Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

lunes, 30 de marzo de 2026

"LA GUERRA DE LOS CONTINENTES"

 


—La guerra es un fenómeno místico —dijo Benjamín Benavides, dejando caer el diario sobre las rodillas. Estábamos en el Club de la Unión, y el Coronel se puso rojo como un tomate.

—¿Místico? —rugió—. ¡La guerra es un fenómeno de artillería, de intendencia y de cojones, con perdón de la palabra! Benjamín sonrió con esa paciencia de santo que a veces ponía furioso al Coronel.

—Todo eso es la cáscara, Coronel. La pólvora es el síntoma; la causa es el espíritu. Usted cree que la guerra la hacen los cañones, y yo le digo que los cañones son simplemente los instrumentos de una decisión que ya se tomó en el cielo, o en el infierno. La guerra es el flemón de una infección interna que se llama injusticia. Cuando la injusticia llega a un grado de saturación, el flemón revienta.

—¡Bah! —dijo el Coronel—. ¡Teología de sacristía! La guerra es la política por otros medios, como dijo Clausewitz.

—Clausewitz era un genio de la cáscara —replicó Benya—. Pero San Juan es el genio del meollo. Fíjese usted en el Jinete del Caballo Bermejo. No dice que Dios mande la guerra; dice que "le fue dado quitar la paz de la tierra". ¿Se da cuenta? Dios no empuja a los hombres al matadero; simplemente retira Su mano. Retira la Gracia, que es el único cemento que mantiene unidos a los hombres. Y cuando el cemento se retira, los ladrillos se caen y se aplastan unos a otros por su propio peso.

—Pero, Benjamín —intervine yo—, ¿usted cree que esta guerra que viene es la última?

—No lo sé —dijo Benjamín poniéndose serio—. Pero sé que es una guerra de continentes. Ya no son naciones las que chocan; son bloques de humanidad. Es como si el mundo se estuviera simplificando para el duelo final. Las naciones pequeñas desaparecen o se vuelven satélites. Al final quedarán dos, y después uno, y después... el que tiene que venir.

—Usted siempre con su manía del Anticristo —dijo el Coronel, un poco más calmado—. Pero explíqueme eso de la guerra de los continentes.

—Mire, Coronel: antes las guerras eran como pleitos de familia. Se peleaban por un límite, por una corona, por una herencia. Eran guerras humanas, con reglas, con honor, con treguas. Pero ahora la guerra es ideológica y técnica. La técnica ha suprimido las distancias, y la ideología ha suprimido la piedad. Ya no se trata de conquistar una provincia; se trata de imponer un sistema de vida a todo el planeta. El mundo se ha vuelto chico y el odio se ha vuelto grande. Los continentes se miran por encima de los océanos como dos boxeadores que ya no tienen dónde retroceder.

—¿Y quién ganará? —pregunté.

—Ganará el que tenga más fe, aunque sea una fe falsa —respondió Benjamín—. Porque la técnica es igual para todos. Los tanques son los mismos, los aviones son los mismos. Lo que decide es el "plus" espiritual. Pero cuidado: el "plus" espiritual del Mal es muy poderoso cuando el Bien se ha vuelto tibio. La guerra de los continentes es la preparación del escenario para el Gran Engaño. Cuando los hombres estén hartos de matarse por los continentes, pedirán a gritos un pacificador mundial. Y ese pacificador... ya saben quién es. El Coronel se quedó pensativo, mirando el fondo de su vaso.

—Usted dice que la guerra es un castigo —dijo al fin—. Pero mueren inocentes.

—La inocencia es un concepto relativo en una sociedad solidaria en el pecado —dijo Benjamín con tristeza—. Cuando una ciudad se incendia, se queman los templos y los prostíbulos. Pero no se engañe: la muerte no es lo peor que le puede pasar a un hombre. Lo peor es vivir en una paz podrida, en una paz que es una mentira continua, donde el alma se deshace en la molicie y el egoísmo. La guerra es un cirujano cruel, pero a veces es el único que puede extirpar el cáncer de la soberbia humana. La guerra devuelve al hombre a su dimensión real: una criatura frágil que hoy está y mañana no, y que tiene que rendir cuentas a Alguien.

—¿Entonces usted es partidario de la guerra? —preguntó el Coronel con una sonrisa irónica.

—Soy partidario de la Verdad —dijo Benjamín levantándose—. Y si la Verdad no puede reinar por el amor, acaba imponiéndose por el dolor. La guerra de los continentes no es más que el grito de la creación que gime por la Justicia que los hombres le niegan."

 

Leonardo Castellani - "Los Papeles de Benjamín Benavides" – 1954.

 

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