Por FRAY LLANEZA*
Distinciones
necesarias, en torno a la ofensiva anti-tradicionalista de la Iglesia
conciliar, y las disímiles reacciones ante la misma.
1.-Se
trata de una guerra religiosa, no de una diferencia de criterios.
“En
nuestros días, más que nunca, la fuerza principal de los malos, es la cobardía
y la debilidad de los buenos, y todo el nervio de Satán reside en la molicie de
los cristianos”, así
hablaba San Pío X.
El último
papa santo tenía mucha razón. Llegamos a este punto porque los buenos han sido
cobardes y débiles y no han querido hacer frente a los enemigos. Peor aún: no
han sabido reconocer y distinguir entre amigos y enemigos, o si han visto a los
enemigos han preferido hacer de estos algo abstracto. Lucha contra el error en abstracto
pero no contra el enemigo concreto que pone en acción esos errores.
En toda
guerra se pelea y se mata a enemigos concretos. Guste o no, si alguien se
involucra en una guerra, eso es lo que pasa.
En la guerra
religiosa, evidentemente, se utilizan otras armas, pero los que combaten a un
lado y otro no dejan de ser personas reales y no seres abstractos. No se
enfrenta sólo la Tradición contra el Modernismo. No solo la Iglesia católica
contra la Iglesia conciliar o sinodal. Los enemigos lo entienden bien, Mons.
Lefebvre lo entendió bien. Por eso ellos lo “excomulgaron”, y ahora Roma se
apresta a lanzar nuevas falsas excomuniones. Sin embargo, ¿la FSSPX entiende
eso? Ojalá que recupere la memoria.
“Los
puestos de autoridad en Roma están en manos de anticristos”, dijo Mons.
Lefebvre antes de las consagraciones de 1988. ¿Qué no habría que decir ahora?
Es verdadero que la FSSPX aparece dividida entre los más duros, fruto de la antigua escuela de Lefebvre, y los liberales acuerdistas, que buscaron durante muchos años ser reintegrados a la estructura vaticana, sin conseguirlo. Ahora, habiendo fracasado, estos últimos buscan por otra manera apaciguar a Roma pese a las necesarias nuevas consagraciones episcopales. De allí las sonrisas diplomáticas hacia el degenerado impío “Tucho” Fernández, o la elección de candidatos al episcopado nada combativos, de allí que en la última carta abierta de la FSSPX, firmada por dos de los más caracterizados acuerdistas como son Fellay y Schmidberger, se presente una verdadera y excelente “Profesión de fe” pero a la vez se confíe en que la misma sirva para que “un día este texto doctrinal pueda servir de base para una discusión franca con la Santa Sede, en un clima pacífico, fraterno y caritativo”. No dicen que eso ocurrirá porque Roma haya vuelto a la Tradición, como pedía Mons. Lefebvre. O sea, siguen deseando ser recibidos (¿para discutir una profesión de fe, o una reintegración o qué?) por los que atacan impíamente a la Virgen en un documento vaticano, por los que promueven la sodomía, la idolatría pagana, los que persiguen la misa tradicional, y trabajan para la descristianización de las sociedades y la instalación de la iglesia sinodal a gusto del Anticristo.
Cierto,
“lo cortés no quita lo valiente”, pero la indignación viril es necesaria ante
los que destruyen la Iglesia desde dentro y aún osaron atacar a la Santísima
Virgen.
Los
jerarcas de la FSSPX saben que las consagraciones son inevitables, de ellas
depende su supervivencia, pero quieren a pesar de eso seguir siendo “amigables”
y vistos como “no peligrosos” por los enemigos enquistados en Roma. Se
comprende esta precaución también debido a la exposición mediática.
Pero uede
ser por esto que esta jerarquía fraternitaria ya no menciona a Mons, Lefebvre
cuando decía cosas de una claridad rotunda y sin pelos en la lengua: “Para todo sacerdote que quiera permanecer
católico, es un deber estricto separarse de esta Iglesia conciliar mientras
ella no regrese a la tradición del magisterio de la Iglesia y de la fe católica”.
("Itinerario Espiritual", 1991).
