Por PHILIPPE PLONCARD D' ASSAC
Capítulo XVIII de su libro LE COMPLOT MONDIALISTE
Escrito en Noviembre de 2011.
Los rusos están particularmente inquietos, no
solamente a causa de los preparativos estadounidense-israelíes contra Irán,
sino también debido al escudo antimisiles en Polonia, en Eslovaquia, que Obama
después de Bush quiere instalar con el pretexto de las amenazas iraníes.
Falso pretexto, vista la distancia entre Irán y
Europa, pero intento de neutralizar a Rusia para que deje hacer.
Los medios cercanos al Estado Mayor ruso anunciaban
para el 9 de abril de 2007 una operación estadounidense llamada Bite
—Mordedura— sobre los sitios iraníes de producción de uranio enriquecido.
No ocurrió nada; sin embargo, además del Informe
Uglanov en el semanario Argumenty nedeli (1), el general Leonid Ivachov,
consejero de Vladimir Putin, confirmaba en RIA-Novosti:
“No tengo ninguna duda de que una operación
violenta será llevada a cabo contra Irán”.
“El hecho de que la Cámara de Representantes en
Estados Unidos haya omitido un texto que obligaba a Bush a presentarse ante el
Congreso antes de cualquier ataque contra Irán es capital”, estimaba.
Ivachov, vicepresidente de la Academia de Ciencias
de Geopolítica, subraya que esta supresión se hizo bajo la presión del lobby
israelí del American-Israel Political Action Committee (AIPAC), estructura
dependiente del B’nai B’rith.
Así, como durante la Segunda Guerra Mundial,
corremos el riesgo de ser comprometidos por intereses no solamente judíos sino
también petroleros, que no son los nuestros.
Se sabe que desde la llegada al poder de George W.
Bush, su clan, llamado erróneamente “neoconservador”, pues está compuesto por
antiguos trotskistas, judíos sionistas, apunta a la desestabilización y a la
ocupación de Oriente Medio por las dos razones que hemos visto:
·
Preservación
de Israel y de su proyecto de Gran Israel
·
Control de
las reservas de petróleo, para mantener bajo control a todos aquellos que no
disponen de recursos petroleros
A estas dos razones se añadía una tercera, cargada
de consecuencias para el poder financiero cosmopolita:
El proyecto de Irán revelado por el estudio de
Krassimir Petrov, citado por el Wayne Madsen Report del 9 de febrero de
2006, “de abrir en marzo de 2006 una ‘bolsa iraní del petróleo basada en el
euro’”.
Si esto aún no se ha verificado, es sin duda porque
los iraníes lo agitan como una “espada de Damocles” para bloquear toda
intervención estadounidense-israelí.
No deja de ser una verdadera “bomba atómica” potencial sobre las altas finanzas cosmopolitas de Wall Street.
Esto permitiría a cualquier país abastecerse o
vender petróleo en euros, eludiendo el dólar.
Esto ayudaría a los rusos a contrarrestar a los
estadounidenses que invaden su esfera de influencia, así como a los chinos, los
japoneses y los países de América Latina donde sopla un viento de revuelta
contra el dominio económico del Tío Sam.
Sería un golpe aún más duro que la solución que
había encontrado la economía del Tercer Reich para neutralizar el bloqueo
económico impuesto por la finanza judía.
Una de las causas de la Segunda Guerra Mundial,
como se desprendía del Daily Express que, recordémoslo, titulaba el 24
de marzo de 1933 en primera página:
“Judea declares war on Germany” (El mundo judío
declara la guerra a Alemania).
“Boycott of German goods” (Boicot de los productos alemanes). Cf. Anexos, p.
41.
Igualmente, el estudio de Michel Chossudovsky del
3.1.06 revela que:
“La preparación de una verdadera guerra contra Irán
en el curso de la cual se haría uso de ojivas nucleares ha entrado en su fase
final”.
