Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

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jueves, 8 de octubre de 2026

EN MEMORIA DE UN MODERNISTA: JOSEPH RATZINGER – BENEDICTO XVI

 


¿Quién fue realmente Benedicto XVI?

 

“El sistema teológico de Joseph Ratzinger, aunque expresado en un lenguaje aparentemente respetuoso de la Tradición, es inaceptable para quienes pretenden permanecer fieles a la doctrina inmutable de la Iglesia, tal como es conservada y definida por el Magisterio auténtico e infalible, y debe ser rechazado como contrario a la fe católica.

Las conclusiones expuestas aquí no son una tesis entre otras, sino una constatación teológica obligatoria: el sistema ratzingeriano pertenece al modernismo; la fe católica pertenece a la Revelación inmutable. No hay continuidad ni mediación posible entre estas dos visiones: aceptar una significa rechazar la otra.

Ratzinger fue el más peligroso de los modernistas, porque dio al veneno del neomodernismo posconciliar el perfume de la Tradición. Y mientras esto no sea reconocido, la Iglesia permanecerá prisionera de la ambigüedad”.

 

 

Bulletin des Amis de saint Francois de Sales

N° 238 Janvier-février 2026, Suisse.

 

El 31 de diciembre de 2022, Joseph Ratzinger entregaba su alma a Dios para recibir el juicio sin apelación del divino Redentor.

Como muchos, yo también había terminado por idolatrar a Benedicto XVI, llegando a considerarlo como una especie de nuevo santo Tomás de Aquino de nuestro tiempo, frente al desastroso pontificado del papa Francisco. Sin embargo, posteriormente me pregunté si la crisis en la Iglesia había comenzado realmente en 2013 y, dejando de lado toda toma de posición ideológica y estudiando la sana doctrina, el Magisterio perenne y la verdadera teología católica, la conclusión a la que llegué (¡si se es sincero e intelectualmente honesto, es la única conclusión a la que se puede llegar!) es que Joseph Ratzinger no puede de ningún modo ser considerado como el más grande teólogo de la historia o de nuestra época contemporánea, ni ser identificado con el katechon bíblico (del griego “Tò, Katèxov”, “el que retiene”), como sostienen algunos, en referencia a la figura que, según 2 Ts. II, 6, retrasaría el advenimiento del Anticristo y el fin de los tiempos. Por el contrario, representó un paliativo: no el médico que cura, sino aquel que oculta la enfermedad con bálsamos preciosos.

Alabarlo únicamente porque llevaba la mozzetta, la piel de armiño, el camail, el fanón, vestiduras “gloriosas”, etc. (como algunos lo hacen hoy con respecto al papa León) demuestra una profunda ingenuidad. ¡Una revolución también puede hacerse con tiara y capa pluvial! Quizá allí reside su mayor responsabilidad con respecto a los demás. Frente a un mal profundo y sistémico, no basta con cubrirlo de bellas palabras o de un lenguaje refinado: hay que erradicarlo.

Su teología presenta posiciones y orientaciones problemáticas, neomodernistas (ya reconocidas por su profesor M. Schmaus, quien al principio había rechazado su tesis de habilitación). Entre los excelentes críticos se encuentran Mons. Antonio Livi, Mons. Francesco Spadafora, Mons. Bernard Tissier de Mallerais (“La extraña teología de Benedicto XVI. ¿Hermenéutica de continuidad o ruptura?”, Ed. du Sel, 2013); Carlo Di Pietro (Joseph Aloisius Ratzinger. L'altra teologia del “papa emerito”, Edizioni Radio Spada, 2015), Enrico Maria Radaelli (“En el corazón de Ratzinger. En el corazón del mundo”, Éditions Pro Manuscrit, Aurea Domus, 2017); Don Andrea Mancinella (“Golpe de Estado en la Iglesia”, Radio Spada, 2023); Aldo Maria Valli (en “Don Daniele Di Sorco”, ed.); (“Palabras claras sobre la Iglesia”, Radio Spada, 2023); Danilo Quinto (“El trigo y la cizaña”, Controvento, 2025); don Curzio Nitoglia (“Contra ciancias”). (1)

En su “Introducción al cristianismo” (1968) —que se impone a todos los estudiantes de teología de primer año— Ratzinger ya había enunciado las premisas de una fe incierta, marcada por la duda, describiendo al creyente como suspendido «por encima del océano de la nada», condenado a vivir en la tensión entre la duda y la fe, en una «prisión lúgubre» (Introducción al cristianismo, p. 37).

Pero san Pablo enseña: «Lo que puede conocerse de Dios es manifiesto para ellos [...] por lo tanto, son inexcusables» (Rm. I, 19-22). La Escritura es clara, y la Iglesia enseña infaliblemente que la existencia de Dios puede ser conocida con certeza por la razón, y que negarla conlleva el anatema.

jueves, 13 de agosto de 2026

QUO VADIS INFOCATÓLICA?