Se nos
dirá: eso es lo que están haciendo, no necesitan decirlo. Nuevamente: criterio
prudencial. Que permanece dentro de la incógnita acerca de lo que ocurrirá
dentro mismo de la Fraternidad.
El
combate por la fe es, inevitablemente, el combate contra aquellos que quieren
destruir la fe. Roma parece tener más claro esto que la Fraternidad, que, como
ya hemos dicho, se halla dividida. Lo cual, por supuesto, no se sospecha viendo
sus grandes producciones publicitarias en formato de videos “épicos”, para
ganar a la opinión pública. Lo cual, por
supuesto, tendrá menos efecto del que ellos desean, pues Roma cuenta con
ventaja en ese terreno.
Aprendamos
del ejemplo de Irán, que derrotó al coloso norteamericano y, sin claudicar,
declinó ante la firma del victorioso acuerdo prestarse a la fotografía
sonriente con un enemigo que aspiraba a hacerlo desaparecer del mapa. La
hipocresía no corresponde al verdadero combatiente de la verdad.
2.-Parcialidades,
distinciones.
Estamos
en una guerra que hasta ahora se había mantenido bastante disimulada, sobre
todo porque se utilizaba la política de la “zanahoria”, de las “concesiones” y
la “tolerancia” hacia la FSSPX, que, lejos de la inicial y la actual intransigencia,
bregaba por un reconocimiento y, recordemos, estuvo a punto de obtener una
prelatura personal a mediados del 2012, que hubiese sido su eutanasia. Luego de
la astuta diplomacia bergogliana, hubo un aceleramiento antitradicionalista con
Francisco y determinadas medidas particularmente contra la Misa tradicional. Sin
embargo, con León, las cosas muestran una celeridad impresionante. Es el primer
papa que no recibió nunca a la Fraternidad. Y en apenas un año su destrucción
ha sido más audaz –aunque parezca lo contrario- que la de Francisco. El “Titanic”,
que no es la Iglesia católica sino la Iglesia conciliar-sinodal, avanza veloz y
no está dispuesto a que nadie permanezca al margen de su desastroso choque
contra el iceberg. Las voces discordantes deben ser acalladas. Fulminadas
mediante la “excomunión”. Todos los traducionalistas nos encontramos en esta
bendita situación.
La
respuesta clara y contundente, inequívoca, sobre la actitud a mantener, ya la
dio Monseñor Lefebvre, poco antes de su paso a la eternidad, y repetimos nuevamente
sus palabras: “Para todo sacerdote que
quiera permanecer católico, es un deber estricto separarse de esta Iglesia
conciliar mientras ella no regrese a la tradición del magisterio de la Iglesia
y de la fe católica”.
El gran
Arzobispo nunca dejó de hacer la debida distinción entre las “dos Iglesias”,
modo que tenía de dar continuidad a lo enseñado por San Pío X contra los
modernistas, y de dejar en claro que había una secta modernista que había
tomado los resortes del poder vaticano.
Si caen
las “excomuniones” sobre la Fraternidad puede ser una bendición del cielo para
que aún sobreviva un tiempo más la obra de Mons. Lefebvre, que ha hecho tanto
bien, ante el panorama eclesiástico que parece llegar a lo más profundo de su abismo,
junto con la Europa occidental apóstata
Ante este
panorama, se hace necesario hacer algunas distinciones, puesto que la confusión
y la mirada sesgada se imponen, desde un lado al otro del espectro mediático.
Como en
un apasionado match deportivo, se suceden los que ilusamente idealizan (o
idolatran) a la FSSPX, por un lado, frente a los que neciamente la defenestran
y condenan por su supuesto “cisma” y “rebeldía”, por el otro.
Los
primeros no conocen la Fraternidad por dentro, ni su historia. Muchos la miran
desde afuera o son recién llegados Los segundos no conocen bien la doctrina
católica y andan anclados en la nueva teología surgida del Vaticano II. Para
estos no hay “estado de necesidad”, pues minimizan la gravedad de la crisis.
Por
encima de todos ellos anda la ostentosa publicidad de la propia FSSPX, y, por
el contrario, la venenosa actitud de ciertos “conservadores”, “ralliés” y otros
a los que supuestamente “no se la cuentan”. Mucha petulancia, ¿verdad?
