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sábado, 3 de octubre de 2026

SANTA TERESA DE LISIEUX Y RUSIA

 


Investigaciones sobre la internacionalización de una devoción (décadas de 1910-1930)

 

por LAURA PETTINAROLI (Institut catholique de Paris)

 

Archives de sciences sociales des religions, 182, abril-junio 2018, p. 259-284



Una difusión precoz en el Imperio ruso (década de 1910)

 

Si bien los movimientos católicos de oración por Rusia surgieron en Francia desde la primera mitad del siglo XIX, vinculados a la difícil situación de los fieles polacos, estos cobraron mayor amplitud en la década de 1850 con miras a la reunión de los cristianos disidentes mediante el reconocimiento del rito oriental.  Sin embargo, fue en el período de entreguerras —cuando la revolución bolchevique y una fuerte emigración situaron a Rusia en el primer plano de la atención occidental— cuando los movimientos de oración por este país crecieron y se mundializaron de manera inédita. Por ello, más allá de las gestiones diplomáticas de la Santa Sede ante los soviets y de la atención intelectual prestada al comunismo, conviene interrogarse sobre la traducción de este interés católico por el mundo ruso en las prácticas religiosas.

 


El estudio aquí propuesto pone el acento en uno de los aspectos de esta oración por Rusia: la que se articula en torno a Teresa de Lisieux, a quien incluso se "confió" este país en 1929. Este proceso no carece de paradoja: mientras que los referentes devocionales solicitados en el siglo XIX insistían en ciertos santos del primer milenio comunes al cristianismo ortodoxo y al católico (Cirilo y Metodio), el recurso a una normanda nacida en 1873 y fallecida en 1897, cuyos soportes de piedad estaban marcados por un estilo particularmente latino, resulta sorprendente. De este modo, cabe preguntarse cómo circula una devoción en el seno del cuerpo eclesial a través de las fronteras lingüísticas, estatales e incluso confesionales.

 

Nos situamos, por tanto, en el terreno de la recepción de Teresa, e incluso de "sus instrumentalizaciones por la institución eclesial", un campo favorecido por la renovación historiográfica teresiana. Esta, junto a la edición de textos de la santa y el estudio de los aspectos psicoanalíticos [sic] y espirituales de su mensaje, ha abordado el fenómeno teresiano en sus implicaciones políticas y misioneras. Gracias al aporte de las fuentes teresianas (archivos del Carmelo de Lisieux —ACL—, revista Les Annales de Sainte Thérèse de Lisieux —ASTL—), así como de los archivos vaticanos y de congregaciones religiosas (asuncionistas, redentoristas), examinaremos la construcción de un vínculo entre Teresa de Lisieux y Rusia desde los primeros contactos en la década de 1910 y el impacto de la intervención romana en la entreguerra.

 


Entre la muerte de la religiosa (1897) y su beatificación (1923), la devoción a Teresa se propagó rápidamente. La publicación en 1898 de Historia de un alma alimentó un movimiento que se amplificó tras 1910 con la apertura del proceso de beatificación. Fuera del mundo francófono, la traducción de los textos jugó un papel clave. Antoinette Guise demostró que, desde 1910, las carmelitas fomentaron traducciones destinadas al Reich y a Austria-Hungría, multiplicando los soportes de piedad y apoyándose en carmelos, abadías benedictinas y ursulinas. ¿Qué ocurría en el mundo ruso, donde las congregaciones religiosas estaban casi ausentes y los católicos eran minoritarios y aislados del catolicismo europeo debido a trabas administrativas?


Intermediarios francófonos: laicos y religiosos

 

Los archivos del Carmelo de Lisieux conservan valiosos testimonios sobre estos primeros "teresianos" de Rusia, cuyo rasgo común era la francofonía. Aunque no hay constancia de que Monseñor Jourdan de la Passardière actuara como transmisor —a pesar de ser un teresiano de primera hora con contactos en Rusia—, destaca el papel de profesores franceses en Moscú. En noviembre de 1913, Jules Calbet, docente en el Liceo Imperial Nicolás, se presentó como el "primer peregrino de Moscú al Carmelo de Lisieux". Un mes después, una profesora de la escuela San Felipe Neri de la parroquia San Luis de los Franceses también se correspondía con el Carmelo. A estos laicos se sumó el ecónomo asuncionista Pie Neveu (1877-1946), llegado a Rusia en 1906. Establecido desde 1907 en Makeevka (región minera del Donéts), informó en 1912 a la Madre Inés que "la fama de santidad de su admirable Hermana Teresa del Niño Jesús ha llegado hasta aquí, a la estepa rusa".


