“Nuestra
tarea no es declarar la Sede vacante, ni resignarnos a una obediencia que nos
convertiría en cómplices. Nuestra tarea es permanecer católicos: conservar la
Fe intacta, celebrar y asistir a la Misa de siempre, formar sacerdotes y
obispos que no estén contaminados, resistir a las órdenes ilícitas con la
firmeza de los Santos y sin perder jamás la caridad. Esta crisis es una prueba
permitida por Dios para purificar Su Iglesia, y como todas las pruebas, pasará.
El katéchon humano puede ser retirado; pero permanece Aquella que prometió «al final mi Corazón Inmaculado triunfará».
Recemos el Santo Rosario, hagamos penitencia, hagamos reparación, y pidamos a
la Bienaventurada Virgen que nos obtenga un Papa que sea verdaderamente Pedro.
El Papado es de Cristo, y Cristo no abandona aquello que es Suyo: los hombres
pueden traicionarlo, pero no pueden destruirlo. Esta es la razón por la que
nunca he perdido la esperanza y por eso no la perderé. Scio Cui credidi.”
MONS.
CARLO MARIA VIGANÒ.