“Por su parte, las fuerzas armadas iraníes
realizaron, en diciembre (2006), importantes maniobras en el Golfo Pérsico en
previsión de un ataque apoyado por Estados Unidos”.
“Desde la primavera de 2005, se observa un intenso
ir y venir diplomático entre Washington, Tel-Aviv, Ankara y el cuartel general
de la OTAN en Bruselas”.
“Ariel Sharon (todavía en coma prolongado) dio al
ejército israelí luz verde para comenzar los ataques a finales de marzo”.
Siempre según Michel Chossudovsky:
“En el seno de la Unión Europea, ninguna
personalidad política se opuso” y “se firmó un protocolo entre la OTAN e
Israel”.
¿Fabulaciones todo esto? No lo creemos, pues Michel
Chossudovsky no es cualquiera.
Profesor de economía en la Universidad de Ottawa,
es autor del libro de éxito internacional The Globalisation of Poverty,
publicado en once idiomas, y su última obra, America’s War on Terrorism,
de 2005, advierte contra las ambiciones hegemónicas estadounidenses y
sionistas.
También es director del Center for Research on
Globalisation.
Del mismo modo, la revista alemana Der Spiegel,
24.12.05, hacía referencia a filtraciones procedentes de los servicios de
inteligencia alemanes relativas a informaciones provenientes de Turquía.
Tras la visita de Vladimir Putin a Samsun, en
Turquía, el 17 de noviembre de 2005, con ocasión de la inauguración del
gasoducto submarino ruso-turco a la que asistía el primer ministro italiano
Silvio Berlusconi, el primer ministro turco Recep Erdogan habría prometido a
Putin que:
“Turquía no autorizaría a los Estados Unidos a
utilizar sus bases en caso de ataque militar contra Irán”.
Esto explica que el director de la CIA, Porter
Goss; el del FBI, Robert Mueller, y la Secretaria de Estado Condoleezza Rice,
se precipitaran hacia Turquía.
Intentaron influir en Ankara, Robert Mueller
alegando “el apoyo iraní al PKK kurdo y a la guerrilla kurda en Turquía”, lo
cual es falso por dos razones:
·
Los
“argumentos” estadounidenses e israelíes desde las mentiras sobre las “armas de
destrucción masiva” de Saddam Hussein ya no son creíbles, sin contar la saga
del 11 de septiembre…
·
Sobre todo,
todo el mundo conoce el apoyo estadounidense e israelí a los kurdos, en Irak especialmente
en esa época, para desestabilizar a Saddam Hussein
Así pues, no es la crisis actual que enfrenta a
Turquía con los rebeldes kurdos apoyados y protegidos por Bush e Israel la que
hará cambiar de opinión a Ankara.
Incluso si una parte de los generales turcos,
herederos de la revolución de los Jóvenes Turcos, “marranos”, de Kemal Atatürk,
apoyan la política israelí.
Las recientes detenciones de generales turcos
acusados de complot confirman las tensiones entre la facción “marrana” y el
gobierno islámico de Recep Erdogan (cf. La Politique n.º 105).
Sin duda es esto, junto con la crisis pakistaní
entre el presidente Pervez Musharraf dimisionario y el clan Bhutto, impuesto
por Estados Unidos, lo que paraliza a estadounidenses e israelíes, y la desaparición
de Benazir Bhutto, desde su regreso del exilio por causa de corrupción, no
cambia nada.
Hasta ahora aliados de los estadounidenses contra
los talibanes en Afganistán, los pakistaníes podrían revisar sus posiciones, lo
cual, para los estadounidenses, sería peligroso, pues Pakistán, al poseer el
arma atómica, podría hacer que Irán se beneficiara de ella.
Tal es la complejidad y la peligrosidad de la
situación.
En este contexto se observaba la evasiva de George
W. Bush, respondiendo a Patrice Poivre d’Arvor, que lo interrogaba con ocasión
del viaje de Nicolas Sarkozy a Estados Unidos.
