por DON
CURZIO NITOGLIA
PRIMERA
PARTE EN CUATRO CAPÍTULOS
Introducción
Inicio una
serie de artículos para estudiar la cuestión de la “forma mentis” de Vladimir
Putin, con el fin de intentar comprender, en la medida en que lo permita la
limitación de la mente humana, cuál es —realmente y más allá de las
apariencias— su “modus operandi” como líder político, militar e intelectual.
Este es el
primero y, para comodidad del lector, lo he dividido en cuatro capítulos.
Premisa
Algunos a)
consideran que él ha permanecido bolchevique y que la guerra actual es la
“perenne” (desde el lejano 1945) “guerra fría”, cada vez más recalentada —a
partir del primer mandato presidencial de Putin (7 de mayo de 2000, hasta 2014/2022)—
entre el bolchevismo y Estados Unidos; otros, b) que fue formado y sigue
estando influenciado por el pensamiento gnóstico/esoterista (de impronta sobre
todo evoliana y también secundariamente guenoniana) de Dugin. En cambio, otros
más (y me parece más correctamente), c) lo consideran un convertido real y
sinceramente al cristianismo (aunque en la forma del cisma llamado ortodoxo) y
al sano amor de la patria, gracias a la influencia que ejercieron sobre él el
pensamiento y el ejemplo de un gigante de la filosofía antimoderna y
antiatlántica (Aleksandr Solzhenitsyn, † 3 de agosto de 2008), quien soportó
primero la reclusión en Siberia por parte de los soviéticos y luego el
“silenciamiento” democrático de la subcultura americanista a partir de su discurso
pronunciado en la Universidad de Harvard el 8 de junio de 1978, al cual se
añadió, finalmente, la publicación de su última obra —en 2007— publicada en
francés por Fayard y traducida inmediatamente al italiano en el mismo año por
Controcorrente de Nápoles (Dos siglos juntos), en la que desentrañaba la
enorme influencia ejercida por el judaísmo internacional sobre la historia de
Rusia en el siglo XIX (1.er volumen) y luego el papel preponderante (no
exclusivo; se trataba solo del… 98 % de los dirigentes de la Revolución
bolchevique que eran de origen judío) en la revolución bolchevique durante el
siglo XX (a partir de octubre de 1917); obra que le costó el olvido definitivo
por “antisemita”…
Esta primera
serie de artículos comprende cuatro capítulos que abordan sobre todo el
pensamiento de Dugin, en su forma esotérica (1.er capítulo); en el 2.º capítulo
se comparan —de manera sumaria, por ahora— las personalidades (con sus
filosofías) de Dugin y Putin para poder distinguir sus afinidades (poco
consistentes) y sus divergencias (enormes); en el 3.er capítulo se desentraña
el alcance metafísicamente nihilista del pensamiento de Dugin y en el 4.º
capítulo se explica qué es el nihilismo metafísico (al que Dugin remite
teóricamente, añadiéndole la magia infernal, como hizo Julius Evola con su
“Idealismo mágico”, para llegar realmente a “crear” la realidad —gracias a la
magia— y no solo a teorizar —con la sola filosofía— el primado del pensamiento
sobre el ser).
De hecho, Dugin, como Evola, no solo no pertenece a la Modernidad, sino que (¡atención!) ni siquiera le es contrario; más bien, la sobrepasan y la empeoran, pasando α) del Idealismo moderno (que va de Descartes a Hegel: †1650 / †1831); es decir, aquella filosofía inmanentista y subjetivistamente relativista que considera la razón humana omnipotente hasta el punto de crear ella misma la realidad, como si fuera divina (“Cogito, ergo sum”), β) al nihilismo filosófico posmoderno; es decir, a la negación destructora: 1.º) de la razón, que consideran incapaz de conocer nada; 2.º) de la moral, haciendo del mal el bien y viceversa; 3.º) del ser creado y sobre todo del Increado, objeto último del odio nihilista, desencadenado a comienzos del siglo XX con Marx (materialismo), Freud (pansexualismo) y Nietzsche (superhumanismo) y que nos ha llevado ahora al “redde rationem”, iniciado primero en 1991 con la guerra del “terror infinito” de Estados Unidos contra Irak; luego con el 11 de septiembre de 2001 para desencadenar la segunda guerra en 2003, que tenían como “término precursor”: la guerra bacteriológica del Coronavirus/19 (2019); la guerra OTAN/ucraniana/rusa (2022); la shoah de Gaza (2024/26…) más el Líbano, Siria y finalmente Irán, que quizá será el trampolín hacia la catástrofe final… que tiene como “término último” el Reino del Anticristo final.
Conclusión
Me parece
que el pensamiento, la personalidad y el arte de gobernar de Putin no son
atribuibles al pensamiento posmoderno o nihilismo metafísico de Dugin (ni mucho
menos al marxismo de Lenin); sino a la filosofía madurada por Solzhenitsyn en
los ocho años de Gulag en Siberia, que lo llevó del bolchevismo a a) el
cristianismo antimoderno, antiamericano y b) al amor por la historia de su
patria, que es esencialmente filosófico-religiosa y está muy cercana a lo que fue
Europa cuando era cristiana, destruida por Estados Unidos y la UE.
Me parece,
por tanto, probable —no absolutamente cierto— que Putin esté desempeñando el
papel de “Katéjon/Aquel que retiene” frente a las fuerzas de la subversión
mundialista (neoconservadurismo puritano y judeo-masónico americanista) que
querrían conducirnos al Reino del Anticristo final.
En esta
época en la que nos toca vivir, me parece inútil devanarse los sesos,
atormentarse y pelear para imponer la propia opinión; bastará esperar un poco
de tiempo y “si son rosas florecerán; si son espinas pincharán”…
CAPÍTULO I
DUGIN Y SU PENSAMIENTO
Prólogo
Aleksandr
Dugin ha escrito que Rusia debe sostener los valores de Israel, a condición de
que Israel abandone a Estados Unidos y se alinee con Rusia.
Algunos
sostienen que Putin, de manera discreta, tiene la misma posición duginiana…
Ahora bien,
Dugin también tiene contactos con la extrema derecha israelí y especialmente
con Kach (“Así”), el movimiento sionista terrorista fundado en 1973 por el rabino
Meir Kahane (asesinado en 1990 en Nueva York por un estadounidense de origen
egipcio) y disuelto en 1988 por la Corte Suprema israelí, dado su incitamiento
al odio y su peligrosa violencia.
Además, son
(poco) conocidos por el público los vínculos de Dugin con el escritor esotérico
Yuri Mamleyev, sus simpatías por los movimientos ocultistas e incluso
satanistas, que llevaron a su expulsión del movimiento ruso Pamjat.