Entonces,
hay varios temas a distinguir en todo esto: 1) las consagraciones en sí, 2) los
que serán consagrados, 3) la situación interna de la Fraternidad, 4) la actitud
de Roma modernista hacia la Tradición católica.
1.-Las consagraciones en sí, como ya se ha
dicho en muchos trabajos y estudios desde 1988 hasta la fecha, no incurren en
la pena de excomunión. No hay ningún cisma. Por el contrario, son absolutamente
necesarias debido al estado de necesidad en la Iglesia. Las excomuniones
fulminadas por León serán absolutamente inválidas, nulas, inexistentes. Pero, ¿cómo
se llegó a esto? ¿Cómo ahora se está viviendo esta “dramatización” mediática de
las consagraciones y las posibles “excomuniones”? Simplemente no se estaría
hablando de esta actitud de Roma si la FSSPX se hubiese conservado en su primigenia
actitud de considerar las “excomuniones” de 1988 inválidas. Pero, desde el año
2000 Mons. Fellay inició una campaña para que les retirasen esas “excomuniones”
a fin de poder llegar a un acuerdo con Roma. Una vez “levantadas las
excomuniones” por Benedicto, y a fin de no volver a ser “excomulgados” –esto se
sabe por una comunicación interna de Mons. Tissier a los sacerdotes de la
Fraternidad- Fellay redactó una declaración doctrinal ambigua y concesiva, que
agradó a Roma, aunque luego Roma exigió un poco más y Fellay se lamentó de no
poder acordar entonces debido “a las circunstancias actuales” de la
Fraternidad. El sueño dorado de Fellay se había –sobre todo gracias a la
intervención viril de Mons. Williamson- frustrado. Williamson pagó con su injusta
expulsión.
Hasta el
año 2024 la Fraternidad contaba con cuatro obispos, uno de ellos modernista, no
miembro de la congregación, pero que fungía como tal, al punto de llegar a
consagrar los santos óleos en una ocasión. Este dudoso obispo, Vitus Huonder,
era presentado como alguien arrepentido del modernismo que deseaba volver a la Tradición
que conoció en su juventud. Nada de eso fue verificado. Por el contrario, él
mismo declaró que estaba allí por cuenta de Francisco, para arrimar la
Fraternidad más hacia Roma. Detalle no menor era la condescendencia de Huonder
con los judíos talmúdicos, a quienes dedicó un día específico para festejarlos
en su diócesis de Chur, Suiza. Como si fuera poco, Mons. Tissier de Mallerais,
el obispo fallecido de la Fraternidad, estaba en desacuerdo con que no se
hubiese consagrado a Huonder bajo condición, y por eso mismo se negó –así como
varios sacerdotes- a utilizar los óleos supuestamente consagrados por Huonder.
Evidentemente
la FSSPX creció mucho, y, muertos dos obispos, con los dos restantes en malas
condiciones de salud, se instaló el urgente “estado de necesidad” dentro de la
congregación. Pero cabe pensar que si no hubiese muerto Mons. Tissier, tal vez aún
no se hablaría de nuevas consagraciones.
Recordemos,
por otra parte, que hace diez años atrás la misma Fraternidad que ahora afirma
–con mucha razón- que hay estado de necesidad, repudió –antes que Roma- la consagración
episcopal de Mons. Faure realizada por Mons. Williamson. Con acusaciones falsas,
entonces la Fraternidad condenó ese hecho. Ahora, en cambio se dispone a hacer
lo mismo que hizo entonces Mons. Williamson. Podría decirse que un
cuestionamiento de la Fraternidad era que no se hubiese pedido a Roma
–recordemos, al demoledor Francisco- autorización para esa consagración. ¿De
veras puede pensarse que uno debe pedirle al enemigo permiso para comprar armas
con qué combatirlo? Y valga recordar que en 1991 los obispos de la Fraternidad
consagraron en Brasil un obispo, sin haber requerido la autorización de la Santa
Sede. Puede pensarse que esta es una cuestión prudencial, sin dudas. Mas, la cuestión
de fondo es si se define a los modernistas como enemigos o no.
