“Por lo tanto, según Thiel,
no se debe regular la Inteligencia Artificial, poniéndola al servicio del
hombre, como un medio al servicio del fin intermedio (el hombre), que a su vez
está en último término orientado solo a Dios; sino dejarla absolutamente libre
para llevar a la humanidad al borde de la catástrofe (“Ordo ab Chao”). Así se
explica la actual carrera loca hacia el tercer conflicto nuclear (querida sobre
todo por Israel y Netanyahu e impuesta a Trump), que a nosotros nos parece una
locura, un sinsentido, pero para Thiel es la piedra filosofal para obtener la
venida del Mesías precedido por el Anticristo, sin el cual ni siquiera el
Mesías estaría presente entre nosotros”.
por
DON CURZIO NITOGLIA
Prólogo
Marco Dotti (docente en
la Universidad de Brescia), el 20 de marzo de 2026, escribió en la revista
“Polidemos” (del “Centro para el estudio de la democracia y de los cambios
políticos”, de la Universidad Católica de Milán) un interesante artículo, que
1º) no solo desentraña el pensamiento filosófico de Peter Thiel, sino que 2º)
también nos revela algo de lo que Thiel (aunque debía permanecer “secreto”) ha
dicho en sus conferencias esotéricas, es decir “no públicas”, sobre el Katéjon
y el Anticristo final; la última de las cuales se celebró en Roma el 15 de
marzo y terminó con la participación de los “invitados” a la conferencia
“esotérica” (reservada solo para 165 personas, rigurosamente seleccionadas, que
se habían obligado a mantener “silencio” sobre lo que allí se decía bajo pena
de una multa de 10 mil euros) en la Misa tradicional (llamada impropiamente de
san Pío V) en la parroquia de la “Trinità dei Pellegrini” en plaza Farnese en
Roma, en la “Fraternidad San Pedro” del “Instituto Ecclesia Dei”.
Marco Dotti nos explica
que la conferencia romana de Peter Thiel del 15 de marzo fue la quinta sobre el
tema del Katéjon y del Anticristo. Las primeras cuatro se celebraron en el
“Commonwealth Club” de San Francisco (EE. UU.) en el otoño de 2025. Fueron
organizadas por una Asociación (“ACTS 17 Collective College Church Flickr”,
Irvine, California) de tecnócratas cristianistas (calvinistas, evangélicos y
teocon).
Después hubo réplicas
en Oxford (GB), en Harvard (Massachusetts, EE. UU.) y en la University of
Austin (Texas, EE. UU.); posteriormente en París.
El cardenal Newman, Thiel y el Anticristo
El esquema de las
conferencias ha sido siempre el mismo, calcado sobre cuatro sermones (“El
tiempo del Anticristo”, “La religión del Anticristo”, “La ciudad del
Anticristo” y “La persecución del Anticristo”) que pronunció John Henry Newman
(1801-1890), en 1838, sobre el Anticristo, antes de convertirse del
anglicanismo al catolicismo.
El amor de Thiel por el
tema del Anticristo no es una rareza, sino que descansa en la firme convicción
de que este sigue siendo la categoría clave para comprender las dinámicas del
poder político, económico-farmacéutico y bélico del siglo XXI.
Soloviev/Biffi: el Anticristo filántropo benevolente
El filósofo ruso Vladimir Soloviev (1853-1900) escribió en
1899 (poco antes de su muerte, el 31 de julio de 1900) un libro titulado “Breve
relato del Anticristo”, que había sido citado ampliamente en
los años ochenta por el cardenal Giacomo Biffi (1928-2015), arzobispo de
Bolonia, quien había insistido fuertemente en la valencia negativa del
ecumenismo irenista.
En realidad, el carácter del Anticristo es
precisamente el de presentarse bajo las apariencias de bondad y filantropía
pacifista; en suma, “un lobo vestido de cordero” (Mt., VII, 15); justamente
como el falso ecumenismo conciliar y posconciliar de Asís (27 de octubre de 1986),
Abu Dabi (4 de febrero de 2019) y de la Pachamama (4 de octubre de 2019).
Para Soloviev, el
pacifismo, es decir la utopía de vencer el mal que agrede mediante la no
resistencia, es un error capital, que conduce a las civilizaciones a la
destrucción. Sin lucha o ascesis no hay victoria contra uno mismo, la carne, el
mundo y el demonio.