Su
pensamiento puede resumirse en dos principios básicos: 1.º) Rusia debe sostener
los valores de Israel; 2.º) “como guenoniano, considero a De Maistre un
personaje muy positivo. Existe un proyecto para organizar una conferencia
tradicionalista titulada: ‘Las veladas de San Petersburgo’ en honor de Joseph
De Maistre, invitando a tradicionalistas y conservadores de diversos países,
europeos y asiáticos, para repensar la tradición conservadora en general”.
d. Curzio
Nitoglia
fin del 1.er
capítulo
Putin
Solzhenitsyn 2
CAPÍTULO II
PUTIN, DUGIN, DE MAISTRE Y LOS “TEOCON”
Preámbulo
Los
recientes acontecimientos bélicos en Crimea y en Ucrania (enero/septiembre de
2014, que desembocaron en la guerra ruso-ucraniana de 2022/26) nos hacen tocar
con la mano aquello que hasta ayer podía parecer, a los ojos de la mayoría,
solo una probabilidad.
El Nuevo
Orden Mundial quiere destruir a Putin y a la Rusia putiniana, porque están
desempeñando (o al menos así parece) el papel del Katéjon, es decir, “El
obstáculo que retiene” (san Pablo) a las fuerzas de la Subversión mundialista y
globalizadora (Israel, Estados Unidos y la Arabia Saudita wahabita).
Putin se ha
convertido ya para los medios financiados por la “contraiglesia” (piénsese que
en Italia Corriere della Sera, la Repubblica y La Stampa
de Turín pertenecen los tres a la familia Elkann) en el nuevo Hitler, el nuevo
Saddam, el nuevo Gadafi o el nuevo Assad que debe ser eliminado. Se comienza
con la manipulación del pensamiento (Putin ya es presentado como loco) mediante
prensa, televisión y radio para terminar con una condena capital pública y
ejemplar (como sucedió con Saddam y Gadafi), una especie de “Núremberg
1946/permanente” que no pasa y no debe pasar, igual que la shoah.
La Europa e
Italia del siglo XX, esclavas de Estados Unidos ya desde la primera y sobre
todo desde la segunda guerra mundial, se han convertido en una mera base
logística de aterrizaje y lanzamiento para los aviones de Estados Unidos e
Israel (que también, desde hace algunos años, tiene una parte de su flota aérea
estacionada en Cerdeña).
La Unión
Europea del siglo XXI es geopolítica y financieramente un apéndice de
Norteamérica, más aún, una apendicitis inflamada y ya purulenta próxima a la
peritonitis; aunque con el segundo mandato de Trump parecería que la política estadounidense
respecto de Europa ha cambiado, aun cuando Estados Unidos no puede prescindir
de muchas bases militares en el Viejo Continente, como cabeza de puente entre
el Atlántico, Oriente Próximo y Medio, los Urales y China.
Sin embargo,
algunos pensadores europeos se están preguntando (y otros lo admiten
abiertamente) si la política de la UE hacia Rusia, como ocurrió con Irán y
Libia, no es autolesiva para la economía y la supervivencia física de la Vieja
Europa.
De hecho, el
embargo decretado por Estados Unidos y la UE contra Rusia tiene repercusiones
muy graves sobre la economía europea, ya en semi-quiebra manifiesta desde 2010.
El aliado
natural (físico, histórico, cultural y geográfico) de Europa ¿no deberían ser
las naciones limítrofes del este europeo y del Mediterráneo: la Rusia
occidental o europea (no forzosamente la asiática), Siria y Libia?
¿No es el
Atlántico un espacio demasiado vasto y lejano (respecto del Mediterráneo y de
Europa del Este) como para poder ser atravesado fácilmente y abastecer, por
ejemplo, a Europa occidental de gas, que Rusia ya no nos dará más (porque
nosotros lo rechazamos) y que los yihadistas del ISIS han, recientemente, casi
quemado por completo en Libia tras la desaparición (decretada por Estados
Unidos del presidente Obama y ejecutada por la Francia del presidente Sarkozy)
de Gadafi?
Y, sin
embargo, la UE se ha alineado, suicidamente, contra sus vecinos de tierra y
mar, con los cuales comerciaba (importando y exportando) y con los cuales ya no
podrá hacer negocios precisamente en el momento de mayor necesidad.
Ahora
depende de Estados Unidos, que con “Trump-II” parece haber abandonado a la
Vieja Europa a sí misma, destinándola a la extinción, planificada hace un siglo
por el “Plan Kalergi”.
Si los
políticos europeos (marionetas en manos de la Alta Finanza y de los clubes o think
tanks mundialistas israelo-estadounidenses) fingen que el rey está vestido
(es decir, que Europa goza de plena “salud”), cuando en realidad “el rey está
desnudo” (véase Christian Andersen); algunos pensadores del Viejo Continente se
están despertando y, después de haber escrito sobre este argumento, comienzan,
loablemente, a unir sus fuerzas con vistas a detener el “trasbordo
ideológico/financiero inadvertido” hacia la plutocracia israelí-estadounidense
y a ver si no nos convendría estar con Putin antes que con Washington, Tel Aviv
o “Bruselas”. Pero parece que los nuevos Laocoonte están destinados, como su
antepasado y Solzhenitsyn, a permanecer aislados e ignorados…
El congreso euro-ruso en Austria 2014
En el mes de
julio se celebró en Austria una reunión a puerta cerrada —que debía permanecer
“secreta”, pero fue señalada por algunos órganos de prensa— entre varios
aristócratas (Sixto de Borbón de España y el príncipe de Liechtenstein), intelectuales
y catedráticos europeos y rusos. Pero el enemigo no duerme y ha intentado
infiltrarse en dicha operación para sabotearla desde dentro.
Aleksandr Dugin
De hecho,
algunas personas fiables (presentes en el lugar) me han dicho y escrito que
entre los participantes estaba Aleksandr Dugin, quien se presentó como portavoz
de Putin y de los valores “tradicionales” (evolianos), que hoy deberían unir a
Europa con Rusia. Pero ¿quién es este personaje?
Alguien ha
dicho que Dugin ha cambiado, que se ha convertido; yo lo deseo intensamente,
pero sería necesario poder constatarlo y probarlo objetiva y públicamente, dado
que sus errores fueron profesados por él en público y por escrito.
d. Curzio
Nitoglia
fin del 2.º capítulo
Putin
Solzhenitsyn Dugin 3
CAPÍTULO III
ALEKSANDR DUGIN: ¿OTRO APÓSTOL DEL NIHILISMO
POSMODERNO?
Prólogo
Aleksandr
Dugin es un pensador ruso, nacido en Moscú el 7 de enero de 1962, de
orientación fuertemente esotérica y gnóstica (1), con tendencias abiertamente
nihilistas; es decir, defensor de la “metafísica del no-ser”, que no tiene nada
que ver con la metafísica grecorromana y tomista, es decir, la “metafísica del
ser”; más bien, es su negación directa y diametral.
