Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

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viernes, 25 de septiembre de 2026

¿POR QUÉ LA FRATERNIDAD SAN PIO X IGNORA A MONS. VIGANO?

 




 Por IGNACIO KILMOT

 

En lenguaje criollo diríamos que lo “ningunea”. Notoriamente. Esto es interesante porque la Fraternidad hace exactamente lo mismo que hace León XIV, exactamente la misma actitud, muy llamativa, ciertamente.

Para los sitios de noticias de la FSSPX, Mons. Viganò “no existe”. O, si existe, lo que dice no es digno de interés, no es digno de ser mencionado.

Y no es que la FSSPX no refleje o destaque las críticas de otros obispos contra Roma modernista. Por el contrario, suele destacar en su sitio web de noticias a Mons. Schneider, en primera plana, y también a Mons. Strickland a veces. Sin embargo, Viganò, quien es el más lúcido, el más punzante, el más jugado y comprobado defensor de la 0rtodoxia católica frente a la Iglesia conciliar/sinodal –y por eso fue excomulgado y repelido como si fuese un “hereje” y “cismático”, lo que no ocurrió con los otros obispos- sin embargo, la Fraternidad lo ignora olímpicamente. ¿Por qué?

Vamos a ver que se trata de una actitud farisaica, como son muchas de las actitudes de la Fraternidad, que en esto resulta coincidente con los herejes romanos. Por eso no puede decirse sino que los conciliares, dándoles la espalda a la Fraternidad, le han dado un poco de su propia medicina.

Esto no tiene nada que ver con las inválidas “excomuniones”, que repudiamos. Es algo relacionado con el orgullo religioso, que es el fermento farisaico que echa a perder lo que es verdaderamente religioso, y es por eso el mayor problema de la Tradición católica.

Recientemente, Mons. Viganò acaba de postear en la red social X acerca de su “ninguneo” por parte de León:

“Le escribí a León tres cosas simples: le pedí una audiencia; le pedí que se arrepintiera y me confirmara en la Fe, como Cristo ordenó a Pedro; y le pedí que me dijera en qué contradigo el Depositum Fidei, porque se lo habría mostrado punto por punto, y le habría dicho cómo pienso continuar. No recibí el menor indicio de respuesta. Y la razón no es la distracción ni el exceso de trabajo: es que responderle habría costado decir qué cree la iglesia sinodal, y por tanto confesar en qué difiere de lo que la Iglesia Católica ha creído siempre. El silencio le sirve para conservar la ambigüedad; la excomunión lo exime de refutar. Pero el silencio es en sí mismo una respuesta, y la más elocuente. Un papa que recibe a James Martin y no recibe a un Arzobispo que le pide ser confirmado en la Fe ya ha dicho de qué lado está”.

Va de suyo que Viganò no adoptó una posición sedevacantista, pues si lo fuera no tendría sentido pedirle una audiencia al papa León: simplemente lo ignoraría como a un impostor. Pues si bien Viganò en tiempos de Francisco cuestionó la legitimidad de éste, sin embargo, en un reciente libro que publicó toma distancia de la posición sedevacantista, y acaba de confirmar su rechazo de tal posición en una entrevista concedida a LifeSiteNews. Su postura no difiere esencialmente de la de Monseñor Lefebvre.

La actitud de Prevost hacia Viganò ha sido la misma hacia la FSSPX, que le demandó una audiencia pero fue ignorada.

Aparentemente, entonces, Mons. Viganò y la FSSPX coinciden. De hecho Mons. Viganò aplaudió la resolución de la Fraternidad de consagrar obispos y fue muy elogioso en sus términos de apoyo.

Recientemente, además, Mons. Viganò, que se mantiene muy activo, publicó un pequeño libro sumamente interesante y que se inscribe en este combate de la Tradición: “El cisma capital”, y luego brindó una extraordinaria entrevista (la mencionada al sitio LifeSiteNews, ver en este mismo blog) donde con mucha lucidez desmonta los mecanismos de acción subversiva de la secta conciliar que busca reemplazar la Iglesia católica mediante la “Iglesia sinodal”. Y finalmente hace dos días publicó un magistral análisis del último documento vaticano, celebratorio de los 60 años de Nostra Aetate.

Pero, pese a todo esto, la Fraternidad no hace la menor mención del valiente Arzobispo.

¿Qué pasa?

Creemos que hay dos motivos para esta actitud, ya dijimos farisaica, de la FSSPX.

