formación en
universidades católicas ubicadas en la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos
Aires, Filosofía, Teología, Moral católica. Tiempo harto suficiente para darnos
cuenta de la orfandad en la formación católica de la juventud que llega a las
aulas (y, en general, de los católicos adultos). Cuando empecé a finales de la
década de los ’80 del siglo pasado, casi todos los alumnos (más del 90%)
estaban bautizados en la Iglesia Católica y el 60% de ellos provenía de haber
pasado un mínimo de 10 años en colegios católicos. Progresivamente fui
acumulando horas de estas materias de formación que eran parte de la currícula
de todas las carreras de la universidad (de tal modo que llegué a tener 10
cursos por año), así que puedo decir que por mis aulas pasaron no menos de
7.000 alumnos de distintas carreras y con diferentes intereses.
Mi primera
clase empezaba haciendo una sencilla pregunta: “¿Conocen el ‘catecismo de
perseverancia’, ése de las 99 preguntas que nosotros, los mayores, teníamos que
memorizar cuando éramos chicos?”. Obviamente, no tenían ni idea (y cuantos más
años pasaban, peor venía la cosa). Entonces, les repreguntaba: “¿Saben lo que
decía la primera de esas 99 preguntas? Decía así: ¿Soy cristiano? (Una
pregunta “rara” si se quiere, teniendo en cuenta que se trataba de un catecismo
católico). Bueno, la respuesta a esa pregunta era: Sí, soy
cristiano por la gracia de Dios”. Inmediatamente, les seguía
preguntando: “¿Y qué es la gracia?”. Pues bien, en los 30 años que di clases
universitarias, de esos millares de alumnos, UNO SOLO contestó
“aproximadamente” qué era la gracia (ni siquiera fue muy preciso). Recordemos
que estoy hablando de alumnos mayoritariamente “católicos” que habían cursado
no menos de 10 años en instituciones que supuestamente les brindaban “educación
católica”. Ante el embarazoso silencio que seguía a esto, entonces los
confrontaba con lógica de este modo: “¿Se dan cuenta lo que pasa aquí? Si
ninguno de ustedes sabe qué es la gracia, entonces, no tienen ni la más p…álida
idea de por qué son cristianos?” (haciendo así, una pausa después de
pronunciar la letra “p”, lo que distendía algo el clima de tensión pero, por
cierto, generaba al mismo tiempo un murmullo de risitas nerviosas).
Así iniciaba mis cursos
anuales.
¿Por qué empieza planteando la
distinción entre el orden natural y el sobrenatural?
Es lo mínimo y primero que hay
que hacer para evitar que la gente reduzca la religión católica a una de las
tantas opciones del “menú religioso” contemporáneo. Si hay algo que uno nota
enseguida, es que la gente vive en una enorme indiferencia práctica hacia lo
religioso. Es cierto que, seguramente, en una charla personal –como rezaba el
lema cardenalicio de John H. Newman, “cor ad cor loquitur” (el corazón habla al
corazón)– la gracia de Dios, “usándolo a uno” podría despertar genuino interés,
pero no hay duda de que hoy millones de personas viven “como si Dios no
existiera”. Podría decirse que cuando se trata de tomar decisiones
existenciales, esas decisiones “serias” en las que uno pone todo su interés
–sea que tengan que ver con la familia, el dinero, el sexo, el trabajo– no
parece que haya mucha diferencia entre cómo las toma un pagano moderno, ateo,
agnóstico o personas incluso de otras religiones o confesiones, y un católico
“nominal” (“católico en estado de coma”, los denomino). Y la explicación de esa
indiferencia práctica está en que la absoluta mayoría de los católicos en el
mundo, debido a una pésima formación doctrinal, no logran ver la diferencia
abismal que existe entre la religión católica y cualquier otra religión o forma
de pensamiento humano.