Por
desgracia, algunos católicos —en estos tiempos de confusión doctrinal y moral—
se dejan embaucar por las sirenas del error y del vicio, entre las cuales
destaca Dugin, aunque no es el único.
No me
parece, por tanto, exacto ni correcto atribuir al “Tradicionalismo” católico
—es decir, a la “Tradición apostólico/patrística/escolástica” (2)— un vínculo
con la filosofía duginiana. Más bien, sería más correcto poner de relieve el
vínculo de cierto falso Tradicionalismo fideísta de formación demaistriana con
el esoterismo en general, y especialmente con el ruso, habiendo el conde Joseph
de Maistre (3) vivido bastante tiempo en Rusia.
Me dispongo,
por ello, a poner de manifiesto los puntos oscuros del pensamiento de Dugin,
valiéndome de algunos ensayos muy bien realizados por el padre Paolo Maria
Siano (“La metafísica del Caos” y “El Sujeto Radical de Aleksandr Dugin”,
14/19/24/29 de julio de 2021, en “CR”).
La esencia
de la “metafísica de la nada”, es decir, de la contra-metafísica de Dugin, se
encuentra en su libro, traducido también al italiano, La Cuarta Teoría Política,
Milán, NovaEuropa Edizioni, 2017.
El padre
Siano muestra justamente, con citas en mano, que el principal maestro de Dugin
es Julius Evola (4), no sin una pizca también de René Guénon (5).
Un elemento
poco profundizado del duginismo es su amor por la llamada “Revolución
Conservadora”, que no puede reconducirse al evolismo (que igualmente coqueteó
con el superliberalismo británico), ni siquiera al guenonismo o a pensadores de
la extrema derecha europea, sino al neoconservadurismo estadounidense, que tanto
ha contaminado también a Europa e Italia y que ha cosechado tantas víctimas
gracias a los pensadores llamados “teocon”, los cuales intentan mezclar el
liberalismo filosófico conservador con el liberalismo económico salvaje y,
finalmente, con una pizca de catolicismo, para terminar contaminando el
ambiente católico conservador moderadamente liberal.
El
esoterismo se divide en dos escuelas principales: a) la de la “Mano Derecha”
(conservadora, religiosa, clerical, confesional) y b) la de la “Mano Izquierda”
(progresista, atea, aconfesional, relativista y panteísta).
Es necesario
decir que la naturaleza de todo esoterismo es la tendencia a hacerse Dios con
las propias fuerzas. Por tanto, ya sea que se tienda a ello con la “Mano
Derecha” (es decir, de manera conservadora, autoritaria y
contrarrevolucionaria) o con la “Mano Izquierda” (es decir, de manera
progresista, libertaria y revolucionaria), la sustancia y el fin de este no
cambian: la autodivinización luciferina.
Dugin
prefiere a Evola, es decir, el “primado de la acción caballeresca y guerrera”,
a Guénon, o sea, el “primado de la contemplación monástica”.
El padre
Siano, citando tanto a Dugin como a muchos editores de sus obras, afirma que el
duginismo está impregnado de tantrismo, de magia sexual, para apresurar el fin
de los tiempos, mediante el antinomismo de cuño cabalístico (de Jacob Frank y
Sabbatai Zevi), relanzado recientemente por Peter Thiel en Roma (15 de marzo de
2026); en suma, es una “metafísica del Caos”, para uso y consumo del clásico “hombre
de orden, que hace el desorden”.
Para obtener
esto, nada mejor que el nihilismo metafísico, moral y lógico, que quiere la
aniquilación del ser creado e Increado, de la moral objetiva y de la razón o de
la lógica aristotélica. En la práctica, estamos en plena Posmodernidad que va
de Nietzsche hasta Dugin, pasando por el estructuralismo francés y la Escuela
de Frankfurt (Marcuse y Adorno), que tanta participación tuvieron en la génesis
de la Revolución del 68.
Aunque
aprecio mucho los artículos del padre Siano, me siento, sin embargo, en el
deber de plantear respetuosamente una objeción en cuanto a cierta suya (?)
defensa del «Atlantismo» y del «Estado de Israel» (primera parte, página 4), de
«Occidente y de Estados Unidos» (tercera parte, página 2), pero espero haber
entendido mal.
Otro aspecto
bien puesto de relieve por el padre Siano en cuanto al pensamiento duginiano es
el retorno a la “coincidentia oppositorum” de Baruch Spinoza (“habens Satanam
suggerentem”, p. Reginald Garrigou-Lagrange), con la cual se llega a justificar
la unión de aquello que a los ojos del vulgo, de los profanos, parecería
opuesto: Muerte/Vida; Caos/Logos; Derecha/Izquierda; en suma, la negación del
principio evidente y conocido por sí mismo de identidad y no contradicción y de
la sindéresis sobre la que se funda la metafísica aristo-tomista.
He aquí
teorizada metafísicamente la “Revolución Conservadora”, puesta en práctica por
los neocon de las administraciones Bush, Clinton, Obama y Biden y también por
Trump en su segundo mandato. No me parece propio de Putin.
Según Dugin,
son los “Revolucionarios/Conservadores” quienes deben guiar las revoluciones,
es decir, los “Revolucionarios/Conservadores” deben dirigir los destinos de la
historia.
Esta
“coincidentia oppositorum” duginiana es precursora y paralela al género, a la
teoría “LGBT”, a lo “fluido” y a la ambigüedad.
No me
extiendo en reproducir todas las citas de Dugin e invito al lector a estudiar
los cuatro ensayos del padre Paolo Maria Siano, donde podrá encontrarlas en los
mínimos detalles.
En la
tercera parte de los artículos del padre Siano se cita otro libro sobre Dugin,
editado por F. Marotta – A. Scarabelli – L. Siniscalco, El Sol de
Medianoche. Aurora del Sujeto Radical (Cusano Milanino, AGA Edizioni,
2019), que resume y expresa bien su pensamiento, tal como se expone más
extensamente en la obra de A. Dugin, Teoría y Fenomenología del Sujeto
Radical (Cusano Milanino, AGA, 2019).
El pequeño
libro resumido y explicativo (El Sol de Medianoche) nos explica que la
“Medianoche” es el “Retorno de Dionisio”, es la superación, más aún, el vuelco
de la Modernidad (de Descartes a Hegel) mediante la Posmodernidad (de
Nietzsche/Freud a Dugin, pasando por Evola sin excluir la Escuela de Frankfurt
y el estructuralismo francés), puesto que en la Modernidad aún no todo ha sido
aniquilado; mientras que en la Posmodernidad se querría arrojarse al mar de la
nada, donde todo se hunde.
Cuando todo
es aniquilado y disuelto, entonces aparece el “Sujeto Radical” o el «Yo
Absoluto», que sin ninguna ayuda externa llega a divinizarse; en suma, es el
superhombre nietzscheano que regresa con Evola (“Individuo Absoluto”), con Noah
Harari (“Transhumanismo”) y con Dugin (“Sujeto Radical”).
