Por MONS. DOM
TOMAS DE AQUINO OSB
Dos años después de su suspensión a divinis,
Mons. Lefebvre escribía:
«Estamos suspendidos a divinis por la
Iglesia conciliar y para la Iglesia conciliar, de la cual no queremos formar
parte. Esa Iglesia conciliar es una Iglesia cismática, porque rompe con la
Iglesia Católica de siempre¹.»
El propio Mons. Tissier de Mallerais no es menos
explícito:
«Considerada formalmente, la Iglesia conciliar es
una secta que ocupa la Iglesia Católica².»
El Padre Calmel también, ya en 1971, denunciaba, en
la revista Itinéraires, esa «falsa Iglesia», esa «pseudo-Iglesia»:
«La falsa Iglesia que se manifiesta entre nosotros
desde el extraño Concilio Vaticano II se aleja sensiblemente, año tras año, de
la Iglesia fundada por Jesucristo. La falsa Iglesia posconciliar se opone cada
vez más a la santa Iglesia que salva las almas desde hace veinte siglos (y,
además, ilumina y sostiene la ciudad). La pseudo-Iglesia en construcción se
opone cada vez más a la verdadera Iglesia, a la única Iglesia de Cristo,
mediante las más extrañas innovaciones, tanto en la constitución jerárquica
como en la enseñanza y en las costumbres³.»
Ahora bien, quienes excomulgaron a la Fraternidad
San Pío X después de las consagraciones del 1.º de julio no son otros que esa
Iglesia conciliar denunciada por Mons. Lefebvre. Después de identificar a los
autores de todas esas condenas, veamos ahora con qué finalidad las
pronunciaron. Es nuevamente a Mons. Lefebvre a quien pediremos ayuda. Hablando
de su negativa a obedecer a Pablo VI, en 1976, explicó que no quería, después
de su muerte, oír a Nuestro Señor decirle: «Usted también contribuyó a destruir
mi Iglesia.»
Destruir la Iglesia: ese es el objetivo. Es el
viejo sueño de la Masonería. Pero la Providencia vela y suscitó a Mons.
Lefebvre y a Mons. Castro Mayer, gracias a quienes las puertas del infierno no
prevalecieron. Todas esas condenas, evidentemente, no tienen ningún valor. No
es la Roma eterna la que las fulmina. Además, son contrarias a toda justicia, a
todo derecho y al bien de la Iglesia, porque fueron pronunciadas para
destruirla. Aunque la Fraternidad presente ahora un recurso, eso no cambia en
nada el conjunto de la cuestión. Esas excomuniones son nulas.
Es necesario que vengan los escándalos, pero ¡ay de
aquellos por quienes vienen los escándalos! (Mt 18, 7). Ojalá las autoridades
actuales se den cuenta de lo que están haciendo y hagan penitencia por todos
los crímenes cometidos contra la verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo,
durante y después del Concilio Vaticano II.
Que la Fraternidad, por su parte, recobre la
firmeza de su fundador, quien afirmaba no formar parte de la Iglesia conciliar,
la cual es cismática porque rompe con la Iglesia Católica de siempre.
† Tomás de Aquino O.S.B.
Notas
- Citado por Mons. Bernard
Tissier de Mallerais en Le Sel de la Terre, n.º 85, editorial:
«¿Existe una Iglesia conciliar?», p. 12.
- Ibíd., p. 6.
- Ibíd., p. 11.
https://www.mosteirodasantacruz.org/post/quem-excomungou-a-fraternidade-s%C3%A3o-pio-x
