Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

martes, 2 de junio de 2026

PUTIN Y SOLZHENITSYN

 


 

UNA SEMEJANZA DESIGUAL

 

por DON CURZIO NITOGLIA

 

SEGUNDA PARTE EN CINCO CAPÍTULOS

 

CAPÍTULO I

 

I – DOSTOIEVSKI, SOLZHENITSYN Y PUTIN SEGÚN KISSINGER

 

En una entrevista concedida a la revista mensual estadounidense Atlantic, Henry Kissinger declaró:

«Para comprender a Putin hay que leer a Dostoievski. [...]. Putin ha salido de Dostoievski, angustiado por la falta de religiosidad, el permisivismo y la decadencia moral».

Dostoievski había sido condenado como reaccionario por el régimen soviético debido a un «exceso de valores sobrenaturales» contenidos en sus obras.

«Peter Savodnik, en un artículo aparecido en el último número de Vanity Fair, expone las razones por las que Dostoievski fascina tanto a Putin:

“La vieja Rusia es buena y pura. Occidente es malo, es impuro. Putin cita con frecuencia a Dostoievski en sus discursos. Putin se siente atraído por el Dostoievski bizantino”.

[...].

Marta Dell’Asta nos dice que Dostoievski interpretaba el problema de la modernidad de manera muy profunda. Para Dostoievski, Rusia formaba parte de Europa y era consciente de esta profunda unidad espiritual. Su crítica no iba dirigida a Occidente como tal, sino a su traición a las raíces cristianas.

Dostoievski amaba a la Rusia cristiana, que para él había sido traicionada. Consideraba fundamental que Rusia fuera cristiana.

[...].

Putin organizará en 2018 el centenario de Aleksandr Solzhenitsyn. Cuatro meses antes de su muerte, Solzhenitsyn elogió a Putin. Bajo Putin, la nación está redescubriendo aquello que debe ser propiamente ruso.

La primera vez que Putin y Solzhenitsyn se encontraron fue en el año 2000, en la dacha del escritor, y ambos permanecieron apartados durante largo tiempo en la biblioteca. Hoy Putin gusta de aparecer junto a la viuda del gran escritor en ocasiones de especial importancia.

[...].

Andrew Kaufman, uno de los mayores expertos en literatura rusa, escribe:

“Putin ha elegido a Dostoievski, quien creía que la misión especial de Rusia en el mundo consistía en crear un imperio cristiano paneslavo con Rusia al timón. Dostoievski consideraba que Rusia era la nación más avanzada espiritualmente de todas”».

 

Prólogo

 

Por lo que hemos visto hasta ahora, puede afirmarse, con probabilidad e incluso con cierta seguridad moral, que:

Aleksandr Solzhenitsyn y Vladimir Putin compartieron una cierta convergencia de ideales.

En efecto:

  1. En los últimos años de su vida, el escritor ruso —que fue encarcelado en 1945, salió del Gulag en 1953, publicó en 1962 su novela Un día en la vida de Iván Denísovich durante el deshielo temporal de Jrushchov, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1970, pero fue nuevamente arrestado en 1974 bajo la presidencia de Leonid Brézhnev y expulsado de la URSS como traidor al bolchevismo soviético, viviendo cerca de veinte años en el exilio, primero en Suiza y después en Estados Unidos, antes de regresar a su amada Rusia en 1994, cuando ya no existía la Unión Soviética— expuso en sus novelas, discursos y escritos su filosofía religiosa y patriótica, así como su crítica al bolchevismo, al judaísmo y a Occidente, hasta su fallecimiento en 2008.
  2. Durante los primeros años de la vida política postsoviética del presidente Vladimir Putin, quien desde la década de 1990 habría restaurado la situación de Rusia y que aún hoy, pese al supuesto complot atlántico contra la Rusia cristiana y patriótica, continúa gobernándola en medio de una «guerra oculta» y también «sangrienta», desencadenada por el denominado «Imperio del mal» («Usrael») desde 2014 hasta la actualidad (junio de 2026).

 

Semejanza desigual entre Putin y Solzhenitsyn

 

Ambos procedían del bolchevismo doctrinal (ateo y materialista), pero se convirtieron al cristianismo ortodoxo —también debido a la crisis modernista que habría afectado a los pastores de la Iglesia romana y que no ayudó a los exiliados rusos a ingresar en la Iglesia de Roma— y a un profundo amor por la patria (el cuarto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre» y, por tanto, a la patria, que es la «tierra de los padres»).