Desgraciadamente,
una vez más, en la página 3 de la tercera parte de los cuatro ensayos del padre
Siano, se lee una frase que me deja un poco perplejo porque parece (espero
equivocarme) privilegiar el Occidente atlántico, filoestadounidense (¿y
filosionista?) frente a una eventual alianza entre Europa y Rusia, que hoy, desde
hace al menos veinte años, ya no es soviética; Putin no es discípulo de Stalin
o de Trotski, sino (así me parece y trataré de demostrarlo) de Solzhenitsyn.
Después el
padre Siano, citando a Dugin, explica que según el pensador ruso el mundo en la
era tradicional o medieval estaba abierto desde Arriba y abierto a la
Trascendencia que actuaba sobre él. En cambio, con la era moderna e ilustrada
el mundo está cerrado desde Arriba y hacia Arriba, es decir, rechaza la
Trascendencia. Hasta aquí todo va bien, pero lo que deja sorprendidos es la
definición de lo Posmoderno, en la cual el mundo está invadido por demonios y
el hombre está poseído por una legión de diablos. Sin embargo, todo esto no es
visto negativamente por Dugin, sino todo lo contrario…
De hecho, el
“Sujeto Radical” o “Superhombre duginiano” está abierto hacia abajo y es
“vencedor de Dios y de la Nada”. Parecería que este “Sujeto Radical” se asemeja
mucho a Lucifer o al menos a un ángel caído.
Finalmente,
mediante la “coincidentia oppositorum”, el Mal es absorbido en el “Sujeto
Radical” y también es “redimido”, hasta el punto de convertirlo en un
reclutador de almas elegidas, que abrirán este mundo a la “Nueva Era” en la que
el cristianismo ya no tendría ningún lugar.
Ahora bien,
si se considera lo que es la filosofía moderna (de Descartes, †1650, a Hegel,
†1831), se percibe cómo la “tradición” duginiana es muy “revolucionaria”.
Todo esto
nos hace comprender hasta qué punto el pensamiento de Dugin es incompatible con
la recta razón elevada a ciencia filosófica (la metafísica aristo-tomista) y
con la divina Revelación.
d. Curzio
Nitoglia
fin del 3.er capítulo
Putin
Solzhenitsyn Dugin 4
CAPÍTULO IV
MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD
La
Modernidad filosófica (moral, política, económica, teológica y espiritual)
comienza con el fin del primado de la metafísica clásica (6), sublimada por la
primera Escolástica y especialmente por la de santo Tomás de Aquino (†1274);
fin que coincide con el advenimiento del occamismo (siglo XIV), que abre las
puertas al Humanismo y al Renacimiento (siglos XV y XVI), los cuales preparan
el cartesianismo (siglo XVII), precursor del criticismo kantiano (siglos
XVIII-XIX) y del idealismo alemán del siglo XIX (Schelling, Fichte y Hegel).
La
Modernidad se caracteriza por el antropocentrismo y el individualismo absoluto:
ella comienza con Occam (7) y con el Humanismo renacentista (8); luego es
sistematizada por Descartes (9) con el primado del pensamiento subjetivo sobre
la realidad objetiva: “Cogito ergo sum”, es el pensamiento el que crea la
realidad. Kant (10) dará la perfecta teorización al subjetivismo relativista
cartesiano en teoría (Crítica de la Razón Pura) y en moral (Crítica
de la Razón Práctica) y será finalmente sobrepasado por los idealistas
alemanes, quienes con Hegel (11) llegarán a la doctrina explícita del «Yo
absoluto», una especie de panteísmo (12) y de la contradicción erigida en
principio: tesis/antítesis/síntesis, tomada de la “Coincidentia oppositorum” de
Baruch Spinoza (†1677).
El mundo
moderno, con el cual el Modernismo del Vaticano II quiere dialogar, intentando
conjugar subjetivismo y cristianismo, tiende a la “creación” de un “Mundo
Nuevo”, en el que el viejo “eón” o “Dios trascendente y personal” será
reemplazado por una realidad inmanentista, panteísta, de tono gnóstico (13),
utópica; en resumen, por el “Paraíso en la tierra”, que es el sueño del
milenarismo, de la cábala espuria y del Humanismo (14).
La
secularización (15) o el laicismo son la vulgarización política de masas del
inmanentismo panteísta esotérico (16). Este es el corazón (esotérico y público)
de la Modernidad, que desemboca en el Ateísmo (17) y, peor aún, en el
Agnosticismo (18). De hecho, el gran peligro para la humanidad es el de la
sociedad liberal/tecnocrática, consumista, libertina y libertaria: “Un
totalitarismo de nueva naturaleza, mucho más actualizado y más capaz de dominio
absoluto que los modelos pasados, incluidos Stalin y Hitler. […] Es el
superpartido tecnocrático” (19).
La causa de
la irreligiosidad del mundo actual debe buscarse en el pan-tecnicismo, es
decir, “en el agnosticismo de matriz empirista británica” (20) más que en el
materialismo ateo comunista. De hecho, el Comunismo produjo mártires, mientras
que el laicismo liberal produjo apóstatas y degenerados. La sociedad del
consumo y del bienestar es aún más impía (al menos moralmente) que el
materialismo ateo comunista, que se esforzaba por plantearse el problema de
Dios, para poder negarlo y combatirlo; mientras que el Agnosticismo hedonista
es totalmente arreligioso, adogmático, ametafísico y apático y ni siquiera
quiere plantearse el problema de Dios y de la verdad.
El hombre de
la Modernidad es el «Individuo absoluto», “redentor” de sí mismo, pero de este
delirio eufórico de omnipotencia, la Modernidad se ha hundido en un delirio
disfórico o depresivo de aniquilamiento, mediante el Nihilismo filosófico de
Nietzsche/Marx/Freud.
Cuando se
habla de posmoderno se corre el riesgo de entenderlo o a) después de la
modernidad; o bien, b) contra la modernidad. En cambio, como observa Gianfranco
Morra, «Lo posmoderno sigue siendo interno a lo moderno, del cual constituye no
ya un más allá o un contra, sino solo una variante débil. Lo posmoderno no es
la superación de lo moderno, sino su desenlace nihilista. Es una modernidad abatida
y derrumbada, hedonista y narcisista, pluralista y lúdica, audiovisual e
instantánea, consumista y desvergonzada» (G. F. Morra, El cuarto hombre.
¿Posmodernidad o crisis de la modernidad?, Armando, Roma, 2.ª ed., 1992,
págs. 19-20).
