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martes, 21 de julio de 2026

REFUTACIÓN AL PADRE OLIVERA RAVASI SOBRE LA FSSPX (PARTE 1): MITOS BIOGRÁFICOS DE MONS. LEFEBVRE

 


Por GABRIEL PINEDO

Hace casi un par de semanas, el 27 de junio, el padre Javier Olivera Ravasi publicó un video que ataca duramente a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). En él, vierte argumentos falsos que parecen creíbles y que tuvieron un impacto muy significativo. La interacción pública y privada en redes sociales demuestra que el video surtió efecto: confundió a algunos simpatizantes de la FSSPX y puso radicalmente en contra de esta congregación a quienes dudaban de si simpatizar o no con ella.

En honor a la verdad y atendiendo al enorme daño que hizo el video, cabe destruir los mitos presentados por el sacerdote, quien destaca por su larga trayectoria haciendo un enorme bien a las almas con sus enseñanzas históricas y doctrinales, pero opaca su reputación con argumentos tan bajos, impropios de un consagrado. Como aclaración, valga decir que, sabemos que su primer apellido es Olivera, pero para referirme a él, usaré el segundo, Ravasi, que es por el cual se le conoce más, y que es más distintivo.

Antes que nada, es recomendable ver la réplica que hicieron José Plascencia y César Sánchez al padre Ravasi. Su respuesta constituye una refutación al menos parcial.

 

Mons. Lefebvre: ¿consagrado por un masón?

El primer ‘argumento’ que sostiene el padre Ravasi es que el fundador de la FSSPX, Marcel Lefebvre, fue consagrado arzobispo por un masón. Sostiene que la consagración episcopal de monseñor Lefebvre ‘podría’ haber sido inválida debido a la supuesta filiación masónica del cardenal Achille Liénart. Tal afirmación contradice los principios fundamentales de la teología sacramental católica, que garantiza la sucesión apostólica a pesar de eso. Y lo peor es que el padre suelta el dato irresponsablemente, lavándose las manos y diciendo algo así como que solo lo menciona ‘por si acaso’.

El padre Ravasi obtuvo de un blog sedevacantista la afirmación de que el cardenal Liénart era miembro de la masonería. Ningún archivo masónico oficial ni documento contemporáneo verificable ha respaldado esta imputación. De momento, lo que se sabe es que la acusación se basa en testimonios de oídas y rumores circulados décadas después del suceso.

De todos modos, aunque se comprobara, desde la teología dogmática, la validez del sacramento del orden sacerdotal no depende de la rectitud moral, la ortodoxia o las afiliaciones secretas del ministro. La doctrina católica determina que un obispo confiere válidamente los sacramentos si emplea la materia y la forma prescritas, y si posee la intención mínima de realizar lo que hace la Iglesia.

El cardenal Liénart utilizó el Pontifical Romano tradicional el 18 de septiembre de 1947. Cumplió estrictamente con los ritos externos obligatorios. La ejecución correcta del rito manifiesta la intención necesaria, tal como lo expuso el papa León XIII en la bula Apostolicae curae del 13 de septiembre de 1896. Los errores doctrinales privados o las actividades clandestinas del celebrante no anulan el carácter sacramental impreso. Esto dice el papa León en su bula:

“Cuando alguien ha hecho seria y correctamente uso de la forma y materia debidas, requisito para efectuar o conferir el sacramento, se considera que por ese mismo hecho hace lo que la Iglesia hace. Sobre este principio yace la doctrina de que un sacramento se confiere verdaderamente por el ministerio de alguien que es un hereje o un no bautizado, provisto que se emplee el rito católico. Por otro lado, si el rito fue cambiado, con la intención manifiesta de introducir otro rito no aprobado por la Iglesia, y rechazando lo que la Iglesia hace, y lo que por institución de Cristo pertenece a la naturaleza del sacramento, entonces queda claro que no sólo es deficiente la intención necesaria para el sacramento, sino que la intención es adversa y destructiva para el sacramento”.

La sola sospecha de que Liénart haya sido un masón es insuficiente para cuestionar su intención, puesto que él empleó el rito tradicional para ordenar a don Marcel Lefebvre. Veamos un ejemplo concreto: el obispo Talleyrand era un masón durante la Revolución Francesa, y él ordenó muchos sacerdotes. ¿Qué evidencia hay de que la Iglesia reordenara a alguno de esos hombres? Ninguna. De hecho, se los aceptó como válidos.

Inclusive, después de su muerte, se descubrió que el cardenal Rampolla, secretario de Estado del papa León XIII, fue un masón de alto grado. Es muy probable que Rampolla haya ordenado sacerdotes, pero no existe evidencia de que los sacerdotes ordenados por él fueran reordenados bajo condición. Si fuera lícito dudar de la validez de la consagración episcopal de don Marcel Lefebvre, ¡entonces deberíamos revisar muchos casos de la historia y cuestionar casi todas las órdenes!

