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| Soldado austrohúngaro, en una trinchera. |
MOTUS IN FINE VELOCIOR
Por FRAY LLANEZA
“Participa a Mis Ministros que, en vista de
que siguen el ejemplo del rey de Francia en la dilación de la ejecución de Mi
Petición, también lo han de seguir en la aflicción. Nunca será tarde para
recurrir a Jesús y a María”.
(Nuestro
Señor a la Hna. Lucía. Relato de la vidente a Mons. da Silva, 29 de agosto de
1931)
“Ellos no han querido escuchar mi demanda.
Como el rey de Francia, se arrepentirán, ellos lo harán, pero será tarde”.
(Nuestro
Señor a la Hna. Lucía. En Notas personales, mayo 1936)
“Para todo sacerdote que quiera
permanecer católico, es un deber estricto separarse de esta iglesia conciliar
mientras ella no regrese a la tradición del magisterio de la iglesia y de la fe
católica”.
(Monseñor
Marcel Lefebvre)
“Estote fortes in bello, et
pugnate cun antique serpente: et accipietis regnum aeternum”.
Sed valientes en la lucha, pelead con la vieja serpiente, y recibiréis el reino eterno.
(Ant.
del Magnificat en el Común de Apóstoles fuera de tiempo pascual)
“El
movimiento se hace más rápido hacia el final”
Esta
fórmula latina de carácter proverbial suele utilizarse metafóricamente para
indicar que, cuando algo se aproxima a su término o caída, los acontecimientos
se precipitan.
Esto es
lo que vemos que ocurre hoy, cada día, en un movimiento más y más acelerado.
Es lo que
vieron los que, a bordo del Titanic, comprendían que el barco se hundía
inexorablemente rápido.
Tratemos
de ver esta tragedia sin los ojos estremecidos de pánico de quienes se
despiertan a la realidad cuando el fin se acerca, y ante el abismo se dejan dominar por el vértigo.
No nos
tapemos los ojos, pero sobre todo, no tapemos los ojos de nuestro espíritu,
para verlo todo sobrenaturalmente.
De aquí
en adelante, nada puede sorprendernos.
Nada.
Todo está
invertido. Ninguna locura es imposible que ocurra, pues el mundo está siendo
manipulado por enfermos desquiciados.
La
Iglesia ocupada por los invertidos, estructurada en la Sinodalidad, avanza en
su tenaz persecución de la Tradición católica, ante la impasible mirada de los
conservadores y los pseudo tradicionalistas.
Muchos no
abren los ojos. No quieren ver.
Otros ven,
pero no les importa.
A otros
les importa, pero callan y no reaccionan.
Otros,
aún, nos creen exagerados o pesimistas.
Lo ha expresado bien el cardenal Pie: “Quiero decirlo bien alto, hermanos
míos: hoy más que nunca, la principal fuerza de los malvados es la debilidad de
los buenos, y el nervio del reinado de Satanás entre nosotros es el
debilitamiento del cristianismo en los cristianos”.
Es para morir de tristeza, si no fuera que nos
oprime la náusea.
No hemos
sido ilustrados de los detalles patéticos, inverosímiles para quienes vivieron
unas décadas en el pasado. Pero hemos sido advertidos de la caída, de la
apostasía, del gran desastre.
La
Revolución del mundo, vehículo de la Sinagoga de Satanás, triunfó en la Iglesia
con el Concilio Vaticano II. Ni los mismos papas conciliares lo pudieron negar.
Ellos abrieron la caja de Pandora. Ahora es tarde para lágrimas.
Una
música incurablemente triste, europeamente nostálgica, envuelve a los
sobrevivientes que son testigos del salvajismo que se aposenta dentro de la
Iglesia y se apodera, en el viejo continente, de monumentos y calles.
Perdida
la fe, todo son ruinas, trofeos de la barbarie ilustrada, que se enorgullece de
su “dignidad infinita”, vaticanamente asegurada.
Quemar,
romper, robar, profanar, corromper, matar, mentir, falsificar, son acciones
meritorias en el tiempo veloz de la caída. ¿Será que los bárbaros lo huelen y
ahítos de esa libertad se extasían entre risas para perderse?
Cada día
una nueva locura, una nueva grotesca y demencial innovación en las iglesias,
por parte de los curas que ya no saben lo que es ser cura. El cura debe
llamarse hoy “locura”.