 


Vaya sorpresa…resulta que la nueva misa del masón Anibale Bugnini, en la cual participaron miembros de sectas protestantes y de la cual hay abundantes escritos, incluso oficiales del concilio, ahora, ¡según INFOCATÓLICA es todo falso! Tampoco el “Novus Ordo” está protestantizado, al contrario, está en continuidad con el “Vetus Ordo”… ¡vaya objetividad tienen ahora! Van en caída libre en Infocatólica, incluso tienen un censor de opiniones que cuando les son desfavorables a la línea editorial, te bloquean, ¡los comentarios nunca aparecerán! ¡Y cuando opinas, y pasas finalmente el filtro censor, hay un “redactor” que opina sobre tu opinión, corrigiéndote o apabullándote, sin que puedas replicarle! Últimamente se han dado a la tarea también de “torpedear” burlescamente a @Infovaticana en medio de las opiniones de los lectores (como pueden apreciar en la captura de pantalla). Quo Vadis Infocatólica? ¡Al abismo parece!




Han perdido toda credibilidad, ¿que dirían los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci autores del famoso Breve examen crítico del Novus Ordo Missae? Infocatólica ha cambiado su línea editorial y en el proceso su objetividad, a una línea claramente modernista, y un cuerpo censor al estilo de China comunista, donde controlan y manipulan la información.

https://x.com/Luis61053512/status/2087400526958784734?s=20

 

La definición del IGMR de la nueva misa: art. 7 "La Cena del Señor, o la Misa, es la sagrada sinaxis o asamblea del pueblo de Dios, con un sacerdote presidiendo, para celebrar el memorial del Señor". Si esto no es protestante, ¿qué es?

Luego se cambió la definición de la misa, pero no se cambió la misa de la definición.



jueves, 5 de marzo de 2026

MÜLLER, QUIEN NIEGA EL NACIMIENTO VIRGINAL DE MARIA, Y SARAH QUE APOYA MEDJUGORJE REPRENDEN A LA FSSPX POR “ABANDONAR LA BARCA DE PEDRO”

 


Mientras tanto, León XIV elogia a verdaderos cismáticos como un “maravilloso mosaico”.


Por CHRIS JACKSON

 

La verdadera prueba de lealtad en 2026

 

El sistema posconciliar tiene una manera muy específica de manejar la disidencia. Ignora, halaga o “acompaña” diplomáticamente los tipos de separación que sirven al nuevo clima ecuménico, y luego se da vuelta y trata la resistencia tradicional como el pecado imperdonable. La línea externa siempre es la “unidad”. La exigencia interna siempre es la conformidad.

Por eso las figuras presentadas como “conservadoras” se vuelven tan útiles. Pueden hablar el lenguaje de la Tradición mientras vigilan los límites del tradicionalismo aceptable. Sarah y Müller son exactamente ese tipo de figuras, supuestos guardianes litúrgicos que aun así se alinean detrás del proyecto de León y dirigen su peso contra la FSSPX.

 

La jugada de Sarah sobre la “barca de Pedro”

 

La súplica pública de Sarah insta a la FSSPX a evitar consagraciones, advirtiendo que “abandonar la barca de Pedro y organizarnos autónomamente” es entregarse a la tormenta. En apariencia, el argumento suena simple: Cristo fundó una sola Iglesia, esa Iglesia tiene un centro visible, la Sede Romana, y por lo tanto la separación de ese centro pone en riesgo las almas.

Pero observe cómo está construido el argumento.

Comienza anclando todo el asunto en la confesión de Pedro y la continuidad de la sucesión apostólica, y luego vincula inmediatamente esa continuidad a “la Iglesia de Roma” gobernada por el sucesor de Pedro como “punto obligatorio de referencia”. Luego despliega una segunda línea clave: “la salvación es Cristo, y Él solo se da en la Iglesia”.

Note lo que está ocurriendo. Se supone que la cuestión es una emergencia concreta: obispos y consagraciones, jurisdicción y las realidades prácticas de la supervivencia de la Tradición. En cambio, el debate se traslada a un registro moral donde la FSSPX queda como una facción que se elige a sí misma por encima de Cristo, “desgarrando el cuerpo místico” y poniendo en peligro las almas por división.

Así Sarah se presenta como el hombre que defiende el orden sobrenatural contra “medios humanos”, advirtiendo contra el “subjetivismo” e insistiendo en que la vinculación canónica es “la única garantía” de que la lucha por la fe y la liturgia no se convierta en ideología. La carga emocional del argumento es esta: puedes sufrir lobos dentro, puedes sufrir cobardía dentro, incluso puedes sufrir escándalo dentro, pero sigues dentro.

Ahí está precisamente el truco. El aparato posconciliar hace las paces con el pluralismo doctrinal y el caos litúrgico, y luego trata el acto de rechazar ese caos como “ideología”. La palabra “obediencia” se convierte en un token sacramental, independientemente de lo que se esté obedeciendo.

LA PARADOJA DE LOS MODERNISTAS

 


Por PADRE DAVID NIX

 

Al final de mi último artículo, La reciente batalla de la FSSPX, planteé una pregunta que concierne al movimiento tradicionalista en general: ¿Por qué los heresiarcas modernistas honran públicamente a anglicanos, transgéneros, estrellas de rock satánicas estadounidenses, promotores del aborto, monjes budistas, musulmanes, judíos, católicos liberales, prisioneros e incluso animales, antes que honrar públicamente a los católicos tradicionales?

