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jueves, 19 de octubre de 2023

LAUDATE DEUM O EL NUEVO DOGMA CLIMÁTICO

 


Por FERNANDO DEL PINO CALVO-SOTELO

 

Tras quince años estudiando y escribiendo sobre el cambio climático (antes, calentamiento global), he llegado a varias conclusiones. Primero, la ciencia actual no es aún capaz de comprender los entresijos del clima, un sistema multifactorial, no lineal, complejo y caótico, por lo que la demonización del CO2 y las afirmaciones y atribuciones rotundas no son más que propaganda pseudocientífica. Segundo, económicamente estamos ante la mayor estafa de la Historia y, políticamente, ante un intento de subvertir el orden político-económico occidental mediante el miedo a unos apocalipsis inventados. Tercero, más allá de esta agenda de poder subyace una ideología anti humanista y ferozmente anticristiana. De ahí mi pesar al leer la exhortación apostólica Laudate Deum del papa Francisco sobre una “crisis climática” completamente inexistente donde se asegura que “ya no se puede dudar del origen humano del cambio climático” (n.11). ¿Qué es este documento magisterial de la Iglesia Católica, a la que pertenezco?

Laudate Deum es un breve texto complementario de la encíclica Laudato Si, publicada en 2015, sobre la que escribí un capítulo en el libro-comentario de la Biblioteca de Autores Cristianos en el que participaron varios cardenales (entre ellos, Müller), obispos y sacerdotes[1]. En aquel capítulo, que titulé La Sombra de Galileo por razones obvias, no oculté mi inquietud por varios aspectos de la encíclica. Pues bien, si Laudato Si me produjo una viva inquietud, la lectura de Laudate Deum me ha causado una gran alarma.

La exhortación prácticamente no habla de Dios: de 73 puntos, sólo se le menciona en siete, y las escasas cinco citas bíblicas parecen introducidas con calzador. De hecho, podría decirse que se trata de una exhortación política más que apostólica, con un lenguaje más próximo a un informe de la ONU que a un documento magisterial de la Iglesia. Asimismo, de las 44 citas a pie de página, 27 corresponden al papa Francisco citándose a sí mismo y 9 a fuentes científicas, casi todas de la agencia climática de la ONU (IPCC). De hecho, más allá de una referencia a un discurso de Pablo VI sacado de contexto, no hay citas de Magisterio precedente.

Finalmente, se trata de un texto repleto de discutibles detalles técnicos que toma partido en controversias científicas, repite de forma acrítica los eslóganes y letanías catastrofistas de los profetas de calamidades y puede generar confusión sobre el papel relativo del ser humano en la Creación. Por ello, como hijo de la Iglesia, con lealtad filial y, por eso precisamente, con obediencia a la verdad, me siento obligado a realizar una serie de consideraciones.

Cuestionables afirmaciones científicas

Laudato Si afirmaba que “sobre muchas cuestiones concretas la Iglesia no tiene por qué proponer una palabra definitiva” (LS 61) ni “definir las cuestiones científicas” (LS 188). En efecto, la Revelación divina “no implica en sí misma una teoría científica particular, [puesto que] la asistencia del Espíritu Santo en ningún caso se presta a garantizar explicaciones relativas a la constitución física de la realidad”[2] . Por eso, “la Iglesia, con su doctrina social, no entra en cuestiones técnicas”[3]. Entonces, ¿cómo puede afirmar categóricamente Laudate Deum que “ya no se puede dudar del origen humano del cambio climático” (n.11)?

En efecto, la primera parte de la exhortación (n.1-19) realiza un elevado número de rotundas afirmaciones asumiendo un grado de certeza que no tienen ni los propios científicos. Por ejemplo, cuando dice que “sabemos” que cada vez que aumente la temperatura en 0,5°C aumentarán ciertos fenómenos extremos (n.5), da categoría de certeza a meras predicciones de modelos de ordenador que tienen un pobre historial de predicción y no están soportadas por la evidencia empírica.

Además, la exhortación se basa casi únicamente en el IPCC de la ONU, “una de las mayores fuentes de desinformación” de la “pseudociencia” del cambio climático, en palabras del Premio Nobel de Física del 2022, John Clauser[4]. Como he explicado en otros lugares, esta institución es uno de los principales símbolos de la corrupción de la ciencia, dominada por una agenda de poder globalista que tanto Laudato Si como su continuación parecen ignorar.

Laudate Deum trata de la “crisis climática” dando por sentado que tal cosa existe. Sin embargo, más de 1.800 científicos (entre ellos dos premios Nobel de Física) se han unido a la Declaración del Clima Mundial, que niega la existencia de ninguna emergencia climática y denuncia la evidente injerencia de la política en la ciencia del clima[5] a la vez que reconoce las enormes limitaciones de los imprecisos modelos de predicción en los que se basan las predicciones climáticas, en abierto contraste con la credulidad de Laudate Deum.

Por otro lado, al contrastar una “abrumadora mayoría” de científicos con el “ínfimo porcentaje de ellos que intenta negar esta evidencia” (¿desde cuándo la ciencia o la verdad se decide por mayoría?) la exhortación toma partido despreciando a los que cuestionan “la evidencia” (n.13). Idéntica actitud adoptó la Academia Pontificia de Ciencias cuando se negó a escuchar a la multitud de científicos escépticos antes de Laudato Si[6] a pesar de que la propia encíclica defendía que “la Iglesia debe escuchar y promover un debate honesto entre los científicos, respetando la diversidad de opiniones” (LS 61). No lo ha hecho. Claro está, la propia Laudato Si se contradecía al acusar de actitudes obstruccionistas a los que “niegan el problema” (LS 14).