Por eso inicio en el Capítulo 1 con ese apartado sobre la “radical originalidad de la religión católica frente a otras religiones y frente a cualquier forma de sabiduría humana”. Y señalo claramente las diferencias que hay entre Cristo y los fundadores de otras religiones, entre la Iglesia Católica y las otras religiones y cualquier otra expresión del pensar humano.
Por
P. FLAVIO MATEOS
Capítulo de nuestro libro “FATIMA Y
EL MILAGRO DEL SOL. LA GUERRA DEL
ANTICRISTO CONTRA EL PAPADO”, Ediciones
Reacción, 2024. Actualizado.
Puede verse una
lógica en las acciones y actitudes de los revolucionarios que tomaron la
Iglesia en el Vaticano II (“la Revolución de octubre pacífica en la Iglesia”,
como lo llamó el dominico Congar). La intrusión de la democracia (influencia
sobre todo del americanismo, pero llevada a cabo con particular habilidad por
los neo-teólogos subjetivistas alemanes) ha debido desacralizar paulatinamente
el Papado, mientras iban democratizando cada vez más la Iglesia, que de
conciliar está pasando a ser ahora sinodal.
Podemos establecer algunos de esos hitos en este
camino de deformación del Papado:
1.- Concilio Vaticano II: colegialidad y bicefalismo en la Iglesia, en
la constitución dogmática Lumen Gentium (1964). [1]
2.- Pablo VI
visita la sede de las Naciones Unidas (ONU). Se presenta como un hombre igual a
los demás, que ha de ponerse al servicio de las Naciones (cuando las Naciones
deben estar al servicio de la Iglesia). Hace una “ratificación moral y solemne de esta
augusta Organización” (nacida de la Revolución anticristiana y merced al
triunfo masónico-liberal-comunista tras la Segunda Guerra Mundial), y afirma
que “Los pueblos se vuelven a las Naciones Unidas como hacia la última
esperanza de concordia y paz” (¡!) (1965).
3.- Pablo VI entrega su anillo,
símbolo de la autoridad papal suprema, al herético, cismático y falso arzobispo
de Canterbury, en la basílica de San Pablo extramuros (1966).
4.-Declaración de Pablo VI: “el Papa es
el más grave obstáculo en el camino hacia el ecumenismo” (1967).
5.- Deposición de la tiara por Pablo VI (1969). La
Iglesia adopta la democracia, el Papa deja de ser un monarca.
6.- Actitudes populistas, adopción de sombreros,
gorras o cascos grotescos y hasta bailes de música moderna por parte de los
papas conciliares (desde el posconcilio hasta la actualidad).
7.- Reunión interreligiosa de Asís. El Papa (Juan Pablo II) es uno más entre todos
los líderes de las falsas religiones. (1986)
8.- Juan Pablo II es el
primer Papa en visitar una sinagoga (1986). El Papa en pie de igualdad con el
Rabino de Roma, como dos amigos. Los Papas posteriores seguirán su ejemplo.
9.- Redefinición ecuménica
del Papado, proyectada en la encíclica Ut unum sint de Juan
Pablo II (1995).
10.- Benedicto XVI quita la tiara del escudo papal (2005).
11.- Tras su renuncia
(2013), Benedicto XVI se convierte en “papa emérito” (viejo proyecto suyo, en
connubio con Karl Rahner). Permanece en Roma, donde hay ahora “dos Papas”.
12.- Francisco se dedica sistemáticamente a derruir la imagen de Papa,
bajo capa de “humildad”. Hasta llegará a colocarse una nariz de payaso.
13.- Documento de estudio del
Dicasterio para la promoción de la unidad de los cristianos: “El Obispo
de Roma. Primacía y sinodalidad en los diálogos ecuménicos y en las respuestas
a la encíclica Ut unum sint”, tendiente a establecer una “Iglesia
sinodal”, donde el Papa pasaría a ser no ya un primus inter pares con
los obispos católicos, sino también con los de otras denominaciones o sectas
cristianas. Así lo explicita el cardenal Koch (modernista y, desde luego,
“sinodal”): “el
primado debe ejercerse de manera sinodal […] poniéndonos a la escucha de las
diferentes tradiciones cristianas con respecto a la sinodalidad y al primado,
como contribución al proceso sinodal”.
