Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

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sábado, 19 de septiembre de 2026

IMPERDIBLE ENTREVISTA A MONS. VIGANO: SEGUNDA PARTE

 


Mons. Viganò afirma que León XIV ha intensificado la agenda de Francisco, no la ha frenado

 

En esta entrevista exclusiva, Mons. Viganò sostiene que cambiar la manera en que los católicos rinden culto termina cambiando aquello en lo que creen, haciendo de la reforma litúrgica un elemento central de la crisis posconciliar.

Gaetano Masciullo

 

(LifeSiteNews) — En la Parte 1 de esta entrevista, el arzobispo Carlo Maria Viganò afirmó que las reformas asociadas con el Concilio Vaticano II debilitaron el papel de la Iglesia como katéchon, la fuerza que frena la propagación del espíritu del Anticristo en la historia. Abordó la naturaleza de la autoridad papal, la distinción entre el papado como institución divina y los papas individuales al criticar los desarrollos posconciliares, el auge de la sinodalidad y las mujeres en el liderazgo del Vaticano.

Esta segunda parte de la entrevista se centra en la crítica de Viganò a la Iglesia posconciliar, con especial atención a la reforma litúrgica y a Traditionis Custodes como instrumentos de una transformación teológica más amplia. También aborda el pontificado de León XIV, particularmente las acusaciones de redes de protección entre las élites eclesiásticas y la influencia de fuerzas ideológicas y globales sobre la jerarquía contemporánea.

 

LifeSiteNews: A lo largo de toda esta crisis, usted siempre ha identificado la reforma litúrgica no como una consecuencia, sino como una causa. ¿Por qué la cuestión de la Misa, a su juicio, es anterior y más decisiva que la cuestión doctrinal? ¿Y qué significado tiene en este contexto la implacabilidad de Traditionis Custodes, mantenida intacta por León XIV?

Arzobispo Carlo Maria Viganò: Porque la Iglesia siempre ha sabido lo que los modernistas deliberadamente olvidaron: ut legem credendi lex statuat supplicandi («que la ley de la oración establezca la ley de la creencia»). Es la ley de la oración la que establece la ley de la fe, y no al revés. El pueblo cristiano no aprende el dogma de los manuales: lo respira en el altar. Un hombre que durante años se ha arrodillado ante el Santísimo Sacramento, que ha visto al sacerdote vuelto hacia Dios y no hacia la asamblea, que ha presenciado la Consagración en el sagrado silencio del Canon Romano, cree en la Presencia Real y en el Sacrificio, aunque no supiera formular los dogmas correspondientes; y ningún teólogo logrará quitarle esa fe. Cambie la manera en que una persona reza, y cambiará aquello en lo que cree, sin que ella lo advierta y sin que nadie tenga jamás que formular una sola proposición herética.

Por eso digo que la reforma litúrgica no fue una consecuencia de la crisis: fue su instrumento. Fue la manera más rápida y segura de obtener aquello que una definición jamás habría conseguido. Obsérvese: es la aplicación perfecta de aquel principio bergogliano según el cual «el tiempo es superior al espacio». No se define nada, se inicia un proceso, y luego solo hacen falta un par de generaciones para que el resto se acomode en su lugar. Cualquiera que quiera confirmar este método debería leer el Breve examen crítico del Novus Ordo Missae, de los cardenales Ottaviani y Bacci, quienes ya en 1969 advertían que el nuevo rito «se aparta de manera impresionante, en su conjunto y en sus detalles, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada en la Sesión XXII del Concilio de Trento». No eran dos sediciosos: uno era el antiguo secretario del Santo Oficio[1] y el otro era un cardenal de la Curia. Fueron ignorados, y hoy las estadísticas sobre la creencia en la Presencia Real confirman cuánta razón tenían. Cranmer comprendió cuatro siglos antes que cambiar la Misa basta para cambiar la religión de un pueblo, y no necesitó negar ningún dogma para erradicar el Santo Sacrificio de Inglaterra.

sábado, 12 de septiembre de 2026

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS A LA COMPAÑÍA DE SATÁN

 


Thomas Reese sj, alma negra de los jesuitas en Estados Unidos, titula su “confesión”: «Por qué odio la antigua Misa en latín». Y llama a esa Misa «un zombie»: creía que estaba muerta, y en cambio regresa. En el fondo, Reese no inventa nada nuevo. El hereje agustiniano Lutero vomitaba blasfemias análogas: la Misa papal es «la más grande y horrenda abominación», «la más alta idolatría sobre la tierra»; «todos los burdeles, los homicidios y los adulterios han cometido menos abominación que la Misa papista». Y precisaba su programa: «Cuando la Misa sea suprimida, habré derrocado al Papa por completo». Calvino la llamaba «ordenanza diabólica», «la más eficaz máquina de Satán». Cranmer quería que el pueblo odiara la Misa que antes había amado. Reese no odia las rúbricas litúrgicas: detesta el concepto de Santo Sacrificio. Odia el Canon que no habla al mundo, sino a Dios. Odia la voz de la Santa Iglesia que desmiente sesenta años de herejías y abusos. Por eso “esa Misa” debe desaparecer, ser quitada a los jóvenes, prohibida en las festividades: no porque esté muerta, sino porque está viva. El zombie no es la Misa de siempre: ¡el zombie es el jesuita Reese! El zombie es el sacerdote renegado que, después de jurar en manos del Obispo celebrar esa Misa “ad majorem Dei gloriam”, remueve en la cloaca del protestantismo buscando dar vida al cadáver inanimado del Novus Ordo montiniano.