Sin embargo, Solzhenitsyn, aun habiendo sido un convencido bolchevique durante los primeros veinticinco años de su vida (hasta 1945, año de su encarcelamiento), fue posteriormente perseguido y encarcelado en Siberia durante ocho largos años, hasta 1953, pocas semanas antes de la muerte de Stalin.

Putin, en cambio, fue agente, coronel y posteriormente director del KGB entre 1975 y 1991 (durante dieciséis años). Pero, con la Caída del Muro de Berlín en 1989, habría tenido que reconocer —ayudado por el pensamiento de Solzhenitsyn— que el bolchevismo había arruinado a Rusia, mientras que el cristianismo y su filosofía la habían hecho grande. Esta filosofía se expresaba, entre otros lugares, en las obras maestras de Fiódor Dostoievski, impregnadas de amor por la historia, la tradición y la mentalidad o filosofía rusa, inseparable de la religión cristiana.

Según esta interpretación, para ambos Rusia constituye el baluarte por excelencia —tras la triste apostasía gradual de muchos hombres de la Iglesia de Cristo, identificada aquí con la Iglesia romana— de los valores tradicionales (teóricos y morales) frente al progresismo liberal-ilustrado y metafísicamente nihilista, no solo de Norteamérica sino también de la Europa «liberada» por el «Tío Sam», que una vez fue considerada la Cristiandad por antonomasia.

La lucha que la Rusia de Putin libra hoy contra la OTAN, Estados Unidos, Gran Bretaña y Ucrania (como plataforma de lanzamiento) es presentada como la lucha del orden natural y cristiano contra la subversión antinatural y diabólica de un Occidente considerado intelectualmente y moralmente corrompido.

 

Putin «canoniza» a Solzhenitsyn (2007)

 

En 2007, Putin promovió la rehabilitación oficial y la aprobación explícita, por parte de la Rusia ya no soviética, de las obras de Solzhenitsyn, que habían sido condenadas por el bolchevismo estalinista desde 1945 hasta 1970.

Principio del formulario

  

Putin condecora a Solzhenitsyn (2007)

 

Además, el 5 de junio de 2007, Putin otorgó a Solzhenitsyn la más alta condecoración del Estado ruso («Premio Estatal de Rusia») por su labor histórica, filosófica y literaria, incluida su última gran obra de 2002, compuesta por dos voluminosos tomos de aproximadamente 700 páginas cada uno: Doscientos años juntos, publicada en francés por Fayard de París en 2003 (traducida y publicada en italiano por Controcorrente de Nápoles en 2007). Esta obra estudia la influencia, primero fuerte (en el siglo XIX, volumen I) y luego predominante (volumen II, Revolución bolchevique de 1917 y años posteriores), del judaísmo talmúdico sobre Rusia, primero zarista (que lo combatía) y después bolchevique (que, según el autor, lo habría producido, dado que el componente judío representaba el 98 % de los dirigentes de la Revolución bolchevique).

Incluso Putin en persona, en 2007 —cuando todos los políticos e intelectuales de Occidente, desde Europa hasta Estados Unidos, habían repudiado a «Solzhenitsyn el antisemita»— acudió a visitarlo oficialmente en su dacha.

Durante ese encuentro discutieron no solo sobre la decadencia y el ocaso de Occidente, sino también sobre la actitud conciliadora de Gorbachov hacia el americanismo, que debilitó a Rusia y la llevó al borde del colapso total.

Putin tomó de Solzhenitsyn no solo la crítica a la represión soviética, sino también la importancia de defender la tradición histórica, religiosa y filosófica de Rusia.

En 2018, Putin inauguró personalmente en Moscú un monumento nacional a Solzhenitsyn con motivo del centenario de su nacimiento (11 de diciembre de 1918), definiéndolo como un «verdadero patriota».

 

8 de junio de 1978: discurso de Solzhenitsyn en Harvard

 

Conviene recordar que el 8 de junio de 1978, en Harvard, Solzhenitsyn, durante una conferencia universitaria, criticó severamente el sistema relativista (tanto teórica como moralmente) de Occidente, que había perdido sus raíces histórico-filosóficas (grecorromanas, patrísticas y escolásticas) y religiosas (el cristianismo romano).

Solzhenitsyn criticó duramente las deformaciones «espirituales» y «morales» del modo de vida occidental, especialmente el estadounidense, que también había corroído a Europa, todavía cristiana en otro tiempo (al menos hasta 1945/1958: final de la Segunda Guerra Mundial y muerte de Pío XII).