Pero esto es más grande que la FSSPX contra el Vaticano. Si eres un católico que asiste a la Misa Tradicional en Latín (TLM), probablemente hayas escuchado algo como esto de parte de un católico convencional:
“¿Rechazas el Vaticano II? Aunque no hay nada cismático en asistir a la TLM, podrías tener un espíritu cismático si asistes a ella.”

Estas frases autosuficientes de agresividad pasiva suelen venir de católicos convencionales que han leído un solo libro sobre la historia reciente de la Iglesia. Time hominem unius libri.

A veces, incluso tu salvación puede ser puesta en duda por personas que afirman que rechazas a los Papas modernos, ¡aunque no lo hagas! Pero esto resulta irónico, ya que el Vaticano II insistió en que los ortodoxos orientales (antes llamados cismáticos) y los protestantes (antes llamados herejes) están ya salvados sin necesidad de entrar en la Iglesia católica (¡lean los documentos si no me creen!). ¿Cómo entonces puede alguien acusar a un tradicionalista de “cisma”?

Una vez más, esto es más grande que la FSSPX. También podríamos preguntar: ¿Cómo pueden provenir amenazas de “cisma” de una entidad supuestamente cristiana que acaba de felicitar a los musulmanes por el Ramadán sin llamarles a aceptar a Jesucristo para iniciar el camino de la salvación?

O bien: ¿Cómo puede tu cancillería local negarse a “acompañar” a todos ustedes, tradicionalistas extraviados, si realmente cree que son “cripto-cismáticos” en peligro de perder la salvación? Sin embargo, rezarán gustosamente con luteranos en sus propias comunidades. Recuérdenme otra vez: ¿La salvación de quién está en peligro?

Respuesta: En realidad no creen que ninguno de nosotros sea hereje o cismático. Solo están utilizando el lenguaje como arma para asustarnos y evitar que abandonemos el control casi sectario que mantienen sobre la temblorosa psique de los pocos católicos que todavía prestan atención. Los “malos” saben que su tiempo se acerca rápidamente.

Ahora pasemos de la psicología a la teología: el hecho es que los “católicos liberales” no creen que nadie en el mundo esté actualmente en peligro del infierno. ¿Por qué? Porque la herejía del indiferentismo religioso ha convertido sus mentes en papilla que ha colapsado en el narcisismo. Si ya no se trata de Dios, entonces se trata del hombre. Esa es precisamente la definición de la herejía del modernismo.

En el fondo, incluso los liberales saben que el verdadero catolicismo no puede cambiar. Por eso no se sienten cómodos con los tradicionalistas, porque saben que nosotros creemos eso.

Si piensas que esto suena a autoengrandecimiento solo porque soy un “rad-trad”, pregúntate: ¿Por qué los tradicionalistas son las únicas personas a quienes los modernistas avergüenzan públicamente? No a los hindúes. No a los judíos. No a los budistas. No a los góticos. No a los ateos. No a los transgéneros. No a los metodistas. No a los musulmanes. Sí, solo los católicos que realmente creen en las enseñanzas perennes y en la liturgia de la Iglesia son señalados como “fuera de Roma” por los modernistas en el poder. Debes admitir que este patrón es o poco caritativo o poco razonable, incluso si no eres tradicionalista.

Por supuesto, los tradicionalistas somos solo el 1% de los católicos bautizados del mundo. Pero los izquierdistas que actualmente controlan los edificios no deberían necesitar atacarnos si realmente creen que somos “cismáticos”.

Más bien, incluso cismáticos y herejes fueron bienvenidos en las parroquias durante las últimas décadas con aquella canción de 1994 de Marty Haugen, All Are Welcome In This Place. Sí, los liberales me cantarían eso a mí también si realmente me amaran. Pero no lo hacen. Solo los católicos apostólicos resultan no ser bienvenidos en su falsa “iglesia sinodal”.

Para probarlo, debería presentarme en la puerta de todas las rectorías de sacerdotes y obispos que dicen “Nix está fuera de control” y llorar y suplicar con todas mis fuerzas: “¿Por qué no quieren acompañarme en diálogo?”

