Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María

domingo, 1 de noviembre de 2026

APUNTES DESDE LA TRINCHERA - MOTUS IN FINE VELOCIOR

 

Soldado austrohúngaro, en una trinchera.

MOTUS IN FINE VELOCIOR

 

 

Por FRAY LLANEZA

 

 

“Participa a Mis Ministros que, en vista de que siguen el ejemplo del rey de Francia en la dilación de la ejecución de Mi Petición, también lo han de seguir en la aflicción. Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María”.

(Nuestro Señor a la Hna. Lucía. Relato de la vidente a Mons. da Silva, 29 de agosto de 1931)

 

“Ellos no han querido escuchar mi demanda. Como el rey de Francia, se arrepentirán, ellos lo harán, pero será tarde”.

(Nuestro Señor a la Hna. Lucía. En Notas personales, mayo 1936)

 

“Para todo sacerdote que quiera permanecer católico, es un deber estricto separarse de esta iglesia conciliar mientras ella no regrese a la tradición del magisterio de la iglesia y de la fe católica”.

(Monseñor Marcel Lefebvre)

 

“Estote fortes in bello, et pugnate cun antique serpente: et accipietis regnum aeternum”.

 Sed valientes en la lucha, pelead con la vieja serpiente, y recibiréis el reino eterno.

(Ant. del Magnificat en el Común de Apóstoles fuera de tiempo pascual)

 

 

“El movimiento se hace más rápido hacia el final”

Esta fórmula latina de carácter proverbial suele utilizarse metafóricamente para indicar que, cuando algo se aproxima a su término o caída, los acontecimientos se precipitan.

Esto es lo que vemos que ocurre hoy, cada día, en un movimiento más y más acelerado.

Es lo que vieron los que, a bordo del Titanic, comprendían que el barco se hundía inexorablemente rápido.

Tratemos de ver esta tragedia sin los ojos estremecidos de pánico de quienes se despiertan a la realidad cuando el fin se acerca, y ante el abismo se dejan dominar por el vértigo.

No nos tapemos los ojos, pero sobre todo, no tapemos los ojos de nuestro espíritu, para verlo todo sobrenaturalmente.

De aquí en adelante, nada puede sorprendernos.

Nada.

Todo está invertido. Ninguna locura es imposible que ocurra, pues el mundo está siendo manipulado por enfermos desquiciados.

La Iglesia ocupada por los invertidos, estructurada en la Sinodalidad, avanza en su tenaz persecución de la Tradición católica, ante la impasible mirada de los conservadores y los pseudo tradicionalistas.

Muchos no abren los ojos. No quieren ver.

Otros ven, pero no les importa.

A otros les importa, pero callan y no reaccionan.

Otros, aún, nos creen exagerados o pesimistas.

Lo ha expresado bien el cardenal Pie: “Quiero decirlo bien alto, hermanos míos: hoy más que nunca, la principal fuerza de los malvados es la debilidad de los buenos, y el nervio del reinado de Satanás entre nosotros es el debilitamiento del cristianismo en los cristianos”.

Es para morir de tristeza, si no fuera que nos oprime la náusea.

No hemos sido ilustrados de los detalles patéticos, inverosímiles para quienes vivieron unas décadas en el pasado. Pero hemos sido advertidos de la caída, de la apostasía, del gran desastre.

La Revolución del mundo, vehículo de la Sinagoga de Satanás, triunfó en la Iglesia con el Concilio Vaticano II. Ni los mismos papas conciliares lo pudieron negar. Ellos abrieron la caja de Pandora. Ahora es tarde para lágrimas.

Una música incurablemente triste, europeamente nostálgica, envuelve a los sobrevivientes que son testigos del salvajismo que se aposenta dentro de la Iglesia y se apodera, en el viejo continente, de monumentos y calles.

Perdida la fe, todo son ruinas, trofeos de la barbarie ilustrada, que se enorgullece de su “dignidad infinita”, vaticanamente asegurada.

Quemar, romper, robar, profanar, corromper, matar, mentir, falsificar, son acciones meritorias en el tiempo veloz de la caída. ¿Será que los bárbaros lo huelen y ahítos de esa libertad se extasían entre risas para perderse?