MONS. VIGANO

lunes, 17 de agosto de 2026

¿POR QUÉ UNA SOLA MISA VALE MÁS QUE TODO EL ORO Y TODAS LAS PERLAS DE LA TIERRA?

 


Para responder a esta pregunta, leamos «El Vademécum de los jóvenes salesianos» de Don Luigi Barberis, sacerdote salesiano (1847-1927)


Cómo actúa la misa


La misa no actúa solo, como es el caso de las otras oraciones, ex opere operantis, es decir, según la devoción y la pureza de quienes las recitan; sino, como dicen los teólogos, ex opere operato, es decir, por sí misma. En efecto, aunque el instrumento que ofrece sea indigno, la ofrenda es la del cuerpo y la sangre de Jesús, siempre digna de ser escuchada por Dios, aunque sea ofrecida por un miserable. Puesto que es Jesús mismo quien se ofrece aquí, comprenderás cómo esta ofrenda es infinitamente más agradable a Dios que cualquier otra obra de piedad, por excelente y sublime que sea. Una misa vale ciertamente innumerables rosarios y otras oraciones, porque por el sacrificio de la misa nos apropiamos realmente de los méritos de la pasión y de la muerte de Jesucristo. Estos méritos así recibidos nos pertenecen realmente, y podemos ofrecer al Señor como verdaderamente nuestros los méritos del mismo Jesucristo.

La ofrenda es lo mejor que se puede hacer durante la misa; y por tanto, cuanto más frecuentemente y más sinceramente ofrezcas algo al Señor, más bien haces. Por consiguiente, cuando no estás presente en la misa, haces bien en ofrecer las numerosas misas que se celebran en el mundo. Pues cuanto más ofrezcas al Padre eterno la sangre de su divino Hijo, más se alegra Dios, más se pagan las deudas de nuestros pecados, más mérito se obtiene para el paraíso, más eficazmente se alivian las almas del purgatorio. Cuantas veces dices: «ofrezco, ofrezco», esto vale tanto como decir: pago, pago.

Pago para disminuir mis deudas, para comprar bienes celestiales, para liberar a las almas del purgatorio; pago para obtener gracias para aquellos por quienes ofrezco. Incluso la oración fuera de la misa tiene mucho valor ante Dios, pero en la misa, o uniéndose a la intención de las misas que se celebran, se ofrece un sacrificio real, se ofrece al mismo Jesucristo. Jesús se ofrece por nosotros a su Padre celestial; el valor es infinitamente mayor. Aunque seas un gran pecador, puedes estar seguro del perdón si ofreces la pasión de Jesús a su Padre eterno.


No hay ninguna comparación posible con la misa


¿Quieres saber, mediante una comparación, cuál es el valor de la misa? Vale más que todo el oro y todas las perlas de la tierra. Si alguien fuera dueño del mundo entero y ofreciera todo esto a Dios todopoderoso, su don seguiría siendo infinitamente inferior al valor de una sola misa. Si este pudiera disponer igualmente de todo el paraíso y de sus felices habitantes, y ofreciera todo esto a Dios, tampoco esta ofrenda podría compararse con el don que se hace a Dios por la santa Misa. Porque en la santa Misa se ofrece al Padre eterno un don tan excelente que vale tanto como el mismo Dios infinito y todopoderoso, con todas sus perfecciones, su majestad y su gloria.

No se puede ir más lejos en la explicación del valor de la santa Misa, porque no se puede encontrar ni pensar en nada más grande que supere la divinidad o el infinito. Si das un trozo de pan o un vaso de agua por amor a Dios, Jesús nos ha dicho que esto ya tiene un gran valor. Si un príncipe ofrece sus riquezas, un emperador su imperio por amor de Dios, es un heroísmo digno de ser alabado durante todos los siglos. Pero cuando el sacerdote (y el pueblo que asiste a la santa Misa) ofrecen al Padre eterno al mismo Hijo de Dios, es una ofrenda de valor inestimable.


Grandes males se derivan del hecho de no comprender bien la santa Misa


Si lo que se ha dicho anteriormente sobre la gran eficacia del Sacrificio eucarístico es verdad, y es muy verdad, hay que decir que si continúas con tus pecados y no sientes de una vez por todas la fuerza para corregirte, es porque no asistes bien a este sacrificio.