Las apariencias del
Anticristo de Soloviev son las de un superhombre, bueno, manso, progresista,
pacifista y filántropo (como Soros); pero su lado oscuro y no bien visible a
primera vista es preferirse a sí mismo antes que a Dios, defecto que reside en
las profundidades del alma humana, no solo en la del Anticristo, sino en la de
todo hombre vulnerado por el pecado original, que en el «Hombre de perdición»
alcanza el cenit de la malicia demoníaca.
Según Dotti, Thiel cree
más en sí mismo o en su “YO” que en “[D]ios”. Se presenta, pues, incluso como
el sucesor, el perfeccionador de Cristo, a quien le faltaría algo, ser como él:
el Anticristo… este es el hilo conductor del pensamiento de Thiel: la
“coincidentia oppositorum” de su compatriota Baruch Spinoza, “habens Satanam
suggerentem” (R. Garrigou-Lagrange).
Thiel querría asumir
nada menos que el papel del Paráclito, que es la Tercera Persona de la
Santísima Trinidad consustancial al Padre y al Hijo, pero —en la teología
católica— el Espíritu Santo tiene la tarea 1º) de llevar a perfección aquello
que Cristo había iniciado en su vida pública, iluminando —con los “Dones
(especulativos) de Entendimiento, Ciencia y Sabiduría”— las mentes de los
Apóstoles para hacerles comprender el significado del Evangelio de Cristo, del
cual habían retenido solo “la letra” y no “el espíritu o el significado”, que
les será explicado el día de Pentecostés; 2º) de fortalecer su voluntad, tan débil
—que había abandonado e incluso traicionado (Judas) o negado (Pedro) a Cristo—
haciéndola intrépida con el “Don (práctico) de Fortaleza, Temor de Dios y
Consejo”, hasta volver a Pedro tan valiente como para predicar a las multitudes
de los judíos su responsabilidad y culpabilidad en el deicidio.
El Anticristo en el
siglo XX se ha presentado bajo las apariencias del “Cristo cósmico” de Teilhard
de Chardin (padre de la “Nouvelle Théologie” del Concilio Vaticano II), el
“Super-Cristo ario” de los esoteristas (Julius Evola y René Guénon) o el
“Cristo Super Star” de Hollywood, dirigido por Norman Jewison († 2024).
La filosofía del Anticristo es la tentación que se cierne sobre todo hombre, cuando se siente ultracristiano, más cristiano que Cristo; en efecto, es precisamente entonces cuando nos convertimos en presa del espíritu anticrístico.
El Anticristo de
Soloviev se convierte en el Presidente de la «Europa Unida», luego del «Mundo
entero globalizado». Él promete paz, bienestar, salud, vacunas que alargan la
vida excluyendo la muerte, prosperidad y riqueza; pero en cambio serán guerras,
pobreza, epidemias y muertos por montones.
Las diversas
confesiones religiosas caerán en la trampa; vemos —a partir de Juan XXIII— cómo
también los hombres y los Pastores de la Iglesia se han homologado al mundo
moderno y contemporáneo, cayendo en la red del espíritu del Anticristo.
Sin embargo, un “pequeño resto” o una “reliquia” (Is., XX, 20)
permanecerá fiel a Cristo (papa Pedro II, según Soloviev) y no doblará la
rodilla ante el Anticristo.
Si, en 1899/1900, Soloviev no podía
imaginar el poder hipnótico y casi omnicomprensivo de la Informática, las
pseudopandemias inducidas en laboratorio o diseñadas (véase Coronavirus/19), la
Inteligencia Artificial y el Palantir de Altman; hoy Thiel conoce muy bien esta
realidad, puesto que es uno de sus promotores y proyectistas.
El
cardenal Newman y el Anticristo
Thiel se ha presentado
como el «Obstáculo», el Katéjon que “retiene” al Anticristo, no solo mediante
la tecnocracia, sino sobre todo gracias al antinomismo cabalístico; es decir, a
la perversión y violación por principio de la Ley natural y divina.
En efecto, Thiel está
“casado” con un hombre con el cual ha tenido (gracias a un útero femenino… de
alquiler) un niño, que ha adoptado a fuerza de dólares… de manera muy
filantrópica y benevolente.
