Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

jueves, 28 de abril de 2022

FÁTIMA ACTUALIZADA POR SOR ELENA AIELLO: COMUNISMO, MODERNISMO, CASTIGO DIVINO Y EL TRIUNFO DE MARÍA

 

FÁTIMA ACTUALIZADA POR SOR ELENA AIELLO: COMUNISMO, MODERNISMO, CASTIGO DIVINO Y EL TRIUNFO DE MARÍA

  


Por SÍ SÍ NO NO

 

La Beata sor Elena Aiello

Monseñor Francesco Spadafora fue el director espiritual de la Beata sor Elena Aiello (1895-1961), fundadora de las Hermanas Mínimas de la Pasión, que desde el 2 de marzo de 1923 hasta 1961 revivió de manera dolorosísima la Pasión de Jesús y tuvo unas revelaciones privadas, las cuales son una “precisión del secreto de Fátima” -como escribe el mismo Spadafora[1]– y, por tanto, de la lucha perenne entre la Virgen y la serpiente (Gén., III, 5), la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás (San Agustín, De Civitate Dei), con la periódica y aparente, pero efímera prevalencia de las fuerzas del mal[2].

La “sinagoga de Satanás” contra la Iglesia de Cristo

Escribe Spadafora: “En la lucha violenta, sangrienta y sin cuartel que el judaísmo llevará a cabo contra la Iglesia, no sucumbirá esta, sino aquel. La persecución acompañará siempre a la Iglesia, que saldrá vencedora y purificada de ella. San Juan parte del enemigo entonces actual (estamos alrededor del 90 d.C.). El verdadero peligro no es tanto la violencia desde el exterior como la desunión interna, la flexión de la pureza de doctrina y la relajación de las costumbres. La Iglesia ha sido y será siempre perseguida por las fuerzas del mal, pero ha salido y saldrá siempre victoriosa y purificada: su arma invencible es la oración [y no la “acción radical”, como va despotricando recientemente algún “cembalum tinniens” (1 Cor., XIII, 1), ndr], la fidelidad inmutable a su Fundador y a la doctrina evangélica. El mensaje de Fátima está perfectamente en línea con el Apocalipsis de San Juan” (F. Spadafora, Fátima y la peste del socialismo, Roma, Giovanni Volpe Editore, 1974, pp. 15-17).

El verdadero peligro

La “sinagoga de Satanás” (Apoc., II, 9) o “contra-iglesia”[3] ha perseguido siempre a Cristo y a su Iglesia hasta alcanzar su vértice. Especialmente con el Concilio Vaticano II (1962-1965) y la reforma de la Misa (1969), el plan de la “secta secreta / foedus clandestinus” modernista, como la llama San Pío X en el Motu proprio Sacrorum antistitum (1 de septiembre de 1910), de erosionar la Iglesia desde el interior se ha hecho realidad de manera impresionante y misteriosamente inicua[4]. El verdadero peligro hoy no es el comunismo o el Isis, que han producido y producen mártires con su persecución cruenta, sino el americanismo modernista[5], que produce apóstatas y depravados con su corrupción doctrinal y moral interna en el ambiente católico y eclesial.

Fátima 1917-1958

Spadafora, tras haber resumido el contenido de las revelaciones de Fátima de 1917, añade el mensaje que sor Lucía recibió el 28 de mayo de 1958: “después de la segunda mitad del siglo XX, Satanás reinará en los puestos más altos, conseguirá introducirse hasta las cumbres de la Iglesia, en ninguna parte del mundo hay orden. Dios castigará al mundo con mayor severidad que lo que lo hizo con el diluvio universal. También para la Iglesia vendrá el periodo de sus mayores pruebas: cardenales se opondrán a cardenales, obispos a obispos. Satanás marchará entre sus filas y en Roma sucederán grandes cambios. La Iglesia será ofuscada. Una gran guerra se desencadenará después de la segunda parte del siglo XX. Fuego y humo caerán del cielo. Dios castigará muy pronto al mundo. Muchas naciones desaparecerán de la faz de la tierra. Naciones sin Dios serán el flagelo elegido por Dios para castigar a la humanidad, el demonio está entablando la batalla decisiva contra la Virgen, provocando la caída de las almas religiosas y sacerdotales (Fatima e la peste del socialismo, Roma, Giovanni Volpe Editore, 1974, pp. 9-12).

