Para responder a esta
pregunta, leamos «El Vademécum de los
jóvenes salesianos» de Don Luigi Barberis, sacerdote salesiano (1847-1927)
Cómo actúa la misa
La misa no actúa solo, como es el caso de las otras oraciones, ex opere
operantis, es decir, según la devoción y la pureza de quienes las recitan;
sino, como dicen los teólogos, ex opere operato, es decir, por sí misma. En
efecto, aunque el instrumento que ofrece sea indigno, la ofrenda es la del
cuerpo y la sangre de Jesús, siempre digna de ser escuchada por Dios, aunque
sea ofrecida por un miserable. Puesto que es Jesús mismo quien se ofrece aquí,
comprenderás cómo esta ofrenda es infinitamente más agradable a Dios que
cualquier otra obra de piedad, por excelente y sublime que sea. Una misa vale
ciertamente innumerables rosarios y otras oraciones, porque por el sacrificio
de la misa nos apropiamos realmente de los méritos de la pasión y de la muerte
de Jesucristo. Estos méritos así recibidos nos pertenecen realmente, y podemos
ofrecer al Señor como verdaderamente nuestros los méritos del mismo Jesucristo.
La ofrenda es lo mejor que
se puede hacer durante la misa; y por tanto, cuanto más frecuentemente y más
sinceramente ofrezcas algo al Señor, más bien haces. Por consiguiente, cuando
no estás presente en la misa, haces bien en ofrecer las numerosas misas que se
celebran en el mundo. Pues cuanto más ofrezcas al Padre eterno la sangre de su
divino Hijo, más se alegra Dios, más se pagan las deudas de nuestros pecados,
más mérito se obtiene para el paraíso, más eficazmente se alivian las almas del
purgatorio. Cuantas veces dices: «ofrezco, ofrezco», esto vale tanto como
decir: pago, pago.
Pago para disminuir mis deudas,
para comprar bienes celestiales, para liberar a las almas del purgatorio; pago
para obtener gracias para aquellos por quienes ofrezco. Incluso la oración
fuera de la misa tiene mucho valor ante Dios, pero en la misa, o uniéndose a la
intención de las misas que se celebran, se ofrece un sacrificio real, se ofrece
al mismo Jesucristo. Jesús se ofrece por nosotros a su Padre celestial; el
valor es infinitamente mayor. Aunque seas un gran pecador, puedes estar seguro
del perdón si ofreces la pasión de Jesús a su Padre eterno.
No hay ninguna comparación posible con la misa
¿Quieres saber, mediante una comparación, cuál es el valor de la misa? Vale más
que todo el oro y todas las perlas de la tierra. Si alguien fuera dueño del
mundo entero y ofreciera todo esto a Dios todopoderoso, su don seguiría siendo
infinitamente inferior al valor de una sola misa. Si este pudiera disponer
igualmente de todo el paraíso y de sus felices habitantes, y ofreciera todo
esto a Dios, tampoco esta ofrenda podría compararse con el don que se hace a
Dios por la santa Misa. Porque en la santa Misa se ofrece al Padre eterno un
don tan excelente que vale tanto como el mismo Dios infinito y todopoderoso,
con todas sus perfecciones, su majestad y su gloria.
No se puede ir más lejos
en la explicación del valor de la santa Misa, porque no se puede encontrar ni
pensar en nada más grande que supere la divinidad o el infinito. Si das un
trozo de pan o un vaso de agua por amor a Dios, Jesús nos ha dicho que esto ya
tiene un gran valor. Si un príncipe ofrece sus riquezas, un emperador su
imperio por amor de Dios, es un heroísmo digno de ser alabado durante todos los
siglos. Pero cuando el sacerdote (y el pueblo que asiste a la santa Misa)
ofrecen al Padre eterno al mismo Hijo de Dios, es una ofrenda de valor
inestimable.
Grandes males se derivan del hecho de no comprender bien la santa Misa
Si lo que se ha dicho anteriormente sobre la gran eficacia del Sacrificio
eucarístico es verdad, y es muy verdad, hay que decir que si continúas con tus
pecados y no sientes de una vez por todas la fuerza para corregirte, es porque
no asistes bien a este sacrificio.
Si los pecadores no se
convierten y perseveran en su impenitencia hasta el final, ¿no será, quizá, por
tu culpa? Porque si hubieras ofrecido por ellos la sangre de Jesucristo con una
oración ferviente, sin duda se habrían convertido. Si el purgatorio todavía no
está vacío de sus habitantes, ¿no será, quizá, porque entre todas las misas que
se celebran, los fieles no asisten a ellas o no asisten bien?
Y si todavía no has alcanzado la perfección a la que estás llamado, ¿no será a
causa de tu negligencia en ofrecer con el sacerdote al Padre eterno el sacrificio
expiatorio que quita los pecados del mundo y que da la vida eterna? Si te
hubieras encontrado presente en el Calvario, y con el amor que ahora tienes por
Jesús, hubieras tomado en tus manos la sangre que corría por el suelo, si la
hubieras ofrecido a Dios sosteniéndola en alto, con una confianza
inquebrantable y un corazón contrito, ¿no es verdad que con esta sangre tan
preciosa ofrecida a Dios habrías tenido confianza de obtener todas las gracias
para ti y para aquellos por quienes la hubieras ofrecido?
Esto es lo que obtendrías
ahora [pues en la misa se está en el Calvario], haciendo esta ofrenda con una gran
fe y un amor ardiente. ¿Qué pecados son tan horribles que no puedan ser lavados
por esta sangre tan preciosa? ¿Qué deudas son tan enormes que no puedan ser
pagadas por este tesoro infinito? La sangre de Jesús es capaz de purificar, de
perdonar y de pagar más que todo lo que el mundo puede ensuciar, acusar,
endeudar. Pon una confianza ilimitada en la sangre de Jesús y ofrécela con
mucha diligencia a Dios durante la santa Misa, y no temas que no obtendrás
todo.
La santa comunión en la
Misa
Si en la santa misa, además de ofrecer con el sacerdote la santa hostia, te
unes también a él mediante la santa comunión, te unes al sacrificio, pero
también participas con él en el sacramento. Tendrás, por tanto, mucho más
mérito y muchas más gracias, pagarás muchas más deudas, y Dios será aún más
convenientemente adorado y agradecido por ti. De modo que la Santa Iglesia, en
el Concilio de Trento, exhorta vivamente a los fieles a asistir todos los días
a la Misa, y expresa también el ardiente deseo de que cada uno comulgue
sacramentalmente, y no solamente espiritualmente, cada vez que asiste a la
santa Misa.
Extracto de “Il Cedro”, abril de 2025.
