Por LUIS
ALVAREZ PRIMO
23 de
junio de 2026
La tensa
situación vivida la semana pasada entre los EE.UU./ Israel e Irán alcanzó un
pico de gravedad muy alto que, gracias a Dios y a la prudencia político-militar
del Líder Supremo Mojtaba Khamenei y los líderes del Cuerpo de la Guardia
Revolucionaria Islámica, se descomprimió cuando finalmente Trump aceptó un alto
el fuego firmando el “Memorandum de entendimiento”
Israel
intentó desconocerlo y continuó con algunos bombardeos en el sur del Líbano que
fueron dura y eficazmente replicados por Hezbollah, a un alto costo de bajas
para las Fuerzas de Defensa de Israel.
La
volatilidad de la tregua acordada continuó hasta la reunión en Ginebra de los
representantes de Irán (Mohammad Bagher Ghalibaf – Abbas Araghchi) con la
delegación estadounidense presidida por el vicepresidente J.D.Vance y los
ministros mediadores de Pakistán y Qatar, donde se trazaron líneas preliminares
para posteriores conversaciones sobre cada uno de los 14 puntos planteados por
Irán.
Como un
detalle del profesionalismo diplomático de la delegación iraní, Galibaf, el
hábil y experimentado presidente del parlamento iraní, solicitó a los
mediadores el desalojo de los periodistas de la sala de reunión antes de
ingresar, pues no quería una foto con la contraparte estadounidense,
responsable de los asesinatos de tantos inocentes de su pueblo representados
por las “niñas de la escuela de Minab”. Ghalibaf tenía en su solapa un “pin”
alusivo. Casi simultáneamente, en Irán tenían lugar manifestaciones populares
contrarias a las negociaciones y a favor de un escarmiento militar de la
Coalición Epstein.
Por
momentos, Donald Trump pareció empeñado en boicotear a la distancia los
esfuerzos diplomáticos de su vice presidente Vance, haciendo todo tipo de
amenazas a través de los medios, típicas de su estilo matón y pendenciero.
Ghalibaf puso fin a la bravuconería trumpista advirtiendo que Irán cerraría
nuevamente el Estrecho de Ormuz – y se retiraría de Ginebra-- si no cesaban las
amenazas verbales de Trump, pues no estaba dispuesto a tolerarlas en el marco
de las negociaciones. Finalmente, el energúmeno de la Casa Blanca lo entendió,
calló y la reunión continuó. También el genocida de Tel Aviv, Benjamín
Netanyahu, aceptó interrumpir sus ataques en el sur del Líbano, no sin antes
sufrir serias bajas.
Así las
cosas, se acordó un alto el fuego por 60 días, período en el cual se tratarán
los temas más críticos de la agenda: la administración del Estrecho de Ormuz,
la devolución de fondos iraníes congelados, el levantamiento del bloqueo y las
sanciones contra Irán, los fondos para la reconstrucción, el cese permanente
del fuego y el tema nuclear (enriquecimiento de uranio, inspecciones de la
OIEA). Por tanto, al momento sigue abierta la vía de la negociación.
La
victoria de Irán no ha podido ser más clara. Tampoco la derrota de la perversa
Coalición Epstein. Lo cual no significa que el imperio judeo-masónico sionista
no reanude sus iniciativas bélicas, después del mundial de futbol.
Lo cierto
es que aparece cada vez más claro que Israel es un estado fallido, una
sangrienta utopía mesiánica terrorista más del espíritu revolucionario judío a
lo largo de la historia.
¿Lo
comprenderá la sociedad estadounidense? ¿Podrán los patriotas estadounidenses
desalojar del poder a su decadente, corrupta y judaizada clase política
controlada por el sionismo?
No, según
las reglas del sistema que la perpetúan. La democracia liberal no lo permite.
Está diseñada para conservar esos intereses judaicos de explotación, corrupción
y rapiña a través de la partidocracia.
Antes bien, será necesario ganar las guerras culturales que siempre
preceden a todo cambio político profundo y duradero. Para lo cual lo primero es
comprender el espíritu revolucionario judío y su impacto en la historia mundial,
tal como ha demostrado E. Michael Jones en su “magnum opus”.
Lo dijo
San Pablo hace dos mil años: los judíos son enemigos de la humanidad.
Entenderlo y obrar en consecuencia exige lucidez y coraje. Lo ha mostrado el
pueblo iraní bajo el prudente liderazgo de sus ayatolas y lo muestra el pueblo
ruso bajo el liderazgo de Vladimir Putin. Lo comprendieron los apóstoles de
Cristo en el momento del deicidio. Lo entendieron los papas cuando descubrieron
el Talmud. Lo incorporó a su magisterio la Iglesia Católica cuando el papa
Gregorio I en su carta del año 598 enseñó con caridad y prudencia: “Sicut
iudeis non…” (es, decir, no se debía hacer daño a los judíos, pero tampoco
permitir que hicieran daño al orden social cristiano)