“Sin el
experimento moderno –escribió Gómez Dávila- no se sabría aun que la libertad
puede corromper más que el tirano”.
Esta es
la “magnífica humanidad” celebrada por los purpurados pacifistas que confiscan
la verdad por miedo, y promueven la falsa hermandad democrática.
La palabra
paz no se cae nunca de la boca de los insensatos que idolatran al hombre y
rechazan al verdadero Dios, Jesucristo.
Se
multiplican las asambleas que anuncian un futuro promisorio: feo, triste,
imbécil, como la nueva y moderna misa Novus Ordo y las nuevas catedrales.
El mal ya
no puede ser malo sin ser a la vez ridículo, obsceno, presuntuoso, como que es
una forma de profesar los derechos del hombre emancipado, es decir, emasculado.
Todas las
formas de la corrupción moral despliegan publicitariamente sus torpezas. Nada
es sagrado.
La
Iglesia conciliar y sinodal es un pozo séptico de perversidades.
Pero todo
tiene un final. Y este final parece estar muy cercano.
La secta
modernista va a pagar muy caro su traición a Jesucristo y su trabajo de
“autodemolición” de la Iglesia.
Le queda
poco tiempo.
La Bondad
de Dios se manifiesta también en su Justicia.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed
de la justicia, porque serán hartados” (Mt. 5,6).
Justicia
para que Dios sea adorado como se debe: en espíritu y en verdad.
Y el
hombre no ocupe su lugar, ese lugar que, incitado por el diablo, neciamente ha
usurpado.
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| Sacerdote celebra misa en una trinchera, Segunda Guerra Mundial. |
2 años, 7 meses, y…
Tanto
Jorge Mario Bergoglio como el León de Chicago han seguido el curso de una
aceleración en la destrucción de la Iglesia católica, como también en el establecimiento
de la perversa Iglesia sinodal.
El hombre
nacido en la “ciudad de los vientos” ha venido a imponer con una sonrisa protocolar
una tempestad de apariencia burocrática, que pretende arrasar con todo lo que
es católico, hasta con el título de Corredentora de la Madre de Dios.
Todo a la
par con la agenda globalista, que acelera en su guerra de conquista y
destrucción de las naciones soberanas.
La tecnocracia
belicista de la IA, la élite que gobierna el mundo, parece jugar con
los cuerpos y con las almas.
¿Quién
puede ser el instigador del desorden acelerado, sino el diablo?
Él lo
sabe: le queda poco tiempo.
“La Revolución es la
insurrección más sacrílega que ha podido armar la tierra contra el cielo; es el
esfuerzo más titánico que haya intentado el hombre, no sólo para separarse de
Dios, sino para ponerse en lugar de Dios”, había dicho Mons. de Segur.
Pero Dios no nos dejó
desarmados ante ella ni dejó que nos tomase de sorpresa.
Cien años antes de la Revolución
francesa de 1789, pidió al Rey de Francia, a través de Santa Margarita María de
Alacoque, que le consagrase su Reino a su Sagrado Corazón.
No le pidió nada imposible,
nada extraordinario, nada que no estuviera a su alcance. Sólo un acto de amor y
obediencia públicos. Una obediencia que sería fruto del amor.
Pero el Rey no cumplió.
Cristo sabía lo que le
pedía y por qué. Era Francia y era Europa sobre todo quienes lo necesitaban.
Exactamente cien años
después, estalló la Revolución, obra de la satánica masonería, que hasta el día
de hoy tiene prendida entre sus garras a la que fuera “hija primogénita de la
Iglesia”.
Europa y el mundo cambiaron
para siempre.
El orgullo gabacho se
revuelca hoy impotente ante las turbas musulmanas.
Lo acabamos de ver
recientemente, y aún no se acaba.
Pero la historia se repite.
La noche del 13 de junio de
1929, en un mensaje a la Hermana Lucía dos Santos, Nuestra Señora pidió al Papa
junto con los Obispos la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado. También
pidió reparación.
Sin embargo, desgraciadamente,
los Papas no cumplieron con ese pedido. No consagraron Rusia como fue pedido,
no difundieron como se debía la devoción al Corazón Inmaculado ni demandaron
pública reparación. ¡Hasta llegaron a modificar el Rosario!
Sin dar la razón, hicieron
lo posible por no obedecer ese mandato.
