Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

miércoles, 20 de mayo de 2026

“JUDEO/CRISTIANOS” Y “JUDAIZANTES”

 



por DON CURZIO NITOGLIA

 

Introducción: un problema de máxima actualidad

 

El tema de este artículo podría parecer cronológicamente superado. Sin embargo, tanto 1.º desde el punto de vista teológico (después del Concilio Vaticano II, con la Declaración Nostra aetate del 28 de octubre de 1965; luego con la teología claramente judaizante de Juan Pablo II desde 1978 hasta 2005; retomada y continuada por Benedicto XVI desde 2005 hasta 2013); como 2.º desde el punto de vista hegemónico cultural/político/económico (con la Religio holocáustica, el único dogma que no puede ser puesto en discusión ni siquiera en la posmodernidad); como 3.º desde el punto de vista bélico (con el nacimiento del Estado de Israel en 1948 hasta el genocidio de los gazatíes y cisjordanos desde 2024 hasta 2026…), el problema del Judeo/Cristianismo y de los Judaizantes ha vuelto al primer plano con una enorme fuerza y actualidad.

Por ello, para ser comprendido en toda su importancia y gravedad —que nos está conduciendo hacia un conflicto universal—, debe ser afrontado primero desde un punto de vista teológico para poder luego ser resuelto políticamente, socialmente, económicamente y militarmente.

En efecto, mientras se siga considerando que Israel es el “Mesías militante” de los Goyim, que (según el Talmud) son una especie de “animales parlantes” al servicio de Israel, no habrá paz sobre esta tierra.

 

LOS JUDEO/CRISTIANOS:

 

Cristianos de religión, pero de etnia hebrea.

El término Judeo/Cristianismo se aplica —en sentido estricto— a los “Cristianos nacidos judíos, los cuales sostenían que la Ley ceremonial del Antiguo Testamento no había sido abolida y entraron así en conflicto no sólo con san Pablo, sino con el Cristianismo mismo”.

 

Complot contra la Iglesia de Cristo

 

Ellos, desde el nacimiento mismo de la Iglesia de Cristo, que perfeccionaba la Antigua Alianza, comenzaron a sembrar errores doctrinales y cizaña práctica entre las filas de los Cristianos, presumiendo ser una “raza superior” ante la cual debían inclinarse incluso Cristo y el Evangelio.

No satisfechos con haberlo crucificado, al constatar el nacimiento de una numerosa comunidad de Cristianos, intentaron matar al Cristianismo, ya no de manera cruenta, como hicieron el Viernes Santo en el Gólgota, sino de modo incruento, mediante el complot secreto y la infiltración subterránea, para transformar el Evangelio de Cristo desde dentro y devolverlo al viejo fariseísmo talmúdico y cabalístico.

Esta infiltración en el seno de la Iglesia de Cristo (como lamentó san Pío X, hasta el punto de llamar al Modernismo “secta secreta”) nunca ha cesado, así como tampoco el complot contra la Roma de los Papas, que —en la Nueva Alianza— ha tomado el lugar de la Jerusalén deicida, la cual había renegado no sólo de Cristo, sino también del Antiguo Testamento, que está enteramente referido al Nuevo y Eterno.

 

LOS JUDAIZANTES:

 

de iure, 1.º) Goyim convertidos al Cristianismo, pero que observaban el ceremonial judío; de facto, 2.º) Judíos de raza, pero de religión cristiana.

La palabra Judaizantes —etimológicamente— se refiere, en cambio, 1.º) a “los Gentiles o no judíos convertidos al Cristianismo, que sin embargo imitaban las costumbres judías […] y consideraban obligatoria, para salvarse, la observancia total o parcial de la Ley ceremonial mosaica; sin embargo, 2.º) —prácticamente— fueron casi todos Cristianos de sangre judía”.

En resumen, los Judaizantes son —en teoría— α) los Gentiles que se convierten al Cristianismo, pero judaizan, considerando necesarias las observancias ceremoniales judías; sin embargo, β) en la práctica son casi todos Judíos de raza. En efecto, sólo muy pocos Gentiles convertidos al Evangelio consideraron obligatoria la Ley ceremonial del Antiguo Testamento.

 

Los Judeo/Cristianos

 

Los Judeo/Cristianos, en cambio, son de iure et de facto Judíos convertidos a Cristo, que sin embargo consideran obligatoria la observancia del ceremonial judío.