Si los pecadores no se convierten y perseveran en su impenitencia hasta el final, ¿no será, quizá, por tu culpa? Porque si hubieras ofrecido por ellos la sangre de Jesucristo con una oración ferviente, sin duda se habrían convertido. Si el purgatorio todavía no está vacío de sus habitantes, ¿no será, quizá, porque entre todas las misas que se celebran, los fieles no asisten a ellas o no asisten bien?
Y si todavía no has alcanzado la perfección a la que estás llamado, ¿no será a causa de tu negligencia en ofrecer con el sacerdote al Padre eterno el sacrificio expiatorio que quita los pecados del mundo y que da la vida eterna? Si te hubieras encontrado presente en el Calvario, y con el amor que ahora tienes por Jesús, hubieras tomado en tus manos la sangre que corría por el suelo, si la hubieras ofrecido a Dios sosteniéndola en alto, con una confianza inquebrantable y un corazón contrito, ¿no es verdad que con esta sangre tan preciosa ofrecida a Dios habrías tenido confianza de obtener todas las gracias para ti y para aquellos por quienes la hubieras ofrecido?

Esto es lo que obtendrías ahora [pues en la misa se está en el Calvario], haciendo esta ofrenda con una gran fe y un amor ardiente. ¿Qué pecados son tan horribles que no puedan ser lavados por esta sangre tan preciosa? ¿Qué deudas son tan enormes que no puedan ser pagadas por este tesoro infinito? La sangre de Jesús es capaz de purificar, de perdonar y de pagar más que todo lo que el mundo puede ensuciar, acusar, endeudar. Pon una confianza ilimitada en la sangre de Jesús y ofrécela con mucha diligencia a Dios durante la santa Misa, y no temas que no obtendrás todo.

La santa comunión en la Misa


Si en la santa misa, además de ofrecer con el sacerdote la santa hostia, te unes también a él mediante la santa comunión, te unes al sacrificio, pero también participas con él en el sacramento. Tendrás, por tanto, mucho más mérito y muchas más gracias, pagarás muchas más deudas, y Dios será aún más convenientemente adorado y agradecido por ti. De modo que la Santa Iglesia, en el Concilio de Trento, exhorta vivamente a los fieles a asistir todos los días a la Misa, y expresa también el ardiente deseo de que cada uno comulgue sacramentalmente, y no solamente espiritualmente, cada vez que asiste a la santa Misa.


Extracto de “Il Cedro”, abril de 2025.


jueves, 13 de agosto de 2026

QUO VADIS INFOCATÓLICA?

 


Vaya sorpresa…resulta que la nueva misa del masón Anibale Bugnini, en la cual participaron miembros de sectas protestantes y de la cual hay abundantes escritos, incluso oficiales del concilio, ahora, ¡según INFOCATÓLICA es todo falso! Tampoco el “Novus Ordo” está protestantizado, al contrario, está en continuidad con el “Vetus Ordo”… ¡vaya objetividad tienen ahora! Van en caída libre en Infocatólica, incluso tienen un censor de opiniones que cuando les son desfavorables a la línea editorial, te bloquean, ¡los comentarios nunca aparecerán! ¡Y cuando opinas, y pasas finalmente el filtro censor, hay un “redactor” que opina sobre tu opinión, corrigiéndote o apabullándote, sin que puedas replicarle! Últimamente se han dado a la tarea también de “torpedear” burlescamente a @Infovaticana en medio de las opiniones de los lectores (como pueden apreciar en la captura de pantalla). Quo Vadis Infocatólica? ¡Al abismo parece!




Han perdido toda credibilidad, ¿que dirían los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci autores del famoso Breve examen crítico del Novus Ordo Missae? Infocatólica ha cambiado su línea editorial y en el proceso su objetividad, a una línea claramente modernista, y un cuerpo censor al estilo de China comunista, donde controlan y manipulan la información.

https://x.com/Luis61053512/status/2087400526958784734?s=20

 

La definición del IGMR de la nueva misa: art. 7 "La Cena del Señor, o la Misa, es la sagrada sinaxis o asamblea del pueblo de Dios, con un sacerdote presidiendo, para celebrar el memorial del Señor". Si esto no es protestante, ¿qué es?

Luego se cambió la definición de la misa, pero no se cambió la misa de la definición.



LUCHAS LITÚRGICAS SE INTENSIFICAN: CÓMO LAS MISAS DE INDULTO ESTÁN SIENDO UTILIZADAS COMO ARMA CONTRA LOS TRADICIONALISTAS

 


Los últimos acontecimientos en Pittsburgh y Texas demuestran que Roma se está volviendo más astuta en su guerra contra la fe, en lugar de cejar en ella.

Por RIAAN VAN ZYL

11 de agosto de 2026

 

Mucho se ha hablado en el mundo de los medios católicos acerca de la última migaja arrojada a los católicos, cuando el obispo Michael Sis, de la diócesis de San Angelo, Texas, anunció que ampliaría la celebración de la llamada Forma Extraordinaria en su diócesis.

Este anuncio de la «generosidad» de Sis fue elogiado por el P. Ryan Rojo, Director de Vocaciones de los seminarios de la diócesis, quien afirmó que la decisión de Sis estaba «motivada por la salvación de las almas».

Los usuarios y comentaristas sensatos de las redes sociales se apresuraron a señalar que la nueva Misa Tradicional en Latín parece tener menos que ver con «la salvación de las almas» y más con una maniobra estratégica de la astuta jerarquía sinodal para mantener a los católicos dentro de la plantación conciliar, ya que resulta que la nueva Misa está, según se informa, a solo unas cuatro millas de una capilla de la FSSPX.