 

Resumen del discurso de Harvard

 

En Harvard, Solzhenitsyn, resumiendo en pocas palabras, afirmó:

  1. Occidente no es el modelo para la reconstrucción de Rusia sobre las ruinas soviéticas.
  2. El bolchevismo nos hizo sufrir el martirio del espíritu y del cuerpo, pero eso nos fortaleció espiritualmente.
  3. Occidente ha caído en la apostasía filosófica, histórica y religiosa.
  4. La personalidad del hombre ruso, martirizado por el bolchevismo, es más fuerte que la del hombre occidental, reblandecido por el bienestar americanista.
  5. La represión soviética nos llevó a buscar cosas elevadas e imperecederas; mientras que el «pensamiento débil» occidental nos ha ofrecido frivolidades, espectáculos publicitarios repugnantes, música intolerable y arte degenerado.

Este discurso le costó ya en 1978 la marginación «tolerantemente democrática» de Occidente, con Estados Unidos a la cabeza; mientras que, en 2002, el libro Doscientos años juntos, sobre la influencia del judaísmo en Rusia durante los siglos XIX y XX, le costó el olvido e incluso una especie de «excomunión» laicista, como si nunca hubiera existido. Como resultaba difícil criticarlo y refutarlo, era preferible ignorarlo y olvidarlo.

 

Contra Judas y contra el oro

 

A la luz del pensamiento de Solzhenitsyn, que continúa el de Dostoievski e influyó en la conversión religiosa, filosófica y política de Putin, me parece que puede afirmarse con cierta probabilidad que la lucha actual (2008/2014/2022) entre «Usrael» y Rusia es la de dos entidades contrapuestas como el sí y el no, el blanco y el negro (sin caer en el maniqueísmo); en definitiva, es la lucha de la sangre contra el oro.

Ya en 1978 (y de forma ininterrumpida hasta 2008), Solzhenitsyn había intuido que la «guerra oculta» entre las fuerzas occidentales, degeneradas mental y moralmente, y aquellas todavía sanas natural y sobrenaturalmente (la Rusia cristiana y patriótica), ya había comenzado (cf. Aleksandr Solzhenitsyn, Regreso a Rusia. Discursos y conversaciones 1994-2008, Padua/Venecia, Marsilio, 2019).

Según Solzhenitsyn, el espectáculo occidental es repugnante y deprimente, pero los occidentales se han quitado las gafas y el audífono y continúan sonriendo como si todo fuese normal, ordenado, verdadero y bueno.

 

Solzhenitsyn, ruso-ucraniano...

 

La figura de Solzhenitsyn es hoy más actual que nunca; en efecto, era de origen ruso-ucraniano y siempre declaró que la guerra entre estos dos pueblos solo beneficia a sus enemigos y resulta fatal para ellos mismos. Sus culturas, afirmaba, no son antagonistas, sino complementarias.

Occidente aprovechó la llegada de Zelenski al poder en Ucrania para saquear también a Rusia, pero la reacción, hasta ahora, no ha faltado. Lo mismo ocurriría con Irán.

Desde diciembre de 2018 se reconoce unánimemente que el inspirador de Putin es Solzhenitsyn.

Que Putin sea admirador de Solzhenitsyn no es ninguna novedad: lo visitó por primera vez el 20 de septiembre de 2000, lo cita repetidamente en sus discursos y el 5 de junio de 2007 le concedió la máxima condecoración del Estado ruso (cf. Joseph Pearce, Solzhenitsyn and Putin, en The Imaginative Conservative, 2026).

 

II – EL PENSAMIENTO DE SOLZHENITSYN SOBRE EL JUDAÍSMO

 

El papel del judaísmo en la Revolución de febrero de 1917

 

Aleksandr Solzhenitsyn (1918-2008) publicó en 2002 una historia de las relaciones entre los judíos y la Revolución rusa en dos volúmenes titulada Doscientos años juntos. Fue traducida al francés por Fayard de París en 2003 y al italiano en 2007 por las Ediciones Controcorrente de Nápoles.

El primer volumen trata del siglo XIX (Judíos y rusos antes de la Revolución) y el segundo del siglo XX (Judíos y rusos durante el período soviético).

Me baso esencialmente en el segundo volumen de Solzhenitsyn para desarrollar el tema que me he propuesto. El trabajo del autor está muy cuidadosamente elaborado (es fruto de cincuenta años de estudios e investigaciones) y es rico en referencias bibliográficas, especialmente rusas. Para no recargar el texto, remito a las citas del libro de Solzhenitsyn; quien lo desee podrá verificar las fuentes que él cita abundantemente.