14.-Francisco, hacia el penoso final de su
pontificado, aparece públicamente sin la sotana blanca, con un grotesco pijama.
15.-León
XIV, promotor de la iglesia “sinodal” o “democrática, afirma indirectamente
en un discurso a una “Peregrinación ecuménica ortodoxa-católica de los Estados
Unidos” que Roma (es decir, el Papa) no tiene la primacía respecto de las
otras denominaciones cristianas. El Papa ya no es “un obstáculo en el camino al
ecumenismo”. La doctrina católica es arrojada al cesto de la basura.
Última reflexión: aunque los modernistas, herejes y
masones hagan todos los esfuerzos que su perversa sinuosidad les aconseje,
aunque conjuren y arbitren asambleas y nuevos documentos, todo va a un final
fracaso: el Papado seguirá en pie puesto que la palabra de Dios no pasa: “Y Yo, te digo que tú eres Pedro, y
sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán
contra ella”
(Mt. XVI, 18).
[1] “¿Cómo introduce
esta constitución la bicefalia en la Iglesia? Tras recordar que el Papa «tiene
la potestad plena, suprema y universal sobre la Iglesia [...]», LG añade
inmediatamente que «el orden de los obispos [...] constituye también el sujeto
de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia» (§ 22). Mientras que
hasta entonces la Iglesia había sido una monarquía con un único poder supremo,
el del Papa, LG afirma de repente un doble poder supremo, una Iglesia bicéfala.
Junto al Papa, el colegio episcopal (incluido el Papa) también está sometido al
poder supremo. Este cambio de doctrina fue tan considerable que el Papa Pablo
VI consideró que debía intervenir y redactar una «nota explicativa prævia»
(nota explicativa preliminar) que debía adjuntarse a la Constitución, en la que
matizaba este cambio: «Para no poner en tela de juicio la plenitud del poder
del Romano Pontífice, [...] el colegio está siempre y necesariamente de acuerdo
con su cabeza, que en el colegio conserva íntegramente su oficio de vicario de
Cristo y pastor de la Iglesia universal». Esta nota impide, pues, que el
colegio ejerza por sí solo el poder supremo en la Iglesia, lo que constituye
una herejía condenada, pero no suprime la «bicefalía». El nuevo Código de
Derecho Canónico de 1983 ratificó esta doctrina de la doble potestad suprema en
el canon 336: «El colegio episcopal, cuya cabeza es el sumo pontífice y del que
forman parte los obispos [...] está también, en unión con su cabeza y nunca sin
ella, sometido a la suprema autoridad de la Iglesia”. (Petit catéchisme du concile Vatican
II, Le Sel de la terre No
93, ÉTÉ 2015).
La tiara sólo para la estatua de
San Pedro en el Vaticano, el 29 de junio.
Ave María
Purísima
Sin
pecado concebida.
Informamos a los lectores de un nuevo título salido en nuestro
sello editorial:
LA CRUZ Y LA PALABRA de Flavio Mateos.
Ediciones Reacción, 508 págs.
El libro se consigue ACÁ.
Índice de contenido:
Prefacio
al libro EXPLICATION LITTÉRALE DU TEXTE DE L’APOCALYPSE (Explicación literal del texto del Apocalipsis),
en siete tomos, Editions Saint remi 2024, del Padre Pierre-Joseph Picot de
Cloriviere (1735-1820)
San
Jerónimo, en su epístola a San Paulino, ha hecho en pocas palabras el elogio
más completo del libro del Apocalipsis, cuando dijo que este libro contenía
tantos misterios como palabras; que estaba por encima de todo elogio, y que
incluso en cada una de sus palabras se encerraba una multitud de sentidos. Apocalypsis Joannis tot habet sacramenta, quot verba.