Según Thiel, querer
combatir el mal o al Anticristo es anticrístico por excelencia; por ello, es
necesario apresurar su venida (y así la del “Mesías”, que para él aún no ha
venido, siendo judío) haciendo el mal y evitando el bien moral. En suma, la
filosofía de Thiel es la inversión y el vuelco del Antiguo Testamento y del
Evangelio de Cristo, sustituidos por el Talmud y por la Cábala de los Lubavitch
(Sabbatai Zevi: 1626-1676 y Jacob Frank: 1726-1791).
Por lo tanto, según
Thiel, no se debe regular la Inteligencia Artificial, poniéndola al servicio
del hombre, como un medio al servicio del fin intermedio (el hombre), que a su
vez está en último término orientado solo a Dios; sino dejarla absolutamente
libre para llevar a la humanidad al borde de la catástrofe (“Ordo ab Chao”).
Así se explica la
actual carrera loca hacia el tercer conflicto nuclear (querida sobre todo por
Israel y Netanyahu e impuesta a Trump), que a nosotros nos parece una locura,
un sinsentido, pero para Thiel es la piedra filosofal para obtener la venida
del Mesías precedido por el Anticristo, sin el cual ni siquiera el Mesías
estaría presente entre nosotros.
La guerra actual: bacteriológica y cruenta (Covid/2019; Ucrania/2022; Gaza/2024;
Irán/2025) es sobre todo una guerra
teológica, oculta y espiritual (Emmanuel Malynski – Léon de Poncins, La
guerra oculta, París, Beauchesne, 1936; trad. it., Milán, Hoepli,
1939). No se la comprende si uno se
detiene en la geopolítica, aunque sea extremadamente importante. Es el
“Misterio de la Iniquidad operante en el mundo” (II Tes., II, 7), que supera
las mentes de los hombres normales y es captado o por los satanistas y
satanólatras, o bien por los verdaderos teólogos y los santos.
En este punto, Thiel
—basándose en el Tercer Sermón de Newman (La ciudad del Anticristo)—
sostiene que la Roma antigua es al mismo tiempo el Katéjon y el Anticristo; es
decir, “obstaculiza y contiene” las fuerzas del mal.
En efecto, también la
Roma antigua, para Thiel, como los EE. UU., es tanto el perseguidor como el
defensor de los cristianos: primero con Nerón, luego con Constantino. En suma,
Roma “retiene” y “desencadena” el mal. Es Katéjon y Anticristo.
Hoy, los EE. UU. han sustituido al Imperio romano. Thiel no ve
en la Iglesia romana la continuación espiritual del Imperio temporal de la Roma
antigua, como lo han hecho la Patrística y la Escolástica. Según estas, el
papel de Katéjon es desempeñado por la Roma de los Papas, mientras a) sea
escuchada, b) en su recta evangelización de las naciones que en otro tiempo
fueron paganas, y que los Apóstoles habían convertido a Cristo.
En efecto, tanto 1º) el proceso
revolucionario y laicista de separación de los Estados de la Iglesia (desde el
Humanismo hasta la Revolución comunista y estructuralista; siglos XV/XX); como
2º) la Revolución teológica infiltrada por la Masonería judía (“Bené Berith”)
dentro del ámbito humano/eclesial (Concilio Vaticano II, Declaración Nostra
aetate del 28 de octubre de 1965: con la cual Pablo VI invierte
totalmente las relaciones, no solo entre Antiguo y Nuevo Testamento, sino entre
Cristianismo y Talmudismo, que luego (1980/1986) Juan Pablo II llevará a sus
extremas conclusiones: “Antigua Alianza jamás revocada” (Discurso en la
Sinagoga de Maguncia, 17 de noviembre de 1980); “Judíos hermanos mayores de los
Cristianos / en la Fe de Abraham” (13 de abril de 1986, Discurso en la Sinagoga
de Roma; 31 de diciembre de 1986, Discurso en el “Te Deum” en la iglesia del
Gesù en Roma).
De este modo, muchos de los hombres de Iglesia, no la Iglesia
que es divina y contra la cual “las puertas del Infierno no prevalecerán” (Mt.,
XVI, 18), han dejado de predicar el Evangelio de Jesús y de los Apóstoles, para
sustituirlo por un “contra/evangelio” de una “contra/iglesia”, llamada por san
Juan (Apoc., II, 9; III, 9) “Sinagoga de Satanás”.
