Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María
sábado, 16 de agosto de 2025
LA POLÍTICA DE SAN MARTÍN
ROQUE RAÚL ARAGÓN: La Política de San Martín. Universidad
Nacional de Entre Ríos, Córdoba, 1982.
Por OCTAVIO A. SEQUEIROS
La presentación es descorazonante: papel satinado, publicación
oficial por haber ganado un premio del Comando en Jefe del Ejército. Con
semejantes antecedentes era previsible una apología desvergonzada de San
Martín, y sólo empecé a leerlo por respeto a otras obras del autor.
Valía la pena. En el prólogo Aragón encara la relación
-inmutable desde Adán al anticristo-, entre militarismo y política: ni habrá ni
hubo ningún gran político que no aproveche al máximo la fuerza militar, ni gran
militar sin designios políticos. San Martin no era precisamente un civilista
republicano sino un militar completo, es decir político y ambicioso del poder,
de todo el poder: «La política, por eso mismo, no es un agregado a su
ejecutoria del que se pudiera prescindir. Política es todo lo que hizo con la
espada y la palabra» (p. 12).
El primer capítulo nos enfrenta con una pregunta clave: ¿por
qué vino San Martín? No por la tierra y una patria chica (esa Argentina del
virreinato o de Corrientes), que desconocía; ni por ideología liberal, puesto
que era monárquico recalcitrante, ni por ser agente inglés como pretendía
Alberdi deseando ponerle su camiseta, la de “uno de los grandes abogados del
capital británico”, ni por masón, pues la Logia Lautaro “fue una
sociedad secreta con signos de reconocimiento masónicos y sin ningún tipo de
iniciación”: sus propósitos fueron estrictamente políticos. San Martín
profesó un catolicismo escandaloso en público y en privado, y no hay motivos
para sospecharlo esquizofrénico. Aun aceptando, por hipótesis, que hubiese
contraído un compromiso masónico ocasional, éste “no gravitó sobre su
conducta”, ergo no vino por convicciones o mandatos masónico.
Vino, nos dice Aragón, para salvar lo que podía de un imperio en descalabro; vino pues como patriota imperial que observando la decadencia del todo, por el que había luchado en Bailén, intentaba salvar la parte: «San Martín llego a ser un héroe de América por amor a España o, como se dice hoy, a la hispanidad» (p. 12). «Aquí no tenía parientes ni amigos ni bienes materiales. Su patria era, indivisamente, el Imperio Español y en la península estaba cuanto da nobleza a su vida: las tumbas de sus abuelos; su educación familiar: escolar y militar; su carrera, sus campañas, la sangre que derramó, el renombre que supo ganarse» (p. 16). «Toda su carrera dependió de ese punto decisivo (la decisión del regreso), para el que hay que buscar una interpretación coherente aunque no pueda ser concluyente. Se trata de comprender a San Martín, no de inventarlo» (p. 15).
domingo, 3 de agosto de 2025
SOBRE LA NUEVA MISA
Por MONS.
MARCEL LEFEBVRE
Respecto
a la Nueva Misa, destruyamos de inmediato esta idea absurda si la Nueva Misa es
válida, se puede tomar parte en ella. La
Iglesia siempre ha prohibido a los fieles asistir a las Misas de los cismáticos
y de los herejes, aunque sean válidas. Es evidente que no se puede tomar parte
en Misas sacrílegas, ni en Misas que ponen nuestra fe en peligro.
Además,
es fácil demostrar que la nueva Misa, tal como ha sido formulada por la
Comisión de la Liturgia, con todas las autorizaciones dadas por el Concilio de
una manera oficial, y con todas las explicaciones dadas por Monseñor Bugnini,
presenta un acercamiento inexplicable a la teología y al culto de los
protestantes.
Así, por
ejemplo, no aparecen muy claros, y hasta se contradicen, los dogmas
fundamentales de la Santa Misa, que son los siguientes:
-sólo el
Sacerdote es el único ministro,
-hay
verdadero sacrificio, una acción sacrificial,
-la
Victima es Nuestro Señor Jesucristo presente en la Hostia bajo las especies de
pan y vino con su cuerpo, su sangre, su alma, y su divinidad,
-es
sacrificio propiciatorio;
-el
Sacrificio y el Sacramento se realizan con las palabras de la Consagración y no
con las palabras que preceden o siguen.
Basta
enumerar algunas de las novedades para demostrar el acercamiento a los
protestantes:
-el altar
transformado en mesa, sin el ara,
-la Misa
cara al pueblo, en lengua vernácula, en voz alta
-la Misa
tiene dos partes la Liturgia de la Palabra y la de la Eucaristía;
-los
vasos sagrados vulgares, el pan fermentado, la distribución de la Eucaristía por laicos, en la mano,
-el
Sagrario escondido;
-las
lecturas hechas por mujeres,
-la
Comunión dada por laicos.
Todas
estas novedades están autorizadas.
Se puede
pues decir sin ninguna exageración que la mayoría de estas Misas son sacrílegas
y que disminuyen la fe, pervirtiéndola. La desacralización es tal que la Misa
se expone a perder su carácter sobrenatural, su "misterio de fe",
para convertirse nada más que en un acto de religión natural.
Estas
Misas nuevas no solo no pueden ser motivo de una obligación para el precepto
dominical, sino que además con relación a ellas hay que seguir las reglas de la
Teología moral y del Derecho Canónico, que son las de la prudencia sobrenatural
con relación a la participación o a la asistencia a una acción peligrosa para
nuestra fe o eventualmente sacrílega.