Por tanto —hablando prácticamente— los dos grupos (Judeo/Cristianos y Judaizantes), aunque teóricamente distintos, coinciden sustancialmente. En efecto, ambos consideran indispensable la observancia del ceremonial veterotestamentario para salvar el alma, en contra del Evangelio enseñado por Jesús, de la Tradición apostólica y del Magisterio de la Iglesia (Concilio de Jerusalén, año 49).

 

El “Concilio de Jerusalén”

 

El Concilio de Jerusalén, explica Monseñor Francesco Spadafora, es:

«La Asamblea celebrada en Jerusalén en el año 49 de nuestra era, en la que la Iglesia católica, bajo la guía y autoridad de Pedro, primer Vicario de Cristo Resucitado, emitió la primera definición dogmática. Se trata del primer Concilio ecuménico, del cual hablan los Hechos de los Apóstoles (XV) y san Pablo (Gál., II). El problema dogmático, grave y sustancial, discutido por los Judíos convertidos al Cristianismo, versaba sobre el valor y la obligatoriedad de los preceptos ceremoniales/legales de la Ley mosaica [no de los 10 Mandamientos, n. del t.] después de la Redención de Cristo.

Jesús mismo, en el “Sermón de la montaña” (Mt., V, 10-48), había hablado de esta relación entre la Antigua (Israel) y la Nueva Alianza (Su Iglesia). La Antigua era elevada y absorbida por la Nueva. Los Judíos convertidos al Evangelio querían erróneamente todavía que, por ejemplo, un Gentil antes de recibir el Bautismo se hiciera circuncidar (cf. Epístola a los Gálatas). He aquí el grave problema, que prácticamente habría paralizado el desarrollo de la Iglesia y habría ligado el Cristianismo a la Sinagoga.

Además, sostener tal solución significaba devaluar, disminuir el alcance y el significado de la Redención; no comprender en absoluto la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En efecto, según el principio preciso y claro enunciado por Cristo (Mt., V, 17), no se trataba de una yuxtaposición, de una combinación, sino de “perfeccionamiento”, de un cumplimiento que eleva y, precisamente por ello, absorbe y suple, toma el lugar.

El fruto (NT) no se combina con la flor (AT), sino que la sustituye. […]. Dios enseñó a san Pedro, cuando iba a la casa del centurión romano Cornelio (Hechos, X, 28; XI, 3), que la Cruz de Jesús había abolido toda separación y diferencia entre Judíos y Gentiles. […]. Pablo y Bernabé defendieron en el Concilio de Jerusalén la libertad de los Gentiles respecto de la Ley ceremonial/legal mosaica, y el valor pleno y definitivo de la Redención de Cristo. […]. La primera definición solemne fue dada por el Príncipe de los Apóstoles, san Pedro, quien ya se había pronunciado en favor de la libertad de los Gentiles, declarando absolutamente arbitrarias, infundadas e inaplicables las pretensiones de los Judaizantes. […]. San Agustín se expresaba, en un caso análogo, con la fórmula que se hizo célebre: “Roma locuta est, causa finita est”.

El Cristianismo superaba el primer error que habría vaciado, en la teoría y en la práctica, la Obra de Cristo. En efecto, en las pretensiones de los Judaizantes había una devaluación y una incomprensión del valor de la Redención realizada por Cristo (cf. Epístola a los Romanos). Toda la Antigua Alianza palidece, desaparece ante Cristo, ante su Sacrificio y ante su Obra, como el hombre ante Dios, como los colores del alba ante la fulgurante luz del sol.

Y toda la gloria de Israel, toda la grandeza de la Ley de la Antigua Alianza consiste en ser precursores de Cristo; “pedagogos hacia Cristo” (cf. Epístola a los Gálatas, III, 24)» (F. Spadafora, Diccionario bíblico, Roma, Studium, 3.ª ed., 1963, pp. 125-127, voz “Concilio de Jerusalén”).

 

Principio del formulario

Final del formulario

LOS PREJUICIOS PRESUNTUOSOS DE LOS JUDEO/CRISTIANOS Y DE LOS JUDAIZANTES

 

Las pretensiones de los Judeo/Cristianos y de los Judaizantes se fundaban —material y erróneamente— en las promesas hechas por Dios a Abraham y a los Patriarcas; en el hecho de que el Mesías, nacido de la raza hebrea y descendiente de David, habría establecido sobre la tierra un Reino temporal, que era el de Israel; y en que Cristo había venido para cumplir la Ley social y política del antiguo Israel.

El Judeo/Cristianismo quería así “recalcar el Cristianismo sobre el Judaísmo, pidiendo a los pueblos afiliarse —mediante la circuncisión [y la observancia de la Ley ceremonial, n. del t.]— a la nación hebrea”.