En este sentido, los
hombres de Iglesia (en esto semejantes a Judas, traidor de Cristo) han hecho
que el movimiento iniciado con el Humanismo y el Renacimiento llegase a sus
últimas conclusiones también dentro del ámbito eclesial, impidiendo (como los
Fariseos del tiempo de Jesús) a los hombres escuchar la verdadera doctrina, que
ellos mismos han adulterado adecuándola a la Cábala espuria judía.
Entonces —en este 1º)
eclipse de la función social de la Iglesia, 2º) al no ser ya escuchada por los
Estados y 3º) por la falta de la recta predicación del Evangelio a las Naciones
por parte de los malos Pastores— se manifestará el Anticristo, habiendo faltado
el papel de Katéjon que la Iglesia había desempeñado hasta 1958 (muerte de Pío
XII), preparado por un proceso cinco veces secular de secularización y
laicización de la Sociedad civil, antaño cristiana: desde Constantino (28 de
octubre de 312, “Batalla del Puente Milvio”) hasta Bonifacio VIII (“bofetada de
Anagni”, 7 de septiembre de 1303).
En suma, los hombres de
la Roma cristiana han traicionado e incluso han puesto cabeza abajo a
Jesucristo, poniéndolo por debajo y haciéndolo menor respecto de aquellos (el
Judaísmo y los Judíos) que lo habían crucificado cabeza arriba.
He aquí la peligrosidad
de Thiel, que empieza a volverse cada vez más inteligible: él, en efecto,
considera que hoy los EE. UU. (que destruyeron la Europa —pese a todo— todavía
cristiana en 1939/45; luego —1990/2024/2026— el Cercano y Medio Oriente: Irak,
Palestina e Irán, que sin embargo resiste al menos hasta hoy; en suma la cuna de
la Civilización mediterránea, grecorromana y cristiana); han asumido el papel
de Katéjon, puesto que gracias al primado de su propia tecnología (la IA)
aplicada al arte militar, “retienen” la emergencia de un Nuevo Orden Mundial
totalitario (que en cambio está encarnado exactamente por los EE. UU. guiados
por Israel), que sería el Anticristo. En suma, Thiel “le da vuelta a la
tortilla”.
Sin embargo, según el
principio spinoziano de la “coincidentia oppositorum”, Thiel afirma que los EE.
UU. serían (y de hecho lo son), además del Katéjon, también el Anticristo; es
decir, la superpotencia (al menos hasta hace algunos años) que podría
convertirse ella misma en el Nuevo Orden Mundial totalitario y absoluto.
El Palantir, según
Thiel, podría servir como instrumento de poder tanto al Katéjon como al
Anticristo.
El equívoco de Thiel es
precisamente tomar el término Palantir (su “criatura” y su “empresa”) como
Katéjon y como Anticristo; es decir, el mismo término con dos significados
diametralmente distintos.
Thiel y Carl Schmitt, René Girard y Leo Strauss
En 2004 Thiel había
invertido su talento y sus capitales en Facebook; tres años después pasará a
Palantir. Fue precisamente entonces cuando publicó un libro suyo muy
iluminador, que encierra su ideología, hecha de “decir y no decir”, The
Straussian Moment; Politics and Apocalypse (2007); traducido y
publicado en italiano en 2025 por la editorial Liberilibri de Macerata
(especializada en publicaciones del pensamiento liberal, liberista y
libertario), al cuidado de Andrea Venanzoni (jurista, profesor en la Luiss y en
“Roma Tre”, autor de La derecha americana contemporánea, Historica
Edizioni, Cesena, 2025) bajo el título: El momento straussiano.
Según Thiel, en este
libro suyo (El
momento straussiano), el 11 de septiembre de 2001… puso en crisis
la fuerza política y militar del Atlantismo occidental moderno. La época de la
Ilustración y del “Contrato social”, con el cual los hombres dejaron de
combatirse para sentarse a una mesa y estipular un pacto bastante razonable de no
agresión recíproca, habría sido derrotada el 11 de septiembre de 2001.
¿Cómo resolver este jaque de la modernidad? Thiel deja que lo
digan tres personajes: Carl Schmitt (1888-1985); René Girard (1923-2015) y Leo
Strauss (1899-1975).