Laudate Deum utiliza asimismo un lenguaje alarmista y sensacionalista extraño al rigor y serenidad al que nos tiene acostumbrado el Magisterio. Así, afirma que el mundo “se va desmoronando y quizá acercándose a un punto de quiebre” (n.2) y que “la posibilidad de llegar a un punto crítico es real (…). De allí no se regresa” (n.17). Sin embargo, incluso científicos alejados de toda sospecha reconocen que este supuesto punto de no retorno (tipping point) es especulativo o no existe[7]. En realidad, se trata de un arma propagandística destinada a generar un sentimiento de urgencia en la toma de medidas políticas. De hecho, dicho punto “de no retorno” se va retrasando conforme las fechas pasan y el apocalipsis no llega.

La exhortación afirma que “los signos de cambio climático están ahí” y que “nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos” (n. 5). Sin embargo, no podemos notar los signos de un cambio climático, que sigue escalas de tiempo de siglos o milenios, por lo que es inentendible que afirme que “basta una sola generación” (n.6) para constatar dichos cambios o considere “períodos largos” a “décadas” (n.8).

Así, Laudate Deum defiende que el aumento del nivel del mar “puede ser fácilmente percibido por una persona a lo largo de su vida, y probablemente en pocos años muchas poblaciones deberán trasladar sus hogares” (n.6). En realidad, desde el mínimo de la última glaciación hace 20.000 años, el nivel de los mares ha aumentado cerca de 120 metros, pero en las últimas décadas aumenta entre 1-2 mm por año (según los mareógrafos) y unos 3mm al año (según los satélites)[8]. En cualquier caso, el propio IPCC estima un rango inferior de crecimiento de 10 cm de aquí al 2050 y un aumento “más incierto” para después[9], cifras irrisorias que no llevarán a nadie a trasladar sus hogares “en los próximos años”. Baste recordar que la primera predicción de que los mares iban a cubrir las Islas Maldivas data de 1988 y daba un plazo de 30 años para su desaparición bajo las aguas[10]. El plazo se cumplió; la predicción, no. Quizá por ello los grandes promotores de la ideología del cambio climático (Obama, etc.) han adquirido mansiones al borde mismo del mar.

En segundo lugar, tampoco han aumentado sensiblemente los fenómenos extremos. En su Quinto Informe (AR5) el propio IPCC reconocía que “no hay una tendencia significativa de la frecuencia de huracanes en el último siglo (…), ni evidencia respecto al signo de la tendencia de las inundaciones a nivel global (…), ni suficiente evidencia respecto a la tendencia observada en sequías a nivel global desde mediados del s. XX”[11]. Las series históricas avalan estas afirmaciones[12]. En su último informe (AR6), el IPCC ha intentado acentuar su alarmismo, pero sigue manteniendo, por ejemplo, su “baja confianza” en la atribución de sequías a la acción humana en la inmensa mayoría de las regiones del globo citando estudios que “muestran su desacuerdo con la atribución antrópica” de las mismas[13], al contrario de lo que hace Laudate Deum repetidas veces.

Esta exhortación menciona el típico alarmismo del “derretimiento de los polos” (n.16) aludiendo a un posible escenario de “total” derretimiento del hielo de Groenlandia y de buena parte de la Antártida (n.5), aunque el propio párrafo del IPCC que cita Laudate Deum otorga a este escenario una “evidencia limitada” (el grado más bajo de evidencia), dato que la exhortación omite. En realidad, el hielo de Groenlandia (10% del total del planeta) es hoy superior a la media histórica[14] y parece que su ligera disminución en la década anterior se habría debido a causas naturales[15]. El hielo continental de la Antártida, reservorio del 90% del hielo del planeta, se mantiene bastante estable[16] al igual que el hielo flotante que rodea el continente antártico[17], que, tras su máximo de los últimos 40 años alcanzado en 2014, es hoy similar al que había en 1966[18]. La NASA estima que, como mucho, la Antártida está perdiendo un 0,0005% de hielo cada año[19] con lo que tardaría unos 200.000 años en derretirse, aunque con una temperatura media de -57°C y sin haber sufrido calentamiento alguno en los últimos 70 años[20] dudo que tengamos que preocuparnos. Finalmente, el hielo del Ártico supone menos de una milésima parte del hielo del planeta y además flota, por lo que su derretimiento no afectaría al nivel de los mares (principio de Arquímedes), mientras los glaciares, mencionados dos veces en esta exhortación, sólo suponen cuatro milésimas del hielo del planeta.

La exigencia de rigor del Magisterio

El rigor exigible a un documento magisterial no resulta compatible con afirmaciones imprecisas y carentes de toda evidencia factual. Es el caso de Laudate Deum cuando defiende que “millones de personas pierden su empleo debido al cambio climático” y que “el aumento del nivel del mar, las sequías y muchos otros fenómenos han dejado a mucha gente a la deriva” (n.10). En sentido opuesto, y sin aportar ningún dato, el documento defiende que la transición hacia formas renovables de energía es capaz de generar “innumerables puestos de trabajo”. Más bien ocurrirá lo contrario, pues las energías renovables son ineficientes, caras e intermitentes y encarecen enormemente la factura eléctrica al exigir una duplicación del sistema de generación con fuentes térmicas tradicionales para suplir las horas del día en que no sopla el viento y no luce el sol.

Aunque no deje de causar perplejidad la naturaleza político-científica de Laudate Deum, la misma forma atropellada de dar datos apunta a que este documento se ha realizado con precipitación y sin las debidas correcciones, probablemente por querer adelantarse a la próxima cumbre climática (COP 28) en noviembre. No sería la primera vez, pues el momento elegido para publicar Laudato Si fue pocos meses antes de la Cumbre del Clima de París.