Ahora está cerca de cumplirse el plazo de cien años
desde aquel pedido.
Falta poco más de dos años y medio.
Estamos a un paso.
¿Podemos conjeturar que la
Iglesia y el mundo se atraen otro espantoso y devastador castigo, como aconteció
con Francia?
Sí, puesto que el mismo
Jesucristo así se lo indicó a la Hermana Lucía:
“Participa a Mis Ministros que, en vista de que
siguen el ejemplo del rey de Francia en la dilación de la ejecución de Mi
Petición, también lo han de seguir en la aflicción. Nunca será tarde para
recurrir a Jesús y a María”.
“Ellos no han querido escuchar mi demanda. Como el
rey de Francia, se arrepentirán, ellos lo harán, pero será tarde”.
Esto será algo nunca
visto.
Pero muy lejos de considerar esta situación,
lamentablemente, el papa norteamericano manifiesta que “la paz
debe volver a ser el ideal común de los pueblos, la estrella que guía todas
nuestras decisiones”. Por el contrario, repetía San Bernardo, y nosotros con
él: “En la tempestad, mira a la Estrella, invoca a María”.
La Reina
del Cielo nos dejó en claro que la paz vendrá de obedecer los mandatos de Dios,
del rezo del santo Rosario, y de la consagración de Rusia a su Corazón
Inmaculado. No de negar la verdad de Dios y su única verdadera Iglesia y el
reinado de Cristo sobre las naciones.
Cuando el
papa Benedicto XV vio que la guerra mundial no podía detenerse con la
diplomacia, decidió agregar a las letanías lauretanas la invocación “Regina
Pacis, ora pro nobis”.
Ocho días
después obtuvo una respuesta. La Virgen se apareció en Fátima, el 13 de mayo de
1917, y con ella se hizo próximo el fin de la espantosa Primera Guerra Mundial.
Nuestra
Señora “siempre tenía una estrella en su túnica”, dijo la hermana Lucía.
Nos guía,
pues, la estrella que conduce a Jesucristo, no la estrella de la paz que
conduce a las logias, la sinagoga y el “tikkun olan” cabalístico. O sea al
Anticristo.
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| Obra "artística" en exposición en la sede de la Unión Europea. |
¿Será destruido el Vaticano?
Solamente
durante el pontificado de León, que lleva menos de dos años en la silla
petrina, la Basílica de San Pedro sufrió los siguientes atentados y se
produjeron los siguientes hechos:
-El 6 de
septiembre de 2025, durante el Jubileo de 2025, ingresó desfilando al templo una
peregrinación de asociaciones “católicas” LGTBIQ+.
-El 10 de
octubre de 2025, un hombre subió al Altar de la Confesión, situado bajo el
baldaquino de Bernini, y orinó sobre él ante la mirada de numerosos visitantes.
-El 17 de
enero de 2026 fue profanado el altar de la capilla del Santísimo Sacramento.
-En
septiembre de 2026, el Vaticano denegó el permiso para celebrar la Misa
tradicional en latín durante la peregrinación internacional Ad Petri Sedem,
también conocida como peregrinación Summorum Pontificum.
-El 24 de
octubre de 2026 la decisión fue todavía más lejos: la Secretaría de Estado
tampoco autorizó que los peregrinos entraran procesionalmente en San Pedro para
rezar ante la tumba del Apóstol.
En el
corto plazo de este pontificado, el Vaticano no sólo llegó a afrentar a la
Santísima Virgen pretendiendo quitarle su título de Corredentora.
León no
sólo promueve los prelados sodomitas.
No sólo
hizo al rey Carlos III del Reino Unido, un protestante anticatólico, «Confrater
Real de la Basílica Papal y Abadía de San Pablo Extramuros», instalando para él
un sitial especial, con su escudo real y la inscripción latina: Ut unum sint.
No sólo
niega ostensiblemente a Cristo ante los líderes de las “religiones” mundiales en
el encuentro de Asís (un encuentro que entre otros patrocina el famoso promotor
de las vacunas genocidas Bill Gates).
Además,
ahora prohíbe rezar la Misa católica dentro de su templo magno.
Y prohíbe
a los peregrinos rezar por el Papa dentro de la Basílica de San Pedro.
Y anteriormente
excomulgó a los tradicionalistas de la Fraternidad San Pío X.
Y se negó
a recibir a Mons. Viganò y al Superior de la FSSPX, mientras que no tuvo
dificultades para recibir a una “obispa anglicana”.
