Ciento setenta y seis años después, el
conductor que la Argentina necesita volver a descubrir
Por
GABRIEL CAMILLI
Hace ciento
setenta y seis años murió José de San Martín. Sin embargo, pocas figuras de nuestra
historia continúan generando un debate tan intenso sobre quién fue realmente,
qué representó y cuál es el sentido de su legado. Quizá ello se deba a que los
grandes hombres nunca pertenecen únicamente al pasado: también son objeto de
disputa en el presente.
San Agustín
enseñaba que una comunidad puede conocerse por aquello que ama. Esa intuición,
desarrollada en La Ciudad de Dios, conserva una sorprendente
actualidad. Los pueblos revelan su alma por los ideales que veneran, por los
ejemplos que transmiten y por los hombres que eligen como modelos para las
nuevas generaciones. También puede formularse la cuestión desde su reverso: la
forma en que una sociedad discute, relativiza o incluso procura disminuir a sus
grandes referentes dice mucho acerca de la jerarquía de valores que pretende
afirmar.
Siglos más
tarde, Max Scheler desarrolló la idea de los arquetipos y de
las contrafiguras. Según prevalezcan unas u otras las sociedades se levantarán
moral y espiritualmente o irán por el camino de la decadencia como comunidad.
Por lo
tanto: existe un orden de los amores que determina la escala de valores de cada
persona y de cada comunidad. Aquello que una nación admira -o deja de admirar-
termina configurando su identidad histórica.
Desde la
filosofía política clásica, Santo Tomás de Aquino recordaba
que la prudencia del gobernante y la orientación hacia el bien común
constituyen el fundamento de toda auténtica comunidad política. Por ello, la
memoria histórica nunca es una cuestión meramente académica: los modelos
humanos que una sociedad propone influyen decisivamente en la formación de sus
dirigentes y en el rumbo de la vida pública.
Estas
reflexiones ayudan a comprender por qué, ciento setenta y seis años después de
su muerte, José de San Martín continúa siendo objeto de interpretaciones
contrapuestas.
IMAGEN OFICIAL
La imagen
oficial nos presenta al vencedor de Chacabuco y Maipú, al conductor del
Ejército de los Andes y al héroe máximo de nuestra independencia. Sin embargo,
detrás de esa figura aparentemente indiscutida persisten debates
historiográficos que atraviesan más de un siglo.
Uno de
quienes más contribuyó a replantearlos fue el historiador mendocino Enrique
Díaz Araujo. Su extensa investigación cuestionó numerosas interpretaciones
consolidadas y propuso recuperar al San Martín histórico: el militar
formado durante más de veinte años en el Ejército español, heredero de la
tradición política y cultural de la Monarquía Hispánica y conductor de una
empresa genuinamente americana.
La respuesta
habitual identifica a los ejércitos realistas como sus enemigos. Sin embargo,
Díaz Araujo sostuvo que la cuestión es más compleja. San Martín no combatió a
España entendida como nación, sino que actuó en el marco de la profunda crisis
de legitimidad abierta por la invasión napoleónica de 1808. Más tarde surgiría
otro conflicto decisivo con el proyecto político encabezado por Bernardino
Rivadavia y el grupo dirigente porteño. Pero existe todavía una tercera
batalla: la batalla por la Verdad histórica.
Diversos
autores han señalado que la figura de San Martín fue progresivamente
reinterpretada desde categorías ideológicas ajenas a su tiempo. Frente a esas
lecturas, la tarea iniciada por Enrique Díaz Araujo y continuada durante
décadas por el recordado Mayor José Antonioni no concluyó con ellos. Como
ocurre en toda auténtica escuela de pensamiento, sus investigaciones abrieron
un camino que otros estudiosos procuraron profundizar, ampliar y contrastar con
nuevas fuentes y perspectivas.
En ese
sentido, las obras de Antonio Caponnetto -especialmente Los
arquetipos y la Historia, Poesía e Historia y San Martín: arquetipo de la
Hispanidad-, de Sebastián Miranda en José de San Martín y el
Imperio Británico, y del coronel Santiago Rospide en El sueño
frustrado de San Martín constituyen una expresión de esa continuidad
intelectual. Con enfoques y metodologías propios, estos autores han contribuido
a enriquecer el debate historiográfico y a recuperar la figura de José de San
Martín desde una lectura atenta a su contexto histórico, a su formación
hispánica y a la complejidad de su pensamiento político y estratégico. Más que
una coincidencia de opiniones, esta continuidad expresa la vitalidad de una
tradición de estudios que entiende que la historia no es un relato cerrado,
sino una búsqueda permanente de la verdad histórica.
No se trata
solamente de una controversia entre especialistas. Como enseñaban San
Agustín, Santo Tomás y Scheler, la manera en que una comunidad recuerda a
sus grandes hombres expresa también aquello que considera digno de ser amado,
imitado y transmitido.
Por eso, la
discusión sobre San Martín nunca será un simple ejercicio erudito. En el fondo,
constituye una discusión sobre nosotros mismos: qué conductor queremos proponer
a las nuevas generaciones, qué virtudes deseamos conservar y qué idea de Nación
aspiramos a construir.
TRES GRANDES
COMBATES
Quizá la
vida de San Martín pueda resumirse como una sucesión de tres grandes combates. El
primero fue contra el expansionismo napoleónico; el segundo, por
Hispanoamérica; el tercero continúa hasta nuestros días: la defensa de la
verdad histórica frente a las deformaciones ideológicas.
Esa
convicción inspira una de las iniciativas académicas del Instituto Elevan: la
Diplomatura Universitaria "Liderazgo Sanmartiniano para el Siglo
XXI: Lucidez y Coraje". Su propósito no consiste únicamente en
estudiar episodios del pasado, sino en comprender cómo piensa un conductor
estratégico y qué enseñanzas ofrece San Martín para la formación de los
dirigentes del presente.
Nuestro
recordado Mayor D. José Antonioni resumía ese desafío en una
frase tan sencilla como profunda:
"Hay
que traer a San Martín al siglo XXI"
No para
adaptarlo a las modas del momento, sino para redescubrir la permanente
actualidad de sus principios: la lucidez para comprender la realidad, el coraje
para decidir, la austeridad en el mando, la primacía del bien común sobre los
intereses personales y el liderazgo cimentado en el ejemplo.
PROFUNDAS
INCERTIDUMBRES
La Argentina
atraviesa una época de profundas incertidumbres. En ese contexto, estudiar a
San Martín deja de ser un ejercicio de nostalgia para convertirse en una
necesidad nacional.
Porque los
pueblos que olvidan a sus grandes conductores terminan perdiendo también el
rumbo de su propia historia. Y los que vuelven a ellos con inteligencia
descubren que, dos siglos después, todavía tienen mucho que enseñar.
En la
próxima entrega abordaremos la formación intelectual y militar de José de San
Martín y cómo los más de veinte años de servicio en España forjaron al
conductor del Ejército de los Andes.