En suma, la
posmodernidad es el fracaso o la disolución suicida de la modernidad. Dado que,
para lo posmoderno, el Ser no es, se ausenta, se escapa, está ausente, entonces
prácticamente es necesario vivir ya no de manera estable sino “fluidamente”, al
día (en una especie de “precariedad filosófica” anticipadora de la económica),
ir tirando, dejarse llevar, tolerarse, apagarse, morir, suicidarse y
aniquilarse, si eso fuese posible. He aquí explicado el enigma Zelenski, que
corre desenfrenadamente (junto con Europa) hacia la autodestrucción.
Lo
posmoderno es la prueba definitiva del fracaso de la modernidad, pero no ofrece
el antídoto, la vía de salida; más bien agrava la enfermedad intelectual
idealista (error por exceso), con el irracionalismo voluntarista nihilista
(error por “exceso de defecto”) y autolesivo.
«La
modernidad era una época “joven”, caracterizada por fuertes ideales; la
posmodernidad, en cambio, es una época vieja y enferma, en la que la esclerosis
de la decadencia se convierte en gusto por la tolerancia, que no es tanto
respeto cuanto indiferencia. Incapaz de creatividad… Nietzsche no usa todavía
la palabra “posmoderno”, sino otra que define mejor la crisis de la modernidad.
Esa palabra es “nihilismo”» (G. F. Morra, ibíd., págs. 23 y 25).
Por tanto,
nihilismo y posmodernidad se equivalen, o mejor dicho el nihilismo explica más
detalladamente la naturaleza del mal que nos envuelve y que corre el riesgo de
llevar al hombre hacia el abismo de la nada, abierto por la guerra
ruso-ucraniana de febrero de 2022, luego por la de Gaza (octubre de 2024) y
Cisjordania con el Líbano e Irán (febrero de 2026).
Padre Gabriele Roschini
El padre
Roschini escribía con clarividencia: «La edad moderna, iniciada con el
humanismo, es una marcha hacia la conquista del yo, que la Edad Media había
mortificado en homenaje a Dios. Para reconquistar este yo, mortificado por
Dios, el hombre comenzó a recorrer frenéticamente los caminos de la
emancipación. Vino Lutero con el Protestantismo, y se tuvo la emancipación del
yo respecto de la autoridad religiosa. Vino Descartes y con su famoso método
filosófico marcó la emancipación del yo respecto de la filosofía tradicional,
es decir, de la filosofía perenne que es la única verdadera; emancipación
filosófica llevada luego hasta sus últimas consecuencias por Kant, por Hegel,
etcétera… Vino Rousseau y con sus principios sociales revolucionarios marcó la
emancipación del yo respecto de la autoridad civil. Esta continua y progresiva
emancipación del yo culminó después en la divinización del mismo yo y en la
consiguiente humanización, o mejor dicho, destrucción de Dios. Se produjo así
la muerte nietzscheana de Dios en homenaje al yo. Apartado Dios, se apartaron
la luz, el amor y la alegría; y se tuvo todo lo contrario, es decir: tinieblas,
odio, tristeza. Se tuvo así al hombre acabado, es decir, un cadáver ambulante,
al cual le encaja perfectamente el epitafio que Papini había preparado para sí
mismo, antes de ser levantado por la fe de Cristo: “La ascensión metafísica de
mí mismo ha fracasado. Soy una cosa y no un hombre. ¡Tocadme! Estoy frío como
una piedra, frío como un sepulcro. Aquí está enterrado un hombre que no pudo
convertirse en Dios”. La conquista se transformó en derrota» (21).
Asistimos
hoy al final comatoso (o posmoderno/nihilista) de la modernidad, que primero
hizo de Dios un hombre y del Hombre un “dios”; luego “mató” a Dios para
sustituirlo por el Superhombre o la Transhumanidad; finalmente se deslizó hacia
la debilidad depresiva nihilista y autista, autodisolutiva y “geróntica”. Tal
es la parábola del Cogito al Nihil: (Cogito ergo nihil sum;
es decir, si el pensamiento ocupa el lugar y suplanta al Ser en la escala de
valores, también él no es, le falta un fundamento real, un sustrato sobre el
cual apoyarse: ex nihilo, nihil fit! Por tanto, precipita en la nada: en
el mar de la nada todo se hunde…). Agere sequitur esse et non praecedit
illud.
El
existencialismo pesimista (Schopenhauer, Sartre) y el nihilismo (Nietzsche,
Heidegger) destructivo del ser y de los valores arrojan al hombre a la desconfianza,
le quitan todo propósito de vida y lo empujan hacia el abismo de la nada, del
suicidio y de la perdición eterna.
Los
nihilistas filosóficos intentan confundir las cartas y hacer pasar la
pusilanimidad por humildad y el orgullo por sana y recta autoestima.
En cambio,
el orgullo consiste en querer ser más grandes de lo que nos corresponde según
nuestra naturaleza; por ejemplo, en querer alcanzar el propio fin último por
uno mismo, en querer ser autónomos respecto de cualquier otro ente; en suma, en
el Transhumanismo.
La humildad
(o el sano realismo) no quiere ni ser ni parecer más (ni menos) de lo que
permite la realidad; si un hombre pretendiera ser el creador de sí mismo,
pecaría de presunción; si se rebajara al nivel de los animales (como los sensualistas)
o de la pura nada de la cual no hay salida (como los nihilistas), caería en la
desconfianza y en el desaliento. He aquí, pues, que la humildad no tiene nada
de deprimente o humillante, sino que nos mantiene dentro de los justos límites,
haciéndonos evitar el escollo de la presunción (exceso) y de la desesperación
(defecto). El recto y verdadero conocimiento de sí mismo es el fundamento de la
verdadera humildad, totalmente distinta de la falsa humildad, que en cierto
sentido es semejante al orgullo, pues querría hacernos parecer diferentes de lo
que somos.
Ahora bien,
la filosofía moderna está impregnada de racionalismo idealista, que hace del
hombre un absoluto, y esto es un exceso (orgullo), mientras que la
posmodernidad, en cambio, está empapada de existencialismo desalentado y de
nihilismo desesperado, que hacen del hombre un no-ser, una nulidad, un aborto
(y esto es un defecto), al no querer tener en cuenta la ayuda omnipotente de
Dios, que “eleva a los humildes y abate a los soberbios”.
Los orígenes
próximos de lo posmoderno son los de la modernidad, como ya se ha visto. Pero
los orígenes remotos son muy distintos. Elettra Stimilli nos explica que, ya
desde 1974, Gershom Scholem afrontó el discurso de las relaciones entre cábala
(22) y nihilismo (G. Scholem, Der Nihilismus als religiöses Phänomen, en
«Eranos-Jahrbuch», n.º 43, 1974, pp. 1-5).
El Nihilismo metafísico clásico
La nada es
no-ser, aquello que no existe, la ausencia total de toda realidad. Santo Tomás
explica: “Idem est nihil quod nullum ens / la nada y la falta total de ser
son la misma cosa” (S. Th., I, q. 45, a. 1).