Existe un factor técnico definitivo en el rito de consagración. Resulta que la disciplina eclesiástica prescribe la participación de tres obispos para la elevación al episcopado. Junto al cardenal  Liénart, actuaron como coconsagrantes los obispos Alfred-Jean-Félix Ancel y Jean-Baptiste Victor Fauret. Ambos prelados impusieron las manos sobre Lefebvre y recitaron las oraciones consagratorias esenciales. La intervención directa de estos dos obispos asegura la transmisión de la sucesión apostólica. Su acción subsana de forma automática cualquier defecto hipotético que pudiese haber afectado al ministro principal.

Conclusión: la tesis de la invalidez de la consagración episcopal de don Lefebvre carece de sustento documental y teológico.

 

Mons. Lefebvre ¿apoyó el Novus Ordo Missae?

 

El padre Ravasi atribuye una conducta hipócrita a monseñor Marcel Lefebvre mediante la afirmación de que llegó a celebrar el Novus Ordo Missae promulgado por Pablo VI. Esta tesis se apoya habitualmente en el libro Ecône, point final, publicado en 1983 por el sacerdote Noël Barbara, quien tras adoptar posturas sedevacantistas polemizó de forma constante con el arzobispo. En dicha obra, se menciona la presencia de mons. Lefebvre en un funeral celebrado bajo el nuevo rito el 30 de junio de 1980. El historiador Yves Chiron recogió posteriormente las declaraciones del padre Michel Simoulin, quien presenció el acontecimiento.

La interpretación de este hecho requiere distinguir los conceptos teológicos y canónicos de celebración y asistencia. Los diarios del distrito de la fraternidad y las declaraciones de los testigos presenciales coinciden en los detalles físicos del evento: monseñor Lefebvre viajó para asistir a las exequias de su cuñada. Durante el desarrollo del rito, él permaneció sentado en los bancos asignados a los fieles de la iglesia parroquial. No revistió los ornamentos sagrados, no subió al presbiterio ni pronunció las palabras de la consagración eucarística.

La teología moral católica contempla la virtud de la pietas o piedad familiar como el criterio regulador de estas situaciones. La asistencia física y silenciosa a una ceremonia religiosa por razones de parentesco o caridad humana no implica la adhesión doctrinal a las reformas litúrgicas aplicadas por el ministro que preside la celebración. De la misma manera en que es perfectamente posible asistir a cultos protestantes y permanecer pasivo, inmóvil, sin comprometer la propia fe ni pecar, con tal que se haga por caridad con el prójimo protestante (ritos funerarios, matrimoniales, etc.).

Este comportamiento muestra continuidad con los principios escritos que el propio Lefebvre defendía. A diferencia de las posturas teológicas más radicales de su época, el fundador de Écône no sostenía la invalidez intrínseca de la misa de Pablo VI. Sus tratados aclaraban que el nuevo rito era válido siempre que se respetaran la materia, la forma y la intención requeridas por la Iglesia, aunque lo consideraba deficiente en su expresión del carácter sacrificial. Al no calificar el rito como herético en sí mismo, su presencia en el entierro de un familiar directo constituía un acto legítimo de compasión humana que no contradecía su rechazo pastoral a la implantación generalizada de la reforma.

Cabe destacar que, además de tal afirmación, el padre Ravasi presenta una foto en blanco y negro que muestra a un sacerdote de cara a los fieles en un altar novusordita, y se atreve a asegurar que ese era mons. Lefebvre. Tal falsedad ya ha sido refutada por Plascencia y Sánchez en el video mencionado más arriba. Y por si fuera poco, la mismísima FSSPX ya refutó en su web oficial, y con suficientes pruebas, semejante aseveración falsa de que monseñor celebró la Misa Nueva, porque igual hubo antes otros falsos argumentos esparcidos por gente inescrupulosa y no mencionados por el p. Ravasi en su video.

Conclusión: mons. Lefebvre no asistió a la Misa Nueva como sacerdote celebrante; por tanto, fue coherente con su desconfianza hacia este rito.

 

¿Mons. Lefebvre aprobó el Concilio Vaticano II?

 

El padre Ravasi asegura que mons. Lefebvre aprobó todos los documentos del Concilio Vaticano II. ¿Por qué? Porque firmó todas las actas conciliares sin excepción. Además, afirma que no fueron ‘firmas de asistencia’ solamente, sino que el arzobispo cooperó con el concilio. De hecho, uno de los documentos más problemáticos, Dignitatis humanae, fue firmado 2 veces por el arzobispo, pues firmó por él mismo y como apoderado de otro obispo que no pudo ir. Adicionalmente, don Lefebvre escribió una carta en 1966, como superior de la Congregación del Espíritu Santo, dirigida a todos los miembros de la misma, dando su total aprobación al concilio en la Fiesta de la Epifanía.

