Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

martes, 26 de mayo de 2026

¿PUTIN ES DISCÍPULO DE SOLZHENITSYN O DE DUGIN? – PRIMERA PARTE

 


por DON CURZIO NITOGLIA

 

PRIMERA PARTE EN CUATRO CAPÍTULOS

Introducción

Inicio una serie de artículos para estudiar la cuestión de la “forma mentis” de Vladimir Putin, con el fin de intentar comprender, en la medida en que lo permita la limitación de la mente humana, cuál es —realmente y más allá de las apariencias— su “modus operandi” como líder político, militar e intelectual.

Este es el primero y, para comodidad del lector, lo he dividido en cuatro capítulos.

Premisa

Algunos a) consideran que él ha permanecido bolchevique y que la guerra actual es la “perenne” (desde el lejano 1945) “guerra fría”, cada vez más recalentada —a partir del primer mandato presidencial de Putin (7 de mayo de 2000, hasta 2014/2022)— entre el bolchevismo y Estados Unidos; otros, b) que fue formado y sigue estando influenciado por el pensamiento gnóstico/esoterista (de impronta sobre todo evoliana y también secundariamente guenoniana) de Dugin. En cambio, otros más (y me parece más correctamente), c) lo consideran un convertido real y sinceramente al cristianismo (aunque en la forma del cisma llamado ortodoxo) y al sano amor de la patria, gracias a la influencia que ejercieron sobre él el pensamiento y el ejemplo de un gigante de la filosofía antimoderna y antiatlántica (Aleksandr Solzhenitsyn, † 3 de agosto de 2008), quien soportó primero la reclusión en Siberia por parte de los soviéticos y luego el “silenciamiento” democrático de la subcultura americanista a partir de su discurso pronunciado en la Universidad de Harvard el 8 de junio de 1978, al cual se añadió, finalmente, la publicación de su última obra —en 2007— publicada en francés por Fayard y traducida inmediatamente al italiano en el mismo año por Controcorrente de Nápoles (Dos siglos juntos), en la que desentrañaba la enorme influencia ejercida por el judaísmo internacional sobre la historia de Rusia en el siglo XIX (1.er volumen) y luego el papel preponderante (no exclusivo; se trataba solo del… 98 % de los dirigentes de la Revolución bolchevique que eran de origen judío) en la revolución bolchevique durante el siglo XX (a partir de octubre de 1917); obra que le costó el olvido definitivo por “antisemita”…

Esta primera serie de artículos comprende cuatro capítulos que abordan sobre todo el pensamiento de Dugin, en su forma esotérica (1.er capítulo); en el 2.º capítulo se comparan —de manera sumaria, por ahora— las personalidades (con sus filosofías) de Dugin y Putin para poder distinguir sus afinidades (poco consistentes) y sus divergencias (enormes); en el 3.er capítulo se desentraña el alcance metafísicamente nihilista del pensamiento de Dugin y en el 4.º capítulo se explica qué es el nihilismo metafísico (al que Dugin remite teóricamente, añadiéndole la magia infernal, como hizo Julius Evola con su “Idealismo mágico”, para llegar realmente a “crear” la realidad —gracias a la magia— y no solo a teorizar —con la sola filosofía— el primado del pensamiento sobre el ser).

De hecho, Dugin, como Evola, no solo no pertenece a la Modernidad, sino que (¡atención!) ni siquiera le es contrario; más bien, la sobrepasan y la empeoran, pasando α) del Idealismo moderno (que va de Descartes a Hegel: †1650 / †1831); es decir, aquella filosofía inmanentista y subjetivistamente relativista que considera la razón humana omnipotente hasta el punto de crear ella misma la realidad, como si fuera divina (“Cogito, ergo sum”), β) al nihilismo filosófico posmoderno; es decir, a la negación destructora: 1.º) de la razón, que consideran incapaz de conocer nada; 2.º) de la moral, haciendo del mal el bien y viceversa; 3.º) del ser creado y sobre todo del Increado, objeto último del odio nihilista, desencadenado a comienzos del siglo XX con Marx (materialismo), Freud (pansexualismo) y Nietzsche (superhumanismo) y que nos ha llevado ahora al “redde rationem”, iniciado primero en 1991 con la guerra del “terror infinito” de Estados Unidos contra Irak; luego con el 11 de septiembre de 2001 para desencadenar la segunda guerra en 2003, que tenían como “término precursor”: la guerra bacteriológica del Coronavirus/19 (2019); la guerra OTAN/ucraniana/rusa (2022); la shoah de Gaza (2024/26…) más el Líbano, Siria y finalmente Irán, que quizá será el trampolín hacia la catástrofe final… que tiene como “término último” el Reino del Anticristo final.

Conclusión

Me parece que el pensamiento, la personalidad y el arte de gobernar de Putin no son atribuibles al pensamiento posmoderno o nihilismo metafísico de Dugin (ni mucho menos al marxismo de Lenin); sino a la filosofía madurada por Solzhenitsyn en los ocho años de Gulag en Siberia, que lo llevó del bolchevismo a a) el cristianismo antimoderno, antiamericano y b) al amor por la historia de su patria, que es esencialmente filosófico-religiosa y está muy cercana a lo que fue Europa cuando era cristiana, destruida por Estados Unidos y la UE.

Me parece, por tanto, probable —no absolutamente cierto— que Putin esté desempeñando el papel de “Katéjon/Aquel que retiene” frente a las fuerzas de la subversión mundialista (neoconservadurismo puritano y judeo-masónico americanista) que querrían conducirnos al Reino del Anticristo final.

En esta época en la que nos toca vivir, me parece inútil devanarse los sesos, atormentarse y pelear para imponer la propia opinión; bastará esperar un poco de tiempo y “si son rosas florecerán; si son espinas pincharán”…

 

CAPÍTULO I

DUGIN Y SU PENSAMIENTO

Prólogo

Aleksandr Dugin ha escrito que Rusia debe sostener los valores de Israel, a condición de que Israel abandone a Estados Unidos y se alinee con Rusia.

Algunos sostienen que Putin, de manera discreta, tiene la misma posición duginiana…

Ahora bien, Dugin también tiene contactos con la extrema derecha israelí y especialmente con Kach (“Así”), el movimiento sionista terrorista fundado en 1973 por el rabino Meir Kahane (asesinado en 1990 en Nueva York por un estadounidense de origen egipcio) y disuelto en 1988 por la Corte Suprema israelí, dado su incitamiento al odio y su peligrosa violencia.

Además, son (poco) conocidos por el público los vínculos de Dugin con el escritor esotérico Yuri Mamleyev, sus simpatías por los movimientos ocultistas e incluso satanistas, que llevaron a su expulsión del movimiento ruso Pamjat.

