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jueves, 16 de julio de 2026

“¿DEPONER AL PAPA?”

 


Por PIETRO PALINURI

 

Introducción

 

Algunos autores, frente al «caso Bergoglio», sobre todo a partir de la Exhortación apostólica Amoris laetitia (19 de marzo de 2016), han reunido firmas y lanzado peticiones para deponer al papa Francisco y nombrar a otro Papa.

Estos autores se han planteado el problema de si es posible deponer a un Papa que haya caído objetivamente en la herejía material. La mayoría ha respondido negativamente, apelando al axioma Prima Sedes a nemine judicetur («La Primera Sede no puede ser juzgada por nadie»). Solo unos pocos autores han propuesto, con cierta insistencia, la opción de deponer al papa Bergoglio para nombrar a otro en su lugar, pero con escaso éxito y seguimiento.

Las Edizioni Radio Spada han publicado el libro Deporre il Papa? («¿Deponer al Papa?»), de don Curzio Nitoglia, sobre este acuciante problema[1].

Este libro puede ayudar al lector a formarse una idea de lo que los mejores teólogos católicos dicen acerca de la hipótesis de un Papa hereje y, eventualmente, susceptible de ser depuesto. En efecto, estas páginas reúnen lo que los teólogos, los Padres de la Iglesia y los Doctores escolásticos (hasta el padre Reginald Garrigou-Lagrange) han escrito sobre la eventual e hipotética herejía material de un Papa y sobre su posible deposición por parte del Episcopado o del Colegio Cardenalicio.

El libro puede resultar útil para que el lector estudie —con relativa facilidad y sin tener que realizar investigaciones complicadas y difíciles— la doctrina expuesta por los teólogos, pero sin ninguna pretensión ni voluntad de «definir» ni de «obligar a creer».

 

La Primera Sede no puede ser juzgada por nadie

 

El Papa no puede ser juzgado por ninguna autoridad humana o eclesiástica (Emperador, Episcopado, Colegio Cardenalicio) mediante un juicio de valor canónico o jurídico, como si fuera súbdito de ella, pues el único superior del Papa es Jesucristo, de quien el Papa es Vicario inmediato y próximo; por consiguiente, el Romano Pontífice no tiene a ningún hombre (laico o incluso eclesiástico) por encima de sí, fuera de Jesús, quien, siendo verdadero hombre, es también verdadero Dios.

En efecto, si la hipótesis de una eventual falta de fe separaría a un Papa caído en el error contra la fe del cuerpo de la Iglesia, y la falta de la gracia santificante lo separaría del alma de la misma, la jurisdicción, en cambio, no se vería afectada, pues esta se refiere al gobierno de la Iglesia, que es una sociedad visible y no puede ser privada de la autoridad que la gobierna por la falta de gracia o de fe, ya que estas son hábitos sobrenaturales, espirituales e invisibles, mientras que el gobierno o la jurisdicción de una sociedad visible deben ser visibles.

Por tanto, el Papa hipotéticamente hereje no sería miembro vivo de la Iglesia por falta de gracia, ni formaría parte del cuerpo de la Iglesia por un hipotético error contra la fe, pero seguiría siendo, sin embargo, su cabeza visible en cuanto al gobierno o a la jurisdicción (cf. Domingo Bañez, In IIam-IIae, q. 1, a. 10, Venecia, 1587, col. 196; Ch.-R. Billuart, Cursus theologiae, III pars, Venecia, 1787, p. 66; II-II pars, Brescia, 1838, pp. 33-34, 123 y 125; R. Garrigou-Lagrange, De Christo Salvatore, Turín, Marietti, 1946, p. 232).

 

La autoridad de un Papa en ejercicio es esencial para la Iglesia

 

La autoridad es la esencia de toda sociedad temporal y espiritual y, por tanto, también de la Iglesia, que es una sociedad perfecta de orden espiritual. Por ello, el Papa en ejercicio (y no un Papa virtual) no es accidental, sino esencial y necesario para la subsistencia de la Iglesia. Sin un Papa que gobierne efectivamente, el Cuerpo Místico sería semejante a un cuerpo sin forma o sin alma, es decir, muerto.

Siendo la autoridad el principio de unidad y de ser de la sociedad, esta dejaría de ser una y dejaría de existir sin autoridad. Por tanto, el Papa no es accidental, sino esencial para la subsistencia de la Iglesia (cf. Santo Tomás de Aquino, Contra Gentiles, IV, c. 76). Sin un Papa que gobierne efectivamente, no subsistiría el Cuerpo Místico. El papado virtual y la Iglesia virtual no son compatibles con la institución divina de la Iglesia fundada por Cristo sobre la persona física y realmente actual de Pedro (y, del mismo modo, sobre sus sucesores: los Papas, hasta el fin del mundo).

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