1.-En primer lugar, hace varios años la congregación que entonces dirigía Mons. Fellay, en su campaña de acercamiento a Roma, en busca de un acuerdo práctico, y a instancias de una empresa de branding comercial, adoptó una política oficial de comunicación más light, menos dura, más simpática y amistosa, a fin de atraer más público (y donaciones). La marca de la Fraternidad pasó a ser manejada por una empresa que gestionaba distintas marcas comerciales, con el fin de hacerla más vendible (pueden verse detalles acá, acá y  acá ). Esa política institucional jamás cesó y es por eso que la FSSPX prefiere siempre usar un lenguaje más suave, diplomático, técnico o evasivo, “friendly”, y cuando hace críticas un poco más osadas lo hace a través de otras firmas y fuentes ajenas a la misma congregación. Un lenguaje acerado y viril como el del obispo Viganò no tiene cabida en ese marco lingüístico comunicacional (de paso: ¿alguien ha escuchado hablar últimamente a los nuevos obispos, desde que fueron consagrados?). Cuestiones como la religión noájida, el sionismo, el anticristo y la parusía, o la farsa pandémica no caben en la línea editorial de la FSSPX. Luego de la ignominiosa expulsión de Mons. Williamson de sus filas (debían expurgar a los “antisemitas”) muchas verdades quedaron al margen. Y eso no tiene que ver con la prudencia necesaria, sino con la imprudencia carnal de buscar agradar a Roma. ¿Acaso no pidieron el levantamiento de las “excomuniones”, cuando afirmaban que éstas eran nulas y no las reconocían?  Se nos dirá que la FSSPX terminó haciendo consagraciones episcopales contra la voluntad del Papa, pero eso obedeció a su extrema necesidad de supervivencia. Antes de ello buscaron desesperadamente (¿ingenuamente?) entenderse para obtener la aprobación romana. Y si bien la declaración de fe de la FSSPX está muy bien, se podrá observar que las críticas hacia Roma siempre han sido tímidas y nunca se dejó de remarcar el deseo de “dialogar”. Podrá verse también en este artículo un antecedente de esta actitud de la Fraternidad en relación al obispo Viganò. La Fraternidad debe tener el monopolio de la Tradición católica, así de simple.

2.-En segundo lugar, Mons. Viganò ha sido reconocido públicamente por los obispos de la “Resistencia” (ver acá), de quienes la Fraternidad condenó la consagración, por la única razón de que no pertenecían a la misma Fraternidad. Y, por si fuera poco, Mons. Viganò recibió la consagración bajo condición por parte de Mons. Williamson. Esto puso en evidencia algo que la Fraternidad dejó de hacer con el obispo Huonder, cuando lo recibió en su seno (sobre el dudoso obispo conciliar, judaizante y amigo de Francisco pueden verse estos artículos: acá, acá y acá). Por lo tanto, si Mons. Viganò tiene buenas relaciones con los obispos de la Resistencia, que salieron de la FSSPX, ésta no puede sino tratarlo de la misma manera desdeñosa. Por obvias razones no hace lo mismo con Mons. Schneider: porque éste tiene aún los pies dentro del plato y puede servirles para mantener las líneas de diálogo abiertas con Roma. Sin ir más lejos, en un artículo reciente (acá) el padre Daniele Di Sorco, superior de distrito de Italia, vuelve a insistir con el tema del diálogo, ese “mantra” que instaló el Vaticano II como muletilla para alcanzar la concordia universal. ¿La FSSPX quisiera dialogar para alcanzar la concordia con sus enemigos? Allí está el problema. La no distinción entre amigo-enemigo, una distinción que sólo tiene sentido cuando uno está en guerra. Dice Di Sorco que “a Roma no le gusta hablar de los problemas doctrinales planteados por el Concilio y el posconcilio. Esta discusión permanece siempre al margen y se busca más bien centrar la atención en los aspectos jurídicos o en aspectos de otra naturaleza, como la desobediencia, el cisma o las consagraciones episcopales”. ¡Chocolate por la noticia! Pero luego este sacerdote dice, no obstante eso: “…incluso antes de que termine esta crisis, se reanudarán las relaciones entre la Fraternidad y Roma”. ¿En qué quedamos? ¿Retomar relaciones, o sea, intercambio en un diálogo de sordos? Explica Di Sorco por qué dice eso: “Por una parte, porque la Fraternidad no se presenta como una alternativa a la Iglesia de Roma. La Fraternidad es parte de la Iglesia de Roma y busca, evidentemente, que las autoridades de la Iglesia de Roma vuelvan también a profesar la doctrina católica en su integridad”. Aquí vemos la gran confusión. La Fraternidad no es una alternativa a la Iglesia de Roma pero conserva la Tradición de la Iglesia de Roma, cosa que la Iglesia que hoy está en Roma no conserva ni quiere conservar. Eso es lo que impide el entendimiento y hace que la Roma modernista se sienta amenazada por la Tradición. Por lo tanto, hay que hacer la distinción que la Fraternidad ya no hace, pero que la Roma actual sí hace: ellos se llaman a sí mismos Iglesia sinodal, y enseñan una doctrina contraria a la doctrina católica tradicional. Allí sólo puede caber, por parte de la Tradición y de la Fraternidad, un anatema. En cambio, no se descarta reanudar las relaciones con quienes son enemigos, los peores enemigos, de la Iglesia católica.