Valor de las revelaciones privadas

Ahora bien, si es verdad que no hay que confundir la “Revelación divina y pública” (concluida con el Apocalipsis de San Juan alrededor del año 95 d. C.), que se debe creer con fe sobrenatural, con las “revelaciones privadas”, a las cuales no hay que dar un asentimiento de fe sobrenatural (cfr. A. Royo Marín, o. p., Teología de la perfección cristiana, Madrid, BAC, 1994, nn. 800-807, pp. 915-918), sin embargo, si no contienen nada contrario a la fe y a la moral, podemos valernos de ellas para nuestro crecimiento espiritual y no deben ser despreciadas[6].

El padre dominico español continua: “no se debe rechazar, sin más, una revelación privada porque alguna de sus partes o algún detalle sean evidentemente falsos. Puede ser que lo restante sea verdadero” (A. Royo Marín, Teología de la perfección cristiana, Madrid, BAC, 1994, n. 807, p. 917).

Las revelaciones de la Beata Elena Aiello

Elena[7] nació en Montalto Uffugo (Cosenza) el 16 de abril de 1895 y murió en Roma el 19 de junio de 1961. Sus revelaciones o mensajes sobrenaturales comenzaron en 1923, pero no fueron trascritos hasta 1937; a partir de 1938 hasta 1961 (año de la muerte de sor Elena Aiello), fueron puestos por escrito y Mons. Francesco Spadafora, además de haber conocido y dirigido personalmente a sor Elena, se valió también de sus manuscritos, en el libro arriba citado, para describir el contenido de los mensajes o revelaciones privadas de la “monja santa”.

Justamente, el criterio seguido por Spadafora para discernir la veracidad de las visiones de sor Elena es su realización.

El primer ejemplo de mensaje profético de Aiello es la carta que escribió el 23 de abril de 1940 a la hermana de Benito Mussolini, Edvige Mancini Mussolini: “[Mussolini] debe mantener a Italia fuera de la guerra. Si lo hace tendrá favores extraordinarios. Por el contrario, él ha decidido declarar la guerra [lo cual sucedió el 10 de junio de 1940, alrededor de dos meses después de la carta de la Beata Aiello, ndr], pero sepa que, si no la impedirá, será castigado por mi Justicia [v. el 25 de julio de 1943 y el 28 de abril de 1945, ndr]”[8].

En una posterior carta del 15 de mayo de 1943 a Edvige Mancini Musssolini, sor Elena escribe: “decid al Duce que este es el último aviso que el Señor le manda. Aún puede salvarse poniendo todo en manos del Santo Padre [Pío XII, ndr], si no lo hace descenderá pronto sobre él la Justicia divina… pronto caerá [el 25 de julio de 1943, dos meses después, ndr]”[9].

En otra carta de 1942, la “monja santa” preanuncia la circunstancia exacta que habría señalado el fin de la Segunda Guerra mundial: “Habrá un fuego jamás visto y entonces terminará la guerra”. Mons. Spadafora comenta: “cuando los Americanos dejaron caer la bomba atómica [6 y 9 de agosto de 1945, ndr] sobre Hiroshima y Nagasaki”[10], el cielo fue inflamado y siniestramente iluminado por el gran hongo atómico, que quemó a más de 100.000 hombres de las dos ciudades niponas.