 

El prólogo del libro de Solzhenitsyn

 

Me parece necesario reproducir el prólogo del primer volumen de Solzhenitsyn para comprender el espíritu con el que el autor abordó la cuestión:

«En mi trabajo, que dura ya medio siglo, sobre la historia de la Revolución rusa, me he encontrado más de una vez con el problema de las relaciones entre rusos y judíos. Tenía la esperanza de que algún autor se me adelantara y lograra esclarecer esta cuestión candente con la amplitud y el equilibrio necesarios. Pero la mayoría de las veces nos hemos enfrentado a reproches unilaterales. O bien los rusos son culpables ante los judíos; o bien, en el extremo opuesto, los rusos que se han ocupado de este problema relacional lo han hecho en su mayor parte con hostilidad y exceso. [...].

El pueblo judío es al mismo tiempo sujeto activo y objeto pasivo de la historia. Los acontecimientos que han afectado a este o aquel pueblo a lo largo de la historia no siempre han sido determinados únicamente por ese pueblo [judío, nota del editor], sino también por todos los que lo rodeaban. Una actitud excesivamente apasionada por parte de unos y otros resulta humillante para ambas partes».

(A. Solzhenitsyn, Doscientos años juntos. Judíos y rusos antes de la Revolución, Nápoles, Controcorrente, 2007, vol. I, pp. 5-6).

 

Sin embargo, del estudio del libro resultará el papel preponderante, aunque no exclusivo, que el judaísmo desempeñó en la Revolución rusa. Por ello, Solzhenitsyn aborda la cuestión con equilibrio, pero también con gran rigor histórico, atribuyendo a cada cual sus méritos y deméritos. Es por esta razón que me baso principalmente en su estudio para ofrecer al lector una pequeña síntesis del inmenso problema de la preponderancia judía en la Revolución rusa.

 

La preponderancia judía

 

La comunidad judía rusa obtuvo la igualdad jurídica con la Revolución de febrero de 1917 (A. Solzhenitsyn, Doscientos años juntos. Judíos y rusos durante el período soviético, Nápoles, Controcorrente, 2007, vol. II, p. 29).

En aquellos días, Petrogrado se encontraba sumida en el caos, no solo social, sino también de opiniones y publicaciones:

«La prensa y la sociedad coinciden únicamente en un punto: la necesidad de instaurar inmediatamente la igualdad jurídica para los judíos [...], la supresión de toda discriminación religiosa o racial. La igualdad jurídica para los judíos avanzó a grandes pasos» (op. cit., p. 30).

En marzo de 1917 se adoptaron «enérgicas medidas contra los antisemitas declarados o considerados como tales» (op. cit., p. 35).

«En Gran Bretaña y en Estados Unidos se observan reuniones multitudinarias en apoyo de la revolución y de los derechos de los judíos rusos» (op. cit., p. 41).

El magnate y banquero estadounidense Jacob Schiff: «Comenzó a apoyar al gobierno de Kerenski con una importante línea de crédito. Schiff había financiado activamente la propia revolución. [...]. La misma Revolución de febrero había invocado de manera consciente y reiterada la ayuda de los judíos en cuanto nación enteramente sometida. Los testimonios son casi unánimes al afirmar que, en toda Rusia, los judíos acogieron la revolución con entusiasmo» (op. cit., pp. 41-42).

Solzhenitsyn observa:

«Los numerosos años [aproximadamente 50, nota del autor] de mi minucioso trabajo sobre esta época me han permitido penetrar en el sentido íntimo de la Revolución de febrero y, en consecuencia, en el papel desempeñado por los judíos. [...]. En el seno de la intelectualidad había naturalmente muchos judíos, pero esto no nos permite decir que la revolución fuese judía. [...]. De la Revolución de febrero, la comunidad judía rusa recibió íntegramente todo aquello por lo que había luchado. [...]. Ya ha ocurrido otras veces en la historia que un libro se abandone a esta tentación fácil y peligrosa: echar toda la culpa a los judíos. La Revolución rusa fue realizada por manos rusas debido a una falta de discernimiento ruso. Pero, paralelamente, en su ideología, un papel significativo y determinante fue desempeñado por una intransigencia absoluta respecto al poder histórico ruso, una intransigencia que los rusos, a diferencia de los judíos, no tenían derecho a experimentar. Esta intransigencia se había acentuado claramente después del proceso Beilis [acusado de “asesinato ritual”, nota del editor]» (op. cit., p. 46).