Carl Schmitt
Schmitt, que en un
determinado momento de su vida simpatizó con el nacionalsocialismo, responde
con la teoría de la violencia más radical a la violencia islámica.
Thiel no la hace
totalmente suya, sustituyendo a la violencia radical por el Katéjon, es decir,
frenar la violencia. Thiel acepta la idea de que debe existir una potencia
bélica y política capaz de “frenar” al Anticristo o al Islam.
Esta fuerza está
encarnada por los EE. UU., que han luchado contra Irak, Palestina e Irán.
Leo
Strauss
El segundo personaje
filosófico al que Thiel recurre para responder al dilema es Leo Strauss.
Él, en su pensamiento
filosófico/político, responde de manera esotérica; es decir, ciertas verdades,
que pueden ser peligrosas para la masa, deben ser reveladas solo a unos pocos
iniciados (como ha hecho Thiel en sus conferencias, cuya última fue en Roma, el
15 de marzo de 2026): la imposibilidad de la paz perpetua, la naturaleza
violenta del hombre.
Strauss es un verdadero
esoterista; en efecto, enseña a decir abiertamente una “tesis” al público
(exoterismo) y a susurrar otra distinta a los iniciados, los gnósticos
(esoterismo), en secreto.
Sin embargo, Thiel
afirma que el “momento straussiano” o esotérico, un día cesará y “toda verdad
oculta y secreta será revelada”. En este punto Thiel se aleja de Strauss y se
acerca a su antiguo profesor universitario en Stanford desde los años ochenta:
René Girard.
Thiel y René Girard
Según Girard, el deseo
humano 1º) es imitativo, no espontáneo: el hombre desea aquello que los otros
quieren (por ejemplo, la Nación quiere la tierra vecina); 2º) cuando el deseo
imitativo se intensifica y los objetos disputados escasean, la violencia
estalla y se ensaña con un chivo expiatorio, que primero es asesinado y luego
divinizado (como Jesús); 3º) el Judeo/cristianismo (atención al equívoco:
¿Judeo = Antiguo Testamento o Talmudismo?): Cristo inocente es crucificado, la
multitud es culpable.
He aquí el significado
auténtico, según Girard y Thiel, del Apocalipsis (Katéjon y Anticristo
incluidos) o “Desvelamiento”: el Apocalipsis es el “Desvelamiento o la
Revelación” de la violencia que funda la sociedad humana, pero una vez
desvelada y desenmascarada, esta índole violenta de la humanidad pierde su
fuerza destructiva.
La alternativa a la
violencia, destructiva según Girard, es la conversión cristiana auténtica; es
decir, la renuncia radical a la violencia.
Ahora bien, Thiel
adhiere a esta perspectiva pero con una reserva que lo separa de Girard (que
era católico) y lo acerca a Schmitt, que había adherido al nacionalsocialismo.
Además, Girard era un
pacifista; él propugnaba la renuncia total a la violencia e incluso a la
defensa que —para Thiel— solamente habría podido salvar a la humanidad del
apocalipsis.
Si, por una parte,
Thiel comparte el análisis de Girard, por otra no acepta su conclusión no
violenta o totalmente pacifista. En efecto, Thiel fue cofundador de Palantir,
una empresa de investigación al servicio de los Servicios Secretos atlánticos y
sionistas; famigerados por su violencia. Financiador de campañas electorales de
candidatos presidenciales (Trump) muy violentos y agresivos. Él es todo menos
un pacifista.
En su obra El
momento straussiano (2007), la tensión entre Girard y Schmitt se
resuelve del siguiente modo, bastante ambiguo: el estadista cristiano, según
Thiel, debe encontrar un equilibrio —en los casos dudosos— entre la violencia
ilimitada (Schmitt) y la paz absoluta (Girard), que solo puede encontrarse en
el Paraíso. Sin embargo, la mejor parte es la de la paz.
Ahora bien, la frase
“en los casos dudosos” es exactamente la ambigüedad que permite pasar al plano
de acción político/militar, pues es necesario establecer quién puede decidir
cuáles son los casos dudosos; cuándo la paz debe cesar y si se puede llegar a
la acción necesariamente violenta.