Esta nueva Misa Tradicional diocesana resulta estar a 4 minutos de una capilla de la FSSPX que también tiene Misa solo una vez al mes.

Estas observaciones adquieren especial significado a la luz de los recientes comentarios del arzobispo Salvatore Cordileone. Cordileone reconoció, durante una entrevista con EWTN, el peligro de una restricción de las Misas de Indulto, en una entrevista posterior a la controvertida consagración de cuatro obispos por parte de la FSSPX.

Pidió un «acceso más fácil» a la Misa Tradicional en Latín para que los católicos «apegados a la antigua liturgia» no se sintieran obligados a buscar alimento espiritual fuera de la plena comunión con Roma.

Pero mientras este espectáculo circense vaticano en Texas plantea interrogantes acerca de las motivaciones de Sis, la última maniobra en Pittsburgh no deja ninguna duda acerca de si la demolición del catolicismo va a disminuir en el futuro cercano.

El obispo Mark Eckman anunció que la Misa Tradicional en Latín en la iglesia de San Tito llegará a su fin el 4 de septiembre. El acuerdo, que comenzó en 2022 con permiso de Roma, fue prorrogado una vez en 2024, pero ahora el obispo ha decidido no solicitar otra prórroga.

En una carta en la que anuncia su decisión, Eckman reveló el plan de los modernistas de Roma, admitiendo que el permiso nunca tuvo la intención de ser permanente. Se espera que los católicos «crezcan en su aprecio» por la liturgia posconciliar y regresen a ella, afirmó.

De esta franca y directa admisión queda claro que la Misa en Latín, por lo tanto, no estaba siendo tolerada como una expresión legítima y duradera del culto católico, sino solamente soportada como una adaptación pastoral temporal.

Y esto debe quedar claro: se trata de una adaptación pastoral que ahora está llegando al final de su existencia.

Pittsburgh, por supuesto, no es un caso aislado, sino simplemente otro dato más en la continua aplicación de la política establecida por Traditionis Custodes.

Hay que ser bastante insensato para no reconocer el patrón: restringir la liturgia tradicional, impedir su normalización y, finalmente, animar a quienes están apegados a ella a pasar a la Misa posconciliar. En otras palabras, dar a los católicos tradicionales el espacio suficiente para mantenerlos dentro de la estructura diocesana, al mismo tiempo que se garantiza que la Misa tradicional permanezca subordinada, restringida y, en última instancia, momentánea.

Por eso, la apertura ocasional de una Misa Tradicional en Latín no debería interpretarse automáticamente como una revocación de Traditionis Custodes ni como un debilitamiento de la campaña contra la Misa Tradicional. La carta de Pittsburgh es la última expresión del objetivo del Vaticano de trasladar finalmente a los católicos tradicionales al panorama posconciliar. Después de todo, Traditionis Custodes dejó claro que el Misal reformado debe ser la expresión única del Rito Romano. La guerra, por lo tanto, no ha terminado, sino que simplemente se ha vuelto más sofisticada e intensa.

Moderen su entusiasmo. Habrá ocasionalmente nuevas Misas, adaptaciones pastorales y enclaves tradicionales cuidadosamente controlados, pero junto a ellas vendrán cierres, restricciones y presión para asimilarse, hasta que la Misa Tradicional en Latín sea completamente erradicada de la Iglesia Sinodal.

 

https://integritymagazine.org/2026/08/10/liturgy-wars-intensify-how-indult-masses-are-being-weaponized-against-traditionalists/

 

sábado, 16 de agosto de 2025

"EXPLICACIÓN DE LA SANTA MISA: MARÍA AL PIE DE LA CRUZ"

 

DOCE RAZONES POR LAS QUE NO ES PREFERIBLE EL NOVUS ORDO

 



Réplica al P. Longenecker

 

 

Por PETER KWASNIEWSKI

08/01/2019

 

El P. Longenecker es autor de varios libros excelentes. Hace años me gustó mucho y me resultó muy provechoso su libro sobre San Benito y Santa Teresita del Niño Jesús, y el estudio que publicó hace poco sobre la veracidad histórica de los Reyes Magos es muy interesante.

Pero parece que en lo que se refiere a liturgia no da la talla. Cada una de las afirmaciones que expresa en su artículo Twelve Things I Like About the Novus Ordo Mass (doce cosas que me gustan de la Misa Novus Ordo) puede refutarse y ha sido refutada en los abundantes trabajos publicados sobre el tema, de los que no parece tener ni idea. En realidad, el artículo denota un conocimiento mínimo de la historia, proceso y contenido de la reforma litúrgica (que, por ejemplo, está bien documentado en esta biografía de Anibale Bugnini) y de la riqueza que, en contraste, posee la liturgia tradicional.

Examinemos una por una las doce afirmaciones del P. Longenecker, que hemos destacado en negrita:

1. Es accesible. Cuando la liturgia está en la lengua vernácula la entiende mejor el pueblo. ¿Qué puede haber de malo en ello?