¿Podría venir la respuesta de la Biblia? El capítulo 2 del libro de la Sabiduría del Antiguo Testamento suele aplicarse a Cristo por los Padres de la Iglesia, pero puede aplicarse a cualquier santo. De hecho, puede aplicarse a cualquier católico real que sea avergonzado por falsos católicos:

miércoles, 26 de noviembre de 2025

VATICANO II: EL CONCILIO ANTI-MARIANO

 


NOTA PREVIA DEL BLOG: Este artículo fue escrito hace algunos años atrás, 2016 (aparecido primero en el blog Non Possumus y luego en Syllabus) mucho antes de la última estocada asesina contra la Santísima Virgen por parte de las autoridades vaticanas encabezadas por el papa León. Se podrá ver que hay una política continua, coherente y deliberada de excluir a María del plan salvífico redentor para así, sobre las ruinas del catolicismo, construir una nueva religión neo-protestante. Nos encontramos, pues, dentro del mensaje de Fátima y nuestro lugar debe estar junto a la Virgen y, por lo tanto, no podemos estar bien con todos, es decir también con las autoridades modernistas vaticanas. Ojalá alguna vez lo entiendan los conservadores, tradiliberales y tradiacuerdistas, varios de ellos exitosos youtubers e influencers de mucha audiencia y poco celo católico -como acaba de verse ante los últimos escándalos vaticanos-, para quienes el problema no está en Roma o en el papa sino en el lefebvrismo y la resistencia que ellos juzgan “exagerada”. Los conservadores son los mejores aliados de los progresistas, porque los malos avanzan cuando los buenos no resisten y se callan. Esta fue la última oportunidad de demostrar quién es quién en el espectro tradicionalista y en quiénes se puede confiar y en quiénes no.

 

Gaude, Maria Virgo: cunctas hæreses sola interemisti in universo mundo.

Pero Vos sois, oh Madre santísima, Vos sois y habéis sido la roca contra la cual se han estrellado todos los errores y Vos lo seréis siempre. Vos sola habéis triunfado sobre todas las herejías: apenas se ha levantado una en el mundo cristiano que no os haya atacado; y no hay una sola que no haya sido confundida por Vos: cunctas hæreses sola interemisti in universo mundo, reconoce toda la Iglesia con san Agustín: “la victoria que habéis alcanzado, y que alcanzaréis en todos tiempos sobre todos vuestros enemigos, completará vuestro triunfo”.  (Anuario de María, M. Menghi - D’Arville)

 

Si todas las herejías han atacado a la Santísima Virgen María, ¿qué será el modernismo que es la cloaca de todas herejías? ¿Cómo no la va a atacar si Ella es quien aplastará la cabeza de la serpiente infernal? Pero el modernismo no ataca a Nuestra Madre de manera abierta como Nestorio, Lutero o Calvino o cualquier otro heresiarca. Poco a poco, el modernismo ha querido despojarla de sus prerrogativas, de sus glorias, de la devoción del pueblo cristiano hacia Ella.

Dijo Sor Lucía de Fátima al P. Fuentes: 

“Padre, la Santísima Virgen no me dijo que nos encontramos en los últimos tiempos del mundo, pero me lo dio a demostrar por tres motivos: el primero, porque me dijo que el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva es una batalla final, en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de que partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios o somos del demonio; no hay término medio”.

El Tercer Secreto de Fátima debía revelarse en 1960, pues en esta fecha sería más claro. En este año, luego de leerlo, el papa Juan XXIII lo desechó diciendo: Esto no concierne a mi pontificado. Después el papa jamás quiso escuchar hablar de Fátima. El futuro cardenal Oddi le preguntó por qué no revelaba el secreto. “No me hable de eso”, respondió el papa. Pero Monseñor Oddi insistió: “Si usted quiere, yo no le hablaré más, pero no podré impedir a la gente de hablar de ello. Yo mismo tuve que hacer una centena de sermones para anunciar su revelación”. De nuevo el papa le respondió: “Ya le dije que no me hable de él”. (Mystères et vérités cachés du troisième secret de Fatima pág. 138).

TODOS LOS ERRORES DE “IN UNITATE FIDEI”, ENÉSIMO DESASTRE TEOLÓGICO Y ECLESIAL

 



“Se puede afirmar con certeza que In unitate fidei es el enésimo desastre teológico y eclesial, animado por un propósito siniestro: la promoción de un falso ecumenismo como trampolín hacia una religión mundial única”.

 

por ALDO MARIA VALLI

 

La Carta apostólica “In unitate fidei”, publicada en el 1700º aniversario del primer Concilio de Nicea, es el enésimo intento de los usurpadores modernistas de unirse a toda secta herética “cristiana” a expensas de la Verdad revelada por Cristo a su única Iglesia.

Aunque León pueda presentarla como una noble reafirmación del Credo niceno-constantinopolitano y como una invitación a los cristianos a renovar su propia fe, el texto revela diversos errores teológicos, eclesiales y pastorales.

Como de costumbre, el texto refleja una orientación teológica posconciliar ambigua que se aparta de modo significativo de la claridad, de la precisión y del sobrenaturalismo del magisterio de la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II.

Uno de los temas más recurrentes de “In unitate fidei” es la descripción de la fe cristiana como “camino” y “encuentro” con Jesucristo. La carta afirma, por ejemplo, que los cristianos están “llamados a caminar juntos, custodiando y transmitiendo… el don recibido” (n. 1). Este lenguaje, aunque pastoralmente atractivo, desplaza el enfoque de la fe del asentimiento intelectual y doctrinal respecto a la revelación hacia una dinámica más subjetiva y relacional. En otras palabras, el énfasis se pone en las sensaciones agradables de la experiencia.