Su pensamiento puede resumirse en dos principios básicos: 1.º) Rusia debe sostener los valores de Israel; 2.º) “como guenoniano, considero a De Maistre un personaje muy positivo. Existe un proyecto para organizar una conferencia tradicionalista titulada: ‘Las veladas de San Petersburgo’ en honor de Joseph De Maistre, invitando a tradicionalistas y conservadores de diversos países, europeos y asiáticos, para repensar la tradición conservadora en general”.

d. Curzio Nitoglia

fin del 1.er capítulo

 

Putin Solzhenitsyn 2

CAPÍTULO II

PUTIN, DUGIN, DE MAISTRE Y LOS “TEOCON”

Preámbulo

Los recientes acontecimientos bélicos en Crimea y en Ucrania (enero/septiembre de 2014, que desembocaron en la guerra ruso-ucraniana de 2022/26) nos hacen tocar con la mano aquello que hasta ayer podía parecer, a los ojos de la mayoría, solo una probabilidad.

El Nuevo Orden Mundial quiere destruir a Putin y a la Rusia putiniana, porque están desempeñando (o al menos así parece) el papel del Katéjon, es decir, “El obstáculo que retiene” (san Pablo) a las fuerzas de la Subversión mundialista y globalizadora (Israel, Estados Unidos y la Arabia Saudita wahabita).

Putin se ha convertido ya para los medios financiados por la “contraiglesia” (piénsese que en Italia Corriere della Sera, la Repubblica y La Stampa de Turín pertenecen los tres a la familia Elkann) en el nuevo Hitler, el nuevo Saddam, el nuevo Gadafi o el nuevo Assad que debe ser eliminado. Se comienza con la manipulación del pensamiento (Putin ya es presentado como loco) mediante prensa, televisión y radio para terminar con una condena capital pública y ejemplar (como sucedió con Saddam y Gadafi), una especie de “Núremberg 1946/permanente” que no pasa y no debe pasar, igual que la shoah.

La Europa e Italia del siglo XX, esclavas de Estados Unidos ya desde la primera y sobre todo desde la segunda guerra mundial, se han convertido en una mera base logística de aterrizaje y lanzamiento para los aviones de Estados Unidos e Israel (que también, desde hace algunos años, tiene una parte de su flota aérea estacionada en Cerdeña).

La Unión Europea del siglo XXI es geopolítica y financieramente un apéndice de Norteamérica, más aún, una apendicitis inflamada y ya purulenta próxima a la peritonitis; aunque con el segundo mandato de Trump parecería que la política estadounidense respecto de Europa ha cambiado, aun cuando Estados Unidos no puede prescindir de muchas bases militares en el Viejo Continente, como cabeza de puente entre el Atlántico, Oriente Próximo y Medio, los Urales y China.

Sin embargo, algunos pensadores europeos se están preguntando (y otros lo admiten abiertamente) si la política de la UE hacia Rusia, como ocurrió con Irán y Libia, no es autolesiva para la economía y la supervivencia física de la Vieja Europa.

De hecho, el embargo decretado por Estados Unidos y la UE contra Rusia tiene repercusiones muy graves sobre la economía europea, ya en semi-quiebra manifiesta desde 2010.

El aliado natural (físico, histórico, cultural y geográfico) de Europa ¿no deberían ser las naciones limítrofes del este europeo y del Mediterráneo: la Rusia occidental o europea (no forzosamente la asiática), Siria y Libia?

¿No es el Atlántico un espacio demasiado vasto y lejano (respecto del Mediterráneo y de Europa del Este) como para poder ser atravesado fácilmente y abastecer, por ejemplo, a Europa occidental de gas, que Rusia ya no nos dará más (porque nosotros lo rechazamos) y que los yihadistas del ISIS han, recientemente, casi quemado por completo en Libia tras la desaparición (decretada por Estados Unidos del presidente Obama y ejecutada por la Francia del presidente Sarkozy) de Gadafi?

Y, sin embargo, la UE se ha alineado, suicidamente, contra sus vecinos de tierra y mar, con los cuales comerciaba (importando y exportando) y con los cuales ya no podrá hacer negocios precisamente en el momento de mayor necesidad.

Ahora depende de Estados Unidos, que con “Trump-II” parece haber abandonado a la Vieja Europa a sí misma, destinándola a la extinción, planificada hace un siglo por el “Plan Kalergi”.

Si los políticos europeos (marionetas en manos de la Alta Finanza y de los clubes o think tanks mundialistas israelo-estadounidenses) fingen que el rey está vestido (es decir, que Europa goza de plena “salud”), cuando en realidad “el rey está desnudo” (véase Christian Andersen); algunos pensadores del Viejo Continente se están despertando y, después de haber escrito sobre este argumento, comienzan, loablemente, a unir sus fuerzas con vistas a detener el “trasbordo ideológico/financiero inadvertido” hacia la plutocracia israelí-estadounidense y a ver si no nos convendría estar con Putin antes que con Washington, Tel Aviv o “Bruselas”. Pero parece que los nuevos Laocoonte están destinados, como su antepasado y Solzhenitsyn, a permanecer aislados e ignorados…

El congreso euro-ruso en Austria 2014

En el mes de julio se celebró en Austria una reunión a puerta cerrada —que debía permanecer “secreta”, pero fue señalada por algunos órganos de prensa— entre varios aristócratas (Sixto de Borbón de España y el príncipe de Liechtenstein), intelectuales y catedráticos europeos y rusos. Pero el enemigo no duerme y ha intentado infiltrarse en dicha operación para sabotearla desde dentro.

Aleksandr Dugin

De hecho, algunas personas fiables (presentes en el lugar) me han dicho y escrito que entre los participantes estaba Aleksandr Dugin, quien se presentó como portavoz de Putin y de los valores “tradicionales” (evolianos), que hoy deberían unir a Europa con Rusia. Pero ¿quién es este personaje?

Alguien ha dicho que Dugin ha cambiado, que se ha convertido; yo lo deseo intensamente, pero sería necesario poder constatarlo y probarlo objetiva y públicamente, dado que sus errores fueron profesados por él en público y por escrito.

d. Curzio Nitoglia

fin del 2.º capítulo

Putin Solzhenitsyn Dugin 3

CAPÍTULO III

ALEKSANDR DUGIN: ¿OTRO APÓSTOL DEL NIHILISMO POSMODERNO?

Prólogo

Aleksandr Dugin es un pensador ruso, nacido en Moscú el 7 de enero de 1962, de orientación fuertemente esotérica y gnóstica (1), con tendencias abiertamente nihilistas; es decir, defensor de la “metafísica del no-ser”, que no tiene nada que ver con la metafísica grecorromana y tomista, es decir, la “metafísica del ser”; más bien, es su negación directa y diametral.