Es característico del racionalismo que informa el movimiento litúrgico (basado en sus precursores de la Ilustración) dar prioridad a que se entiendan las palabras por encima de un entendimiento más sintético y cabal del misterio de la Fe, que convoca a todos los sentidos y apela tanto al corazón como al intelecto. El empleo del latín, además de ser ni más ni menos lo que ha tenido la Iglesia durante más de 1500 años, genera un ambiente sobrenatural y sagrado que invita a la meditación y la adoración.

No sólo eso. Aspirar a que se entendiera más fácilmente llevó a los reformadores a bajar el nivel y simplificar buena parte del contenido de la Misa para que no fuera tan difícil. ¿Cuál es el elevado precio que hemos tenido que pagar por la perogrullesca accesibilidad  del Novus Ordo? La superficialidad y el aburrimiento. Está tan alcance que no se puede agarrar, como diría P.G. Wodehouse. Por eso hay un nuevo género de libros de autoayuda para no aburrirse en Misa y existen movimientos juveniles para animar el Novus Ordo. Esto contrasta con la Misa Tradicional en latín, que es elevada y sublime, y proporciona al feligrés desafíos a la altura de su dignidad racional y destino sobrenatural, y le descubren todo un panorama de descubrimientos en las oraciones y gestos de siempre.

Por último, nadie que sepa leer es incapaz de usar un misal diario en el que puede encontrar la traducción de todas las antífonas, oraciones y lecturas; eso sí, sin ningún intento oficial de traducir los intraducibles textos latinos antiguos, evitando así las interminables polémicas sobre qué estilo y registro de la lengua vernácula conviene emplear en la liturgia. Las oraciones principales de la Misa son fijas y se repiten semana tras semana, por lo que no es difícil seguirlas, como se puede observar en los niños de ambos sexos que asisten a la Misa tradicional en latín.

2. Es flexible. Debemos honrar el latín como lengua de la Iglesia, y es bastante fácil integrar un poco de latín, o mucho, en la Misa Novus Ordo. Es igualmente flexible en lo musical. No hace falta que cualquiera salga y se ponga a cantar, ni tocar rock ligero. Aprendan canto gregoriano y polifonía. Se adapta bien.

La idea de que la liturgia es cuestión de gustos y se puede escoger entre diversas opciones es ajena al desarrollo histórico de la liturgia cristiana en Oriente y en Occidente, el cual ha tendido siempre a un carácter más definido, coherente y estable de los textos, cantos y ceremonias litúrgicos. La liturgia es una representación ritual en el que los actores pierden su individualidad y se convierten en personajes aptos para los misterios representados. No se debe ver al sacerdote como alguien que preside y da color a la escena, sino como el guardián de un tesoro que ha recibido y presenta humildemente a los fieles. A éstos, a su vez, les resulta más fácil rezar cuando la liturgia es fija y pueden participar siempre de la misma rutina sagrada. Esta cualidad intrínseca de la buena liturgia brilla intencionalmente por su ausencia en el Novus Ordo.

LA PRIORIDAD EN LAS BATALLAS

 


Por RAFAEL GAMBRA

 

Tanto la vida de los hombres como la de los pueblos experimentan a veces momentos de plenitud y de victoria en los que parece que todo les es concedido, y a veces también grandes derrotas y retrocesos históricos que los reducen a sus mínimas posiciones y les obligan a recomenzar desde cero su vida.

Pensemos entre los primeros, y referido a nuestra patria, aquel año estelar de 1492 en que nuestros mayores alcanzan definitiva victoria sobre el infiel en la vega de Granada, y en que, como de propina, reciben con el gran descubrimiento las llaves de todo un mundo nuevo. Entre los segundos —los retrocesos catastróficos— recordemos aquel aciago 711 en que se consumó en una sola batalla "la pérdida general de la España". La aristocracia visigótica que en el año 710 se consideraba definitivamente asentada en una gran nación dotada ya de unidad religiosa, se ve de pronto fugitiva en las montañas asturianas para iniciar, con pequeñas escaramuzas, una reconquista que duraría casi ocho siglos.

Otro tanto acontece en la vida de los individuos. Hombres que, por ejemplo, han sido capaces de escalar las más altas montañas se ven de pronto incapaces de remontar la escalera de su casa. Unos y otros sin embargo —individuos y pueblos— han de reaccionar y afrontar su suerte histórica por precaria que sea la situación a que se han visto reducidos. Con la diferencia de que en el individuo la lucha contra la caducidad es, en un cierto plazo, causa perdida, al paso que los pueblos y civilizaciones pueden conocer renacimientos y nuevos días de esplendor.

CUANDO 6.000 SACERDOTES ESPAÑOLES SE NEGARON A CELEBRAR LA NUEVA MISA

 


El siguiente artículo apareció en el n.º 140 de la revista Itinéraires[1], en febrero de 1970, pocas semanas después de que la celebración de la nueva misa se hiciera obligatoria, el 1.º de diciembre de 1969. El título del artículo, el prólogo y la conclusión son de la redacción de Itinéraires. Las notas al pie son de La Porte Latine.

 

Prólogo

 

La Asociación Sacerdotal Española de San Antonio María Claret cuenta con 6. 000 sacerdotes y religiosos.