Parum dixi, et pro merito voluminis laus omnis inferior est. In verbis
singulis multiplices latent intelligentiae. [“El Apocalipsis de Juan contiene
tantos misterios como palabras. He dicho poco, y todo elogio queda por debajo
del mérito de este libro. En cada una de sus palabras se ocultan múltiples
inteligencias]. Todos los escritores católicos suscriben
unánimemente este elogio de San Jerónimo.
Me
parecería poco conveniente, después de esto, extenderme en alabanzas del
Apocalipsis. Nada de lo que pudiera decir añadiría algo al testimonio unánime
de los santos Doctores y de los intérpretes de los Libros Sagrados, sobre todo
desde que la Santa Iglesia ha colocado solemnemente este libro en el Canon de
las Escrituras.
No puede
dudarse de que San Juan, el Discípulo amado, sea su autor; el mismo libro lo
indica expresamente, y la Iglesia siempre lo ha reconocido como tal. Pero el
primero y principal autor de este libro divino es el mismo Jesucristo en su
estado glorioso; es el Espíritu Santo quien, mediante signos misteriosos, nos
habla en el Apocalipsis, y lo hace, me parece, de un modo tanto más inmediato
cuanto más santo y más estrechamente unido a Él era el órgano del que se
sirvió. Es el Discípulo amado del Salvador, el Apóstol del divino Amor, San
Juan, en su extrema vejez, cuando se hallaba en el más alto grado de santidad,
y cuando, después de haber salido aún más sano de la caldera de aceite
hirviendo en la que había sido arrojado por la causa de Jesucristo, podía
considerársele más bien como un ciudadano del Cielo que como un habitante de la
tierra.
San Juan
escribió su Apocalipsis en el decimocuarto y penúltimo año del imperio de
Domiciano, el año 97 de Jesucristo, según San Jerónimo, Eusebio, Baronio y
varios otros; veinticinco años después de la ruina total de Jerusalén por Tito,
y dos años antes de escribir su Evangelio. Lo compuso en griego, lengua natural
de los Obispos, a quienes el Apocalipsis está dirigido. No se puede, por lo
demás, dudar de ello cuando se considera el uso que hace el Apóstol del Alfa y
la Omega, la primera y la última letra del alfabeto griego.
En cuanto al objeto principal del libro del Apocalipsis, cualesquiera que hayan sido al respecto las opiniones de los comentaristas, el sentir de los Padres y de los Doctores, y el mismo de la Iglesia, es considerar este libro como la historia profética de la Iglesia de Jesucristo desde su establecimiento hasta el fin de los siglos. Son palabras mismas de San Agustín: Liber Apocalypsis totum hoc tempus complectitur, quod a primo adventu Christi usque ad finem, quo erit secundus ejus adventus, excurrit. [El libro del Apocalypsis abraza todo este período de tiempo, que va de la primera venida de Cristo hasta el fin, cuando será su segunda venida]. Este sentimiento es lo que me ha guiado en la explicación que doy de este libro; y aunque no ignoro que este libro misterioso pudo también haber tenido otros objetos en la intención del autor sagrado, me adhiero casi únicamente al sentido alegórico, que mira a la historia de la Iglesia, como al sentido literal que el autor tenía principalmente en vista. No es afirmar nada contrario a este sentir decir que el santo Apóstol se propuso al mismo tiempo corregir y perfeccionar las costumbres de los cristianos, y refutar los dogmas impíos que Ebión y Corinto sembraban entonces entre los fieles, e incluso todas las herejías que debían surgir con el correr de los siglos.
Textos de
los Santos Padres. Edición de lujo, en portugués.
Traducción
y exégesis del Padre de Cloriviere, en siete tomos, en francés.