Por desgracia, algunos católicos —en estos tiempos de confusión doctrinal y moral— se dejan embaucar por las sirenas del error y del vicio, entre las cuales destaca Dugin, aunque no es el único.

No me parece, por tanto, exacto ni correcto atribuir al “Tradicionalismo” católico —es decir, a la “Tradición apostólico/patrística/escolástica” (2)— un vínculo con la filosofía duginiana. Más bien, sería más correcto poner de relieve el vínculo de cierto falso Tradicionalismo fideísta de formación demaistriana con el esoterismo en general, y especialmente con el ruso, habiendo el conde Joseph de Maistre (3) vivido bastante tiempo en Rusia.

Me dispongo, por ello, a poner de manifiesto los puntos oscuros del pensamiento de Dugin, valiéndome de algunos ensayos muy bien realizados por el padre Paolo Maria Siano (“La metafísica del Caos” y “El Sujeto Radical de Aleksandr Dugin”, 14/19/24/29 de julio de 2021, en “CR”).

La esencia de la “metafísica de la nada”, es decir, de la contra-metafísica de Dugin, se encuentra en su libro, traducido también al italiano, La Cuarta Teoría Política, Milán, NovaEuropa Edizioni, 2017.

El padre Siano muestra justamente, con citas en mano, que el principal maestro de Dugin es Julius Evola (4), no sin una pizca también de René Guénon (5).

Un elemento poco profundizado del duginismo es su amor por la llamada “Revolución Conservadora”, que no puede reconducirse al evolismo (que igualmente coqueteó con el superliberalismo británico), ni siquiera al guenonismo o a pensadores de la extrema derecha europea, sino al neoconservadurismo estadounidense, que tanto ha contaminado también a Europa e Italia y que ha cosechado tantas víctimas gracias a los pensadores llamados “teocon”, los cuales intentan mezclar el liberalismo filosófico conservador con el liberalismo económico salvaje y, finalmente, con una pizca de catolicismo, para terminar contaminando el ambiente católico conservador moderadamente liberal.

El esoterismo se divide en dos escuelas principales: a) la de la “Mano Derecha” (conservadora, religiosa, clerical, confesional) y b) la de la “Mano Izquierda” (progresista, atea, aconfesional, relativista y panteísta).

Es necesario decir que la naturaleza de todo esoterismo es la tendencia a hacerse Dios con las propias fuerzas. Por tanto, ya sea que se tienda a ello con la “Mano Derecha” (es decir, de manera conservadora, autoritaria y contrarrevolucionaria) o con la “Mano Izquierda” (es decir, de manera progresista, libertaria y revolucionaria), la sustancia y el fin de este no cambian: la autodivinización luciferina.

Dugin prefiere a Evola, es decir, el “primado de la acción caballeresca y guerrera”, a Guénon, o sea, el “primado de la contemplación monástica”.

El padre Siano, citando tanto a Dugin como a muchos editores de sus obras, afirma que el duginismo está impregnado de tantrismo, de magia sexual, para apresurar el fin de los tiempos, mediante el antinomismo de cuño cabalístico (de Jacob Frank y Sabbatai Zevi), relanzado recientemente por Peter Thiel en Roma (15 de marzo de 2026); en suma, es una “metafísica del Caos”, para uso y consumo del clásico “hombre de orden, que hace el desorden”.

Para obtener esto, nada mejor que el nihilismo metafísico, moral y lógico, que quiere la aniquilación del ser creado e Increado, de la moral objetiva y de la razón o de la lógica aristotélica. En la práctica, estamos en plena Posmodernidad que va de Nietzsche hasta Dugin, pasando por el estructuralismo francés y la Escuela de Frankfurt (Marcuse y Adorno), que tanta participación tuvieron en la génesis de la Revolución del 68.

Aunque aprecio mucho los artículos del padre Siano, me siento, sin embargo, en el deber de plantear respetuosamente una objeción en cuanto a cierta suya (?) defensa del «Atlantismo» y del «Estado de Israel» (primera parte, página 4), de «Occidente y de Estados Unidos» (tercera parte, página 2), pero espero haber entendido mal.

Otro aspecto bien puesto de relieve por el padre Siano en cuanto al pensamiento duginiano es el retorno a la “coincidentia oppositorum” de Baruch Spinoza (“habens Satanam suggerentem”, p. Reginald Garrigou-Lagrange), con la cual se llega a justificar la unión de aquello que a los ojos del vulgo, de los profanos, parecería opuesto: Muerte/Vida; Caos/Logos; Derecha/Izquierda; en suma, la negación del principio evidente y conocido por sí mismo de identidad y no contradicción y de la sindéresis sobre la que se funda la metafísica aristo-tomista.

He aquí teorizada metafísicamente la “Revolución Conservadora”, puesta en práctica por los neocon de las administraciones Bush, Clinton, Obama y Biden y también por Trump en su segundo mandato. No me parece propio de Putin.

Según Dugin, son los “Revolucionarios/Conservadores” quienes deben guiar las revoluciones, es decir, los “Revolucionarios/Conservadores” deben dirigir los destinos de la historia.

Esta “coincidentia oppositorum” duginiana es precursora y paralela al género, a la teoría “LGBT”, a lo “fluido” y a la ambigüedad.

No me extiendo en reproducir todas las citas de Dugin e invito al lector a estudiar los cuatro ensayos del padre Paolo Maria Siano, donde podrá encontrarlas en los mínimos detalles.

En la tercera parte de los artículos del padre Siano se cita otro libro sobre Dugin, editado por F. Marotta – A. Scarabelli – L. Siniscalco, El Sol de Medianoche. Aurora del Sujeto Radical (Cusano Milanino, AGA Edizioni, 2019), que resume y expresa bien su pensamiento, tal como se expone más extensamente en la obra de A. Dugin, Teoría y Fenomenología del Sujeto Radical (Cusano Milanino, AGA, 2019).

El pequeño libro resumido y explicativo (El Sol de Medianoche) nos explica que la “Medianoche” es el “Retorno de Dionisio”, es la superación, más aún, el vuelco de la Modernidad (de Descartes a Hegel) mediante la Posmodernidad (de Nietzsche/Freud a Dugin, pasando por Evola sin excluir la Escuela de Frankfurt y el estructuralismo francés), puesto que en la Modernidad aún no todo ha sido aniquilado; mientras que en la Posmodernidad se querría arrojarse al mar de la nada, donde todo se hunde.