Cada día una nueva locura, una nueva grotesca y demencial innovación en las iglesias, por parte de los curas que ya no saben lo que es ser cura. El cura debe llamarse hoy “locura”.

“Sin el experimento moderno –escribió Gómez Dávila- no se sabría aun que la libertad puede corromper más que el tirano”.

Esta es la “magnífica humanidad” celebrada por los purpurados pacifistas que confiscan la verdad por miedo, y promueven la falsa hermandad democrática.

La palabra paz no se cae nunca de la boca de los insensatos que idolatran al hombre y rechazan al verdadero Dios, Jesucristo.

Se multiplican las asambleas que anuncian un futuro promisorio: feo, triste, imbécil, como la nueva y moderna misa Novus Ordo y las nuevas catedrales.

El mal ya no puede ser malo sin ser a la vez ridículo, obsceno, presuntuoso, como que es una forma de profesar los derechos del hombre emancipado, es decir, emasculado.

Todas las formas de la corrupción moral despliegan publicitariamente sus torpezas. Nada es sagrado.

La Iglesia conciliar y sinodal es un pozo séptico de perversidades.

Pero todo tiene un final. Y este final parece estar muy cercano.

La secta modernista va a pagar muy caro su traición a Jesucristo y su trabajo de “autodemolición” de la Iglesia.

Le queda poco tiempo.

La Bondad de Dios se manifiesta también en su Justicia.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados” (Mt. 5,6).

Justicia para que Dios sea adorado como se debe: en espíritu y en verdad.

Y el hombre no ocupe su lugar, ese lugar que, incitado por el diablo, neciamente ha usurpado.


Sacerdote celebra misa en una trinchera, Segunda Guerra Mundial.


2 años, 7 meses, y…

Tanto Jorge Mario Bergoglio como el León de Chicago han seguido el curso de una aceleración en la destrucción de la Iglesia católica, como también en el establecimiento de la perversa Iglesia sinodal.

El hombre nacido en la “ciudad de los vientos” ha venido a imponer con una sonrisa protocolar una tempestad de apariencia burocrática, que pretende arrasar con todo lo que es católico, hasta con el título de Corredentora de la Madre de Dios.

Todo a la par con la agenda globalista, que acelera en su guerra de conquista y destrucción de las naciones soberanas.

La tecnocracia belicista de la IA, la élite que gobierna el mundo, parece jugar con los cuerpos y con las almas.

¿Quién puede ser el instigador del desorden acelerado, sino el diablo?

Él lo sabe: le queda poco tiempo.

“La Revolución es la insurrección más sacrílega que ha podido armar la tierra contra el cielo; es el esfuerzo más titánico que haya intentado el hombre, no sólo para separarse de Dios, sino para ponerse en lugar de Dios”, había dicho Mons. de Segur.

Pero Dios no nos dejó desarmados ante ella ni dejó que nos tomase de sorpresa.

Cien años antes de la Revolución francesa de 1789, pidió al Rey de Francia, a través de Santa Margarita María de Alacoque, que le consagrase su Reino a su Sagrado Corazón.

No le pidió nada imposible, nada extraordinario, nada que no estuviera a su alcance. Sólo un acto de amor y obediencia públicos. Una obediencia que sería fruto del amor.

Pero el Rey no cumplió.

Cristo sabía lo que le pedía y por qué. Era Francia y era Europa sobre todo quienes lo necesitaban.

Exactamente cien años después, estalló la Revolución, obra de la satánica masonería, que hasta el día de hoy tiene prendida entre sus garras a la que fuera “hija primogénita de la Iglesia”.

Europa y el mundo cambiaron para siempre.

El orgullo gabacho se revuelca hoy impotente ante las turbas musulmanas.

Lo acabamos de ver recientemente, y aún no se acaba.

Pero la historia se repite.

La noche del 13 de junio de 1929, en un mensaje a la Hermana Lucía dos Santos, Nuestra Señora pidió al Papa junto con los Obispos la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado. También pidió reparación.

Sin embargo, desgraciadamente, los Papas no cumplieron con ese pedido. No consagraron Rusia como fue pedido, no difundieron como se debía la devoción al Corazón Inmaculado ni demandaron pública reparación. ¡Hasta llegaron a modificar el Rosario!

Sin dar la razón, hicieron lo posible por no obedecer ese mandato.