Diversos
filósofos se han inclinado sobre el concepto de la nada. En la antigüedad el
primero fue Parménides, que la concibe sin la intermediación de la potencia y,
por tanto, como la negación total del ser en acto, que es el único existente,
desembocando así en el monismo panteísta.
Aristóteles
introduce el concepto de potencia, que es el paso de la nada al acto o el
“devenir”. Por tanto, la potencia aún no es, en cuanto al ser en acto, pero es
algo (capacidad de ser), en cuanto a la pura nada.
Santo Tomás
nos advierte, retomando el concepto de potencia, de no dejarnos seducir por la
voluntad de poder de “entificar o reificar” la nada, haciendo de ella un polo
negativo, como si existiera como ente o “ser al revés”, una especie de “ente
negativo”, cuando es lo contrario o la negación del ser.
Sería la
perpetuación de la mentira de Ulises que engañó a Polifemo y a los cíclopes.
“¿Quién te ha cegado?”, preguntan los cíclopes a Polifemo cegado por Ulises,
quien antes le había dicho que se llamaba “Nadie”. Naturalmente Polifemo les
responde: “Nadie me ha cegado”. Entonces los cíclopes concluyen que Polifemo ha
bebido demasiado y está bromeando, y no lo socorren. Si solo existe la nada y
nadie, entonces es inútil hacer cualquier cosa, pues no tendría ningún sentido.
El Nihilismo contemporáneo
El Nihilismo
del siglo XX intenta dar realidad (aunque sea negativa) a la nada, así como el
Maniqueísmo quería darla al mal, haciendo de este un absoluto, cuando no es más
que privación del bien, del mismo modo que la nada es privación total del ser.
El Maniqueísmo es un precursor del Nihilismo moral.
El odio a la
nada y, por tanto, su intentada “entificación” y deificación, proviene según el
Angélico del hecho de que la razón de la imperfección de lo creado procede de
su origen: la nada, de la cual Dios creó el ser “in quantum creatura est ex
nihilo” (De potentia, q. 3, a. 1, ad 14). Ahora bien, el orgullo no
puede tolerar la deficiencia de lo creado (véase el Gnosticismo antiguo) y, por
tanto, no quiere admitir la total vacuidad de la nada y trata de darle una
cierta entidad, negativa pero aun así “real”; contentándose incluso con
descender del mono, que a su vez desciende de los árboles.
La
modernidad retomó el concepto de los gnósticos del siglo II de desprecio por el
límite humano y concluyó: 1.º) la idea de Dios, que coincide panteísticamente
con el hombre (puesto que Dios no existe), nace de la no aceptación por parte
del hombre de sus propios límites. Por tanto, para ser plenamente ellos mismos,
los hombres deben hacerse Dios (Feuerbach); 2.º) la idea de Dios es un producto
del capitalismo para atontar, como un opiáceo, al proletariado y poder seguir
explotándolo. Por ello, para liberarse de la opresión capitalista es necesario
destruir la idea de Dios (Marx); 3.º) sin embargo, la inseguridad psicológica
humana necesita la idea de Dios (Kant), como una especie de osito de peluche o
de “gatitos de salón” para tranquilizarse y superar su propia angustia y sus
complejos. Por consiguiente, para curarse de ello es preciso aniquilar la
conciencia de Dios, reemplazándolo por el pansexualismo (Freud).
Como se ve,
la naturaleza del Nihilismo filosófico es el odio contra el «ser por participación»
(la criatura), pero sobre todo contra el «Ser por esencia» (Dios) y el intento
de eliminar el concepto de creación a partir de la nada, otorgando a la nada
una cierta realidad (anti)-real.
Además de
1.º) el odio contra Dios, la realidad y el ser creado (Nihilismo metafísico),
el Nihilismo odia y querría destruir 2.º) la razón humana, reemplazándola por
el sentimiento y el instinto animal (Nihilismo lógico) y 3.º) la moral
objetiva, sustituyéndola por el amoralismo o la transgresividad (Nihilismo moral).
¿Cuáles son
los frutos del Nihilismo? La nada metafísica y el vacío ético. En efecto, “ex
nihilo nihil fit”. Si se le quita al hombre la razón, que es precisamente
aquello que lo hace hombre y diferente del animal, si se le quita la libre
voluntad y la moral objetiva o la búsqueda de un fin o propósito que coincide
con el Bien, si se intenta destruir la realidad (el ser, la razón y la libre
voluntad, el propósito de la vida y las reglas que nos permiten alcanzarlo), se
hunde al hombre en la apatía y la desesperación, que son los frutos de la falta
de un ideal y de un propósito.
Pero, así
como Aristóteles había objetado a los sofistas, quienes afirmaban: “La verdad
no existe, nada es cognoscible con certeza”; que, si estoy seguro de la no
existencia de la verdad y de la incognoscibilidad de la realidad, al menos
estos dos principios (no existencia de la verdad; incognoscibilidad de la
realidad) para el sofista son verdaderos, ciertos y objetivos; así también se
puede objetar al Nihilismo: si nada existe, no tiene valor y nada es verdadero,
al menos esto es cierto, es verdadero, tiene valor y existe. Por tanto, tampoco
el Nihilismo se sostiene.
El maestro
del Nihilismo moderno es Nietzsche. Ahora bien, él ha enunciado claramente los
principios del Nihilismo metafísico, que pueden resumirse en una especie de
anti-Decálogo:
1.º) en todo
lo que sucede no hay ningún sentido;
2.º) con el
devenir no se llega a nada;
3.º) por
tanto, no existe ningún valor ni ninguna respuesta al porqué de las cosas y de
los hechos;
4.º) Dios
mismo (o mejor dicho su idea) ha muerto y lo ha asesinado el mundo moderno, al
haberlo reemplazado por el cogito (Descartes), por el sentimentalismo
(Kant) y por el «Yo absoluto» (Hegel/Evola/Harari/Dugin);
5.º) la
existencia de Dios no es un ente real, sino la necesidad que tiene la
conciencia del hombre de autoengañarse para poder vivir, aunque no haya ningún
propósito para hacerlo y soportar el sinsentido de la existencia (Kant y
Modernismo);
6.º) la
mentira (Dios, el ser creado, la razón, el bien, el fin) es necesaria para
continuar viviendo, una especie de huida frente al sinsentido del mundo;
7.º) las
acciones humanas en sí mismas no tienen ningún valor, somos nosotros quienes se
lo damos según nuestros gustos (“Moral de situación”, padre Bernard Haering);
8.º) por
consiguiente no existe una ley moral objetiva y real, sino solo subjetiva o de
situación;
9.º) por
ello no existen acciones malvadas en sí mismas (aborto, suicidio, eutanasia,
pedofilia);
10.º) lo
mejor sería no haber nacido nunca, ser nada, es decir el mismo deseo de los
condenados en el infierno (23).