Traducciones

 

La devoción no se limitó a los círculos francófonos. Se esbozaron traducciones al ruso, fruto de iniciativas locales vinculadas a Lisieux. En 1910, el padre Charles Lotter (redentorista) intentó traducir Historia de un alma a través de una traductora en Riga, pero el intento fracasó. No obstante, se tradujeron textos más breves, como las "noticias" redactadas por el padre Neveu. Entre 1913 y 1914, la condesa Julia Ledóchowska (ursulina residente en Finlandia) tradujo Una rosa deshojada y la Vida abreviada. A pesar de sus esfuerzos por adaptar la terminología religiosa al ruso, estas traducciones no se publicaron antes de que estallara la Primera Guerra Mundial.



Un impacto difuso

 

Antes de la guerra, la devoción llegó a diversos entornos de rito latino y oriental, e incluso al ámbito ortodoxo. Las noticias traducidas por Neveu recibieron la aprobación de Mons. Iosef Kessler, obispo de Tiraspol, y las carmelitas las imprimieron en París para enviarlas a los párrocos de Tiraspol, Žitomir, Lučk y Kamenec. En 1914, el abad O'Rourke, párroco de San Estanislao en San Petersburgo, escribió a Lisieux testificando la difícil situación de los católicos en Rusia.

 

El grupo clandestino de rito greco-ruso de San Petersburgo también acogió el mensaje teresiano. En 1913, la revista Slovo Istiny (Palabra de Verdad), inspirada en Vladímir Soloviov, solicitó una fotografía de Teresa para publicar un artículo sobre su vida y milagros en su número de octubre. Asimismo, se registraron testimonios de jóvenes ortodoxas atraídas por Teresa que solicitaban oraciones por su conversión.


Una devoción romanizada bajo Pío XI: la institucionalización del vínculo entre Teresa y Rusia

 

Con el pontificado de Pío XI, la relación entre Teresa y Rusia se consolidó e institucionalizó. El papa Ratti encomendó a la "estrella de su pontificado" sus preocupaciones por el mundo ruso, dedicándole un seminario y asociándola a un movimiento internacional de oración.


En los orígenes del seminario romano para Rusia

 

El proyecto de un seminario ruso cobró fuerza a principios de la década de 1920 y se concretó con la apertura del Russicum en 1929. El Carmelo de Lisieux desempeñó un papel decisivo recaudando fondos desde 1923 para erigir una iglesia y seminario en Roma bajo el patronazgo de Teresa. El 25 de noviembre de 1925, Pío XI decidió confiar oficialmente el seminario ruso a Santa Teresa. Aunque la tutela de una santa latina generó reticencias en expertos como el padre Cyrille Korolevskij (quien prefería a un santo ruso como San Sergio de Radonezh), la decisión se mantuvo.


Las oraciones con indulgencias

 

Proclamada copatrona de las misiones en 1927, Pío XI le confió especialmente a Rusia en 1929 mediante oraciones indulgenciadas preparadas por la Comisión Pontificia para Rusia. Tras sugerencias de Mons. Neveu y gestiones del jesuita Michel d'Herbigny, la Penitenciaría Apostólica concedió indulgencias a varias oraciones dirigidas a la Santa Trinidad y a Santa Teresa por la salvación de Rusia. La última versión de la oración, aprobada el 19 de agosto de 1929, fue ampliamente difundida durante la década de 1930.


Visibilidad teresiana: la difusión de la oración por vías romanas

 

La oración se difundió a través de los Acta Apostolicae Sedis y la red diplomática vaticana. Durante la gran "cruzada de oraciones" por Rusia de 1930, el chirographo papal del 2 de febrero citó a Teresa en dos ocasiones. Las estampas devocionales impresas en Roma se distribuyeron internacionalmente a través de los nuncios. La prensa soviética respondió con vehemencia: periódicos como el Pravda publicaron caricaturas en febrero y marzo de 1930 representando al papa encomendando la defensa de las víctimas en la URSS a Santa Teresa.