¿Se debe
decir entonces que todas esas Misas son inválidas? Desde que existen las
condiciones esenciales para la validez, es, decir, la materia, la forma, la
intención y el sacerdote válidamente ordenado, no se puede afirmar que sean
inválidas. Las oraciones del Ofertorio, del Canon y de la Comunión del
Sacerdote que rodean la Consagración son necesarias para la integridad del
Sacrificio y del Sacramento, pero no para su validez. El Cardenal Mindszenty en
la prisión, que a escondidas de sus guardias pronunciaba las palabras de la
Consagración sobre un poco de pan y de vino para alimentarse del Cuerpo y
Sangre de Nuestro Señor, realizó ciertamente el Sacrificio y el Sacramento.
Mas a
medida que la fe de los sacerdotes se corrompa y que dejen de tener la
intención que pone la Iglesia (porque la Iglesia no puede cambiar de
intención), habrá menos Misas válidas. La formación actual no prepara a los
seminaristas para asegurar la validez de las Misas. El Sacrificio propiciatorio
de la Misa ya no es el fin esencial del Sacerdote. Nada más decepcionante y
triste que oír los sermones o comunicados de los Obispos sobre la vocación, a
raíz de una ordenación sacerdotal. Ya no saben lo que es un Sacerdote.
Para
juzgar de la falta subjetiva de aquellos que celebran la nueva Misa y de los
que asisten a ella, debemos aplicar la regla del discernimiento de espíritus
según las directivas de la teología moral y pastoral. Debemos actuar siempre
como médicos de almas y no como jueces y verdugos, como están tentados de
hacerlo quienes están animados por un celo amargo y no por el verdadero celo.
Los sacerdotes jóvenes han de inspirarse en las palabras de San Pio X en su
primera encíclica y en los numerosos textos de autores espirituales como los de
Dom Chautard, "El alma de todo apostolado", Garrigou-Lagrange en el
tomo II de "Perfección cristiana y contemplación". y Dom Marmion en
"Cristo, ideal del Monje".
Mons.
Marcel Lefebvre, 8 de noviembre de 1979.
OFERTORIO ANTIGUO, OFERTORIO NUEVO: UNA FRACTURA
Por P. MATTHIEU DE BEAUNAY
Durante
un retiro pascual dado en Écône el 17 de abril de 1984, Monseñor Lefebvre
enseñaba que «el sacrificio es lo más esencial en la vida humana normal. El
acto más importante de una criatura normal, es decir, de alguien que cree en
Dios, que reconoce a Dios como el Creador de todas las cosas, es expresar este
reconocimiento a Dios todopoderoso por el sacrificio, por la oblación de un ser
que significa la oblación del hombre mismo a Dios».
Santo
Tomás de Aquino enseña que el sacrificio, como acto de culto público, comporta
necesariamente la oblación, la inmolación y la manducación. Estas son sus tres
partes esenciales. La Misa, renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz,
constituye este sacrificio, este acto principal del culto rendido a Dios. Sus
tres partes responden a un doble fin necesario – que funda la razón de ser del
Sacrificio – la gloria de Dios y la expiación de los hombres en cuanto
pecadores.
En la
primera parte esencial de la Misa, es decir el Ofertorio, se realiza la ofrenda
de las oblatas. La palabra «oblatas» significa las materias que van a servir
para la inmolación del sacrificio, a saber, el pan y el vino. Esta palabra
lleva en sí la noción de oblación u ofrenda. Esta oblación es la de Cristo que
se va a inmolar unos instantes después, pero es también la de cada oferente o
asistente a la misa en particular, y la de la Iglesia en general. El contenido
del Ofertorio, las oraciones que lo forman, deben estar en correspondencia con
lo que es: la primera parte esencial del sacrificio, sin la cual no hay
sacrificio, la oblación.
En el Novus
Ordo Missae, la oblación es desnaturalizada por degradación. Ya no responde
al doble fin esencial del Sacrificio. Se convierte en un intercambio entre Dios
y el hombre. Este último aporta el pan y el vino que Dios cambia
espiritualmente y ya no sustancialmente. He aquí el texto: «Bendito eres,
Señor, Dios del universo, porque de tu generosidad hemos recibido el pan (o: el
vino) que te ofrecemos, fruto de la tierra (o: de la vid) y del trabajo del
hombre, del que proviene para nosotros el pan de vida (o: la bebida
espiritual)». Las expresiones empleadas tienen un sentido indeterminado que se
aleja de la noción de don verdadero con vistas al sacrificio glorificador y
reparador de los pecados, tal como está expresado en la primera oración del
Ofertorio tradicional: «Recibid, Padre santo y todopoderoso, esta hostia sin
mancha…»
Siempre
en la misma línea de «des-sacrificialización», el nuevo ofertorio está amputado
de las tres oraciones: «Oh Dios, que creaste la naturaleza humana de manera
admirable y que de manera más admirable aún la restauraste en su dignidad
primera…», «Te ofrecemos, Señor, este cáliz en olor de suavidad…» y «Ven,
Santificador, Dios eterno y todopoderoso…» Se trata verdaderamente de una
amputación y no de un reemplazo, pues no hay oraciones colocadas en su lugar.
¡Una severa supresión cuando se estudia el sentido profundo de estas oraciones
y el vínculo que expresan con la finalidad propiciatoria y sacrificial de la
Misa en la que se insertan! El hombre y el sacerdote que ofrecen ya no se
reconocen como pecadores que piden misericordia al Dios de Justicia
infinitamente ofendido. La realidad del hombre pecador que ofrece a Jesús, su
Redentor, en sacrificio para la expiación y la reparación de sus pecados es
borrada. Esto acarreará poco a poco la pérdida de esta verdad en los espíritus
y en los corazones.