Así como los
Diez Mandamientos pueden resumirse en el amor sobrenatural a Dios y al prójimo
amado propter Deum; así también el anti-Decálogo nietzscheano puede
resumirse en dos anti-mandamientos principales:
1.º) si Dios
no existe, todo está permitido;
2.º) excepto
la verdad y el bien.
Esta es la
locura del mundo actual, en el que todo está permitido (suicidio, eutanasia,
transgénero…), excepto buscar la verdad, conformarse a ella y actuar de manera
moralmente consecuente, es decir, moralmente buena.
Conclusión
Del estudio
realizado por el padre Paolo Siano sobre Aleksandr Dugin, se desprende que su
filosofía está en plena sintonía inicial con la Modernidad idealista, pero
sobre todo y de manera definitiva con su inversión, es decir, la Posmodernidad
nihilista.
Ahora
bien, la Modernidad es un error de presunción, que tiende a la
auto/divinización del hombre mediante sus solas fuerzas naturales. En efecto,
el Subjetivismo cartesiano y el Idealismo kantiano/hegeliano se fundan sobre la
pretendida autonomía y autosuficiencia absoluta de la criatura y tienden al
alejamiento de lo Trascendente.
Sin
embargo, la conclusión lógica a la que conduce la Modernidad (siglos XIV/XIX)
es su inversión; es decir, el Nihilismo filosófico (siglos XX/XXI):
1.º)
moral o “suicidio” (destrucción de la moral);
2.º)
lógico o “ratio/cidio” (negación de la recta razón) y finalmente
3.º)
metafísico o “enti/cidio” (aniquilación de la realidad).
En
efecto, la Posmodernidad (de Nietzsche/Freud/Marx a Dugin, pasando por la
“Escuela de Frankfurt” y el “Estructuralismo francés”) es esencialmente
pesimista o destructivamente desconfiada, habiendo negado todo valor a) de la
realidad ontológica; b) de la recta razón y del razonamiento lógico y,
finalmente, c) de la recta moral natural y revelada.
Este
Pesimismo metafísico o Nihilismo radical quitan al hombre todo propósito de
vivir, lo empujan hacia el abismo de la nada, del suicidio físico y de la
perdición eterna.
En
suma, de un exceso de euforia o del “delirio de omnipotencia” (Modernidad de
los siglos XIV/XIX) se ha pasado a un defecto de disforia (Posmodernidad de los
siglos XX/XXI).
El
mundo moderno y contemporáneo es un enfermo de ciclotimia, un paciente bipolar
que oscila entre delirios de grandeza y depresión autolesiva, sin saber
encontrar el “justo medio, no de mediocridad sino de profundidad y de altura”
entre el exceso y el defecto.
El
remedio existe y es únicamente el de volver a entrar en contacto con la
realidad, mediante “la segunda y la tercera navegación” platónico/aristotélica
y sobre todo tomista (24).
En
efecto, no se puede pactar con el delirio idealista o nihilista; es decir, con
el síndrome eufórico o disfórico. ¡No! Es necesario ponerle remedio; por tanto,
o se lo supera, o “se hunde uno en el mar de la nada, en el que todo se ahoga”.
La
sana metafísica platónica había llegado con la “segunda navegación” a
sobrepasar lo puramente sensible, el fenómeno, la materia, para llegar a lo
inteligible, a la sustancia, a la esencia, mediante la lógica, la filosofía
moral o ética y la metafísica.
Sin
embargo, Platón había desvalorizado y despreciado lo sensible y la materia,
como si fueran intrínsecamente perversos, aun habiendo intentado elevarse a lo
suprasensible, a la metafísica. Pero ese error inicial de desprecio de la
realidad material lo había llevado fuera del camino, por un exceso de
espiritualismo o “angelismo”.
Aristóteles
lo corrigió, sin abandonar lo bueno y genial que había en su filosofía: es
decir, el esfuerzo por trascender lo sensible para llegar a la metafísica (“metà tà fisicà / más allá de la
naturaleza física y material”).
Pero
tampoco el Estagirita había llegado hasta el final del camino filosófico. En
efecto, aun sin cometer errores sustanciales, se había detenido en la esencia o
naturaleza o sustancia y no había llegado al puerto del ser, con la “tercera
navegación”, que fue emprendida después por santo Tomás de Aquino.
El
Aquinate descubrió la tierra firme, buena y óptima más allá del mar tempestuoso
de la navegación desde lo sensible a lo suprasensible. Él llegó a captar la
meta del conocimiento humano: el ser como acto último, perfección de toda
sustancia, esencia, naturaleza. En suma, la perfección de toda perfección (cf. S. Th., I, q. 4, a. 1, ad 3; Ibidem, I, q. 50, a. 2-3; De ente et essentia, cap. 5; De potentia, q. 7, a. 2, ad 9; Ibidem, q. 3, a. 5, ad 2; C. Gent., lib. I, cap. 38,
52-54; De anima, q.
6, a. 2).
Si
tomamos al Angélico como guía —de modo semejante a Dante con Virgilio y luego
Beatriz— podremos llegar «a volver a ver el cielo y el Sol que mueve el mundo y
las demás estrellas» (Paraíso,
XXXIII, 145).
Más
allá del ser está la nada. Por ello, no se puede sobrepasar el Tomismo, so pena
de caer de nuevo en el Nihilismo. “Más allá del Tomismo solo está la Visión
Beatífica”. Ciertamente, el Tomismo puede profundizarse, como hicieron la
segunda y la tercera Escolástica.
El
principio de identidad y no contradicción nos coloca frente a una alternativa
radical, que nos pone contra la pared: “Esse
aut non esse, tertium non datur”.
Dugin,
volviendo a Baruch Spinoza (25) —lo cual no es demasiado sorprendente, puesto
que el alma de todo Esoterismo gnóstico es la Cábala y el Talmud (26)— intenta
evitar este escollo con el ardid, tan antiguo como la Sofística —combatida ya
en el 300 a. C. por Sócrates, Platón y Aristóteles— de negar el principio de no
contradicción, para refugiarse en la droga mental, moral y real de la “coincidentia oppositorum”, no
solo en el campo teórico: “sí = no; no = sí” (principio de identidad y no
contradicción), sino también en el moral: “bien = mal; mal = bien; ¡haz el mal
y huye del bien!” (anti-sindéresis).
Una vez más, “en el mar de la nada todo se hunde”,
porque nos falta bajo los pies la tierra del ser.
Resumiendo
Estas
páginas pueden parecer superadas, poco actuales, abstractas y de escaso valor
en lo que respecta al “problema de la hora presente”; sin embargo, son “conditio
sine qua non” para comprender a qué corriente filosófica se vincula Putin
en su actuar político, religioso y militar. En efecto, la política es la parte
social de la filosofía moral que deriva de la especulativa o metafísica: “Agere
sequitur esse”.