Cuando todo es aniquilado y disuelto, entonces aparece el “Sujeto Radical” o el «Yo Absoluto», que sin ninguna ayuda externa llega a divinizarse; en suma, es el superhombre nietzscheano que regresa con Evola (“Individuo Absoluto”), con Noah Harari (“Transhumanismo”) y con Dugin (“Sujeto Radical”).

Desgraciadamente, una vez más, en la página 3 de la tercera parte de los cuatro ensayos del padre Siano, se lee una frase que me deja un poco perplejo porque parece (espero equivocarme) privilegiar el Occidente atlántico, filoestadounidense (¿y filosionista?) frente a una eventual alianza entre Europa y Rusia, que hoy, desde hace al menos veinte años, ya no es soviética; Putin no es discípulo de Stalin o de Trotski, sino (así me parece y trataré de demostrarlo) de Solzhenitsyn.

Después el padre Siano, citando a Dugin, explica que según el pensador ruso el mundo en la era tradicional o medieval estaba abierto desde Arriba y abierto a la Trascendencia que actuaba sobre él. En cambio, con la era moderna e ilustrada el mundo está cerrado desde Arriba y hacia Arriba, es decir, rechaza la Trascendencia. Hasta aquí todo va bien, pero lo que deja sorprendidos es la definición de lo Posmoderno, en la cual el mundo está invadido por demonios y el hombre está poseído por una legión de diablos. Sin embargo, todo esto no es visto negativamente por Dugin, sino todo lo contrario…

De hecho, el “Sujeto Radical” o “Superhombre duginiano” está abierto hacia abajo y es “vencedor de Dios y de la Nada”. Parecería que este “Sujeto Radical” se asemeja mucho a Lucifer o al menos a un ángel caído.

Finalmente, mediante la “coincidentia oppositorum”, el Mal es absorbido en el “Sujeto Radical” y también es “redimido”, hasta el punto de convertirlo en un reclutador de almas elegidas, que abrirán este mundo a la “Nueva Era” en la que el cristianismo ya no tendría ningún lugar.

Ahora bien, si se considera lo que es la filosofía moderna (de Descartes, †1650, a Hegel, †1831), se percibe cómo la “tradición” duginiana es muy “revolucionaria”.

Todo esto nos hace comprender hasta qué punto el pensamiento de Dugin es incompatible con la recta razón elevada a ciencia filosófica (la metafísica aristo-tomista) y con la divina Revelación.

d. Curzio Nitoglia

fin del 3.er capítulo

Putin Solzhenitsyn Dugin 4

CAPÍTULO IV

MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD

La Modernidad filosófica (moral, política, económica, teológica y espiritual) comienza con el fin del primado de la metafísica clásica (6), sublimada por la primera Escolástica y especialmente por la de santo Tomás de Aquino (†1274); fin que coincide con el advenimiento del occamismo (siglo XIV), que abre las puertas al Humanismo y al Renacimiento (siglos XV y XVI), los cuales preparan el cartesianismo (siglo XVII), precursor del criticismo kantiano (siglos XVIII-XIX) y del idealismo alemán del siglo XIX (Schelling, Fichte y Hegel).

La Modernidad se caracteriza por el antropocentrismo y el individualismo absoluto: ella comienza con Occam (7) y con el Humanismo renacentista (8); luego es sistematizada por Descartes (9) con el primado del pensamiento subjetivo sobre la realidad objetiva: “Cogito ergo sum”, es el pensamiento el que crea la realidad. Kant (10) dará la perfecta teorización al subjetivismo relativista cartesiano en teoría (Crítica de la Razón Pura) y en moral (Crítica de la Razón Práctica) y será finalmente sobrepasado por los idealistas alemanes, quienes con Hegel (11) llegarán a la doctrina explícita del «Yo absoluto», una especie de panteísmo (12) y de la contradicción erigida en principio: tesis/antítesis/síntesis, tomada de la “Coincidentia oppositorum” de Baruch Spinoza (†1677).

El mundo moderno, con el cual el Modernismo del Vaticano II quiere dialogar, intentando conjugar subjetivismo y cristianismo, tiende a la “creación” de un “Mundo Nuevo”, en el que el viejo “eón” o “Dios trascendente y personal” será reemplazado por una realidad inmanentista, panteísta, de tono gnóstico (13), utópica; en resumen, por el “Paraíso en la tierra”, que es el sueño del milenarismo, de la cábala espuria y del Humanismo (14).

La secularización (15) o el laicismo son la vulgarización política de masas del inmanentismo panteísta esotérico (16). Este es el corazón (esotérico y público) de la Modernidad, que desemboca en el Ateísmo (17) y, peor aún, en el Agnosticismo (18). De hecho, el gran peligro para la humanidad es el de la sociedad liberal/tecnocrática, consumista, libertina y libertaria: “Un totalitarismo de nueva naturaleza, mucho más actualizado y más capaz de dominio absoluto que los modelos pasados, incluidos Stalin y Hitler. […] Es el superpartido tecnocrático” (19).

La causa de la irreligiosidad del mundo actual debe buscarse en el pan-tecnicismo, es decir, “en el agnosticismo de matriz empirista británica” (20) más que en el materialismo ateo comunista. De hecho, el Comunismo produjo mártires, mientras que el laicismo liberal produjo apóstatas y degenerados. La sociedad del consumo y del bienestar es aún más impía (al menos moralmente) que el materialismo ateo comunista, que se esforzaba por plantearse el problema de Dios, para poder negarlo y combatirlo; mientras que el Agnosticismo hedonista es totalmente arreligioso, adogmático, ametafísico y apático y ni siquiera quiere plantearse el problema de Dios y de la verdad.

El hombre de la Modernidad es el «Individuo absoluto», “redentor” de sí mismo, pero de este delirio eufórico de omnipotencia, la Modernidad se ha hundido en un delirio disfórico o depresivo de aniquilamiento, mediante el Nihilismo filosófico de Nietzsche/Marx/Freud.

Cuando se habla de posmoderno se corre el riesgo de entenderlo o a) después de la modernidad; o bien, b) contra la modernidad. En cambio, como observa Gianfranco Morra, «Lo posmoderno sigue siendo interno a lo moderno, del cual constituye no ya un más allá o un contra, sino solo una variante débil. Lo posmoderno no es la superación de lo moderno, sino su desenlace nihilista. Es una modernidad abatida y derrumbada, hedonista y narcisista, pluralista y lúdica, audiovisual e instantánea, consumista y desvergonzada» (G. F. Morra, El cuarto hombre. ¿Posmodernidad o crisis de la modernidad?, Armando, Roma, 2.ª ed., 1992, págs. 19-20).