La respuesta de Thiel
es: “¡El estadista cristiano!”; sin embargo, en el lenguaje de Thiel el
“estadista cristiano” es el “tecno/capitalista iluminado”, que (precisamente
como Thiel), posee los instrumentos —por ejemplo, el Palantir— para lograr
discernir aquello que los demás no ven y, por tanto, hacer aquello que los
demás no se atreven a hacer (como el Mossad) y, por tanto, 1º) puede establecer
quién puede decidir cuáles son los casos dudosos; 2º) cuándo la paz debe cesar
y 3º) si se puede llegar a la acción necesariamente violenta.
La “catedral” y el diablo
Marco Dotti nos explica que una imagen atraviesa todo el
pensamiento de Thiel, pero nunca había sido explicitada hasta sus últimas
conclusiones. Esa es la imagen de la “catedral”.
Sin embargo, al contrario del
nombre (“catedral”), para comprenderla es necesario salir de la teología y
entrar en la sociología de Silicon Valley.
Curtis
Yarvin & Peter Thiel
El término fue acuñado
por el bloguero informático Curtis Yarvin (nacido en Brooklyn en 1973, conocido
por sus posiciones de “derecha americanista extrema” y de “monarquía
responsable”, inspiradas sin embargo —por la “coincidentia oppositorum”
spinoziana— por el super/liberalismo libertario o anarquismo de derecha de
Murray Rothbard y Ludwig von Mises, que ha influido no solo en Thiel sino
también en J. D. Vance, Steve Bannon y Donald Trump) bajo el seudónimo de
Mencius Moldbug.
Él no es solo un simple
bloguero informático, sino también un fino político y un ideólogo perteneciente
a aquella facción del pensamiento “neo/reaccionario” o “Dark
Enlightenment/época ilustrada” americanista, que desde hace unos veinte años
trabaja junto al neoconservadurismo, extremándolo hacia la “derecha” y que en
2025 entró en el corazón del poder de los EE. UU., cuando Yarvin fue huésped de
honor de Trump en la Casa Blanca; llamado como consejero (aunque informal) del
círculo del vicepresidente de los EE. UU.: J. D. Vance y, por último,
inspirador del programa “DOGE” de Elon Musk, que es una iniciativa
gubernamental estadounidense (temporal), creada el 20 de enero de 2025 por la
“segunda Administración Trump” y dirigida por Elon Musk para reducir el gasto
público y la burocracia, hasta que —después de pocos meses, el 29 de mayo de
2025— Musk abandonó el proyecto por divergencias de puntos de vista con Trump.
El propio Thiel definió
a Yarvin como su “conexión” más importante; mientras que Yarvin, por su parte,
definía a Thiel como “plenamente iluminado”.
El vínculo que une a
ambos no es solo teorético o especulativo, sino también empresarial y
especulador. En efecto, Thiel ha invertido mucho dinero en la empresa
tecnológica diseñada para crecer rápidamente (“startup”) de Yarvin.
El Autor nos explica
que “catedral”, según Yarvin, designa la red de universidades, medios, agencias
gubernamentales, que funciona como una “iglesia” o “catedral” secular o
temporal; en suma, una especie de “Supermercado”, de “Templo” o de “Logia”.
Yarvin y Thiel recurren
al símbolo de la “catedral” porque ellos difunden su propio pensamiento o
“credo iluminado” con la misma eficacia e intolerancia dogmática hacia el
disenso con que la Iglesia en la Edad Media lo difundía respecto al dogma
católico.
Según Yarvin, la
Ilustración no ha logrado liberar verdaderamente a los Estados del pensamiento
religioso católico/romano, sino que lo ha sustituido por otra forma de
religiosidad: el “progresismo-woke”: amor por las minorías, igualdad de género
e inclusividad; la cual también tiene sus sacerdotes, sus dogmas, sus ritos
aunque laicos.
En suma, la “catedral”
es una especie de Katéjon al revés: en efecto, pretende contener el mal
(racismo, desigualdad, cambio climático…) y en cambio, según Yarvin y Thiel, es
ella misma el mal, que acelera la llegada del Anticristo y que se presenta
laicísticamente bajo la forma del “Nuevo Orden Mundial”, que globaliza y
reglamenta toda cosa y a todo hombre.
Ahora bien, es
precisamente en esta coyuntura donde “el diablo entra en la catedral” o mejor,
la “catedral, en vez de ser sagrada como parecía exteriormente, revela su
profunda naturaleza diabólica”.
