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martes, 16 de junio de 2026

PUTIN Y SOLZHENITSYN III

 


UNA SEMEJANZA DESIGUAL

 

Por DON CURZIO NITIOGLIA

CAPÍTULO III

La colonización judía de las tierras rusas en los años Veinte

Dado que los bolcheviques consideraban que los judíos habían sido privados por el zarismo de la posibilidad de trabajar la tierra y, por ello, habían sido condenados a ejercer la usura, era necesario ayudar a los judíos a “colonizar las tierras de Rusia” (A. Solzhenitsyn, Dos siglos juntos, vol. II, Judíos y Rusos durante el período soviético, Nápoles, Controcorrente, p. 289); es decir, a apoderarse de ellas, tal como ocurriría con Palestina desde 1948 hasta hoy (con Gaza transformada en una… “playa de lujo” —construida íntegramente por el promotor inmobiliario Trump pero a expensas de Europa— y en Cisjordania, donde los colonos judíos “ayudan” todo lo posible a los cultivadores palestinos a “ceder libremente” su propia tierra) y aún no ha terminado… hay que llegar al “Gran Israel” (que comprende no solo el Cercano Oriente sino el mundo entero, ocupado abusivamente —por ahora— por los Goyim).  El motivo de ello residía también en la voluntad de los bolcheviques de obtener de los occidentales filo-judíos una vasta corriente de simpatía y, sobre todo, de financiamientos (ibíd.).  La Crimea (que es una isla de Ucrania) en los años Veinte del siglo XX fue designada como la “nueva Tierra Santa judía” o “nueva Palestina”, tal como había ocurrido con América del Norte a partir de los años Veinte del siglo XVII. Esto se hizo también para intentar “atar a los judíos al poder comunista” (cit., p. 290).  Alemania, Francia y Estados Unidos respondieron positivamente y de manera concreta (cit., p. 291). Los judíos adhirieron a este plan porque veían en él una oportunidad para su autonomía, “ocupando” Ucrania y su isla: Crimea, para “crear en ella regiones judías autónomas”; pero esto no agradó a los sionistas estadounidenses, que veían en este plan una alternativa al sionismo norteamericano que potencialmente podría llegar hasta Palestina (cit., p. 292). En resumen, América del Norte no quería que el sionismo se detuviera en Rusia y no en Norteamérica para llegar a Palestina. “Sin embargo, este plan de conversión de los judíos a la agricultura fue un fracaso. Nada empujaba a los colonos a quedarse. […]. Nuevas posibilidades les eran ofrecidas por la industria así como por la administración, cosa que no ocurría en el siglo XIX. […]. Además, los judíos no trabajaban las tierras que les eran asignadas, sino que las arrendaban o las hacían cultivar por otros” (cit., pp. 295 y 294). Si el sionismo estadounidense y potencialmente palestino no veía con buenos ojos esta asimilación de los judíos a la Rusia bolchevique; por su parte, el bolchevismo no amaba al sionismo estadounidense/palestino por su voluntad de no asimilarse a otros países que no fueran América, Palestina o el futuro Gran Israel (1948). Así fue que en la URSS, “en septiembre-octubre de 1924 una oleada de arrestos se abatió sobre los ambientes sionistas/palestinos” (cit., p. 309). Cincuenta años después, muchos autores israelíes han reconocido que “las desgracias que han golpeado a los judíos a causa de la revolución se explican en gran parte por el hecho de que la juventud judía se había apartado de su religión y de su cultura bajo la influencia de la ideología comunista” (cit., p. 311), mientras que los ancianos permanecieron apegados a sus tradiciones. “La masiva penetración de los judíos en todas las esferas de la vida pública rusa y en las esferas dirigentes soviéticas en los años Veinte se reveló no constructiva, sino nefasta para ellos” (cit., p. 312). Sin embargo, “después de varias décadas el porvenir mostró que algo de su conciencia nacional había permanecido en ellos, resistiendo al completo desarraigo” (cit., p. 313). 

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