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miércoles, 20 de mayo de 2026

EL DOBLE RASERO ECLESIADÉISTA: SILENCIO SOBRE LOS ESCÁNDALOS DE ROMA, VITUPERIOS CONTRA LAS CONSAGRACIONES DE ECÔNE

 


por XAVIER CELTILLOS

 

Existe, en el orden de la polémica eclesial contemporánea, pocos espectáculos más edificantes que el de un contradictor sorprendido en flagrante delito de mala fe. Tal es precisamente el caso de esas comunidades Ecclesia Dei que, desde el anuncio de las próximas consagraciones episcopales (1) de la Fraternidad San Pío X, rivalizan en celo para condenar lo que denominan con énfasis un «acto cismático». ¡Curiosa premura por parte de instituciones que, frente a los escándalos doctrinales más graves emanados de Roma misma, observan el más perfecto de los silencios! Esta geometría variable en la indignación merece detenerse en ella, pues ilumina crudamente la verdadera naturaleza de lo que conviene llamar el eclesiadéismo contemporáneo.

El silencio cómplice frente a las desviaciones romanas

Recordemos primero los hechos. La Fraternidad San Pío X se pronunció sobre Amoris laetitia el 2 de mayo de 2016 para denunciar, con notable lucidez, los errores contenidos en esta exhortación postsinodal que trastocaba la doctrina tradicional sobre el matrimonio y la familia. ¿Dónde estaban entonces las voces de la Fraternidad San Pedro, del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote, del Instituto del Buen Pastor y de todas esas comunidades que hoy se envuelven en los harapos de la ortodoxia? ¿Dónde estaban sus protestas frente a lo que constituía, sin embargo, una revolución pastoral de una amplitud inaudita?

El silencio fue total. Peor aún: fue cómplice. Porque estas comunidades “eclesiadéistas” deben, a cambio, reconocer la nueva misa como un rito legítimo y abstenerse de denunciar los errores del Vaticano II. He ahí el precio de su reconocimiento canónico: la aceptación tácita de todas las desviaciones, con tal de que se les conceda el uso de la liturgia tradicional. Tal silencio constituye, en sí mismo, una complicidad culpable.

Esta actitud no es nueva. Para obtener el reconocimiento canónico de la Iglesia conciliar, las comunidades Ecclesia Dei aceptaron callar sobre los errores y escándalos doctrinales de la jerarquía eclesiástica, e incluso justificarlos. El ejemplo del monasterio de Le Barroux es, a este respecto, particularmente elocuente. Dom Gérard, superior del monasterio de Le Barroux, había declarado que el reconocimiento de su monasterio por Roma no iba acompañado de “ninguna contrapartida doctrinal o litúrgica”, y que “ningún silencio sería impuesto a su predicación antimodernista”. Los hechos demostrarían luego la vanidad de tales garantías: algunos años más tarde, el monasterio de Le Barroux se convertía en defensor del concilio Vaticano II y de la libertad religiosa.

La indignación selectiva de los reconciliados

Pero he aquí que la Fraternidad San Pío X anuncia su intención de proceder a nuevas consagraciones episcopales y, de repente, ¡milagro! Las lenguas se desatan, las plumas tiemblan, la indignación estalla. El número de abril de 2026 del Courrier de Rome propone un estudio doctrinal de primer orden sobre la naturaleza del episcopado, en respuesta a las críticas formuladas por el movimiento Ecclesia Dei, especialmente la Fraternidad San Pedro. Porque hay que reconocer que estas comunidades, tan prontas al silencio frente a los extravíos doctrinales de la jerarquía moderna, recuperan súbitamente una voz atronadora cuando se trata de condenar los actos de resistencia tradicional.

viernes, 20 de marzo de 2026

"DE LA SECTA NEO-MODERNISTA QUE OCUPA LA IGLESIA CATÓLICA"

 


Volvemos a publicar este esclarecedor artículo, pues si no se hace una distinción cabal entre lo que es la Iglesia católica y los que es la Iglesia conciliar-sinodal (u oficial) no se puede entender y afrontar la crisis en la Iglesia. Mismo esta omisión u ocultamiento por parte de la FSSPX la ha llevado a una grave crisis de la que se cree pretendería salir mediante las futuras consagraciones episcopales. Pero, puesto que se trata de un problema de principios, difícilmente ocurra si no se vuelve a los principios fundacionales que estableció su fundador Monseñor Lefebvre, quien no hizo otra cosa más que seguir a los Papas de antes del Concilio Vaticano II.

 

Publicado en Le Sel de la Terre, Otoño de 2015.