¿En qué
se convierte entonces el doble fin profundo, esencial, de este acto de religión
más eminente del catolicismo? Este cambio en el Ofertorio, seguido de los del
Canon y de la comunión, constituye una conmoción, por una parte, en la
concepción católica de la economía de la salvación y, por otra, en la
concepción aún más importante de Dios como Maestro y Señor. Cincuenta años más
tarde, los hechos hablan por sí mismos. Los estudios sobre el número de
católicos y el número de los que saben definir a Dios y que practican, revelan,
en Francia y en el mundo, una caída abismal desde la salida de la nueva Misa.
Finalmente,
un argumento de crítica externa resalta bien este cambio en la esencia de la
Misa: la aprobación de este nuevo Ordo Missae recibida de los
protestantes. En el mismo sentido, Monseñor Bugnini – gran arquitecto del Novus
Ordo Missae – decía el 19 de marzo de 1965: «Debemos quitar de nuestras
oraciones católicas y de la liturgia católica todo lo que pueda ser sombra de
tropiezo para nuestros hermanos separados». ¡Hay que notar que estas palabras
fueron pronunciadas cuatro años antes de la promulgación de la nueva misa!
LOS ORÍGENES DE LA NUEVA MISA
Por P. PATRICK
TROADEC
La nueva
misa no fue fruto de una creación espontánea.
Para comprender cómo fue elaborada y aceptada por las autoridades religiosas en
funciones, es necesario conocer sus fundamentos remotos y próximos.
De la Revolución protestante a la Revolución
francesa
Todos los papas, desde Pío VI hasta Benedicto XV,
remontan la crisis actual de la fe a la lucha emprendida contra la Iglesia en
el siglo XVI por el protestantismo y el naturalismo, del cual esta herejía fue
la causa y la primera propagadora.
— Mons. Lefebvre, Ils l’ont découronné, Clovis.
El
naturalismo exalta la naturaleza humana al punto de negar las secuelas del
pecado original heredado de Adán y rechazar el orden sobrenatural que Dios
comunica al hombre por los sacramentos. Los dos dogmas fundamentales del pecado
original y de la gracia santificante son, por tanto, aniquilados por los
partidarios de esta perniciosa teoría. Al atacar el orden sobrenatural, el
demonio tenía como objetivo la destrucción de la civilización cristiana y,
posteriormente, de la Iglesia católica. El naturalismo fue difundido en el
siglo XVIII por la masonería en la sociedad civil y condujo a la Revolución.
Los derechos del hombre reemplazaron los derechos de Dios con la trilogía:
libertad, igualdad, fraternidad; libertad entendida como licencia, igualdad
eliminando el principio de autoridad y fraternidad suplantando la caridad.
Una vez
descristianizada la sociedad, algunos católicos buscaron durante el siglo XIX
hacer compromisos entre los principios de la religión católica y los de la
nueva sociedad impregnada de liberalismo: los papas los llamaron católicos
liberales. El sueño de nuestros enemigos iba a poder concretarse.
Los
documentos de la Alta Venta, de los Carbonarios, que cayeron en manos del papa
Gregorio XVI, revelaron las diferentes etapas de su plan diabólico:
“El Papa,
sea quien sea, nunca irá a las sociedades secretas: son las sociedades secretas
las que deben dar el primer paso hacia la Iglesia, con el fin de vencerla. El
trabajo no es obra de un día, ni de un mes, ni de un año; puede durar varios
años, tal vez un siglo; pero en nuestras filas el soldado no muere y el combate
continúa. No pretendemos ganar al Papa para nuestra causa, eso sería un sueño
ridículo (...). Lo que debemos pedir, lo que debemos buscar y esperar, como los
judíos esperan al Mesías, es un Papa según nuestras necesidades (...). No
dudamos en alcanzar ese objetivo supremo de nuestros esfuerzos (...). Pues
bien, para asegurarnos un Papa en las proporciones exigidas, se trata ante todo
de formarle una generación digna del reinado que soñamos (...). Queréis que el
clero marche bajo vuestra bandera creyendo siempre marchar bajo la de los
apóstoles. Queréis hacer desaparecer el último vestigio de los tiranos y
opresores, tendiendo vuestras redes en el fondo de las sacristías, seminarios y
conventos. Si no precipitáis nada, os prometemos una pesca más milagrosa que la
de Simón Barjona. El pescador de peces se convirtió en pescador de hombres;
vosotros, traeréis amigos en torno a la Sede apostólica. Habréis predicado una
revolución con tiara y capa, marchando con la cruz y la bandera, una revolución
que no necesitará más que un pequeño estímulo para incendiar los cuatro
rincones del mundo.”
El plan es
claro: ya no se trata de atacar a la Iglesia desde fuera, sino de penetrarla y
escalar poco a poco los grados de la jerarquía para finalmente colocar en el
trono de Pedro “un pontífice que, como la mayoría de sus contemporáneos, estará
necesariamente más o menos impregnado de principios humanitarios” [1].
La intrusión modernista
Esta
instrucción dada en 1820 fue publicada por orden del papa Pío IX con el fin de
advertir a los sacerdotes y fieles. Desgraciadamente, su advertencia no bastó
para conjurar el peligro, ya que cerca de un siglo más tarde, san Pío X
constata:
“A los artífices del error ya no se les encuentra entre los enemigos declarados. Se esconden, y eso es motivo de grave aprensión y angustia, dentro mismo y en el corazón de la Iglesia, enemigos tanto más temibles cuanto menos lo parecen. Hablamos de numerosos católicos laicos, y —lo que es aún más lamentable— de sacerdotes que, con apariencia de amor por la Iglesia, absolutamente carentes de filosofía y teología serias, impregnados hasta la médula de un veneno de error absorbido en las fuentes de los adversarios de la fe católica, se presentan, con absoluto desprecio de toda modestia, como los renovadores de la Iglesia.” [2]
EXPERTO ESTADOUNIDENSE AFIRMA QUE EL GENOCIDIO ISRAELÍ EN GAZA OCURRE CON LA COMPLICIDAD DE LOS ESTADOS UNIDOS
Viernes 1 de agosto de 2025
Un politólogo estadounidense ha afirmado
que el régimen israelí, con la complicidad de la administración estadounidense,
está cometiendo un genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza
asediada.