La fe es ante todo un acto del intelecto: el acto de creer las verdades divinas reveladas por Dios, sobre la base de la autoridad de Dios. Esta comprensión está profundamente arraigada en la enseñanza magisterial de la Iglesia, como en la Dei Filius (Concilio Vaticano I), que define la fe como “el asentimiento de la voluntad a lo que es revelado por Dios a través de la Iglesia”, recibido por el intelecto. Cuando la fe se presenta principalmente como un “encuentro” relacional, subvierte el contenido objetivo de la revelación, la autoridad del dogma y la necesidad de una formación doctrinal.

En el documento hay un fuerte énfasis antropocéntrico: sobre la dignidad humana, sobre el patrimonio compartido y sobre el deseo humano. La carta invoca frecuentemente el “camino” de la humanidad, su “búsqueda” y su “fragilidad” (por ejemplo, nn. 3, 6). El hombre es Dios y es el centro de la nueva religión.

martes, 4 de noviembre de 2025

"DE LA SECTA NEO-MODERNISTA QUE OCUPA LA IGLESIA CATÓLICA"

 



Le Sel de la Terre, Otoño de 2015.

  

Cincuenta años después del Concilio Vaticano II y la subsecuente reacción del movimiento tradicionalista ante la crisis de la Iglesia, se pueden distinguir tres tendencias divergentes sobre la relación a mantener entre la Iglesia Católica y la iglesia oficial. Es decir, entre el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo y los clérigos y fieles apegados a la Jerarquía y a las reformas posconciliares.

Para algunos, estas son dos Iglesias sustancialmente distintas, absolutamente separadas, y no se puede pertenecer a las dos al mismo tiempo. Estas dos Iglesias tienen una fe diferente, ritos diferentes, una legislación diferente, y es necesario escoger entre una y otra. La lógica lleva también a ya no rezar públicamente por el papa actualmente reinante, pues es el papa de otra iglesia que no es -o ya no es- católica.

Para otros, al contrario, la Iglesia oficial, jerárquica, romana, conciliar no es una iglesia aparte, sino que es verdaderamente la Iglesia católica real, la única, la verdadera, la visible, la Iglesia de hoy, y es inadmisible hacer una distinción real entre la iglesia conciliar, oficial, y la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Esta lógica llevará también a pertenecer oficialmente, visiblemente, canónicamente a esta jerarquía, para asegurarse de pertenecer a la única Iglesia, católica y apostólica.

Estas dos concepciones, durante un medio siglo de debates entre tradicionalistas, los han dividido y llevado a formar dos líneas extremas, etiquetadas comúnmente como “sedevacantistas” y “ralliés”. Nuestro análisis puede parecer sumario, pero la experiencia lo ha probado: cuando un tradicionalista, clérigo o laico, ya no hace distinción entre la Iglesia oficial y la Iglesia católica, termina un día u otro poniéndose al servicio de la primera, y así abandona el combate de la fe exigido por la segunda en este tiempo de apostasía inmanente y general.

De hecho, el problema está mal planteado, como si hubiera un dilema entre sólo dos alternativas. Hay una distinción entre la Iglesia oficial y la Iglesia católica, y ésta ha sido hecha por todos nuestros antecesores del combate de la fe después del concilio. Es suficiente con refrescar nuestras memorias y recordar estas fórmulas bien conocidas: “La Iglesia ocupada”, “Roma ocupada”. La Iglesia conciliar y neo-modernista no es por lo tanto ni una Iglesia substancialmente diferente de la Iglesia Católica, ni absolutamente idéntica, ella misteriosamente tiene de la una y de la otra, es un cuerpo extraño que ocupa la Iglesia Católica. Por lo tanto, es necesario distinguirlas sin separarlas.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

EL CONCILIO VATICANO II Y EL MODERNISMO

 


El Concilio y el modernismo

 

 

Le Sel de la terre n° 60, Printemps 2007, p. 1-7.

 

En su discurso de apertura del Concilio, el papa Juan XXIII afirmaba que la Iglesia debía proceder a actualizaciones oportunas (opportuni aggiornamenti [1]).

Una enseñanza de la Iglesia que convenía actualizar era la del modernismo.
Se sabe que el papa san Pío X había condenado solemnemente este «compendio de todas las herejías» en su encíclica Pascendi dominici gregis, de la cual celebramos este año el centenario (8 de septiembre de 1907).
Era necesario, pues, que el Concilio revisara esta enseñanza, porque, nos dice todavía el papa Juan XXIII en el mismo discurso:

Hoy, la Esposa de Cristo prefiere recurrir al remedio de la misericordia, más que blandir las armas de la severidad. Ella estima que, más que condenar, responde mejor a las necesidades de nuestra época poniendo más en valor las riquezas de su doctrina.

El cardenal Ratzinger – convertido desde entonces en el papa Benedicto XVI – confirma expresamente que era necesario revisar «las decisiones antimodernistas del inicio de este siglo»:

En tanto que grito de alarma delante de las adaptaciones apresuradas y superficiales, ellas permanecen plenamente justificadas; una personalidad como Johann Baptist Metz ha dicho, por ejemplo, que las decisiones antimodernistas de la Iglesia le han rendido el gran servicio de preservarla de hundirse en el mundo liberal-burgués. Pero en los detalles relativos a los contenidos, ellas han sido superadas, después de haber cumplido su deber pastoral en un momento preciso [2].