En suma, la posmodernidad es el fracaso o la disolución suicida de la modernidad. Dado que, para lo posmoderno, el Ser no es, se ausenta, se escapa, está ausente, entonces prácticamente es necesario vivir ya no de manera estable sino “fluidamente”, al día (en una especie de “precariedad filosófica” anticipadora de la económica), ir tirando, dejarse llevar, tolerarse, apagarse, morir, suicidarse y aniquilarse, si eso fuese posible. He aquí explicado el enigma Zelenski, que corre desenfrenadamente (junto con Europa) hacia la autodestrucción.

Lo posmoderno es la prueba definitiva del fracaso de la modernidad, pero no ofrece el antídoto, la vía de salida; más bien agrava la enfermedad intelectual idealista (error por exceso), con el irracionalismo voluntarista nihilista (error por “exceso de defecto”) y autolesivo.

«La modernidad era una época “joven”, caracterizada por fuertes ideales; la posmodernidad, en cambio, es una época vieja y enferma, en la que la esclerosis de la decadencia se convierte en gusto por la tolerancia, que no es tanto respeto cuanto indiferencia. Incapaz de creatividad… Nietzsche no usa todavía la palabra “posmoderno”, sino otra que define mejor la crisis de la modernidad. Esa palabra es “nihilismo”» (G. F. Morra, ibíd., págs. 23 y 25).

Por tanto, nihilismo y posmodernidad se equivalen, o mejor dicho el nihilismo explica más detalladamente la naturaleza del mal que nos envuelve y que corre el riesgo de llevar al hombre hacia el abismo de la nada, abierto por la guerra ruso-ucraniana de febrero de 2022, luego por la de Gaza (octubre de 2024) y Cisjordania con el Líbano e Irán (febrero de 2026).

Padre Gabriele Roschini

El padre Roschini escribía con clarividencia: «La edad moderna, iniciada con el humanismo, es una marcha hacia la conquista del yo, que la Edad Media había mortificado en homenaje a Dios. Para reconquistar este yo, mortificado por Dios, el hombre comenzó a recorrer frenéticamente los caminos de la emancipación. Vino Lutero con el Protestantismo, y se tuvo la emancipación del yo respecto de la autoridad religiosa. Vino Descartes y con su famoso método filosófico marcó la emancipación del yo respecto de la filosofía tradicional, es decir, de la filosofía perenne que es la única verdadera; emancipación filosófica llevada luego hasta sus últimas consecuencias por Kant, por Hegel, etcétera… Vino Rousseau y con sus principios sociales revolucionarios marcó la emancipación del yo respecto de la autoridad civil. Esta continua y progresiva emancipación del yo culminó después en la divinización del mismo yo y en la consiguiente humanización, o mejor dicho, destrucción de Dios. Se produjo así la muerte nietzscheana de Dios en homenaje al yo. Apartado Dios, se apartaron la luz, el amor y la alegría; y se tuvo todo lo contrario, es decir: tinieblas, odio, tristeza. Se tuvo así al hombre acabado, es decir, un cadáver ambulante, al cual le encaja perfectamente el epitafio que Papini había preparado para sí mismo, antes de ser levantado por la fe de Cristo: “La ascensión metafísica de mí mismo ha fracasado. Soy una cosa y no un hombre. ¡Tocadme! Estoy frío como una piedra, frío como un sepulcro. Aquí está enterrado un hombre que no pudo convertirse en Dios”. La conquista se transformó en derrota» (21).

Asistimos hoy al final comatoso (o posmoderno/nihilista) de la modernidad, que primero hizo de Dios un hombre y del Hombre un “dios”; luego “mató” a Dios para sustituirlo por el Superhombre o la Transhumanidad; finalmente se deslizó hacia la debilidad depresiva nihilista y autista, autodisolutiva y “geróntica”. Tal es la parábola del Cogito al Nihil: (Cogito ergo nihil sum; es decir, si el pensamiento ocupa el lugar y suplanta al Ser en la escala de valores, también él no es, le falta un fundamento real, un sustrato sobre el cual apoyarse: ex nihilo, nihil fit! Por tanto, precipita en la nada: en el mar de la nada todo se hunde…). Agere sequitur esse et non praecedit illud.

El existencialismo pesimista (Schopenhauer, Sartre) y el nihilismo (Nietzsche, Heidegger) destructivo del ser y de los valores arrojan al hombre a la desconfianza, le quitan todo propósito de vida y lo empujan hacia el abismo de la nada, del suicidio y de la perdición eterna.

Los nihilistas filosóficos intentan confundir las cartas y hacer pasar la pusilanimidad por humildad y el orgullo por sana y recta autoestima.

En cambio, el orgullo consiste en querer ser más grandes de lo que nos corresponde según nuestra naturaleza; por ejemplo, en querer alcanzar el propio fin último por uno mismo, en querer ser autónomos respecto de cualquier otro ente; en suma, en el Transhumanismo.

La humildad (o el sano realismo) no quiere ni ser ni parecer más (ni menos) de lo que permite la realidad; si un hombre pretendiera ser el creador de sí mismo, pecaría de presunción; si se rebajara al nivel de los animales (como los sensualistas) o de la pura nada de la cual no hay salida (como los nihilistas), caería en la desconfianza y en el desaliento. He aquí, pues, que la humildad no tiene nada de deprimente o humillante, sino que nos mantiene dentro de los justos límites, haciéndonos evitar el escollo de la presunción (exceso) y de la desesperación (defecto). El recto y verdadero conocimiento de sí mismo es el fundamento de la verdadera humildad, totalmente distinta de la falsa humildad, que en cierto sentido es semejante al orgullo, pues querría hacernos parecer diferentes de lo que somos.

Ahora bien, la filosofía moderna está impregnada de racionalismo idealista, que hace del hombre un absoluto, y esto es un exceso (orgullo), mientras que la posmodernidad, en cambio, está empapada de existencialismo desalentado y de nihilismo desesperado, que hacen del hombre un no-ser, una nulidad, un aborto (y esto es un defecto), al no querer tener en cuenta la ayuda omnipotente de Dios, que “eleva a los humildes y abate a los soberbios”.

Los orígenes próximos de lo posmoderno son los de la modernidad, como ya se ha visto. Pero los orígenes remotos son muy distintos. Elettra Stimilli nos explica que, ya desde 1974, Gershom Scholem afrontó el discurso de las relaciones entre cábala (22) y nihilismo (G. Scholem, Der Nihilismus als religiöses Phänomen, en «Eranos-Jahrbuch», n.º 43, 1974, pp. 1-5).

El Nihilismo metafísico clásico

La nada es no-ser, aquello que no existe, la ausencia total de toda realidad. Santo Tomás explica: “Idem est nihil quod nullum ens / la nada y la falta total de ser son la misma cosa” (S. Th., I, q. 45, a. 1).