John
Mearsheimer, estudioso de relaciones internacionales y profesor de ciencias
políticas en la Universidad de Chicago,
declaró en una entrevista con el periodista estadounidense Tucker Carlson que lo que está ocurriendo en Gaza es un esfuerzo
sistemático por parte de Israel para desmantelar la identidad nacional palestina.
Mearsheimer afirmó que la entidad ocupante
está apuntando específicamente a los palestinos como grupo, con el objetivo no
solo de matar a un gran número de ellos, sino también de borrar su identidad
como pueblo.
“Los
israelíes están perpetrando un genocidio en Gaza”, afirmó, añadiendo que
Estados Unidos es “cómplice de este genocidio”.
Mearsheimer subrayó que los israelíes desde
hace tiempo aspiran a expulsar a la población palestina de lo que consideran la
“Gran Israel”, que “incluye el Estado de Israel creado en 1948 y los
territorios ocupados”.
El politólogo estadounidense afirmó que la
ocupación israelí aprovechó los ataques de represalia palestinos del 7 de
octubre de 2023, calificándolos como una “excelente oportunidad para la
limpieza étnica” en el territorio asediado.
“En otras palabras, es una excelente
oportunidad para ir a la guerra en Gaza y expulsar a los palestinos de Gaza y
resolver el problema demográfico al que se enfrentan”, añadió.
Subrayando
que Israel llevó a cabo una limpieza étnica a gran escala en la región también
en 1948 y en 1967, Mearsheimer describió la última campaña en Gaza como “el
tercer intento de una limpieza étnica masiva”.
Afirmó
que la limpieza étnica es un tema “del que los sionistas han hablado desde el
principio, y del que han hablado extensamente porque no hay manera de que
puedan crear una Gran Israel sin llevar a cabo una limpieza étnica masiva”.
David Ben Gurion, Vladimir Jabotinsky y
otros líderes sionistas israelíes eran plenamente conscientes de que para
alcanzar sus objetivos sería necesario hacer “cosas horribles” a los
palestinos, añadió Mearsheimer.
Mearsheimer subrayó que cuando una gran
potencia como Estados Unidos tiene intereses contrapuestos con otro país, da
prioridad a los propios, siguiendo un enfoque de “Estados Unidos primero”. Sin
embargo, respecto a Israel, es lo contrario: “Israel primero”, afirmó.
La política de Washington en Asia
Occidental refleja claramente esto, con numerosas pruebas que lo respaldan,
subrayó el estudioso.
Refiriéndose al lobby israelí en Estados
Unidos, Mearsheimer afirmó: “Pienso que el lobby es un grupo de interés
increíblemente poderoso, y elijo las palabras con cuidado. Tiene un poder increíble,
y fundamentalmente está en una posición tal que puede influir profundamente en
la política exterior estadounidense en Medio Oriente… cuando se trata de Medio
Oriente, y nuevamente, de la cuestión palestina en particular, tiene un poder
increíble. Y no hay presidente dispuesto a oponerse al lobby”.
Con el apoyo de Estados Unidos, el régimen
israelí está devastando la Franja de Gaza asediada después de la Operación
Inundación de Al-Aqsa del 7 de octubre de 2023, y ha matado al menos a 60.249
palestinos, hiriendo a más de 147.000. La mayoría de las víctimas son mujeres y
niños, ya que los ataques indiscriminados israelíes apuntan a escuelas,
mezquitas e incluso tiendas que albergan a los palestinos desplazados.
La incesante campaña de bombardeos de Israel
ha devastado el enclave y ha provocado escasez de alimentos, carestía y hambre
aguda.
EL COMPLOT MUNDIALISTA – PHILIPPE PLONCARD D’ASSAC
EL
COMPLOT MUNDIALISTA, por Philippe Ploncard d’Assac, Éditions de la Société de
Philosophie Politique, 2011.
Capítulo VI
- El Complot Mundialista
La
declaración de Roger Leray, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia durante el
Convento de 1968 (1), demuestra la persistencia y el empeño incansable del
complot mundialista: “Hace doscientos años, el caballero de Ramsay anunció la
República universal. Desde entonces, incansablemente, los masones del mundo
entero participan en su edificación”, recordaba. Hoy en día, los conjurados del
mundialismo lo proclaman abiertamente, como lo hizo el financiero judío
estadounidense Paul Warburg, quien afirmaba ante el Senado de los Estados
Unidos, el 17 de febrero de 1950:
“Tendremos un gobierno mundial, lo quiera o
no usted. La única cuestión es saber si será creado por conquista o por
consentimiento”.
Este tema
fue retomado veinte años más tarde por otro grande de las finanzas
cosmopolitas, el barón Edmond de Rothschild (2), declarando:
“El
cerrojo que debe saltar es la nación”.
He aquí
lo que se pretende imponernos con la Europa comunitaria supranacional, para
destruir las naciones europeas.
Esto bajo
el pretexto de constituir una fuerza capaz de oponerse a los intereses
estadounidenses, cuando en realidad ocurre todo lo contrario. Cuanto más se
destruyen las soberanías nacionales, menos resiste Europa comunitaria —que se
suponía debía tomar el relevo— a las órdenes de Washington, y más se compromete
en las guerras deseadas por el mundialismo cosmopolita, del cual los Estados
Unidos son el brazo armado.
