Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

sábado, 24 de octubre de 2026

A LOS FIELES, A LOS CLÉRIGOS Y A LOS SACERDOTES DE LA XV PEREGRINATIO AD PETRI SEDEM

 


MONS. CARLO MARIA VIGANÒ

 

Me dirijo a vosotros como «excomulgado», puesto que así me consideráis. Considero que la condición que me ha sido atribuida puede arrojar luz sobre aquella en la que vosotros mismos os encontráis de hecho hoy.

Vosotros no habéis sido excomulgados, y hacéis todo lo posible por no serlo, como quien quiere escapar a un castigo. Y, sin embargo, sois tratados como excomulgados. Hay que decir, no sin ironía, que después de haberos negado la Basílica Vaticana para el Pontifical, ahora se os prohíbe incluso la entrada para la profesión de Fe y para la devoción a la Sede del Beatísimo Pedro. Y mientras se os ha impedido el acceso a la Basílica Vaticana mediante barreras y en Santa María la Mayor se os ha concedido solamente una Misa rezada en lugar del solemne pontifical, hace pocos meses se acogía a grupos LGBTQ+, con sus banderas arcoíris y sus eslóganes blasfemos, y a una abortista homoherética disfrazada de arzobispa.

Como comunidad ex Ecclesia Dei, como sacerdotes y obispos ratzingerianos cultivadores del Summorum Pontificum, la Misa de siempre os es concedida como una excepción que hay que justificar. Se os excluye cada vez más de las parroquias; se os impone la autorización del Obispo para celebrar aquello que nuestros padres celebraban sin permiso. Vuestros Institutos están sometidos a visitas e inspecciones, vuestros seminaristas son mirados con sospecha y vuestro rito es tolerado mientras no moleste.

¿Qué es esto, sino una excomunión sin proceso, o peor aún, la voluntad, por parte de las Autoridades romanas, de doblegar vuestra conciencia? Una exclusión que no se atreve a decir su propio nombre. Para evitar la sentencia, la sufrís de hecho. Para no parecer «fuera de la Iglesia», vivís en sus márgenes, con contorsiones e incoherencias que ya están a la vista de todos. Os atrevéis a decir que no existe ningún estado de necesidad, censuráis duramente a la Fraternidad San Pío X, me consideráis un paria… De ello se sigue que vuestro silencio no os preserva del castigo: solamente os priva del derecho a llamarlo injusto.

Hay que reconocer, por amor a la verdad, que León y la élite modernista-sinodalista que ocupa el Vaticano actúan con coherencia. León cree firmemente en el Concilio Vaticano II y es un entusiasta promotor de su versión sinodal: no puede sostener coherentemente el Rito de siempre, que es su desmentido viviente. Summorum Pontificum siempre ha sido una quimera: el desmembramiento del único venerable Rito en dos formas antitéticas, un permiso que depende de quien lo concede y que se retira cuando ya no sirve. Por tanto, no se os puede reprochar la confianza, sino la pretensión de querer fundamentar aquello que os corresponde por derecho divino en la coexistencia de dos ritos irreconciliables y en un indulto con el que apenas se os declara tolerados.

Tampoco os sirve de nada apelar a la libertad religiosa o de culto, o a la inclusividad sinodal, para aseguraros un taburete en el Panteón: quien pide, en igualdad de condiciones con todos, el derecho a practicar su propio culto ya ha admitido que la Misa Apostólica es una experiencia religiosa entre otras, y que la Verdad es una opinión entre las opiniones. Estas falsas libertades no protegen la Tradición: son el instrumento mediante el cual la Verdad —la única Religión— es expulsada no solo de la vida pública, sino incluso del Recinto Sagrado.

No basta con rechazar el Concilio en aquello que contradice el Magisterio, como soléis repetir. El Vaticano II ha sido un acontecimiento revolucionario y es una revolución permanente: hay que repudiarlo como tal, no enmendarlo con una lista de correcciones, porque nadie remedia mediante una exégesis benévola aquello que nació como una ruptura deliberada.

Al Cardenal Burke y a Mons. Schneider me permito decirles que su autoridad ya es enteramente una fachada: son la caricatura de sí mismos, con sus mitras preciosas y sus capas magnas, la defensa del Concilio y las concelebraciones.

Roma no calla solamente; no se limita a «toleraros», confinándoos en reservas indias cada vez más estrechas: quiere reeducaros y os lo dice, pretendiendo de vosotros —que gozáis de un seguimiento significativo en el ambiente conservador— que os convirtáis en «oposición de Su Majestad», actuando como gatekeeper —como se dice hoy— y conteniendo así la hemorragia de católicos cada vez más desorientados por vuestra aquiescencia ante los despropósitos vaticanos más escandalosos. Y ya es evidente que una oposición controlada, lejos de obtener éxito alguno para la causa del catolicismo romano, se convierte, por el contrario, en cómplice de la destrucción de la Iglesia.

He aquí, pues, la declaración pacificadora del Card. Burke: «Ciertamente, la situación actual no constituye un estado de necesidad». Pero si hoy no existe un estado de necesidad, ¿después de qué nuevo escándalo y de qué herejía inaudita encontraréis el valor para rebelaros? ¿Cuántos sapos más estáis dispuestos a hacer tragar a quienes os consideran un referente moral y doctrinal? Después de Amoris Lætitia, la Pachamama, la Declaración de Abu Dabi, Traditionis Custodes, Fiducia Supplicans, Mater populi fidelis… ¿y después de que se os haya impedido profesar vuestra Fe sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles?

Como he escrito en Scisma capitale: «Mientras una parte de los católicos (los llamados conservadores) se obstine en no querer reconocer el bipolarismo del “papado conciliar y sinodal”, se encontrará en la terrible situación de prestar un asentimiento deliberado al error; en la tremenda posición de quienes, con esa complacencia cortesana en una obediencia servil, crean las premisas de la “desertio”, del abandono de Dios, del retiro de la Gracia. Es precisamente ese reconocimiento del error lo que lo institucionaliza, lo que lo hace irreversible, lo que desarma toda resistencia y lo que, en última instancia, criminaliza a quien heroicamente resiste».

Con vuestro cortés consentimiento y guardando silencio para no perder aquello que de hecho se os ha concedido, os prestáis a la operación del engaño (2 Tes 2,11).

Os bendigo y rezo por todos vosotros.

In Christo Rege,

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

Viterbo, 24 de octubre de MMXXVI S. Raphaëlis Archangeli

 

https://www.exsurgedomine.org/blog/ai-fedeli-ai-chierici-e-ai-sacerdoti-della-xv-peregrinatio-ad-petri-sedem

 

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https://x.com/ProtecttheFaith/status/2113936378606100692?s=20

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