Por ejemplo, Laudate Deum afirma que “la concentración de gases invernadero (…) se mantuvo estable hasta el s. XIX, por debajo de las 300 ppm” (n.11). No se trata de los gases invernadero en general, sino sólo del CO2 (el mayor gas de efecto invernadero, con gran diferencia, es el vapor de agua). En cuanto a su estabilidad, en los últimos 800.000 años y hasta 1960 osciló aproximadamente entre 180 y 300 ppm. Hoy es de alrededor de 400 ppm o sólo el 0,04% de la atmósfera (por eso se denomina gas residual), pero hace 500 millones de años se estima que era hasta 20 veces superior al nivel de hoy[21]. Otro ejemplo es que, tras afirmar que el calentamiento en el último medio siglo ha sido de 0,15 grados centígrados por década (¿cómo van a notarse lo cambios en una generación?), dice que “a este ritmo” en posible que en diez años suba 0,4 grados centígrados más (n.12). Asimismo, la afirmación de que las erupciones volcánicas suelen provocar calentamiento (n.14) resulta chocante, pues suelen provocar un enfriamiento de la atmósfera,[22] como lo es la acientífica alusión a “poblaciones arrasadas por maremotos” también causados, según Laudate Deum, por el calentamiento global y no por el movimiento de placas tectónicas (n.7).

Finalmente, la exhortación también alerta sobre “la deforestación en las selvas tropicales” (n.17) a pesar de que los datos desmienten todo alarmismo. La masa forestal del planeta parece haber aumentado en los últimos 40 años[23] en parte gracias al aumento de CO2, alimento por antonomasia de plantas y árboles, fuente de vida en el planeta que, lamentablemente, Laudate Deum (como hiciera Laudato Si) tilda de contaminante (n.9). El CO2, ¿contaminante? Esto es, en palabras de un científico, “un abuso del lenguaje, de la lógica y de la ciencia”.[24] En cuanto a los bosques “tropicales”, la deforestación es inferior al 0,5% anual[25] y en parte se debe al loable objetivo de abrir espacios para la agricultura.

El paradigma tecnocrático y la política en Laudate Deum

Tras los primeros 19 puntos realizando alarmistas afirmaciones que se limitan a hacer eco de la agenda climática de la ONU, la mayor parte de Laudate Deum (n.20–60) habla de política en dos partes diferentes.

La primera (n.20–33) menciona lo que la exhortación, en línea con Laudato Si, denomina “paradigma tecnocrático”, y previene acertadamente del peligro de un ser humano convertido en dios y ensoberbecido por su poder. Esta necesaria llamada de atención, sin embargo, queda eclipsada por su dificultad para comprender que precisamente el mayor exponente del paradigma tecnocrático lo tenemos en el IPCC de la ONU, en la Agenda 2030 y en las ateas élites globalistas de Davos. Cabe preguntarse a quién se refiere la exhortación cuando habla de “grandes poderes económicos” o de las “élites del poder”, si no son ésas.

En este sentido, creo que debería ser objeto de reflexión el paralelismo de ciertas posturas con la de personajes como Alexander King, fundador del Club de Roma y gran antinatalista del s. XX, cuando escribía que “el enemigo común de la humanidad es el hombre”, añadiendo: “Al buscar un nuevo enemigo que nos una hemos encontrado que la idea de la amenaza del calentamiento global (…) encajaría perfectamente” [26]. Lo mismo podría decirse de Maurice Strong, millonario canadiense y secretario general de la Conferencia de la ONU para el Medioambiente y Desarrollo en 1991, cuando afirmaba que “los actuales estilos de vida y los modelos de consumo de la clase media – incluyendo el elevado consumo de carne, el uso de combustibles fósiles, etc. – no son sostenibles”. Según James Dellingpole, lo que más interesaba a Strong era “la idea de un gobierno mundial dirigido por una élite autonombrada”, y muy pronto detectó que la mejor manera de lograrlo era “manipulando y explotando la preocupación internacional sobre el medio ambiente” [27]. Los intereses económicos de la agenda verde nunca se mencionan, al contrario que los de la industria de combustibles fósiles. Sin embargo, sólo en los primeros seis meses de 2023 se han superado los 360.000 millones de dólares en inversiones en energías renovables que dependen del mantenimiento del alarmismo climático.

La segunda parte (n. 34-60) se subdivide a su vez en tres epígrafes: unas reflexiones sobre política internacional, una somera historia de las cumbres del clima y unas propuestas para la cumbre del clima COP 28 que se celebrará dentro de un mes en Dubai y que, como hemos comentado, parece ser el motivo principal de esta exhortación. En este largo apartado, perteneciente al ámbito de la política y extraño al contenido de un documento magisterial, destacan tres puntos controvertidos. El primero es la sorprendente justificación de los grupos ecologistas “radicalizados” (n.58). El segundo es la insistencia en la creación de “organizaciones mundiales más eficaces (…) dotadas de autoridad real” (n. 35), lo que supondría la génesis de un gobierno mundial no muy distinto del promovido por las “élites del poder” de la ONU y Davos. El tercero es la propuesta de que la cumbre del clima COP28 “sea histórica” con “formas vinculantes de transición energética que sean eficientes, obligatorias y se puedan monitorear”, de modo que el proceso que se inicie sea “drástico e intenso” (n. 59). Primero, las energías renovables jamás podrán ser eficientes, por las leyes inexorables de la Física. Segundo, su obligatoriedad y su recomendado carácter drástico garantizan una pérdida de libertad y un desastre económico posiblemente sin precedentes.

El inquietante trasfondo antropológico

El brevísimo contenido espiritual de Laudate Deum ocupa sólo 5 puntos de los 73 de la exhortación (n.61-65) y se limita fundamentalmente a extensas citas de Laudato Si con escaso texto nuevo, lo que refuerza la teoría de una exhortación escrita a toda prisa. Finalmente, los últimos puntos (66-73) son una breve mención a diversas cuestiones unida a una llamada a la cooperación internacional.

Lo más preocupante de Laudate Deum es que subyace una opinión negativa del ser humano, algo que aplaude el ecologismo radical. Por ejemplo, Leonardo Boff, sacerdote secularizado que defiende la “eco-teología de la liberación”, denomina la especie humana “un parásito, un cáncer de la Tierra”, acusando a las religiones “abrahámicas” de ser “las más violentas” hacia la “Madre Tierra”[28]. Pues bien, si Laudato Si denunciaba “los constantes desastres que el ser humano ocasiona” (LS 34), Laudate Deum va más allá al describir a los seres humanos como “seres altamente peligrosos” (n.28).

