Por FRAY LLANEZA
Así como
en la novela de Lewis “El león la bruja y el ropero” los cuatro hermanos Pevensie
son enviados al campo para protegerse de los bombardeos en la Segunda Guerra
Mundial, parece que la Neo FSSPX sigue intentando proteger a sus cuatro nuevos
obispos de las excomuniones recibidas, a través de no sólo las medidas legales,
sino de una campaña mediática que apunta sólo contra quien apretó el gatillo,
el cardenal “Tucho” Fernández, y no contra quien le entregó el arma cargada con
la orden de disparar, que es el papa León. No podemos dejar de pensar que les
encantaría hallar un ropero donde los cuatro pudieran entrar y salir en un
mundo más agradable. Por el momento no les resulta posible, por lo que se
prefiere hacerlos desfilar por bellas iglesias y campamentos infantiles donde
son ahogados en el cariño de gente muy simpática.
Mientras
tanto, la Fraternidad publica artículos contra un blanco muy fácil porque se denigra
solito, cual es el cardenal Víctor Manuel Fernández. “Pan comido”.
Recordamos
los tiempos en que la Fraternidad tenía muchos articulistas, que ponían su nombre
y eran capaces de arrojar golpes certeros, sin esquivar la dureza necesaria,
aunque se tratase de las más altas instancias de la Iglesia. Ahora recurre a la
citación de columnistas de Infovaticana, el tradliberal Wanderer o el estimable
Aldo Maria Valli, para dar su opinión al respecto. Eso sí: sin atreverse a ir
al fondo de la cuestión.
En el
último artículo publicado en su página de noticias, por ejemplo, luego de citar
por pluma ajena las herejías de Tucho Fernández, termina agregando con
despampanante candidez: “Entonces, ¿cómo
no plantearse estas preguntas sobre el cardenal Fernández: ¿Por qué es prefecto
del Dicasterio para la Doctrina de la Fe? ¿Cómo puede León XIV mantenerlo en
ese puesto? ¿Cuándo será destituido?” [1]
Así como
en tiempos del demoledor Francisco la FSSPX no se animaba a hacer la menor
crítica y siempre dirigía sus dardos a personajes subalternos, ahora que está
arriba León sigue la misma política (aunque se permite criticar a Francisco,
que ya no está en este mundo).
No
parecen de ningún modo preguntas retóricas las formuladas al final del artículo,
sino más bien un intento de separación del siniestro personaje besador de la
figura del papa. Pero, ¿acaso no es peor el pontífice Prevost que mantiene a
Tucho, que mantiene y amplía Traditiones
custodes, que ha firmado el documento contra la corredención de la Virgen
María, etc., etc.?
Si Tucho
y Prevost están allí, es para destruir lo que queda de católico y hacer surgir
una “iglesia sinodal” acorde con los planes del “Nuevo Orden Mundial”.
Pero la ambigüedad
en la conducta de la Fraternidad queda patente cuando se piensa que, no
obstante las herejías, profanaciones, blasfemias y sodomización de la iglesia
sinodal que se yergue sobre la estructura oficial de la Iglesia católica, a
pesar de saberse todo eso, el padre Pagliarani le dijo al papa en su carta del
3 de julio de 2026: “Habíamos
pedido ser instruidos y confirmados en la fe de siempre; en lugar de ello,
hemos sido declarados cismáticos por segunda vez”.
¿Eso era
candidez o tal vez la búsqueda de una negociación para evitar las antipáticas “excomuniones”?
¿Se esperaba ser confirmados en la fe por un pontífice ultramodernista? ¿En
serio?
Es
interesante ver que la Fraternidad ya no considera a los que ocupan la Iglesia
católica como una secta neo modernista con un plan específico, sino que apuntan
sólo a considerar que son personas muy equivocadas, sin una agenda o propósito
destructor detrás. Por eso la FSSPX no habla del plan destructor de la secta
que está convirtiendo a la Iglesia en una “iglesia sinodal” que es el factor de
unidad entre todas las falsas religiones, ni habla del noaquismo, ni del
mesianismo sionista. La guerra actual de la FSSPX es una guerra conservadora, pero
no sólo de la fe sino también de los activos de la congregación, numerosos
alrededor del mundo. De allí que se haya esperado hasta que fue imposible
aguantar más, para realizar las tan necesarias consagraciones. Y de allí también
el evitar ser asociados públicamente a personajes como Mons. Williamson, Mons.
Vigano o cualquier resistencia más intransigente. Se sabe que no permitieron
que representantes de los Dominicos de Avrillé asistieran a las consagraciones,
a pesar de que éstos apoyaron claramente su decisión.
Por lo
tanto, como se ve, la ambigüedad y la falta de decisión combativa siguen instaladas
plácidamente en la congregación. Llamar al enemigo por su nombre sería una
buena manera de empezar a recobrar la confianza de quienes desean mantener la
actitud coherente de Monseñor Marcel Lefebvre.
