Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

miércoles, 21 de octubre de 2026

CONTRA LA BARBARIE ORQUESTADA

 


Las escenas de guerrilla urbana que en estos días han devastado París, Lyon, Marsella, Limoges y —en Italia— Milán, Turín, Bolonia y otras ciudades no pueden reducirse a simples disturbios de plaza: son manifestaciones de violencia y de barbarie que transforman las calles en campos de batalla. Saqueos, incendios de edificios públicos y de tiendas, ataques a las fuerzas del orden, cientos de heridos, miles de arrestos: lo que se presenta como protesta contra el encarecimiento de la vida es en realidad uno de los instrumentos principales de la planificación científica con la que la élite tecnocrática globalista pretende introducir y alimentar focos de guerra civil en la población.

El malestar económico es real, pero se exacerba deliberadamente y luego se desvía. Grupos organizados —black bloc, núcleos de la ultraizquierda, bandas de jóvenes en su mayoría extracomunitarios que actúan “sin órdenes” según el modelo francés— transforman manifestaciones teóricamente pacíficas en caos controlado y fomentado. El objetivo es claro: crear el pretexto para legitimar nuevas formas de represión, de control social y de compresión de las libertades residuales. En todo esto no hay nada de espontáneo.

Condeno la complicidad de los gobernantes. Ellos han contribuido a generar las condiciones de empobrecimiento y de alienación, y ahora se sirven del desorden para fortalecer el aparato represivo, mientras pronuncian condenas de fachada. Condeno asimismo la traición de la jerarquía de la iglesia conciliar-sinodal, totalmente esclavizada a la élite tecnocrática globalista. En lugar de llamar a las almas al orden, a la justicia y a la Verdad perenne, ella calla, o peor aún, consiente, prefiriendo el diálogo con los poderes del mundo a la fidelidad al Evangelio y al Magisterio de siempre. Cuando la autoridad —civil y eclesiástica— deja de retener el error y se convierte en su vehículo, se consuma esa fractura que San Pablo describe como mysterium iniquitatis (2 Ts 2, 7-8).

La división es obra del divisor, Satanás. Quien alimenta deliberadamente el caos para luego imponer su propio orden no actúa por el bien de las almas, sino por la consolidación de un poder que ha repudiado a Cristo Rey. Mientras esta planificación no sea desenmascarada, todo pretexto de “renovación” o de “justicia social” seguirá al servicio de la iniquidad.

Reunámonos alrededor de la Verdad inmutable y de la Tradición apostólica. No ratifiquemos el error, no consintamos a la mentira. “Estad firmes y mantened las tradiciones que habéis aprendido” (2 Ts 2, 15).

 

MONS. CARLO-MARIA VIGANO

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