Peor que en los tiempos del Diluvio universal

El 8 de diciembre de 1956, la Beata de Uffugo recibió un mensaje muy actual como completamiento de los de Fátima: “Los hombres ofenden demasiado a Dios[11]. El mundo está totalmente devastado porque se ha hecho peor que en los tiempos del diluvio universal… todas las Naciones serán castigadas porque son muchos los pecados que, como una marea de lodo, lo cubren todo. Mucha sangre será derramada y la Iglesia sufrirá mucho. Italia será humillada, purificada en la sangre y deberá sufrir mucho porque son muchos los pecados de esta Nación. ¡No puedes imaginar lo que sucederá! Las calles estarán enrojecidas de sangre. El Papa sufrirá mucho. Pero no tardará el castigo de los impíos. Aquel día será espantoso”[12].

Mons. Francesco Spadafora concluye así su breve excursus sobre la Beata de Uffugo (Cosenza): “Jesús se sirvió de esta alma elegida para transmitirnos el anuncio profético sobre el tremendo castigo que amenaza a la humanidad, delineado ya en el tercer secreto de Fátima; sor Elena nos comunica además lo que se refiere a Italia”[13].

Tremendos castigos sobre Italia

Estos anuncios sobre el futuro de Italia, que van desde 1943 a 1961, son resumidos por Spadafora en su obra Fatima e la peste del socialismo desde la página 69 a la página 81. Sor Elena Aiello prenuncia insistentemente

1º) la depravación de las costumbres en el mundo y en particular en Italia;

2º) la corrupción extendida entre los jóvenes;

3º) la confusión y el deslizamiento entre el mismo clero de la Iglesia (p. 69).

Ella prevé también

4º) que un pueblo avanzará desde oriente hacia Europa, invadiendo Italia hasta Roma y que “sacerdotes, religiosas y otras personas inocentes serán asesinadas bárbaramente, las iglesias destruidas” (p. 69);

5º) que la guerra atómica comenzará al alba y durará alrededor de tres días o setenta horas, y alrededor de dos tercios de la humanidad morirá (p. 70);

6º) que el pecado manchará incluso las almas de los niños[14];

7º) que el castigo será arrojado sobre el mundo por manos de los ángeles y aquellos que no quieran arrepentirse de sus pecados serán todos ellos sumergidos en un mar de fuego (p. 71);

8º) que la Iglesia es perseguida no sólo desde el exterior, sino desde el interior: “falsos Profetas circundan a Cristo en la tierra. El demonio ha desencadenado la batalla más terrible contra Dios y la Iglesia” (p. 72);

9º) que el “pecado de impureza, convertido en arte seductora y diabólica, ha llegado al colmo: la mayor parte de los hombres vive en el fango[15]. No hay esperanza de una era de paz: el mundo entero estará en guerra” (p. 73);

10º) que “el tiempo no está lejos y el mundo se convertirá en un volcán de fuego. La hora presente es una de las más terribles, se la puede llamar la hora de Satanás”[16] (p. 74);

11º) que “la inocencia de los niños es insidiada. Mira: Los ángeles teniendo en mano recipientes llenos de fuego están a punto de volcarlos sobre el mundo. Este espantoso flagelo vendrá en las primeras horas de la mañana. El cielo se teñirá de rojo, la tempestad será de fuego, varias Naciones deben desaparecer” (pp. 75-76);

12º) que “el león rugiente [el Diablo, ndr[17]] avanzará sobre la cátedra de Pedro para difundir sus errores”[18] (22 de agosto de 1960). El mundo ha caído demasiado bajo, tiene necesidad de castigos para ser purificado (pp. 79-80).

La voz de los Papas

Pío XII previó: “Casi toda la humanidad tiende hoy a dividirse en dos campos opuestos: con Cristo o contra Cristo. El género humano se ve hoy en un momento sumamente crítico, del cual se seguirá o la salvación en Cristo o la más espantosa ruina” (Encíclica Evangelii praecones, 2 de junio de 1951).