Por esto
puede decirse que bien se permite distinguir quién es quién en la Fraternidad
de acuerdo a la actitud ante estas falsas excomuniones. Están los que se
lamentan y esperan “un milagro” para que no ocurran, como Mons. Fellay; y los
que se regocijan de ser afrentados por los enemigos de la verdadera Iglesia y
la Corredentora, tomando esto como una condecoración. Recordemos: “...nosotros jamás quisimos pertenecer a ese
sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el
Novus Ordo Missae, el ecumenismo indiferentista, y la laicización de toda la
sociedad. Sí, nosotros no formamos parte, nullam partem habemus, del panteón de
las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra
Eminencia o de otro discasterio no sería más que la prueba irrefutable. No
pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione, fuera de la comunión,
del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años,
excluidos de la comunión impía con los infieles...
El ser asociados públicamente a la sanción que
fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en
su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de
ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de
saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una
iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal, y sincretista"... (Carta
Abierta de los Superiores de la FSSPX al Card. Gantin, Prefecto de la
Congregación para los Obispos, de 1-7-88).
De otro
modo el contenido implícito puede encontrarse en la Profesión de fe enviada a
Roma esta 24 de junio. Sin embargo, es evidente que el lenguaje no es el mismo,
sino más morigerado y atento a la multitudinaria repercusión mediática que va a
tener, merced a la internet y redes sociales.
Nuevamente
debemos repetir lo que enseñaron los Apóstoles: "Es necesario obedecer a
Dios antes que a los hombres" (Hech. 5,29).
2.-Los que serán consagrados. Ninguno de
los cuatro sacerdotes muestra en su perfil y sus antecedentes, un carácter
marcadamente antiliberal ni mucho menos duro o polémico. Pensemos que deben ser
obispos no para otra cosa que para la guerra santa contra los enemigos de la fe
católica, no para buscar diálogos con los más acérrimos e insidiosos enemigos
de la Iglesia. Uno de ellos incluso, el suizo Schreiber, fue quien aceptó sin
condiciones y aplaudió la llegada del modernista Huonder, el enviado de
Francisco, a una dependencia de la FSSPX. Y es claro que el futuro de la
Fraternidad dependerá en gran medida de la influencia de estos hombres y su
posición ante la crisis que, sospechamos, se volverá cada vez más crítica y
peligrosa. Al candidato norteamericano ya hemos visto por video que le han
rendido los mayores y más laudatorios homenajes. ¿Un hombre así está preparado
para la cruz?
3.- La situación interna de la Fraternidad,
tendrá que esclarecerse a raíz de las excomuniones. ¿Van a salir los más
liberales, o seguirán conspirando desde adentro, para volver a entablar
negociaciones suicidas con Roma? ¿Habrá un regreso a la mejor posición, más
fiel a Mons. Lefebvre? ¿O el orgullo institucional y espíritu farisaico, a raíz
de esto que va a ocurrir, seguirán inflándole el pecho a sus miembros y
sentirse invulnerables, “inhundibles” como el Titanic?
4.- La actitud de Roma modernista hacia la
Tradición católica. Los dos últimos papas habían trabajado empeñosamente
con mucha astucia para atraer a la Fraternidad a sus redes, Benedicto casi
logró sacar el pez del agua, Francisco lo acercó a sí y logró casi
domesticarlo. Con Prevost todo cambió. ¿Por qué? Suponemos que porque la situación
lo exige. León es el séptimo y para nosotros último papa conciliar que está
cerrando un ciclo malvado, y que se va a cerrar junto con la pesadilla que se
vive en la “Unión Europea”, a manos de la guerra contra Rusia. El diablo
desesperado sabe que le queda poco tiempo, de allí que tenga apuro en terminar
de destruir la Iglesia católica a manos de una nueva y sodomítica “Iglesia
sinodal”. Sus obstáculos principales son el santo Sacrificio de la Misa –de
allí que persiga la santa Misa tradicional-, el Papado –de allí su
reformulación colegial y democrática del mismo- y la Santísima Virgen –de allí
sus ataques furiosos hasta llegar directamente a emitir el documento Mater Populi fidelis contra la Mediación
y Corredención de María.
Hay que
aguardar nuevos embates, cruces, escándalos, impiedades, sacrilegios, en esta
guerra entre la Iglesia católica y la Iglesia conciliar, o la Iglesia y la
Contra-Iglesia, cuyo brazo religioso es la secta modernista instalada en Roma.