Pero el hombre no es una criatura más, sino la “única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo” (GS 24), por lo que resulta desconcertante que la exhortación pueda generar confusión sobre el papel relativo del ser humano en la Creación. “Las demás criaturas de este mundo han dejado de ser compañeros de camino para convertirse en nuestras víctimas” (n. 15). En efecto, a algunas nos las comemos, como ellas se comen entre sí, y a otras las evitamos, como ellas se evitan entre sí, pero cuesta comprender que sean “compañeros de camino” del hombre hacia la vida eterna. La misma tónica tiene la afirmación sobre la “estrecha relación de la vida humana con la de otros seres vivientes” que, según Laudate Deum, ha constatado la pandemia (n.19).

Más preocupante es su afirmación de que “la cosmovisión judeocristiana defiende el valor peculiar y central del ser humano (…), pero hoy nos vemos obligados a reconocer que sólo es posible sostener un antropocentrismo situado” (n.67). ¿Cosmovisión o Revelación? Y ese “pero hoy”, ¿qué significa exactamente? Finalmente, al afirmar que “Dios nos ha unido a todas sus criaturas” y que todo el mundo es una “zona de contacto” (n.66), cita un libro de Donna Haraway, autora que en esas mismas páginas se burla del Génesis, habla sin respeto de Dios y critica la “excepcionalidad humana” propuesta por el “monoteísmo judío y cristiano”[29].

Laudate Deum no contribuirá precisamente al prestigio del Magisterio de la Iglesia. Plagada de desiderata de carácter político y cuestionables afirmaciones científicas, defiende a las mismas “elites de poder” que denuncia y convierte a la Santa Sede en mero portavoz y propagandista de los intereses políticos de la ONU. Asimismo, en un mundo carente de Dios y saturado de propaganda climática, esta exhortación apenas habla de Dios y no para de repetir consignas climáticas. Entonces, ¿qué palabra da la Iglesia distinta a la del mundo? Aunque esto sea desafortunado, lo más preocupante es que plantea una opinión negativa del hombre y una falta de claridad sobre su papel superior en la Creación. Tampoco hay una sola referencia a la confianza en la Divina Providencia, o a Dios como Señor de la Historia, ni ofrece una luz de esperanza a un mundo cada vez más cubierto por las tinieblas.

Rezo para que la Iglesia descubra que detrás del resplandeciente y seductor manto de bondad con que se viste la desesperanzadora ideología ecologista climática se oculta una gran mentira, base de esa religión global que las élites del poder quieren introducir como un caballo de Troya en la Iglesia Católica[30].

 

[1] Loado Seas, mi Señor, BAC 2015, cap. XIII.
[2] San Juan Pablo II, Discurso con Ocasión del 350 Aniversario de la Publicación de Galileo, 9 mayo 1983.
[3] Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (68)
[10] Threat to Islands, Canberra Times, Monday 26th September 1988
[11] IPCC Assessment Report 5, WG 1, Chapter 2.6, p. 214-220.
[13] IPCC Assessment Report 6, WG 1, Chapter 11.6.4
[24] R. M. Carter, Climate: the Counter Consensus, Stacey International 2010.
[26] Alexander King, The First Global Revolution, Club of Rome Report, 1993.
[27] James Dellingpole, Watermelons, 2011
[28] Citado en Juan Carlos Sanahuja, Poder global y Religión Universal, 2016
[29] Donna J. Haraway, When Species Meet, 2008, p. 205-249.

 

Fuente:

 

 

DE FÁTIMA A GAIA: LA GRAN SUSTITUCIÓN

 



Por FLAVIO MATEOS

 

Un muy penetrante análisis del reciente documento de Francisco, llamado Laudate Deum, exhortación apostólica que es todo un papelón (otro mamarracho de los que acostumbra expeler el actual pontificado), lo encontramos en el agudo artículo de Fernando del Pino Calvo-Sotelo, destacado especialista en la materia que supuestamente Francisco pretende abordar con toda seriedad (https://www.fpcs.es/laudate-deum-o-el-nuevo-dogma-climatico/).

Sin pelos en la lengua, el autor califica el contenido del documento como “un intento de subvertir el orden político-económico occidental mediante el miedo a unos apocalipsis inventados”, encontrando que “más allá de esta agenda de poder subyace una ideología anti humanista y ferozmente anticristiana”. Así pues, “se trata de una exhortación política más que apostólica, con un lenguaje más próximo a un informe de la ONU que a un documento magisterial de la Iglesia”.

Es tan escandalosamente mediocre a la vez que visiblemente funcional a una agenda mundialista el documento de Francisco (permítannos decir: de la Iglesia Sinodal), que el autor que mentamos dice que “Laudate Deum trata de la “crisis climática” dando por sentado que tal cosa existe. Sin embargo, más de 1.800 científicos (entre ellos dos premios Nobel de Física) se han unido a la Declaración del Clima Mundial, que niega la existencia de ninguna emergencia climática y denuncia la evidente injerencia de la política en la ciencia del clima a la vez que reconoce las enormes limitaciones de los imprecisos modelos de predicción en los que se basan las predicciones climáticas, en abierto contraste con la credulidad de Laudate Deum”.

El apabullante alarmismo climático, postulado de una agenda de connotaciones pseudo-religiosas (la Agenda 2030), ha llegado al fin a ser establecido como discurso y doctrina oficial por parte de la neo-Iglesia post-conciliar y, ahora, sinodal (o, para decirlo mejor, democrática). Esa agenda que pretende –por las buenas o por las malas, por persuasión propagandística o imposición coercitiva- “convertirnos” ecológicamente, tiene que tener, necesariamente, sus figuras protocolares, sus apóstoles destacados, sus pontífices y sus misioneros. Y eso a pesar de que el ocupante de Santa Marta despotrique siempre contra el proselitismo. Este proselitismo climático-friendly parece no disgustarle, como se ha visto en su reciente Laudato Deum, segunda parte o complemento de Laudato Si.