Tal vez sea por esto, porque Mons. Viganò sí ve y señala el cisma capital que hay en Roma, que la corriente dominante en la Fraternidad no manifiesta su apoyo a este arzobispo. Y, en cambio, se mostró extrañamente obsequiosa con un obispo conciliar modernista y judaizante como Vitus Huonder, que nunca renegó de sus errores y su pasado y sin embargo fue sepultado con todos los honores junto a Mons. Lefebvre.

Es claro: el enemigo está adentro.

miércoles, 26 de agosto de 2026

MONSEÑOR SCHNEIDER: EL BIEN A MEDIAS

 


Por IGNACIO KILMOT

 

Monseñor Athanasius Schneider parece haberse convertido en el principal publicista de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Es por eso que el sitio oficial de noticias de ésta lo promociona por encima de todo y en este caso con un artículo titulado: «La FSSPX presta a la Iglesia un servicio de gran valor histórico», del 17 agosto de 2026 (https://fsspx.news/es/news/monsenor-schneider-la-fsspx-presta-la-iglesia-un-servicio-gran-valor-historico-60603).

Dice en el citado texto muchas cosas interesantes y por supuesto, justas, que no desdicen de la verdad.

Pero, como en otras ocasiones, el obispo conciliar no puede dejar de mostrar su inconsistencia cuando se trata de analizar la crisis profunda que se vive dentro de la Iglesia, e identificar al enemigo. Renueva su actitud conciliadora, de vieja data, que preferiría una Fraternidad reconciliada con Roma, o una Roma reconciliada con la Fraternidad, pero sin ver por qué es que existe esta situación insoluble.  Lo vamos a ejemplificar con la analogía que da el obispo kasajastano en su artículo. Citamos:

 

“La crisis actual entre la Santa Sede y la FSSPX también puede ilustrarse con la siguiente parábola: Se declara un incendio en una gran casa. El jefe de bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción, a pesar de que estos han demostrado ser menos eficaces que los antiguos y probados. Un grupo de bomberos desobedece esta orden, continúa utilizando los métodos tradicionales e incluso recluta a nuevos bomberos —todo ello a pesar de la prohibición del jefe de bomberos— y, en efecto, el fuego se controla en muchos lugares. Sin embargo, estos bomberos son tachados de desobedientes y cismáticos, y son castigados por ello.

Para continuar con la parábola: el jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos bomberos que reconocen los nuevos métodos y obedecen las nuevas normas del cuartel. Pero dada la magnitud del incendio, la lucha desesperada por contenerlo y la insuficiencia de los métodos oficiales, otros voluntarios intervienen desinteresadamente —a pesar de la prohibición del jefe de bomberos— aportando habilidad, conocimiento y buenas intenciones, y al final ayudando a salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba por proteger.

Con el tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente, marginados y expulsados ​​como rebeldes, y les da la bienvenida de nuevo a sus filas. Al final, una vez superada aquella gran conmoción, lo que antes se había condenado como desobediencia y rebelión se reveló como un acto de entrega desinteresada”.

 

Mons. Schneider entrega, como el lector atento e informado podrá ver, una versión naif y hasta infantil de la crisis en la Iglesia. Y esa versión es la que difunde la Fraternidad al destacar a Mons. Schneider.

Cabe agregar que la solidaridad de Schneider no está bajo ningún riesgo: no ha estado presente de las consagraciones episcopales de la Fraternidad ni jamás ha querido unirse a la misma. Y sus críticas a Roma son siempre suaves, como en sordina.