Ahora está cerca de cumplirse el plazo de cien años desde aquel pedido. Falta poco más de dos años y medio.

Estamos a un paso.

¿Podemos conjeturar que la Iglesia y el mundo se atraen otro espantoso y devastador castigo, como aconteció con Francia?

Sí, puesto que el mismo Jesucristo así se lo indicó a la Hermana Lucía:

“Participa a Mis Ministros que, en vista de que siguen el ejemplo del rey de Francia en la dilación de la ejecución de Mi Petición, también lo han de seguir en la aflicción. Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María”.

“Ellos no han querido escuchar mi demanda. Como el rey de Francia, se arrepentirán, ellos lo harán, pero será tarde”.

Esto será algo nunca visto.

Pero muy lejos de considerar esta situación, lamentablemente, el papa norteamericano manifiesta que “la paz debe volver a ser el ideal común de los pueblos, la estrella que guía todas nuestras decisiones”. Por el contrario, repetía San Bernardo, y nosotros con él: “En la tempestad, mira a la Estrella, invoca a María”.

La Reina del Cielo nos dejó en claro que la paz vendrá de obedecer los mandatos de Dios, del rezo del santo Rosario, y de la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado. No de negar la verdad de Dios y su única verdadera Iglesia y el reinado de Cristo sobre las naciones.

Cuando el papa Benedicto XV vio que la guerra mundial no podía detenerse con la diplomacia, decidió agregar a las letanías lauretanas la invocación “Regina Pacis, ora pro nobis”.

Ocho días después obtuvo una respuesta. La Virgen se apareció en Fátima, el 13 de mayo de 1917, y con ella se hizo próximo el fin de la espantosa Primera Guerra Mundial.

Nuestra Señora “siempre tenía una estrella en su túnica”, dijo la hermana Lucía.

Nos guía, pues, la estrella que conduce a Jesucristo, no la estrella de la paz que conduce a las logias, la sinagoga y el “tikkun olan” cabalístico. O sea al Anticristo.



Obra "artística" en exposición en la sede de la Unión Europea.


¿Será destruido el Vaticano?

Solamente durante el pontificado de León, que lleva menos de dos años en la silla petrina, la Basílica de San Pedro sufrió los siguientes atentados y se produjeron los siguientes hechos:

-El 6 de septiembre de 2025, durante el Jubileo de 2025, ingresó desfilando al templo una peregrinación de asociaciones “católicas” LGTBIQ+.

-El 10 de octubre de 2025, un hombre subió al Altar de la Confesión, situado bajo el baldaquino de Bernini, y orinó sobre él ante la mirada de numerosos visitantes.

-El 17 de enero de 2026 fue profanado el altar de la capilla del Santísimo Sacramento.

-En septiembre de 2026, el Vaticano denegó el permiso para celebrar la Misa tradicional en latín durante la peregrinación internacional Ad Petri Sedem, también conocida como peregrinación Summorum Pontificum.

-El 24 de octubre de 2026 la decisión fue todavía más lejos: la Secretaría de Estado tampoco autorizó que los peregrinos entraran procesionalmente en San Pedro para rezar ante la tumba del Apóstol.

En el corto plazo de este pontificado, el Vaticano no sólo llegó a afrentar a la Santísima Virgen pretendiendo quitarle su título de Corredentora.

León no sólo promueve los prelados sodomitas.

No sólo hizo al rey Carlos III del Reino Unido, un protestante anticatólico, «Confrater Real de la Basílica Papal y Abadía de San Pablo Extramuros», instalando para él un sitial especial, con su escudo real y la inscripción latina: Ut unum sint.

No sólo niega ostensiblemente a Cristo ante los líderes de las “religiones” mundiales en el encuentro de Asís (un encuentro que entre otros patrocina el famoso promotor de las vacunas genocidas Bill Gates).   

Además, ahora prohíbe rezar la Misa católica dentro de su templo magno.

Y prohíbe a los peregrinos rezar por el Papa dentro de la Basílica de San Pedro.

Y anteriormente excomulgó a los tradicionalistas de la Fraternidad San Pío X.

Y se negó a recibir a Mons. Viganò y al Superior de la FSSPX, mientras que no tuvo dificultades para recibir a una “obispa anglicana”.

¿Queremos más?