Interpretación del padre ecuatoriano y prócer antiliberal Julio Matovelle,
basado en los Stos. Padres e intérpretes anteriores.
Gran desarrollo de los últimos tiempos, obra ya clásica del benedictino francés.
Versión en español.
Clásico del Padre Castellani, últimamente llevado al cine. Muy original
y adaptado a nuestros tiempos.
Otra excelente obra de Castellani que se complementa con la anterior.
Excelente expositor de las Sagradas Escrituras, el benedictino Dom de Monleon.
Versión en
francés.
La Parusía, clásico de referencia del cardenal Louis Billot.
Además de en francés hay versión en portugués.
Excelente
comentario del sacerdote místico italiano, en dos tomos.
Un libro
muy estimulante, que hizo mucho bien
a Santa Teresa
del Niño Jesús.
El gran mariólogo
belga aporta muchas profecías de interés.
En idioma portugués.
Pequeño y
enjundioso estudio editado a fines del siglo XIX por el Padre Huchédé.
Sólo en francés.
Otro
interesante estudio basado en los SS.PP. y diversos expositores.
Sólo en
francés.
Por LUIS ALVAREZ PRIMO
Parte I
La historia sigue su curso más allá de la
voluntad caprichosa de los hombres que eligen desconocer que es Dios quien la
ordena en su desarrollo, sirviéndose de sus decisiones particulares.
Vivimos un momento histórico en que
pareciéramos estar necesitados más que nunca de la filosofía de la historia y,
todavía más, de la teología de la historia. E. Michael Jones, el genial
polímata estadounidense, nos regaló en el 2020 un libro fascinante que vino a
dar respuesta a esa necesidad: “La
Epifanía del Logos. Historia de la realidad última”. Tuve el gusto y el
honor de traducirlo y la primera edición está prácticamente agotada. El libro
se divide en dos partes: I. Historia del logos y II. El logos de la historia. Todos
tenemos necesidad de ver y comprender qué está pasando en el mundo y hacia
dónde se encaminan los acontecimientos en desarrollo.
En estas notas he tratado de registrar los
hechos de la geopolítica mundial e interpretarlos, situándolos en primer lugar,
en el contexto de los dos grandes campos de la gran historia agustiniana: las
dos ciudades que dos amores hicieron: el amor propio hasta el desprecio de
Dios, la Ciudad Terrena o Civitas diaboli; y el amor de Dios hasta el olvido de
sí, la Ciudad Celeste.
La Federación de Rusia, bajo el lúcido
liderazgo de Vladimir Vladimirovich Putin continúa implacable su avance militar
en Ucrania mientras Zelensky y la OTAN se niegan a reconocer la realidad de su
derrota e imponen más muertes y destrucción al pueblo ucraniano. Siguiendo su
acertada estrategia de desgaste (attrition war) Putin no sólo ha causado una
catastrófica derrota al régimen de Zelenski sino, más importante aún, a la
propia OTAN y a los Estados Unidos, quienes, llevados por su hybris
imperialista, provocaron la terrible tragedia de esta guerra.
La ofensiva rusa continúa demoledora y
sistemáticamente. El desarrollo de la tecnología militar rusa es tan admirable
y sin comparación como el heroísmo patriótico de sus soldados. Los patrones del
degenerado régimen de Kiev están desesperados ante el desastre político-militar
y el vaciamiento de sus propios recursos militares y financieros, pero no ceden
porque, más tarde o más temprano, tendrán que afrontar las consecuencias de
esta guerra.
Trump, el extorsionador, ha humillado a la
Unión Europea nuevamente en la cabeza de Úrsula von der Leyen, la presidenta de
la Comisión de la UE, al imponerle abusivas tarifas arancelarias directas e
indirectas a través de sanciones secundarias que impiden a Europa comprar gas y
petróleo ruso y la obligan a carísimas importaciones de los Estados
Unidos.
