No pocos son los que visto y
considerando la desaforada e impía actuación pública de Trump, el monigote de
la Sinagoga de Satanás, lo consideran “el Anticristo”. Conclusión absurda, sin
dudas. Mas, en el fondo, y en la superficie, no deja de tener su asidero en
cuanto que este personaje desquiciado viene a ser una figura anticrística, uno
de los tantos y tan evidentes anticristos que se han venido sucediendo en la
historia y particularmente en los tiempos modernos.
Reproducimos debajo un interesante
análisis visto en una cuenta de X:
ANÁLISIS
CATÓLICO de la auto-deificación política: la impostura litúrgica del César
En la
primavera de 2025, en plena semana de un cónclave que la Iglesia universal
vivía con oración y reverencia, el presidente de los EE.UU. Donald J. Trump
publicó en redes sociales una imagen suya vestido de Sumo Pontífice sentado en
un trono pontificio, con mitra y báculo, señalando al cielo con el dedo índice.
Un año después, en abril de 2026, volvió a publicar otra imagen: él mismo, con
túnica blanca y manto rojo, imponiendo las manos sobre un enfermo en un gesto
clarísimamente cristológico, rodeado de banderas estadounidenses, águilas,
soldados, la Estatua de la Libertad (Lucifer) y un cielo apoteósico de luz
divina.
Es necesario aclarar en este punto que estas imágenes NO son simples “memes”, ni “provocaciones” ni “humor de redes”. Son actos deliberados de impostura ceremonial. Y desde la fe católica, que contempla la historia como el despliegue del combate entre la Ciudad de Dios y la Ciudad del hombre (San Agustín), estos gestos revelan algo mucho más grave que un simple narcisismo político: constituyen una manifestación pública de voluntarismo luciferino, es decir, la voluntad finita (humana y preternatural) que se erige en el lugar sagrado de la Voluntad divina (Dios).
