Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

sábado, 15 de enero de 2022

“DESORIENTACIÓN DIABÓLICA”

 

“DESORIENTACIÓN DIABÓLICA”

  


 Padre, la Santísima Virgen está muy triste porque nadie ha prestado ninguna atención a Su Mensaje, ni los buenos ni los malos. Los buenos continúan su camino, pero sin dar ninguna importancia a Su Mensaje. Los malos, no viendo realmente caer el castigo de Dios sobre ellos, continúan su vida de pecado sin atender siquiera el Mensaje. Pero créame, Padre, Dios castigará al mundo y eso será de una manera terrible. El castigo del Cielo es inminente.”

Hermana Lucía de Fátima, 26 de diciembre de 1957

 

 Por FLAVIO MATEOS

La mencionada vidente de Fátima habló cierta vez de la “desorientación diabólica” que se esparcía por todas partes, particularmente dentro de la Iglesia (lo que el papa modernista Pablo VI llamaría más adelante “humo de Satanás”), obra del “padre de la mentira” que es sembrador de la confusión, el error, la ignorancia y la mentira, con lo cual pretende impedir que veamos claro el camino que debemos seguir (“Yo soy el camino, la verdad, la vida…Quien me sigue no anda en tinieblas” ha dicho Nuestro Señor). Con el Mensaje de Fátima ha pasado lo que la misma Hermana Lucía afirma en el acápite de esta nota: nadie le da importancia, y he allí una victoria de Satanás.

En la actual situación del mundo, parece aún más increíble que los católicos no busquen la solución donde deben, y estén dando “manotazos de ahogado”, o simplemente se conformen con lo que consideran las propias y sabias conclusiones intelectuales. Estamos en un punto en que hay que saber orientarnos en el combate y para eso, no hay otra brújula o gps que nos pueda ayudar mejor que el mensaje de la Virgen en Fátima. Es lo que tratamos de difundir desde este humildísimo y apenas frecuentado rincón de la “blogósfera”.

Es claro que se debe resistir la tiranía mundial, las vacunaciones forzadas y sus terribles consecuencias, pases sanitarios, etc. Pero lo es también que esta guerra es de una envergadura tal, que humanamente hablando ya se ha fracasado en lo sustancial, más allá de las victorias accidentales, pues detrás y por debajo hay una crisis espiritual y moral que ya no puede revertirse, simplemente porque “si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la salará?”, y la sal y la luz del mundo es la Iglesia, pero hoy y tras el Vaticano II, ha perdido su sabor y la luz apenas es visible, sólo resta un pequeño remanente fiel, en medio de una espantosa apostasía y confusión (el papa Francisco, hablando como el vicario del “Nuevo Orden Mundial” acaba de afirmar que "Vacunarse contra el covid es una obligación moral", a pesar de la abrumadora evidencia de los daños causados por muchas de esas vacunas). Entonces, es tiempo de recordar lo que la Virgen de Fátima pidió y prometió, porque de lo contrario por nuestra falta de fe y confianza, habremos merecido los terribles castigos que pueden aún caer sobre nosotros.

Apuntamos simplemente algunas señales de esta profunda desorientación, que hace falta revertir, o por lo menos de nuestra parte, mantenernos a un lado:

-El pasado 6 de enero, el valiente Arzobispo Viganò hizo una convocatoria a una Cruzada mundial del Rosario. Dice allí que “Para librar una batalla espiritual hacen falta armas espirituales. Lo han entendido bien millares de católicos, hombres sobre todo, que en varios lugares del mundo han empezado a rezar públicamente el Rosario por la liberación de su patria. Tan loable y valerosa iniciativa es el comienzo de un contraataque cristiano y un resurgir de la Fe, además de un acto solemne de veneración a la Madre de Dios”. Concordamos con esto, y de hecho ya en nuestro blog hemos hablado de las armas espirituales y del contraataque necesario de los cristianos. Enhorabuena que un obispo lo diga. Y es indudable que el Santo Rosario es una de nuestras armas más poderosas –la última junto con la devoción al Corazón Inmaculado, como hizo saber la Sma. Virgen a los pastorcitos de Fátima-, y debe proclamarse insistentemente, aplaudimos toda iniciativa a recordárnoslo. El Rosario es nuestra gran arma de guerra en esta batalla. Si todos los católicos que hay en el mundo –es decir, todos los bautizados- rezaran el Rosario, no nos encontraríamos en esta situación de la Iglesia y el mundo. Pero Mons. Viganò habla del Rosario sin mencionar en absoluto Fátima. Ahora bien, si vinculamos el Rosario al Corazón Inmaculado de María, es claro que también debemos vincularlo a aquello que pidió solemnemente la Virgen en la aparición de la Sma. Trinidad del 13 de junio de 1929: debe pedirse la consagración de Rusia, pues sólo así le será dado al mundo un tiempo de paz. Entonces, lo que debe hacerse es convocar a los católicos a rezar el Rosario (entero de ser posible) por el triunfo del Corazón Inmaculado de María y la consagración de Rusia a este mismo Corazón, y no esporádicas cruzadas que dejan de lado lo esencial. No debemos hacer lo que nuestra iniciativa nos sugiere, sino lo que la iniciativa del Cielo nos ha mandado hacer.    