A su pregunta retransmitida en el telediario de las
20 horas de TF1, el 7 de noviembre de 2007:
“Señor Presidente, corren rumores de que su
vicepresidente Dick Cheney tiene un plan para atacar Irán. ¿Qué hay de eso?”
Mueca de Bush, que respondía hipócritamente:
“Está usted curiosamente informado, ¿de dónde saca
eso?” “Yo no he oído nada personalmente…”
Se percibe así a los estadounidenses atrapados
entre su deseo de acabar con Irán y Siria y acontecimientos que no habían
previsto: el coma de Sharon, los de Turquía y Pakistán.
Sin contar los de Georgia…
En efecto, la desestabilización de su aliado
Saakashvili por la calle, por sus malversaciones y sus problemas con las repúblicas
separatistas de Abjasia y Osetia apoyadas por Moscú, paraliza al clan
estadounidense-sionista.
Lo que es seguro es que el Wayne Madsen Report,
del 2 de enero de 2006, señalaba ya:
“El mundo de la inteligencia está en ebullición
debido al número de indicios según los cuales la administración Bush está
terminando de preparar un ataque contra las instalaciones nucleares y militares
iraníes”.
Ya sea convencional, ya sea táctica con armas
nucleares mediante “bombitas”, las “mini nukes”, un cuarto de la potencia de
las bombas de Hiroshima y Nagasaki…
Estas informaciones, pese a lo que dijo George W.
Bush a Poivre d’Arvor, están confirmadas por la intensificación de la
preparación militar en varias bases estadounidenses, entre ellas Fort Rucker,
sede del Centro Nacional de Entrenamiento Aéreo del ejército estadounidense.
Asimismo, en Hurlburt Field, en Florida, sede del
Alto Mando de Operaciones Especiales de la US Air Force, que reúne a la Marina,
la Fuerza Aérea y el cuerpo de Marines.
Según fuentes de la inteligencia europea, Estados
Unidos habría advertido a sus aliados de la OTAN que “debían esperar ataques
dirigidos contra los sitios nucleares y militares iraníes”.
La elección de los objetivos sería también un
elemento de extensión del conflicto.
Entre ellos figuran la central nuclear de Bushehr,
donde trabajan centenares de técnicos rusos y de otras nacionalidades; la mina
de uranio de Saghand, cerca de Yazd; el sitio de enriquecimiento de uranio de
Natanz, etc.
Es decir, todos los sitios iraníes sensibles desde
el punto de vista nuclear, así como los sitios de lanzamiento de misiles.
Suficiente para constituir una bonita nube
radiactiva.
Lo que da aún más credibilidad a estas filtraciones
es que, tras las advertencias lanzadas por los chinos:
“Birmania habría tomado repentinamente la decisión
de trasladar su capital Rangún a Pyinmana, a 200 millas más al norte, en una
región menos expuesta a las consecuencias de un ataque nuclear contra las
instalaciones iraníes”.
Decisión que derivaría del temor a ver formarse una
nube radiactiva tipo Chernóbil, susceptible de quedar atrapada en las masas de
aire del océano Índico cuando sopla el monzón.
En efecto, la capital Rangún, situada a baja
altitud, se encuentra en el trayecto de las lluvias del monzón, que podrían
afectar a todas las ciudades costeras del océano Índico, potencialmente más
expuestas que las situadas en altura debido al efecto intensificador de la
humedad costera.
Es la razón por la cual: “Centenares de
funcionarios recibieron la orden, con solo dos días de preaviso, de hacer las
maletas y abandonar Rangún para Pyinmana”.
Las inquietudes birmanas son compartidas por todos
los países del sur y sureste asiático, así como por los países de la península
arábiga, donde las compañías petroleras occidentales temen las consecuencias de
tal ataque.
La actitud birmana, asociada a su denuncia del
papel nocivo de la finanza cosmopolita, explica las razones subyacentes de la
campaña mediática contra la junta birmana bajo el pretexto de la represión de las
manifestaciones de monjes.