El análisis de la conducta de mons. Marcel Lefebvre durante el Concilio Vaticano II y en los meses inmediatamente posteriores requiere distinguir entre la deliberación interna, el protocolo canónico y la posterior evolución de los acontecimientos. Los documentos presentados son auténticos. Sin embargo, la conclusión de hipocresía resulta ahistórica al ignorar el funcionamiento de los concilios y el desarrollo del pensamiento del arzobispo.

 

La naturaleza de las firmas conciliares

Las firmas de monseñor Lefebvre estampadas al final de los documentos del concilio poseían un carácter protocolar y eclesial; no implicaban una adhesión doctrinal infalible a cada párrafo. En la tradición de la Iglesia, los padres conciliares firman las actas junto al Romano Pontífice como testimonio de que el texto ha sido aprobado por la asamblea y promulgado por el papa. Es un acto de sumisión a la autoridad papal que cierra el proceso legislativo.

Mons. Lefebvre fue uno de los líderes del Coetus Internationalis Patrum, el grupo de obispos conservadores que combatió las tesis innovadoras durante las sesiones de debate. Los registros oficiales del Concilio conservan sus intervenciones críticas y sus votos negativos (non placet) en las votaciones parciales y finales de documentos como Dignitatis humanae y Gaudium et spes. ¿Puede un voto negativo ser interpretado como aprobación? ¡De ninguna manera!

La doble firma de mons. Lefebvre en Dignitatis humanae (la suya y la que ejerció como apoderado) y su firma en Gaudium et spes responde a este mismo formalismo legal: dejar constancia de la asistencia a la sesión de clausura. Su firma atestiguaba el desarrollo del escrutinio, sin que esto significara una adhesión interna a las tesis innovadoras. El arzobispo cumplió con el mandato administrativo de representar a un par ausente en el escrutinio final. Al firmar el texto definitivo, don Lefebvre testificó la conclusión del proceso sin que ello anulara su oposición previa, documentada en las actas de las comisiones teológicas. Entonces, no hubo más que una aprobación institucional mínima a través de la firma del acta, seguida tiempo después por un rechazo enorme en sus declaraciones públicas.

 

El contexto de la carta pastoral de 1966

El p. Ravasi muestra y lee en su video una carta de monseñor dirigida a los Padres del Espíritu Santo el 6 de enero de 1966. Este documento refleja nada más que la postura de un superior general que busca mantener la unidad institucional tras la clausura del Concilio. En esa fecha, la aplicación práctica de las reformas apenas comenzaba.

·          La expectativa de continuidad: como muchos obispos de la minoría tradicional (o conservadora) que se sintieron vencidos por la mayoría liberal, mons. Lefebvre, sin muchas herramientas para ejercer su crítica públicamente recién acabado el Concilio, trató de asumir que los textos conciliares debían interpretarse en perfecta continuidad con el magisterio tradicional de la Iglesia. O como se diría hoy, trató de ser continuista.

·          El deber de oficio: su rol como Superior General le exigía guiar a su congregación conforme a las directrices de la Santa Sede. La exhortación a estudiar los textos con devoción correspondía al proceder normal de una autoridad religiosa en ese momento histórico.

El cambio de postura del arzobispo no se debió a una duplicidad oculta, sino que más bien fue el resultado de lo que él consideró una desviación de los textos originales durante la fase de aplicación postconciliar. La introducción del nuevo rito de la misa en 1969 y las reformas en las órdenes religiosas modificaron su juicio sobre los frutos del Concilio. Su oposición pública se estructuró de forma gradual a lo largo de la década de 1970, cuando constató que la renovación solicitada en su carta de 1966 tomaba un rumbo teológico distinto al previsto.

La historiografía muestra la evolución de un hombre de Iglesia que pasó de la resistencia interna y la posterior obediencia institucional a una oposición abierta ante los cambios litúrgicos y doctrinales posteriores. Reducir este proceso a un acto de hipocresía o incoherencia desestima la complejidad del debate teológico posconciliar.

Conclusión: mons. Lefebvre no aprobó sin ninguna crítica todos los documentos surgidos del Concilio Vaticano II; fue coherente con su conciencia y con la evidencia de los hechos conforme fue descubriendo la verdad poco a poco.

Hay mucho por refutar, pero para no cansar a lector, por ahora, eso es todo.

Vean también esta otra réplica que hizo José Plascencia al video del padre Ravasi, citando frases de los padres Castellani y Meinvielle que coinciden con la distinción que hace mons. Lefebvre entre una Roma eterna y una Roma modernista:

https://contraliberalismo.wordpress.com/2026/07/13/refutacion-al-padre-ravasi-sobre-la-fsspx-parte-1-mitos-biograficos-de-mons-lefebvre/

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