Pero veamos al detalle lo que dice Mons. Schneider:

 

“El jefe de bomberos autoriza el uso únicamente de los nuevos métodos de extinción”.

Por el “jefe de bomberos” designa al papa, claro está. Está hablando de León XIV. Pero, ¿el papa actual reconoce que hay un incendio? ¿Reconoce una crisis profunda en la Iglesia? No. Por el contrario, apunta siempre a la crisis ambiental, migratoria o lo que fuere, pero nunca habla de lo que sucede dentro de la Iglesia. Nunca deplora ni critica la apostasía interna, la impiedad, los sacrilegios, las herejías, etc. Lejos de eso, todo lo promueve y acepta, en vistas de la formación de la “Iglesia sinodal”. No autoriza, por lo tanto, “nuevos métodos de extinción de un incendio” porque no reconoce que haya ningún incendio. ¡Es al revés, ayuda a los pirómanos a propagarlo!

 

“…el jefe de bomberos ahora solo admite a aquellos bomberos que reconocen los nuevos métodos y obedecen las nuevas normas del cuartel”.

Lo mismo. León no admite bomberos sino incendiarios, destructores, reformadores e innovadores.

 

“…, y al final ayudando a salvar la misma casa que el jefe de bomberos se esforzaba por proteger”.

¿León –y los papas anteriores- se esforzaban por proteger la casa, o más bien querían destruir la casa para sobre sus ruinas erigir una casa nueva, irreconocible? Es lo que se ha visto luego del Vaticano II. La imagen más clara está en las nuevas iglesias de arquitectura profana, moderna y horrenda de los templos nuevos en Guadalupe, Lourdes, Fátima y San Giovanni Rotondo, donde se reza la nueva misa y no la verdadera misa católica. Y se ha visto en la demolición de iglesias y catedrales para reconstruir sobre sus ruinas iglesias feas como el pecado.

 

“Con el tiempo, las circunstancias históricas cambian y surge un nuevo jefe de bomberos, quien reconoce los efectos negativos de los nuevos métodos de extinción. No solo autoriza el uso de los métodos tradicionales, sino que se convierte en su ferviente defensor. Asimismo, reconoce la contribución de aquellos bomberos que antes habían sido incomprendidos, castigados severamente, marginados y expulsados ​​como rebeldes, y les da la bienvenida de nuevo a sus filas”

Siguen las “ingenuidades” del obispo conciliar Schneider. Las cosas volverán a la normalidad en la Iglesia “con el tiempo”. Así que sólo debemos esperar. El tiempo se ocupa de arreglar las cosas, con nuevas circunstancias históricas. Nada de mártires, de combatientes fieles, de perseguidos, de intervención divina, de castigo a los impíos e invertidos que mantienen el voraz incendio.

 

Vemos también que siempre la única preocupación es que la Fraternidad sea reconocida, es el tema recurrente. Y por eso es publicado ese artículo.

Finalmente, cabe además señalar esta gran contradicción del artículo: Mons. Schneider afirma que hay un “dilema entre preservar la integridad inequívoca de la fe católica y ser reconocidos canónicamente por el Papa”. Y que para preservar la integridad de la fe, la Fraternidad ha preferido no tener el reconocimiento canónico de Roma. Pero entonces, Mons. Schneider, que sí goza del reconocimiento canónico de Roma, ¿está confesando indirectamente que él no ha preservado la integridad inequívoca de la fe?

 

jueves, 13 de agosto de 2026

LA NEO FSSPX, EL CARDENAL TUCHO FERNANDEZ Y LEÓN XIV, O EL LEÓN, LA BRUJA Y EL ROPERO VERSIÓN 2026

 


Por FRAY LLANEZA

 

Así como en la novela de Lewis “El león la bruja y el ropero” los cuatro hermanos Pevensie son enviados al campo para protegerse de los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial, parece que la Neo FSSPX sigue intentando proteger a sus cuatro nuevos obispos de las excomuniones recibidas, a través de no sólo las medidas legales, sino de una campaña mediática que apunta sólo contra quien apretó el gatillo, el cardenal “Tucho” Fernández, y no contra quien le entregó el arma cargada con la orden de disparar, que es el papa León. No podemos dejar de pensar que les encantaría hallar un ropero donde los cuatro pudieran entrar y salir en un mundo más agradable. Por el momento no les resulta posible, por lo que se prefiere hacerlos desfilar por bellas iglesias y campamentos infantiles donde son ahogados en el cariño de gente muy simpática.