¿Queremos
más?
A tanto
llega la falsedad y la despreciable mundanidad de esta Iglesia sinodal que el
cardenal Arzobispo de Montevideo, Uruguay, ha prohibido la celebración de las
Misas en la tarde del sábado 7 y la mañana del domingo 8 de noviembre, con motivo
de la visita papal. Pero resulta que el papa ni siquiera rezará una misa
pública en Montevideo.
Es decir:
el papa visita la ciudad y para recibirlo ¡se prohíben las misas! ¿Será que hay
que rendir culto a la atea República uruguaya?
Y eso que
no hablamos de la Misa de siempre, sino del Novus ordo.
Es que la
Iglesia sinodal pretende ser cada vez más una asamblea revolucionaria, un
aquelarre de brujas, antes que algo parecido a un culto católico.
Lo de
Francia fue una puesta en escena donde se ratificó con esa apariencia cristiana
–y la manipulación de las pobres almas sencillas- la ideología liberticida de
1789.
Sólo se
permite el aborregamiento de multitudes para aplaudir sus discursos
humanitarios por la paz y el diálogo.
Ya nada,
decíamos, deberá asombrarnos.
Toda
novedad, toda transgresión contra el catolicismo puede darse y se permite por
parte de la nueva Iglesia sinodal. Es cada vez más una Iglesia surrealista.
Así es
como León, en la historia de 2.000 años de la Iglesia, es el primer papa que
vota en elecciones seculares, como acaba de hacerlo en las elecciones de medio
término estadounidense.
Ya los papas
anteriores habían traicionado su oficio como monarca católico. León dio un paso
más: debe mostrar que es un ciudadano más que rinde culto a la democracia.
En cuanto
a la persecución a los católicos tradicionalistas, la Conferencia Episcopal
Panameña, en ocasión de su visita al cardenal
prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, expresó su preocupación por “los
Extremistas Litúrgicos”. ¿Quiénes son éstos? Los que reciben la Comunión de rodillas
y las mujeres que usan velo...
Otro obispo afirma que la Iglesia no está para
convertir a nadie…
No
sigamos.
A estas
alturas, ¿aún no entendemos lo que pasa?
León XIV
es a la vez el Papa de la Iglesia católica y el Jefe de la Iglesia sinodal.
Pero todo
lo hace para demoler la Iglesia católica y construir la Iglesia Sinodal.
Desde
adentro y desde arriba.
Sí, el
Santo Padre que debería confirmarnos a todos en la fe, el que debería apacentar
las ovejas que le han sido confiadas, las traiciona.
Es el
Enemigo.
O, mejor
dicho, la cara más visible de una secta que toma sus decisiones en la
oscuridad, y que responde a los mismos que manejan los hilos de la política en
el Occidente anglosionista.
Como tal,
a sabiendas o no, de propia iniciativa u obedeciendo directivas, León apremia el
proceso de “autodemolición” del Papado, iniciado por los papas conciliares.
Por eso,
creemos, no era necesario que estuviese presente en el nuevo “encuentro por la
paz de Asís”, donde un rabino que afrentó a la Iglesia tomó protagonismo
destacado en lugar del papa.
Por todo
lo que vemos, el Sumo Pontífice Romano, el progresista León de Chiclayo, ha cruzado
todas las líneas rojas, ha agotado todas las formas de provocación al Cielo, y ya
no tiene retorno.
Ha
cruzado el puente de Do-Lung, como en “Apocalipse Now”. Más allá lo espera… “el
horror, el horror”.
¿Debemos
ver una señal, en que en una fecha fatimista como el 13 de octubre, fue operado
de un cáncer? ¿Será que Dios va a hacer que esto se acabe pronto?
Rezamos.
Y
reconocemos que estamos inmersos dentro del “Misterio de Iniquidad”.
Mientras
tanto, la mayoría de los católicos permanece agradablemente en una oscuridad alucinante,
confundiendo las viles profanaciones, los bailes carnavalescos y las parodias
de sacramentos con una prestación supuestamente cristiana.
Es la
obediencia de los pobres ciegos guiados por el clero ciego que tranquiliza su
mal espíritu obedeciendo a los hombres antes que a Dios, en una versión actualizada
de los Evangelios.