Diversos filósofos se han inclinado sobre el concepto de la nada. En la antigüedad el primero fue Parménides, que la concibe sin la intermediación de la potencia y, por tanto, como la negación total del ser en acto, que es el único existente, desembocando así en el monismo panteísta.

Aristóteles introduce el concepto de potencia, que es el paso de la nada al acto o el “devenir”. Por tanto, la potencia aún no es, en cuanto al ser en acto, pero es algo (capacidad de ser), en cuanto a la pura nada.

Santo Tomás nos advierte, retomando el concepto de potencia, de no dejarnos seducir por la voluntad de poder de “entificar o reificar” la nada, haciendo de ella un polo negativo, como si existiera como ente o “ser al revés”, una especie de “ente negativo”, cuando es lo contrario o la negación del ser.

Sería la perpetuación de la mentira de Ulises que engañó a Polifemo y a los cíclopes. “¿Quién te ha cegado?”, preguntan los cíclopes a Polifemo cegado por Ulises, quien antes le había dicho que se llamaba “Nadie”. Naturalmente Polifemo les responde: “Nadie me ha cegado”. Entonces los cíclopes concluyen que Polifemo ha bebido demasiado y está bromeando, y no lo socorren. Si solo existe la nada y nadie, entonces es inútil hacer cualquier cosa, pues no tendría ningún sentido.

El Nihilismo contemporáneo

El Nihilismo del siglo XX intenta dar realidad (aunque sea negativa) a la nada, así como el Maniqueísmo quería darla al mal, haciendo de este un absoluto, cuando no es más que privación del bien, del mismo modo que la nada es privación total del ser. El Maniqueísmo es un precursor del Nihilismo moral.

El odio a la nada y, por tanto, su intentada “entificación” y deificación, proviene según el Angélico del hecho de que la razón de la imperfección de lo creado procede de su origen: la nada, de la cual Dios creó el ser “in quantum creatura est ex nihilo” (De potentia, q. 3, a. 1, ad 14). Ahora bien, el orgullo no puede tolerar la deficiencia de lo creado (véase el Gnosticismo antiguo) y, por tanto, no quiere admitir la total vacuidad de la nada y trata de darle una cierta entidad, negativa pero aun así “real”; contentándose incluso con descender del mono, que a su vez desciende de los árboles.

La modernidad retomó el concepto de los gnósticos del siglo II de desprecio por el límite humano y concluyó: 1.º) la idea de Dios, que coincide panteísticamente con el hombre (puesto que Dios no existe), nace de la no aceptación por parte del hombre de sus propios límites. Por tanto, para ser plenamente ellos mismos, los hombres deben hacerse Dios (Feuerbach); 2.º) la idea de Dios es un producto del capitalismo para atontar, como un opiáceo, al proletariado y poder seguir explotándolo. Por ello, para liberarse de la opresión capitalista es necesario destruir la idea de Dios (Marx); 3.º) sin embargo, la inseguridad psicológica humana necesita la idea de Dios (Kant), como una especie de osito de peluche o de “gatitos de salón” para tranquilizarse y superar su propia angustia y sus complejos. Por consiguiente, para curarse de ello es preciso aniquilar la conciencia de Dios, reemplazándolo por el pansexualismo (Freud).

Como se ve, la naturaleza del Nihilismo filosófico es el odio contra el «ser por participación» (la criatura), pero sobre todo contra el «Ser por esencia» (Dios) y el intento de eliminar el concepto de creación a partir de la nada, otorgando a la nada una cierta realidad (anti)-real.

Además de 1.º) el odio contra Dios, la realidad y el ser creado (Nihilismo metafísico), el Nihilismo odia y querría destruir 2.º) la razón humana, reemplazándola por el sentimiento y el instinto animal (Nihilismo lógico) y 3.º) la moral objetiva, sustituyéndola por el amoralismo o la transgresividad (Nihilismo moral).

¿Cuáles son los frutos del Nihilismo? La nada metafísica y el vacío ético. En efecto, “ex nihilo nihil fit”. Si se le quita al hombre la razón, que es precisamente aquello que lo hace hombre y diferente del animal, si se le quita la libre voluntad y la moral objetiva o la búsqueda de un fin o propósito que coincide con el Bien, si se intenta destruir la realidad (el ser, la razón y la libre voluntad, el propósito de la vida y las reglas que nos permiten alcanzarlo), se hunde al hombre en la apatía y la desesperación, que son los frutos de la falta de un ideal y de un propósito.

Pero, así como Aristóteles había objetado a los sofistas, quienes afirmaban: “La verdad no existe, nada es cognoscible con certeza”; que, si estoy seguro de la no existencia de la verdad y de la incognoscibilidad de la realidad, al menos estos dos principios (no existencia de la verdad; incognoscibilidad de la realidad) para el sofista son verdaderos, ciertos y objetivos; así también se puede objetar al Nihilismo: si nada existe, no tiene valor y nada es verdadero, al menos esto es cierto, es verdadero, tiene valor y existe. Por tanto, tampoco el Nihilismo se sostiene.

El maestro del Nihilismo moderno es Nietzsche. Ahora bien, él ha enunciado claramente los principios del Nihilismo metafísico, que pueden resumirse en una especie de anti-Decálogo:

1.º) en todo lo que sucede no hay ningún sentido;

2.º) con el devenir no se llega a nada;

3.º) por tanto, no existe ningún valor ni ninguna respuesta al porqué de las cosas y de los hechos;

4.º) Dios mismo (o mejor dicho su idea) ha muerto y lo ha asesinado el mundo moderno, al haberlo reemplazado por el cogito (Descartes), por el sentimentalismo (Kant) y por el «Yo absoluto» (Hegel/Evola/Harari/Dugin);

5.º) la existencia de Dios no es un ente real, sino la necesidad que tiene la conciencia del hombre de autoengañarse para poder vivir, aunque no haya ningún propósito para hacerlo y soportar el sinsentido de la existencia (Kant y Modernismo);

6.º) la mentira (Dios, el ser creado, la razón, el bien, el fin) es necesaria para continuar viviendo, una especie de huida frente al sinsentido del mundo;

7.º) las acciones humanas en sí mismas no tienen ningún valor, somos nosotros quienes se lo damos según nuestros gustos (“Moral de situación”, padre Bernard Haering);

8.º) por consiguiente no existe una ley moral objetiva y real, sino solo subjetiva o de situación;

9.º) por ello no existen acciones malvadas en sí mismas (aborto, suicidio, eutanasia, pedofilia);

10.º) lo mejor sería no haber nacido nunca, ser nada, es decir el mismo deseo de los condenados en el infierno (23).