Ha dado al mundo católico un ejemplo de fidelidad sacerdotal y de intrepidez en el deber al dar a conocer a la Santa Sede la imposibilidad moral, intelectual y espiritual en la que se encuentran sus miembros para celebrar el santo sacrificio según el nuevo Ordo Missae.

Estamos autorizados por su presidente, el abad José Bachs, y su secretario, el abad José Mariné, a reproducir las dos cartas que, el 11 de diciembre, enviaron a Pablo VI y a Mons. Bugnini[2].

 

Carta a Pablo VI

 

Santísimo Padre,

Con profundo dolor le adjuntamos fotocopia de la carta que nuestra Asociación acaba de dirigir al Secretario de la Sagrada Congregación para el Culto Divino, y que deseamos llevar personalmente al conocimiento de Vuestra Santidad.

La cuestión del nuevo Ordo comienza a ser una cuestión de conciencia de la máxima gravedad para millones de católicos, sacerdotes y laicos. No hablaremos de las razones doctrinales católicas; no sabríamos exponerlas mejor que el documento Breve Examen Crítico del Novus Ordo Missae[3], que Vuestra Santidad ha recibido recientemente acompañado de una carta firmada por los cardenales Ottaviani y Bacci, y que sería necesario refutar punto por punto según la doctrina del Concilio de Trento, si se quisiera probar la ortodoxia del Novus Ordo.

No hablaremos de ello, pero sí hablaremos de las razones protestantes. El Sr. Max Thurian afirma en La Croix del 30 de mayo de 1969 que con el nuevo Ordo «comunidades no católicas podrán celebrar la Santa Cena con las mismas oraciones que la Iglesia católica. Teológicamente, es posible». Si, pues, esta celebración por parte de un protestante es teológicamente posible, es que el nuevo Ordo ya no expresa ningún dogma con el cual los protestantes estén en desacuerdo. Ahora bien, el primero de estos dogmas es el de la Presencia Real, esencia y centro de la Misa de San Pío V. ¿Podría un pastor protestante celebrar el nuevo Ordo, si debiera hacer la consagración con la intención con la que lo hace la Iglesia católica? Lex orandi, lex credendi[4]: la liturgia es la expresión más alta de nuestra fe. ¿A dónde iremos si, en el mejor de los casos, la Misa silencia las verdades católicas?

domingo, 3 de agosto de 2025

OFERTORIO ANTIGUO, OFERTORIO NUEVO: UNA FRACTURA

 



Por P. MATTHIEU DE BEAUNAY

Durante un retiro pascual dado en Écône el 17 de abril de 1984, Monseñor Lefebvre enseñaba que «el sacrificio es lo más esencial en la vida humana normal. El acto más importante de una criatura normal, es decir, de alguien que cree en Dios, que reconoce a Dios como el Creador de todas las cosas, es expresar este reconocimiento a Dios todopoderoso por el sacrificio, por la oblación de un ser que significa la oblación del hombre mismo a Dios».

Santo Tomás de Aquino enseña que el sacrificio, como acto de culto público, comporta necesariamente la oblación, la inmolación y la manducación. Estas son sus tres partes esenciales. La Misa, renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz, constituye este sacrificio, este acto principal del culto rendido a Dios. Sus tres partes responden a un doble fin necesario – que funda la razón de ser del Sacrificio – la gloria de Dios y la expiación de los hombres en cuanto pecadores.

En la primera parte esencial de la Misa, es decir el Ofertorio, se realiza la ofrenda de las oblatas. La palabra «oblatas» significa las materias que van a servir para la inmolación del sacrificio, a saber, el pan y el vino. Esta palabra lleva en sí la noción de oblación u ofrenda. Esta oblación es la de Cristo que se va a inmolar unos instantes después, pero es también la de cada oferente o asistente a la misa en particular, y la de la Iglesia en general. El contenido del Ofertorio, las oraciones que lo forman, deben estar en correspondencia con lo que es: la primera parte esencial del sacrificio, sin la cual no hay sacrificio, la oblación.

En el Novus Ordo Missae, la oblación es desnaturalizada por degradación. Ya no responde al doble fin esencial del Sacrificio. Se convierte en un intercambio entre Dios y el hombre. Este último aporta el pan y el vino que Dios cambia espiritualmente y ya no sustancialmente. He aquí el texto: «Bendito eres, Señor, Dios del universo, porque de tu generosidad hemos recibido el pan (o: el vino) que te ofrecemos, fruto de la tierra (o: de la vid) y del trabajo del hombre, del que proviene para nosotros el pan de vida (o: la bebida espiritual)». Las expresiones empleadas tienen un sentido indeterminado que se aleja de la noción de don verdadero con vistas al sacrificio glorificador y reparador de los pecados, tal como está expresado en la primera oración del Ofertorio tradicional: «Recibid, Padre santo y todopoderoso, esta hostia sin mancha…»

Siempre en la misma línea de «des-sacrificialización», el nuevo ofertorio está amputado de las tres oraciones: «Oh Dios, que creaste la naturaleza humana de manera admirable y que de manera más admirable aún la restauraste en su dignidad primera…», «Te ofrecemos, Señor, este cáliz en olor de suavidad…» y «Ven, Santificador, Dios eterno y todopoderoso…» Se trata verdaderamente de una amputación y no de un reemplazo, pues no hay oraciones colocadas en su lugar. ¡Una severa supresión cuando se estudia el sentido profundo de estas oraciones y el vínculo que expresan con la finalidad propiciatoria y sacrificial de la Misa en la que se insertan! El hombre y el sacerdote que ofrecen ya no se reconocen como pecadores que piden misericordia al Dios de Justicia infinitamente ofendido. La realidad del hombre pecador que ofrece a Jesús, su Redentor, en sacrificio para la expiación y la reparación de sus pecados es borrada. Esto acarreará poco a poco la pérdida de esta verdad en los espíritus y en los corazones.