A la vez,
el clero que aparenta combatir “desde adentro”, incluso el autodenominado “contrarrevolucionario”,
para quien el problema es sólo “la izquierda”, ha quedado muy mal parado y sólo
demuestra que son perros mudos, incapaces de ladrar.
No ven y
no quieren ver.
Denunciar
la ideología woke es menos peligroso
que denunciar las tropelías de sus obispos o del papa.
Es más
fácil ser antiliberal de cartel que serlo en los hechos. Más cómodo escribir prólogos
a libros antiliberales que adoptar una riesgosa posición antiliberal ante los
obispos conciliares liberales.
¡Cómo no!
Con usar una remera que diga “Viva Cristo Rey”, ya se ha dado valiente
testimonio. ¡Dale like!
Pagados
de sí mismos, los curas de redes sociales, conservan su confortable posición de
línea-media ladrando sólo a los “lefebvristas” o a todo aquel “excomulgado” del
espíritu y la estructura judeo-sinodal.
¡Qué
alivio! Ellos no están “excomulgados”.
Y
alegremente el mal avanza. Y se pierden las almas.
Como lo dice Mons. Viganò: “… el problema más grave nace cuando los católicos se acostumbran a indignarse solo contra aquello que no cuesta nada denunciar, mientras se evita cuidadosamente cuestionar lo que ocurre dentro de la Iglesia y es avalado, promovido o tolerado por su misma jerarquía”.
A todo
esto, Europa está sumergida en el caos.
Y hasta turbas
de revoltosos han tomado por asalto el mismísimo Coliseo Romano…
Roma está
en la apostasía.
¿Cuánto
tiempo más ha de pasar antes de que sea arrasada?
Los
europeos no se privan de informarnos una y otra vez que se preparan para la
guerra contra Rusia, en el 2030. Algunos países se aprestan a restaurar el
servicio militar obligatorio.
Putin
acaba de recoger el guante, aunque es gracias a él que la Tercera Guerra
Mundial aun no ha comenzado.
Pero un
día la provocación será imposible de soportar, y Rusia responderá.
Que Rusia
llegará hasta Roma, lo dice más de una profecía privada.
Dios
dispone.
Pero, de
frente a todo esto, no hay que confundirse. La religión falsificada y la
devoción farisaica no están sólo en Roma. No están sólo en las parroquias y en
las catedrales que nos cierran las puertas a los católicos tradicionales y se
las abren a los sodomitas sinodales.
Del otro
lado, las sectas sedevacantistas se reproducen y agrupan irresponsablemente
desesperados, para inculcarles un espíritu cismático.
Y los
tradis narcisistas hacen “rancho aparte”, como habitantes de country club muy
satisfechos con sus propiedades. Fuera de sus botes “no hay salvación”.
Y algunos
“resistentes” dividen, y se ensoberbecen, o se pliegan farisaicamente a
milenarismos de estilo tfpista.
Hay
payasos por todas partes.
Por no
hablar de los que juegan infantilmente a la comedia electoralista
“Derecha-Izquierda”, para enfrentar a su único enemigo: el comunismo soviético,
desaparecido hace varias décadas. Todo es redituable.
Es una gran
feria de las vanidades.
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| Tapiz del Apocalipsis, en Angers. |
Resistir firmes en la Tradición
Recordemos
al padre Castellani:
“No hay que engañarse: en el
mundo actual no hay más que dos partidos. El uno, que se puede llamar la
Revolución, tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden
antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y
una torre que llegue al cielo; y por cierto que no carece para esa construcción
futura de fórmulas, arbitrios y esquemas mágicos; tiene todos los planos, que
son de lo más delicioso del mundo. El otro, que se puede llamar la Tradición,
tendido a seguir el consejo del Apokalypsis: «conserva todas las cosas que has
recibido, aunque sean cosas humanas y perecederas”.
Hay dos
partidos, hay dos banderas. No hay más.
También
puede afirmarse esta oposición en otros términos muy actuales: Redención o
Reparación.
Lo
primero es obra sólo de Nuestro Señor, lo segundo es la sustitución aportada
por el concepto judaico de tikkun olam, que ha adoptado la Iglesia
conciliar-sinodal, con su ecumenismo pacifista, la libertad religiosa, y el pluralismo
de puertas adentro, siempre y cuando no se cuestione el Novus Ordo ni el conciliábulo.