En la feroz lucha de influencia entre Rusia y
Estados Unidos, no es sin duda casual que Rusia haya decidido apretar las
tuercas a Ucrania y a Georgia, convertidas en satélites de Estados Unidos,
alineando el precio del gas con el del mercado, en lugar de las tarifas
preferenciales de las que disfrutaban hasta entonces.
Se trata también de una advertencia a los países
europeos que apoyarían un ataque contra Irán, de que correrían el riesgo de ver
cortado su suministro.
La administración Bush comprendió inmediatamente el
peligro y acusó a Rusia de “utilizar sus recursos de gas como arma política”.
Lo cual no deja de ser irónico por parte de un país
que no deja de inmiscuirse en los asuntos de los demás, en nombre de la
“cruzada de las democracias” y del “derecho de injerencia”, de los que los
cosmopolitas Bernard Kouchner y Nicolas Sarkozy son también apóstoles.
Hay que señalar además los ejercicios militares
conjuntos entre Rusia, China e India bajo la égida de la Organización de Cooperación
de Shanghái (SCO).
Tiene como objetivo contrarrestar “las veleidades
expansionistas de Estados Unidos en Asia, incluido un ataque contra Irán, que
podría convertirse en miembro de la SCO” y, como desafío a los estadounidenses
y a Israel, Vladimir Putin invitó a Hamás a Moscú.
El 6 de septiembre de 2007 se supo que la aviación
israelí había violado el espacio aéreo sirio y bombardeado un sitio militar
sirio, sin que el mundo político-mediático se inmutara.
¿Qué razón para esta agresión, sino provocar a los
sirios y medir la capacidad de reacción siria e iraní?
¿Tendrá lugar esta guerra?
Hay que esperar que no, ya que desencadenaría
reacciones en cadena.
El escenario, puesto en marcha por la
administración Bush y los israelíes en tiempos de Sharon, aún no se ha
producido desde las primeras filtraciones conocidas sobre la preparación de la
guerra.
Sin embargo, las informaciones que hemos citado en La
Politique n.º 105, marzo de 2010, confirman la continuación de las
negociaciones estratégicas estadounidense-israelíes actuales.
Varios elementos parecen haber retrasado la
decisión:
·
la
enfermedad de Ariel Sharon,
·
el
estrepitoso fracaso israelí en Líbano en el verano de 2006,
·
la crisis
turco-kurda que podría privar a los estadounidenses de las bases turcas, sin
contar las incógnitas en Pakistán, aliado de Estados Unidos,
·
la guerra en
Georgia, imprudentemente impulsada por Bush para probar la capacidad de
reacción rusa y la debacle georgiana
Además, las intenciones sionistas suscitan cada vez
más tensiones y reticencias en el ejército estadounidense.
Sin embargo, queda un punto importante que puede
empujar a la guerra: el hecho de que Estados Unidos se da cuenta de que pierde
cada vez más el control del mundo con:
·
el auge de
Rusia, que recupera su orgullo imperial y nacionalista,
·
China e
India que se imponen como potencias económicas y militares,
·
América
Latina donde Estados Unidos es detestado
Tales son los factores que podrían empujar al clan
sionista a declarar la guerra con la esperanza de frenar su declive, que
marcaría el fin del sistema político-financiero masónico y cosmopolita cuyo
brazo armado y centro neurálgico serían los Estados Unidos.
Incluso en su final, la administración Bush
continuaba su preparación psicológica de la opinión, retomando, sin gran
imaginación, los mismos temas que contra el Irak de Saddam Hussein.
Con ocasión del Congreso de la American Legion, el
28 de agosto de 2007, George W. Bush afirmaba:
“Irán (…) es en el mundo el principal Estado que
promueve el terrorismo (…), financia grupos terroristas como Hamás y el Jihad
Islámico Palestino que matan inocentes y apuntan contra Israel, envía armas a
los talibanes”.