Pero esta agenda, que no es otra cosa que la pretensión de instalar un gobierno mundial bajo la cobertura de una emergencia climática que involucre religiosamente a todos los habitantes del planeta, tiene que tener necesariamente una mise-en-scène. Esa puesta en escena es una parodia que sumerge el orden sobrenatural para lanzarnos a una visión naturalista cuyas consecuencias –como alguna vez ha explicado bien el Cardenal Pie, siguiendo al Concilio Vaticano I- lleva al panteísmo, el ateísmo y el socialismo. La Providencia divina aparece totalmente ausente de la exhortación bergogliana, y la ambigüedad usual de los liberales nos lleva a preguntarnos si ese “Laudate Deum” va dirigido al verdadero Dios o se refiere a la “madre naturaleza”, puesto que el Dios que es Creador no parece tener ninguna injerencia ante la “omnipotencia” humana para amenazar la “Casa común”. Más aún, Laudate Deum afirma que “Dios nos ha unido a todas sus criaturas” y parece haber una interdependencia que ha de conducir a una final interdependencia mutua entre las criaturas y el Creador (esto, por otra parte, es lo que postula la famosa película “Avatar”). Sería a raíz de esa interdependencia (“Dios nos ha unido a todas sus criaturas”, somos “compañeros de camino”, dice el documento vaticano) que el hombre se habría tornado tan extremadamente peligroso hacia la naturaleza (Laudate Deum describe a los seres humanos como “seres altamente peligrosos”, n.28).

Si el mundo ha de ser regido por un gobierno mundial, bajo el cetro de quien será el “Anticristo”, es coherente que “el hombre disminuya para que aquel crezca”. Pero esta disminución del hombre, luego de haber sido exaltado con el humanismo conciliar, se realiza sin dejar de postular su carácter divino, sólo que esta divinidad ha de ser una chispa en la divinidad de la creación toda. Es la única manera de someterlo a directivas de carácter comunista sin que el hombre se vea tentado a rebelarse. La amenaza que se le quiere hacer sentir en base al peligro de la “Casa común”, es el pretexto de dominación para la sociedad que ha de recibir al Anticristo, máximo exponente de la divinidad compartida, emanación cósmica del Todo y al cual todas las criaturas deben someterse.

Pero hemos hablado de una puesta en escena y aquí aparece la falsificación del Cristianismo.

Una de las figuras estelares de esa agenda climática, y por tanto una militante salvacionista de la humanidad entera, es la joven sueca Greta Thunberg.

El escritor Sylvain Durain reflexiona del siguiente modo:

Tras fijarse en los efectos miméticos producidos por el feminismo y la ideología de género, señala que «este ciclo mimético acabará por reducir la existencia de los individuos a su simple sexo, que podrán ir cambiando al no ser más que la expresión de una nueva contradicción sistémica».

Y prosigue: «La indiferenciación general provocada por esta naturalización produce lo que René Girard llamó una crisis sacrificial. Cuando las personas se ven reducidas a pensarse en términos sexuales, las diferencias se reducen. Habiendo desaparecido las jerarquías desde hace mucho tiempo, no hay diferencia ya entre hombres y mujeres, estudiantes y maestros, mañana entre humanos y robots, y pasado mañana entre el hombre y Dios: estamos al comienzo de un enfrentamiento primitivo violento. Esta situación va a llevar a los individuos a volver a sus viejos reflejos arcaicos, los de la guerra de todos contra todos. Es fácil constatar que ya casi hemos llegado a ese estado. Para salir de esta crisis hay que encontrar una nueva religión, con nuevas sacerdotisas sacrificiales y un nuevo chivo expiatorio. Aquí es donde entra en juego Greta. Pura creación de la Open Society de Soros, esa niña corresponde totalmente a los arquetipos de la Pitia de nuestros antepasados: joven, inocente, asexuada, discapacitada, se convierte en la sacerdotisa de la Madre Tierra Gaia. Creer que el debate es entre climático convencidos y climático escépticos es no entender nada de lo que realmente está en juego. Esta nueva religión, que llamamos gaiática, propone una visión antropológica que haría soñar al mismo Satanás: presentar a la humanidad como el enemigo principal de la naturaleza. La diosa Gaia está furiosa, sus hijos se portan mal y tendremos que imponerles un severo castigo. Greta, la pobre, no es más que una víctima de esta instrumentalización, pero consigue sacar a la calle a jóvenes atomizados que se convierten en seguidores de una religión inmanente que no controlan. De hecho, ¿quién podría desear la destrucción de la naturaleza? En respuesta a esta pregunta, proponemos otras: si amáis tanto la naturaleza, ¿por qué violáis sus reglas básicas, como la complementariedad hombre/mujer? ¿Por qué negarse a admitir que si esta naturaleza se debe preservar es porque es el vestigio de la Santísima Trinidad? Poner la Tierra al mismo nivel que Dios es indiferenciar al Creador de su creación, es poner a la raza humana en peligro de muerte al colocarla como chivo expiatorio universal. Nosotros respetamos la naturaleza salvaguardando su orden divino, y quien tiene que administrarlo es el hombre. Greta, el golem gaiático, es el símbolo perfecto de este ecologismo anti-Dios, anti-humano y anti-esperanza. La naturaleza, que tiene horror al vacío, ha rellenado los errores religiosos modernos con un sincretismo pagano-gnóstico» (https://balmeslibreria.com/la-revolucion-gaiatica/).

El postulado común o “comunista” que promueve la Agenda 2030, en una suerte de disimulado panteísmo, se está viendo en crisis ahora debido a la guerra –lo decimos en singular, es una guerra en varios frentes- que las facciones más extremas de la Sinagoga de Satanás (llámese sionismo internacional) llevan a cabo con el objetivo de alcanzar el gobierno mundial “a su manera”: por la fuerza.