Nuestra
reparación es la que pidió el Sagrado Corazón, y la que pidió el Inmaculado
Corazón. No la que piden las agencias internacionales globalistas a favor de la
“Casa común”.
Pero Tradición,
entre nosotros, no quiere decir algo apendicular, postizo, declamatorio ni
arcaico.
Tradición
es seguir en todo lo que nos fue enseñado por la Iglesia católica, desde el
recto sentido de la obediencia (obedecer a Dios antes que a los hombres, y
antes que a sí mismo) hasta la preocupación por obrar la caridad, que es expresión
de la fe viva. Desde el necesario orden jerárquico –donde no caben los clérigos
orgullosos de su independentismo- hasta la herencia cultural asumida y
defendida, incluyendo el recto amor a la patria.
Quien
defiende la Misa tradicional pero no rechaza el Novus Ordo no puede llamarse Católico
de la Tradición. Por lo tanto, tampoco puede llamarse contrarrevolucionario. Esa
postura no es resistencia, sino tolerancia indebida o ignorancia a disipar.
Resistir
es saber que se está en la posición más incómoda del mundo, pero a la vez la
más plena. Es permanecer en la paz del implorante que sufre a solas la
devastación, pues sus gemidos no son los de un gigante. “Soli Deo” es su
consigna.
“¡Oh
Dios! ¿Quién hay semejante a ti? No
estés así en silencio; no te contengas, Dios mío. Ya ves cuánto ruido meten tus
enemigos, y cómo andan con la cabeza erguida los que te aborrecen” (Salmo 82)
El combate de la reparación y la súplica es sereno
porque es confiado y esperanzado del regreso de Nuestro Señor. Y porque “la serenidad
es el estado de ánimo del que encargó a Dios, una vez por todas, de todas las
cosas” (Nicolás Gómez Dávila).
Cuando todo alrededor parece fuera de control, es
cuando hay que recordar que Dios lo controla todo.
“En el mundo tendréis mucho que sufrir, pero confiad, yo
he vencido al mundo” (Jo. 16,33).
Estamos
prevenidos por Nuestro Señor:
“Cuidaos que nadie os engañe. Porque muchos
vendrán bajo mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y a muchos engañarán. Oiréis
también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Mirad que no os turbéis! Esto,
en efecto, debe suceder, pero no es todavía el fin. Porque
se levantará pueblo contra pueblo, reino contra reino, y habrá en diversos
lugares hambres y pestes y terremotos. Todo esto es el
comienzo de los dolores”. “Después os entregarán a la
tribulación y os matarán y seréis odiados de todos los pueblos por causa de mi
nombre. Entonces se escandalizarán
muchos, y mutuamente se traicionarán y se odiarán. Surgirán
numerosos falsos profetas, que arrastrarán a muchos al error; y por efecto de los
excesos de la iniquidad, la caridad de los más se enfriará. Mas el que perseverare
hasta el fin, ése será salvo”. (Mt. 24, 4-13)
Nos dice
el Padre Emmanuel: “Todas las agitaciones de este mundo son apenas dignas de
la atención de Dios, y, en todo caso no turban en absoluto la paz divina con la
cual, aunque parezca dormir, opera nuestra salvación muy apaciblemente, en
ejecución de sus designios eternos y, por consiguiente, inmutables”.
Por eso
nos aconseja una oración, que se reza el Sábado Santo:
“Oh Dios, poder inconmovible y luz eterna, mira
propicio al misterio admirable de toda tu Iglesia y opera muy apaciblemente la
obra de la salvación de los hombres por ejecución de tu disposición eterna, y
que el mundo entero experimente y vea que las cosas desquiciadas se enderezan,
que las cosas envejecidas se renuevan, y que por el mismo las cosas todas
recuperan su integridad, por Aquél de quien recibieron su origen: Nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu
Santo Dios, por los siglos de los siglos. Amén”.
Conviene, pues, tener presente
que Dios se está ocupando de nosotros todo el tiempo. Y lo que espera de
nosotros es que no se lo impidamos con nuestras preocupaciones. Lo que no nos
exime de dar el buen combate de la fe, empezando por nosotros mismos.
Para eso debemos permanecer
despiertos.
"Todos
los que militáis debajo de esta bandera, ya no durmáis, ya no durmáis, que no
hay paz sobre la tierra" (Santa Teresa de Jesús).
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| Si Ella con nosotros, ¿Quién contra nosotros? |