Es
lamentable, en este contexto, que hombres que pretenden combatir el
cosmopolitismo, sueñen con una Europa-Nación basada en un regionalismo
folclórico.
No hacen
sino el juego del mundialismo y se comportan como “compañeros de ruta” del
mismo (3).
Esta
Europa supranacional no es más que un pretexto para hacer aceptar a los pueblos
de Europa su abandono de la soberanía.
Ya en
1976, el mundialista Jean Monnet, hombre de los estadounidenses, revelaba en
sus Memorias el objetivo perseguido:
“La
Comunidad misma —escribía— no es más que una etapa hacia las formas de
organización del mañana”.
Esta declaración
cobraba todo su sentido cuando la revista de la Gran Logia de Francia (4)
proclamaba:
“Los masones del Gran Oriente no son los
únicos que promueven la destrucción de las naciones; los de la Gran Logia de
Francia sostienen el mismo discurso”.
“La construcción de un espacio europeo no es,
para los masones, más que el precursor de un espacio universal, de una Patria
Tierra”.
Se ve así
que la utopía mundialista de la República universal no ha cesado de avanzar
desde los inicios de la llamada Revolución francesa.
De Ramsay
a Weishaupt, a Kloots, se llega a Monnet, a Rothschild, a Warburg, anunciando
un “gobierno mundial”, impuesto si es necesario “por la fuerza”.
Hoy, la
connivencia de un Nicolas Sarkozy con el mundialismo se revela en su discurso
ante la Asamblea General de la ONU en octubre de 2007:
“En
nombre de Francia, llamo a todos los Estados a reunirse para fundar un nuevo
orden mundial del siglo XXI” (5).
Y en la
carta de misión enviada el 27 de agosto de 2007 a su ministro de Asuntos Exteriores,
Bernard Kouchner, de origen judío como él, Nicolas Sarkozy escribía:
“Es en
definitiva hacia un ‘ministerio de la Mundialización’ que les pedimos hacer
evolucionar nuestra herramienta diplomática” (6).
Y en su
discurso del 16 de enero de 2009, Nicolas Sarkozy advertía amenazante:
“Avanzaremos juntos hacia ese Nuevo Orden
Mundial.
Y nadie, digo bien nadie, podrá oponérsele”.
¿Qué es
esto, sino la invocación a la mítica y mesiánica República universal?
¡Simplemente olvida que lo propio de las utopías es derrumbarse, pues llevan en
sí mismas los gérmenes de su autodestrucción!
1)
Humanisme, juillet 1969
(2)
Entreprise, 18.7.1970
(3) P. P. d'Assac. Enquête sur la Nouvelle-Droite et ses " Compagnons de route". Édit. Société de Philosophie Politique.
(4), Points de Vue Initiatiques, N°72, 1989.
(5) Id. Ant.
(6) La
Politique N° 77. Novembre 2007.
NOTA
AGENDA FÁTIMA: Si “lo que debe saltar
es la nación”, para que haya un gobierno mundial, se entiende perfectamente la
guerra contra Rusia, estado-nación que promueve un orden multipolar de naciones,
contra un orden mundial cosmopolita judío de una “República universal”. Entonces
es muy cierta la conclusión de Ploncard: “¿Qué es esto, sino la
invocación a la mítica y mesiánica República universal? ¡Simplemente olvida que
lo propio de las utopías es derrumbarse, pues llevan en sí mismas los gérmenes
de su autodestrucción!”. Simplemente, la utopía globalista no quiere
desaparecer y por ello quiere llevar a todo el mundo a la guerra.
martes, 29 de julio de 2025
REFUTACIÓN SINTÉTICA DEL LIBERALISMO
Por JUAN VAZQUEZ DE MELLA
Señores:
no puede existir una sociedad sin un orden de principios morales y jurídicos
inmutable e inviolable que sirva de frontera a la libertad humana, individual o
colectiva. La inviolabilidad de los principios o de las instituciones que los
representan tiene que estar en alguna parte; porque si todo es variable y
violable, no existe más que el imperio de la fuerza, y el derecho es un
proscripto. Y una sociedad que no esté unida por el derecho será una
congregación de fieras, pero no será una sociedad de personas. Mas una
inviolabilidad cuyo fundamento sea variable es contradictoria, porque depende
del cambio; y lo que es hoy inviolable no lo será mañana, y entonces no habrá
nada que deba ser perpetuamente inviolable, porque habrá inviolabilidades
opuestas. Pero una doctrina inmutable e inviolable, para no ser una abstracción
debe estar bajo la custodia de una autoridad de su misma naturaleza; porque si
fuera contraria, la destruiría. Y como todas las autoridades humanas cambian y
pasan, es necesaria una autoridad divina que exista como directora suprema
entre los hombres. Esa autoridad, para ser divina y no confundirse con las
autoridades humanas, y para ser proporcionada a la naturaleza de la doctrina
encomendada a su guarda, tiene que ser perpetua y no contradecirse nunca. De
todas las autoridades religiosas que se han conocido en el mundo, sólo la de la
Iglesia católica subsiste hace cerca de dos mil años sin haber incurrido en una
contradicción, viviendo en una lucha doctrinal perpetua, y es, además, la única
que sube por el pueblo escogido, y mediante una estirpe de profetas y
patriarcas, hasta el umbral de la Historia. Luego, sólo ella es divina, y
tiene, por lo tanto, el derecho de dirigir en ese orden supremo a las
autoridades humanas.
