Óleo de
Juan Lepiani que representa la entrevista de Punchauca, entre el virrey del
Perú José de la Serna y el Libertador José de San Martín.
Por GABRIEL CAMILLI
La figura del General José de San Martín ocupa un lugar eminente en la historia
de la independencia sudamericana. Sin embargo, no ha estado exenta de
controversias. Determinadas corrientes historiográficas han sostenido que su
condición de héroe nacional sería el resultado de una construcción posterior,
particularmente asociada a la obra de Bartolomé Mitre.
Según
esta interpretación, San Martín no habría sido percibido como un héroe en su
tiempo, sino que habría sido elevado a esa categoría mediante un relato
político que buscaba dotar de fundamentos simbólicos a la nación.
Frente a
esta postura, es necesario afirmar con claridad que San Martín fue un héroe
histórico real, cuya grandeza no solo se funda en sus acciones concretas, sino
también en el reconocimiento contemporáneo que recibió. El libro de José Luis
Busaniche, San Martín visto por sus
contemporáneos, es una de las fuentes más valiosas para reconstruir la
imagen que tuvieron del Libertador quienes lo conocieron, combatieron junto a
él o fueron sus adversarios.
Más aún,
el análisis detallado de episodios poco conocidos -como la entrevista de
Punchauca- permite reforzar esta afirmación, mostrando una figura compleja,
estratégica y profundamente inserta en las tensiones de su tiempo, muy lejos de
cualquier simplificación mítica.
NOCION DE
HEROE
El punto
de partida para abordar esta cuestión es la noción misma de héroe. Los pueblos
no solo se organizan en instituciones, sino que también construyen su identidad
en torno a figuras ejemplares que encarnan valores, orientan conductas y
simbolizan momentos fundacionales.
El héroe
político no es una invención ficticia ni un personaje idealizado en términos
absolutos, sino un individuo excepcional cuya acción produce transformaciones
decisivas en la historia.
En este
sentido, San Martín cumple sobradamente con estas condiciones. El Cruce de los
Andes, la liberación de Chile y la proclamación de la independencia del Perú
constituyen hechos históricos verificables que exceden cualquier construcción
discursiva posterior. Su figura no nace del relato: el relato surge a partir de
la magnitud de su obra.
CONFUSION
CONCEPTUAL
Quienes
sostienen que San Martín sería un “mito” incurren en una confusión conceptual.
Toda comunidad elabora narrativas sobre su pasado, pero ello no implica que los
protagonistas de ese pasado sean ficticios. La diferencia entre simbolización e
invención es fundamental. En el caso de San Martín, la evidencia histórica
demuestra que su reconocimiento como figura eminente fue contemporáneo a sus acciones.
Diversos gobiernos americanos decretaron honores en su nombre, y su figura fue
celebrada en vida y tras su muerte.
En el
plano cultural, numerosos escritores y poetas exaltaron su figura. Autores como
Vicente López y Planes, Juan Cruz Varela y Olegario Víctor Andrade lo
reconocieron explícitamente como héroe, evidenciando que su grandeza era ya
percibida por sus contemporáneos. Estos testimonios invalidan la hipótesis de
una creación tardía. No obstante, es en el análisis de la entrevista de Punchauca
donde se revela con mayor claridad la inconsistencia de la tesis del “mito” y,
al mismo tiempo, la profundidad del pensamiento político sanmartiniano.
MOMENTO
SIGNIFICATIVO
Este
episodio, ocurrido en 1821 durante la campaña del Perú, constituye uno de los
momentos más significativos y, paradójicamente, menos difundidos de su
trayectoria. En Punchauca, San Martín se reunió con el virrey José de la Serna
en el marco de negociaciones destinadas a poner fin al conflicto entre
realistas y patriotas. Lejos de limitarse a una discusión militar, el encuentro
tuvo un carácter eminentemente político y reveló el proyecto institucional que
el Libertador concebía para América.