  

Cincuenta años después del Concilio Vaticano II y la subsecuente reacción del movimiento tradicionalista ante la crisis de la Iglesia, se pueden distinguir tres tendencias divergentes sobre la relación a mantener entre la Iglesia Católica y la iglesia oficial. Es decir, entre el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo y los clérigos y fieles apegados a la Jerarquía y a las reformas posconciliares.

Para algunos, estas son dos Iglesias sustancialmente distintas, absolutamente separadas, y no se puede pertenecer a las dos al mismo tiempo. Estas dos Iglesias tienen una fe diferente, ritos diferentes, una legislación diferente, y es necesario escoger entre una y otra. La lógica lleva también a ya no rezar públicamente por el papa actualmente reinante, pues es el papa de otra iglesia que no es -o ya no es- católica.

Para otros, al contrario, la Iglesia oficial, jerárquica, romana, conciliar no es una iglesia aparte, sino que es verdaderamente la Iglesia católica real, la única, la verdadera, la visible, la Iglesia de hoy, y es inadmisible hacer una distinción real entre la iglesia conciliar, oficial, y la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Esta lógica llevará también a pertenecer oficialmente, visiblemente, canónicamente a esta jerarquía, para asegurarse de pertenecer a la única Iglesia, católica y apostólica.

Estas dos concepciones, durante un medio siglo de debates entre tradicionalistas, los han dividido y llevado a formar dos líneas extremas, etiquetadas comúnmente como “sedevacantistas” y “ralliés”.

Nuestro análisis puede parecer sumario, pero la experiencia lo ha probado: cuando un tradicionalista, clérigo o laico, ya no hace distinción entre la Iglesia oficial y la Iglesia católica, termina un día u otro poniéndose al servicio de la primera, y así abandona el combate de la fe exigido por la segunda en este tiempo de apostasía inmanente y general.

De hecho, el problema está mal planteado, como si hubiera un dilema entre sólo dos alternativas. Hay una distinción entre la Iglesia oficial y la Iglesia católica, y ésta ha sido hecha por todos nuestros antecesores del combate de la fe después del concilio. Es suficiente con refrescar nuestras memorias y recordar estas fórmulas bien conocidas: “La Iglesia ocupada”, “Roma ocupada”. La Iglesia conciliar y neo-modernista no es por lo tanto ni una Iglesia substancialmente diferente de la Iglesia Católica, ni absolutamente idéntica, ella misteriosamente tiene de la una y de la otra, es un cuerpo extraño que ocupa la Iglesia Católica. Por lo tanto, es necesario distinguirlas sin separarlas.

Dejamos bien en claro: un “cuerpo” y no una “enfermedad”, “tendencia”, “espíritu”, o “concepción falseada”, como han querido demostrarlo en DICI n° 273 [órgano informativo de la FSSPX], rechazando por principio el considerar a la iglesia conciliar como una “sociedad distinta de la otra” (pág. 8). Esta negación podría ser admitida, tomada rigurosamente, en el sentido, definido más arriba, de una sociedad absolutamente, sustancialmente diferente de la Iglesia católica. Pero nos parece peligrosa en su sentido obvio, y en todo caso contraria a la doctrina de San Pío X, que calificaba a los modernistas de asociación secreta (clandestinum foedus; Motu proprio del 1-09-1910) que se esconde en el mismo seno y en el corazón de la Iglesia (sinu gremioque Ecclesiae; Pascendi, 1907).

Lo que el magisterio enseñó en el origen del modernismo, nuestros antecesores lo recordaron en términos enérgicos respecto al neo-modernismo, calificando a sus jerarcas de “secta”; y no vemos en qué el principio habría cambiado en la actualidad… Que se nos permita por lo menos, incluso si ahora este debate desagrada a algunos en la Tradición, recordar algunas citas lapidarias:

Mons. Lefebvre: “Es una secta que se ha apoderado de Roma, de los puestos de mando de la Iglesia” (Conferencia en Flavigny, diciembre de 1988, Fideliter n° 68, pág. 10).

Padre Tissier de Mallerais: “[…] en las circunstancias de una Iglesia ocupada por la secta progresista […]” (Fideliter n° 53, pág. 38, sept. – oct- 1986).

P. Calmel: “[…] organizaciones ocultas de una falsa Iglesia, de una Iglesia aparente”. (Itinéraires n° 123, pág. 174, de mayo de 1968); “Iglesia aparente en el seno mismo de la Iglesia verdadera […]” (Itinéraires n° 106, pág. 178, de sept. De 1966).

P. Marcille: “[…] la secta en el poder en la Iglesia […] la secta conciliar en favor del poder que ella ocupa […]” (Fideliter n° 96, págs.. 67 y 71, nov.-dic. de 1993).

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...