Por DENES MARTOS
Todas las cosas están sujetas
a interpretación,
la interpretación que
prevalece
en un momento dado
es una función del poder
y no de la verdad.
Friedrich Nietzsche
Todo poder
excesivo dura poco.
Séneca
Existe
una antigua regla milenaria que se puede aplicar incluso a nuestro caótico
mundo actual: Un Imperio hegemónico siempre tenderá a preservar su
poder a toda costa contra cualquier retador. El poder político no se
regala; y menos todavía un poder político hegemónico. En la actual lucha por la
hegemonía global, Estados Unidos, ha llegado al punto en que ya no puede
mantener su poder con los medios que ha utilizado hasta ahora, por lo que está
prácticamente forzado a recurrir a medios extremos.
El
término poco utilizado que mejor describe los acontecimientos que ocurren en la
política internacional de este año es “desdolarización”. El predominio
del dólar estadounidense, principal pilar del poder global de Estados Unidos,
comenzó con las negociaciones de Bretton Woods en el verano de 1944. [1]
En ese encuentro se acordó que el dólar podía cambiarse por oro y las
principales monedas del mundo por dólares. Este acuerdo creó el Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que estaban destinados a garantizar la
estabilidad y funcionalidad del sistema. Como siguiente paso, el presidente
Roosevelt acordó con el rey saudita que el reino de Medio Oriente liquidaría su
comercio petrolero en dólares en lugar de libras esterlinas y mantendría el
superávit en bonos y acciones del gobierno norteamericano. Han pasado ochenta
años desde entonces y, según la teoría de las Ondas de Kondratiev de largo
plazo, un ciclo económico importante dura ese tiempo, año más, año menos.
La cuestión es que el cambio se aceleró a partir de 2001, cuando China se unió a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y varias plantas de producción de Estados Unidos y Europa se trasladaron a China. Hoy en día, la producción china representa aproximadamente una tercera parte de la producción mundial, que, sumada a los países de la ASEAN, puede alcanzar entre el 40 y el 45 por ciento. Estados Unidos ha exportado tradicionalmente servicios y armas, a los que se ha asociado la energía en la última década. En comparación con ellos, China exporta casi todo, y dado que el liderazgo de Beijing, a diferencia de Bruselas, no impone sus restricciones ideológicas a los demás y no sanciona a sus socios comerciales, se ha convertido poco a poco en un socio más atractivo. Actualmente China es el mayor socio comercial de 140 países del mundo.
Hasta ahora, el comercio mundial se realizaba principalmente en dólares, pero en diciembre de 2025 se lanzó UNIT, la unidad de liquidación de los países BRICS, respaldada en un 40% por oro y un 60% por la cesta de divisas de los países participantes. Hace exactamente 45 años se lanzó el ECU (Unidad Monetaria Europea), que era la moneda de liquidación de las Comunidades Europeas (CE) en ese momento, a partir del cual la moneda común creció en 2002. UNIT todavía está en el comienzo de este viaje, pero en nuestra época acelerada, ya no tenemos que esperar décadas para que la moneda de liquidación se convierta en una letra de cambio y, finalmente, en un medio de pago real. En la historia, un cambio de Imperio se produce cuando la potencia emergente es capaz de vender sus productos en su propia moneda, lo que desplaza de su trono a la moneda del imperio hegemónico. El mundo acaba de llegar al umbral de ese momento.
Esto
nos ayuda a entender por qué Estados Unidos secuestró al presidente venezolano
Maduro a principios de año, para que el país con las mayores reservas de
petróleo conocidas liquidara su comercio de petróleo en dólares. Dado que el
UNIT sería una opción mucho mejor para el país afectado por las sanciones
estadounidenses, a Venezuela le hubiera resultado posible evitar los bancos
estadounidenses y comprar tecnología, medicinas y armas de los países BRICS.
Recordemos que la fuerte intención de retirarse del petrodólar impulsó la
derrota del presidente iraquí Saddam Hussein en 2003 y del presidente libio
Muammar Gaddafi en 2011.