A tanto llega la falsedad y la despreciable mundanidad de esta Iglesia sinodal que el cardenal Arzobispo de Montevideo, Uruguay, ha prohibido la celebración de las Misas en la tarde del sábado 7 y la mañana del domingo 8 de noviembre, con motivo de la visita papal. Pero resulta que el papa ni siquiera rezará una misa pública en Montevideo.

Es decir: el papa visita la ciudad y para recibirlo ¡se prohíben las misas! ¿Será que hay que rendir culto a la atea República uruguaya?

Y eso que no hablamos de la Misa de siempre, sino del Novus ordo.

Es que la Iglesia sinodal pretende ser cada vez más una asamblea revolucionaria, un aquelarre de brujas, antes que algo parecido a un culto católico.

Lo de Francia fue una puesta en escena donde se ratificó con esa apariencia cristiana –y la manipulación de las pobres almas sencillas- la ideología liberticida de 1789.

Sólo se permite el aborregamiento de multitudes para aplaudir sus discursos humanitarios por la paz y el diálogo.

Ya nada, decíamos, deberá asombrarnos.

Toda novedad, toda transgresión contra el catolicismo puede darse y se permite por parte de la nueva Iglesia sinodal. Es cada vez más una Iglesia surrealista.

Así es como León, en la historia de 2.000 años de la Iglesia, es el primer papa que vota en elecciones seculares, como acaba de hacerlo en las elecciones de medio término estadounidense.

Ya los papas anteriores habían traicionado su oficio como monarca católico. León dio un paso más: debe mostrar que es un ciudadano más que rinde culto a la democracia.

En cuanto a la persecución a los católicos tradicionalistas, la Conferencia Episcopal Panameña, en ocasión de su visita al cardenal prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, expresó su preocupación por “los Extremistas Litúrgicos”. ¿Quiénes son éstos? Los que reciben la Comunión de rodillas y las mujeres que usan velo...

Otro obispo afirma que la Iglesia no está para convertir a nadie…

No sigamos.

A estas alturas, ¿aún no entendemos lo que pasa?

León XIV es a la vez el Papa de la Iglesia católica y el Jefe de la Iglesia sinodal.

Pero todo lo hace para demoler la Iglesia católica y construir la Iglesia Sinodal. 

Desde adentro y desde arriba.

Sí, el Santo Padre que debería confirmarnos a todos en la fe, el que debería apacentar las ovejas que le han sido confiadas, las traiciona.

Es el Enemigo.

O, mejor dicho, la cara más visible de una secta que toma sus decisiones en la oscuridad, y que responde a los mismos que manejan los hilos de la política en el Occidente anglosionista.

Como tal, a sabiendas o no, de propia iniciativa u obedeciendo directivas, León apremia el proceso de “autodemolición” del Papado, iniciado por los papas conciliares.

Por eso, creemos, no era necesario que estuviese presente en el nuevo “encuentro por la paz de Asís”, donde un rabino que afrentó a la Iglesia tomó protagonismo destacado en lugar del papa.

Por todo lo que vemos, el Sumo Pontífice Romano, el progresista León de Chiclayo, ha cruzado todas las líneas rojas, ha agotado todas las formas de provocación al Cielo, y ya no tiene retorno.

Ha cruzado el puente de Do-Lung, como en “Apocalipse Now”. Más allá lo espera… “el horror, el horror”.

¿Debemos ver una señal, en que en una fecha fatimista como el 13 de octubre, fue operado de un cáncer? ¿Será que Dios va a hacer que esto se acabe pronto?

Rezamos.

Y reconocemos que estamos inmersos dentro del “Misterio de Iniquidad”.

Mientras tanto, la mayoría de los católicos permanece agradablemente en una oscuridad alucinante, confundiendo las viles profanaciones, los bailes carnavalescos y las parodias de sacramentos con una prestación supuestamente cristiana. 

Es la obediencia de los pobres ciegos guiados por el clero ciego que tranquiliza su mal espíritu obedeciendo a los hombres antes que a Dios, en una versión actualizada de los Evangelios.

A la vez, el clero que aparenta combatir “desde adentro”, incluso el autodenominado “contrarrevolucionario”, para quien el problema es sólo “la izquierda”, ha quedado muy mal parado y sólo demuestra que son perros mudos, incapaces de ladrar.