Trump es una figura patética que se
descompone a cada hora que pasa. Da manotazos tuiteros desde la oficina Oval
disparando medidas arbitrarias y contradictorias que carecen de toda eficacia,
resultan contraproducentes para los intereses de EE.UU. y lo convierten en el
hazmerreír de China, Rusia e India.
Donald J. Trump traicionó al movimiento MAGA
(Make America Great Again) incumpliendo todas sus promesas electorales (“en 24
horas pondré fin a la guerra en Ucrania”, se ufanaba grandilocuente). Su
discurso y sus políticas, aberrantemente infundadas, le han hecho perder
credibilidad. Trump optó por ceder al “Deep State” (los oligarcas judíos que lo
financiaron, el complejo militar industrial, la CIA, el MI6, y el Mossad) en
lugar de apoyarse en el pueblo estadounidense y buscar la paz.
El llamado “Deep State” lo aprieta y lo sostiene porque lo usa. Por momentos parece una figura desahuciada. Pero se recompone. El desgaste de su persona y de su capital político en seis meses tienen pocos antecedentes que lo igualen. Hasta los propios rusos tratan de insuflarle aire y apuntalarlo a fin de lograr un eventual acuerdo.
ROQUE RAÚL ARAGÓN: La Política de San Martín. Universidad
Nacional de Entre Ríos, Córdoba, 1982.
Por OCTAVIO A. SEQUEIROS
La presentación es descorazonante: papel satinado, publicación
oficial por haber ganado un premio del Comando en Jefe del Ejército. Con
semejantes antecedentes era previsible una apología desvergonzada de San
Martín, y sólo empecé a leerlo por respeto a otras obras del autor.
Valía la pena. En el prólogo Aragón encara la relación
-inmutable desde Adán al anticristo-, entre militarismo y política: ni habrá ni
hubo ningún gran político que no aproveche al máximo la fuerza militar, ni gran
militar sin designios políticos. San Martin no era precisamente un civilista
republicano sino un militar completo, es decir político y ambicioso del poder,
de todo el poder: «La política, por eso mismo, no es un agregado a su
ejecutoria del que se pudiera prescindir. Política es todo lo que hizo con la
espada y la palabra» (p. 12).
El primer capítulo nos enfrenta con una pregunta clave: ¿por
qué vino San Martín? No por la tierra y una patria chica (esa Argentina del
virreinato o de Corrientes), que desconocía; ni por ideología liberal, puesto
que era monárquico recalcitrante, ni por ser agente inglés como pretendía
Alberdi deseando ponerle su camiseta, la de “uno de los grandes abogados del
capital británico”, ni por masón, pues la Logia Lautaro “fue una
sociedad secreta con signos de reconocimiento masónicos y sin ningún tipo de
iniciación”: sus propósitos fueron estrictamente políticos. San Martín
profesó un catolicismo escandaloso en público y en privado, y no hay motivos
para sospecharlo esquizofrénico. Aun aceptando, por hipótesis, que hubiese
contraído un compromiso masónico ocasional, éste “no gravitó sobre su
conducta”, ergo no vino por convicciones o mandatos masónico.
Vino, nos dice Aragón, para salvar lo que podía de un imperio en descalabro; vino pues como patriota imperial que observando la decadencia del todo, por el que había luchado en Bailén, intentaba salvar la parte: «San Martín llego a ser un héroe de América por amor a España o, como se dice hoy, a la hispanidad» (p. 12). «Aquí no tenía parientes ni amigos ni bienes materiales. Su patria era, indivisamente, el Imperio Español y en la península estaba cuanto da nobleza a su vida: las tumbas de sus abuelos; su educación familiar: escolar y militar; su carrera, sus campañas, la sangre que derramó, el renombre que supo ganarse» (p. 16). «Toda su carrera dependió de ese punto decisivo (la decisión del regreso), para el que hay que buscar una interpretación coherente aunque no pueda ser concluyente. Se trata de comprender a San Martín, no de inventarlo» (p. 15).
Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...