El punto clave del modernismo

Si se consultan las tablas de los textos del Concilio (ediciones del Centurión), no se encuentra la palabra «modernismo». Parece que este tema no haya sido abordado allí.

Pero si se estudia el pensamiento del Concilio, como lo han hecho los cuatro Simposios de teología de París (2002 a 2005, ver la reseña al final de este número de Sel de la terre), se constata que las ideas modernistas sí han sido presentadas allí.

El punto clave del modernismo es la noción de verdad. «Henchidos de una ciencia orgullosa, [los modernistas] han llegado a esta locura de pervertir la eterna noción de la verdad» [Pascendi § 14].

La verdad es la adecuación de la inteligencia con la realidad. Nuestro conocimiento es verdadero cuando alcanza la realidad tal cual es.
Pero un modernista calificará una tal visión de las cosas con el término de «intelectualismo», «sistema que hace sonreír con piedad, y desde hace mucho tiempo caducado» [Pascendi § 6].

La inteligencia, nos explicará doctamente, no es capaz de conocer la realidad tal cual es sin el auxilio de la vida, de la experiencia [3].

En la búsqueda de la verdad, continúa nuestro modernista, el hombre no es puramente pasivo, como lo imaginaba santo Tomás de Aquino, él es también activo: es el gran descubrimiento de Emmanuel Kant, el ancestro del modernismo.

En realidad, estos modernistas son «absolutamente cortos de filosofía y de teología serias, impregnados al contrario hasta la médula de un veneno de error tomado de los adversarios de la fe católica» [Pascendi § 2]. Porque la verdadera filosofía, la del Doctor común, nos enseña que la inteligencia humana no es puramente pasiva en la búsqueda de la verdad. Ella es activa en la medida en que «lee dentro» (intus legere, en latín, de donde el verbo intelligere) de la realidad el contenido inteligible (el concepto), un poco como un aparato de rayos X pone en evidencia los huesos a través de la carne. En cambio, la inteligencia es pasiva en la medida en que no fabrica el contenido inteligible: ella no hace más que ponerlo en evidencia. De la misma manera, el aparato de rayos X no fabrica el dibujo de los huesos: no hace más que revelarlo.

Sin embargo, esta explicación de santo Tomás no satisface a los modernistas, porque deja al hombre demasiado pasivo. Para ellos, el hombre no se contenta con descubrir la verdad en la realidad: él hace de ella una experiencia viva que modifica el contenido mismo de lo que es conocido. Así, la verdad no será la misma para los hombres del siglo XXI que para los de la Edad Media. «La verdad no es más inmutable que el hombre mismo, porque ella evoluciona con él, en él y por él [4].»

Se puede resumir la diferencia de concepción entre el modernista y «el hombre normal»: para el primero la verdad depende (al menos en parte) de nosotros mismos, ella es subjetiva; para el segundo la verdad es la misma para todos, ella es objetiva.

 

Un pecado de omisión

 

El Concilio había sido seriamente preparado por una comisión preparatoria que había elaborado, en particular, un esquema «sobre el depósito de la fe a conservar en su pureza». Después de haber recordado en un preámbulo el grave deber de conservar este depósito, el primer capítulo de este esquema concernía – no es casualidad – a la «noción de verdad». Se leía allí en particular:

domingo, 3 de agosto de 2025

LOS ORÍGENES DE LA NUEVA MISA

 


Por P. PATRICK TROADEC

 

La nueva misa no fue fruto de una creación espontánea.


Para comprender cómo fue elaborada y aceptada por las autoridades religiosas en funciones, es necesario conocer sus fundamentos remotos y próximos.

De la Revolución protestante a la Revolución francesa

Todos los papas, desde Pío VI hasta Benedicto XV, remontan la crisis actual de la fe a la lucha emprendida contra la Iglesia en el siglo XVI por el protestantismo y el naturalismo, del cual esta herejía fue la causa y la primera propagadora.
— Mons. Lefebvre, Ils l’ont découronné, Clovis.

El naturalismo exalta la naturaleza humana al punto de negar las secuelas del pecado original heredado de Adán y rechazar el orden sobrenatural que Dios comunica al hombre por los sacramentos. Los dos dogmas fundamentales del pecado original y de la gracia santificante son, por tanto, aniquilados por los partidarios de esta perniciosa teoría. Al atacar el orden sobrenatural, el demonio tenía como objetivo la destrucción de la civilización cristiana y, posteriormente, de la Iglesia católica. El naturalismo fue difundido en el siglo XVIII por la masonería en la sociedad civil y condujo a la Revolución. Los derechos del hombre reemplazaron los derechos de Dios con la trilogía: libertad, igualdad, fraternidad; libertad entendida como licencia, igualdad eliminando el principio de autoridad y fraternidad suplantando la caridad.

