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jueves, 16 de julio de 2026

DE 1988 A 2026: UNA FRATERNIDAD SAN PIO X VACILANTE

 


Por MARTIN DETOURS

 

“Desde ahora tenemos que habérnoslas con asesinos de la fe católica, sin el menor pudor.”

Mons. Lefebvre,

(Carta a los Dominicos de Avrillé, 7 de enero de 1991)


“La Iglesia conciliar no es solamente una enfermedad ni una teoría, sino que es una asociación de jerarcas católicos que, inspirados por pensadores liberales y modernistas, quieren, con fines mundialistas, realizar un nuevo tipo de Iglesia, con numerosos sacerdotes y fieles católicos que están más o menos ganados por este ideal. No es una pura asociación de víctimas. Formalmente considerada, la Iglesia conciliar es una secta que ocupa la Iglesia católica. Tiene sus promotores y actores organizados, como los tuvo el modernismo condenado por san Pío X”

Mons. Tissier de Mallerais

 

La comparación surge de inmediato, y no puede ser más chocante.

En 1988, luego de las inválidas sanciones contra Mons. Lefebvre, Mons. De Castro Mayer y los obispos consagrados, los Superiores de la FSSPX publicaron una carta, donde, entre otras cosas, se dicen unas palabras categóricas que denotan su actitud renuente a todo pacto con los que estaban destruyendo desde adentro la Iglesia, y calificaban a quienes veían claramente como los enemigos de la Iglesia católica:

 

Carta abierta de los Superiores de la Hermandad San Pío X al Cardenal Gantin, Prefecto de la Congregación de los Obispos. Ecône, 6 de julio de 1988:

“Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.” [1]

 

El texto es tajante, de una claridad absoluta. Fuerte, sin dudas, para los espíritus apocados, pero no injusto.

Ahora, uno de los nuevos obispos de la Fraternidad, Mons. Michel de Sivry, dijo en su primer sermón:

“Así pues, evidentemente, esta sanción nos hiere profundamente porque somos católicos, porque estamos unidos al Santo Padre, porque estamos unidos a los obispos, porque estamos unidos a los sacerdotes. Estas sanciones hieren nuestro corazón de hijos. Pero las llevamos. Las llevamos como una cruz por la Santa Iglesia Católica”.

Si los que comandan la Iglesia son claramente enemigos de la misma, entonces es lógico que quien se les opone sea agredido, en este caso mediante “excomuniones”. “Estamos unidos” dice, pero, en verdad, están separados y ya lo estaban en la doctrina, en la misa, en la Tradición. ¿Cómo es que estaban unidos?

Y ahora, además, ya muy lejos de ese vigoroso lenguaje, la Fraternidad presenta un recurso contra el decreto del 2 de julio, diciendo:

“La Fraternidad Sacerdotal San Pío X anuncia que, en respuesta al decreto emitido el 2 de julio de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, presentó el 11 de julio un recurso preliminar ante el mismo Dicasterio, de conformidad con los cánones 1734 y siguientes del Código de Derecho Canónico.

Esta solicitud, que constituye el paso preliminar obligatorio antes de la posible interposición de un recurso jerárquico, tiene por efecto suspender la ejecución del decreto, de conformidad con el canon 1353 del Código de Derecho Canónico.

Mediante este recurso, la Fraternidad pretende ejercer el derecho que la Iglesia reconoce a toda persona que se considere perjudicada por un acto administrativo de solicitar su corrección, en un espíritu de respeto a la autoridad eclesiástica y de fiel adhesión a la justicia, a la verdad y al bien de la Iglesia.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X encomienda esta solicitud a las autoridades competentes y recomienda esta iniciativa a las oraciones de todos los fieles.”

(Comunicado del 13 de julio)

¿Qué pretende la FSSPX con esto? ¿Mostrar a Roma que no tiene un espíritu belicoso, como años atrás, y que por lo tanto estaría dispuesta a retomar negociaciones y diálogos de sordos? Llama la atención que el 2 de julio, el cardenal ultramodernista y judaizante Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, afirmó en una entrevista en podcast para la revista alemana Communio que las recientes consagraciones episcopales llevadas a cabo por la FSSPX sin mandato pontificio no impiden permanentemente una futura reconciliación con la Santa Sede. No es cualquiera el que dice esto. Es el principal vocero de la sinagoga –al menos públicamente- en Roma.

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