-Otro signo de desorientación lo encontramos en algunos católicos otrora lúcidos (¡oh, los profesores e intelectuales!) que, habiendo dejado el mensaje de Fátima en el desván de los trastos viejos, porque sería una antigualla, algo anacrónico e inútil, se dedican a enseñar que ya estamos ante el Anticristo –o casi-, y, sin embargo, no son capaces de ver lo que tienen enfrente, y así se inoculan el experimento tóxico que llaman vacunas, y aceptan el relato oficial de la pandemia a pie juntillas, sin dedicar un minuto a investigar (¿para qué si ya saben?).

-También podemos ver la desorientación en una congregación religiosa de la Tradición que alguna vez, cuando era enteramente fiel a su fundador (“excomulgado” por los masones y modernistas romanos, algo que para él era un timbre de honor, una cicatriz de la guerra, pero para sus seguidores una “mancha” en su reputación que debía ser extirpada mediante una cirugía plástica), difundía el mensaje de Fátima, pero que cuando empezó a caer en las ínfulas de creerse “importante” y “poderosa”, se alejó de eso, para creer que mediante conversaciones, diplomacia y acuerdos prácticos podía “convertir a Roma”. Recientemente un sacerdote de esa corriente, durante un sermón, clasificó a los tradicionalistas en tres categorías: “los parásitos, los clientes, y los fieles”. Los fieles serían únicamente los que mostrasen una adhesión incondicional, ciega, becerril, hacia la tal congregación, aptos entonces para recibir todos sus sacramentos. O sea, sería algo así como el que es poseedor de un “pase sanitario”, que lo vuelve “confiable”, mientras el resto sería gente sospechosa, de segunda categoría. Desorientación diabólica, sin dudas.

-Finalmente podemos hablar del desinterés en general por el tema de Fátima, pues basta dar una mirada a las redes sociales, sitios y blogs de internet, para darse cuenta de que abundan sobremanera las informaciones referidas a los hechos de la “pandemia” o “plandemia”, pero no existe quien aporte algo para revertir y combatir efectivamente esto. Por eso no nos sorprende la falta de interés, receptividad o difusión de nuestro blog. Las tinieblas se han extendido tanto, que la gente ya no puede ver ni distinguir lo accesorio de lo importante, lo circunstancial de lo permanente. Esta indiferencia puede desanimarnos, sin dudas, sobre todo el ver que nadie hace caso a la Santísima Virgen, especialmente los buenos, los que están de nuestro lado. Pero tenemos el deber de ser fieles y por lo tanto continuar nuestro trabajo, si Dios lo permite y a la Virgen le agrada, y las circunstancias nos ayudan.

Hacen falta oración y sacrificios, adhesión absoluta a la verdad y santificación personal, para lograr que aunque sea un alma entienda que tenemos la victoria a nuestro alcance, que debemos trabajar por el triunfo del Corazón Inmaculado, que es una forma de trabajar por el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo, y que vamos hacia ese triunfo glorioso, al cual tenemos que contribuir desde ahora con nuestra fidelidad y adhesión –aquí, sí, incondicional- al mensaje de Nuestra Señora. Sin este fervor de vida, sin este compromiso, sin esta cruz que debemos ofrecer a María, corremos el riesgo de caer en esa desorientación diabólica de la que hablábamos. Tomemos en serio el mensaje del Cielo, o suframos las consecuencias, pues ya estamos avisados.

 

¡Viva el Sagrado Corazón de Jesús y el Corazón Inmaculado de María!    


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