Mientras tanto, la Fraternidad publica artículos contra un blanco muy fácil porque se denigra solito, cual es el cardenal Víctor Manuel Fernández. “Pan comido”.

Recordamos los tiempos en que la Fraternidad tenía muchos articulistas, que ponían su nombre y eran capaces de arrojar golpes certeros, sin esquivar la dureza necesaria, aunque se tratase de las más altas instancias de la Iglesia. Ahora recurre a la citación de columnistas de Infovaticana, el tradliberal Wanderer o el estimable Aldo Maria Valli, para dar su opinión al respecto. Eso sí: sin atreverse a ir al fondo de la cuestión.

En el último artículo publicado en su página de noticias, por ejemplo, luego de citar por pluma ajena las herejías de Tucho Fernández, termina agregando con despampanante candidez: “Entonces, ¿cómo no plantearse estas preguntas sobre el cardenal Fernández: ¿Por qué es prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe? ¿Cómo puede León XIV mantenerlo en ese puesto? ¿Cuándo será destituido?” [1]

Así como en tiempos del demoledor Francisco la FSSPX no se animaba a hacer la menor crítica y siempre dirigía sus dardos a personajes subalternos, ahora que está arriba León sigue la misma política (aunque se permite criticar a Francisco, que ya no está en este mundo).

No parecen de ningún modo preguntas retóricas las formuladas al final del artículo, sino más bien un intento de separación del siniestro personaje besador de la figura del papa. Pero, ¿acaso no es peor el pontífice Prevost que mantiene a Tucho, que mantiene y amplía Traditiones custodes, que ha firmado el documento contra la corredención de la Virgen María, etc., etc.?

Si Tucho y Prevost están allí, es para destruir lo que queda de católico y hacer surgir una “iglesia sinodal” acorde con los planes del “Nuevo Orden Mundial”.

Pero la ambigüedad en la conducta de la Fraternidad queda patente cuando se piensa que, no obstante las herejías, profanaciones, blasfemias y sodomización de la iglesia sinodal que se yergue sobre la estructura oficial de la Iglesia católica, a pesar de saberse todo eso, el padre Pagliarani le dijo al papa en su carta del 3 de julio de 2026: “Habíamos pedido ser instruidos y confirmados en la fe de siempre; en lugar de ello, hemos sido declarados cismáticos por segunda vez”.

¿Eso era candidez o tal vez la búsqueda de una negociación para evitar las antipáticas “excomuniones”? ¿Se esperaba ser confirmados en la fe por un pontífice ultramodernista? ¿En serio?

Es interesante ver que la Fraternidad ya no considera a los que ocupan la Iglesia católica como una secta neo modernista con un plan específico, sino que apuntan sólo a considerar que son personas muy equivocadas, sin una agenda o propósito destructor detrás. Por eso la FSSPX no habla del plan destructor de la secta que está convirtiendo a la Iglesia en una “iglesia sinodal” que es el factor de unidad entre todas las falsas religiones, ni habla del noaquismo, ni del mesianismo sionista. La guerra actual de la FSSPX es una guerra conservadora, pero no sólo de la fe sino también de los activos de la congregación, numerosos alrededor del mundo. De allí que se haya esperado hasta que fue imposible aguantar más, para realizar las tan necesarias consagraciones. Y de allí también el evitar ser asociados públicamente a personajes como Mons. Williamson, Mons. Vigano o cualquier resistencia más intransigente. Se sabe que no permitieron que representantes de los Dominicos de Avrillé asistieran a las consagraciones, a pesar de que éstos apoyaron claramente su decisión.  

Por lo tanto, como se ve, la ambigüedad y la falta de decisión combativa siguen instaladas plácidamente en la congregación. Llamar al enemigo por su nombre sería una buena manera de empezar a recobrar la confianza de quienes desean mantener la actitud coherente de Monseñor Marcel Lefebvre.

[1] https://fsspx.news/es/news/cuales-son-la-credibilidad-doctrinal-y-la-autoridad-moral-del-cardenal-fernandez-60492

martes, 21 de julio de 2026

¿QUIÉN EXCOMULGÓ A LA FRATERNIDAD SAN PÍO X?