Así como los Diez Mandamientos pueden resumirse en el amor sobrenatural a Dios y al prójimo amado propter Deum; así también el anti-Decálogo nietzscheano puede resumirse en dos anti-mandamientos principales:

1.º) si Dios no existe, todo está permitido;

2.º) excepto la verdad y el bien.

Esta es la locura del mundo actual, en el que todo está permitido (suicidio, eutanasia, transgénero…), excepto buscar la verdad, conformarse a ella y actuar de manera moralmente consecuente, es decir, moralmente buena.

Conclusión

Del estudio realizado por el padre Paolo Siano sobre Aleksandr Dugin, se desprende que su filosofía está en plena sintonía inicial con la Modernidad idealista, pero sobre todo y de manera definitiva con su inversión, es decir, la Posmodernidad nihilista.

Ahora bien, la Modernidad es un error de presunción, que tiende a la auto/divinización del hombre mediante sus solas fuerzas naturales. En efecto, el Subjetivismo cartesiano y el Idealismo kantiano/hegeliano se fundan sobre la pretendida autonomía y autosuficiencia absoluta de la criatura y tienden al alejamiento de lo Trascendente.

Sin embargo, la conclusión lógica a la que conduce la Modernidad (siglos XIV/XIX) es su inversión; es decir, el Nihilismo filosófico (siglos XX/XXI):

1.º) moral o “suicidio” (destrucción de la moral);

2.º) lógico o “ratio/cidio” (negación de la recta razón) y finalmente

3.º) metafísico o “enti/cidio” (aniquilación de la realidad).

En efecto, la Posmodernidad (de Nietzsche/Freud/Marx a Dugin, pasando por la “Escuela de Frankfurt” y el “Estructuralismo francés”) es esencialmente pesimista o destructivamente desconfiada, habiendo negado todo valor a) de la realidad ontológica; b) de la recta razón y del razonamiento lógico y, finalmente, c) de la recta moral natural y revelada.

Este Pesimismo metafísico o Nihilismo radical quitan al hombre todo propósito de vivir, lo empujan hacia el abismo de la nada, del suicidio físico y de la perdición eterna.

En suma, de un exceso de euforia o del “delirio de omnipotencia” (Modernidad de los siglos XIV/XIX) se ha pasado a un defecto de disforia (Posmodernidad de los siglos XX/XXI).

El mundo moderno y contemporáneo es un enfermo de ciclotimia, un paciente bipolar que oscila entre delirios de grandeza y depresión autolesiva, sin saber encontrar el “justo medio, no de mediocridad sino de profundidad y de altura” entre el exceso y el defecto.

El remedio existe y es únicamente el de volver a entrar en contacto con la realidad, mediante “la segunda y la tercera navegación” platónico/aristotélica y sobre todo tomista (24).

En efecto, no se puede pactar con el delirio idealista o nihilista; es decir, con el síndrome eufórico o disfórico. ¡No! Es necesario ponerle remedio; por tanto, o se lo supera, o “se hunde uno en el mar de la nada, en el que todo se ahoga”.

La sana metafísica platónica había llegado con la “segunda navegación” a sobrepasar lo puramente sensible, el fenómeno, la materia, para llegar a lo inteligible, a la sustancia, a la esencia, mediante la lógica, la filosofía moral o ética y la metafísica.

Sin embargo, Platón había desvalorizado y despreciado lo sensible y la materia, como si fueran intrínsecamente perversos, aun habiendo intentado elevarse a lo suprasensible, a la metafísica. Pero ese error inicial de desprecio de la realidad material lo había llevado fuera del camino, por un exceso de espiritualismo o “angelismo”.

Aristóteles lo corrigió, sin abandonar lo bueno y genial que había en su filosofía: es decir, el esfuerzo por trascender lo sensible para llegar a la metafísica (“metà tà fisicà / más allá de la naturaleza física y material”).

Pero tampoco el Estagirita había llegado hasta el final del camino filosófico. En efecto, aun sin cometer errores sustanciales, se había detenido en la esencia o naturaleza o sustancia y no había llegado al puerto del ser, con la “tercera navegación”, que fue emprendida después por santo Tomás de Aquino.

El Aquinate descubrió la tierra firme, buena y óptima más allá del mar tempestuoso de la navegación desde lo sensible a lo suprasensible. Él llegó a captar la meta del conocimiento humano: el ser como acto último, perfección de toda sustancia, esencia, naturaleza. En suma, la perfección de toda perfección (cf. S. Th., I, q. 4, a. 1, ad 3; Ibidem, I, q. 50, a. 2-3; De ente et essentia, cap. 5; De potentia, q. 7, a. 2, ad 9; Ibidem, q. 3, a. 5, ad 2; C. Gent., lib. I, cap. 38, 52-54; De anima, q. 6, a. 2).

Si tomamos al Angélico como guía —de modo semejante a Dante con Virgilio y luego Beatriz— podremos llegar «a volver a ver el cielo y el Sol que mueve el mundo y las demás estrellas» (Paraíso, XXXIII, 145).

Más allá del ser está la nada. Por ello, no se puede sobrepasar el Tomismo, so pena de caer de nuevo en el Nihilismo. “Más allá del Tomismo solo está la Visión Beatífica”. Ciertamente, el Tomismo puede profundizarse, como hicieron la segunda y la tercera Escolástica.

El principio de identidad y no contradicción nos coloca frente a una alternativa radical, que nos pone contra la pared: “Esse aut non esse, tertium non datur”.

Dugin, volviendo a Baruch Spinoza (25) —lo cual no es demasiado sorprendente, puesto que el alma de todo Esoterismo gnóstico es la Cábala y el Talmud (26)— intenta evitar este escollo con el ardid, tan antiguo como la Sofística —combatida ya en el 300 a. C. por Sócrates, Platón y Aristóteles— de negar el principio de no contradicción, para refugiarse en la droga mental, moral y real de la “coincidentia oppositorum”, no solo en el campo teórico: “sí = no; no = sí” (principio de identidad y no contradicción), sino también en el moral: “bien = mal; mal = bien; ¡haz el mal y huye del bien!” (anti-sindéresis).

Una vez más, “en el mar de la nada todo se hunde”, porque nos falta bajo los pies la tierra del ser.

Resumiendo

Estas páginas pueden parecer superadas, poco actuales, abstractas y de escaso valor en lo que respecta al “problema de la hora presente”; sin embargo, son “conditio sine qua non” para comprender a qué corriente filosófica se vincula Putin en su actuar político, religioso y militar. En efecto, la política es la parte social de la filosofía moral que deriva de la especulativa o metafísica: “Agere sequitur esse”.

