Varios de
mis lectores me han preguntado acerca de las próximas consagraciones
episcopales de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. Pues bien, he aquí mi
posición, expresada pedagógicamente en forma de preguntas y respuestas:
1. ¿Pecarán mortalmente los lefebvrianos
con estas consagraciones episcopales?
—
No, en absoluto.
2. ¿No es un acto cismático? — No,
formalmente no lo es.
3. ¿Por qué formalmente no lo es? —
Porque, para que se produzca un «cisma perfecto», es necesario que exista una
clara intención de realizar un acto cismático (o sea, un acto que implique que
hay voluntad directa de negar la autoridad el papa o de separarse de los demás
miembros de la Iglesia. Nota de NP) y de constituir, con los nuevos obispos,
una jurisdicción jerárquica paralela a la existente en la Iglesia católica
romana. Ahora bien, en este caso, no se dará ni una cosa ni otra.
4. ¿Puede ser, al menos, un acto
de desobediencia? — Sí, en efecto, lo es, al menos materialmente,
ya que Roma no quiere que dichas consagraciones se celebren.
5. ¿Entonces, pecan mortalmente
por desobediencia? — Tampoco, porque, en este caso, la
intención de la autoridad de la FSSPX, de los consagrantes y de los futuros
consagrados parece recta. Ellos invocan el «estado de necesidad», que
justificaría la «desobediencia material». Al respecto, no tenemos razones
objetivas para dudar de su conciencia ni de su recta intención, que es el bien
de las almas a las que asisten.
6. Pero se producirá la
excomunión «latae sententiae», es decir, automática e inmediatamente, ¿verdad? — Desde
una perspectiva canonística, sí, pero, bajo mi modesto punto de vista, dicha
excomunión será nula; creo que hay razones teológicas y iusfilosóficas
suficientes para concluir esto, aunque sé que gran parte de los canonistas me
lo negarán desde una visión puramente legalista. Sin embargo, pienso que,
además de darse como motivo fundamental el «estado de necesidad», la «razón
formal» por la cual debería producirse efectivamente dicha pena falla, dado que
no hay intención objetiva de cisma formal ni se creará una jurisdicción
paralela, repito.
7. ¿Recibió Mons. Lefebvre la
pena de excomunión? — Sí, como seguramente la recibirán estos
obispos, pero también su excomunión fue nula, ya que, en el plano sobrenatural
del Cuerpo Místico, ese obispo nunca dejó de estar en comunión con la Iglesia.
8. ¿Qué quiere decir con esto? — La
esencia de la comunión es triple, a saber: doctrinal, sacramental y jerárquica.
Estimo, pues, que el obispo Lefebvre y, por extensión, la FSSPX, no negaron
ninguna de estas tres «dimensiones esenciales» de la comunión eclesial.
9. ¿La FSSPX está en comunión doctrinal? — Por supuesto, no ha dejado de enseñar lo que la Iglesia ha creído siempre.
10. ¿Pero los lefebvrianos no
están siempre poniendo en cuestión los documentos del Concilio Vaticano II? — No
hacen una enmienda a la totalidad, como la gente comúnmente cree, habida cuenta
de que, en sus textos, existen elementos que forman parte del «depositum
fidei», pero abordan, con espíritu crítico, ciertas cuestiones «delicadas», en
las que resulta legítima la discusión teológica. (Ver la entrada "¿Qué hacer con el Vaticano II?")
11. ¿Cómo puede decir esta
barbaridad? — La puedo decir porque la «naturaleza» misma del
Concilio me lo permite.
12. ¿Qué quiere decir usted con
esto? — Quiero decir que el Vaticano II fue un concilio de
«naturaleza pastoral», no dogmático, y, por lo tanto, no gozó del carisma de la
infalibilidad, porque, en ningún momento, se quiso definir o condenar nada de
modo infalible; ésta fue la decisión expresa de la mayoría de los padres
conciliares. Sin embargo, en la época posconciliar, pese a esta «naturaleza pastoral»,
algunos pretendieron convertir dicho concilio en «superdogma».
13. ¿Superdogma? Esto es una
falta de respeto. ¿Por qué está utilizando la narrativa lefebvriana? — Estoy
empleando, de hecho, las mismísimas palabras de Joseph Ratzinger, quien, en una
visita a los obispos de Chile (1988), utilizó estos mismos términos.
14. Por otro lado, ¿es cierto que
la FSSPX está en comunión sacramental? — Sus sacramentos no sólo
son válidos, sino que se celebran según los ritos tradicionales que la Iglesia
ha empleado desde tiempo inmemorial.
15. Pero resulta evidente que la
FSSPX no está en comunión jerárquica, ¿verdad? — Pese a
que, a nivel canónico, su «situación institucional» es irregular e imperfecta,
la Fraternidad no deja de reconocer al papa de Roma como supremo pastor de la
Iglesia universal. De hecho, también reconoce y respeta la jurisdicción de
todos los obispos del orbe católico.
16. ¿Deme una prueba de lo que
está diciendo? — En cada misa de la FSSPX, sin excepción, los
sacerdotes nombran, en el «canon missae», al papa y al obispo del lugar.
17. ¿No es éste un argumento muy
débil? — Por Dios que no lo es. La manifestación más formal y
pública del reconocimiento jerárquico se da precisamente en la santa misa,
concretamente en el canon.
18. ¿Es usted lefebvriano o
filolefebvriano? — Ni una cosa ni otra, señor; yo voy por libre.
Simplemente soy católico y, como tal, tengo espíritu crítico, o sea, la buena
costumbre de emplear la razón y el juicio de discernimiento.
19. ¿Pero parece que usted está
en todo de acuerdo con la FSSPX? — No, no lo estoy. En ciertas
actitudes y cuestiones no estoy de acuerdo, pero éstas, bajo mi punto de vista,
son secundarias y accidentales. En lo «esencial», estoy al 100% de acuerdo con
la Fraternidad y, por lo tanto, no contribuiré a su injusta y desproporcionada
«demonización» pública.
20. ¿Me puede decir qué es lo
esencial? — Lo «esencial» es su «catolicidad». Punto final.
21. ¿Pero no le preocupa el
«escoramiento» de los lefebvrianos? — Me preocupa más la caterva de
heterodoxos, blasfemos y sacrílegos que hay por doquier, especialmente en
Alemania. También me inquieta la doble vara de medir que parece existir a la
hora de aplicar penas y censuras por parte de la autoridad eclesiástica.
22. Entonces, ¿qué solución ve
usted al actual problema lefebvriano? — Primeramente, creo que
Roma debería ser benevolente y aceptar formalmente la consagración de estos
próximos obispos, al mismo tiempo que debería reconocer los frutos espirituales
del apostolado de la FSSPX. Creo que éste sería un verdadero gesto de
misericordia y de inteligencia; ambas cosas no son excluyentes.
23. ¿No teme que, por estas
opiniones, lo critiquen? - No,
porque soy sacerdote de la Iglesia católica, no el pastor de una secta, y, por
ende, con respeto puedo y debo desplegar, en mi vida de fe, la verdadera
libertad de los hijos de Dios.
Dr. Mn.
Jaime Mercant Simó
Imagen
ilustrativa: Las cuatro consagraciones episcopales de manos de Mons. Marcel
Lefebvre y Mons. Antônio de Castro Mayer (30 de junio de 1988, Écône, Suiza).