 


Por MONS. DOM TOMAS DE AQUINO OSB

 

Dos años después de su suspensión a divinis, Mons. Lefebvre escribía:

«Estamos suspendidos a divinis por la Iglesia conciliar y para la Iglesia conciliar, de la cual no queremos formar parte. Esa Iglesia conciliar es una Iglesia cismática, porque rompe con la Iglesia Católica de siempre¹.»

El propio Mons. Tissier de Mallerais no es menos explícito:

«Considerada formalmente, la Iglesia conciliar es una secta que ocupa la Iglesia Católica².»

El Padre Calmel también, ya en 1971, denunciaba, en la revista Itinéraires, esa «falsa Iglesia», esa «pseudo-Iglesia»:

«La falsa Iglesia que se manifiesta entre nosotros desde el extraño Concilio Vaticano II se aleja sensiblemente, año tras año, de la Iglesia fundada por Jesucristo. La falsa Iglesia posconciliar se opone cada vez más a la santa Iglesia que salva las almas desde hace veinte siglos (y, además, ilumina y sostiene la ciudad). La pseudo-Iglesia en construcción se opone cada vez más a la verdadera Iglesia, a la única Iglesia de Cristo, mediante las más extrañas innovaciones, tanto en la constitución jerárquica como en la enseñanza y en las costumbres³.»

Ahora bien, quienes excomulgaron a la Fraternidad San Pío X después de las consagraciones del 1.º de julio no son otros que esa Iglesia conciliar denunciada por Mons. Lefebvre. Después de identificar a los autores de todas esas condenas, veamos ahora con qué finalidad las pronunciaron. Es nuevamente a Mons. Lefebvre a quien pediremos ayuda. Hablando de su negativa a obedecer a Pablo VI, en 1976, explicó que no quería, después de su muerte, oír a Nuestro Señor decirle: «Usted también contribuyó a destruir mi Iglesia.»

Destruir la Iglesia: ese es el objetivo. Es el viejo sueño de la Masonería. Pero la Providencia vela y suscitó a Mons. Lefebvre y a Mons. Castro Mayer, gracias a quienes las puertas del infierno no prevalecieron. Todas esas condenas, evidentemente, no tienen ningún valor. No es la Roma eterna la que las fulmina. Además, son contrarias a toda justicia, a todo derecho y al bien de la Iglesia, porque fueron pronunciadas para destruirla. Aunque la Fraternidad presente ahora un recurso, eso no cambia en nada el conjunto de la cuestión. Esas excomuniones son nulas.

Es necesario que vengan los escándalos, pero ¡ay de aquellos por quienes vienen los escándalos! (Mt 18, 7). Ojalá las autoridades actuales se den cuenta de lo que están haciendo y hagan penitencia por todos los crímenes cometidos contra la verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, durante y después del Concilio Vaticano II.

Que la Fraternidad, por su parte, recobre la firmeza de su fundador, quien afirmaba no formar parte de la Iglesia conciliar, la cual es cismática porque rompe con la Iglesia Católica de siempre.

† Tomás de Aquino O.S.B.

Notas

  1. Citado por Mons. Bernard Tissier de Mallerais en Le Sel de la Terre, n.º 85, editorial: «¿Existe una Iglesia conciliar?», p. 12.
  2. Ibíd., p. 6.
  3. Ibíd., p. 11.

  

https://www.mosteirodasantacruz.org/post/quem-excomungou-a-fraternidade-s%C3%A3o-pio-x

 

LA VIRGEN DE FATIMA, EL CONCILIO VATICANO II Y LA PROFETIZADA "IGLESIA SINODAL"

 

jueves, 16 de julio de 2026

DE 1988 A 2026: UNA FRATERNIDAD SAN PIO X VACILANTE

 


Por MARTIN DETOURS

 

“Desde ahora tenemos que habérnoslas con asesinos de la fe católica, sin el menor pudor.”

Mons. Lefebvre,

(Carta a los Dominicos de Avrillé, 7 de enero de 1991)


“La Iglesia conciliar no es solamente una enfermedad ni una teoría, sino que es una asociación de jerarcas católicos que, inspirados por pensadores liberales y modernistas, quieren, con fines mundialistas, realizar un nuevo tipo de Iglesia, con numerosos sacerdotes y fieles católicos que están más o menos ganados por este ideal. No es una pura asociación de víctimas. Formalmente considerada, la Iglesia conciliar es una secta que ocupa la Iglesia católica. Tiene sus promotores y actores organizados, como los tuvo el modernismo condenado por san Pío X”

Mons. Tissier de Mallerais

 

La comparación surge de inmediato, y no puede ser más chocante.