Mientras tanto, la Agenda debe seguir sosteniéndose y para eso nada mejor que un constante bombardeo mediático que nos reclama desertar del sentido común ante la emergencia climática.

Una sustitución religiosa se promueve, donde el hombre debe dejar de pecar contra Dios (¿quién habla de eso ya?), para ahora dejar de pecar contra la Tierra, llamada la “Casa común”. La manera de someter al hombre es a través de una causa superior a él mismo, otra manera de ecumenismo o universalismo que deja a un lado la única religión verdadera para colocar en su lugar una nueva falsa religión: el Ambientalismo.

En esta sustitución de una religión –el Catolicismo- por otra –el Ambientalismo-, encontramos un paralelismo indudable entre la figura de la mencionada Greta, su misión y su discurso, y los avisos del Cielo a partir de las apariciones de la Virgen en Fátima.

Veamos:

-Dios quiso establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María. Para eso eligió a una jovencita llamada Lucía dos Santos. El diablo quiere establecer en el mundo la “devoción” a la “Madre Tierra”. Para eso eligió a una jovencita llamada Greta Thunberg.

-Lucía vio el Inmaculado Corazón de María ultrajado por los pecados de la humanidad. Greta vio al planeta Tierra ultrajado por la contaminación ambiental.

-La Virgen quiere reparación. La Tierra necesita ser reparada.

-Lucía vio el fuego del Infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Greta alertó: “Nuestra Casa está en llamas”, y ese fuego amenaza con incendiar a todos los hombres, debido al “calentamiento global”.

-Lucía escuchó decir de la Virgen que si los hombres no se enmiendan vendría una guerra terrible. Greta dice que si los hombres no se enmiendan y bajan la huella de carbono vendrá una catástrofe terrible.

-Para impedir todas esas calamidades, la Virgen anunció que volvería para pedir la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado. Para impedir esas calamidades Greta anuncia que sólo la Agenda 2030 puede salvarnos.

– “¡No ofendan más a Nuestro Señor que ya está muy ofendido!”, dijo la Sma. Virgen.  Y advirtió también la Madre de Dios: “Si se atienden Mis deseos, Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas”. Greta por su parte nos avisa: “Si no hemos culminado los cambios necesarios para aproximadamente el año 2030, desencadenaremos probablemente una reacción en cadena irreversible y fuera del control humano. Pasaremos a un punto de no retorno que será catastrófico». Y además que “la gente está muriendo, ecosistemas enteros se están derrumbando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva".

-Lucía logró convencer a sus padres de que las apariciones eran verdaderas, sobre todo a su madre que era desconfiada, haciendo que todos rezasen el Rosario con más fervor. Greta, por su parte, logró convertir a sus padres a su religión climática, logrando que adoptaran otras opciones en su estilo de vida a fin de reducir su propia huella de carbono y dejar de consumir carne.

-Lucía se entrevistó con obispos, cardenales y papas. Greta fue recibida y dio discursos en las Naciones Unidas, el Foro Económico Mundial y otros organismos internacionales. También fue recibida por el papa.

El lector podrá advertir que  hemos pasado de una joven vidente de la Virgen que no fue suficientemente escuchada porque según el papa que inauguró el Concilio no había que prestar atención a los “profetas de calamidades”, a otra joven que llama la atención y es escuchada y difundida porque ahora sí hay que escuchar y difundir a los “profetas de calamidades”. Pero unos profetas nos advertían contra el pecado de los hombres que rechazan a Dios, nos advertían contra la Revolución que amenazaba a la Iglesia y el mundo con sus errores y sus horrores, en cambio ahora, utilizando la misma premura, nos urgen a “salvarnos” del “cambio climático” si dejamos de pecar “contra la Casa Común”. Nunca un papa se ocupó seriamente de Fátima en algún documento de envergadura salido del Vaticano, en cambio los nuevos apóstoles climáticos redoblan sus esfuerzos para convencer a los cristianos del mundo entero que deben preocuparse no por evitar el Infierno, sino un inexistente calentamiento global. No nos invitan a ser devotos del Corazón Inmaculado, sino devotos de la Pachamama. Hemos dejado a un lado el orden sobrenatural, para ser conducidos de lleno al más craso naturalismo. Y todo con una envoltura pseudo-mística, a través de figuras patéticas que remedan tanto la santidad de una joven vidente, como la sabiduría de quien debería conducir la Iglesia para gloria de Dios y salvación de las almas, confirmadas en la fe católica, pero en cambio se vale de “la fe” para querer llevar a todos a un sincretismo anticristiano, donde la “fraternidad” masónica será la que lleve a las almas a su perdición. Esta naturalización de la “fe” se expresa en el número 61 de Laudate Deum: “A los fieles católicos no quiero dejar de recordarles las motivaciones que brotan de la propia fe. Aliento a los hermanos y hermanas de otras religiones a que hagan lo mismo, porque sabemos que la fe auténtica no sólo da fuerzas al corazón humano, sino que transforma la vida entera, transfigura los propios objetivos, ilumina la relación con los demás y los lazos con todo lo creado”. ¿Cuál será la “fe auténtica”, para Francisco? Por todo lo que deja dicho en Laudate Deum, no es la fe católica. No es la fe que debería advertir una y otra vez al mundo: “¡Que no se ofenda más nuestro Señor, que ya está muy ofendido”.

 


 

POR QUÉ EL CAMBIO CLIMÁTICO ES LA GRAN ESTAFA DEL SIGLO XXI

 


Por JAVIER NAVASCUÉS

 

José-Ramón Ferrandis Muñoz nació en Valencia (España) en 1951. Es Técnico Comercial y Economista del Estado y Licenciado en Ciencias Políticas por la UCM. Desde finales de 2015 es director del Centro Diego de Covarrubias.