El
Estado, que es lo primero en la esfera política, está subordinado a ese orden
religioso, moral y jurídico supremo, y su potestad está limitada por esa
soberanía, que es superior a la suya. De donde se deduce que no tiene por sí
mismo derechos, como no se le concedan circunstancialmente por la potestad
superior, más que como medios de cumplir los deberes religiosos que le obligan
lo mismo que a las demás personas. Y esta conclusión implica esta otra: que es
falso el cesarismo radical o atenuado que afirma lo contrario.
Lo que
supone a su vez que es anticristiano el absolutismo que, sea cualquiera la
forma de gobierno en que se manifieste, no reconoce en realidad más límites al
poder del Estado que los que él mismo se traza. Luego, es falsa toda soberanía
única y absoluta, ya radique en el César individual o en el César colectivo,
que no reconozca sobre ella y por encima de sus decretos y de sus votos la
soberanía del orden religioso, moral y jurídico supremo. Y como la relación de
dependencia respecto a ese orden abarca por tal aspecto a todas las personas
individuales o sociales, el Estado, que está ligado con igual vínculo, tiene
que reconocerlo y respetarlo en los demás con el derecho de conformarse con él,
so pena de romper el suyo, que es el mismo lazo repetido en las otras
entidades, según la naturaleza de cada una. Y como no se puede reconocer esa
relación de dependencia a un orden que impera de igual manera sobre el Estado
que sobre las otras personas sin reconocer los deberes y los derechos que
implica, y no se pueden reconocer esos deberes y derechos sin afirmar la
personalidad y la relativa independencia de los sujetos en que radica con
respecto al poder civil, resulta que sólo el orden religioso, moral y jurídico
que la Iglesia mantiene, y mirado por un solo aspecto, incluye la afirmación de
una jerarquía de personas —como el individuo, la familia, que se puede
prolongar en Escuela, Universidad, Gremio y congregarse en municipios,
comarcas, regiones y nación— que tienen, frente al Estado, una escala
ascendente de derechos, sólo teniendo en cuenta los religiosos y los que de
ellos suponen, que son otros tantos límites a los desbordamientos de su
soberanía.
De manera
que la Iglesia, con su existencia como sociedad organizada e independiente, es
ya en este concepto un límite frente al poder del Estado; y por el orden
doctrinal que mantiene y aplica, es otro límite jurídico, superior a su
soberanía; y por la relación de las personas individuales y colectivas con ese
orden y los derechos y deberes que él establece, fija otro límite, el de la
jerarquía social, como nuevo baluarte para sitiar la tiranía. No se puede negar
uno solo de esos límites sin concluir por negar los tres, porque no son más que
la aplicación de un mismo principio. Y no se puede afirmar uno con lógica sin
afirmar los tres.
Pues
bien, señores, el liberalismo los ha negado todos, porque niega el principio de
que son consecuencias. El liberalismo
radical y lógico —del cual son derivaciones hábilmente atenuadas, según las
fuerzas sociales contrarias, todos los demás— consiste esencialmente en la
negación de un orden religioso, moral y jurídico superior y obligatorio como
límite de la libertad humana, empezando por la del individuo y acabando por la
del Estado.
Y como
niega, o prescinde de ese orden, no reconoce su soberanía sobre el orden civil,
y por eso el poder civil no quiere reconocer los deberes y derechos que
engendra en las demás personas sociales. Y de aquí que las leyes en que penetra
no sean más que un estado de sublevación permanente contra la Iglesia que
empiece por emanciparse de su potestad y, después, de su doctrina, y siga
negando en toda la jerarquía de las personas sociales los deberes y derechos
religiosos que él quebrantó, y que acabe negando los derechos naturales
también, para que no sean medios de recuperar los demás derechos perdidos. Así,
señores, un absolutismo esencial sistemático, una verdadera Estadolatría,
consecuencia inmediata de la Ateocracia, es la nota fundamental del Estado
moderno. ¿Y vamos a transigir, en nombre de los intereses de la Iglesia, con el
que vive de la tiranía que ejerce sobre sus derechos, que son los de nuestras
conciencias cristianas? Jamás. Toda transacción en esta materia
es una resta moral que hacemos de nuestro derecho y una suma con que aumentamos
su despotismo para que lo merme más.
Por eso hay que combatir el liberalismo como
una doctrina que en cualquiera de sus escuelas, radical o doctrinaria,
individualista u orgánica, socialista o anarquista, implica, en la medida en
que sostenga la negación del orden religioso obligatorio y la proporción en que
ceda a los hechos opuestos a su principio, el Ateísmo jurídico, que es, en último análisis y extremadas
lógicamente las conclusiones, lo que, mirado por el aspecto religioso,
constituye su esencia. Pero no basta anatematizar el principio y rechazarlo
como un error abstracto si después se le acepta cobarde e hipócritamente en la
práctica como un hecho; porque semejante procedimiento, trasladado del orden
político, que es parte del orden moral, a todos los actos humanos que éste
comprende, ya que no hay razón alguna para que estén regidos por leyes
opuestas, equivaldría a expulsar el deber de la vida en beneficio de toda
violación radical y constante.
Se parte
del hecho como de una realidad con la que hay que contar, pero no para darle
fuerza, aceptándola aunque sea con las cómodas y sabidas reservas mentales,
sino como de una tiranía que sólo es lícito soportar mientras se trabaja por
exterminarla, como de un error que hay que desarraigar, como de una pérdida del
territorio que es preciso reconquistar a viva fuerza; y para eso, señores, la primera condición es no transigir, no suspender ni por un instante el litigio, ni darlo
por resuelto ni provisionalmente siquiera, porque eso sería el error de la
táctica novísima del retroceso perpetuo y del fraude piadoso, empezar una
campaña auxiliando al enemigo y partiendo de una derrota voluntaria; pues, como
se ha dicho elocuentemente, la resignación
de los vencidos es el complemento de la victoria, lo que quiere decir que
no existe verdadero triunfo en los vencedores mientras no se lo otorga la
resignación de los vencidos.