Ya se
está viendo bien quiénes son tradicionalistas –más allá de sus virtudes y
defectos- y quiénes no. Los primeros combaten las reformas del Concilio Vaticano
II y el Novus Ordo. Los segundos pasan algunos por conservadores,
tradicionalistas o hasta “contrarrevolucionarios” pero en verdad son
colaboradores (sépanlo o no) del Leviatán concilio-sinodal. Son estos últimos
los que atacan ahora estas consagraciones que no son otra cosa que, más allá de
los problemas internos de la Fraternidad, la continuidad de la “Operación
supervivencia” iniciada por Mons. Lefebvre, en la cual están comprometidos
diversos grupos resistentes por fuera de la FSSPX.
Como
decía San Ignacio de Loyola: no hay más que dos banderas, la de Cristo o la de
Belial. O Tradición (“excomulgada”) o anti Tradición (“en comunión con Roma”).
Dice la
carta abierta de la Fraternidad: “Estamos persuadidos de que, en el contexto
inestable y extremadamente peligroso que se presenta hoy ante nuestros ojos, la
mejor contribución que puede ofrecerse a la Iglesia universal es la de una
profesión sincera e íntegra de la fe católica, que deseamos poner en manos de
Su Santidad y de cada uno de los cardenales”.
Esperamos
que esa profesión sea no solo de palabra sino de obras, de coherencia, de
santidad, de cruz y de fidelidad a uno de los más grandes combatientes que ha
dado la Iglesia en el siglo XX: Monseñor Marcel Lefebvre.
Por lo
demás, la “Profesión de fe” de la FSSPX (aquí)
pone entre la espada y la pared a Léon, Tucho, todos los modernistas y los que
siguen apoyándolos (sitios papólatras como “Infocatólica”, por ejemplo). La
única razón para oponerse a la actitud de la Fraternidad es porque no aceptan
las enseñanzas erróneas del Vaticano II. O se está con las enseñanzas de la
Iglesia de siempre, o con las heréticas novedades conciliares y post conciliares.
La Antigua Alianza
Destacamos
como valiosa entre otras cosas lo siguiente, en la “Profesión de fe católica”
de la FSSPX:
64.
Profeso finalmente que la Antigua Alianza ha sido cumplida, superada y ha
quedado sin vigencia por la Nueva Alianza, que es el cumplimiento de la promesa
hecha a Abraham en Cristo y en su Iglesia. Las figuras de la antigua Ley
hallaron su realización y su término en el sacrificio del verdadero Cordero,
Mediador de la Nueva Alianza y Sacerdote para la eternidad según el orden de
Melquisedec. Según la voluntad eterna de Dios, la verdadera descendencia de
Abraham es Cristo, junto con aquellos que le pertenecen en su Cuerpo místico,
que es la Iglesia.
No hay
más que hablar.
León y el
fraude sinodal
El
Arzobispo Carlo Maria Viganò da en el clavo (las negritas son nuestras): “Prevost revela (¿involuntariamente?) el fraude sinodal.
El verdadero motivo de la amenazada excomunión a la FSSPX no es la Consagración
de nuevos Obispos sin el mandato pontificio, sino el rechazo del Concilio
Vaticano II (como en mi caso). Prevost desplaza el foco de la cuestión,
confirmando que utiliza instrumentalmente las sanciones canónicas. Las
Consagraciones episcopales son solo el pretexto. ¿De qué entidad se es
“excomulgado”, cuando la “excomunión” es impuesta por el jefe de una “iglesia
postconciliar” que solo busca legitimarse canonizando a sus propios papas y
dogmatizando sus propios errores? ¿Una “iglesia” que se califica precisamente
por no ser “preconciliar”, es decir, Católica, Apostólica, Romana? Es como si
Arrio pretendiera excomulgar a San Atanasio… Estas declaraciones a los periodistas en Castel Gandolfo confirman que
ser excomulgado por la iglesia conciliar y sinodal es una patente de ortodoxia
católica. Si Prevost fuera el jefe de la iglesia de Inglaterra, o de una
secta calvinista, o de un movimiento pentecostal o de un culto amazónico,
¿hablaría de manera diferente? No. La única voz que no puede hacer suya es la
de la Iglesia “preconciliar”, es decir, la única verdadera Iglesia Católica
Apostólica Romana, a la que no se considera perteneciente. Y al mismo tiempo,
Prevost afirma que quien se declara Católico y rechaza el Vaticano II está en
cisma con él. Más claro que esto…
https://x.com/CarloMVigano/status/2067599261127057524?s=20
Leemos en
otro lugar:
León XIV a la FSSPX: "No hagan esto. Intentemos vivir en comunión en la Iglesia."