En 1988, luego de las inválidas sanciones contra Mons. Lefebvre, Mons. De Castro Mayer y los obispos consagrados, los Superiores de la FSSPX publicaron una carta, donde, entre otras cosas, se dicen unas palabras categóricas que denotan su actitud renuente a todo pacto con los que estaban destruyendo desde adentro la Iglesia, y calificaban a quienes veían claramente como los enemigos de la Iglesia católica:

 

Carta abierta de los Superiores de la Hermandad San Pío X al Cardenal Gantin, Prefecto de la Congregación de los Obispos. Ecône, 6 de julio de 1988:

“Nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missæ, el ecumenismo indiferentista y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no tenemos ninguna parte, nullam partem habemus, con el panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro dicasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años; excluidos de la comunión impía con los infieles.

Creemos en un solo Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su única Esposa, la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal y sincretista.” [1]

 

El texto es tajante, de una claridad absoluta. Fuerte, sin dudas, para los espíritus apocados, pero no injusto.

Ahora, uno de los nuevos obispos de la Fraternidad, Mons. Michel de Sivry, dijo en su primer sermón:

“Así pues, evidentemente, esta sanción nos hiere profundamente porque somos católicos, porque estamos unidos al Santo Padre, porque estamos unidos a los obispos, porque estamos unidos a los sacerdotes. Estas sanciones hieren nuestro corazón de hijos. Pero las llevamos. Las llevamos como una cruz por la Santa Iglesia Católica”.

Si los que comandan la Iglesia son claramente enemigos de la misma, entonces es lógico que quien se les opone sea agredido, en este caso mediante “excomuniones”. “Estamos unidos” dice, pero, en verdad, están separados y ya lo estaban en la doctrina, en la misa, en la Tradición. ¿Cómo es que estaban unidos?

Y ahora, además, ya muy lejos de ese vigoroso lenguaje, la Fraternidad presenta un recurso contra el decreto del 2 de julio, diciendo:

“La Fraternidad Sacerdotal San Pío X anuncia que, en respuesta al decreto emitido el 2 de julio de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, presentó el 11 de julio un recurso preliminar ante el mismo Dicasterio, de conformidad con los cánones 1734 y siguientes del Código de Derecho Canónico.

Esta solicitud, que constituye el paso preliminar obligatorio antes de la posible interposición de un recurso jerárquico, tiene por efecto suspender la ejecución del decreto, de conformidad con el canon 1353 del Código de Derecho Canónico.

Mediante este recurso, la Fraternidad pretende ejercer el derecho que la Iglesia reconoce a toda persona que se considere perjudicada por un acto administrativo de solicitar su corrección, en un espíritu de respeto a la autoridad eclesiástica y de fiel adhesión a la justicia, a la verdad y al bien de la Iglesia.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X encomienda esta solicitud a las autoridades competentes y recomienda esta iniciativa a las oraciones de todos los fieles.”

(Comunicado del 13 de julio)

¿Qué pretende la FSSPX con esto? ¿Mostrar a Roma que no tiene un espíritu belicoso, como años atrás, y que por lo tanto estaría dispuesta a retomar negociaciones y diálogos de sordos? Llama la atención que el 2 de julio, el cardenal ultramodernista y judaizante Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, afirmó en una entrevista en podcast para la revista alemana Communio que las recientes consagraciones episcopales llevadas a cabo por la FSSPX sin mandato pontificio no impiden permanentemente una futura reconciliación con la Santa Sede. No es cualquiera el que dice esto. Es el principal vocero de la sinagoga –al menos públicamente- en Roma.

UNA FRATERNIDAD AMBIGUA

 


Por IGNACIO KILMOT

 

A estas alturas sólo los necios, los mal informados o los que no quieren saber, pueden insistir en que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es cismática y que las excomuniones infligidas por “Tucho” Fernández son válidas. Ese es un tema fuera de discusión. Quien quiera saber la verdad tiene los medios de hacerlo, y un verdadero tradicionalista sabe de qué lado colocarse en la contienda.