¿En qué se convierte entonces el doble fin profundo, esencial, de este acto de religión más eminente del catolicismo? Este cambio en el Ofertorio, seguido de los del Canon y de la comunión, constituye una conmoción, por una parte, en la concepción católica de la economía de la salvación y, por otra, en la concepción aún más importante de Dios como Maestro y Señor. Cincuenta años más tarde, los hechos hablan por sí mismos. Los estudios sobre el número de católicos y el número de los que saben definir a Dios y que practican, revelan, en Francia y en el mundo, una caída abismal desde la salida de la nueva Misa.

Finalmente, un argumento de crítica externa resalta bien este cambio en la esencia de la Misa: la aprobación de este nuevo Ordo Missae recibida de los protestantes. En el mismo sentido, Monseñor Bugnini – gran arquitecto del Novus Ordo Missae – decía el 19 de marzo de 1965: «Debemos quitar de nuestras oraciones católicas y de la liturgia católica todo lo que pueda ser sombra de tropiezo para nuestros hermanos separados». ¡Hay que notar que estas palabras fueron pronunciadas cuatro años antes de la promulgación de la nueva misa!

https://laportelatine.org/formation/crise-eglise/nouvelle-messe/offertoire-ancien-offertoire-nouveau-une-fracture


sábado, 26 de julio de 2025

EL SANTO PATRONO DE LA RESISTENCIA A LA REFORMA LITÚRGICA

 



Hubo un hombre, en el siglo pasado, que vivió largos años con los estigmas de la pasión en su cuerpo y que realizó portentosos milagros en vida y después de muerto. El muy recordado padre Pío, elevado al honor de los altares por Juan Pablo II. Ahora bien, un santo lo es por sus virtudes heroicas. Una de ellas, que casi nadie sabe, por cierto, fue su oposición a la reforma litúrgica y su fidelidad a la misa de siempre. Es verdad que murió poco antes de que ésta se hiciese obligatoria. Pero es de saber que fue preparada por una serie de pequeños cambios, todos los cuales rechazó el Santo. Muy en especial la obligación de recitar al canon en voz alta. Tampoco aceptó la supresión del manípulo, signo del sacrificio. Vio en todos estos cambios la sombra de Lutero hasta el punto de negarse terminantemente a pedir la autorización que Mons. Bugnini quiso sonsacarle a fin de que reconociera la validez de la reforma que él encabezaba. Pienso que el padre Pío debería ser considerado el Santo Patrono de la resistencia a la reforma.

 

“La Misa Nueva de Pablo VI. Breve examen crítico”, Juan Carlos Ossandón Valdés, Editorial Monasterio, Santiago de Chile, 2008, pág. 172.

 

sábado, 19 de julio de 2025

LA NUEVA MISA

 



Por P. RENÉ MARIE BERTHOD

 

·       ¿Qué es la misa?

·       La doctrina católica definida

·       ¿Qué sucede con la nueva misa?

·       La nueva misa y la presencia real

·       La nueva misa y el sacrificio eucarístico

·       La nueva misa y el papel del sacerdote

Este análisis de la nueva misa del canónigo Berthod va directo al grano.

El canónigo René Berthod (+26/06/1996), sacerdote de la congregación de los Canónigos del Gran San Bernardo, tras una larga y brillante carrera como profesor, fue durante varios años director del seminario de Écône. Eminente y profundo teólogo, gran conocedor de santo Tomás, aceptó en 1981 redactar una breve crítica de la nueva misa para la revista del Movimiento de la Juventud Católica de Francia, Savoir et Servir (n.º 9).

 

La Iglesia de Cristo fue instituida con una doble misión: una misión de fe y una misión de santificación de los hombres redimidos por la sangre del Salvador. Debe aportar a los hombres la fe y la gracia: la fe mediante su enseñanza, la gracia mediante los sacramentos que Cristo Señor le confió.

Su misión de fe consiste en transmitir a los hombres la Revelación hecha por Dios al mundo sobre las realidades espirituales y sobrenaturales, y conservarla sin alteración a través del tiempo y los siglos.

La Iglesia católica es ante todo la fe que no cambia; es, como dice san Pablo, la columna de la verdad que atraviesa los siglos, siempre fiel a sí misma y testigo inflexible de Dios en un mundo en perpetuos cambios y contradicciones.
A lo largo de los siglos, la Iglesia católica enseña y defiende su fe en nombre de un único criterio: “lo que siempre ha creído y siempre ha enseñado”. Todas las herejías, con las que la Iglesia se ha visto constantemente confrontada, han sido juzgadas y repudiadas en nombre de la no conformidad con ese principio. El principio reflejo primero de la jerarquía de la Iglesia, y especialmente de la Iglesia romana, ha sido mantener sin cambios la verdad recibida de los apóstoles y del Señor.

