Por LUIS
ALVAREZ PRIMO
18 de
mayo de 2026
Queridos
amigos lectores de estas notas: lo mío
esta semana es un tanto magro pues mañana emprendo viaje a la Isla de KRK,
Croacia, donde participaré de un encuentro con E. Michael Jones y 40 amigos de
los 4 continentes.
¡Hasta la
vuelta!
En lo que
va del siglo XXI, podríamos decir que la Diplomacia es la Cenicienta de las
Relaciones Internacionales. A pesar de su modesta situación, Cenicienta
brillaba por sus virtudes y belleza; por lo cual su sola presencia resultaba
insoportable a sus hermanastras, quienes la destrataban y despreciaban con
tanto desdén y crueldad como su madrastra. En las Relaciones Internacionales
contemporáneas, dominadas por el decadente hegemón imperialista sionista,
también la diplomacia es destratada, despreciada, postergada y aún violada por
la barbarie judeo-sionista que controla la política exterior de los EE.UU, y
que Benjamín Netanyahu , el criminal genocida Primer Ministro de Israel,
“tutorea” desde hace más de treinta años, generando la inestabilidad política,
el caos, la limpieza étnica y el dolor y el horror de las guerras sionistas en
Medio Oriente.
La
diplomacia es el arte y la ciencia de lograr acuerdos con el fin de evitar que
los conflictos escalen hasta el choque trágico e infame de la guerra. Por
cierto, esta disciplina exige una esmerada “paideia” para conocer al hombre, la
historia y la cultura; y el hábito superior y decantado de la prudencia
política en orden a alcanzar el bien común humano, virtud propia de la inteligencia
embebida de la firme voluntad que busca el bien, que, por cierto, nada tiene
que ver con el maquiavelismo político o hábito de la falsa prudencia, la
hipocresía y el cálculo.
En las
guerras de las cuales nos venimos ocupando hemos podido observar el desempeño
de grandes diplomáticos como Serguei Lavrov, el canciller de la Federación de
Rusia, Wang Yi, Ministro de Relaciones de China, y Abbas Araghchi, Ministro de
Relaciones Exteriores de Irán. El contraste no podría ser mayor cuando
observamos con estupor la mediocridad de los funcionarios diplomáticos de los
EE.UU. o la Unión Europea: Anthony Blinken, Victoria Nuland, Marco Rubio, Steve
Witkoff, Jarred Kuschner, Analena Baerbock o Kaya Kallas.
Naturalmente todos esos funcionarios
políticos expresan, en unos casos la alta calidad política y cultural de sus
jefes en un entorno meritocrático, por ejemplo, Vladimir Putin; o bien, en
otros, la mediocridad rampante, con los casos paradigmáticos de Joe Biden,
Donald Trump, Ursula von der Leyen y el brutal criminal Benjamín Netanyahu.
Bien se
podría decir, entonces, dime qué diplomáticos tienes y te diré qué clase de
país es el tuyo.
Así, las
guerras en curso continúan porque la diplomacia es constreñida, manejada,
manipulada y amañada por la mala política.
En el suroeste de Asia, la guerra ilegítima no provocada e impuesta a Irán, traidora y violentamente, por la entente de EE.UU. e Israel, se halla en un “impasse” cuya salida diplomática depende de la voluntad de presidente Trump frente al lobby de Israel, que lo controla.
Irán, que
ha sufrido la peor parte de esta guerra, pero ha mostrado al mundo lo que
mide: el patriotismo y la entrega de su
clase dirigente, la dignidad, el valor y el espíritu de sacrificio de su
pueblo, se mantiene firme en la defensa de su pliego de condiciones (garantías
de paz para Irán y el Líbano, administración del Estrecho de Ormuz,
reparaciones de guerra, levantamiento de sanciones y devolución de bienes
usurpados, conservación de su capacidad de enriquecer uranio).
Militarmente,
Irán está preparado para responder con toda dureza cualquier ataque bélico de
la entente sionista estadounidense-israelí.
En
Ucrania el corrupto régimen de Zelensky se cae a pedazos y, militarmente, se
sostiene a duras penas con una brutal represión en el frente y una indigna e
indignante conscripción forzada de reclutas en las calles de Ucrania.
Rusia
sigue avanzando en la consecución de los objetivos de la Operarción Militar
Especial, es decir, la recuperación de los territorios con población rusa en
Ucrania y el desistimiento de toda pretensión de incorporarla a la OTAN.
La visita
de Trump a China quedará para el olvido, excepto por la lección de historia que
Xi Jin Ping impartió a Trump cuando le habló de “la trampa de Tucídides”,
concepto con el cual el historiador y militar ateniense, autor de “La Guerra
del Peloponeso”, enseñó que, cuando una potencia emergente desafía a una
potencia dominante, el conflicto bélico tiende a volverse inevitable.
"¿Pueden China y Estados Unidos superar
la trampa de Tucídides y crear un nuevo paradigma de relación entre grandes
países?", le preguntó Xi a Trump sutilmente. El mensaje de Xi fue que
ambas naciones deben buscar la cooperación y el respeto mutuo antes de que el
miedo y la competencia estallen en una confrontación incontrolable. Esto se
llama Diplomacia.
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