Ahora bien,
siendo así las cosas, me parece que el autor que ayudó a Putin a comprender la
naturaleza errónea del bolchevismo, del americanismo y la verdadera naturaleza
del Cristianismo (aunque sea “ortodoxo”) y del sano amor a la Patria (“Terra
patrum”), fue Solzhenitsyn, a quien estudiaremos junto con Putin, sin
hacernos excesivas ilusiones sobre el hombre Putin, pero sin pretender tampoco
tener certezas absolutas acerca de su “doble juego”, que podría ser una
posibilidad remota, dada la fragilidad humana, pero no una probabilidad y mucho
menos una certeza.
NOTAS:
1 – Cfr. C.
NITOGLIA, Esoterismo contemporaneo anticristiano, in: http://www.doncurzionitoglia.com , 2015.
2 – Per un’esatta
nozione di Tradizione apostolica – ben diversa dal Tradizionalismo gnostico,
esoterico o fideistico – cfr. B. GHERARDINI, Tradidi quod et accepi. La
Tradizione, vita e giovinezza della Chiesa, Frigento, Casa Mariana Editrice,
2010; Id., Quaecumque dixero vobis. Parola di Dio e Tradizione a confronto con
la storia e la teologia, Torino, Lindau, 2011.
3 – Cfr. C.
NITOGLIA, Joseph de Maistre esoterico? In: http://www.sisinono.org , 2019.
4 – Cfr. C.
NITOGLIA, Si può essere evoliani e cattolici? In: http://www.sisinono.org , 2015; ID., Evola Massone? In: http://www.doncurzionitoglia.com , 2015; ID.,
Stirner e Evola, in: http://www.doncurzionitoglia.com ,
2015.
5 – Cfr. C. NITOGLIA,
Equivoco guénoniano, in: http://www.doncurzionitoglia.com , 2012, ID.,
Si può essere guénoniani e cattolici? In: http://www.sisinono.org , 2021.
6 – Cfr. F.
OLGIATI, I fondamenti della metafisica classica, Milano, Vita & Pensiero,
1950; B. MONDIN, Storia della metafisica, Bologna, ESD, 3 voll., 1998.
7 – Cfr. C.
GIACON, Guglielmo di Occam. Saggio storico-critico sulla formazione e sulla
decadenza della Scolastica, Milano, Vita & Pensiero, 1941, 2 voll.; ID.,
Occam, Brescia, La Scuola, 1943.
8 – Cfr. C.
NITOGLIA, L’Esoterismo, CLS, Verrua Savoia, 2002.
9 – Cfr. F.
OLGIATI, La filosofia di Descartes, Milano, Vita & Pensiero, 1937.
10 – Cfr. G.
MATTIUSSI, Il veleno kantiano, Monza, 1907.
11 – Cfr. M.
CORDOVANI, Cattolicismo e Idealismo, Milano, Vita e Pensiero, 1928; G. M.
ROSCHINI, L’idealismo. Che cos’è. Come combatterlo, sine data, loco et editore;
S. VANNI-ROVIGHI, Storia della filosofia moderna, Brescia, La Scuola, 2° ed.,
1981, I vol., pp. 795-873, K. ROSENKRANZ, Vita di Hegel, Firenze, Vallecchi,
1966.
12 – Cfr. R.
GARRIGOU-LAGRANGE, La distinction réelle et la réfutation du panthéisme, in:
“Revue thomiste”, 1938; M. F. SCIACCA, voce “Panteismo”, in: Enciclopedia
Cattolica, Città del Vaticano, 1952, vol. IX, coll. 686-693.
13 – E. VOEGELIN,
La nuova scienza politica, tr. it., Torino, Borla, 1969; ID., Il mito del mondo
nuovo, tr. it., Milano, Rusconi, 2a ed., 1976; U. BIANCHI, Le origini
dello Gnosticismo, Colloquio di Messina (13 – 18 aprile 1966), Leiden, ed. E.
Brill, 1967; C. NITOGLIA, Gnosi e Gnosticismo, Paganesimo e Giudaismo, Brescia,
Cavinato, 2006.
14 – Cfr. R. E.
LERNER, Refrigerio dei Santi. Gioacchino da Fiore e l’escatologia medievale,
Roma, Viella, 1995; H. GRUNDMANN, Gioacchino da Fiore. Vita e opere, Roma,
Viella, 1997; H. DE LUBAC, La posterità spirituale di Gioachino da Fiore,
Milano, Jaca Book, 2 voll., 1983.
15 – Cfr. A. DEL
NOCE, L’epoca della secolarizzazione, Milano, Giuffré, 1970; ID.,
Secolarizzazione e crisi della modernità, 1989, Bologna, Il Mulino.
16 – Cr. C.
NITOGLIA, Dal Cristo esoterico al Cristo cosmico, in: http://www.sisinono.org , 2021.
17 – Cfr. A. DEL
NOCE, Il problema dell’ateismo, Bologna, Il Mulino, 1964; C. FABRO,
Introduzione all’ateismo moderno, Roma, Studium, 1964, 2 volumi.
18 – Cfr. C.
FABRO, voce “Agnosticismo”, in: Enciclopedia Cattolica, Città del Vaticano,
vol. I, 1948, coll. 497-488.
19 – A. DEL NOCE,
Cristianità e laicità, Milano, Giuffré, 1998, pp. 161-169.
20 – A. DEL NOCE,
Il problema dell’ateismo, Bologna, Il Mulino, 1964, pp. 293-333.
21 – G. ROSCHINI,
La Santa Messa. Breve esposizione dogmatica, II ed., Frigento, CME, 2010, p.
11-13.
22 – Cfr. C.
NITOGLIA, Tradizione cattolica e tradizione cabalistica, in: http://www.doncurzionitoglia.com , 2016.
23 – Cfr. GF.
MORRA, Il cane di Zarathustra. Tutto Nietzsche per tutti, con antologia,
Milano, Ares, 2013.
24 – Cfr. M. DE
CORTE, L’intelligenza in pericolo di morte, Roma, Volpe, 1973; ID., Ritorno al
reale, Roma, Volpe, 1970.
25 – Cfr. ANDREA
DALLEDONNE, Il rischio della libertà: San Tommaso – Spinoza, Milano, Marzorati,
1990.
26 – Cfr. C.
NITOGLIA, L’Esoterismo. L’auto-divinizzazione dell’uomo e l’unità trascendente
delle religioni alla luce della metafisica tradizionale, CLS, Verrua Savoia,
2002; ID., Gnosi e Gnosticismo, Brescia, Cavinato, 2004.
d. Curzio Nitoglia
fine del 4° e
ultimo capitolo della Prima parte
https://doncurzionitoglia.wordpress.com/2026/05/23/putin-e-allievo-di-solgenitsin-o-di-dughin/
