En lenguaje criollo diríamos que lo
“ningunea”. Notoriamente. Esto es interesante porque la Fraternidad hace exactamente
lo mismo que hace León XIV, exactamente la misma actitud, muy llamativa, ciertamente.
Para los sitios de noticias de la
FSSPX, Mons. Viganò “no existe”. O, si existe, lo que dice no es digno de
interés, no es digno de ser mencionado.
Y no es que la FSSPX no refleje o
destaque las críticas de otros obispos contra Roma modernista. Por el contrario,
suele destacar en su sitio web de noticias a Mons. Schneider, en primera plana,
y también a Mons. Strickland a veces. Sin embargo, Viganò, quien es el más lúcido, el más punzante, el más
jugado y comprobado defensor de la 0rtodoxia católica frente a la Iglesia
conciliar/sinodal –y por eso fue excomulgado y repelido como si fuese un
“hereje” y “cismático”, lo que no ocurrió con los otros obispos- sin embargo,
la Fraternidad lo ignora olímpicamente. ¿Por qué?
Vamos a ver que se trata de una actitud farisaica, como son muchas de
las actitudes de la Fraternidad, que en esto resulta coincidente con los
herejes romanos. Por eso no puede decirse sino que los conciliares, dándoles la
espalda a la Fraternidad, le han dado un poco de su propia medicina.
Esto no tiene nada que ver con las
inválidas “excomuniones”, que repudiamos. Es algo relacionado con el orgullo
religioso, que es el fermento farisaico
que echa a perder lo que es verdaderamente religioso, y es por eso el mayor
problema de la Tradición católica.
Recientemente, Mons. Viganò acaba de
postear en la red social X acerca de su “ninguneo” por parte de León:
“Le escribí a León tres cosas simples: le
pedí una audiencia; le pedí que se arrepintiera y me confirmara en la Fe, como
Cristo ordenó a Pedro; y le pedí que me dijera en qué contradigo el Depositum
Fidei, porque se lo habría mostrado punto
por punto, y le habría dicho cómo pienso continuar. No recibí el menor indicio
de respuesta. Y la razón no es la distracción ni el exceso de trabajo: es que
responderle habría costado decir qué cree la iglesia sinodal, y por tanto
confesar en qué difiere de lo que la Iglesia Católica ha creído siempre. El
silencio le sirve para conservar la ambigüedad; la excomunión lo exime de
refutar. Pero el silencio es en sí mismo una respuesta, y la más elocuente. Un
papa que recibe a James Martin y no recibe a un Arzobispo que le pide ser
confirmado en la Fe ya ha dicho de qué lado está”.
Va de
suyo que Viganò no adoptó una posición sedevacantista, pues si lo fuera no
tendría sentido pedirle una audiencia al papa León: simplemente lo ignoraría
como a un impostor. Pues si bien Viganò en tiempos de Francisco cuestionó la
legitimidad de éste, sin embargo, en un reciente libro que publicó toma
distancia de la posición sedevacantista, y acaba de confirmar su rechazo de tal
posición en una entrevista concedida a LifeSiteNews.
Su postura no difiere esencialmente de
la de Monseñor Lefebvre.
La actitud
de Prevost hacia Viganò ha sido la misma hacia la FSSPX, que le demandó una
audiencia pero fue ignorada.
Aparentemente,
entonces, Mons. Viganò y la FSSPX coinciden. De hecho Mons. Viganò aplaudió la resolución
de la Fraternidad de consagrar obispos y fue muy elogioso en sus términos de apoyo.
Recientemente,
además, Mons. Viganò, que se mantiene muy activo, publicó un pequeño libro
sumamente interesante y que se inscribe en este combate de la Tradición: “El cisma capital”, y luego brindó una extraordinaria
entrevista (la mencionada al sitio LifeSiteNews, ver en este mismo blog) donde
con mucha lucidez desmonta los mecanismos de acción subversiva de la secta
conciliar que busca reemplazar la Iglesia católica mediante la “Iglesia
sinodal”. Y finalmente hace dos días publicó un magistral análisis del último
documento vaticano, celebratorio de los 60 años de Nostra Aetate.
Pero, pese
a todo esto, la Fraternidad no hace la menor mención del valiente Arzobispo.
¿Qué pasa?
Creemos
que hay dos motivos para esta actitud, ya dijimos farisaica, de la FSSPX.
1.-En
primer lugar, hace varios años la congregación que entonces dirigía Mons.