No ven y no quieren ver.

Denunciar la ideología woke es menos peligroso que denunciar las tropelías de sus obispos o del papa.

Es más fácil ser antiliberal de cartel que serlo en los hechos. Más cómodo escribir prólogos a libros antiliberales que adoptar una riesgosa posición antiliberal ante los obispos conciliares liberales.

¡Cómo no! Con usar una remera que diga “Viva Cristo Rey”, ya se ha dado valiente testimonio. ¡Dale like!

Pagados de sí mismos, los curas de redes sociales, conservan su confortable posición de línea-media ladrando sólo a los “lefebvristas” o a todo aquel “excomulgado” del espíritu y la estructura judeo-sinodal.

¡Qué alivio! Ellos no están “excomulgados”.

Y alegremente el mal avanza. Y se pierden las almas.

Como lo dice Mons. Viganò: “… el problema más grave nace cuando los católicos se acostumbran a indignarse solo contra aquello que no cuesta nada denunciar, mientras se evita cuidadosamente cuestionar lo que ocurre dentro de la Iglesia y es avalado, promovido o tolerado por su misma jerarquía”.

A todo esto, Europa está sumergida en el caos.

Y hasta turbas de revoltosos han tomado por asalto el mismísimo Coliseo Romano…

Roma está en la apostasía.

¿Cuánto tiempo más ha de pasar antes de que sea arrasada?

Los europeos no se privan de informarnos una y otra vez que se preparan para la guerra contra Rusia, en el 2030. Algunos países se aprestan a restaurar el servicio militar obligatorio.

Putin acaba de recoger el guante, aunque es gracias a él que la Tercera Guerra Mundial aun no ha comenzado.

Pero un día la provocación será imposible de soportar, y Rusia responderá.

Que Rusia llegará hasta Roma, lo dice más de una profecía privada.

Dios dispone.

Pero, de frente a todo esto, no hay que confundirse. La religión falsificada y la devoción farisaica no están sólo en Roma. No están sólo en las parroquias y en las catedrales que nos cierran las puertas a los católicos tradicionales y se las abren a los sodomitas sinodales.

Del otro lado, las sectas sedevacantistas se reproducen y agrupan irresponsablemente desesperados, para inculcarles un espíritu cismático.

Y los tradis narcisistas hacen “rancho aparte”, como habitantes de country club muy satisfechos con sus propiedades. Fuera de sus botes “no hay salvación”.

Y algunos “resistentes” dividen, y se ensoberbecen, o se pliegan farisaicamente a milenarismos de estilo tfpista.

Hay payasos por todas partes.

Por no hablar de los que juegan infantilmente a la comedia electoralista “Derecha-Izquierda”, para enfrentar a su único enemigo: el comunismo soviético, desaparecido hace varias décadas. Todo es redituable.

Es una gran feria de las vanidades.    


Tapiz del Apocalipsis, en Angers.


Resistir firmes en la Tradición

Recordemos al padre Castellani:

“No hay que engañarse: en el mundo actual no hay más que dos partidos. El uno, que se puede llamar la Revolución, tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y una torre que llegue al cielo; y por cierto que no carece para esa construcción futura de fórmulas, arbitrios y esquemas mágicos; tiene todos los planos, que son de lo más delicioso del mundo. El otro, que se puede llamar la Tradición, tendido a seguir el consejo del Apokalypsis: «conserva todas las cosas que has recibido, aunque sean cosas humanas y perecederas”.

Hay dos partidos, hay dos banderas. No hay más.

También puede afirmarse esta oposición en otros términos muy actuales: Redención o Reparación.

Lo primero es obra sólo de Nuestro Señor, lo segundo es la sustitución aportada por el concepto judaico de tikkun olam, que ha adoptado la Iglesia conciliar-sinodal, con su ecumenismo pacifista, la libertad religiosa, y el pluralismo de puertas adentro, siempre y cuando no se cuestione el Novus Ordo ni el conciliábulo.

Nuestra reparación es la que pidió el Sagrado Corazón, y la que pidió el Inmaculado Corazón. No la que piden las agencias internacionales globalistas a favor de la “Casa común”.

Pero Tradición, entre nosotros, no quiere decir algo apendicular, postizo, declamatorio ni arcaico.