Una vez descristianizada la sociedad, algunos católicos buscaron durante el siglo XIX hacer compromisos entre los principios de la religión católica y los de la nueva sociedad impregnada de liberalismo: los papas los llamaron católicos liberales. El sueño de nuestros enemigos iba a poder concretarse.

Los documentos de la Alta Venta, de los Carbonarios, que cayeron en manos del papa Gregorio XVI, revelaron las diferentes etapas de su plan diabólico:

“El Papa, sea quien sea, nunca irá a las sociedades secretas: son las sociedades secretas las que deben dar el primer paso hacia la Iglesia, con el fin de vencerla. El trabajo no es obra de un día, ni de un mes, ni de un año; puede durar varios años, tal vez un siglo; pero en nuestras filas el soldado no muere y el combate continúa. No pretendemos ganar al Papa para nuestra causa, eso sería un sueño ridículo (...). Lo que debemos pedir, lo que debemos buscar y esperar, como los judíos esperan al Mesías, es un Papa según nuestras necesidades (...). No dudamos en alcanzar ese objetivo supremo de nuestros esfuerzos (...). Pues bien, para asegurarnos un Papa en las proporciones exigidas, se trata ante todo de formarle una generación digna del reinado que soñamos (...). Queréis que el clero marche bajo vuestra bandera creyendo siempre marchar bajo la de los apóstoles. Queréis hacer desaparecer el último vestigio de los tiranos y opresores, tendiendo vuestras redes en el fondo de las sacristías, seminarios y conventos. Si no precipitáis nada, os prometemos una pesca más milagrosa que la de Simón Barjona. El pescador de peces se convirtió en pescador de hombres; vosotros, traeréis amigos en torno a la Sede apostólica. Habréis predicado una revolución con tiara y capa, marchando con la cruz y la bandera, una revolución que no necesitará más que un pequeño estímulo para incendiar los cuatro rincones del mundo.”

El plan es claro: ya no se trata de atacar a la Iglesia desde fuera, sino de penetrarla y escalar poco a poco los grados de la jerarquía para finalmente colocar en el trono de Pedro “un pontífice que, como la mayoría de sus contemporáneos, estará necesariamente más o menos impregnado de principios humanitarios” [1].

La intrusión modernista

Esta instrucción dada en 1820 fue publicada por orden del papa Pío IX con el fin de advertir a los sacerdotes y fieles. Desgraciadamente, su advertencia no bastó para conjurar el peligro, ya que cerca de un siglo más tarde, san Pío X constata:

“A los artífices del error ya no se les encuentra entre los enemigos declarados. Se esconden, y eso es motivo de grave aprensión y angustia, dentro mismo y en el corazón de la Iglesia, enemigos tanto más temibles cuanto menos lo parecen. Hablamos de numerosos católicos laicos, y —lo que es aún más lamentable— de sacerdotes que, con apariencia de amor por la Iglesia, absolutamente carentes de filosofía y teología serias, impregnados hasta la médula de un veneno de error absorbido en las fuentes de los adversarios de la fe católica, se presentan, con absoluto desprecio de toda modestia, como los renovadores de la Iglesia.” [2]

martes, 19 de septiembre de 2023

¿HACIA DÓNDE VA LA IGLESIA CATÓLICA?

 


Por D. CURZIO NITOGLIA

 

 Sólo un ciego puede negar que hay mucha confusión en la Iglesia. Lamentablemente, es cierto que hay mucha confusión en el ambiente eclesial; pero no en la Iglesia misma -que es divina en su causa final (el cielo), eficiente (Jesucristo) y formal (Credo, Sacramentos y Mandamientos)- sino sólo en su causa material; es decir, en el ambiente eclesial actual: fieles y ministros; además, la gran confusión no comenzó bajo Bergoglio, sino ya con el Pontificado de Juan XXIII y el Concilio Vaticano II.

Es loable reafirmar la doctrina de siempre en estos tiempos de confusión dogmática, moral y litúrgica. Sin embargo, no basta con oponerse a las aperturas "teo/democráticas" del Papa Bergoglio sobre la moral matrimonial.

Es necesario remontarse a la causa de este embrollo: los decretos del Concilio Vaticano II, la nueva misa montiniana y, finalmente, el pan/ecumenismo especialmente con el judaísmo talmúdico, que rechazó al Mesías Jesús de Nazaret.

Ahora bien, ¿cómo es posible conciliar judaísmo y cristianismo? En San Pablo (1ª Tes., II, 15) se revela divinamente que "Los judíos no agradan a Dios; crucificaron al Señor Jesús. Persiguieron a los Profetas, y también nos persiguen a nosotros los Apóstoles, impidiéndonos predicar el Evangelio, para que no se conviertan los paganos".

Es más, el mismo Jesús hablando en sus últimos días con los dirigentes del judaísmo farisaico o rabínico/talmúdico les dijo: "Tenéis por padre al diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre, que fue homicida desde el principio" (Juan, VII, 44).

Me parece que los cristianos verdaderamente fieles al Evangelio de Cristo se encuentran hoy entre dos fuegos o como se dice "entre Escila y Caribdis": entre el "teocon" y el "teodem".