Thiel & Yarvin: La “catedral” es intrínsecamente diabólica
Este es el punto exacto
en que la teología de Thiel y la filosofía política de Yarvin se funden. Según Thiel, el Anticristo toma el poder e
instala su reino con el miedo a la catástrofe (nuclear, climática o
tecnológica), del Armagedón y —después— ofrece una solución aparente, de modo
que las masas aterrorizadas se dejen conducir por él, al cual ceden su libertad
a cambio de seguridad (como ha ocurrido en las “grandes maniobras del
Coronavirus/19”).
La “catedral” de Yarvin
es exactamente esto: el miedo a la IA fuera de control, al calentamiento
global, a la proliferación nuclear, a la guerra atómica. Todo ello con el fin
de expandir cada vez más y sin límites su propio poder regulatorio; es decir,
el terreno sobre el cual el Anticristo construirá su reino.
En este sentido, la “catedral” de Yarvin es la inversión
exacta en 180 grados de las catedrales católicas, que son la “casa de Dios”,
donde se adora al Señor y en la cual el Señor habita. En cambio, para Yarvin y
Thiel, la “catedral” es “la casa del diablo”, en la que el poder mundano y
mundial prepara el “Gobierno Único Mundial-woke: Lgbtq-plus”.
El diablo (como explica la teología católica y
también Soloviev, que se convirtió al catolicismo romano poco tiempo antes de
morir) ya tiene, en estos tiempos, su “catedral”, habiendo hecho creer al
hombre moderno que no existe y que el infierno no existe.
El diablo se presenta sub specie boni, bajo
la apariencia de ángel bueno, mientras es ángel sí, pero maligno.
La
“contradicción que no lo permite” de Thiel
En este punto, según el Autor, Thiel cae de manera
evidente en una contradicción insanable, en una incoherencia práctica, aunque
acompañada de una aparente riqueza intelectual.
Marco Dotti se pregunta, en efecto: “Si el diablo
habita la catedral; entonces, ¿quién habita Palantir (es decir la red capilar y
global de vigilancia total) de Thiel?”. Parecería —por tanto— que Thiel está
del partido del diablo y del Anticristo, aun (¿o precisamente?) presentándose
(con cierta presunción de sí mismo) como el Katéjon.
Las empresas de Thiel (PayPal y Palantir), aunque
nacieron como medio para impedir que el Anticristo emerja y reine en el actual
contexto geopolítico mundial; sin embargo, se han convertido (consciente o
inconscientemente) en el tipo por excelencia de la alta finanza mundialista y
centralizada, que es —al menos potencialmente— una fuerza virtualmente
anticrística, que gracias a la tecnología altamente avanzada controla todo y a
todos, en el universo mundo.
El propio Thiel es consciente de ello; en efecto,
enseña —en el curso de sus conferencias y lecciones (de las que se conservan
grabaciones secretas que se han filtrado con gran discreción)— que los EE. UU.
son “el candidato natural al premio Katéjon”. Se podría precisar además que
Israel es el “candidato preternatural al premio Anticristo”.
PayPal y Palantir, de fortín para resistir al
Mundialismo se han transformado en fortaleza del Anticristo. De retenedor a propagador
del Anticristo el paso (para PayPal y Palantir) es brevísimo.
Los estudiosos de Thiel (como persona privada y
pensador) dicen que él es a la vez un despiadado analista de toda forma de
poder al discernir su peligrosidad, pero no quiere ver el peligro representado
por sus empresas de poder tecnológico: político, financiero, farmacéutico y
militar/espionístico.
Conclusión:
La verdadera naturaleza de la “teología” de Thiel
Thiel creció en un ambiente judío y
luterano/evangélico (ultra/calvinista y super/liberalista). La fe que conoció
en Stanford (como él mismo ha escrito) es “heterodoxa”, es decir es
subjetivamente toda suya. Ha mezclado el “Cristianismo” con la filosofía de Leo
Strauss, René Girard y Carl Schmitt.
El resultado, como escribe el profesor Dotti, es
“un Cristianismo sin Iglesia, pero con una escatología operativa [en el campo
financiero, político y militar/espionístico, explotando pro domo sua la
teoría del Katéjon, ndr].
