Por FR. ANGELICO, O.P.
(Sermón predicado en la iglesia del Convento dominicano de
Avrillé)
En el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Queridos
fieles, ¿por qué están aquí?
Para
asistir a la misa, me dirán.
Sí, pero
¿por qué no en la iglesia parroquial cerca de su casa? ¿Por qué venir hasta
aquí?
Responderán:
para tener la misa tradicional.
Sí, pero
perfectamente podrían ir a Notre-Dame de Victoire (1). Tienen una iglesia muy
hermosa, espaciosa, con un estacionamiento pavimentado y gente amable.
Entonces,
¿por qué venir hasta aquí? ¿Por qué afrontar los baches que dañan su automóvil
para ocupar un lugar en una iglesia estrecha donde muchas veces casi no se ve
nada? Además, si fueran a misa en Notre-Dame de Victoire, estarían en regla con
las autoridades de la Iglesia. Porque allí la misa se celebra por indulto, es
decir, con el permiso del obispo.
Ya no
serían tratados por su familia, amigos y colegas como integristas, cismáticos,
fascistas o conspiracionistas. Eso sería muy conveniente hoy en día.
Entonces,
¿por qué no podemos ir a misa a Notre-Dame de Victoire o a cualquier otra misa
de indulto (2)?
Vamos a
ver las razones, clasificándolas en tres categorías.
Primero,
las razones no válidas; luego, las razones válidas pero accidentales; y
finalmente, la verdadera razón esencial.
En primer
lugar, las razones no válidas para determinar la elección de un lugar de misa
serían los horarios, la cercanía, la costumbre, las amistades o la personalidad
del sacerdote.
Claro,
salvo que todo lo demás sea igual. Si encuentran dos lugares donde nada impide
asistir a misa, es evidente que se puede elegir el más práctico.
Veamos
ahora las razones válidas pero accidentales.
Por
“accidentales” no queremos decir sin importancia, sino razones que no siempre
existen, cosas que a veces no se aplican, pero que ocurren en la mayoría de los
casos.
Primero,
el peligro de las influencias modernistas y mundanas.
Principalmente
en los sermones: errores no denunciados, errores modernos como el ecumenismo,
la libertad religiosa y otros errores provenientes del Vaticano I. Estos
errores no son denunciados.
Si a
veces se denuncian algunos excesos de la Iglesia conciliar, nunca se denuncian
los errores de fondo, y sobre todo no el Concilio Vaticano II, que es el origen
de las herejías modernas.
No pueden
hacerlo, porque eso los llevaría al obispo que los mantiene bajo control. Yo
mismo he oído a un sacerdote de una comunidad rallié decir: “Oh, no podemos
decir eso a los fieles, porque si lo hacemos, el obispo nos quitará el permiso
para realizar bautismos”.
Además,
la mayoría de los sacerdotes que celebran la misa de indulto o pertenecen a
estas comunidades no quieren predicar contra el Vaticano II.
Les cito
una frase pronunciada por quien actualmente celebra la misa en Notre-Dame de
Victoire. Es público, estaba en el boletín: “Intento desde hace años mostrar
que el Concilio Vaticano II puede y debe ser recibido no como una ruptura, sino
como una continuidad con el magisterio anterior”.
Entonces,
es evidente que en sus sermones no va a criticar el Vaticano II.
Por lo tanto, estos errores no son denunciados, y eso basta para hacer perder el espíritu de fe. Basta con dejar de oír ciertas cosas para perder el espíritu de fe. ¿Y qué decir de los sermones donde los errores son directamente predicados?
Aparte de
los sermones, están los anuncios diocesanos, las invitaciones a ceremonias
modernistas o carismáticas, conferencias, peregrinaciones, el nuevo calendario
litúrgico con falsos santos como Juan Pablo II, que besó el Corán; las nuevas
devociones con los misterios luminosos; las falsas apariciones; y finalmente
los propios fieles que, aunque de buena voluntad, pueden ser vectores de
mundanidad por su forma de vestir o de hablar.
Después
de esto, en segundo lugar, están las dudas sobre la validez de los sacramentos.
Hay
lugares donde la misa de indulto es celebrada por un antiguo miembro de la
Fraternidad San Pío X, ordenado por un obispo tradicional; en ese caso,
ciertamente es sacerdote, pero es raro. Los demás han sido ordenados por
obispos conciliares. Y aunque haya sido ordenado en el rito tradicional, puede
haber dudas sobre la ordenación del obispo que lo ordenó.
Las
comunidades ralliés no tienen obispos como nosotros. Nosotros consagramos
cuatro obispos precisamente para que los fieles tengan certeza sobre los
sacramentos que reciben.
En tercer
lugar, está la mezcla de hostias: existe el riesgo de que hostias consagradas
en la nueva misa sean distribuidas en la misa tradicional o viceversa, lo cual
podría ser ocasión de sacrilegio si se reciben en la mano.
Estas son
razones accidentales, que siguen siendo válidas, pero que son solo
consecuencias del verdadero problema de fondo.
¿Cuál es entonces la razón esencial por la
que no se puede asistir a esas misas?
Es que la misa no es una devoción privada.
Una
devoción privada, como el rosario o el vía crucis, es algo personal de quien la
realiza. Pero la misa es diferente: es un acto de culto oficial y público
realizado en nombre de toda la Iglesia.
Al
celebrar la misa, el sacerdote no actúa como un individuo privado, sino como
ministro de la Iglesia.
Incluso
una misa base, celebrada con un solo monaguillo en una cripta a las 5:30 de la
mañana, es un acto realmente público y oficial de la Iglesia.