Tradición es seguir en todo lo que nos fue enseñado por la Iglesia católica, desde el recto sentido de la obediencia (obedecer a Dios antes que a los hombres, y antes que a sí mismo) hasta la preocupación por obrar la caridad, que es expresión de la fe viva. Desde el necesario orden jerárquico –donde no caben los clérigos orgullosos de su independentismo- hasta la herencia cultural asumida y defendida, incluyendo el recto amor a la patria.

Quien defiende la Misa tradicional pero no rechaza el Novus Ordo no puede llamarse Católico de la Tradición. Por lo tanto, tampoco puede llamarse contrarrevolucionario. Esa postura no es resistencia, sino tolerancia indebida o ignorancia a disipar.

Resistir es saber que se está en la posición más incómoda del mundo, pero a la vez la más plena. Es permanecer en la paz del implorante que sufre a solas la devastación, pues sus gemidos no son los de un gigante. “Soli Deo” es su consigna.

“¡Oh Dios! ¿Quién hay semejante a ti?  No estés así en silencio; no te contengas, Dios mío. Ya ves cuánto ruido meten tus enemigos, y cómo andan con la cabeza erguida los que te aborrecen” (Salmo 82)

El combate de la reparación y la súplica es sereno porque es confiado y esperanzado del regreso de Nuestro Señor. Y porque “la serenidad es el estado de ánimo del que encargó a Dios, una vez por todas, de todas las cosas” (Nicolás Gómez Dávila).

Cuando todo alrededor parece fuera de control, es cuando hay que recordar que Dios lo controla todo.

“En el mundo tendréis mucho que sufrir, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jo. 16,33).

Estamos prevenidos por Nuestro Señor:

“Cuidaos que nadie os engañe. Porque muchos vendrán bajo mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y a muchos engañarán.  Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Mirad que no os turbéis! Esto, en efecto, debe suceder, pero no es todavía el fin.  Porque se levantará pueblo contra pueblo, reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambres y pestes y terremotos.  Todo esto es el comienzo de los dolores”.  “Después os entregarán a la tribulación y os matarán y seréis odiados de todos los pueblos por causa de mi nombre.  Entonces se escandalizarán muchos, y mutuamente se traicionarán y se odiarán.  Surgirán numerosos falsos profetas, que arrastrarán a muchos al error; y por efecto de los excesos de la iniquidad, la caridad de los más se enfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, ése será salvo”. (Mt. 24, 4-13)

Nos dice el Padre Emmanuel: “Todas las agitaciones de este mundo son ape­nas dignas de la atención de Dios, y, en todo caso no turban en absoluto la paz divina con la cual, aunque parezca dormir, opera nuestra salvación muy apaciblemente, en ejecución de sus designios eternos y, por consiguiente, in­mutables”.

Por eso nos aconseja una oración, que se reza el Sábado Santo:

“Oh Dios, poder incon­movible y luz eter­na, mira propicio al misterio admirable de toda tu Iglesia y opera muy apacible­mente la obra de la salvación de los hombres por ejecu­ción de tu disposi­ción eterna, y que el mundo entero experimente y vea que las cosas des­quiciadas se ende­rezan, que las cosas envejecidas se renuevan, y que por el mismo las cosas todas recuperan su integridad, por Aquél de quien recibieron su ori­gen: Nuestro Señor Je­sucristo, tu Hijo que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo Dios, por los siglos de los siglos. Amén”.

Conviene, pues, tener presente que Dios se está ocupando de nosotros todo el tiempo. Y lo que espera de nosotros es que no se lo impidamos con nuestras preocupaciones. Lo que no nos exime de dar el buen combate de la fe, empezando por nosotros mismos.

Para eso debemos permanecer despiertos.

"Todos los que militáis debajo de esta bandera, ya no durmáis, ya no durmáis, que no hay paz sobre la tierra" (Santa Teresa de Jesús).

 

Si Ella con nosotros, ¿Quién contra nosotros?

LA NEGACIÓN DE LA CORREDENCIÓN DE MARÍA, EL MENSAJE DE LA VIRGEN DE FÁTIMA Y “LOS ERRORES DE RUSIA”

  Los “errores de Rusia”: El mesianismo judío anticristiano y naturalista, financiado por los banqueros internacionalistas, implementado por...