Por PIETRO PALINURI
Introducción
Algunos autores, frente al «caso Bergoglio», sobre
todo a partir de la Exhortación apostólica Amoris laetitia (19 de marzo
de 2016), han reunido firmas y lanzado peticiones para deponer al papa
Francisco y nombrar a otro Papa.
Estos autores se han planteado el problema de si es
posible deponer a un Papa que haya caído objetivamente en la herejía material.
La mayoría ha respondido negativamente, apelando al axioma Prima Sedes a
nemine judicetur («La Primera Sede no puede ser juzgada por nadie»). Solo
unos pocos autores han propuesto, con cierta insistencia, la opción de deponer
al papa Bergoglio para nombrar a otro en su lugar, pero con escaso éxito y
seguimiento.
Las Edizioni
Radio Spada han publicado el libro Deporre il Papa? («¿Deponer al
Papa?»), de don Curzio Nitoglia, sobre este acuciante problema[1].
Este libro puede ayudar al lector a formarse una
idea de lo que los mejores teólogos católicos dicen acerca de la hipótesis de
un Papa hereje y, eventualmente, susceptible de ser depuesto. En efecto, estas
páginas reúnen lo que los teólogos, los Padres de la Iglesia y los Doctores
escolásticos (hasta el padre Reginald Garrigou-Lagrange) han escrito sobre la
eventual e hipotética herejía material de un Papa y sobre su posible deposición
por parte del Episcopado o del Colegio Cardenalicio.
El libro puede resultar útil para que el lector
estudie —con relativa facilidad y sin tener que realizar investigaciones
complicadas y difíciles— la doctrina expuesta por los teólogos, pero sin
ninguna pretensión ni voluntad de «definir» ni de «obligar a creer».
La Primera
Sede no puede ser juzgada por nadie
El Papa no puede ser juzgado por ninguna autoridad
humana o eclesiástica (Emperador, Episcopado, Colegio Cardenalicio) mediante un
juicio de valor canónico o jurídico, como si fuera súbdito de ella, pues el
único superior del Papa es Jesucristo, de quien el Papa es Vicario inmediato y
próximo; por consiguiente, el Romano Pontífice no tiene a ningún hombre (laico
o incluso eclesiástico) por encima de sí, fuera de Jesús, quien, siendo
verdadero hombre, es también verdadero Dios.
En efecto, si
la hipótesis de una eventual falta de fe separaría a un Papa caído en el error
contra la fe del cuerpo de la Iglesia, y la falta de la gracia santificante lo
separaría del alma de la misma, la jurisdicción, en cambio, no se vería
afectada, pues esta se refiere al gobierno de la Iglesia, que es una sociedad
visible y no puede ser privada de la autoridad que la gobierna por la falta de
gracia o de fe, ya que estas son
hábitos sobrenaturales, espirituales e invisibles, mientras que el gobierno o
la jurisdicción de una sociedad visible deben ser visibles.
Por tanto, el
Papa hipotéticamente hereje no sería miembro vivo de la Iglesia por falta de
gracia, ni formaría parte del cuerpo de la Iglesia por un hipotético error
contra la fe, pero seguiría siendo, sin embargo, su cabeza visible en cuanto al
gobierno o a la jurisdicción (cf. Domingo Bañez, In IIam-IIae, q. 1,
a. 10, Venecia, 1587, col. 196; Ch.-R. Billuart, Cursus theologiae, III
pars, Venecia, 1787, p. 66; II-II pars, Brescia, 1838, pp. 33-34, 123 y 125; R.
Garrigou-Lagrange, De Christo Salvatore, Turín, Marietti, 1946, p. 232).
La autoridad
de un Papa en ejercicio es esencial para la Iglesia
La autoridad es la esencia de toda sociedad
temporal y espiritual y, por tanto, también de la Iglesia, que es una sociedad
perfecta de orden espiritual. Por ello, el
Papa en ejercicio (y no un Papa virtual) no es accidental, sino esencial y
necesario para la subsistencia de la Iglesia. Sin un Papa que gobierne
efectivamente, el Cuerpo Místico sería semejante a un cuerpo sin forma o sin
alma, es decir, muerto.
Siendo la autoridad el principio de unidad y de ser de la sociedad, esta dejaría de ser una y dejaría de existir sin autoridad. Por tanto, el Papa no es accidental, sino esencial para la subsistencia de la Iglesia (cf. Santo Tomás de Aquino, Contra Gentiles, IV, c. 76). Sin un Papa que gobierne efectivamente, no subsistiría el Cuerpo Místico. El papado virtual y la Iglesia virtual no son compatibles con la institución divina de la Iglesia fundada por Cristo sobre la persona física y realmente actual de Pedro (y, del mismo modo, sobre sus sucesores: los Papas, hasta el fin del mundo).