Por
tanto, la misa tiene una dimensión social, pública y oficial, quieran o no los
asistentes, y aunque no lo piensen.
¿Y qué
relación tiene esto con nuestro tema?
Que este
carácter público de la misa tiene consecuencias.
Actuando
como ministro de la Iglesia, el sacerdote debe cumplir ciertas condiciones.
Además, existe necesariamente un vínculo entre
nuestra asistencia a la misa y la posición pública de la estructura
eclesiástica a la que pertenece el sacerdote que la celebra. Es decir, al asistir a una misa, respaldamos de hecho
la posición pública del sacerdote celebrante.
Y la posición pública del sacerdote es la de
la autoridad de la que depende, de la organización a la que pertenece
libremente, independientemente de sus opiniones personales.
Por ejemplo,
al asistir a una misa celebrada por un sacerdote de una iglesia cismática (como
los griegos cismáticos), se realiza públicamente un acto cismático, incluso si
no se está de acuerdo con el cisma o si el propio sacerdote no está de acuerdo
con sus superiores.
Del mismo
modo, al asistir a una misa celebrada por un sacerdote dependiente de las
autoridades de la Iglesia conciliar, se declara públicamente, se quiera o no,
que se está de acuerdo con sus posiciones.
La conclusión es clara: no tenemos derecho a participar
en misas celebradas por un sacerdote diocesano en el marco de un indulto
concedido por un obispo conciliar.
Porque al hacerlo, respaldamos las
desviaciones de la Iglesia conciliar, incluyendo toda su agenda, y sobre todo
respaldamos la mayor desviación: la nueva misa misma.
Porque las condiciones del indulto promulgado en
1984 son muy claras: hay obligación de reconocer la legitimidad de la nueva
misa.
Leo la
primera condición: debe quedar establecido sin ambigüedad, incluso
públicamente, que el sacerdote y los fieles no tienen ningún vínculo con
quienes cuestionan la legitimidad y la rectitud doctrinal del misal romano
promulgado en 1970.
Ellos
mismos reconocen esta importancia del vínculo público con las autoridades.
Lo mismo
se aplica a todas las misas celebradas por sacerdotes pertenecientes a grupos
eclesiales reconocidos oficialmente, que aceptan el Concilio Vaticano II y
reconocen la nueva misa como válida.
Estas cosas pueden ser difíciles de entender
para nuestra mentalidad individualista del siglo XXI.
Cada uno vive su vida y deja a los demás
hacer lo mismo. La religión se considera una elección personal. Ya no se
percibe que nuestros actos religiosos tengan una dimensión social.
Sin
embargo, esta dimensión se aprende en la familia, por ejemplo, mediante la
oración familiar, que no es una suma de oraciones individuales, sino la oración
de la familia como tal.
Se pueden
plantear algunas objeciones.
Por
ejemplo: el sacerdote que celebra la misa de indulto critica mucho al Papa
Francisco.
Pero eso
no importa. Sus opiniones personales no cuentan cuando actúa como ministro de
la Iglesia en el altar.
Otra
objeción: soy estudiante y en la ciudad donde estudio solo hay misa de indulto.
Pero si
se va aunque sea una vez, se pierde credibilidad y ya no se puede criticar esa
elección.
No se
puede dar testimonio público de la fe con prácticas conciliares.
Por eso,
en este domingo de misiones, añadimos estas oraciones para que la fe de
Jesucristo se extienda en el mundo.
Tratemos
de vivir nuestra fe en decisiones a veces difíciles, no solo con palabras, sino
también con actos.
Es cierto
que a veces es difícil, pero por eso mismo tiene más mérito y es más
estimulante.
El
combate de la fe siempre ha sido exigente, pero también inspirador.
Pidamos
esta gracia a la Santísima Virgen María.
En el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Sermón: https://www.youtube.com/watch?v=nrNLgtAvqms
NOTAS:
(1) La
Basílica de Nuestra Señora de las Victorias en París, famosa por sus 37.000
exvotos, es un importante lugar de peregrinación mariana. Aunque es
administrada por la diócesis, ocasionalmente acoge celebraciones de la
Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP).
(2) Misas
de indulto o de los ralliés. La palabra rallié
viene del francés rallier, que significa “reunir” o “volver a juntar”. En
el sentido católico, ralliés
tiene un significado histórico muy específico: se refiere a los católicos que
aceptaron adherirse (o “acordar”) con el régimen político republicano (laico y
masónico) en el contexto de Francia a finales del siglo XIX. El término viene
de la política impulsada por el papa León XIII, conocida como el “ralliement”, que pidió a los católicos
franceses, casi todos monárquicos, que aceptaran la República francesa para
intentar influir políticamente desde dentro del régimen, lo cual no dio buenos
resultados. Así los ralliés eran los católicos que obedecieron al Papa y decidieron reconciliarse con la República en vez de oponerse
a ella. En tiempos actuales se denomina ralliés o acuerdistas los que
pretendiendo seguir con la misa tradicional (o en la “Tradición”) han acordado
con la Roma modernista conciliar, a cambio de lo cual deben mantener silencio
sobre los errores modernistas y sus divulgadores. Casi todos los nuevos ralliés
han salido de la FSSPX, que hoy en día tiene sus propios ralliés internos que
trabajan para ese “acuerdo” con la Roma liberal-masónica.
Sobre el
tema del “Ralliement” hay buenos escritos del Padre Emmanuel Barbier, de Philippe
Girard y en español de Rubén Calderón Bouchet.