Juan Vázquez de Mella
Discurso pronunciado en el Teatro de Santiago,
el 29 de julio de 1902. Obras Completas, t. V, p. 162.
sábado, 26 de julio de 2025
SOLVE ET COAGULA - MONS. CARLO MARIA VIGANÒ
Stephen Kokx entrevista al Arzobispo Viganò.
“Lo diré sin rodeos: el lobby sinodal espera que León otorgue
legitimidad canónica a un proceso subversivo de desmantelamiento del Papado;
una especie de abdicación voluntaria del Monarca en favor de un Parlamento que,
en respuesta a la renuncia al poder de jurisdicción y gobierno, lo reconozca
como un primado honorífico que pueda ser útil en el plano ecuménico. En un
paradójico absurdo jurídico, este lobby exige que quien posee un derecho divino
ejerza la autoridad suprema para transmitir ese derecho al sínodo, algo que el
Papa no puede hacer. Este golpe eclesial pretende llevar hasta sus últimas
consecuencias el proceso revolucionario iniciado en el Vaticano II con la
colegialidad episcopal de Lumen
Gentium, extendiendo el gobierno de la Iglesia Católica a los laicos y a
las mujeres, en detrimento total del vínculo indisoluble entre el poder del
Orden Sagrado y el poder de Jurisdicción que ha existido en la Iglesia desde
tiempos inmemoriales”.
Publicado en Kokx News el 18 de julio de
2025
Stephen Kokx – Excelencia,
muchas de las decisiones de Prevost indican que desea continuar por el camino
herético de sus predecesores, particularmente el camino sinodal trazado por
Jorge Bergoglio. Muchos parecen creer que debemos “darle tiempo” y “mantener la
esperanza” de que las cosas mejoren. Al mismo tiempo, parece que la agenda de
Prevost es bastante clara y que el silencio o el “darle el beneficio de la
duda” –a la vez que se presenta su pontificado de forma más positiva– podría
causar escándalo por omisión y/o por crear falsas esperanzas. ¿Qué opina de
estos argumentos y cómo deberían los católicos contemplar este “pontificado”
con poco más de dos meses de existencia?
Arzobispo
Viganò –
Ninguno de nosotros puede juzgar el fuero interno,
es decir, las disposiciones interiores con las que una persona actúa o habla:
solo Nuestro Señor, que ve lo más profundo de los corazones, puede hacerlo.
Pero esto no significa que no podamos emitir un juicio en el fuero externo, es
decir, sobre los efectos y consecuencias que las acciones o declaraciones de
una persona pueden tener en general o en un contexto específico. Esto también
se aplica a León, cuya elección es vista por muchos como un signo de cambio
respecto al desastroso período de usurpación bergogliana, aunque no hay
evidencia que lo sugiera. De hecho, las acciones de gobierno de León, sus
nombramientos y declaraciones públicas se multiplican, demostrando su plena
alineación con su predecesor de infausta memoria.
Yo mismo, como creo que muchos notaron en los días
inmediatamente posteriores a la elección, preferí abstenerme de expresar
públicamente mi parecer sobre León con comentarios que podrían haber parecido
apresurados.
Sin embargo, tras poco más de dos meses, creo que
ya es posible encontrar coherencia entre las acciones y declaraciones de León y
la línea trazada por Bergoglio. Y quizás aquella aparición improvisada de la
hermana Nathalie Becquart y otros miembros de la élite sinodal para tomarse una
selfie con el recién elegido papa adquiera hoy un significado que al principio
pudo pasar desapercibido. El mensaje que se puede sacar de esto –y que se
acompaña de las sonrisas radiantes y satisfechas de muchos electores
ultraprogresistas (entre ellos el cardenal Cupich de Chicago) que aparecieron
en la Logia tras la fumata blanca– es que el camino sinodal, del que la Iglesia
bergogliana y post-bergogliana no puede escapar de ningún modo, ya ha sido
trazado, y que Leo fue elegido en la cuarta votación como continuador del
mandato sinodal, y no del munus petrinum.
Lo diré sin
rodeos: el lobby sinodal espera que León otorgue legitimidad canónica a un
proceso subversivo de desmantelamiento del Papado; una especie de abdicación
voluntaria del Monarca en favor de un Parlamento que, en respuesta a la renuncia
al poder de jurisdicción y gobierno, lo reconozca como un primado honorífico
que pueda ser útil en el plano ecuménico. En un paradójico absurdo jurídico, este
lobby exige que quien posee un derecho divino ejerza la autoridad suprema para
transmitir ese derecho al sínodo, algo que el Papa no puede hacer. Este golpe
eclesial pretende llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso
revolucionario iniciado en el Vaticano II con la colegialidad episcopal de Lumen
Gentium, extendiendo el gobierno de la Iglesia Católica a los laicos y a
las mujeres, en detrimento total del vínculo indisoluble entre el poder del
Orden Sagrado y el poder de Jurisdicción que ha existido en la Iglesia desde
tiempos inmemoriales. Por otro lado, la extensión a las mujeres de funciones
antes reservadas a los clérigos abre la posibilidad práctica de introducir
roles para-ministeriales como diaconisas y ministros no ordenados. Es imposible
no ver en esto también la realización de lo que exige la Agenda 2030 para la
Igualdad de Género.