Uno
de los temas principales de la cumbre de Davos de Enero pasado fue el destino
de Groenlandia (más Canadá e Islandia), que al presidente Trump le gustaría ver
como nuevos estados miembros de los Estados Unidos. Un deseo probablemente
demasiado ambicioso para ser viable. Sin embargo, como objetivo de mínima, más
realista y candente, todavía quedaba la financiación de los 9 billones de bonos
del Estado estadounidense que expirarán este año y los 2 billones de dólares
recién emitidos, a los que los inversores no acuden en absoluto. De hecho,
preferirían deshacerse de sus títulos del gobierno norteamericano (Sell
America), ya que no saben qué medios "poco ortodoxos" está utilizando
la administración Trump para "gestionar" la enorme deuda.
China
lleva mucho tiempo reduciendo su exposición financiera a Estados Unidos; Japón,
el mayor acreedor hasta ahora, acaba de empezar a vender. Durante la cumbre de
Davos se sugirió que los valores del gobierno estadounidense en poder de
europeos también podrían utilizarse para ejercer presión. Washington ha
renunciado (por ahora) a la expansión del territorio estadounidense y ha
mostrado una voluntad (temporal) de apoyar (diplomáticamente) a Ucrania, por lo
que ya podría pedir a los europeos que "a cambio" renueven los bonos
estatales estadounidenses a punto de expirar. A los europeos les siguen ahora
los países del Golfo, que también cuentan con importantes reservas de títulos
públicos estadounidenses, y no es en absoluto irrelevante el ritmo con el que
esos países decidan a cambiar su comercio petrolero de petrodólares a
petroyuanes.
Así
las cosas, la acción de Estados Unidos e Israel contra Irán pretende alcanzar
varios objetivos al mismo tiempo. El tráfico en el Estrecho de Ormuz está en
peligro debido al conflicto, que en caso de prolongarse puede hacer difícil, o
incluso imposible, que los países del Golfo puedan exportar su producción. Al
igual que en la operación aérea Midnight Hammer de junio de
2025, Trump está interesado en una guerra corta que minimice las pérdidas y los
costos estadounidenses. Resulta sospechosamente "práctico" que las
próximas conversaciones ruso-ucranianas se celebren en los Emiratos Árabes
Unidos, de modo que – siguiendo el ejemplo de Groenlandia – podría ser posible
ponerse de acuerdo para incluso poner fin al conflicto iraní.
Desde
el punto de vista de Estados Unidos, es importante que Irán no adquiera un arma
nuclear, pero es al menos igual de importante que los países del Golfo no
abandonen el petrodólar y sigan financiando la deuda nacional estadounidense.
Pero, por otra parte, Israel exige un cambio de régimen en Teherán, lo cual,
basándose en el ejemplo venezolano, tiene poca importancia para Trump.
Sobre
esta base, es comprensible que Rusia y China – después de lo de Venezuela – ya
apoyan a la dirigencia de Irán, que es su aliada. Según informes de prensa, se
enviaron nuevos misiles antiaéreos y antibuque al Estado persa y, para evitar
la posible pasividad del ejército iraní, también se enviaron muchos asesores
militares. Para rusos y chinos hay mucho en juego. Si después de Caracas, Moscú
y Beijing tampoco logran proteger a Teherán, su presencia internacional y, por
tanto, el ritmo de la desdolarización se reducirán considerablemente.
Este
análisis no es, por supuesto, exhaustivo. Pero vale la pena examinar el actual
conflicto de Irán también desde esta perspectiva. Tanto como para que no venga
nadie a decir: “Es la economía, estúpido”.
Porque,
además del tintineo de sables, el tintineo de las monedas es importante.
En
especial para los estúpidos que creen que arreglando las monedas todo lo demás
se arregla solo.
[1] )- De ese encuentro participaron 44 naciones, pero hay que tener en
cuenta que la mayoría de los países del después llamado Tercer Mundo todavía
eran colonias. Por ejemplo, la India participó solo como parte de la delegación
inglesa y en gran medida América Latina se hallaba bajo un fuerte control
norteamericano.
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