 


Entre 1931 y 1932, Pío XI y Mons. d'Herbigny diseñaron una nueva estampa a color (con imágenes de Persecución religiosa, Cristo en la Cruz, una iglesia con cúpulas de bulbo y Teresa en oración) impresa en Milán con una tirada superior a los 250,000 ejemplares.


Articulación de las redes romanas y teresianas

Rusificación y orientalización de la devoción a Teresa

 

El Carmelo de Lisieux buscó inculturar la devoción al ámbito ruso. Se publicaron traducciones de la novena en 1929 e iconografía adaptada: íconos de la santa en estilo bizantino y representaciones cartográficas de los sufrimientos cristianos.

 

Nuevos intentos de traducción de Historia de un alma fueron realizados por intelectuales como la condesa Nadežda de Lappo-Danilevskaja y la baronesa Sophie de Foelkersam. En 1933, Mons. Boleslas Sloskans (obispo exiliado de la URSS) visitó Lisieux para impulsar la traducción.

 

A nivel litúrgico, en 1932 se instaló un ícono de Teresa (obra de Grigorij Maltzev) en la iconostasis de la capilla lateral de la iglesia de San Antonio Abad en Roma (adscrita al Russicum). En 1933, la Comisión Pro Russia redactó un Troparion (himno litúrgico) en eslavo eclesiástico en honor a la Santa, en cuya corrección intervino el propio Pío XI.


La "Comunión de la infancia católica para la infancia rusa"

 

En la década de 1930, el sacerdote suizo Henri Deville lanzó la "Comunión de la infancia católica para la infancia rusa", promoviendo comuniones de reparación el 8 de mayo (aniversario de la primera comunión de Teresa). La iniciativa contó con la bendición de Pío XI y el respaldo de Mons. Marius Besson (obispo de Lausana, Ginebra y Friburgo). El movimiento tuvo alcance internacional, editando estampas de oración infantil en múltiples idiomas (francés, inglés, alemán, polaco, catalán, holandés, español e italiano).


Teresa y Rusia: una asociación desigual

 

A pesar de los esfuerzos institucionales de Roma y Lisieux, la recepción de la devoción fue desigual:


En la emigración rusa: La prensa católica en ruso penas citó a la santa. Sin embargo, destacan excepciones como el folleto editado en Wilno (1932) dedicado a "Terezočka" y el interés del célebre escritor Dmitri Merezhkovski, quien compuso poemas y le dedicó un libro.

 

En el catolicismo latino: Salvo en las campañas de oración de 1930-1931, las revistas sobre la cuestión rusa priorizaron otros referentes (como San Miguel Arcángel). La oración a Teresa fue vista como un medio devocional popular y femenino, utilizado por obispos como Mons. Henry Rohlman (Iowa) para convocar la oración de las religiosas en 1936.


Conclusión y evolución posterior

 

La construcción del vínculo entre Teresa y Rusia bajo Pío XI demostró un claro voluntarismo institucional integrado en la estrategia romana de entreguerras. Tras la Segunda Guerra Mundial, aunque Teresa siguió siendo venerada por los católicos rusos (con la llegada de sus reliquias en la era postsoviética), el vínculo específico con Rusia diseñado por Pío XI no perduró. Las traducciones rusas de Historia de un alma en 1955 (Abbeville) y 1996 (Simvol) se centraron en los aspectos espirituales generales. En el siglo XX posterior, la oración católica por Rusia se canalizó principalmente a través de la devoción a Nuestra Señora de Fátima y el recuerdo de los mártires del régimen ateo.

  

Laura Pettinaroli, « Thérèse de Lisieux et la Russie », Archives de sciences sociales des religions [En ligne], 182 | avril-juin 2018, mis en ligne le 01 janvier 2022, consulté le 28 juillet 2024. URL : http://journals.openedition.org/assr/38721 ; DOI : https://doi.org/10.4000/assr.38721.

   

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