La
propuesta de San Martín fue clara y estructurada. En primer lugar, planteó el
reconocimiento de la independencia del Perú como nación soberana. En segundo
término, propuso la formación de un gobierno provisional -una regencia o junta-
que organizara la transición política. Finalmente, y aquí radica el aspecto más
controvertido, sugirió invitar a un príncipe de la casa de Borbón para que
asumiera como monarca constitucional. Este plan implicaba una síntesis entre
independencia y monarquía, orientada a garantizar estabilidad, legitimidad y
continuidad institucional.
Lejos de
tratarse de una maniobra engañosa, como algunos autores han sugerido, la
propuesta fue presentada de buena fe y considerada seriamente por las
autoridades realistas. El propio virrey La Serna llegó a calificar el plan como
“admirable”, lo que demuestra que no se trataba de una estrategia improvisada,
sino de un proyecto político viable. Asimismo, testimonios como los del
comisionado Manuel Abreu y del colaborador sanmartiniano Tomás Guido coinciden
en señalar la sinceridad de la iniciativa.
El plan de establecer una monarquía en América no estaba dirigido a un candidato indefinido, sino a Carlos María Isidro de Borbón y Parma. San Martín lo elige precisamente por sus cualidades morales y su carácter católico. Con esto, afirmamos que no es solamente una predilección monárquica para asegurar el orden o la normatividad, sino que es una predilección monárquica específica dirigida al mejor hombre de la casa de Borbón. Y para llevar a cabo esta maniobra San Martin mantiene una correspondencia fluida con su hermano Justo Rufino, quien servía en el ejército español.
OPOSICION
INTERNA
El
fracaso de las negociaciones no se debió a la falta de convicción de San
Martín, sino a la oposición interna dentro del bando realista, especialmente
por parte de sectores militares que rechazaban cualquier solución conciliadora.
El plan
de San Martín en Punchauca no solamente consistía en traer a Carlos María
Isidro de Borbón y Parma, sino en que él viaje en persona a España para sellar
la paz, y luego los ejércitos se abrazarían simbólicamente en el campo de
batalla poniendo fin a la contienda y reconciliando a “la madre y sus hijas”.
Esto
último es parte de lo conversado y la correspondencia con su hermano Rufino,
San Martín se ofrecía como garante, en prueba de buena fe y hombría de bien.
El
episodio de Punchauca resulta clave porque introduce un elemento de complejidad
que desarma cualquier intento de simplificación. Si San Martín fuera un mito
construido posteriormente, su figura habría sido presentada de manera
homogénea, coherente con los ideales republicanos que dominaron la
historiografía liberal. Sin embargo, la realidad muestra a un líder que
contemplaba soluciones monárquicas como medio para asegurar la independencia.
Esta posición, lejos de ser contradictoria, responde a un diagnóstico concreto:
la fragilidad institucional de las nuevas naciones y el riesgo de anarquía. San
Martín no actuaba guiado por abstracciones ideológicas, sino por un profundo
sentido del orden, la estabilidad y la viabilidad política.
FRACASO
DEL PROYECTO
El
fracaso del proyecto de Punchauca se debe exclusivamente a la hostilidad que le
presentaron al mismo, varias logias masónicas, cuyos nombres y cuyos directores
fueron estudiados por el Dr. Enrique Díaz Araujo (recomendamos leer el libro San Martín, cuestiones disputadas). Es
decir, el plan monárquico católico
fracasa, la paz con España fracasa, no porque San Martín fue un masón, sino
porque la masonería se opuso a ese plan.
LA
IMPORTANCIA DE PUNCHAUCA
Hasta tal
punto Punchauca es una bisagra, un antes y un después para definir el heroísmo
de San Martín, que B. Mitre dice expresamente que a partir de Punchauca y como
consecuencia de ese planteo sanmartiniano, San Martín desaparece como
libertador y emancipador, es decir, ya no merece más el rango de emancipador ni
de libertador. Esto ha sido muy bien advertido por el Cnl. Santiago Rospide, en
su libro “El sueño frustrado de San
Martín”.
En este
sentido, Punchauca no debilita la figura del Libertador, sino que la fortalece.
La presencia de ideas clásicas, decisiones estratégicas y opciones políticas
complejas es precisamente lo que caracteriza a los grandes actores históricos.
