Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

martes, 16 de junio de 2026

FÁTIMA Y LA CONSAGRACION DE RUSIA

 

 


“No es este lugar para extendernos más sobre este punto importante, que pensamos estudiar expresamente en otro opúsculo, pero si quisiéramos contemplar teológicamente este tema de Fátima, diríamos, en primer lugar, que no es conforme a la teología de la gracia pensar que con la recitación de una fórmula, y de un modo mecánico, vamos a obtener de Dios la conversión de Rusia, y con ella todos los inmensos beneficios de paz que atraería. Por otra parte, no se puede privar de sus efectos “quasi-sacramentales” a un medio que el Cielo mismo propone, sobre todo cuando se apoya en una teología de la intercesión tan segura y tradicional como es la intercesión de la Virgen. Por eso indudablemente que la «intención» de estas consideraciones y condiciones que el Cielo propone en éstos y otros casos en la historia de los carismas es aplicar simultáneamente los dos extremos con los que Dios cuenta: nuestra conversión, la nuestra, la de los católicos, que pertenecemos a la Iglesia verdadera, es una condición para merecer que el Papa y los Obispos, juntamente con él, realicen una consagración de Rusia que sea la exigida por el Cielo.

En el quinto párrafo [de las revelaciones de Fátima] se describen de una manera muy viva y realista los castigos que se seguirán de esa «no-conversión» de Rusia, porque no ha sido consagrada.

El sexto párrafo, en cambio, es un rasgo típicamente «escatológico», en que las afirmaciones obtienen un carácter absoluto, aunque siempre dentro de la tesitura de toda esperanza cristiana: el triunfo del Inmaculado Corazón de María es absolutamente seguro, del mismo modo como es seguro que «un día» el Santo Padre se resolverá hacer la consagración de Rusia pedida por el cielo. ¿Será todo al final de los tiempos, cuando todo sea consumado? El mismo texto nos dice que no, ya que “será concedido al mundo algún tiempo de paz”.

Luego si la Consagración de Rusia, que traería su conversión y los grandes bienes de la paz al mundo, no se ha dado todavía..., y el momento del triunfo definitivo del Corazón Inmaculado todavía no ha llegado, una conclusión es evidente: nos encontramos en el período intermedio, en que es necesario que nos purifiquemos nosotros, el mundo y la Iglesia, suframos los «terrores de Dios», de que habla San Agustín. Sólo en espíritu de penitencia, de compunción y de invocación de la poderosa ayuda del Corazón Inmaculado de María podremos alcanzar ese triunfo definitivo que esperamos.”

 

Padre Joaquín María Alonso

LA VERDAD SOBRE EL SECRETO DE FÁTIMA

Centro mariano, Madrid, 1976, pp. 17-18.

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