No sé si mis
hermanos obispos y los fieles se dan cuenta de la amenaza mortal que representa
esta acción subversiva y fraudulenta para la Iglesia Católica. Lo que la
Revolución hizo en las naciones católicas se está consumando aquí en el plano
eclesial: abolir la monarquía de derecho divino y reemplazarla por el fraude de
la soberanía popular, cuando en realidad lo que se busca es trasladar el poder
a manos de una élite y transformarlo en tiranía. La sinodalización en este sentido, o mejor dicho,
la pseudo-democratización de la Iglesia, constituirá el instrumento y la causa
de su destrucción, exactamente como ya ha ocurrido en la esfera civil. Esta aversión a la Realeza sagrada del
Papado manifiesta todo el odio de Satanás: pues tanto en los monarcas católicos
como en el Pontífice romano brilla la Sagrada Majestad de Cristo Rey y
Pontífice, que reina desde el Trono de la Cruz.
Esta democratización –solo nominal, ya que en
realidad el poder reside en el lobby– implica necesariamente una
burocratización de la Iglesia, y sabemos que la burocracia es uno de los
principales instrumentos de control de la masonería. Los burócratas, bajo el
pretexto de procedimientos “democráticos” y “sinodales”, pueden manipular
asambleas, orientar votaciones, moldear el consenso y hacer parecer que una
propuesta surge espontáneamente de la base, cuando en realidad ha sido
cuidadosamente diseñada por quienes manejan todo el aparato organizativo del
Sínodo. Es una ficción colosal, un engaño que reproduce grotescamente la
desintegración de la sociedad civil después de 1789. Un fraude que también conducirá al Terror, la dictadura de un cuerpo
sin rostro ni nombre, que promulgará dogmas climáticos y nuevos pecados contra
el medio ambiente, excomuniones por dañar a los migrantes o por negar el dogma
de la inclusión LGBTQ+, y lo hará en nombre de la Iglesia sinodal. En este
caso, sin embargo, no hay un Luis XVI que guillotinar: el monarca ya se ha
inclinado ante los ídolos globalistas y su rendición parece convencida y
deseada, casi planificada de antemano.
A quienes persisten en idealizar la imagen de León
según un modelo ciertamente tranquilizador pero que no se corresponde con la
realidad, les aconsejo que evalúen los hechos tal como son, y no intenten
adaptarlos a sus deseos. Parto de un hecho indiscutible: que Robert Francis
Prevost fue nombrado Prefecto del Dicasterio para los Obispos y creado Cardenal
en 2023 por el mismo Bergoglio. Y si
Bergoglio hubiera tenido siquiera la más mínima sospecha de que Prevost no
sería coherente con su línea de gobierno, nunca lo habría elevado al
cardenalato, ni lo habría colocado al frente de un Dicasterio estratégico como
el que decide sobre los nombramientos episcopales.
Temo que León
represente un “modernismo con rostro humano”, por usar la expresión “socialismo
con rostro humano” asociada a la Primavera de Praga de 1968, y que su modo
indudablemente persuasivo y afable pueda inducir a error a muchos,
especialmente a los “católicos conservadores”, llevándolos a construir una
imagen virtual del Papa que, sin embargo, no parece corresponder con la
realidad. El tiempo transcurrido entre el
Nuntio vobis y la promulgación de la Missa votiva “verde” ha visto
emerger una serie de pronunciamientos sobre diversos temas, todos los cuales
nos muestran a un León plenamente comprometido con la eclesiología conciliar y
sinodal, con la única diferencia respecto a su predecesor en su tono más
cortés.
No olvidemos que durante la psicopandemia, el
obispo Prevost no dudó en apoyar la narrativa pro-vacunas, recomendando el uso
de mascarillas, el distanciamiento social y el cumplimiento de las inútiles y
perjudiciales normas sanitarias de la OMS. Sus recientes llamados a una
“conversión ecológica” emplean una terminología teológica que transforma una
teoría anticientífica psicoambientalista, impregnada de neomaltusianismo y
gnosticismo, en una Religión de la Naturaleza mucho más presentable, ante la
cual se inclina como cabeza de la Iglesia de Roma, testigo clave del
globalismo.
Pero si los arquitectos de la Agenda 2030 son
declarados enemigos de Nuestro Señor Jesucristo y de su Iglesia; si sus falsas
emergencias sirven para legitimar falsas soluciones que implican el exterminio
de parte de la humanidad y la esclavitud de los sobrevivientes, ¿cómo es
posible, me pregunto, que un Papa no se dé cuenta de la enorme responsabilidad
moral que asume al ratificar el golpe de Estado del Nuevo Orden Mundial?
¿Cómo juzgarán el tribunal de la Historia –y el
infalible tribunal de Cristo Rey y Pontífice– esta traición del munus
petrinum?
León se encuentra en una encrucijada: o elige el
camino ancho y cómodo del consenso del mundo y de los enemigos de Cristo y
pierde su alma junto con el Rebaño que el Señor le ha confiado; o elige el
camino estrecho y escarpado de la sequela Christi, del retorno a la
Tradición, en testimonio heroico de Cristo, y de Cristo Crucificado (1 Cor
2,2). Ha llegado la hora de cerrar de una vez por todas la “experiencia
conciliar”, con sus terribles fracasos y devastaciones en todos los frentes.
Persistir en este camino de autodestrucción y perdición suicida significaría
hacerse responsable de una ruina anunciada, fomentándola en vez de denunciarla
y combatirla por todos los medios. Recordemos con confianza las palabras de
Nuestro Señor a Pedro: Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y
tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lc 22,32).
16 de julio de 2025
Beata María Virgen del Monte Carmelo
https://exsurgedomine.it/250718-solve-eng/
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