Además, los Gentiles convertidos al Cristianismo, incluso con la obligación de la observancia ceremonial judía, habrían sido Cristianos de segunda categoría respecto de los Judíos convertidos en Cristianos, manteniendo siempre la observancia del Judaísmo ceremonial, con una inferioridad ontológica y no solamente con una posterioridad cronológica en el orden de la salvación.

 

LA TRADICIÓN DIVINO/APOSTÓLICA

 

La Iglesia de los Doce Apóstoles “cum Petro et sub Petro” respondió entonces, inmediata y firmemente, a esta insidia que hoy (sobre todo después de los Discursos de Juan Pablo II en la sinagoga de Roma: “Judíos hermanos mayores de los Cristianos…”, el 13 de abril de 1986, continuado luego en la iglesia del Gesù: “… En la Fe de Abraham”, el 31 de diciembre de 1986) se presenta nuevamente con fuerza a través de hombres de Iglesia, que hoy como ayer han vendido otra vez a Jesús y a su Evangelio por “treinta monedas”.

 

La enseñanza de Pedro y de los Apóstoles

 

En efecto, los Apóstoles enseñaron “bajo Pedro y con Pedro” que:

a) el Bautismo del Centurión romano Cornelio atestigua que un Gentil entró, por orden de Dios, en la Iglesia sin pasar por la Sinagoga (Hechos, X). Por tanto,

b) se puede ser Cristiano sin ser Judío de sangre (Judeo/Cristiano) ni tampoco someterse al ceremonial hebreo (Judaizantes).

Por ello,

c) la Antigua Ley ha sido abolida, al contrario de lo afirmado por Juan Pablo II en la sinagoga de Maguncia el 17 de noviembre de 1980: “La Antigua Alianza jamás abolida”.

Finalmente,

d) con Cristo, el “muro de separación” (Ef., II, 14) entre Judíos y Gentiles ha caído; la Iglesia está abierta a todos, sin distinción ni primacías de raza; no existen, ontológicamente hablando, “hermanos mayores o menores en la fe”, contrariamente a lo dicho por Juan Pablo II en el Templo Mayor de Roma el 13 de abril de 1986 y posteriormente en la iglesia del Gesù el 31 de diciembre del mismo año;

e) el Concilio de Jerusalén (Hechos, XV; Gál., II, 1-10) reconoció la libertad de los Gentiles para entrar en la Iglesia sin pasar por el Judaísmo, basándose en el Bautismo de Cornelio; ellos tampoco se convertirían en “hermanos menores”, es decir, no tendrían un rango ontológicamente secundario en la Iglesia;y

f) el incidente de Antioquía (Gál., II, 11-21) entre san Pedro y san Pablo nos enseña que los Paganos se salvan sin obligación de someterse a la Ley ceremonial: bastan la Fe y la Caridad sobrenatural. También los Judíos habrían podido salvarse mediante la Fe y la Caridad, mientras que la sangre o la raza judía no les habría dado una dignidad ontológica superior.

Finalmente, resumiendo, san Pablo enseña que “la circuncisión no es nada” (Gál., VI, 15) y que lo que salva es “la Fe que actúa por la Caridad” (Gál., V, 6).

 

El Judeocristianismo es derrotado por los Apóstoles

 

Así, el Judeo/Cristianismo fue rechazado fuera de la Iglesia, mientras que hoy, por parte de hombres de Iglesia incluso al más alto nivel (desde Juan XXIII, que ya en 1959 abolió el “pro perfidis judeis”, hasta Juan Pablo II, quien enseña que los Judíos son “Hermanos mayores de los Cristianos (…) en la Fe de Abraham” en 1986, y Benedicto XVI que los define como “Padres de los Cristianos” en 2010), se intenta hacerlo reingresar precisamente mediante la teoría de los “hermanos mayores”, de la “Antigua Alianza jamás revocada”, de las “raíces judeo/cristianas de Europa”, verdadero y auténtico “cuadrar el círculo”; en efecto, ¿cómo puede el Judaísmo (que niega a Jesús y a la Santísima Trinidad) ser una sola cosa con el Cristianismo (que se funda sobre dos Dogmas principales: 1.º la Divinidad de Jesucristo y 2.º la Trinidad de las Personas divinas en la Unidad de la Deidad)?

Es la “coincidentia oppositorum de Baruch Spinoza, habens Satanam suggerentem” (padre Reginaldo Garrigou-Lagrange).

 

¿Centinela anti-judío en alerta? ¡En alerta estoy!