La doctrina del santo sacrificio de la misa pertenece a ese tesoro de verdad de la Iglesia. Y si hoy, en ese dominio particular, aparece una especie de ruptura con el pasado de la Iglesia, semejante novedad debería alertar a toda conciencia católica, como en los tiempos de las grandes herejías de siglos pasados, y provocar universalmente una confrontación con la fe de la Iglesia que no cambia.

 

¿Qué es la misa?


Sabemos, por supuesto, que la misa antigua no nos fue dada ya completamente hecha. Conserva lo esencial de las celebraciones hechas por los apóstoles por orden de Cristo; y nuevas oraciones, alabanzas y precisiones le han sido añadidas en una lenta elaboración, para explicitar mejor el misterio eucarístico y preservarlo de las negaciones heréticas.

La misa se ha elaborado progresivamente, conformándose en torno al núcleo primitivo legado por los apóstoles, testigos de la institución de Cristo. Como un estuche que encierra la piedra preciosa o el tesoro confiado a la Iglesia, “ha sido pensada, ajustada, ornamentada como una música. Lo mejor ha sido retenido, como en la construcción de una catedral. Ha explicitado con arte lo que contenía implícito en su misterio. Como el grano de mostaza, ha desarrollado sus ramas, si se quiere, pero todo estaba ya contenido en el grano”.

Esta elaboración o explicitación progresiva quedó esencialmente concluida en tiempos del papa san Gregorio, en el siglo VI. Sólo algunos complementos secundarios se le añadirán después. Esta obra de los primeros siglos del cristianismo ha sido una obra de fe para poner al alcance de la inteligencia humana la institución de Cristo en su verdad reconocida.
La misa es así la explicación del misterio eucarístico y su celebración.

 

La doctrina católica definida

 

Frente a las negaciones de Lutero, el Concilio de Trento recordó la doctrina inmutable de la Iglesia católica y la definió, en lo que concierne al santo sacrificio de la misa, esencialmente en los tres siguientes puntos doctrinales:

ATAQUES A LA SAGRADA EUCARISTIA Y AL SACERDOCIO EN EL NUEVO CATECISMO PROMULGADO POR JUAN PABLO II

 


Por MICHAEL HAYNES

Resumen del capítulo IV del libro “Os erros do Catecismo moderno”, Editora CDB, Rio de Janeiro, 2025.

 

El primer aspecto que se nota es que se ha perdido el sentido de propiciación en la Misa. Asimismo, los efectos de la Misa han sido alterados: en lugar de ser, ante todo, un acto de adoración a Dios, el primer efecto es descrito como un acto de acción de gracias. Cuando esto se combina con la ausencia de una enseñanza explícita sobre la propiciación, se entiende rápidamente que la Misa es vista como una acción centrada en el hombre y no en Dios, ya que el primer acto es agradecer a Dios por nuestros dones, en vez de adorarlo.

Al transformar la Misa en un acto de acción de gracias, el nuevo catecismo puede así emplear su enseñanza innovadora sobre la ofrenda comunitaria del sacrificio. Por medio de una astuta ambigüedad, el texto acentúa fuertemente el papel de los fieles en la Misa, conduciendo a una comprensión protestante de una ofrenda comunitaria realizada mediante un acto de la asamblea común. La comprensión del sacerdocio común es presentada de manera inadecuada, lo que lleva a una confusión sobre la verdadera naturaleza del papel de la congregación en el sacrificio.

Esta comprensión teológica es reforzada por la presentación de la Misa como una especie de banquete espiritual, la cual es promovida por encima de la verdad de que se trata del sacrificio incruento de la cruz. A través de estas referencias a la Misa como banquete, el nuevo catecismo puede avanzar sus objetivos ecuménicos de apaciguamiento tanto de protestantes como de judíos. Al suprimir la enseñanza clara de que la Eucaristía es un sacrificio, el catecismo puede entonces presentar la ambigua idea de una comida espiritual que da continuidad al sacrificio de la Última Cena. Este es un paso importante en la eliminación del concepto completo de la naturaleza de la Misa, además de alinear a la Iglesia con los servicios protestantes y los rituales judíos.

Todo esto se realiza con la mayor sutileza, al punto de que incluso las críticas aquí expuestas quizás no resulten obvias a primera vista. No obstante, es posible comprender verdaderamente la enseñanza que se ha perdido si se vuelve a las páginas del Catecismo de Baltimore o del Catecismo Romano. Allí, el lector encontrará sin ambigüedades la plena verdad sobre la Santa Eucaristía. Es tanto chocante como triste darse cuenta de cuánta verdad se ha perdido en el nuevo catecismo a través de equívocos y medias verdades. El nuevo catecismo presenta una afrenta sutil, pero extremadamente peligrosa, a la fe de todos los que creen en la Misa.

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