Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

martes, 14 de junio de 2022

EL OPERATIVO ROSARIO

 

EL OPERATIVO ROSARIO

  


La acción de recuperación de nuestras Islas Malvinas llevó el nombre de Operativo Rosario. Justamente el rosario, como en 1806 y 1807, estuvo presente entre los bravos guerreros de aquella epopeya.

Una fe, profundamente mariana, como la que comunicaba el entonces Teniente Coronel Seineldín a sus hombres, animó la gesta. Nos cuenta Kasanzew en su libro Malvinas a sangre y fuego:

 “El misticismo se contagia. Como se contagia el valor. Y eso depende de los jefes. Los del Regimiento de Infantería 25, por ejemplo, habían planificado retiros espirituales para la tropa que, en lo posible, debían llevarse a cabo de forma regular. El teniente coronel Seineldín, me decía una y otra vez: ‘Cuando vuelva, acuérdese que ustedes, los de la prensa, no estaban aquí para contar cómo abatimos un Harrier, cómo cayó la bomba y demás pavadas. Lo que hay que hacer cuando salgamos de acá, es volver con un mensaje para la creación de una nueva Argentina. Y la nueva Argentina debe ponerse a cumplir los designios de la Virgen, debe derrotar al ‘mundo’ en sentido evangélico, debe ser una Argentina cristocéntrica.” [1]

Unas páginas antes nos decía Kasanzew:

“Que la religión cumplió durante la Gesta Austral precisamente esa función de escudo, me lo atestiguaron incontables combatientes.

Uno de ellos, Miguel Savage, conscripto del Regimiento 7: ‘Estábamos en el pozo, aguantando la artillería, había muertos afuera, heridos adentro. Era un momento caótico, terrible, en cualquier momento moríamos. Yo agarré el rosario y entré a rezarlo a los gritos, entre las bombas. Y de golpe yo, y todo mi grupo, sentimos como una tranquilidad, algo mágico, una paz interior que nos daba la certeza de que íbamos a volver y que nuestras vidas iban a ser buenas. Fue algo muy lindo, sentimos a Dios bien cerca. Y nuestro pensamiento en ese momento era: ‘Dios, si Vos nos salvaste de esto, ahora en la vida te vamos a responder y te prometemos ser fieles a la fe’.” [2]

 Kasanzew relata también la experiencia de uno de los capellanes. El padre José Fernández le contaba:

 “Llorábamos todos (…). Los caídos estaban en bolsas de plástico; cuando se descubre una de esas bolsas, el capitán Videla se impresiona mucho y llama por señas al conductor del tanque: -¡Hey, mister!– el inglés baja y se acerca. Entonces, el capitán le muestra el cadáver y le dice por señas: -Mire como mueren nuestros soldados– ahí miré yo también. Se ve que el muchacho, que tenía el rosario al cuello, en la agonía había llevado el crucifijo a su boca. Murió besando la cruz de su rosario.”[3]

Sebastián Miranda, que ha indagado el tema de la Guerra de las Malvinas, nos relata:

“Pero las tropas a las que se enfrentaban los paracaidistas británicos (que eran fuerzas de elite) y a las que hacen referencia (en forma elogiosa) no eran otras que las de la sección AOR de la Compañía ‘C’ del RI 25 al mando del Teniente Roberto Néstor Estévez (…). Una vez que los lograron vencer, por haber agotado la munición, la actitud combativa no disminuyó:

‘‘…Rod Bell, infante de marina intérprete, estaba fascinado viéndolos rezar sus oraciones en la oscuridad quebrada por las llamas de las hiniestas encendidas, dirigidos por un joven subteniente baleado en una pierna y con una herida de metralla en un ojo. Algunos estaban arrodillados, otros tenían rosarios. Ambas partes eran conscientes de ser sobrevivientes de una experiencia mortífera…’.”[4]

En otra de sus obras, Miranda se dedica a indagar el influjo que pudo haber tenido la prédica de ese gran apóstol -maestro y testigo de la Verdad- que fue Jordán Bruno Genta, sobre muchos de los héroes de las Malvinas. El prólogo de su libro lo hizo Nicolás Kasanzew, quien en su Malvinas a sangre y fuego, había hecho referencia a este tema. Prologando el escrito de Miranda, afirma Kasanzew:

“El tema de la influencia del filósofo argentino Jordán Bruno Genta sobre no pocos combatientes de la guerra de Malvinas y, especialmente, sobre los pilotos de la Fuerza Aérea que diezmaron la colosal flota británica, nos proporciona la oportunidad de reflexionar sobre el todavía insuficientemente estudiado fenómeno del heroísmo. (…) Genta le dedicaba a la cuestión muchos momentos de su cátedra privada de filosofía, que tuve el privilegio de frecuentar, allá por la década del 60. Nadie puede dudarlo: en el hombre heroico anida una poderosísima fuerza instintiva, que lo empuja a realizar actos reñidos con el comportamiento común y el instinto de supervivencia. Pero a ese instinto lo legitima, potencia y le brinda un sentido trascendente la acción del pedagogo. Porque la valentía, y aún el auto sacrificio, puede entrar en contradicción con el heroísmo, si sirven a fines falaces (…). Genta, asesinado por la guerrilla marxista en 1974, fue maestro de héroes y héroe él mismo. De ahí la profundidad de su impronta en quienes, en 1982, hicieron trastabillar a las temibles fuerzas armadas del soberbio imperio británico. La audacia y el valor son potentes soportes del heroísmo, pero serán vanos, si en conjunción con esos factores no aparece también el pensamiento que define el sentido de la vida. Ese pensamiento cristiano y clásico que Genta transmitía a sus discípulos; la firme convicción de que la muerte en combate defendiendo valores trascendentes es el nacimiento a la vida eterna. Por eso, no había nada más peligroso que un halcón argentino recién confesado. El deber, el honor, la voluntad, la intrepidez, la abnegación, la resiliencia, son los elementos constituyentes que encuentran su expresión en los hechos heroicos.”[5]

El libro de Miranda está introducido por la Oración del paracaidista francés, que tanto le gustaba repetir a Genta, y que muestra el espíritu que buscó infundir en sus discípulos:

 

“Dame Dios mío lo que te queda.

Dame lo que se te rechaza.

No te pido la riqueza, ni el éxito, ni siquiera la salud.

Tantos te piden eso, Dios mío, que ya no debes tenerlo.

Dame Dios mío lo que te queda, lo que otros no quieren.

Quiero la inseguridad y la inquietud.

Quiero la tormenta y la lucha.

Y que Tú me los des, Dios mío, definitivamente.

Que yo esté seguro de tenerlos siempre,

Porque no siempre tendré el coraje de pedírtelos.

Dame Dios mío lo que te queda. Dame lo que se te rechaza.

Pero dame también el coraje, la fortaleza y la fe.”

 

     Este es el espíritu que guió a muchos de los héroes de aquella gesta. 

 

 

NOTAS:

[1] Kasanzew, Nicolás. Malvinas a sangre y fuego. Buenos Aires. 2012, p. 172.

[2] Ibídem, 169.

[3] Ibídem, 170.

[4] Miranda, Sebastián. La guerra del Atlántico Sur. Los mitos desmalvinizadores y estrategias para su recuperación. Grupo Unión & Ediciones Soberanía. 1884 Ediciones. Buenos Aires. 2017, pp. 108-109. Menciona Miranda a Estévez, caído heroicamente en cumplimiento del deber. Es célebre la carta que éste envió a su padre pocos días antes de su muerte:

     “Querido papá,

     Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡qué misión! ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía? Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.

     Lo único que a todos quiero pedirles es: 1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo. 2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante, 3) que recen por mí.

     Papá, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo.

Dios y Patria ¡O muerte!

Roberto.

[5] Miranda, Sebastián. Jordán Bruno Genta y la gesta de Malvinas. Grupo Unión & Ediciones Soberanía. Buenos Aires. 2015, pp. 7-8.

 

Fuente:

http://historiatradicion.blogspot.com/2021/08/malvinas-una-epopeya-argentina.html

 

  


  

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