¿Quién quiere vivir en comunión con la Mafia Lavanda, bendiciones homosexuales,
ataques a la doctrina católica, anarquía litúrgica, Pachamama y otras formas de
paganismo, modernistas, liberales, socialistas, comunistas, y un Vaticano II
que se presentó como pastoral pero que estos progresistas ahora quieren elevar
a estatus dogmático, convirtiéndolo así en efectivamente infalible? ¿Cuáles son
los católicos fieles que, en nombre de la unidad, están dispuestos a darle
carta blanca al mal?
https://x.com/shiningsweu/status/2067218039641195007?s=20
Jones
desparrama
"El que no está conmigo, está contra mí; y el
que conmigo no recoge, desparrama." (Mt. 12,30). E. Michael Jones
difunde la especie de que la FSSPX está siendo cismática y los que la sigan se
ponen fuera de la Iglesia católica, condenándose al infierno. Hasta lo dice en
la portada de su revista (ver arriba). Llega incluso a acusar la actitud católica resistente
de la FSSPX de judaica (sic): “Pensamiento
cismático clásico de la FSSPX. Doblar la apuesta en la rebelión contra la
autoridad legítima de la Iglesia y acusar a Roma de ser cismática. Esto también
es un comportamiento judío clásico”.
https://x.com/EMichaelJones1/status/2064459635902283985?s=20
Ya nos ocupamos de este respetable señor. No sabemos si
lo suyo es papolatría o qué. Dios lo sabrá. Pero es evidente que no reconoce lo
que pasa en la Iglesia, lo que lo lleva a combatir a los que realmente resisten
a la marea judeo-masónica que él dice deplorar. Dejémoslo pasar de una buena vez.
1952
Tres cosas
muy interesantes pasaron y coincidieron en aquel año.
En Rusia,
Stalin comenzpo su campaña contra los judíos.
En Roma,
el 7 de julio de 1952, en la fiesta de San Cirilo y San Metodio, los Apóstoles
eslavos, Pío XII, en la carta apostólica Sacro
Vergente Anno, dirigida a los pueblos de Rusia, los consagra en estos
términos finales: “Nosotros, por tanto,
para que nuestras oraciones y las vuestras sean más fácilmente escuchadas, y para
daros un singular testimonio de nuestra especial benevolencia, así como hace
pocos años consagramos todo el mundo al Inmaculado Corazón de la Virgen Madre
de Dios, así ahora, de un modo muy especial, consagramos todos los pueblos de
Rusia al mismo Inmaculado Corazón, con la firme confianza de que, por el
poderosísimo patrocinio de la Virgen María, se cumplan cuanto antes felizmente
los anhelos que Nosotros, vosotros y todos los hombres de buena voluntad
formulamos en favor de una verdadera paz, de una concordia fraterna y de la
debida libertad para todos, y en primer lugar para la Iglesia; de manera que,
mediante la oración que elevamos junto con vosotros y con todos los cristianos,
el reino salvador de Cristo, que es «reino de verdad y de vida, reino de
santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz», triunfe y se
consolide firmemente en todas las partes de la tierra”.
El 7 de
octubre de ese mismo año, o sea exactamente tres meses después de la consagración
de Pío XII, nacía en Leningrado Vladimir Putin, clandestinamente bautizado como
cristiano.
Al año
siguiente, el 11 de febrero de 1953, la URSS
rompió sus relaciones diplomáticas con Israel. 22 días después Stalin murió.
El 8 de diciembre comenzaba el “Año Marial”.
*Columnista
habitual del blog Syllabus, publicó recientemente un libro