Si Cristo es “Aquel que revela” (de Apocalipsis:
“desvelamiento o revelación”) la violencia anticrística; el Anticristo es aquel
que busca volver a cerrar, contener o represar esta irrupción de la violencia
anticrística.
¡Atención! El Katéjon, es decir “Aquel que retiene
el mal”, de Thiel es ambivalente; en efecto, es tanto aquel que podría contener
el mal destructivo; como aquel que podría desencadenar el mal o al mismo
Anticristo. Más aún, él podría transformarse tanto en uno (Anticristo) como en
el otro “Aquel que lo retiene” (Katéjon).
Este sistema filosófico/político/económico es el
“cristianismo” americanista de Thiel, que une en una especie de ensalada rusa o
“batiburrillo” francés la filosofía de Girard, de Strauss y de Schmitt.
Su sistema filosófico no solo es ambiguo,
sino también voluntaria y secretamente o esotéricamente destructor. En efecto,
el diablo no es para él una persona angélica totalmente e irremediablemente
malvada; no es la negación del Bien (“Non serviam”, “Eritis sicut Dii”), no
representa las tinieblas que se oponen a la luz (Cristo), sino que es una media
luz vespertina y crepuscular, reino de la ambigüedad, de lo incierto, de la
duda metódica y siniestra.
Si el endemoniado es el
poseído por el demonio, el poder según Thiel es ser poseídos por la voluntad de
omnipotencia, sin la cual no se podría construir nada grande e imperecedero
(como Palantir).
Por ello, es necesario
estar llenos de voluntad de potencia de superhombre, de lo contrario se
convierten en fracasados, en perdedores, sin ningún poder ni la capacidad
operativa bélica/espionística/empresarial de Palantir.
Esta es la naturaleza conclusiva de la filosofía de Thiel.
d. Curzio Nitoglia
https://doncurzionitoglia.wordpress.com/2026/04/16/marco-dotti/
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toda regla para el tecnofascismo
El nuevo
manifiesto de Palantir es un plan en toda regla para el tecnofascismo El
imperio de software de vigilancia masiva y armas autónomas de Alex Karp, CEO de
Palantir, acaba de publicar un manifiesto que constituye un proyecto
explícito para convertir a Estados Unidos en un estado tecnofascista y
tecnofeudal impulsado por inteligencia artificial avanzada. El documento de 22
puntos, publicado en la página de X de la empresa y extraído de su libro The
Technological Republic, mezcla el entusiasmo del movimiento tecnocrático
estadounidense de los años 30 con elementos inquietantemente similares a los de
los ideólogos fascistas del siglo XX. Estas son sus principales tesis: Convertir
a la "élite ingenieril" de Silicon Valley en la nueva aristocracia,
obligada a "participar en la defensa de la nación" y con más peso en
la construcción de la "gran narrativa" nacional. Rechazar el
"pluralismo vacío y hueco" y la "decadente" cultura del
iPhone de consumo. Reconocer los límites del "poder blando" y exaltar
el "poder duro", que "en este siglo se construirá sobre
software". Plantear la carrera armamentística en IA bajo la premisa de
"si no lo hacemos nosotros, lo harán nuestros enemigos", utilizando
la inevitabilidad tecnológica como excusa moral. Declarar el servicio militar
obligatorio como "un deber universal" y pedir el fin de los ejércitos
profesionales voluntarios. Exigir el rearme de Alemania y Japón. Despreciar a
la clase dirigente estadounidense actual, calificándola de "lista de
vasijas vacías e ineficaces", y sugerir que "exponer sin piedad la
vida privada de los cargos públicos ahuyenta el talento" — o sea, que
mejor no abrir los archivos de Epstein. Derramar elogios patrióticos sobre los
"valores progresistas" de EE.UU. y su supuesta indispensabilidad para
la "paz extraordinariamente larga" tras la Segunda Guerra Mundial,
alardeando de la superioridad de la cultura occidental, que "ha producido
maravillas" mientras que "otros han resultado mediocres o, peor,
regresivos y dañinos". En resumen, una crítica al pluralismo decadente y
vacío, la necesidad de una nueva 'élite' que prometa "la solución",
demandas de sacrificio nacional, rechazo de las limitaciones liberales,
determinismo tecnológico, jerarquización de culturas y una reescritura del
orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esta película ya la hemos visto antes…
@Irinamar_Z