“Je suis Charlie”, era la consigna que hace unos años se impuso desde lo políticamente correcto en Francia y en el mundo, cuando el atentado a la revista blasfematoria “Charlie Hebdo”. En sentido contrario, pero mucho más honestos, y en sentido virtuoso, podríamos decir todos nosotros los que rechazamos el conciliarismo sinodal de la Iglesia oficial: “Yo estoy excomulgado”. Lo cual no quiere sino decir que no queremos profesar la nueva religión humanista y apóstata surgida del Concilio Vaticano II.

Pero, dejando de lado eso, hay un tema del que prácticamente no se ha hablado desde que se empezó a tratar públicamente el asunto de las consagraciones episcopales de la FSSPX. Desde fuera de la FSSPX, porque no conocen la situación interna de la misma, y por lo tanto la idealizan. Desde dentro de la Fraternidad, porque es un tema incómodo, y muchos no lo perciben. Pero es un tema de suma importancia.

La imagen que reproducimos arriba muestra un breve escrito de puño y letra de Mons. Lefebvre. En octubre de 1988, ya se habían realizado las polémicas consagraciones episcopales. Mons. Lefebvre dice allí lo que piensa sin subterfugios. Eso mismo es lo que la Fraternidad enseñaba hasta hace unos años atrás. No es una mera opinión del Arzobispo, se funda en profundos estudios realizados por los teólogos de la Fraternidad.

Así dice el texto, traducido:


“S. E. Monseñor Marcel Lefebvre + Écône, 28 de diciembre de 1988

Muy querido Sr. E. O. Wilson:

Muchas gracias por su carta. Estoy de acuerdo con su deseo de reordenar condicionalmente a estos sacerdotes y he hecho esta reordenación muchas veces.

Todos los sacramentos provenientes de los obispos o sacerdotes modernistas son ahora dudosos; los cambios aumentan y sus intenciones ya no son católicas.

Estamos en el tiempo de la gran apostasía.”


Destaquemos este párrafo: “Todos los sacramentos provenientes de los obispos o sacerdotes modernistas son ahora dudosos; los cambios aumentan y sus intenciones ya no son católicas”.

 

El inicio del cambio

 

LAS CONSECUENCIAS: GUÍA PARA UN CATÓLICO PARA COMPRENDER LAS SANCIONES DE ROMA CONTRA LA FSSPX

 


La red de Fernández contra la FSSPX, el descuido de Roma en la aplicación del derecho canónico, la vieja campaña del miedo sobre las confesiones y los matrimonios, y el juramento de fidelidad oculto dentro de la "plena comunión".

 

Por CHRIS JACKSON

3 de julio de 2026

 

Roma finalmente dijo en voz alta lo que hasta ahora callaba

 

Los documentos llegaron con el habitual aparato romano: membrete del dicasterio, número de protocolo, firmas, lenguaje solemne, advertencias, notas explicativas, expresiones pastorales y ese inconfundible aroma a pánico cuidadosamente administrado.

El mensaje es lo bastante sencillo como para que cualquier padre de familia sentado en un banco de una capilla de la FSSPX lo entienda.

Roma ha declarado excomulgados a los obispos. Quiere que los sacerdotes de la FSSPX sean tratados como cismáticos y que los fieles laicos teman las consecuencias de una adhesión formal. Quiere volver a sembrar dudas sobre la validez de las confesiones y de los matrimonios, y que las familias miren al sacerdote que bautizó a sus hijos, enterró a sus padres, catequizó a sus hijos varones, escuchó sus confesiones y ofreció la Misa de los Siglos, para preguntarse de repente si todo ello estaba contaminado.

Ése es el objetivo.

El decreto castiga a seis obispos. La nota explicativa intenta asustar a todos los demás.

Los hombres que firmaron estos documentos saben perfectamente cómo funciona el miedo. Saben que los católicos corrientes no pasan las noches leyendo el Libro VI del Código de Derecho Canónico. Saben que los padres de familia oyen expresiones como «confesión inválida» o «matrimonio inválido» y entran en pánico. Saben que los jóvenes sacerdotes oyen «ministro cismático» y se preguntan si alguna diócesis los recibirá si abandonan la Fraternidad. Saben que la prensa difundirá la versión más simple: «El Vaticano excomulga a la FSSPX».

Ésa es la estrategia: declarar una pena limitada mediante un acto jurídico, rodearla de una retórica mucho más amplia, dejar que los titulares de la prensa amplíen el alcance de la explosión y hacer que cada familia de la FSSPX se sienta, de repente, como si fuera radiactiva.

Sin embargo, los propios documentos contienen la debilidad del ataque.

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