Ahora bien, siendo así las cosas, me parece que el autor que ayudó a Putin a comprender la naturaleza errónea del bolchevismo, del americanismo y la verdadera naturaleza del Cristianismo (aunque sea “ortodoxo”) y del sano amor a la Patria (“Terra patrum”), fue Solzhenitsyn, a quien estudiaremos junto con Putin, sin hacernos excesivas ilusiones sobre el hombre Putin, pero sin pretender tampoco tener certezas absolutas acerca de su “doble juego”, que podría ser una posibilidad remota, dada la fragilidad humana, pero no una probabilidad y mucho menos una certeza.

NOTAS:

1 – Cfr. C. NITOGLIA, Esoterismo contemporaneo anticristiano, in: http://www.doncurzionitoglia.com , 2015.

2 – Per un’esatta nozione di Tradizione apostolica – ben diversa dal Tradizionalismo gnostico, esoterico o fideistico – cfr. B. GHERARDINI, Tradidi quod et accepi. La Tradizione, vita e giovinezza della Chiesa, Frigento, Casa Mariana Editrice, 2010; Id., Quaecumque dixero vobis. Parola di Dio e Tradizione a confronto con la storia e la teologia, Torino, Lindau, 2011.   

3 – Cfr. C. NITOGLIA, Joseph de Maistre esoterico? In: http://www.sisinono.org , 2019.

4 – Cfr. C. NITOGLIA, Si può essere evoliani e cattolici? In: http://www.sisinono.org , 2015; ID., Evola Massone? In: http://www.doncurzionitoglia.com , 2015; ID., Stirner e Evola, in: http://www.doncurzionitoglia.com , 2015. 

5 – Cfr. C. NITOGLIA, Equivoco guénoniano, in:  http://www.doncurzionitoglia.com , 2012, ID., Si può essere guénoniani e cattolici? In: http://www.sisinono.org , 2021.

6 – Cfr. F. OLGIATI, I fondamenti della metafisica classica, Milano, Vita & Pensiero, 1950; B. MONDIN, Storia della metafisica, Bologna, ESD, 3 voll., 1998.

7 – Cfr. C. GIACON, Guglielmo di Occam. Saggio storico-critico sulla formazione e sulla decadenza della Scolastica, Milano, Vita & Pensiero, 1941, 2 voll.; ID., Occam, Brescia, La Scuola, 1943.

8 – Cfr. C. NITOGLIA, L’Esoterismo, CLS, Verrua Savoia, 2002.

9 – Cfr. F. OLGIATI, La filosofia di Descartes, Milano, Vita & Pensiero, 1937.

10 – Cfr. G. MATTIUSSI, Il veleno kantiano, Monza, 1907.

11 – Cfr. M. CORDOVANI, Cattolicismo e Idealismo, Milano, Vita e Pensiero, 1928; G. M. ROSCHINI, L’idealismo. Che cos’è. Come combatterlo, sine data, loco et editore; S. VANNI-ROVIGHI, Storia della filosofia moderna, Brescia, La Scuola, 2° ed., 1981, I vol., pp. 795-873, K. ROSENKRANZ, Vita di Hegel, Firenze, Vallecchi, 1966.

12 – Cfr.  R. GARRIGOU-LAGRANGE, La distinction réelle et la réfutation du panthéisme, in: “Revue thomiste”, 1938; M. F. SCIACCA, voce “Panteismo”, in: Enciclopedia Cattolica, Città del Vaticano, 1952, vol. IX, coll. 686-693.

13 – E. VOEGELIN, La nuova scienza politica, tr. it., Torino, Borla, 1969; ID., Il mito del mondo nuovo, tr. it., Milano, Rusconi, 2a ed., 1976; U. BIANCHI, Le origini dello Gnosticismo, Colloquio di Messina (13 – 18 aprile 1966), Leiden, ed. E. Brill, 1967; C. NITOGLIA, Gnosi e Gnosticismo, Paganesimo e Giudaismo, Brescia, Cavinato, 2006.

14 – Cfr. R. E. LERNER, Refrigerio dei Santi. Gioacchino da Fiore e l’escatologia medievale, Roma, Viella, 1995; H. GRUNDMANN, Gioacchino da Fiore. Vita e opere, Roma, Viella, 1997; H. DE LUBAC, La posterità spirituale di Gioachino da Fiore, Milano, Jaca Book, 2 voll., 1983.

15 – Cfr. A. DEL NOCE, L’epoca della secolarizzazione, Milano, Giuffré, 1970; ID., Secolarizzazione e crisi della modernità, 1989, Bologna, Il Mulino. 

16 – Cr. C. NITOGLIA, Dal Cristo esoterico al Cristo cosmico, in: http://www.sisinono.org , 2021.

17 – Cfr. A. DEL NOCE, Il problema dell’ateismo, Bologna, Il Mulino, 1964; C. FABRO, Introduzione all’ateismo moderno, Roma, Studium, 1964, 2 volumi.

18 – Cfr. C. FABRO, voce “Agnosticismo”, in: Enciclopedia Cattolica, Città del Vaticano, vol. I, 1948, coll. 497-488. 

19 – A. DEL NOCE, Cristianità e laicità, Milano, Giuffré, 1998, pp. 161-169.

20 – A. DEL NOCE, Il problema dell’ateismo, Bologna, Il Mulino, 1964, pp. 293-333.

21 – G. ROSCHINI, La Santa Messa. Breve esposizione dogmatica, II ed., Frigento, CME, 2010, p. 11-13.

22 – Cfr. C. NITOGLIA, Tradizione cattolica e tradizione cabalistica, in: http://www.doncurzionitoglia.com , 2016.

23 – Cfr. GF. MORRA, Il cane di Zarathustra. Tutto Nietzsche per tutti, con antologia, Milano, Ares, 2013.

24 – Cfr. M. DE CORTE, L’intelligenza in pericolo di morte, Roma, Volpe, 1973; ID., Ritorno al reale, Roma, Volpe, 1970.

25 – Cfr. ANDREA DALLEDONNE, Il rischio della libertà: San Tommaso – Spinoza, Milano, Marzorati, 1990.

26 – Cfr. C. NITOGLIA, L’Esoterismo. L’auto-divinizzazione dell’uomo e l’unità trascendente delle religioni alla luce della metafisica tradizionale, CLS, Verrua Savoia, 2002; ID., Gnosi e Gnosticismo, Brescia, Cavinato, 2004.

d. Curzio Nitoglia

fine del 4° e ultimo capitolo della Prima parte

https://doncurzionitoglia.wordpress.com/2026/05/23/putin-e-allievo-di-solgenitsin-o-di-dughin/

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