Los mitos simplifican; la historia real es compleja. La existencia de este
episodio demuestra que San Martín no es una figura plana ni idealizada, sino un
protagonista histórico que enfrentó dilemas concretos en un contexto de enorme
incertidumbre con gran sentido tradicional e hispanista.
Por otra
parte, la tendencia a negar la existencia de héroes tampoco es nueva. Ya en el
siglo XIX, pensadores como Juan Bautista Alberdi cuestionaban el culto heroico,
proponiendo una visión más pragmática y menos épica de la política. Sin
embargo, llevada al extremo, esta postura conduce a una forma de escepticismo
que empobrece la comprensión histórica. Reconocer la existencia de figuras
excepcionales no implica caer en la mitificación acrítica, sino aceptar que hay
individuos cuya acción tiene un impacto decisivo en el curso de los
acontecimientos.
En
definitiva, el General José de San Martín no es un mito construido ni una
invención historiográfica. Es un héroe de carne y hueso, cuya grandeza se apoya
en hechos verificables, en el reconocimiento de sus contemporáneos y en la
profundidad de su pensamiento político. La entrevista de Punchauca, lejos de
ser un episodio marginal, constituye una prueba fundamental de su complejidad y
de su realismo estratégico. Su legado no reside en una imagen idealizada, sino
en una obra concreta que transformó el destino de América del Sur. Precisamente
por ello, su figura perdura no como una fábula, sino como una presencia
histórica viva, capaz de seguir interpelando a las generaciones actuales sobre
el sentido del orden, la jerarquía y la construcción política.
DOS
NACIMIENTOS Y VARIAS MUERTES
Como
hemos dicho en otras ocasiones, el General José de San Martín, tuvo entre
nosotros dos nacimientos y varias muertes. Nació en Yapeyú en 1778 pero volvió
a nacer para su Patria en 1812, cuando ya era teniente coronel de caballería y
se disponía a luchar por la independencia. Y fueron varias sus
"muertes", siempre rodeado por la incomprensión y la envidia de
varios de sus compatriotas. Así, murió por primera vez para la Patria cuando
partió al exilio voluntario en 1824. Y volvió a morir unos pocos años después,
en 1829, cuando su frustrado regreso lo devolvió otra vez a Europa.
DOSCIENTOS
AÑOS
Volvemos
al legado de San Martín en palabras de uno de sus mejores intérpretes el
querido Mayor de Infantería Don José Antonioni quien en la Escuela Superior de
Guerra Conjunta nos decía: “Es hora de cumplir acabadamente con este mandato
imperioso de San Martin, haciendo lo que debemos, sin falsas excusas, sin
esperar condiciones ideales, en una siembra constante, haciendo el bien a cada
paso de nuestros quehaceres, en la realidad actual de nuestra Nación, por
difícil que sea. Es hora de conocer y reconocer esta grandeza sanmartiniana,
para después vivirla y practicarla, trasmitiéndola.
Un
antiguo, pero muy valioso y verdadero refrán popular, dice: ‘es de bien
nacidos, ser agradecidos’. Cómo podemos agradecer esta Patria y sus dones,
adquiridos con inmensos sacrificios, del Gran Capitán y de sus seguidores, de
todas las edades, de todas condiciones: con una conducta digna, permanente,
comprometida con el Bien Común, haciendo lo que debemos, aquí y ahora. Así
debemos mostrar nuestra gratitud, en plenitud, en nuestros quehaceres, sean
cuales fueran; es época de sembrar, de sembrar dignidad agradecida y
especialmente activa”.
Con ese
ejemplo desde el Instituto Elevan- Estudios y Legado en valores nacionales-
intentamos hacerlo formando a todos los hombres y mujeres que deseen penetrar
en el espíritu y valor de San Martín, los invitamos a sumarse a nuestra
Diplomatura en Liderazgo Sanmartiniano para el Siglo XXI, al San Martín que
hace 200 años algunos argentinos quisieron expulsar queremos repatriarlo,
nuevamente, para que permanezca por siempre entre nosotros.
https://www.laprensa.com.ar/Punchauca-el-San-Martin-desconocido-574690.note.aspx