La asociación Luz de Trento organiza la conferencia de José-Ramón Ferrandis El Cambio Climático. La gran estafa del siglo XXI, basado en su reciente libro Crimen de Estado. Tendrá lugar en el espacio Ardemans de Madrid hoy miércoles 18 de octubre a las 19:30.

Crimen de Estado. Este es un libro que intenta desenmascarar el fraude orquestado en torno al llamado cambio climático, antes calentamiento global. Las razones científicas que sustentan la teoría del calentamiento global son insostenibles, pero hay que demostrarlo. A partir de ahí, el autor decidió investigar cada uno de los elementos que intervienen en esa cosmología de andar por casa que se ha impuesto en el mundo por repetición incesante desde los medios, las instituciones universitarias y los organismos de Naciones Unidas. De ahí ha permeado a los gobiernos y a la normativa. Y esa normativa está empeorando nuestras vidas rápidamente. Lo que debía ser Ciencia ha devenido Religión. El autor trata el fenómeno analizando sus orígenes, los argumentos técnicos esgrimidos, las mediciones subyacentes, los patrocinios que existen, el respaldo que recibe y la divulgación que se realiza. Todos esos elementos y varios más son estudiados por el autor en un libro documentado y ordenado en el que no se deja de lado ninguna de las facetas de este movimiento milenarista y neomalthusiano que tiene un objetivo fundamental y varios secundarios.

¿En qué consiste la teoría canónica sobre el cambio climático?

Las emisiones de CO2 antropogénico estarían elevando notablemente la temperatura de la atmósfera terrestre y conduciendo al planeta a una situación insostenible.

¿Qué se entiende por cambio climático?

Un incremento de temperaturas debido a la intervención del ser humano en el clima.

Hace unos años se cambió la definición de Calentamiento global a la de cambio climático y luego a la de crisis climática. ¿Por qué este cambio?

Así es. Viene de antiguo. La idea es destruir el sistema de economía de mercado. La violencia no lo ha conseguido. La astucia, la mentira y la guerra cultural puede que lo logren, con ayuda de mantras pseudocientíficos.

viernes, 6 de octubre de 2023

LAUDATE DEUM: EL PAPA FRANCISCO ASUME LOS POSTULADOS GLOBALISTAS Y SE ALZA COMO PORTAVOZ DE LA ‘RELIGIÓN CLIMÁTICA’

 



Por Redaccioninfovaticana | 04 octubre, 2023

La Santa Sede ha hecho público este medio día la nueva exhortación apostólica del Papa Francisco: Laudate deum, que pretende ser la continuación de Laudato si.

Grandes son los problemas que afectan en estos momentos a la Iglesia, pero para Francisco su gran preocupación es «la crisis climática». Con este nuevo documento papal, que bien podría haber sido escrito por Greta Thumberg, Francisco compra todos los mantras ideológicos de la ‘religión climática’ que promueve el globalismo.

A pesar de que la cuestión climática es algo muy discutido dentro de la comunidad científica, por mucho que los poderes globales hagan grandes esfuerzos por imponer una única visión sobre este tema, el Papa afirma en esta exhortación que «los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes».

El cambio climático es una evidencia, según Francisco

El Papa lamenta que «en los últimos años no han faltado personas que pretendieron burlarse de esta constatación» y lanza una severa afirmación al decir que «ya no se puede dudar del origen humano —“antrópico”— del cambio climático». Para defender esta posición, elabora toda una teoría aportando datos históricos sobre la emisión de gases y el mínimo aumento de la temperatura del planeta.

El Pontífice sostiene en Laudato deum que «una abrumadora mayoría de científicos especializados en clima sostienen esta correlación y sólo un ínfimo porcentaje de ellos intenta negar esta evidencia».

«Lamentablemente la crisis climática no es precisamente un asunto que interese a los grandes poderes económicos, preocupados por el mayor rédito posible con el menor costo y en el tiempo más corto que se pueda», se lamenta Francisco.

El Obispo de Roma escribe que se ve «obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentro incluso dentro de la Iglesia católica».

Para Francisco, algunas manifestaciones de esta «crisis climática ya son irreversibles al menos por cientos de años, como el aumento de la temperatura global de los océanos, su acidificación y disminución de oxígeno».

Fomento del multilateralismo entre Estados

Francisco defiende que «para que haya avances sólidos y duraderos, me permito insistir que «deben ser favorecidos los acuerdos multilaterales entre los Estados». Hablemos sobre todo de «organizaciones mundiales más eficaces, dotadas de autoridad para asegurar el bien común mundial, la erradicación del hambre y la miseria, y la defensa cierta de los derechos humanos elementales». La cuestión es que deben estar dotadas de autoridad real de manera que se pueda “asegurar” el cumplimiento de algunos objetivos irrenunciables. De este modo se daría lugar a un multilateralismo que no dependa de las circunstancias políticas cambiantes o de los intereses de unos pocos y que tenga una eficacia estable».

El Obispo de Roma escribe que «el mundo se vuelve tan multipolar y a la vez tan complejo que se requiere un marco diferente de cooperación efectiva». Para Francisco, ya «no basta pensar en los equilibrios de poder sino también en la necesidad de dar respuesta a los nuevos desafíos y de reaccionar con mecanismos globales ante los retos ambientales, sanitarios, culturales y sociales, especialmente para consolidar el respeto a los derechos humanos más elementales, a los derechos sociales y al cuidado de la casa común. Se trata de establecer reglas globales y eficientes que permitan “asegurar” esta tutela mundial». Con esta última afirmación, el Papa se muestra partidario de destruir la soberanía nacional de los países en pro de un poder supremo que establezca políticas comunes para todos los países.

En defensa de los ultras climáticos

«Los Emiratos Árabes Unidos hospedarán la próxima Conferencia de las Partes (COP28). Es un país del Golfo Pérsico que se caracteriza por ser un gran exportador de energías fósiles, si bien ha hecho importantes inversiones en energías renovables. Mientras tanto, las empresas de gas y petróleo ambicionan nuevos proyectos allí para ampliar más aún la producción. Decir que no hay nada que esperar sería un acto suicida, porque implicaría exponer a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, a los peores impactos del cambio climático», escribe el Pontífice.