 

Por ello, es necesario

1.º) mantener muy alta la guardia y el ojo alerta, para que el viejo error no se reproduzca nunca más. En efecto, cerca de cincuenta años de prejuicio de Judeo/Cristianismo son difíciles de erradicar. La “catástrofe” más grande sería precisamente el retorno teológico del Judeo/Cristianismo o la “nueva judaización”, que sustituiría a la Evangelización.

Por tanto,

2.º) jamás debe olvidarse la doctrina apostólica y, al mismo tiempo, es necesario reprobar toda forma de discriminación racial de cuño judaizante que sería, en cuanto particularismo racista, un verdadero pecado contra Dios y contra toda la humanidad en favor de una nación o de un pueblo.

 

La Teología de san Pablo sobre el Judaísmo postbíblico

 

San Pablo —en la Epístola a los Romanos— enseña que “el papel de Israel ha terminado ya. Dios, irritado por su conducta, lo ha abandonado. Vendrá un tiempo en que un resto de Israel se salvará. Ahora, las promesas divinas pasan a los Gentiles”.

 

Conclusión

 

“Dios encerró a todos [Judíos y Gentiles, n. del t.] en la infidelidad para usar con todos [Judíos y Gentiles, n. del t.] misericordia” (Rom., XI, 32). Esta me parece la conclusión obvia de cuanto sucede en nuestros días de apostasía universal.

Hoy, las Naciones otrora cristianas se han enfriado en la Caridad y han apostatado públicamente.

Es necesario evitar los errores por exceso y por defecto, que se levantan como dos precipicios alrededor de la cumbre de la verdad divinamente Revelada, contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición.

El error por exceso es el de considerar el Antiguo Testamento y el Judaísmo mosaico como intrínsecamente perversos, cayendo en una especie de marcionismo y neopaganismo anticristiano que, odiando a Israel (el “verdadero Israel”), odia también a Cristo.

El error por defecto está hoy muy difundido, lamentablemente, incluso en ambientes eclesiales. Éste considera que Israel no tiene ninguna responsabilidad colectiva en el rechazo de Jesús y que la Antigua Alianza con el pueblo hebreo sigue aún en pie.

En cambio, como nos muestran san Mateo y san Pablo, además de los Padres y Doctores escolásticos (la Verdad que se eleva como una cima entre los dos errores opuestos), Israel rechazó la Divinidad de Cristo y persevera aún hoy en este rechazo; traicionó el Mosaísmo y fundó una nueva religiosidad o una secta llamada Judaísmo post-bíblico o talmúdico.

Pues bien, éstos han sido repudiados por Dios, que rompió el Pacto con ellos porque ellos fueron los primeros en romper la Alianza con Él. En su lugar entraron los verdaderos Israelitas, que, descendiendo de Abraham según la carne, mantuvieron la fe en el Mesías Cristo, y los Paganos que se convirtieron al Cristianismo.

Sin embargo, al final de los tiempos Israel se convertirá a Cristo (Rom., XI, 26), los Cristianos se enfriarán en la Caridad y también ellos tendrán necesidad de la misericordia de Dios. Éstos son los tiempos que estamos viviendo en cuanto a la apostasía de los Cristianos, pero falta todavía la conversión de Israel, que persevera en el cegamiento y en el rechazo de Cristo, más aún….

En cuanto a aquellos que también hoy han permanecido fieles a Dios, vale siempre el dicho del Apóstol: “Quien piensa estar en pie, tema caer”. Por tanto, no debemos enorgullecernos ni despreciar a aquellos que han caído, para no ser también nosotros cortados de la “raíz” santa (que es Cristo).

Sin embargo, no debemos tener miedo; la Virgen nos ha prometido: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”, y Jesús ha jurado solemnemente: “Las puertas del Infierno no prevalecerán”. Por tanto, tengamos también un gran dolor por nuestro pecado de apostasía de Cristo, pero unido a una gran confianza en su triunfo, cuando Paganos y Judíos (Rom., XI, 26) sean los dos muros levantados sobre la “piedra angular”, que es Jesucristo, para formar la Iglesia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que es una sola: la fundada por Jesucristo, la Iglesia Romana o petrina, fuera de la cual no hay salvación.

d. Curzio Nitoglia

1   F. Vernet, in «Dictionnaire Apologétique de la Foi Catholique»,  Paris, Beauchesne, 1911, vol. II, col. 1654, voce «Juifs et Chrétiens».
2 Ivi.
3 Ibidem, col. 1655.
4 D.A.F.C., art. cit., col. 1656.

https://doncurzionitoglia.wordpress.com/2026/05/15/giudeo-cristiani-giudaizzanti/

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...