Fellay, en su campaña de acercamiento a Roma, en busca de un acuerdo práctico, y
a instancias de una empresa de branding
comercial, adoptó una política oficial de comunicación más light, menos dura, más
simpática y amistosa, a fin de atraer más público (y donaciones). La marca de
la Fraternidad pasó a ser manejada por una empresa que gestionaba distintas
marcas comerciales, con el fin de hacerla más vendible (pueden verse detalles acá, acá y acá ). Esa
política institucional jamás cesó y es por eso que la FSSPX prefiere siempre
usar un lenguaje más suave, diplomático, técnico o evasivo, “friendly”, y
cuando hace críticas un poco más osadas lo hace a través de otras firmas y
fuentes ajenas a la misma congregación. Un lenguaje acerado y viril como el del
obispo Viganò no tiene cabida en ese marco lingüístico comunicacional (de paso:
¿alguien ha escuchado hablar últimamente a los nuevos obispos, desde que fueron
consagrados?). Cuestiones como la religión noájida, el sionismo, el anticristo
y la parusía, o la farsa pandémica no caben en la línea editorial de la FSSPX. Luego
de la ignominiosa expulsión de Mons. Williamson de sus filas (debían expurgar a
los “antisemitas”) muchas verdades quedaron al margen. Y eso no tiene que ver
con la prudencia necesaria, sino con la imprudencia carnal de buscar agradar a
Roma. ¿Acaso no pidieron el levantamiento de las “excomuniones”, cuando
afirmaban que éstas eran nulas y no las reconocían? Se nos dirá que la FSSPX terminó haciendo
consagraciones episcopales contra la voluntad del Papa, pero eso obedeció a su
extrema necesidad de supervivencia. Antes de ello buscaron desesperadamente
(¿ingenuamente?) entenderse para obtener la aprobación romana. Y si bien la
declaración de fe de la FSSPX está muy bien, se podrá observar que las críticas
hacia Roma siempre han sido tímidas y nunca se dejó de remarcar el deseo de
“dialogar”. Podrá verse también en este artículo un
antecedente de esta actitud de la Fraternidad en relación al obispo Viganò. La
Fraternidad debe tener el monopolio de la Tradición católica, así de simple.
2.-En
segundo lugar, Mons. Viganò ha sido reconocido públicamente por los obispos de
la “Resistencia” (ver acá), de
quienes la Fraternidad condenó la consagración, por la única razón de que no
pertenecían a la misma Fraternidad. Y, por si fuera poco, Mons. Viganò recibió
la consagración bajo condición por parte de Mons. Williamson. Esto puso en
evidencia algo que la Fraternidad dejó de hacer con el obispo Huonder, cuando
lo recibió en su seno (sobre el dudoso obispo conciliar, judaizante y amigo de
Francisco pueden verse estos artículos: acá, acá y acá). Por lo
tanto, si Mons. Viganò tiene buenas relaciones con los obispos de la
Resistencia, que salieron de la FSSPX, ésta no puede sino tratarlo de la misma
manera desdeñosa. Por obvias razones no hace lo mismo con Mons. Schneider:
porque éste tiene aún los pies dentro del plato y puede servirles para mantener
las líneas de diálogo abiertas con Roma. Sin ir más lejos, en un artículo
reciente (acá) el
padre Daniele Di Sorco, superior de distrito de Italia, vuelve a insistir con
el tema del diálogo, ese “mantra” que instaló el Vaticano II como muletilla
para alcanzar la concordia universal. ¿La FSSPX quisiera dialogar para alcanzar
la concordia con sus enemigos? Allí está el problema. La no distinción entre
amigo-enemigo, una distinción que sólo tiene sentido cuando uno está en guerra.
Dice Di Sorco que “a Roma no le gusta hablar de los problemas doctrinales
planteados por el Concilio y el posconcilio. Esta discusión permanece siempre
al margen y se busca más bien centrar la atención en los aspectos jurídicos o
en aspectos de otra naturaleza, como la desobediencia, el cisma o las
consagraciones episcopales”. ¡Chocolate por la noticia! Pero luego este
sacerdote dice, no obstante eso: “…incluso antes de que termine esta crisis, se
reanudarán las relaciones entre la Fraternidad y Roma”. ¿En qué quedamos?
¿Retomar relaciones, o sea, intercambio en un diálogo de sordos? Explica Di
Sorco por qué dice eso: “Por una parte, porque la Fraternidad no se presenta
como una alternativa a la Iglesia de Roma. La Fraternidad es parte de la
Iglesia de Roma y busca, evidentemente, que las autoridades de la Iglesia de
Roma vuelvan también a profesar la doctrina católica en su integridad”. Aquí
vemos la gran confusión. La Fraternidad no es una alternativa a la Iglesia de
Roma pero conserva la Tradición de la Iglesia de Roma, cosa que la Iglesia que
hoy está en Roma no conserva ni quiere conservar. Eso es lo que impide el
entendimiento y hace que la Roma modernista se sienta amenazada por la Tradición.
Por lo tanto, hay que hacer la distinción que la Fraternidad ya no hace, pero
que la Roma actual sí hace: ellos se
llaman a sí mismos Iglesia sinodal, y enseñan una doctrina contraria a la
doctrina católica tradicional. Allí sólo puede caber, por parte de la Tradición
y de la Fraternidad, un anatema. En
cambio, no se descarta reanudar las relaciones con quienes son enemigos, los
peores enemigos, de la Iglesia católica.
Tal vez
sea por esto, porque Mons. Viganò sí ve y señala el cisma capital que hay en Roma, que la corriente dominante en la Fraternidad no manifiesta su apoyo a este
arzobispo. Y, en cambio, se mostró extrañamente obsequiosa con un obispo conciliar
modernista y judaizante como Vitus Huonder, que nunca renegó de sus errores y
su pasado y sin embargo fue sepultado con todos los honores junto a Mons.
Lefebvre.
Es claro:
el enemigo está adentro.
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