De hecho, los mencionados "conservadores" en teología moral, son dogmáticamente judaizantes (en el sentido teológico de la palabra).

Sostienen que la alianza entre cristianismo y judaísmo es posible y propia, como si la Antigua Alianza no hubiera sido revocada, sustituida y perfeccionada por la Nueva y Eterna Alianza, en la estela de la enseñanza del Concilio Vaticano II (Nostra Aetate) y la postconciliar especialmente de Juan Pablo II (Maguncia, 1981: "La Antigua Alianza nunca revocada"; Sinagoga de Roma e Iglesia de Jesús, 1986: "Los judíos hermanos mayores de los cristianos en la Fe de Abraham").

Ciertamente, el comunismo es ateo, materialista e "intrínsecamente perverso" (Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris Missio, 19 de marzo de 1937), pero se trata de un craso error, obvio y fácilmente evitable por el simple creyente. En cambio, el conservadurismo angloamericano oculta su malicia sub specie boni, es decir, actúa como "el diablo tentador, que finge ser el ángel bueno" (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, nº 313 ss.): la defensa de la Familia, de la Tradición (por Juan Pablo II y Benedicto XVI), de la Misa 'tridentina', y la mano tendida a los Tradicionalistas. Así que este error está "escondido", como "una serpiente entre la hierba" ("latet in erba anguis", Virgilio) y puede morder a los que se le acercan imprudentemente: "Latrare potest, mordere non potest nisi volentem". 

En este sentido y sólo en este sentido puede decirse que, en cierto sentido, los errores dogmáticos de Juan Pablo II y Benedicto XVI son más peligrosos que los morales de Francisco.

Ciertamente, el inimicus homo, del que habla el Evangelio (Mt, XIII, 25), ha funcionado muy bien: desde hace 50 años (y no sólo desde el pontificado de Bergoglio) ha sembrado la discordia tanto en la derecha como en la izquierda, dejándonos entre dos fuegos, a saber, entre los modernistas pro-comunistas ("theodem") y cercanos a la "Teología de la Liberación" por un lado y los modernistas/conservadores pro-sionistas y judaizantes ("theocon") por el otro.

No se puede separar a Bergoglio de Ratzinger y Juan Pablo II y a estos de Juan XXIII, Pablo VI y el Concilio Vaticano II, son esencialmente la misma cosa con diferencias incidentales: lo que tienen en común es el neo-modernismo del Vaticano II, lo que los diferencia es la forma de presentarlo, interpretarlo y aplicarlo: más rápida, cruda y 'siniestra' la de Bergoglio, más lenta, fina y 'conservadora' la de Ratzinger, pero todo exceso es un defecto y todo defecto es una falta de verdad.

En medio de estos dos fuegos enemigos, ¿dónde nos refugiaremos?

Me viene a la mente lo que Pedro le dijo a Jesús: "¿Adónde iremos, Señor? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan, VI, 70). ¡Pero Jesús nos anima: "Nolite timere pusillus grex! Placuit Patri vestro dare vobis Regnum" (Lc., XII, 32).

Es necesario evitar el error ya sea por exceso o por defecto, ya sea de "derechas" o de "izquierdas", ya sea el bergoglismo o el ratzingerismo, ya sea el procomunismo extra/comunitario "theodem" o el teo/conservadurismo sionista y judaizante.

Aferrémonos, pues, a lo que Jesús reveló (que encontramos en la Tradición Apostólica y en la Sagrada Escritura interpretada por el Magisterio constante y tradicional de la Iglesia) y huyamos del señuelo de las "sirenas" que ya cantaban hace 60 años y que hoy provienen de los "izquierdistas" amantes de las "periferias existenciales" o de los estetizantes "derechistas" todos "encajes y puntillas", pero carentes de la tradicional sustancia dogmática y antimodernista.

En semejante confusión, tanto en la izquierda como en la derecha, cómo no recordar a Pío IX en el exilio de Gaeta que, mirando al mar tempestuoso, pensó en la situación igualmente tempestuosa que atravesaba entonces la Iglesia, atacada por liberales conservadores de derecha (Cavour y Vittorio Emmanuele II) y radicales socialistas de izquierda (Garibaldi y Mazzini). ¿Cómo remediar tanta furia, se preguntaba angustiado el Papa? El Cielo le iluminó y decidió proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción que aplastaba por sí sola la cabeza de la Serpiente infernal ("Ipsa conteret caput tuum") y todas las herejías ("Gaude Maria Virgo, cunctas haereses sola contrivisti in universo mundo").

En la confusión de hoy, que no perdona ambiente, recurramos a la Virgen Inmaculada ("Adeamus cum fiducia ad thronum gratiae ut misericordiam consequamus"), cumplamos con nuestro deber cotidiano y la Virgen intervendrá para restablecer el orden en su Iglesia.

 

d. Curzio Nitoglia

 

FUENTE:

https://doncurzionitoglia.wordpress.com/2023/09/12/dove-va-la-chiesa-cattolica/

 

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