Por SEAN JOHNSON
28 de abril de 2026
Los
fariseos: los primeros «legalistas»
Un artículo reciente de Chris Jackson
criticó a John Salza y Robert Siscoe por su condena de los sacerdotes
tradicionalistas que ejercen un apostolado sin misión expresa de la Iglesia,
señalando que la lógica restrictiva de su argumento (es decir, que todo
apostolado ejercido sin misión es ilícito por sí mismo) obligaría a muchos
católicos tradicionales a adoptar una posición de «quedarse solos en casa», ya
que muchos de estos últimos —tanto los de reconocer y resistir (R&R) como
los sedevacantistas—, entendiendo que no pueden aceptar la administración de
sacramentos dudosos, no tendrían otra opción que abstenerse por completo de la
virtud pública de la religión, con gran peligro para sus almas.
¿Qué les pasa a estos hombres y por qué
están tan empeñados en desacreditar toda forma de no conciliarismo que intenta
conservar la verdadera religión católica preconciliar frente a una autoridad
putativa que parece decidida a destruirla?
Creo que el problema remoto (aparte de
posibles cuestiones relativas a la disposición y a los motivos) es una cuestión
de formación: ninguno de los dos es teólogo, ni ha recibido una formación
clásica en filosofía y teología católicas. Por otra parte, ambos son abogados
y, en consecuencia, todos sus análisis tienden a contemplar la crisis de la
Iglesia a través del estrecho prisma del derecho canónico.
Pero la causa próxima del error (de la cual emanan todos los demás errores) es la negativa a reconocer la existencia de un estado de grave necesidad espiritual general y las consecuencias que se derivan de ello.