Nos encontramos en la batalla final entre la Iglesia y la contra-iglesia. La situación actual es peor que la que precedió a la destrucción de la Torre de Babel, el diluvio universal, la destrucción de Sodoma y Gomorra.

El 13 de mayo de 2010, en Fátima, Benedicto XVI dijo: “Puedan estos siete años que nos separan del centenario de las apariciones acelerar el prenunciado triunfo del Corazón Inmaculado de María”. Pero el triunfo del Corazón Inmaculado de María, según lo que la Virgen dijo a los pastorcillos en Cova de Iría, estará precedido de una terrible prueba: “martirio de los buenos, naciones aniquiladas, el Papa martirizado[19].

Juan Pablo II dijo en Fátima (13 de mayo de 1982): “Amenazas casi apocalípticas se ciernen sobre naciones y sobre la humanidad” y en 1994 declaró a Vittorio Messori que las palabras de la Virgen en Fátima “parecen acercarse a su cumplimiento”[20].

Un libro interesante

Socci, en su libro muy interesante (La profezia finale), cita a la beata Catalina Emmerick, que el 13 de mayo de 1820 escribía: “He tenido una visión de dos iglesias y dos papas […]. La iglesia más grande era una iglesia extraña, no querida por el Cielo, una falsificación de la Iglesia, la vi crecer y vi herejes de todas las condiciones ir a Roma, pero he visto una Iglesia más pequeña y perseguida, que es la verdadera Iglesia católica” (op. cit., p. 60).

Socci cita también las apariciones de la Virgen en Quito, en Ecuador, a Sor Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa (1563-1635) y escribe que la Virgen, en el lejano siglo XVII, pidió a las “almas consagradas que se inmolaran por los hombres del siglo XX, que serán las preferidas de Su Corazón, porque en aquel periodo el Infierno se desencadenará y muchas almas se perderán” (op. cit., p. 76).

Socci termina citando las quince apariciones de la Virgen en Civitavecchia (en 1995) en la localidad de Pantano (en donde ahora surge la iglesia de San Agustín) en las cuales la Virgen habló de una “amenaza de conflicto nuclear entre Occidente y Oriente, la Tercera Guerra Mundial” (op. cit., p. 86).

Estas son revelaciones privadas, pero han sido aprobadas por la Iglesia. Por tanto no se les debe dar un asentimiento de fe, pero tampoco es lícito despreciarlas.

Antonio Socci sostiene que, según el padre Joaquín Alonso (el archivista oficial de Fátima) en el tercer secreto se hablaría de «un estado crítico de la fe, […], de luchas intestinas en el seno de la Iglesia y de graves negligencias pastorales de la alta jerarquía, […] de défaillances de la jerarquía. Y es interesante advertir que la palabra défaillance, en el Diccionario Larousse, tiene estos significados: “incapacidad para desarrollar plenamente el propio papel o función, inhablilidad, pérdida imprevista y momentánea de una facultad”» (A. Socci, La profezia finale, cit., p. 26).

En un coloquio entre Sor Lucía y el padre Agustín Fuentes (26 de diciembre de 1957) la vidente dijo: «El castigo del Cielo es inminente. […]. Dios ha decidido dar al mundo los dos últimos remedios contra el mal, que son el Rosario y la devoción al Corazón Inmaculado de María. No habrá otros. Cuando El ve que el mundo no presta ninguna atención a Sus mensajes, entonces nos ofrece “con un cierto temor” la última posibilidad de salvación: la intervención de Su Santísima Madre. Lo hace “con un cierto temor” porque, si este último recurso tampoco tiene éxito, no podremos esperar ya ningún tipo de perdón del Cielo. No nos olvidemos de que Jesucristo es un hijo muy bueno y no nos permitirá ofender y despreciar a su santa Madre» (A. Socci, La profezia finale, cit., p. 28).