En esta exhortación, Francisco pide que «terminemos de una vez con las burlas irresponsables que presentan este tema como algo sólo ambiental, “verde”, romántico, frecuentemente ridiculizado por los intereses económicos. Aceptemos finalmente que es un problema humano y social en un variado arco de sentidos. Por eso se requiere un acompañamiento de todos».

El Papa Francisco escribe que «suelen llamar la atención en las Conferencias sobre el clima las acciones de grupos que son criticados como “radicalizados”. Pero en realidad ellos cubren un vacío de la sociedad entera, que debería ejercer una sana “presión”, porque a cada familia le corresponde pensar que está en juego el futuro de sus hijos». El Papa, con esta última afirmación, parece defender y legitimar las acciones violentas de los grupos ultraecologistas que cortan carreteras, se pegan con las manos a las obras de arte en museos o pintan y vandalizan fachadas de tiendas y empresas.

https://infovaticana.com/2023/10/04/laudate-deum-el-papa-francisco-asume-los-postulados-globalistas-y-se-alza-como-portavoz-de-la-religion-climatica/

 

“EL ALARMISMO CLIMÁTICO ES 100% FALSO”, DICE EL COFUNDADOR DE GREENPEACE

 


Slay News.- Uno de los cofundadores del grupo ambientalista global  Greenpeace ha hecho sonar el silbato para advertir al público que “el alarmismo climático… es 100% falso”.

El ambientalista Patrick Moore es el ex presidente de Greenpeace Canadá y ayudó a fundar la organización internacional en 1971.

Después de dejar el grupo en 1986, Moore ha tratado de advertir al público que el activismo ambiental ha sido secuestrado para impulsar agendas políticas.

En una nueva entrevista con el presentador de podcast Dan Proft, Moore advierte que toda la narrativa de la “crisis climática” es un engaño.

Moore destaca cómo, en los últimos años, los defensores de la agenda verde han estado utilizando los cambios climáticos para sugerir que el planeta está siendo destruido por el calentamiento global.

“El otro día dijeron que fue el año más caluroso en la historia de la tierra, y no lo es”, dijo Moore a Proft en el podcast “Counterculture”.

“Eso es simplemente una mentira”.

“Todo el alarmismo climático -‘catástrofe climática’- es 100% falso “, declaró Moore.

“No estamos en una crisis climática”.

Moore le dijo a Proft que “en realidad no está sucediendo nada tan radical” con el clima.

Señaló que es esencial “buscar la verdad” y “seleccionar qué es verdad y qué no”.

Moore lidera actualmente la Coalición CO2, una fundación no partidista que educa a los líderes políticos y al público sobre las importantes contribuciones del dióxido de carbono a nuestras vidas y a la economía.

Anteriormente habló para advertir al público que la narrativa contra el dióxido de carbono también es un engaño, como informó Slay News.

Moore, ecologista y activista medioambiental desde hace más de 50 años, sostiene que un mayor nivel de dióxido de carbono en la atmósfera es beneficioso.

Según Moore, las afirmaciones de que el cambio climático es “causado por el hombre” son “propaganda” que él describe como “peligrosas”.

Los comentarios de Moore, un destacado experto en ambientalismo, entran directamente en conflicto con la agenda verde impulsada por la administración del presidente demócrata Joe Biden y grupos globalistas como las Naciones Unidas (ONU) y el Foro Económico Mundial (FEM).

Los defensores de la agenda verde exigen que el público reduzca drásticamente sus “huellas de carbono” para “salvar el planeta”.

La industria agrícola ha surgido recientemente como uno de los objetivos clave de la narrativa anti-carbono.

Como informó recientemente Slay News , el “zar del clima” de Biden, John Kerry, está pidiendo a los agricultores que dejen de cultivar alimentos para cumplir con los objetivos radicales “ Net Zero ” de la administración para reducir las “emisiones”.

Mientras tanto, han ido surgiendo indicios de que la marea podría estar cambiando en la agenda verde globalista.

Bill Gates, uno de los alarmistas climáticos más destacados del mundo, admitió recientemente que la narrativa de la “crisis climática” es un engaño, como informó Slay News .

Se dice que Gates le dijo a un grupo de sus compañeros defensores de la agenda verde globalista que la narrativa del “desastre climático” ahora se ha vuelto tan exagerada que el público ahora ve claramente a través de la farsa.

Mientras hablaba en un evento del New York Times en Nueva York esta semana, Gates dio un repentino giro de 180 grados en su narrativa sobre el desastre climático.

Durante el evento en vivo en The Times Center de Nueva York , Gates admitió que “ningún país templado va a volverse inhabitable” debido al “calentamiento global”.

Continuó admitiendo que las tácticas agresivas de miedo ya no funcionan con el público.

Gates advirtió a sus aliados globalistas: “Si intentas aplicar la fuerza bruta climática, obtendrás gente que diga: ‘Me gusta el clima pero no quiero soportar ese costo y reducir mi nivel de vida’”.

El multimillonario también opinó sobre sus controvertidos planes de talar árboles para “luchar contra el cambio climático”.

Gates está financiando un nuevo esfuerzo que busca talar la asombrosa cantidad de 70 millones de acres de árboles en un esfuerzo por supuestamente “luchar contra el calentamiento global”.

La organización de Gates, Breakthrough Energy , ha invertido 6,6 millones de dólares en el proyecto liderado por Kodama Systems .

La medida supondrá la tala de 70 millones de acres de bosques, principalmente en el oeste de los Estados Unidos.

Una vez talados los árboles, serán enterrados.

Según los organizadores del proyecto, los “científicos” dicen que “enterrar árboles puede reducir el calentamiento global”.

 

Fuente:

https://www.alertadigital.com/2023/10/04/el-alarmismo-climatico-es-100-falso-dice-el-cofundador-de-greenpeace/

 

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