“El desarrollo rápido por Irán de una tecnología
que podría permitirle disponer de armas nucleares corre el riesgo de poner una
región, ya conocida por su inestabilidad y su violencia, bajo la amenaza de un
holocausto nuclear”.
“(…) Haremos frente a este peligro antes de que sea
demasiado tarde”.
La llegada de Obama no cambió nada.
El ataque contra Irán sigue programado y Bush,
antes de su salida en enero de 2009, había revelado que ya existían acciones de
guerra contra Irán:
“He autorizado a nuestros jefes militares en Irak a
hacer frente a las actividades mortíferas de Teherán”.
“Hemos emprendido operaciones contra los agentes
iraníes que suministran municiones mortíferas a grupos extremistas”.
¿Explicaría esto la extraña desaparición de Ali
Reza Asghari, general iraní supuesto “agente de enlace con Hezbolá o poseedor
de información sobre el programa nuclear iraní”?
No es de extrañar que los iraníes acusen a los
servicios secretos estadounidenses e israelíes, tanto más cuanto que Israel
presiona exigiendo la destitución del jefe del Organismo Internacional de
Energía Atómica, el egipcio Mohamed El Baradei, acusado de favorecer a Irán.
Él respondió fríamente a las presiones:
“¿Hemos visto en Irán elementos nucleares que
puedan transformarse rápidamente en arma?”
“No”.
“¿Hemos visto un programa activo de militarización
nuclear?”
“No”.
Así, El Baradei se encuentra en la misma situación
que sus predecesores, Hans Blix, Scott Ritter o David Kelly, presionados por
las administraciones Bush y Blair para encontrar “armas de destrucción masiva”
en Irak y justificar la invasión.
Se comprende que la negativa de El Baradei exaspere
al clan sionista, y esperemos que no le ocurra lo mismo que al británico David
Kelly, que se negaba a avalar con su autoridad las falsificaciones elaboradas
por el equipo Bush-Blair sobre las supuestas armas de destrucción masiva
iraquíes. Su muerte en extrañas circunstancias el 18 de julio de 2003 fue
rápidamente catalogada como “suicidio”, versión inmediatamente rechazada por su
esposa y sus colegas.
Nueva prueba de la voluntad de hacer la guerra a
Irán: esta información según la cual George W. Bush había pedido al Congreso un
esfuerzo suplementario de 42,3 mil millones de dólares.
Motivo, según John Pike: “La necesidad de
desarrollar una bomba antibúnker y la modificación de los bombarderos furtivos
B-2 para que sean capaces de lanzarla sobre los sitios iraníes de
enriquecimiento de uranio de Natanz, ahora profundamente enterrados”.
Así pues, no hay que hacerse ilusiones: los
sionistas quieren la guerra y Obama está sometido a las mismas presiones que su
predecesor.
A menos que acontecimientos exteriores la bloqueen
de nuevo, pero entonces, ¿tomará Israel la iniciativa, seguro de la complicidad
occidental?
Acontecimientos
recientes que obstaculizan los planes
1º El ensayo El lobby israelí y la política
exterior de Estados Unidos, de Stephen Walt y John Mearsheimer.
Estos autores consideran que: “Estados Unidos
confunde con demasiada frecuencia su interés nacional con el del Estado judío,
con el riesgo de comprometer su seguridad”.
Acusan claramente al “lobby proisraelí”, compuesto
por individuos y organizaciones que “trabajan activamente para influir en la
diplomacia estadounidense”.
Este texto no fue retirado pese a las protestas.
Añaden: “Si Estados Unidos tiene un problema de
terrorismo, es en gran parte porque está aliado con Israel, no al revés”.
2º La declaración de servicios secretos
estadounidenses (2007) afirmando que:
“Irán ha interrumpido su programa nuclear militar”.
3º La decisión de Vladimir Putin de enviar una
importante escuadra naval como advertencia.