Conclusión

Mala praevisa minus feriunt / los males previstos hacen menos daño”, porque tenemos la posibilidad de recurrir a la oración, a la penitencia y a la conversión sincera. Hoy no puede hacerse más que esto. El mal es hoy más potente que las almas fieles que buscan sinceramente a Dios, pero la Omnipotencia divina de todo mal sabe sacar un bien mayor. Es con este espíritu de contrición unido a la confianza con el que debemos hacer frente a la prueba final, la cual se cierne hoy sobre nuestras cabezas (v. la situación en Siria, donde los EE. UU. amenazan con bombardear Damasco y la Rusia de Putin pone en guardia de que este acto desencadenaría una guerra atómica de proporciones mundiales).

 

Zephyrinus

 

(Traducido por Marianus el Eremita]

 

[1]     Fatima e la peste del socialismo, Roma, Giovanni Volpe Editore, 1974, p. 25.

[2]     Estas revelaciones están en línea con las dadas a Bruno Cornacchiola (1947-2001) por la Madonna della Rivelazione delle Tre fontane (cfr. S. Gaeta, Il Veggente. Il segreto delle tre fontane, Milano, Salani, 2016; F. Spadafora, Tre fontane, Roma, Volpe, 1984) y por la Madonna di Civitavecchia a mons. Girolamo Grillo († agosto de 2016) y a la familia Gregori en 1995 (cfr. G. Grillo, La vera storia di un doloroso dramma d’amore. La Madonnina di Civitavecchia, Camerata Picena di Ancona, Shalom editrice, 2013).

[3]     Cfr. Mons. H. Delasuss,  Il problema dell’ora presente, II vol., III ed., Proceno di Viterbo, EFFEDIEFFE, 2014-2015.

[4]     Cfr. M. Pinay, Complotto contro la Chiesa, II ed., Proceno di Viterbo, EFFEDIEFFE, 2016.

[5]     Cfr. Mons. H. Delasuss, L’Americanismo e la congiura anticristiana, II ed., Proceno di Viterbo, EFFEDIEFFE, 2015.

[6]     G. Mucci, Rivelazioni private e apparizioni, Roma, ElleDiCi, La Civiltà Cattolica, 2000.

[7]     F. Spadafora, Suor Elena Aiello, ’a monaca santa, Roma, Città Nuova, 1964.

[8]     F. Spadafora, Fatima e la peste del socialismo, cit., pp. 28-30.

[9]     Ibidem, p. 32.

[10]   Ibidem, p. 35.

[11]   Ya el 2 de marzo de 1923 sor Elena hace referencia explícita a los pecados contra la pureza y sostiene que la razón de ser, la fuerza y la protección de la castidad es el amor sobrenatural a Dios y al prójimo, sin el cual la castidad es puesta en grave peligro (cfr. Fatima e la peste del socialismo, pp. 58 y 63).

[12]   Ibidem, pp. 37-38.

[13]   Ibidem, p. 67. Para tener una panorámica más amplia, cfr. F. Spadafora, Suor Elena Aiello, ’a monaca santa, Roma, Città Nuova, 1964.

[14]   Cfr. la así llamada educación “gender” que es impuesta a los niños desde los 5 años en las escuelas de Europa.

[15]   Cfr. el así llamado “matrimonio” homosexual, legalizado en Europa entera, salvo alguna rara excepción.

[16]   “Esta es vuestra hora y la del poder de las tinieblas” (Lc., XXII, 53), dijo Jesús en Getsemaní cuando los soldados enviados por el Sanedrín se disponían a arrestarlo.

[17]   “Hermanos, sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la Fe” (1 Petri, V, 8).

[18]   Cfr. Francisco I, Exhortación apostólica Amoris laetitia, 19 de marzo de 2016.

[19]   A. Socci, La profezia finale, Milano, Rizzoli, 2016, p. 19; Id., Il Quarto segreto di Fatima, Milano, Rizzioli, 2006.

[20]   Giovanni Paolo II – V. Messori, Varcare la soglia della speranza, Milano, Mondadori, 1994, p. 243.

 

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