El «Comité Ejecutivo del Sóviet», constituido en las primeras horas de la revolución, «era un gobierno en la sombra de los más duros; fue él quien privó al gobierno provisional de Kerenski de todo poder real, cuidándose al mismo tiempo de no asumir directamente y de forma abierta el poder. Fue precisamente este Comité Ejecutivo el que condujo al país a la ruina. Durante el verano de 1917, uno de los miembros de este Comité Ejecutivo, Joseph Goldenberg, explicó al diplomático francés Claude Anet: “Desde el día en que hicimos la Revolución comprendimos que, si no destruíamos el ejército, éste aplastaría la Revolución. Debíamos elegir entre el ejército y la Revolución. No vacilamos: nos pusimos del lado de esta última”» (op. cit., p. 48).

Solzhenitsyn continúa:

«¿Quiénes eran estos personajes tan fatalmente eficaces que componían el CE (Comité Ejecutivo, en adelante CE)? La composición del CE preocupaba mucho tanto al público como a los periódicos en 1917, cuando un buen número de sus miembros se ocultaban bajo seudónimos: Rusia era gobernada, pero no se sabía muy bien por quién. Más tarde se supo que en el CE había una decena de soldados embrutecidos que figuraban allí de manera decorativa, pero que no tenían ningún peso real. De las otras tres decenas de miembros verdaderamente activos, más de la mitad eran socialistas judíos. Había rusos, caucásicos, letones y polacos, pero los rusos constituían menos de una cuarta parte» (op. cit., pp. 48-49).

 

Don Curzio Nitoglia

Fin del “Capítulo I” de la “Segunda Parte”

Continuará.

 

1. Giulio Meotti, Putin de Guerra y Paz. Cultiva a los grandes de la literatura rusa, de Tolstói a Solzhenitsyn, también con fines políticos, en Il Foglio Quotidiano, 28-29 de enero de 2017, p. I.

2. Peter Savodnik es un politólogo estadounidense de origen judío procedente de Europa nororiental, nacido en Pasadena (sur de California) alrededor de 1975; la fecha exacta de su nacimiento no es pública por motivos de privacidad y seguridad. Su padre es un psiquiatra que ejerce en California. Peter no milita públicamente en favor de Israel ni de su pertenencia religiosa al judaísmo. Sin embargo, su identidad religiosa y sus vínculos con la historia y la religiosidad de la comunidad israelita aparecen con cierta frecuencia en los análisis de sus numerosos escritos, que investigan la evolución de la identidad judía en Estados Unidos y la relación entre Norteamérica y el Estado de Israel; estos han sido publicados principalmente en Tablet Magazine. Peter escribe para Vanity Fair y sus artículos aparecen a menudo también en The Guardian y en Tablet. Además, ha colaborado con otras publicaciones procedentes de la antigua URSS, Oriente Medio y Estados Unidos. También ha publicado varios libros, entre ellos The Interloper: Lee Harvey Oswald Inside the Soviet Union (Nueva York, Basic Books, 2013).

3. Giulio Meotti, Putin de Guerra y Paz. Cultiva a los grandes de la literatura rusa, de Tolstói a Solzhenitsyn, también con fines políticos, en Il Foglio Quotidiano, 28-29 de enero de 2017, p. I.

4. Los volúmenes pueden solicitarse en: controcorrente_na@libero.it; tel. 081 421 349; fax 081 420 25 14.

5.

  • ARR: Archivos de la Revolución Rusa, Slovo, Berlín, 1922-1937.
  • EG: Enciclopedia Judaica (16 volúmenes), San Petersburgo, 1906-1913.
  • EGR: Enciclopedia Judaica Rusa, Moscú, 2.ª edición, 1994, en curso de publicación.
  • LMGR-1: Libro sobre el mundo judío ruso de 1860 a 1917, Unión de los Judíos Rusos, Nueva York, 1968.
  • LMGR-2: Libro sobre el mundo judío ruso, 1917-1967, Unión de los Judíos Rusos, Nueva York, 1968.
  • RiE: Rusia y los judíos, YMCA Press, París, 1978; edición original, Berlín, 1924.

6. En este proceso participó como perito monseñor Giovanni Battista Pranaitis, quien escribió para la ocasión Christianus in Talmude Judaeorum, una antología del Talmud en la que se reproducen en hebreo y se traducen al latín los pasajes considerados ferozmente anticristianos, tendentes a justificar la condena a muerte de Cristo y la muerte de los cristianos. Existe una traducción italiana de esta obra bajo el título I segreti della dottrina rabbinica (Los secretos de la doctrina rabínica), Proceno di Viterbo, Effedieffe, 2001.

 

https://doncurzionitoglia.wordpress.com/2026/05/29/putin-solgenitsin/

 

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...